Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro. No yaoi.

Capitulo final. Como hubiera sido.

No había más, las discusiones, palabras y resentimientos se había ido con el tiempo .Ya no importaba caminar con miedo, pues aquellos resentimientos pasados se habían borrado con el tiempo y poco a poco todo comenzaba sanar. Y en aquella ocasión y tras algunos días de sus propios encierros, ahora habían sido citados todos y cada uno de aquellos que participaron en aquellas batallas en nombre de Athena a departir en el salón Papal. Aquel día parecía de lo más normal, mas pocos sabían que aquel era uno especial para la diosa.

Con ropas sencillas, uno a uno fueron atravesando el umbral y apilándose en los distintos lugares que estaban vacios sobre una mesa redonda. Para sorpresa de muchos, había un festín dispuesto y a cualquiera que llegaba, bellas doncellas le ofrecía vino y delicias.

Las miradas iban y venían y todas esperaban impacientes a que los tres lugares vacios al frente de aquella mesa, hicieran presencia.

De pronto la puerta del fondo se abrió, atrayendo la mirada de cada uno de los presentes y así la sombría figura de Shion se dejo al descubierto y acto seguido, el Pegaso tomado del brazo de la joven diosa como perfecto escolta. Los caballeros e invitados allegados sentados, se alzaron unos segundos de su asiento y volvieron a su lugar tras una indicación a excepción de la diosa.

—Me alegra verlos a todos aquí. —comentó la mujer con una preciosa sonrisa mientras reparaba en cada una de las presencias en aquel salón. —Es una bendición por fin verlos de frente, con la paz de nuestro lado y con esta oportunidad que tengo de conocer a cada uno de ustedes.

—No importan las equivocaciones, ni los errores ni las culpas, ahora son los tiempos de paz y la serenidad y ustedes el futuro y ayer. —Saori compartió una mirada dulce con el Pegaso. —Les agradezco de corazón que estén este día aquí y sobretodo, que podamos juntos iniciar un nuevo comienzo. —la diosa tomó una copa de la mano de Shion—Así que sin mas guerras por delante, disfruten del banquete.

Al término de estas palabras, la joven recibió los ánimos de los presentes y acto seguido, los violines comenzaron a resonar. Las doncellas en los alrededores comenzaron a servir los platillos mientras los invitados comenzaban a departir .

—Bien Shura. —una voz en la mesa atrajo la atención del cabrito— ¿Qué te parece este pastel sobre la mesa, estará mas delicioso que el de aquel día?

La sonrisa de Milo agrado al cabrito, recordando el día en que Milo había llegado hasta su Templo con pastel en mano.

—Si que lo es Milo, si que lo es. —advirtió el español, bebiendo un poco de vino.

Del otro lado de la mesa, el santo de Cáncer bebía de su copa mientras tomaba un panecillo con mantequilla y al momento de morderlo, una voz hizo estremecer sus nervios.

— ¡Ángelo, Ángelo!—el italiano casi escupió el pan y miró diabólicamente al personaje que lo llamaba. — ¡Ángelo, que bueno es verte!

Shun se acerco alegre hasta él, apoyando su mano en el hombro del santo y antes de que su instinto asesino hiciera de las suyas, la mano fría de Afrodite se apoyo sobre la de Shun.

— ¡Hey guarda silencio!, —murmuro mas relajado el italiano— ¿Qué acaso quieres que todos los idiotas que están aquí lo sepan.?

—¡Oye!... pensé que solo yo sabia de tu "secretito"—se burlo el sueco, recibiendo una mirada asesina del de cabellos grisáceos.

—Lo siento, de verdad lo siento. —se excuso el menor con una suave sonrisa— Mire quería darle un obsequio.—el joven sacó de su espalda una pequeña caja ante la mirada incrédula de Dite.—Es una tarta de manzanas ,ira muy bien con su vino tinto, aquel día supe que marca era la que mas le gustaba.

—Eh...—aquella expresión causo una risa árida en ambos—Gracias ,buen muchacho.

—¡Oye!... no es un perro al que agradecer. —comento el de cabellos celestes ante el agradecimiento del cangrejo.

— ¿Y que quieres florecita, que le envié unas rosas?—se burlo el otro, sin embargo una personita atrapó la atención total del santo sueco, haciendo levantarse y dejar aquel lugar vacio para que Shun departiera con el italiano. Discretamente Afrodite avanzó hasta el fondo del salón donde una pequeña pelirroja tímida como indiscreto intruso buscaba con la mirada a un santo en particular.

— ¿A quién buscas pequeña?—le pregunto a la nerviosa jovencita al bello hombre que había llegado hasta ella descubriéndola.

—Disculpe yo...—el santo rió ante el nerviosismo de la joven y de sus ropas sacó una preciosa rosa roja, entregándosela. —Toma, es un regalo.

—Es tan bonita. —murmuró la joven fascinada por el bello color de la rosa y tiñendo de inmediato sus mejillas. —Son tan lindas casi como las de mi señor.

El santo sonrió y giro su vista a su espalda, señalando a una silla en aquella mesa redonda.

—Aldebarán esta por allá, ve con él.

La jovencita se sonrojo al ser descubierta y en sus nervios, se reverenció y corrió hasta donde se encontraba sentando el torito junto a Mu.

— ¡Europa, viniste!—grito de emoción el torito haciendo sonrojarla demás ante la mirada de los que le acompañaban y de inmediato haciéndose un lugar en aquella mesa junto al torito.

—Si señor.—sonrió la jovencita mientras giraba tímida ante la mirada de algunos curiosos.—Me avergonzaba al principio, pero la persona que me regalo esta rosa me animo a entrar.

La mirada del torito se giró curiosa y fue entonces que se encontró con la bella sonrisa de Afrodite. Una vez el santo de Piscis había hecho de las suyas.

Mientras tanto en otra parte de la mesa, un joven lemuriano servia a su pequeño aprendiz un par de tarta de moras a su frente de la mesa.

—Mu...—aquella voz seca detrás de la espalda del lemuriano,le hizo girara atentamente. A su dorso, observabo la presencia del dragón marino postrarse a su lado y depositar dos cajas en la mesa.

—Kanon...

El dragón marino sonrió arrogante ante el gesto de incredulidad del lemuriano y esbozo.

—Un regalo para ti y el muchacho...—proyectó mirando a Kiki, quien estaba a punto de devorar una enorme cucharada de tarta.

—Gracias caballero, pero no tenias que...

—Olvidalo, solo es un detalle, solo no le digas a los demás, no quiero que empiecen con sus suspicacias.

El lemuriano sonrió. Así era Kanon, siempre autoprotegiendose de los demás, como si no importara. — ¿Y puedo preguntar que son?

—Chocolates, un par de ellos. —y él sonrió.

Por otro lado Camus degustaba una suave copa de vino mientras observaba al Escorpio llevar la buena platica con Shura. Fue entonces que el movimiento de la silla de a lado llamó su atención.

—Leo, ¿disfrutando la fiesta?—preguntó con cortesía el acuariano.

—Por supuesto. —comento Aioria sonriente mientras veía de reojo a quien segundos antes tenia la atención de Camus. —Mira al desvergonzado de Milo, comiendo pastel a bocanadas, y por lo que veo la única manera de mantenerla la boca callada.

— ¿Deberíamos comprarle unos trescientos sesenta y cinco para todo el año?

—No creo que serian suficientes. —bromeó el acuariano sonriendo para sorpresa de Leo. Entonces la atención de ambos fue captada por el acechado, quien reaccionó enérgico.

— ¡Hey, ustedes dos, ¿Qué demonios hablan de mi?!—y ambos sonrieron para desgracia del acechado.

Po otra parte, Aioros intentaba servirse un poco de fruta en su plato mientras escuchaba el parloteo de Camus y Aioria y fue entonces que les miro a ambos. Oh ,como recordaba a aquel par de niños que el había criado, ambos seguían tan iguales como en los viejos tiempos, sonriendo en aquellos cuerpos envejecidos tanto como el suyo, pero en esa nueva era, llena de paz y sobretodo de amor. De pronto ,su atención fue atrapada cuando un par de frutas se depositaron en su plato y su mirada azulada se topo con otros ojos también del pasado que el recordaba con fervor .

—Maestro Dohko.

—Las moras también son buenas para el cuerpo, sobretodo las recién cortadas como estas. En mis montañas se podían obtener las mas delicadas y dulces, algún día te llevare a ellas, muchacho.

El joven de cabellos castaños le invito a tomar la silla a su lado mientras veía de pies a cabeza aquella imagen del maestro de la cual aun costaba trabajo acostumbrarse. Ya no era un anciano cansado por el tiempo, si no un hombre vigoroso de espíritu inquebrantable.

— ¿Habías visto tanta armonía como esta Aioros?—el otro negó amable.

—Es cierto ,el cambio de lo que fue y sera, esta lleno de esperanza y es nuestro deber preservarla.

Aioros observó a su alrededor, todo era tan distinto a aquellos tiempos en lo que los jóvenes en la mesa, no eran mas que un par de niños y por mucho que le asustara, el observar tanta armonía entre todos ,era mas fuerte que aquel temor.

—Ahora que lo pienso maestro, tenia razón, esta oportunidad me hace bien con recuerdos nuevos.

—Lo se Aioros, lo se.

De pronto, una preciosa silueta femenina se hizo presente en el portal del gran salón y fue que sin dudarlo, el caballero de largos cabellos azulados que dialogaba a lado de Shaka se alzo de su asiento para recibirle.

Marín busco con la mirada a Aioria, mas al ver la presencia de Saga acercándosele ,le saludo con discreción.

—Caballero.

—Marín, bienvenida. —el santo le observó a través de aquella máscara de metal.—Es mejor verla recuperada.—Marín le miró sin entender hasta que entendió a lo que el geminiano se refería. Aquel día ,en su choza.

—Ah, lo de el dia, solo era un pequeño resfriado, nada importante.

—Y para ti, una gran amazona supongo que no lo es. —el mayor sonrió.

—Gracias.

De pronto, la mirada de Leo se percato de la presencia de Marin, pero sobretodo...de la de Saga. Aioria los miro con suspicacia y antes de que el sonido de su silla arrastrándose para alzarse resonara, la joven amazona avanzo hacia donde estaba él.

—Marín...

—Aioria...—retomo la pelirroja al escuchar la respiración agitada del felino.

— ¿Te ha dicho algo, todo bien?—replico el joven santo alzándose de su asiento mientras la amazona tomaba el suyo a su frente.

—Tranquilo Aioria, ya nada es como antes, te lo aseguro. —No muy convencido ante la respuesta, poco a poco Leo volvió a su lugar observando la actitud serena de la joven.

De pronto y para sorpresa de algunos Ikki,Shiryu y Hyoga escoltados por Shaina, arribaron a aquel banquete con singular discreción, escuchando atentos los murmullos que se formaban ante su llegada.

Shiryu busco a su maestro, quien se hacia acompañar con Shaka y Aioros en aquella mesa comiendo un poco de carne con especias singulares. No dudo en allegarse hasta ellos y hacer una pequeña reverencia ante su presencia.

—¡Shiryu, has venido!—con singular alegría el rejuvenecido maestro recibió a su pupilo.

—Lamento la tardanza antiguo maestro, pero estábamos esperando a Ikki para venir todos juntos.—al ver al rubio que acompañaba a su maestro el joven dragón se reverenció—Shaka,caballero.

—Bienvenido Shiryu, adelante siéntate con nosotros. —el rubio le saludo con gentileza y sin dudarlo, el joven accedió. — ¿no has traido a Shunrei?

Ante la pregunta, el joven dragón se sonrojo, aunque aquella pregunta tomo más desprevenido al antiguo maestro.

— ¿Conoces a mi Shunrei?—pregunto con sorpresa el rejuvenecido santo de Libra.

—Una vez Shiryu y yo platicamos sobre ella y solo quería conocerla, se que es alguien muy especial para él. —añadió Shaka sin entender el porque Shiryu en aquel momento se teñía completamente de rojo.

—Oh ya veo. —ante aquella charla el maestro de Libra sonrió sin reparo, haciendo que el joven dragón quisiera desaparecer.

De pronto la mirada de Dohko sin intención se cruzo con una fría trás una mascara, quien indiferente busco sitio en una esquina desolada y con unos cuantos asientos libres. Lo propio era que Shaina buscara a Marín en aquella ridícula reunión, mas su atención parecía estar completamente dirigida a Leo, por lo que prefería alejarse de cualquier charla por comenzar.

Dohko recordaba en su mente aquella noche lluviosa, en la que él y la cobra había compartido mas que fuego y adicción, por lo que olvidándose de la amena platica de su pupilo y Shaka, discretamente se alzo de su asiento y avanzo hasta las sillas contiguas de la amazona.

— ¿Puedo sentarme?—pregunto con gentileza el santo de Libra, mientras la amazona giraba el rostro indiferente.

—Lo hare de cualquier manera. —sonrió el joven maestro mientras atendía al silencio de la dama.

—No creí que te gustaran este tipo de reuniones. —menciono el joven santo. La amazona giro su cuerpo con altivez.

—No me gustan este tipo de pláticas, ni de reuniones, es una pérdida de tiempo. —respondió ella con arrogancia.

—Deberías verlo como una oportunidad de conocer gente, quizá hay mas aquí de lo que quieres ver. —replico el santo mientras observaba el ir y venir de palabras entre unos y otros alrededor de la mesa.

— ¿A que se refiere?—preguntó dudosa la peliverde.

—A que quizá aquí halla gente que quiere conocerte, descubrir mas de ti que aquella arrogancia cubriendo tu fragilidad—suspiro—. Alguien que llegue a conocerte tanto lo suficiente para amarte.

— ¿Esta loco, a quien podría interesarle algo así?

—A alguien... como yo.

Por otra parte, Seiya estaba fascinado. De pronto sentía que el mundo se paraba al observar la sonrisa de Saory ante la amena plática de Shion. Por fin sentía que cualquier cosa que hubiera en el mundo, no lo podía comprar aquel instante. Sus amigos a su lado, caballeros departiendo vino y palabras de un lado a otro y sobretodo ,a su Saory sentada a su lado era mas de lo que podía pedir. De repente, la mirada potente de Seiya llamó la de Saory:

— ¿Estas bien?—le susurro con una sonrisa al rostro la joven diosa.

—Si, lo siento, es que casi no lo creo, todo esto. —al instante la mano de la diosa se deslizo por debajo del mantel y busco lentamente la del joven Pegaso, entrelazándose con tenues caricias.

—Pues créelo...por fin acabo.

Seiya sonrió al sentir su cálido tacto y al volver su mirada hacia los presentes, se encontró con la de Ikki, quien le sonrió extrañamente mientras se acomodaba a lado de su hermano Shun.

Y aquel dio, pasaba algo increíblemente extraordinario. En aquella mesa redonda frente a la estatua de Athena donde todos permanecían sentados, comiendo y bebiendo del dispuesto vino y menesteres ,como algún día cualquiera hubiera sido ,la paz permanecía en todos los corazones presentes, tal como si fueran un par de amigos y las guerras nunca hubieran existido en su mundo.

Pegaso observaba con incredulidad aquella paz mientras sentía la caricia de Athena a su lado. Todo era tan mágico que calmaba el corazón y fue entonces que, algo sucedió.

Saory se alzo de la silla y le invito a seguirle a la parte posterior del gran salón. Una vez solos, Saory siguió guiando al caballero Pegaso a un bello jardín de flores blancas donde la espectacular vista de todo el Santuario se podía ver alrededor.

— ¡Estoy tan feliz ,jamás creí que estaríamos así, todos reunidos y en paz!—Pegaso en un impulso, tomo de la cintura a la joven diosa y la alzo por los aires mientras daba un par de vueltas lleno de emoción.

— ¡Seiya!—gritaba ella mientras veía sus mechones lilas volar al viento. Tras unos segundos de aquel movimiento, el joven caballero la depositó en el suelo.

—Solo falta que Seika esté aquí y todo será perfecto!

De pronto, la diosa se soltó del agarre del muchacho y le miro con un dejo de tristeza.

—Seiya, que... ¿no lo vez?—el santo frunció la s cejas, sin entender—Ella no vendrá en mucho tiempo.

— ¿De qué hablas?

—Estamos en un sueño... en tu sueño eterno.

Fin

Un año, un año precisamente desde la ultima vez que actualice este fic,antes que nada una disculpa mis lindos lectores, se que ha pasado el tiempo ,que muchas cosas han cambiado, pero no podía dejar esta historia sin concluir. Este tiempo me fue difícil para mi ya que me dedique a la vida real, al amor ,a mi universidad y a otras cuestiones que me dejaban casi sin tiempo para este mundo de ustedes y mio,por ello tarde tanto el volver y espero que haya valido la pena la espera .Espero verlos pronto en mis otras historias que he de concluir y muchísimas gracias por cada segundo que me han regalado ,de verdad. Un abrazo Saint Lu.