Pasar tiempo al lado de la pequeña Dalila se había convertido en una rutina desde aquel encuentro casual en la biblioteca. La chica había expresado su deseo por entrenar y ser más fuerte, lo consideraba un método válido para defenderse de sus agresores y sobrevivir en la cada día más inminente guerra. Entrenamiento, horas de lectura y tiempo libre que ambos disfrutaban pasar juntos. Para Rasmi era una sensación tan familiar que lo llenaba de nostalgia, le hacía recordar los viejos tiempos al lado de su hermano menor Alec. Dalila en cambio, se sentía completamente feliz y protegida al lado de alguien a quien en secreto comenzó a considerar como a un hermano mayor, hermano que nunca tuvo.

Pero ese día, su rutina y la de todos los demás fue interrumpida por un suceso que si bien ya esperaban, no imaginaron tener el "honor" de presenciar. Se trataba del arribo de la mismísima diosa Neftis a su fortaleza. Todos los soldados, desde el más joven al más viejo, desde el de rango más bajo hasta del rango más alto se inclinaron ante la imponente presencia de la diosa. Su tez blanca y su hermoso cabello castaño hacían resaltar el profundo color gris de sus ojos, su mirada llena de orgullo y su porte digno de la realeza intimidaba a los presentes. Se posicionó en el trono junto al de Seth, por fin las piezas del juego que inició algunos años atrás volvían a reunirse.

Dalila levantó la mirada para ver a su maestro, pudo encontrar en él una expresión llena de confusión y de angustia, era la expresión de alguien que ocultaba un gran dolor. Inocentemente tomó su mano, con la intención de hacerle sentir que no estaba solo y él apretó la pequeña mano de la niña. Rasmi escuchaba atentamente las palabras que Neftis y Seth pronunciaban a su ejército, los planes seguían siendo los mismos después de todo. Planeaban atacar el santuario de manera esporádica, para luego lanzar un ataque final, el objetivo era romper el sello que hacía años él creo en el portal que liberaría a la deidad del caos y la muerte. Deseaban liberar a Apofis nuevamente, pero a diferencia de ocasiones anteriores, su ejército había crecido considerablemente en número y en fuerza. Sin contar con el hecho de que él mismo se encontraba ahora en las filas de dicho ejército, lo que indicaba que debería enfrentarse en algún momento con sus antiguos compañeros de armas.

-Esta vez ni siquiera la misma Athena podrá detener nuestros planes, el único enemigo que representaba una verdadera amenaza para nuestra causa ahora lucha fielmente a nuestro lado.-Habló Seth, realmente confiado.

-Traeremos el equilibrio y la justicia que los humanos tanto han deseado, dejarán de doblegarse ante esos dioses y serán capaces de experimentar el verdadero poder que sólo la oscuridad les puede brindar.-Prosiguió Neftis.

-¿Qué rayos haré ahora?-Pensó Rasmi para sí mismo.

Se encontraba en una encrucijada realmente peligrosa, situación en la que él mismo había entrado con el afán de reducir el daño. Él sería un arma, Seth se tomó la libertad de llamarlo su arma más poderosa para esta guerra, el guerrero más fuerte de su ejército. Entre Seth y Neftis se tomaron la libertad de halagar grandemente sus esfuerzos y hazañas desde que se había unido a su causa y como el buen actor que era, Rasmi mostraba una actitud egocéntrica, presuntuosa y totalmente contraria a lo que por dentro estaba sintiendo. Terminada la reunión, todos retomaron sus actividades habituales, excepto por él, pues fue interceptado por la diosa justo cuando pretendía huir al encierro de su habitación.

-¡Mira cuánto creciste! Te pareces tanto a Seth.-Pronunció Neftis para luego lanzarse a abrazar al joven guerrero.

-¿Le conozco?-Preguntó él, con una fingida confusión.

-Soy tu madre, desde hacía tanto tiempo deseaba conocerte y ver en lo que te habías convertido... el día que te arrebataron de mis brazos yo... pensé que no volvería a verte.-Dijo Neftis en tono lastimero.

Flashback...

Sus padres le habían prohibido totalmente el contacto con aquel prisionero extranjero que había sido capturado a las afueras de Asgard luego de ser acusado de múltiples crímenes de distintas índoles. Tonya había generado cierta empatía con él casi desde un principio, escuchar sus historias se había convertido inmediatamente en su pasatiempos favorito. En muchas ocasiones, había comentado lo aburrida y lamentable que consideraba ella la vida de la realeza y aquel prisionero de nombre Zahid se tomaba el tiempo de escuchar las quejas e inquietudes de la joven princesa.

Una tarde, una muy joven Tonya entró corriendo a la celda de aquel prisionero y entre lágrimas relató su pesar. Ese día habían recibido la visita de dos santos de Athena, para su desgracia y mala fortuna, aquella chica invitada había resultado ser su media hermana. Toda su vida perfecta y estable se había acabado en ese instante que lo supo. La poca bondad que su corazón poseía fue remplazada por ira y sed de venganza, quería quitar del camino a esa chica de cualquier forma. Zahid vio su oportunidad para orquestar el plan perfecto.

Un año entero, fue justo ese el tiempo que Tonya se mantuvo lejos de Asgard. Desde la liberación del prisionero, la chica le siguió con la excusa de conocer nuevos horizontes. Siempre se consideró alguien fuerte y capaz de soportar lo que fuera necesario con tal de alcanzar sus objetivos. Sin temor ni remordimiento alguno aceptó la tarea de engendrar a aquel ser que se convertiría en la llave que abriría la puerta a la destrucción y muerte del mundo. Al nacer la pequeña criatura, que había resultado ser un niño, lo apartó inmediatamente de su lado para evitar que naciera en ella el sentimiento maternal que tanto temía. En cambio, el pequeño fue entregado a una humilde familia egipcia que a penas y tenía lo necesario para sobrevivir. Seth mismo lo entregó, con la intención de que las carencias y precariedades de la injusta vida en la pobreza llenaran de odio y resentimiento el corazón del inocente niño. Según él, había creado al aliado perfecto.

Fin del flashback...

-Pero ahora estamos aquí, me alegra poder conocerte al fin.-Rasmi dijo aquello en el tono más calmado y sereno que su incomodidad le permitió.

-Tengo entendido que ella, mi hermana te ha criado ¿cómo fue crecer con ellos?-Neftis se sentía realmente interesada por conocer esa información, pero Rasmi seguía sintiendo falsedad en sus palabras.

-Tengo un hermano menor, creo que ya sabes eso... era obvio quien era el favorito.-Mintió Rasmi.

-No tienes que preocuparte por eso ahora, ese chiquillo ni siquiera es tu hermano.-Confesó Neftis.

-¿Estás bromeando?-Esta vez Rasmi no pudo fingir, en verdad estaba sorprendido por lo que ella había dicho.

-Intentamos que así fuera, pensamos que obtener un poco del ADN del tonto de Osiris sería suficiente, pero ese intento fracasó horriblemente. Fue hasta que Seth y yo... hasta que él y yo lo intentamos, funcionó y de esa unión naciste tú. Ese chico que creíste era tu hermano, en realidad es tu primo... Horus no es tu hermano.-Neftis decía aquello con tanta naturalidad, como si dicha confesión fuera a mejorar la vida de su hijo.

-Es bueno saberlo.-Se limitó a responder, dando un gran suspiro. -Eso explica muchas cosas, eso en verdad me quita un enorme peso de encima.-Fingió alivio tras escuchar las palabras de su madre biológica.

Luego de un breve y nada emocional intercambio de palabras, Rasmi entró a su habitación y tras cerrar la puerta, se derrumbó por completo. El llanto comenzó a fluir de manera dolorosa e inmediata, toda su vida había sido una mentira. Él no había sido amado o bien recibido en ningún lugar, era un arma, un arma creada y forjada a la conveniencia de sus progenitores. Esa familia con la que por tanto tiempo deseó encontrarse resultó ser el infierno mismo, lo peor que pudo haberle pasado. Lloraba de manera descontrolada y golpeaba el suelo producto de la frustración. Salió de su habitación al patio de entrenamiento, era una noche sin luna y en las demás habitaciones podía ver como los jóvenes y niños soldados estaban reunidos al momento de la cena.

La oscuridad era casi completa, sintió una fuerza y un impulso que solamente el combate podría calmar. En la completa soledad y lejos de las miradas de sus subordinados, probaba cada una de las armas de guerra. Descargaba su ira utilizando cada una de ellas a la perfección, debido al ruido que había provocado, sus compañeros se dirigieron rápidamente a donde se encontraba él. Muchos se sorprendían por la habilidad y precisión que él tenía para dominar toda clase de arma, él mismo era el arma más fuerte y todos aquellos parecían ser simples artilugios en comparación. Lo respetaban, pero aquel respeto había sido producto del profundo miedo que cada uno de ellos sentía ante su misteriosa y extraña presencia.

-¡Se acabó el espectáculo! Diríjanse a descansar, mañana tendrán un entrenamiento intensivo y más les vale venir preparados.-Exclamó él, apuntando al grupo de jóvenes con una lanza.

Sin pensarlo dos veces o discutir, todos huyeron despavoridos en dirección a sus habitaciones, todos excepto Dalila. La pequeña decidió observarlo con detenimiento y se tomó la libertad de anotar algunos movimientos que consideraba indispensables para aprender. Pasó aproximadamente una hora para que pudiera sacar aquel sentimiento de frustración de su interior, devolvió sus pasos a sus aposentos y pudo escuchar como la pequeña Dalila caminaba tras él, intentando seguir su rápido paso. Ambos entraron a la habitación y se quedaron en silencio por unos minutos, hasta que por fin Rasmi decidió hablar.

-¿Sabes cómo llegar al templo de Anubis?-Preguntó Rasmi a la pequeña Dalila.

-No, no lo sé... lo lamento.-Respondió ella, agachando la cabeza por la pena que le provocaba el no saber la respuesta.

-No pidas perdón... de todas maneras era estúpido pensar que yo... que yo en verdad sería capaz de lograr esto sin terminarme corrompiendo de verdad.-Admitió Rasmi mientras se recostaba en el suelo de la habitación.

-Yo no sé la respuesta, pero conozco el libro que la tiene, es este.-Dijo Dalila, mostrando el libro a su maestro.

-¿Estás segura que ese libro contiene las respuestas?-Preguntó Rasmi nuevamente.

-Sí, estoy muy muy muy segura de que este libro tiene todas las respuestas que usted desee encontrar.-Respondió la pequeña.

Rasmi tomó el libro e intentó no soltar alguna grosería frente a la chica al darse cuenta de que las páginas del libro estaban en blanco. En la contraportada del libro podía leer el mensaje: "Para saber las respuestas, debes hacerme la pregunta primero." Rasmi se dio una cachetada a sí mismo y luego de reaccionar por fin, susurró la pregunta al libro.

-¿Cómo llegar al templo de Anubis?-Susurró aquello sintiéndose torpe, como si fuera una burla para él, había escuchado que los libros muchas veces hablan, pero no imaginó tener que hablarle a uno.

Las páginas del libro se iluminaron y pudo ver como ante sus ojos aparecía un mapa con la ubicación exacta del templo. Lo cerró rápidamente y se puso de pie, comenzó a empacar algunas cosas para él y luego salieron de allí en dirección a la habitación de Dalila, ella lo siguió a paso presuroso. Tomaron algunas provisiones y se dirigieron al patio de entrenamiento nuevamente.

-¿Qué haremos ahora, maestro?-Preguntó la chiquilla inocentemente.

-Cambio de planes Dali, tenemos que largarnos de aquí ahora mismo o ambos moriremos.-Respondió Rasmi.

-Pero si intentamos escapar van a detenernos ¿cómo podremos escapar? ¿ve esos muros enormes? Si intentamos escalar van a matarnos también.-Expresó Dalila con temor.

-¿Quieres ver un truco?-Preguntó Rasmi a la chica. Ella simplemente asintió y él la tomó de la mano. -`Athiri.-Susurró Rasmi.

Un grupo de sombras los rodearon y por un instante parecieron volverse etéreos, casi invisibles por completo. Con ayuda de la oscuridad de la noche y de aquel truco que había aprendido del mismo Seth en secreto, ambos se escabulleron entre las paredes de la enorme fortaleza. Para acelerar el paso, Rasmi tomó a Dalila entre sus brazos y ambos escaparon del lugar. Se mantuvieron en ese estado etéreo hasta que consideraron que estaban a una distancia segura para caminar normalmente.

-¿Qué haremos ahora?-Preguntó la pequeña Dalila, mientras se ponía de pie nuevamente.

-Tengo que dejarte en un lugar seguro, luego yo iré a recuperar lo que me pertenece.-Respondió Rasmi mientras recuperaba el aliento.

-¿Qué es lo que debe recuperar, maestro?-Preguntó la chiquilla mientras lo tomaba de la mano.

-Mi poder.-Se limitó a responder.

Mientras tanto en el santuario...

Era la primera vez en mucho tiempo que sería enviada a una misión en compañía de alguien más, normalmente trabajaba en solitario y a pesar de haber formado una fuerte amistad con el caballero del reloj, no se sentía muy a gusto de trabajar al lado de él en esta ocasión. Giovanna escuchó atentamente cada palabra, cada indicación que Pólux les daba, mientras que su compañero Echo parecía demasiado distraído.

-¿Templo de Anubis? ¿El templo del cual no se puede escapar? ¿Está usted tratando de matarnos?-Echo lanzaba las preguntas una tras otra y cada una venía cargada con más emoción que la anterior.

-¿De dónde sacas todo eso? Si he decidido enviarlos es porque sé que son capaces de salir de allí, si tú no te sientes capaz puedes dejar que tu compañera haga todo el trabajo sola.-Expresó el patriarca con algo de enojo, en verdad que ese chico le colmaba la paciencia.

-¿Y dejar que ella se lleve toda la gloria? No, la acompañaré y haremos esto juntos.-Respondió Echo, retirándose de la habitación.

-No quería enviarte sola a ese lugar, es muy peligroso para ambos, pero las habilidades de Echo te serán de gran ayuda en caso de emergencia y espero sepas apoyarte en él.-Dijo el patriarca a la guardiana del último templo zodiacal.

-No se preocupe, lo mantendré bajo control y recuperaremos el báculo de Anubis.-Respondió Giovanna, para luego retirarse de la presencia de Pólux.

Justo tras él, salió Giovanna a paso presuroso con rumbo a su templo. Intentó meditar para calmar sus ansias, pero el hecho de volver al lugar de sus pesadillas le causaba un terror indescriptible. Deambulaba como un alma en pena entre las hermosas rosas rojas, intentaba reunir el valor suficiente para poder cumplir con la misión que se le había encomendado, pero sabía muy bien que su corazón se llenaría de dolor y su mente de malos recuerdos al momento que pisara aquel lugar nuevamente.

Echo por su parte, se mostraba bastante entusiasmado por abandonar el aburrido lugar que se había vuelto el santuario para él. Dio un breve paseo por el sendero cercano al coliseo, cuando una conocida voz comenzó a llamarlo por su nombre, se trataba del joven cartero que cada mes llegaba al santuario a entregar algunos pedidos especiales de la diosa. Recordó que meses atrás, había enviado cierto paquete con él y seguramente en esta ocasión habría una respuesta o eso era lo que esperaba.

-Joven Echo, tiempo si verlo ¿qué tal marcha todo?-Preguntó el joven cartero.

-Todo por acá es muy aburrido, pero al menos las cosas marchan bien.-Respondió Echo con cortesía.

-Tal vez le alegrará saber que su carta ha obtenido respuesta, la tengo justo aquí.-Dijo el cartero mientras le entregaba el sobre a Echo.

Este agradeció y luego de ver partir al cartero, se adentró en su habitación para leer la carta en tranquilidad. Tomó asiento en la orilla de la cama, sus manos temblaban y sacar la carta del sobre se había vuelto una tarea ridículamente imposible. Hacía mucho tiempo que no experimentaba esa sensación de nerviosismo extremo, sentía que su corazón saldría de su pecho en cualquier instante.

-¡Deja de ser tan imbécil!-Dijo para sí mismo al darse cuenta de la situación en la que se encontraba.

Dejó el sobre de lado por un instante, respiró profundo por algunos momentos para calmar la ansiedad que de pronto había comenzado a experimentar. Luego de unos minutos pudo encontrar la paz que tanto deseaba y se dispuso a retirar el contenido del sobre. Con delicadeza y lentitud desdobló el papel hasta que pudo observarla en toda su extensión, se limitó a observar sin leer. Esa letra tan preciosa y detallada definitivamente era de Kenji, sin más y dejando de aplazar lo inevitable, comenzó a leer la carta.

"Querido Echo, te escribo para informarte que todo está muy bien por acá, me he acostumbrado a este clima y a esta gente. Dentro de unos días partiré a una misión secreta que me han encomendado y en verdad siento temor de no volver. Es por eso que reuní el valor suficiente para decirte lo que a continuación diré: siempre imaginé que un día algo así sucedería entre nosotros dos. Pero era algo que nunca pensé que traspasaría el umbral de mi imaginación para convertirse en una realidad. Ambos sabemos que no estamos en la posición más favorable en estos instantes, nos separa una distancia terrible y no sabemos por cuánto tiempo más esto seguirá así, más no deseo detenerme. Los días aquí son terriblemente aburridos y tediosos, estando lejos de ti me di cuenta lo triste que es el mundo cuando tú no estás en él. Estuve en un proceso de negación y frustración, pensé que aquel beso era el punto final de nuestra amistad y que nunca más me permitirías saber de ti, pero el día que tu carta llegó... sentí que mi corazón estallaría de felicidad. Mi respuesta es simple y sencilla: Sí, también te amo. Aunque admitirlo fue un proceso cruel y doloroso en ocasiones, me siento en la obligación de expresarte lo que siento. Espero ansioso el día en que podamos encontrarnos nuevamente, mientras eso sucede yo pensaré en ti cada día, ya pienso en ti cada día.- Con amor, Kenji."

-¡Por fin!-Exclamó Echo con felicidad.

Por fin había podido confesar sus sentimientos y estos habían sido correspondidos, por primera vez en mucho tiempo comenzó a experimentar felicidad. Aunque ni siquiera eso pudo controlar la ansiedad que la dichosa misión le provocaba. Sin más, comenzó a empacar sus cosas, saldría al día siguiente al lado de su compañera, sin saber el terrible destino que les esperaría en el misterioso lugar al que se dirigían.

Hi, this is Vega! Ahora si viene lo chido ajaja ok no en ese sentido pero sí. Viene algo decisivo para nuestros protagonistas. Retomando lo dicho en el capítulo, según la mitología egipcia, Anubis y Horus son medios hermanos. Pues Anubis es hijo de Osiris y Neftis, pero en algunas otras fuentes él chacal es hijo de Seth y Neftis. Eso significa que a pesar de que estos dos fueron criados juntos como hermanos, realmente son primos, esa es la versión de la historia que he querido utilizar. Quiero mandar un saludo a mis queridas lectoras que siempre comentan: Virgin of Aquarius, Vikytoria y AnnaBlueValley, saludos y que la fuerza nos acompañe, nos leemos pronto.