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Sí, me tarde mucho, pero me alegra al fin liberar este capítulo. En parte no actualicé porque en todos estos meses estuve escribiendo mi tesis y en parte porque este capítulo en especial me ha resultado difícil. Creo que lo escribí de principio a fin unas cinco veces. Fue horrible. Me replanteé un par de cosas del fic, pero creo que ya me siento mejor. Así que, ojala les agrade o lo que sea *se va llorando desconsolada*

Gracias a todos los que leen y especialmente a quienes dejan un lindo review:
NagatoYuki-chan, Magdas, Luky01, AladdinJasmine100, Music forever love e Info M R
Me encantan! (:

Cereza Prohibida

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La parte más desesperada

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Algo que Jason Queen amaba de Musa era lo agradables que eran sus amigos. Por supuesto que era un poco menores, si los comparaba con su propio grupo, pero nunca había tenido alguna clase de inconveniente por ello.

El único que solía hacerle ocasionales desplantes era Riven, pero Jason siempre se lo atribuyó a que quizá había tenido un día difícil; además de que Musa solía decirle que su amigo siempre encontraba una razón para estar de mal humor. Nunca tuvo ningún problema con él, hasta una noche en específico.

Layla había invitado a todos al teatro de la ciudad, para ver la presentación de su grupo de ballet. Ninguno había faltado, incluido Jason; aunque su primordial razón para sentirse profundamente interesado por la ocasión era que Musa había sido invitado para tocar un solo de flauta en la orquesta acompañante. La habían solicitado por dos razones: porque era talentosa y porque habían trabajado junto a Layla en la misma Academia de Artes, antes de entrar a la disquera. Así que ahí estaba Jason, mirando a Musa brillar de felicidad, haciendo justo lo que más amaba en el mundo.

Hannah, quien estaba sentada en las piernas de su padre, junto a Jason, hizo un pequeño grito de asombro cuando una de las bailarinas realizó varios giros que, a sus ojos de tres años, eran perfectos. Curioso de si Riven se había percatado de eso Jason lo miró, pero Riven no prestaba atención ni a su hija ni al escenario. Miraba a la orquesta; para ser precisos, a Musa.

Jason sonrió con ironía, volviendo su atención al ballet. Musa podía decirle que sólo era su amigo, pero era evidente que, cuando menos, esa creencia era unilateral.

De hecho, Riven la miraba justo como Catherine en esa foto. Para comprender habría que explicar que Catherine había sido su prometida alrededor de 8 meses atrás, y esa foto era un clásico en la familia Queen. Consistía en un primer plano de Jason en la fiesta de bodas de su hermana mayor y a un lado salía su mejor amiga de toda la vida, casi invisible viéndolo hablar. Su hermana lo había convencido de que ella sentía algo por él, señalándole la fotografía: "Sólo mira la forma en la que te ve, cuando cree que nadie lo nota. Te ama".

Con esa frase Jason se había convencido de que su mejor amiga estaba enamorada de él y a partir de ahí, había sincerado sus sentimientos. Después de eso había vivido los mejores siete años de su vida, junto a ella. Catherine.

Volvió a ver a Riven, por el rabillo del ojo. Sí. Miraba a Musa como Catherine alguna vez lo había visto a él. Le tomó el resto de la presentación serenar su incomodidad, pero al final ganó su autoconfianza. Además, lo que Riven tanto ocultaba, Musa era incapaz de notarlo.

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Había muchas otras cosas que Jason amaba de Musa, por ejemplo, su simpatía con los niños.

Una vez la había acompañado a la Academia de Artes y los antiguos pequeños alumnos de Musa, habían corrido felices a su encuentro. Amó la forma en la que su chica tenía encanto con ellos; pero cuando Hannah salió de uno de los salones y abrazó a Musa, comprendió que con quien más encanto y amor tenía era con ella. Notó que las unía algo más que Riven.

Con el mes que llevaban saliendo, Jason sabía muchísimas cosas sobre Hannah

Había conversado con ella dos o tres veces, pero sabía gracias a su novia que en el jardín de niños era la mejor defendiéndose de niños brabucones y que, aunque amaba ver las clase de boxeo que Riven impartía en el gimnasio, Stella se había encargado que se ilusionara por los vestidos y por un día obtener permiso para usar esmalte de uñas. También estaba al tanto de que su color favorito era el morado y que su última obsesión consistía en dibujar conejos, perros y gatos con alas. Sabía que después de la presentación en el teatro, le había rogado a Riven que la inscribiera a clases de ballet y que había corrido con Musa para que la ayudara a convencer a su papá. Le agradaba, pero lo que más le gustaba de Hannah era lo feliz que Musa se veía a su lado. Le recordaba lo mucho que siempre había querido tener hijos.

Aunque eso siempre lo planeó con Catherine.

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Pese a que detectó que constantemente recordaba a su ex prometida, Jason lo apreció cómo una repuesta natural de su mente. Había sido su mejor amiga desde la infancia y su novia durante siete años; así que a veces no se sorprendía siquiera de ver, por ejemplo, el cabello pelirrojo de Bloom y sonreír porque era muy Catherine.

Con ella había compartido la emoción de su primer empleo; ella lo había ayudado a elegir su universidad y su automóvil, había estado en el funeral de los abuelos y habían perdido la virginidad juntos. Catherine había sido su mundo durante toda su vida.

Sin embargo, esos pensamientos a veces entorpecían su concentración. Comenzó a preocuparse un poco—sólo un poco— el día que vio el brillo sincero que los ojos de Musa despedían cuando lo miraban; pero se sintió muy torpe cuando en su cabeza se interpuso el brillo de los de Catherine. Esa vez desechó el pensamiento y se inclinó para besarla. Fue entonces cuando comenzó a ver los recuerdos de su ex prometida como un muy molesto obstáculo.

Porque en verdad se sentía afortunado de haber conocido a Musa. Se repetía una y otra vez en su mente que había hecho lo correcto. Era una nueva relación. Se sentía feliz. Musa era increíble, talentosa, inteligente y bondadosa. No le gustaban unas cuantas cosas, como la impaciente y terca que era o lo mucho que hacía por Riven; pero siempre ganaba lo bueno. Le gustaba el contraste entre su carácter fuerte y su inocencia. La forma en que se apasionaba con la música y la manera tan desapegada de sí misma con la ayudaba a los demás.

Amaba toda la vitalidad y la fuerza que tenía, lo hacía sentirse renovado, más joven. Lo hacía sentirse vivo. Sobre todo si terminaban besándose, como adolescentes, durante mucho tiempo y las caricias llegaban al punto donde lo hacían sentirse menos caballero, pero más varonil.

Era una faceta que ambos disfrutaban y la cual Jason al principio no permitió que llegara más lejos, dado que en una de sus tantas conversaciones, Musa le había confesado que su experiencia en el sexo era nula, cosa que él había querido respetar. Sin embargo, el día en que Jason cocinó la cena para celebrar su segundo mes, los besos se intensificaron después del postre y Musa había terminado susurrándole al oído que quizá debían ir a un lugar más cómodo.

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Jason se consideraba un hombre trasparente y cumplió a esa creencia, confesándole una semana después a Musa todos esos pensamientos sobre Catherine, que parecían acosarlo día y noche. Lo único que consideró inapropiado confesar fue que en aquella primera noche juntos, también había estado el recuerdo de Catherine con el cabello pelirrojo extendiéndose sobre la almohada.

Sin embargo, Musa le demostró una vez más lo increíble que era. Acarició su rodilla y le dijo que comprendía lo que era tener a alguien difícil de olvidar y más si estaban construyendo una nueva relación. Lo entendía, aunque a ella no le molestaba en ese entonces como a Jason. Estaba demasiado deslumbraba para siquiera recordar lo amorosamente decepcionada que estaba de Riven.

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La madre de Jason solía decir que todo caía por su propio peso y su hijo pudo comprobarlo un mes después. Fue una especie de revelación, cuando Jason miró a Catherine cuatro mesas después de donde estaba con sus amigos en el bar. Se sintió tan molesto con su presencia, que se retiró de inmediato.

Fue entonces, y tras muchas horas de haber retrasado una profunda cavilación sobre sus sentimientos, que comprendió que no estaba aferrándose a Musa. Estaba actuando en él la parte más desesperada por deshacerse de Catherine.

Al principio le pareció simple, pero conforme pasaron los días con esa idea, sus culpas comenzaron a ahogarlo y aunque intentó con todas sus fuerzas mantener su vida tal y como estaba, convenciéndose de que era lo mejor, le bastó una semana para comprender que se estaba mintiendo y lo había estado haciendo a sí mismo los últimos once meses, desde que Catherine y él habían terminado.

Fue entonces que creyó que lo correcto sería pedirle un tiempo a Musa para solucionar todo ese lío; pero Jason Queen era demasiado maravilloso, pese a todo, para permitir que una dama esperase de forma injusta.

Puesto así, un día después del trabajo le pidió a Musa un momento a solas. La dejó en su apartamento y conversaron de una manera muy seria, comprobando de nueva cuenta lo madura, fantástica y comprensiva que era ella. A esa distancia y posiblemente aún con el enamoramiento flotando, podía afirmar que era perfecta. Pero algo muy en el fondo, sabía que no era ni lo que quería ni lo que necesitaba.

Le explicó que necesitaba solucionar todo ese ciclo inconcluso entre Catherine y él y que lo mejor era terminar. Realmente le dolió, pero fue muy fuerte al aceptar que era más doloroso cada día que continuaba haciéndose creer que Catherine formaba parte del pasado. No quería hacerle más daño a Musa, ni enfrascarla en ese tipo de dramas.

Esa tarde, los pensamientos más nobles de Jason pensaron en darle un pequeño consejo, voz de su experiencia; pero lo rechazó de inmediato. Era un caballero demasiado prudente como para sugerirle en ese preciso momento que quizá también debía solucionar sus problemas sentimentales con Riven.

Al final, cuando se despidieron, él la abrazó, pero Musa lo detuvo y lo besó en los labios, como señal de la esperanza que aún guardaba por que todo se solucionara a favor del bienestar de Jason y de lo que había entre ellos. Ninguno presintió qué sucedería, pero ese beso fue el último de su relación.