Gracias por su infinita paciencia, en serio. Siempre tan hermosas con sus lindos comentarios que es una muy buena comida a disfrutar.

Alimentan el alma.

Gracias a: andromeda Zoldyck. Moosh. Leila. Intu asakura. Karurachan. Ksi~Aruki. Akira Judal-DarkSun Rei. BEEP. Charlotte. Maknus. MayThe99. Paula130203.

Gracias por comentar, por esperar… y por confiar en que no la abandonare.

Ahora, quiero decir que por fin estoy graduada de la facultad. Y que tengo muchos proyectos de trabajo y sin contar con la tesis… pero eso es sólo uno de los muchos cambios que han pasado desde la última vez que actualice aquí…

Gracias

Capítulo 11: Distintos

-Kuroro – Dijo Silva, cansado por ver a ese Omega negarse a la vida que le había tocado. Kuroro sólo pretendía estarse quieto para a escondidas averiguar cómo salir de la montaña. Ya había perdido varios perros a causa de eso y la disciplina con Kuroro no servía… era más terco que cualquier Omega con el que la familia tuviera que lidiar - Vuelve a tu habitación.

Kuroro inspiro y salto hacia atrás, corriendo después a la salida. Si debía de trepar el muro lo haría, si debía de empujar la puerta de la prueba, lo haría. Nada le detendría para largarse de la montaña.

Silva le persiguió.

Los mayordomos estaban a la espera de la orden de su amo para ayudarle a capturar a su Omega. Aunque se antemano sabían que tal cosa no pasaría. Un Alfa jamás debía de ser superado por su Omega. Admitir que necesitaba ayuda para poner a Kuroro en su lugar, era admitir que era un fracaso como Alfa.

Los perros de caza fueron golpeados por Kuroro apenas los veía. Los perros guardianes no eran como los mayordomos… ellos le atacarían porque no era miembro de la familia Zoldick. No era un amo.

-Detente – Kuroro sintió la voz de mando llenarle las venas. Aturdirle por segundos. Entumeciéndole los músculos para que obedeciera. Atizándole con el dolor en las entrañas y dificultándole la respiración. Aun con ello, Kuroro estaba listo para sufrir la desobediencia biológica. No sería atrapado y devuelto a la mansión con facilidad… antes le arrancaba el brazo a su Alfa – Kuroro, detente. Ahora.

Kuroro no tenía las condiciones suficientes para invocar su libro… no aun… pero pronto.

Estaba en desventaja.

No estaba en peligro de muerte pero si de daño.

Necesitaba que Silva usara Nen.

Silva consiguió ponerse a su lado, corriendo a prisa… Kuroro apenas consiguió esquivarle, trepando por el tronco de un árbol y dando la voltereta sobre la cabeza de Silva para poder patearle en las costillas. Sin conseguir daño.

La piel de Silva era muy dura y recubierta por su aura.

Kuroro maldijo y siguió tratando de poner distancia entre ambos.

Silva se obligó a tranquilizarse.

Su Destino era un buen Cazador. Un habilidoso asesino. Un contrincante de temer y admirar. Eso debería de bastar para estar satisfecho con el destino pero la realidad era que le tocaba los cojones la actitud de su Omega.

Si Kuroro fuera más dócil, podría disfrutar de ser el Omega de Zoldick.

Una vida resuelta.

Lo que todo Omega quería y buscaba.

-Kuroro, basta ya – Kuroro siguió escapando… y Silva rio, entendiendo la manera en la que debía de proceder.

Kuroro debía de obedecerle.

Kuroro podía poner resistencia a su comando a causa de la férrea determinación y entrenamiento, pero no por mucho tiempo.

Y si Kuroro estaba entrenado para desobedecer sus instintos… entonces la solución estaba en presentarle una orden que no pudiera frenar. Algo que quería con toda su alma.

Silva se relamió. Kuroro no era un Omega muy diferente de los que conocía.

-Kuroro, atácame…

Kuroro freno en insofacto.

La orden uniéndose a su instinto asesino, a su propia voluntad… porque deseaba asesinar a su Destino. Algo que no se podía hacer desde la naturaleza de su condición biológica, a no ser que el Alfa lo ordenara…

¡Maldito Silva!

Sabiendo que era una trampa, Kuroro sintió el intenso dolor desvanecerse de su cuerpo conforme regresaba a Silva para arrancarle el corazón.

Una pelea era imposible de evitar.

-Eso es – Dijo Silva. Kuroro sonrió. Silva se paralizo… el libro nen estaba desplegado, en la mano de Kuroro - ¡Ven!

Silva encajo sus dedos en la pierna de Kuroro, enterrándolos de un golpe, prensando. Asegurando a su presa. Los dedos siguieron hundiéndose en la carne, sangrando en medias lunas.

Kuroro giro sobre sí mismo, impulsándose con su fuerza abdominal y descargando la patada desde arriba sobre el cuello de Silva. El movimiento hizo que perdiera una parte de su precioso muslo pero al menos había casi roto el cuello de Silva.

Kuroro freno la sangre con un torniquete.

Luego se impulsó hacia adelante, golpeando con fuerza a los puntos vitales de su Alfa. Golpeando y siendo bloqueado. Silva mismo alcanzaba a golpear a Kuroro… y en las contadas ocasiones en las que el golpe era demasiado fuerte y no bien cubierto, Kuroro escuchaba sus huesos romperse.

En una pelea a nivel físico, Kuroro sabía que perdería.

Pero era todo lo que tenía por el momento.

Podía pelear con las costillas rotas.

Con la nariz desviada.

Los occipitales hundiéndose.

Las falanges moradas e hinchadas.

Ambas rodillas a punto de colapsar por las patadas.

Su hombro rompió tras estrellarse contra el suelo y el pie de Silva.

-¡Te matare! – Aseguro. Silva le miro jadeando. Apenas soportando el dolor, intentando guardar algo de dignidad – Te matare. Me iré.

-Tu castigo aún no termina – Aviso. Le tomo por el tobillo y le alzo… le estamparía una vez más, dos veces… quince veces, hasta dejarle inconsciente. No podía cargar con Kuroro habiendo una chance de que le atacase – Que terco Omega.

Los mayordomos se encargarían de limpiar la sangre después.

Cortarían el césped y curarían a los perros.

Él debía de llevar a Kuroro a su celda.

-Algún día – Juro – No estaré aquí. Algún día podré librarme de ti.

-No lo creo.

Silva dejo a Kuroro en su habitación, aunque estaba muy tentado a encadenarlo en la mazmorra hasta que reconsiderara su comportamiento. Aunque sabía de antemano que Kuroro jamás dejaría de intentar escapar o de asesinarle.

Tsubame reverencio a su amo y se dispuso a atender al Omega.

-Joven, Kuroro – Llamo sólo para que Kuroro supiera que le iba a tocar, con o sin su consentimiento. Debía de aprender de una vez por todas que él era la propiedad de su amo Silva, y que debía de sacarle provecho a la situación en vez de hacer las cosas tan difíciles – Sólo hace que el amo Silva se enoje.

Kuroro ni parpadeo.

-Es la sexta vez en el mes que intenta escapar – Tsubame recordaba bien el día en que Silva se fue para hacer un trabajo en ciudad Estrella o ciudad Meteoro, dependía de la región de la persona que lo decía y había regresado con los músculos hechos trizas y con un Omega a la espalda – Seria mejor para usted que dejara esas ideas de lado.

-Asesino a uno de mis amigos – Kuroro sabía que no debía de estar enojado por eso. Silva fue más fuerte y él vivía en el mundo del fuerte – Me reclamo. No nos deseamos. Podría intentar ser razonable en vez de tenerme aquí. Tiene una esposa. Hijos. Yo no quiero nada de él como él nada mío. Debería dejar las cosas por la paz. Dejarme ir. Es su estúpida naturaleza la que lo domina.

-El instinto de los Alfas es no dejar escapar a su destino.

-¡Pero no lo queremos! – Reclamo – Tsubame, puedo lidiar con Alfas que me violen, que me golpeen, que quieran preñarme… porque puedo oler su asqueroso deseo. Pero Silva no lo tiene. ¿Y si no lo tiene que jodidos lo impulsa a tenerme aquí? – Tsubame no supo que contestar – No colecciona nada. No quiere ni verme. No quiere ni tocarme. No quiere nada. Y no confundas, no deseo que quiera algo de mí. Sólo quiero comprender porque estoy aquí.

Tsubame mejor empezó a atender las heridas.

Le baño.

Le vendo.

Le remendó.

-Los Alfas gustan de ver Omegas reclamados siendo violados por otros, algunos les gusta torturar a su Omega, hay quienes sólo les llenan en vientre y los ignoran… pero Silva no quiere nada de eso. Lo olería. Lo sabría. Él no es como los Alfas que conozco. Es menos especial y más insoportable. Es menos de mucho de lo que conozco pero estoy aquí, atrapado.

Tsubame dejo solo a Kuroro.

Le dejo estar en el futon, muy cerca del balcón. Kuroro adoraba las noches de luna. No gustaba de estar encerrado. Quizá se debiera a que en su ciudad natal nunca tuvo tiempo de acostumbrarse a las paredes. Durmiendo en los basureros, lejos de cuevas o casas, era normal que encontrara asfixiante las murallas de concreto y suave azulejo.

Una cadena atada a su tobillo impedía que tuviera la mala idea de levantarse e irse.

Estuvo tranquilo por un buen rato.

Viendo entre su imaginación el momento exacto en que Silva le vio, después de asesinar a su araña.

Con sus cabellos lilas, pastel… un color extraño para los cazadores.

-Relájate – Dijo Silva apenas entro a su cuarto. Kuroro siguió viendo el cielo – Sólo será por un momento – Aviso, poniéndose a su altura, trepándose sobre sus caderas, inmovilizándolo con su peso, causándole más daño y provocando que algunas cortaduras sangrasen – Respira y déjate hacer.

Kuroro dejo que Silva levantara su cabeza, que le asiera del cabello. Le tomara unos momentos apuntar con la ajuga de la jeringa sobre una de sus venas para poder inyectarle la medicina azul. Kuroro supo de qué se trataba apenas Silva le aplastara el estómago.

El piquete le hizo jadear.

Le hizo mojar.

Su esfínter punzo, abriéndose y cerrándose… contrayéndose en espasmos de lujuria biológica.

Silva había adelantado el celo artificialmente. De seguro porque no deseaba dejarle estéril en medio de una de sus peleas.

Y si de algo Kuroro podía estar seguro, pese a que Silva no quisiera verle preñado a él, por ser él, era que Silva no era idiota y comprendía que un Omega y Alfa Destino siempre tenían la mejor descendencia que sus genes pudieran procrear. Lo que claramente no tenía con su mujercita de chocolate.

Y al paso que iban no había otra opción.

O hacia algo por preñarle ahora o se arriesgaba a que quedara estéril por alguna de sus muchas peleas. Silva procuraba evitar atacar el vientre. Apuntaba a otras partes, pero, de seguro que noto que conforme pasaba el tiempo no podía seguir dándose el lujo de un juego limpio.

-¿Seguro que quieres probar esto? – Le sonrió - ¿Qué te hace pensar que no voy a matar al cachorro?

Silva esculco con sus dedos el orificio de Kuroro. Debía de estar segregando lubricante. Silva se sorprendió por lo bien recibido que fue. El interior de Kuroro quemaba y le succionaba, le llevaba al entrañable, lo más adentro que podía.

Silva admiro el contraste… el cuerpo Omega estaba deseoso, oloroso, haciéndose lo más deseable que pudiese para el apareamiento pero la cara era otra historia, parca, desinteresada… perlada en sudor y sonrojada pero nada más, era tan seca como un frio rostro de mármol.

Y Kuroro se mantuvo así.

Silva igual.

Ambos viéndose a los ojos sin mayor expresión.

Las caderas de Silva se golpeaban con fuerza sobre la otra carne, enterrándose tan adentro que Kuroro sentía partirse pese a su celo.

El nudo no sería amable con él. Para nada. Ya lo sabía, de hecho estaba esperándolo.

Tan doloroso pero seco.

Si quiera el primer celo que pasaron fueron tan fríos. Tan helados. Intentando usar la indiferencia como arma.

Un Omega no soportaba la indiferencia de su Alfa.

Un Alfa no aguantaba la frialdad en su Omega.

Y el juego podía ser jugado por ambos sin sentirse afectados.

-Aquí – Dijo Silva, elevando las piernas de Kuroro sobre sus hombros, doblándolo sobre sí mismo. Kuroro obvio quejarse. Se dejó hacer. El nudo comenzaba a hacer su presencia, jalando sus interiores, expandiéndolo para recibir la semilla de su Alfa – Aquí – Insistió.

Silva obligo a Kuroro a ponerse en cuatro.

El nudo era más cómodo si él quedaba arriba.

Kuroro le rompió la nariz a Silva en cuanto le taponeo. La rompió con el codo en un golpe que trataba de romperle la cabeza para esparcir los sesos.

.

.

.

Zeno termino la lección de Illumi. Esa noche debía sólo a enseñarle sobre venenos. Sólo un ligero repaso. Su nieto dominaba bien el tema.

Sólo estaba matando el tiempo.

-Y tendré un hermanito – Dijo Illumi olisqueando el aire. Escuchando el sexo al otro lado de la mansión – Pensé que madre seria la que me diera un hermano – Se quejó pero cuando miro a Milki cuando este se tropezó con sus propias piernas, supo que era mejor así… por unos segundos agradeció que ella no fuera la siguiente gestante. Millki no era exactamente la persona más agradable del mundo o la más inteligente – Es un tonto bebé – Dijo.

Millki con sus casi tres años, comía, dormía, y se caía un montón. No tenía gran gracia. Lloraba todo el tiempo. Era susceptible a los venenos y a los golpes. Era un bombón Alfa que distaba de ser un Alfa. Illumi no estaba seguro de que su hermano sobreviviera gran tiempo.

-Te sorprendería como resultan las cosas – Zeno acaricio la cabeza de Illumi. Esos vacíos y maquiavélicos ojos le recordaban a su bisabuelo, se dijo Zeno… a un hombre peligroso, narcisista y claro, con un talento para el asesinato que se veía cada determinadas generaciones. A lo mejor Illumi sería el siguiente cabeza de familia – Las crías más pequeñas suelen ser las más prometedoras – Millki volvió a llorar cuando se fue de bruces en su intento por caminar – Con sus excepciones.

-Millki es diferente – Calibro Illumi – Pero…

-Silva se encargara de algo mejor – Zeno había tenido que regañar un poco a su hijo.

Silva le había llegado con Kuroro… maldiciendo la suerte de haber caído en el instinto y marcado al Omega. A Zeno le costó lo suyo que comprendiera la suerte que tuvo. Que o se viera como un imberbe y caprichoso alfa. Si ya se había casado con su mujer por conveniencia, estaba mejor que engendrara con su Destino.

La biología era más benévola y sabia.

-Seguro que el cachorro será hermoso.

-El Omega es un mal Omega – Dijo de repente, ignorando la línea de la conversación. Zeno tuvo que admitir que Kuroro no era un Omega paciente o siquiera deseado, pero, creía saber los motivos por los que era así. Ningún Omega podría negar su naturaleza con tanta razón como Kuroro hacía. Había algo más allá. Y esperaba que su hijo comprendiera, antes de romper a su destino… Lo que tampoco era un problema después de que escupiera el primer cachorro – No sabe su lugar.

Zeno arqueo su ceja.

-¿Puedes vencerme? – Pregunto. Illumi negó aun sin comprender - ¿Estas arriba o debajo de mí?

-Abajo.

-Para ser un Alfa seguirás estando bajo mi talón por muchas décadas, Illumi – El Omega se irguió en su pequeña estatura – Y veras, nieto… seré aún mucho más difícil de matar. Un cachorro como tú no podría ganarme… o ponerme en mi lugar.

-¿Eres un Omega? ¿Abuelo?

Zeno se marchó a un mejor lugar.

La montaña estaría llena de quejas apenas el semen lograra afianzarse.

A lo mejor Netero estaba disponible.

.

.

.

Kuroro siguió suspendido en las mazmorras.

Apenas consiguió recuperarse de las fracturas de su infructuoso escape, intento rajarse el abdomen.

Tsubame le había alcanzado a frenar antes de que el daño fuera significativo.

Silva le había dejado colgado desde entonces.

El resto de la gestación se la había pasado colgado al techo. Descansaba el tiempo suficiente para no quedarse sin brazos. Silva mismo lo ponía en el suelo y le vigilaba mientras que su mayordomo sobaba las moradas extremidades, masajeándolas. Evitando que el daño fuera mayor.

Silva no estaba dispuesto a volver a tocar a Kuroro más de lo necesario.

Y Kuroro, siendo la persona inteligente que era, resolvió que no tenía opciones. Así que por el momento acataba dócilmente los requerimientos. Silva no le había vuelto a atacar, tampoco se habían apareado, porque eso era lo que hacían… no había otro nombre.

Kuroro tenía entendido que su parto seria inducido, como todo a lo que se refería a él. Le prepararían y abrirían. Silva no deseaba que su primer cachorro naciera naturalmente, ya que algo podría salir mal.

-Tienes una linda marca – Kuroro apenas abrió los ojos, apenas soportando que le recalcaran la mordida de reclamación detrás del cuello y no sobre la clavícula (Una manera explícita en que Silva le decía que estaba debajo de él) Illumi le detallo con sus enormes orbes, inexpresivas - ¿Cómo puedes desobedecer? – Kuroro calculaba unos ocho años al mocoso. No era la etapa de las preguntas pero seguro que él tenía un montón – Si se te ocurre volver a lastimarlo, te cortare las manos.

Kuroro quiso reír.

-Debes de ser Illumi – Un pequeño Alfa cretino. Se notaba la sangre de Silva – Cuando quieras puedes intentar. Sólo debes de bajarme de aquí.

-No soy idiota – Kuroro no pensaba lo mismo – No voy a liberarte – No por su propio gusto al menos - ¿Te gusta leer?

Illumi mostro el libro que traía. Su mayordomo se lo había dado porque debía de terminarlo. Era tarea. Pero él no quería leer. Tenía mejores cosas que hacer.

-La Bestia – Reconoció – Es un buen libro.

-¿De qué va? – Kuroro le miro suspicazmente – Puedo traerte lo que quieras.

-Es más fácil si lo lees por ti mismo.

-Me aburre leer.

-¿Qué tal si lo lees para mí? – Illumi apretó el agarre sobre el pobre libro – Estoy aburrido.

-No eres nadie omega para que yo te lea.

-¿Y si lees para tu hermanito? – Oh porque era su hermano. Mejor empezar a deshacerse de su cachorro. Él no quería hijos. Ese bastardo en el vientre era un obstáculo – Crece en silencio. ¿Pero y si nace sordo porque no puede oír nada? – Illumi no supo saber si Kuroro le estaba tomando el pelo – Esta solo y en la oscuridad. A lo mejor se muere porque no sabe que está vivo. O a lo mejor piensa que no hay nadie afuera y prefiere nunca abrir sus ojos.

Illumi no dejo de leer por el resto de la tarde.

Tampoco lo hizo en la siguiente semana.

Illumi agendo tres horas dedicadas a su hermanito cada día.

Él cuidaría del cachorro.

.

.

.

-Kikyo quiere que dejes a Illumi.

-Difícilmente le hago algo – Silva bufo. Kuroro se dejó cargar, dócil… sabiendo que iban hacia una de las salas preparadas para el nacimiento de su nuevo hijo – Ahora ya no debe de venir. Ya no tendrá porque. Sólo estaba des aburriéndome.

Silva le tendió en la cama y le ajusto con otros amarres. Kuroro estaba acostumbrándose a no poder moverse. Sus piernas y manos, bien sujetas. El medico en turno preparaba las anestesias y los bisturís.

-Terminemos con esto, Zoldick.

Kuroro escuchaba a Kikyo al fondo de la habitación, caminando con sus kimonos… arrastrándolos por momentos. Estaba en compañía del otro cachorro de Silva. Aun olía a leche y gimoteaba por un poco de atención. Más arriba, escondido en alguna parte, sentía la presencia de un Alfa y al lado de Silva, Zeno apenas y parpadeaba.

Las luces le daban directo al rostro. Sus pupilas se dilataron al sentir el filo de la cirugía abriéndose. Y la sensación de la sangre y líquido amniótico derramándose por sus inflados costados, le dieron grima.

Los dedos de sus pies se enroscaron, intentando guardar algo de calor corporal. Comenzaba a sentir la pérdida de sangre. Y quien sabe si eso importaba. Por lo que sabía Silva podría dejarle morir y listo… mandarle a morir y por primera vez desde que el asunto se desbordara, comprendía que le obedecería porque estaba cansado.

Muy cansado.

-Es un Omega – Kuroro soporto estar consiente. Ese cachorro era un omega… había condenado a una persona a su misma suerte…- Se parece a ti, papá.

Zeno estiro sus arrugadas manos, duras y ásperas por los combates. Silva seguía sin entender la manía de su padre por mantener el bigote, cosa rara en un omega. A lo mejor era una muestra de rebeldía en la familia.

-Killua Zoldick – Kuroro siguió en silencio, apenas viendo la manita de su cachorro agarrar uno de los bigotes de su abuelo – Grandes cosas, cachorro, grandes cosas – Presagio. Kikyo se abanicó, enojada porque a sus hijos jamás se les dijeron tales palabras en su nacimiento.

A lo mejor era porque Killua era más parecido a ellos.

Cabello blanco y piel lechosa. Kikyo aún no alcanzaba a ver los ojos pero si pudiera, se los arrancaría para que no fuera ningún peligro para sus hijos. Esa bola albina era hijo de Zoldick.

La pureza de su nacimiento se veía a simple vista.

-Manténganlo con vida – Ordeno Silva. El medico se puso a trabajar de inmediato – Quiero más cachorros así.

Kuroro jamás amamanto a Killua.

Y antes de siquiera poder cargar a Killua en brazos, Kuroro estaba gestando a su segundo cachorro.

Las cosas no cambiaron cuando llego Alluka, a quien tampoco pudo amamantar o cuidar, para eso estaba Kikyo o los mayordomos.

La gestación de Kalluto difirió poco de las otras, al menos, en esta ocasión, Kuroro podía salir de su encierro, con estricta vigilancia pero lo prefería a estar encerrado.

Y el tiempo pasó.

.

.

.

-Debes de respirar diferente – Aconsejo con poca premura. Illumi estaba intentando sorprenderlo y mantenerlo vigilado, a causa de que, por lo visto, el resto de los mayordomos estaban ocupados atendiendo el desastre que unos caza recompensas hicieron al entrar a la montaña – Eres como un ratón de campo pidiendo que lo cenen.

Los rededores verdes ocultaban la figura de Illumi que sin salir, hizo caso. Cambio su respiración y por la cara de Kuroro, aprecio que lo hizo bien.

Cualquiera de su familia le hubiera golpeado, para que entendiera con dolor las consecuencias que su falta de talento atraía a los asesinos. Silva era un fiel creyente del empirismo y del conocimiento comprendido con sangre.

No algo malo, se dijo Illumi.

-Illumi quiero que me acompañes a ver a tus hermanos – Illumi no contesto - Silva debe estar ocupado – Dijo y sintió el pulso de Illumi elevarse.

Kuroro comprendió que no había nadie que pudiera detenerle.

Kuroro emprendió la carrera a las habitaciones de sus hijos. Sus cachorros compartían una habitación para pasar el día.

Los canales de piedra fría se abrieron paso por un laberinto que daba a las muchas habitaciones en la mansión. Kuroro gano terreno por sobre los pocos rápidos pasos de Illumi. Se ocultó en una de las esquinas y le salto encima para sorprenderlo.

Dejo inconsciente al hijo de su Alfa.

Aún era un cachorro que no podía ganarle.

Silva tenía a sus hijos con bonita ropa. Les alimentaba. Cierto que el entrenamiento había comenzado para Killua que había nacido con una aura fuerte. Parecía que sería una buena herramienta para la familia. Seria golpeado, adoctrinado, quizá vejado en las maneras en las que un Omega huérfano en ciudad Meteoro no lo serian, pero, Killua seria demacrado por otras hieles.

Kuroro asesino al mayordomo que cuidaba de sus tres hijos. Le rompió el cuello apenas puso un pie en el blanco cuarto. De cualquier manera Silva le castigaría por permitirle escapar.

Kuroro miro a Killua, con sus manchones violeta sobre su estomaguito… a lo mejor un golpe o un veneno que le reventara un poco los intestinos. Que le irritara. Quien sabe, se trataba de una familia de asesinos que ya preparaban a su bebé omega para que honrara sus tradiciones como Zeno hacía.

La lechosa piel recibió el tacto de su Ommy con premura, como sediento de afecto… y los enormes ojos de Killua le recriminaban con anhelo.

Kuroro olisqueo los suaves cabellos, en donde el olor se resguardaba.

Beso la cabecita de Killua.

Después fue hasta donde Alluka e hizo lo mismo. Killua balbuceaba pero Alluka apenas y mantenía el interés en él.

Kalluto seguía dormido, con una suave pelusita muy negra en su cráneo.

Kalluto se parecía mucho a él.

-Estarán bien aquí – Donde él creció, no era un buen lugar para sus cachorros – Comerán. Dormirán. Estarán bien - Trato de convencerse – Es mejor – Acaricio a su hijo menor – Y mejor que no sepan nada de mí. Eso de ver a tu gestor siendo golpeado no es bueno. Eso de crecer sabiendo que odio a su padre, no es mejor. Dejemos las cosas cuando aún pueden tener algo bueno, mis cachorros.

Un beso para cada uno y Kuroro supo que jamás olvidaría la mirada de Killua.

Kuroro se aseguró de dejar la casa decorada con el rojo de los mayordomos. Con Kikyo llorando en una de las esquinas de la montaña y con la promesa de que jamás regresaría.