Informe del Consejo: Marzo
La Ciudadela, Sala de Situación
El Comandante invoco al Consejo Interno poco después de que el equipo Patriota comenzara su regreso. Quería saber que era esa… cosa. Por mucho que odiara aceptarlo, ese alíen lo había sorprendido. Había tratado con muchos enemigos que asumían varias formas durante su carrera, pero un ser que podía materializarse de la nada y regenerarse por sí mismo era algo que nunca había visto.
Bueno, las buenas noticias era que el alíen no podría sorprenderlos así otra vez. La única razón por la que eso funciono fue porque el escuadrón bajo la guardia y los alienígenas explotaron eso. Nadie lo repetiría.
A pesar de perder a dos soldados, la misión no fue para nada una derrota. Había muchos componentes y aleaciones que lograron conseguir del OVNI, junto a artefactos adicionales. El mayor de estos era un envase lleno de una sustancia amarilla. Por lo que Vahlen podía deducir, no era peligrosa, pero según ella "No es como nada que hayamos visto." Que increíblemente descriptiva. Le había dicho algo sarcástico, que la supero completamente. Aun así, tomo su palabra. No habría dejado pasar los tubos si creyera que eran peligrosos.
Los poderes telepáticos de los alienígenas eran algo que tenían que ser discutidos pronto. Pero además de ordenar a los soldados el priorizar a los alienígenas grises, no sabía alguna forma de contrarrestarlo. Vahlen estaba haciendo unas pruebas intentando encontrar una conexión que muestre la capacidad de un soldado de resistirse a esos poderes. Pero hasta que haya un avance, había poco que pudiesen hacer.
Una de las puertas a la Sala de Situación se deslizo, abriéndose, dándole paso a Bradford.
"Comandante," lo saludo. "¿Supongo que esto es por el nuevo alienígena?"
"Si," el Comandante lo invito a acercarse y ambos observaron la imagen congelada de la cámara del traje de Paige justo antes de que la ejecutasen. "¿Tu equipo estaba monitorizando el área? ¿Detectaron algo?"
Bradford asintió. "Eso hacían, y sí. Pero apenas grabamos lo que estaba pasando. Envié lo que tenemos a Shen y Vahlen para que lo analizasen."
El Comandante inclino su cabeza hacia la imagen. "¿Qué opina de eso?"
Bradford frunció el ceño. "Si tuviera que adivinar, parece que estos alienígenas actúan como algo parecido a un sistema de seguridad. Quizá se activaron cuando Paige fue a investigar las computadoras de vuelo. Aunque," su mirada descendió y apoyo su barbilla en su mano. "Eso crea la pregunta de porque no se activaron durante la pelea en el exterior. Sin mencionar que estos aliens son más poderosos que todo con lo que nos hemos encontrado anteriormente, y de ser así, ¿Por qué no los usan contra nosotros?"
"Basado en el ataque, estoy de acuerdo de que se parecen más a un sistema de seguridad," el Comandante inclino la cabeza. "Y podemos explicar que no se activaron durante el combate afuera porque los aliens no esperaban un ataque."
Bradford se giró hacia él. "¿Por qué no lo harían? Hemos demostrado que haremos lo que haga falta para conseguir su tecnología. Que no esperen que vayamos a una nave derribada es… bueno, tonto."
"Quizá no tienen práctica," el Comandante se encogió de brazos. "Imagino que la invasión de un mundo no es algo que hacen todos los días. El pensamiento táctico básico les llegara con el tiempo."
"Je," Bradford murmuro sarcásticamente. "Esperemos que no. Pero eso un no explica porque los aliens no están usando lo mejor que tienen contra nosotros."
Y esa observación era algo que había estado molestando al Comandante durante los últimos días. Los aliens claramente los superaban por mucho en tecnología, pero en vez de enviar a lo mejor que tenían, enviaban a lo que el asumía era infantería básica. Los alienígenas grises eran peligrosos, no había duda de ello, pero a pesar de sus peligrosas habilidades telepáticas y su armamento, realmente no eran ni resistentes ni inteligentes."
Si lo eran, entonces se darían cuenta que usar telepatía era más peligroso que sus armas y drones. A menos que, obviamente, hayan sido ordenados el restringir su uso. Siguiendo esa lógica, surgía una pregunta: ¿Por qué?
No lo entendía. ¿Por qué abducir humanos al azar cuando probablemente podían invadir usando la fuerza bruta? ¿Temían que una invasión uniera a la humanidad? Posiblemente, pero incluso si por algún milagro todos pusiesen a un lado sus diferencias y lucharan juntos, seguía siendo una victoria ridículamente fácil.
Una forma muy fácil de confirmar esto era un ejercicio mental suyo en el que se imaginaba que él estaba a cargo de las fuerzas alienígenas. Basado en lo que sabía, tenía a los grises, a los seres cristalinos, y a los infiltradores. Probablemente había más que no conocía. Aun así, era una simple tarea de usar a los infiltradores para causar grandes disturbios en el mundo. Asesinatos, revueltas, había decenas de posibilidades, y en vez de buscar por otra respuesta posible, los gobiernos se echarían la culpa los unos a los otros.
Luego, la fase dos, que usaría a los aliens grises. Usando a los infiltradores, los grises podrían ser ubicados estratégicamente alrededor del mundo, y, usando sus poderes telepáticos podrían causar una ola de locura, pánico, y suicidios inexplicables. Los agentes de la ley serían los primeros. Podía imaginarse historias de policías sufriendo alucinaciones y yendo a lugares públicos, asesinando civiles y a sus propios compañeros. La respuesta pública seria destructiva. ¿Y si se repartía en varios estados y países? Catastrófica.
Seguido de eso, seguirían los oficiales de alto nivel. Presidentes, primeros ministros, los cabecillas de estado de los grandes países serían los próximos en enloquecer. Sin liderazgo, los países lucharían entre sí para reemplazarlos y cada facción política vería una oportunidad para tomar el poder.
Deseaba que la humanidad no fuese tan predecible.
Para este momento, se imaginaba al mundo en la cúspide del caos total. No tomaría mucho iniciar una tercera guerra mundial. Lo que lo llevaba a la tercera fase de su plan. La eliminación del poder militar. Usando a los aliens cristalinos, los grises, y los infiltradores, tomaría como objetivo la base militar más visible, ya sea de Estados Unidos, Rusia, o China, cualquiera funcionaria igual de bien. Sean cuales sean las fuerzas estacionadas allí, no serían capaces de resistir más de veinte aliens cristalinos, mucho menos al resto. Desde allí, era un simple hecho de plantar la evidencia correcta, o mejor aún, dejar a uno o dos soldados vivos y usando la telepatía de los grises, causar al soldado la alucinación de que un país rival los ataco. Eso sería ideal.
Entonces se relajaría y observaría como los humanos se exterminaban los unos a los otros. No tenía dudas de que sería una batalla entretenida, aunque sin un fin concreto. Quien sea que gane, pronto seria eliminado cuando la fase final entre en efecto, que esencialmente significaba la aniquilación completa del país o facción vencedor.
Se imaginaba que no sería un gran esfuerzo. Una vez que las armadas más poderosas del mundo sean destruidas, virtualmente no habría resistencia, ya que habían puesto tanta energía en destruirse entre sí.
Y listo. Era la línea de pensamiento que lo había llevado a completar un plan para invadir la Tierra en cerca de una hora. Tenía sus fallas y le faltaba refinamiento, pero no era difícil imaginar que funcionase.
Entonces, ¿Por qué se resistían los aliens?
Tuvieron que haberlo pensado mientras planeaban la invasión. A menos que sean completamente ineptos, que lo dudaba, esto debía haber sido lo que pasara. Pero no era así, y no tenía sentido.
Supuso que era el equivalente de un gato jugando con un lagarto. Dándole una ilusión de esperanza y libertad, antes de matarlo. Una táctica sádica, pero una que dudaba que los alienígenas estén empleando. La razón era que la mayor herramienta para esa táctica era el terror, y por el momento, la humanidad estaba… intranquila… a lo mucho. Gracias al Consejo y la ONU, los fenómenos alienígenas eran solo eso: un fenómeno. Solo algunos sabían con lo que se enfrentaban y la mayoría de ellos estaban en XCOM.
Lo que significa que la única respuesta razonable era que lo hacían a propósito. Pero la pregunta aún existía, ¿Por qué? La respuesta obvia era que estaban desarrollando algún tipo de arma biológica para usar contra los humanos o algún tipo de pacificación masiva. Explicaría las abducciones y posiblemente el secretismo que las rodeaba. Pero, de nuevo, todo eso podían lograrlo luego de esclavizar a la humanidad. Sin importar desde donde lo mirase, no podía ver razón alguna para que los aliens no usaran fuerza superadora y total.
"¿Comandante?"
Su cabeza pego un tiro mirando hacia la confundida mirada de Bradford. Sacudió su cabeza.
"Perdón, solo pensaba."
"¿En qué, señor?" Interrogo Bradford.
"Nada importante, solo una teoría."
"Francamente, señor, una teoría es mejor que lo que tenemos ahora."
El Comandante frunció el ceño, entonces, recordó lo que habían estado discutiendo. "No, no es sobre el alíen. Otra cosa, te contare después."
"Muy bien, Señor." Cedió Bradford.
La puerta siseo y se abrió detrás de ellos. Vahlen y Shen entraron. Shen se veía… contenido, contrastando con Vahlen, cuya mirada de emoción contenida brillaba en sus ojos. El Comandante inclino la cabeza.
"Vahlen, Shen. Me alegra que pudiesen venir."
Shen asintió. "Claro, Comandante."
El Comandante se dirigió a Vahlen. "¿Tienes algo?"
Vahlen asintió emocionada. "Eso creo. Estuve investigando en los viejos archivos que el Consejo tiene durante la incursión del Forastero. La mayoría fueron borrados o destruidos. Pero encontré eso." Deposito la foto en el escritorio. Mostraba algo que tenía cierto parecido al alíen cristalino, pero habían claras diferencias. Esa creatura era orgánica.
"¿Qué es esto?" Pregunto.
"Creo que es la razón por la que XCOM fue creada en primer lugar," explico Vahlen. "Varias de estas creaturas, referidas en los archivos como "Forasteros" fueron atrapadas, aparentemente investigando la Tierra."
El Comandante alzo una mano. "Ya sabía sobre la Incursión del Forastero. Pero no veo que tiene que ver esto con el nuevo alíen."
"Este es un espécimen sin armadura," continuo Vahlen, tomando otra foto. "Este, es uno con armadura."
La foto que deposito sobre la mesa era mucho más similar al alíen cristalino. Le faltaba la armadura cristalina y que no era naranja, pero el diseño original era virtualmente idéntico. Bradford silbo. "Diablos."
"¿Asumo que no empezaron como cristales naranjas?" El Comandante pregunto con una ceja alzada.
Vahlen sacudió la cabeza. "Por lo que puedo notar, no. Pero es posible que los alienígenas hayan… mejorado, esta especie en particular."
"Yo lo llamaría una conversión total." Añadió Bradford.
"Quizás es más simple," arreglo Shen. "Los aliens quizá simplemente tomaron el diseño de esa especie en particular y aplicaron su tecnología."
"Probable," Vahlen estaba de acuerdo. "Sea como sea que lo hayan hecho, debe de haberles tomado un tiempo y una modificación extraordinarios para hacerlo posible."
El Comandante miro a Shen. "¿Algo que añadir?"
Shen tomo su Tablet. "Si. Tome unas lecturas de las que pudimos tomar de las armaduras de nuestros soldados y sus sensores. Pero no estoy seguro de que el resultado sea… preciso."
"¿Por qué?"
Vahlen respondió por él. "Las lecturas mostraban que ese alíen estaba hecho de pura energía."
Hubo silencio por unos segundos. El Comandante miro a Vahlen.
"¿Esos datos les dieron alguna idea de la forma más efectiva para matarlos?"
"Temo que no."
El Comandante se relamió los labios. "Una lástima. Tendremos que descubrirlo nosotros mismos. Sabemos que estos Forasteros aparentemente tienen la capacidad de regenerar sus heridas por su cuenta, rápidamente. Miren."
Saco el video grabado desde la cámara de la armadura de Liam Jaster, y paso la parte en donde le disparo al Forastero repetidas veces.
"¡Deténgalo!" Demando Vahlen.
Así hizo. "¿Qué pasa?"
"Adelántelo, lentamente."
Resumió el video a una velocidad más lenta. "Miren a las heridas," indico Shen. El Comandante observo más de cerca. Las heridas parecían sisear y tenían un color más brillante que el resto del cuerpo.
Los ojos de Vahlen se encendieron. "Si el Forastero estuviera hecho de energía, seria trivial usar esa energía para curar cualquier herida que sufriese."
"O podría simplemente ser nanotecnología avanzada." Shen respondió.
"Es inoportuno que el alíen se desintegrase al morir," Vahlen dijo tristemente. "Podríamos aprender tanto de él."
El Comandante alzo su mano y la discusión se detuvo. "Excelente trabajo, ambos. Dudo que averigüemos mas hasta que traigan un cadáver o capturemos uno. Pero los aliens están mejorando su juego, y tenemos que mantenernos a flote. Shen, quiero que tu equipo desarme uno de esos drones caídos y averigüen como funcionan. Vahlen, una vez que termines con los cadáveres alienígenas, empieza a investigar los fragmentos de sus armas."
"Si, Comandante." Respondieron.
"Pueden marcharse."
Cada uno salió de la sala, dejando al Comandante solo, planeando su próximo movimiento.
La Ciudadela, Barracones
Patricia puso gentilmente su equipamiento en su casillero y cerró la puerta.
Raro no era la palabra que asociaba típicamente con la perdida de alguien, pero esa era la única palabra que sentía ahora mismo. En toda su carrera de veinte años, llena de varios despliegues militares, solo había perdido a cuatro soldados bajo su mando.
Ahora seis.
En cada perdida había reaccionado de forma parecida, más o menos. Furia, culpa, y finalmente dedicarse a mejorar. De cada perdida había emergido más fuerte, más inteligente, y más resistente. Pero esta vez era diferente.
Era como ella imaginaba ser sonámbulo se sentía. Todo era más brillante, justo un poco desenfocado, y más ruidoso. Había un aire de surrealismo que la rodeaba, como si no fuera otra cosa que un sueño. Sus emociones estaban nubladas. No sentía nada.
Pero su mente racional sí. Esto era real, y Paige no iba a volver. Su única amiga había muerto porque ella no se había asegurado de que el área fuera segura. La mayoría no la culparían. De acuerdo a Liam, los aliens aparecieron literalmente de la nada. Pero no era una excusa. Gente había muerto por su negligencia.
Al menos el resto del escuadrón había mantenido la distancia con ella. Nadie había venido a ofrecerle sus condolencias o simpatía que simplemente no buscaba. Por más raro que pareciese, lo apreciaba. La última cosa que necesitaba ahora era interacción humana.
Esta fase era temporal, lo sabía. Su mente alcanzaría a la realidad pronto, y honestamente no sabía que pasaría. Era el equivalente humano de una bomba de tiempo emocional. Iba a destruirse, o iba a destrozar todo en su camino.
¿Lo valía esto?
¿Valía tener un amigo si siempre la llevaba a esto?
Eso era lo que se había estado preguntando todo el viaje de regreso mientras observaba el cadáver tapado de Paige. El arma alienígena había partido su cabeza, transformándola en una pulpa roja, y al no querer verla así, la había tapado con una manta. Era mejor que los soldados la recordasen como había sido.
No era como si ella no supiese que esto podría pasar. Ella anticipaba la posibilidad, y creía que iba a poner controlarla. Especialmente al principio de su amistad, se había preparado para la posibilidad de su muerte. Pero en los tres años durante los que habían trabajado juntas, la posibilidad de que alguna de las dos muriese se desintegro, hasta cierto punto en el que creyó que nunca pasaría.
Un error que no repetiría.
"Lo hiciste bien."
Patricia se puso de pie repentinamente y se giró hacia la voz. Una mujer encapuchada poniendo su rifle en su casillero. Cada parte de su cuerpo estaba cubierta, incluso vestía guantes negros que combinaban con su vestimenta de fuerzas especiales. No era inusual para un despliegue en una misión, pero no era algo usado fuera de misión. La parte más rara era la capucha. Frunció el ceño. Literalmente no había ninguna buena razón para ella a menos que alguien quisiera ocultar su identidad. Pero eso no era un problema aquí. ¿No?
Sea como sea, sabía quién era esta mujer. Mira Vauner, una de los soldados más estrictas y apegadas al reglamento que XCOM tenía. Al menos por lo que dijeron los que estuvieron bajo su mando. Pero por todo lo que sabía, parecía una buena líder, y no era difícil ver porque. A pesar de su corta estatura, había algo en la forma en la que actuaba que inmediatamente le conto que era una líder experimentada.
Entonces recordó que Mira había hablado. "¿Perdón?" Le pregunto.
Mira cerro su casillero. "Esa misión. Te manejaste bien."
Patricia relamió sus labios. "Gracias, supongo."
Le pequeña mujer se giró para mirarla, con su capucha cubriéndole completamente la cara. "No hago ese cumplido a la ligera, Especialista Trask. Durante la pérdida de un amigo, la mayoría actúa irracionalmente o dejan que sus emociones nublen su juicio."
Eso no es-detuvo ese pensamiento. ¿Se había manejado bien? Por lo que recordaba, les había ordenado inmediatamente a los soldados que le quedaban que tomaran cobertura y dispararan hacia el alíen.
Encogió sus hombros. "¿Cómo se suponía que iba a reaccionar? No estoy segura de que haya actuado completamente de forma racional. Me dijeron que mis órdenes fueron… explicitas."
Mira se inclinó contra el casillero. "Te sorprendería. Normalmente involucra cargas suicidas y colapsos mentales. Tu primer pensamiento fue hacia los que aún estaban vivos. Eso es notable."
Patricia frunció su entrecejo. Mira parecía sincera, pero su consolación era terrible. "¿Cómo sabes todo esto de cualquier modo?"
"Observe el video de las cámaras de las armaduras," respondió. "Todos los registros de misión son públicos."
Huh. Si no estuviera tan distraída, sería una herramienta muy útil. Pero ahora, no le importaba. Se cruzó de brazos. "¿Por qué te importa tanto?"
Patricia capto un vistazo de su mentón mientras le respondía. "Prefiero saber que la gente con la que trabajo son confiables. No estaba segura sobre ti, pero ahora sí."
"¿Y qué te hizo cambiar de parecer?" Demando saber. "¿El hecho de que haya perdido a mi amiga?"
"El hecho de que tu amiga murió y mantuviste la compostura," reparo Mira. "Eso es lo que cambio mi parecer."
"¿Eso era un problema?" Pregunto Patricia, confundida. "¿Qué tenía una amiga?"
"Claro," Mira lo dijo como si fuera obvio. "Los lideres con amigos están emocionalmente invertidos, vulnerables, y quizá no se den completamente al bien de la misión en favor de sus amigos."
A pesar de su semi-desconexion a la realidad, Patricia estaba levemente interesada. Esa filosofía particular era conocimiento común y era discutida semi-frecuentemente entre los soldados, creyendo que no les importaban a los de arriba. Pero esta era la primera vez que conocía a alguien que lo creía. "Supongo que debes considerar a todos como no confiables, entonces. ¿No?" Le dijo secamente.
"A la mayoría," dijo encogiéndose de hombros. "Los amigos son debilidades, y eso es algo que estoy preparada para mitigar."
Eso fue duro, incluso para sus estándares. Quizá no buscase amigos, o tenga habilidad para mantenerlos. Pero eso no significaba que fueran debilidades, ¿no?
"Eso parece… extremo." Comento.
Mira alzo su cabeza y Patricia noto parte de lo que ocultaba su capucha, parecía… piel quemada o con cicatrices. "Los amigos son para los civiles." Dijo fríamente. "Es una realidad. Una que pocos soldados logran entender. No podemos mostrar favoritismos o preferencias a uno o al otro simplemente porque los conocemos. ¿Le habrías dado la misma orden a Paige, sabiendo lo que sucedería?"
Patricia cerró su puño. Se había preguntado quien iba a preguntar esta pregunta idiota, y había logrado conseguir una respuesta para ella hace mucho tiempo. "¡Claro que no!" Escupió sus palabras. "De haber sabido no habría enviado a nadie. Y hubiera mandado al infierno la maldita computadora. ¿Eso es lo suficientemente alejado para ti?"
Pensó que vio un esbozo de una sonrisa. "Buena respuesta. Es la primera vez que alguien lo dijo. Inteligente."
"Estoy muy feliz de tener su aprobación," dijo, sarcásticamente. Ahora se estaba empezando a enojar. Tenía que irse.
"Lo creas o no, se cómo te sentís, y hay una sola manera de prevenir que vuelva a suceder," Mira continuo, sin notar su creciente furia. "Piénsalo. Veras que estoy en lo correcto. Adiós, Especialista Trask."
Con eso, se alejó, dejando sola a una tensa Patricia.
Tomo un suspiro profundo, tenía que irse ahora, antes de que alguien más llegara y le ofreciera un consejo no buscado. Se giró hacia su casillero y tomo su equipamiento. Había un lugar en el que se podría descargar en paz, y quizá superar lo que paso.
La Ciudadela, Área de Entrenamiento
El área de entrenamiento estaba vacía, por suerte.
Tenía sentido. Era temprano en la madrugada, así que la mayoría seguía durmiendo. Eso le venía bien a ella. Camino hacia la bolsa que había usado la última vez, notando que aún estaba encintada donde la había cortado.
Estiro sus manos y sin perder tiempo, comenzó a golpear la bolsa. Pero mientras la golpeaba, algo cambio. En este momento, su visión se concentraba y se achicaba, hasta que todo estaba excluido, pero ahora podía sentir todo más claro, sus sentidos estaban más calculados. Sus golpes no estaban dirigidos por la furia ciega, pero por la calculación fría.
Su mente se movía entre múltiples memorias de las alienígenas y dirigía sus golpes para igualar donde golpearía si estuviesen allí. Cada golpe parecía mejorar su concentración al punto de que el resto del mundo parecía lento en comparación. La imagen del cuerpo destrozado de Paige entro a su mente y gruño.
Impacto ambos puños contra la bolsa. La fuerza por si sola la lanzo hacia atrás. Sin perder tiempo, la rodeo y le dio un revés, imaginando una quebradura alienígena. Su concentración le fallo. Ahora estaba enojándose. Puño tras puño que aterrizaba en la maltratada bolsa, la llenaban de pequeños bollos.
Su visión se enfocó más. Ni siquiera intento detener su furia, la furia que había estado almacenando en su interior. Uso toda su furia, culpa, y dolor, emociones que parecían no tener final en aquel momento, y las expreso en la única forma que sabía.
El tiempo no existía en su mente en aquel momento. El cansancio era una ilusión. Solo existía ella y la bolsa. Uno de los guantes debía de haber partido la cobertura, porque varios granos de arena estaban cayéndose. Sus labios se alzaron, y comenzó a aporrear la abertura, y con un último grito y un puñetazo, su puño partió la bolsa y la arena sangro de ella.
Eso la saco de su trance.
Sacudió su cabeza y parpadeo mirando la arena en el suelo. Perder el control normalmente la molestaba, pero no ahora, no le importan. Retrocedió y se hundió contra la pared, observando como la arena se deslizaba de la bolsa. Se dio cuenta que estaba temblando. Todo lo que había reprimido estaba saliendo ahora.
Tomo un tembloroso suspiro. No, podría controlar esto. Podía controlarse ahora.
"Tenía un presentimiento de que te encontraría aquí."
Se sorprendió y vio al Comandante apoyándose contra la pared. En su cara yacía la sonrisa más leve que jamás había visto, pero parecía serio. Se puso de pie como pudo e intento dar un saludo apropiado.
El alzo una mano para detenerla. "No es necesario," le dijo. "No estoy aquí como tu comandante ahora mismo."
Su corazón estaba a mil. No pensaba que le estaría hablando tan temprano, mucho menos ahora. Había estado un tiempo considerable creando una disculpa por el incidente de la última vez que se habían visto, algo que Paige había encontrado irritablemente divertido. Pero todo lo que se imaginaba se desaparecía de su mente sin dejar rastro. Sentía como su boca se abría y cerraba varias veces como una idiota, pero no podía detenerse. Estaba hecha un desastre ahora mismo, y no podía imaginar un peor momento para que el apareciese. Los resultados de su tiempo aquí tampoco ayudaban.
"¿En que lo puedo ayudar, Comandante?" Finalmente le pregunto, sufriendo mentalmente por el quiebre de su voz.
Su expresión se tornó completamente seria. "Quizá debería preguntarle yo a usted esa pregunta, Patricia. Vine a ver como estaba."
"Estoy bien, señor." Mintió, aunque podía notar que no lo había engañado.
Le dio un vistazo a la bolsa partida y la arena en el suelo. "Quizás," admitió, mirándola de vuelta. "Probablemente debería sentarse, se ve exhausta."
No iba a estar en desacuerdo. Se hundió en el suelo y descanso su cabeza contra la pared, su pulso reduciéndose de a poco. Se sentó a unos metros a su lado, y dejo descansar su brazo sobre una rodilla alzada.
"¿Hace cuánto que estabas ahí?" Le pregunto sin mirarlo.
"Unos quince minutos," le respondió. "Pensé en acercarme, pero me di cuenta que esa idea no era exactamente inteligente."
Tembló. "Probablemente."
Su tono parecía tener el fantasma de una sonrisa en él. "Bueno, no es como si te hubieras retenido contra mi antes."
Su cara se tornó roja. "Sobre eso, señor… Me gustaría pedir perd-"
Sacudió su cabeza, cortándola. "Por favor. No te preocupes para nada de ello."
"Aun así," dudo. "Fue poco profesional y una falta de respeto."
"¿Por qué?" Le pregunto. "Si tuviera un problema con ello, ¿No crees que hubiera dicho algo?"
"Quizá," admitió. "Pero…" suspiro. "No lo sé. Supongo que no estoy acostumbrada a que los oficiales de mando estén tan… involucrados."
Alejo la mirada y asintió. "Es entendible. Es un problema inevitable con grandes armadas. El alejamiento esta engranado en casi todos los comandos militares, y eso era algo que no me gustaba. Quizá no esté tan involucrado como me gustaría, pero al menos pongo el esfuerzo para estarlo."
No sabía que decir en ese momento. Había aceptado hace mucho tiempo que los oficiales de alto rango no los veían como personas, sino como útiles y honestamente no le molestaba en lo absoluto. Algunos soldados expresaban su desacuerdo bastante vocalmente, mientras que ella solo lo aceptaba y hacia lo mejor que podía en mantener a su equipo vivo. Si los de arriba no le daban mucha importancia, ella si les daría esa importancia a sus soldados. El Comandante, contrastando con el resto, era lo contrario. Quizá por sus anteriores encuentros, pero parecía un hombre inteligente, amable y comprensivo que parecía tratar a la gente por debajo de el de la misma forma que lo hacia ella.
"Es una pena que no haya más gente como tú." Le respondió.
Las esquinas de sus labios se alzaron. "Algunos estarían en desacuerdo. Pero hago lo mejor que puedo. "La volvió a mirar. "Así que dime la verdad, ¿Cómo estás?"
Dudo. "No quiero preocuparte."
"Perder a alguien que te importa no es fácil," respondió lentamente. "Especialmente la primera vez. No es algo que podes esconder y olvidar. La primera vez que me paso a mí, mi mejor amigo murió."
Patricia estaba en silencio, no quería interrumpirlo. Continuo. "No digo que soy un ejemplo de esto, pero la mejor descripción para mis sentimientos al principio fue… de raro. Era casi como estar en un sueño. Sabes que lo que está pasando es verdad, pero tu mente aun no lo procesa."
Parpadeo. Era casi igual que lo que le pasaba a ella. Pregunto, dudosa. "¿Cómo lo superaste?"
"Al principio no hice nada," encogió sus hombros. "Pensé que era lo suficientemente fuerte como para que mis emociones no fueran un problema. Y funciono, por un tiempo." Estuvo en silencio por unos segundos. "Pero un día, me perdí. Estaba interrogando a un terrorista, olvido quien, y en algún lugar de mi mente, decido que él fue responsable de cada muerte que sufrí."
Patricia se puso de pie y giro su cuerpo para verlo. "¿Qué hizo?" Le pregunto suavemente.
"Lo mate," dijo. "Su muerte no fue un problema para mí. Lo que me molesto fue porque lo hice. Nunca había perdido el control así. Me tomo días darme cuenta que había pasado. De hecho, no fui yo quien lo averiguo."
"¿Quién fue?"
"Uno de mis amigos. Se me acerco luego de que había terminado y comenzamos a hablar. Hablamos por bastante tiempo, y la mejor solución que encontré era bastante simple."
Espero unos segundos. "¿Qué es?"
"Hablar sobre ello," dijo simplemente. "Lo que no podía darme cuenta en ese momento es que había gente a mi alrededor a las que les interesaba. Así que hable con ellos sobre los que perdí, recordamos sus vidas y en el proceso dejamos ir todo el dolor que viene con la muerte."
Lo miro. "Quizá. Pero no se hacer amigos fácilmente."
"¿De en serio?" Le pregunto ligeramente. "Nos estamos llevando bien, fácilmente."
Gruño levemente. "Creo que fue más que un accidente. Algo que normalmente nunca pasa."
"¿Por qué es eso?" Pregunto.
Ella encogió sus hombros. "La gente parece lenta. Sus mentes no procesan información como yo. Encuentro tan frustrante hablar con gente que no ve lo que para mí es obvio." Suspiro. "Sé que es mi culpa, se cómo otros me ven. Pero no puedo cambiarlo."
"¿Y cómo se te acerco Paige?"
Patricia dudo. "Ella no pensaba como yo, pero hizo el esfuerzo de entenderme por lo menos. Ahora que lo pienso, fui bastante terrible con ella. Pero ella persistió y en algún momento nos hicimos amigas."
Su mirada se derribó. "Ahora nunca voy a poder pedirle perdón por lo mal que la trate algunas veces. No tengo idea de porque se quedaba conmigo."
El Comandante le dio una sonrisa. "Es lo que hacen los amigos. Los buenos no te abandonan cuando las cosas se ponen difíciles. Claramente pensó que tu amistad valía mantenerla. Recuerda eso. Ella no querría que te sientas mal porque fue tu amiga."
"Quizá Mira esta en lo correcto," murmuro. "Quizá los amigos deberían ser abandonados si siempre te llevan a esto."
"¿Mira Vauner?" Pregunto el Comandante, inclinando su cabeza. "¿Cuándo te hablo?"
Encogió sus hombros. "Hace algunas horas. Para "felicitarme" por "manejarme" bien,"
"Ah," respondió. "Así es ella."
"¿Esta en lo correcto?"
Se quedó en silencio por unos segundos. "Mira no tuvo una vida fácil. No voy a decir más, pero ella tiene sus razones para creer eso. ¿Son lo correcto? No lo creo. Los amigos solo son una debilidad si dejas que lo sean. Diría que necesitamos esos lazos fuertes entre soldados en esta guerra. Es un hecho básico, la gente pelea mejor junta que sola."
Se tomó unos segundos para pensar sobre eso. Tenía sentido, hasta cierto punto. "Deseo que eso sea verdad." Admitió. "Para ti, eso tiene sentido. Pero yo no soy como tú. No tengo ni tu carisma ni tu capacidad para liderar."
"A pesar de lo que puedas pensar, mucha gente te considera una excelente líder," el Comandante le hablo sinceramente. "No te menosprecies solo porque te estas sintiendo culpable. No te rindas con la gente solo porque te rendiste por ti misma. La gente vendrá a hablarte y ofrecerte sus condolencias. No los alejes. Habla con ellos, y probablemente les agrades."
Estuvo en silencio por unos segundos, y suspiro. "Lo intentare."
Asintió. "Me alegra escuchar eso."
Dudo. "Supongo que temes cosas que hacer."
"Siempre tengo cosas que hacer," la corrigió con una sonrisa. "La urgencia de ellas, es lo que varía."
Atravesó su incertidumbre. "¿Qué tan urgentes?"
La miro. "¿Quieres hablar?"
Pensó en hacer un comentario sarcástico, pero la idea murió unos segundos luego de que entro a su mente. "Si," le respondió. "Quiero."
Durante gran parte de la próxima hora se sentó a su lado y le hablo sobre Paige. Como se conocieron, como era ella, algunas historias interesantes. Algunas totalmente irrelevantes. Hizo algunos comentarios aquí y allá pero casi siempre era ella hablando y el escuchando atentamente.
Luego de que habían hablado por un rato, finalmente se detuvo, dejándolo volver a su trabajo. Le agradeció lo mejor que pudo y se marchó. Su dolor no se había ido completamente, pero estaba más controlado, y sabía que estaría bien.
La Ciudadela, Oficina del Comandante.
Iba a estar bien. No lo dudaba.
Se recuperaría por completo en unos días y estaría más fuerte que nunca. Era increíble lo mucho que la gente se abría cuando solo la escuchabas. No importaba como era su personalidad, con escuchar lo que decían se lograba ganar su entendimiento y lealtad. Esperaba que esa cortesía la extendiese a sus soldados, como había hecho el con ella.
Le había llevado un tiempo no insignificante, pero sintió que lo valió. Tenía diez nuevos reclutas estipulados para su llegada al final del mes, que sería en los próximos días, pero tenía que asegurarse de que los que tenía ahora eran lo suficientemente estables para iniciar a los reclutas. Se acarició la frente.
EL Consejo iba a enviar su reporte pronto, y le causaba curiosidad saber qué dirían. Por más políticamente cargado que el proyecto estaba, sentía que las cosas habían ido razonablemente bien. Había perdido a algunos soldados pero había ganado un entendimiento rudimentario de los aliens y su tecnología. Vahlen literalmente justo terminaba su investigación sobre la creatura que su equipo había denominado "Sectoide", el alíen gris. Porque habían elegido ese nombre, no lo sabía, pero lo que habían descubierto era fascinante.
De acuerdo a lo que le conto, los sectoides eran copias genéticas perfectas, el uno del otro. La razón de porque sus cabezas estaban tan alargadas era que estaban condicionadas para contener el poder telepático que Vahlen y su equipo habían denominado, Psionico. Le quedaba bien. Por lo que Vahlen podía notar, no había forma de bloquear ataques psionicos, pero sus análisis de Luke Warner y la información recogida de las armaduras de los soldados habían mostrado una conexión directa entre el poder de voluntad mental y la resistencia Psionica.
Información intrigante, seguro. Que no sabía cómo usar en el momento. La voluntad era algo que lamentablemente no podía controlar, aunque le daba algo de confort sabiendo de su habilidad para resistir a los aliens. Aun así, todos podían tener malos días.
Aun así, gracias a su autopsia, ahora podía identificar una obvia debilidad en las fuerzas alienígenas. Un arma biológica diseñada para atacar el código genético Sectoide en específico ahora era una opción viable, y seria devastadora para sus fuerzas. Lamentablemente, esa táctica solo funcionaria una vez o dos, antes de que los aliens se den cuenta de que estaba pasando y protegieran a sus sectoides o cambiaran su código genético.
No, un arma biológica solo funcionara a corto plazo. Lo que necesitaban era un virus, una epidemia. Seria increíblemente difícil hacer que funcionase, pero los resultados serían catastróficos. Infectar varios sectoides y luego retirarse seria riesgoso, pero esperaban que volviesen a donde sea que este su base e infectaran a los que estén allí. El virus ideal sería transmitido por aire, y tendría un tiempo de incubación de cinco semanas. Tiempo más que suficiente para que se esparza.
Sacudió su cabeza. Se estaba adelantando. La guerra terrenal tenía que estabilizarse antes de empezar a implementar una idea como esa. El equipo de Vahlen estaba estudiando los fragmentos da armas y le aseguraron que los resultados volverían en unos días.
El equipo de Shen estaba trabajando duramente, excavando en las cavernas por debajo de la Ciudadela y construyendo la Fundición. Estaría terminado en una semana. Tenía algunas ideas para Shen, pero estaba componiéndolas por el momento.
Bradford y su equipo estaban funcionando excelentemente. No había nada con lo que preocuparse allí. Si Bradford tenía algún problema, él podría tratar con ellos, o vendría a su oficina directamente.
En resumen, XCOM iba bien. Aunque si el Consejo pensaba lo mismo o no era otro asunto distinto, y como la mayoría de su financiamiento provenía de ellos tenía que depender en ellos más de lo que sentía era aceptable. Algo que debía cambiar pronto. La rama de Inteligencia de XCOM todavía estaba en el mismo lugar que antes. Bradford le dijo que estaba buscando un posible director, pero le dijo que la amenaza alienígena era la prioridad. Entendible, aunque frustrante. Era algo que tenía que empezar en el próximo mes.
Se estiro sobre su silla. La guerra iba a entrar en una nueva fase pronto. Los aliens no iban dejarlos ganar tan fácilmente por mucho más tiempo, y tenía que estar listo para responder.
La Ciudadela, Sala de Situación
Tres días después
"El Consejo está listo," le informo Bradford, con una mano en su auricular. "Responda cuando esté listo."
El Comandante asintió. "Gracias Bradford. Puede marcharse." Bradford asintió y se marchó de la sala. El Comandante presiono el botón en la mesa y la pantalla que mostraba el mundo fue reemplazada por la familiar silueta. El hombre calvo de la silueta azulada sentado detrás de una mesa. Al menos era el consejero calvo con el que estaba hablando, parecía más responsable que su colega.
El Comandante inclino su cabeza. "Porta voz,"
"Comandante," Lo saludo la voz sintetizada. "Al Consejo le agrada ver que el progreso del proyecto a… valido la pena. Esperamos que estos logros solo marquen el comienzo de su esfuerzo en eliminar la amenaza extraterrestre."
Sonaba increíblemente actuado, pero positivo. "Gracias Portavoz," le respondió. "Mi objetivo continua siendo el mismo, y espero que la cooperación continúe."
"Este Consejo está de acuerdo," el consejero inclino su cabeza. "Aunque hay… rumores, indicando ciertos protocolos aceptados por su… consejo interno."
Ah, las contingencias. El hecho de que estaban preguntando esto significaba que no sabían hasta donde llegaba. No era como si importase.
"Habilitamos contingencias para nuestros soldados," admitió el Comandante. "Aunque, como el Consejo sin duda sabe, esto es protocolo estándar para organizaciones paramilitares. XCOM necesitaba un trazado de contingencias básico, así que con la ayuda de mi Consejo Interno, cree uno."
"El Consejo está al tanto de las acciones normales de… una organización paramilitar. Pero algunos consejeros están preocupados sobre… el contenido… de estas, sienten que van… más allá… de lo necesario."
Cobardes. Si querían decir algo sería mejor que lo digan. "Temo que deberá ser más preciso," respondió con un ceño fruncido practicado. "Con nada en lo que basarme, me temo que no puedo aliviar sus preocupaciones."
"Estos consejeros han… fallado… en proveer especificaciones para el resto del Consejo. Así que me temo que no puedo darle una respuesta suficiente."
Como sospechaba, no tenían nada, y todo esto era puramente personal. Al menos este Portavoz parecía algo imparcial. ¿Acaso el Consejo de en serio creía que amenazas como estas iban a funcionar con él?"
Mantuvo ese pretenso de preocupación sentida. "Bueno, si no pueden proveer ejemplos, entonces no puedo hacer cambios, como estoy seguro de que el Consejo quiere."
"Es… un infortunio," el Portavoz estaba de acuerdo. "Que estos rumores sigan… sin bases. Siento que esa transparencia puede solo beneficiar a ambos. Estamos, después de todo, del mismo lado."
Esa era la idea. Aunque si estuviesen o no, era otra cosa. Tenía la impresión de que el Consejo no estaba tan unido como quisieran que el creyera. Algo que explotar más tarde.
"Estoy de acuerdo," le dijo al Portavoz. "La transparencia solo puede beneficiarnos. Por eso me gustaría saber exactamente donde escucharon estos rumores los miembros del consejo."
Hubo silencio desde el otro lado. "Los Consejeros… no desean que sus fuentes sean reveladas. Consideran su pregunta… como inconsecuente."
Bueno, claro que la consideraban así. Y no tenía nada para usar contra ellos aun. Otra razón para establecer la rama de Inteligencia lo más rápido posible. "¿Debería esperar algún problema con estos Consejeros?" Pregunto. No era como si esperase una respuesta, pero sintió que valía la pena el intento.
"El Consejo se mantiene completamente en apoyo de que usted guie a la humanidad hacia la victoria contra la amenaza alienígena, Comandante." Hablo el Portavoz. "De todas formas, ciertos Consejeros están comenzando… protocolos… permitiéndoles tener más control sobre el proyecto XCOM."
El Comandante parpadeo. Eso era… inesperado. No que algunos Consejeros se movieran contra él, eso lo había esperado desde el momento que acepto la posición. No, era que lo estaba escuchando directamente del Portavoz.
Lo que inmediatamente lo puso sospechoso.
Esto podría ser una trampa, o una prueba para ver qué haría con esta información. Ciertamente quería creer que este hombre estaba haciendo un trabajo excelente siendo imparcial. Pero con la ONU, este no solía ser el caso.
"Estoy impresionado," dijo finalmente. "Estoy seguro de que el Consejo no querría que esa información me llegase."
"Soy la voz del Consejo," declaro el Portavoz. "Comparto el estado actual del Consejo y sus sentimientos hacia usted, y el proyecto XCOM hasta la fecha. El excluir información no le ayuda a ninguno."
El Comandante se cruzó de brazos. "Admirable."
Y lo decía de en serio. Si estaba diciendo la verdad. Hora de finalizar este encuentro.
"Dígale al consejo que me mantendré completamente dedicado a tratar con la amenaza alienígena y que aprecio continuamente su apoyo y ansió continuar esta relación."
"Esperamos lo mismo, Comandante. Recuerde, lo estaremos observando."
La pantalla se apagó.
"Estoy seguro de que si," le murmuro a la pantalla. "Yo también."
