Me ha costado mucho desprenderme de este capítulo. Me ha costado porque eso significaba que ya no tendría más Consecuencias que ofrecer, nada más que contar. Despegarme de esta historia ha sido difícil porque es una de las pocas que he escrito porque me gusta la idea, no como regalo para alguien. Como dice el Emperador Kuzco "es un regalo de mí para mí" y eso es lo que he intentado hacer durante toda esta historia.

Excepto este capítulo.

Este último capítulo va dedicado a todos vosotros, todos los que habéis empezado a leer la historia desde el principio, los que la pillaron por la mitad o quienes acaban de llegar. Todos vosotros me habéis dado vuestro apoyo y vuestro cariño, y me siento muy agradecida por ello. Y por ello, en este capítulo he incluido un juego. ¿Os acordáis de las palabras que estaban en cada capítulo? Pues bien, las he incluido todas. A ver quién las encuentra, algunas están escondidas XD Y también he incluido otra cosa, algo que tenía pensado como idea inicial pero que debido al desarrollo que ha dado el fic, completamente diferente al que había pensado, no he podido escribirlo hasta ahora. Espero que os guste.

Gracias por todo.

Nos leemos abajo.


Epílogo: Efecto

Jean fue el primero en darse cuenta.

Pero él no quería, NO QUERÍA saberlo. De verdad. Tenía mucho en lo que pensar para preocuparse por eso. Pronto llegarían nuevos novatos y había mucho que preparar. Arreglar las antiguas habitaciones para que sean habitables, controlar las raciones de comida, comprar caballos para la treintena de soldados que venían. Nuevos turnos, nuevas técnicas de batalla, nuevos Sistemas y nuevas caras a las que acostumbrarse y a las que proteger.

Así que no había tiempo para pensar en ello. Así que se obligó a dejar de darle vueltas. Así que se convenció de que lo que estaba viendo en ese preciso instante no era real.

Pero era imposible.

En realidad, pensándolo mejor se dio cuenta de que todo empezó hacía más medio año atrás. Después de que cancelaran las vacaciones debido a la desaparición de Ymir y Christa. Los interrogatorios empezaron casi inmediatamente y las preguntas fueron más minuciosas de lo que habían pensado. Tuvieron que explicar (inventar, más bien) paso por paso lo que habían hecho la noche anterior, desde qué habían cenado hasta el momento de irse a la cama.

Afortunadamente, se respaldaron los unos a los otros y los altos mandos no tuvieron más opciones que dejar la investigación en suspenso, esperando a que alguien hablara cuando no aguantara más la tensión que se percibía por toda la Legión. Pero nadie había oído nada, nadie había visto nada y nadie habló. Todo se quedó en una vana esperanza de descubrir al culpable. Al final, gracias a Eren, se comprobó de que los titanes eran inmunes a las pulseras y por ello surgió la teoría de que Ymir había sabido deshacerse de ellas y que por ello habían escapado.

Fue entonces cuando Jean y Armin actuaron.

Los dos pidieron una reunión con el Capitán y ambos trataron de demostrar que los delincuentes, sin pulseras, eran mucho más valiosos, sin dar a entender que los altos mandos habían cometido un grave error. Intentaron centrarse en la parte positiva, hablaron de que los soldados lo agradecerían y que no tendrían nada a lo que temer debido a que habían estado casi un año aterrorizados, el miedo hacia los titanes no sería nada comparado con la incertidumbre de no saber si vivirían o morirían al segundo siguiente. Además, los prisioneros habían formado un vínculo entre ellos, a causa de su situación, que era muy difícil de romper. Lo que había surgido entre ellos era más que un sentimiento de complicidad, era una amistad tan profunda y tan enraizada que parecían hermanos en vez de compañeros. Y por miles de razones más, esos soldados serían más valiosos teniendo libertad de movimientos que viviendo aterrados por dar un paso en falso. Y así se lo expusieron en su despacho.

Erwin Smith pensó en sus palabras con detenimiento mientras trataba de ordenar sus pensamientos. No podía exponer lo que realmente pensaba sobre el tema (de hecho estaba deseando quitarse ese cachivache de la pierna cuanto antes) debido a que las sospechas de Hanji habían sido probadas y ahora tenían que cuidar mucho todo lo que decía. Todavía quería mantener el resto de su cuerpo intacto.

—Pensaré lo que me habéis dicho y hablaré con el Mayor Tanner. Quizá tenga en cuenta lo que habéis hecho por él al desvelar que Declan se hacía pasar por su nieto —dijo con toda la intención—. Sin embargo, ¿qué garantías me dais de que no saldrán corriendo de aquí en cuanto se vean libres?

—Ninguna —respondió Jean con firmeza y exento de miedo—. Pero Arlet se lo ha dicho, señor. Ya no son compañeros, son hermanos. No se dejarán en la estacada a la mínima de cambio. Y además, la mayoría no tiene nada más ahí fuera.

—¿Números, Arlet?

Armin se quedó pensativo un momento intentando hacer un recuento de los soldados a quienes conocía bien y sabía que desertarían en cuanto se vieran libres.

—Puede que perdamos al diez o al quince por ciento de los prisioneros —contestó a media voz—. Pero en lo que hay que pensar es en el noventa por ciento restante. Soldados de primera categoría compenetrados y serviciales, que no dudarán en enfrentarse a los titanes en cuanto se acerquen a ellos.

Smith se acarició el mentón ya con barba incipiente y los despidió alegando que tenía mucho trabajo que hacer.

Al salir, tras hacer el saludo de la Legión, Armin le acarició el brazo para darle ánimo. Sabía el cariño que Jean había cogido a esos chicos y le partía el alma cada vez que Connie propusiera de ir a beber en sus días libres a Trost y saber que Jean estaba pensando en todos aquellos que no podían salir de ahí.

—Todo saldrá bien —le aseguró Armin en voz baja—. Y si no atienden a razones, les quitaremos nosotros mismos las pulseras.

—Te enfrentaríais a una pena de muerte por insubordinación, idiota.

—Lo sé. ¿Crees que no sería capaz de hacerlo? —preguntó ajustándose la goma del pelo.

—Te conozco, Armin. Sé que serías muy capaz. —«Y eso es lo que me asusta». Jean entrecerró los ojos mientras iba caminando. No tenía fuerzas para ir a la habitación y tratar de dormir un poco pero lo siguió a pesar de todo.

Esa noche, ninguno de los dos se acostó en la litera de arriba. Unas manos pequeñas recubiertas por unos guantes lo buscaron en la oscuridad y lo atrajeron para besarlo como llevaba deseando hacer desde hacía semanas. Jean rio en la mitad del beso y lo llevó hasta la cama sin parar de tocarlo. «Te ha costado, ¿eh?». «No mucho más que tú». Y cuando los sorprendió el amanecer, todavía no habían dejado de acariciarse.

Se necesitaron tres peticiones formales para que por fin fueran escuchados, cada una en un escalón de la jerarquía superior que al anterior. Aún recelosos con la idea, pero conscientes de las pocas plazas que quedaban en la prisión y que con su decisión desviaría la atención pública de todos los problemas económicos que estaban sufriendo durante los últimos años; aceptaron quitarles las pulseras. Sólo ponían una condición, tendrían que ser aquellos soldados que fueran de plena confianza y de que estos debían ser conscientes que el único castigo que obtendrían por deserción era la muerte. Diez se libraron de su pulsera en primer lugar y ninguno de ellos se escapó. Jason dijo que no tenía nada más que la Legión y Francesca que no se fiaba de que hubieran accedido con tanta facilidad, pero todos obedecieron órdenes y su vida no peligró fuera del campo de batalla.

Durante todo el año se fueron librando de las pulseras una a una. Se firmaron documentos, se esperaron los trámites y cada solicitud fue aceptada, sellada y archivada.

Mientras tanto, como era habitual, se hicieron varias expediciones hacia la muralla María y poco a poco fueron avanzando hacia ella. Esa vez estaban unidos por un único objetivo: encontrar de una vez el sótano de Eren y encontrar respuestas, solo entonces podrían saber a qué se enfrentaban. Pero los resultados eran demasiado lentos y frustrantes. Ni con los Sistemas podían avanzar tanto como querían, pero aun así lo seguían intentando. Una y otra vez. Con la esperanza ardiendo en la mirada y la confianza puesta en sus compañeros. Así que, se podía decir que, a grandes rasgos, todo había vuelto a la normalidad.

Excepto por algo que Jean no conseguía a sacarse de la cabeza. Y no era porque no quisiera, era que sus ojos verdes no lo dejaban en paz.

Eren. Miraba a Jean más de lo normal, en silencio, como si estuviera investigándolo o estudiándolo (eso si tuviera un mínimo de inteligencia). Sus ojos inquisitivos parecían perseguirlo a donde quiera que fuese y más aún cuando se encontraba con Armin. Pero si algo le había enseñado la búsqueda del shifter infiltrado, era a ser cuidadoso. Se obligó a no actuar antes de hablar con Armin y saber si todo aquello sólo era fruto de su imaginación.

—Sí, a mí también me ha parecido que está un poco raro —comentó dejando el libro en la mesa, junto con el dibujo entintado de Jean. Se ajustó la bufanda azul en el cuello, no hacía mucho frío pero había marcas que sólo se podían ocultar de esa forma.

—¿Y tienes alguna idea de por qué está siendo más imbécil de lo normal?

Armin miró hacia otro lado acariciando las esquinas de la mesa y siguiendo con el dedo las vetas de la madera y Jean gruñó impaciente.

—¿Pero sospechas algo o n…? —Y, de repente, tuvo una horrible y atemorizante idea de lo que le podía estar ocurriendo—. No se lo habrás dicho, ¿verdad?

Armin se sobresaltó y dejó la mesa para cruzarse de brazos.

—¿Y por qué no iba a decirle que estamos juntos? —preguntó ácidamente—. Tú se lo has dicho a Connie y a Sasha.

—Tú no odias a ninguno de los dos y ellos tampoco te odian a ti. La situación es completamente distinta. —Jean apoyó la frente en la mesa. Los rayos de sol que atravesaban la ventana de enfrente le calentaron el pelo de la cabeza y empezó a sentirse como mareado y con fiebre.

—Tú no odias a Eren que yo sepa —le recordó tratando de ser comprensivo, pero era difícil cuando Jean se volvía la reina del drama—. Y él a ti tampoco.

—Antes de saber nada de esto, no. Ahora me estará vigilando para ver si te hago daño, esperando la oportunidad de tirarse a la yugular.

Jean notó el peso de su mano en la coronilla y agitó la cabeza para que lo acariciase.

—Hablaré con él —aceptó Armin jugando con los mechones de su pelo—. No te preocupes, no te matará. Te protegeré con mi espada y mi escudo. Podrás vivir en paz, bella dama.

—Como estés insinuando de nuevo que soy una princesa, te juro que no sales vivo de esta habitación.

—¿Sí? —Armin se acercó al oído y le susurró—: ¿Y qué piensas hacer? Tengo curiosidad por saberlo.

Ahora sí que empezaba a tener fiebre de verdad.

—Aún no lo sé… —Si le hablaba de tan cerca le costaba pensar. No le había costado mucho averiguar que toda aquella inocencia que rodeaba a Armin era tan sólo fachada—. Pero lo averiguaré.

—De acuerdo. Avísame cuando tengas una respuesta coherente.

Después abrió el libro y, dejando el marcapáginas que le había regalado por su cumpleaños a un lado, siguió leyendo con una pequeña sonrisa. Jean ladeó la cabeza emitiendo un nuevo gruñido para llamarle la atención.

—Te odio —farfulló adormecido por el calor y las caricias.

Armin empezó a reír al ver la tinta de su dibujo adornando su frente.

Jean quiso aguantar y soportar las miradas acusadoras como pudo, darse un poco de tiempo para calmarse y pensar con claridad. No podía estar rompiéndole los dientes a Eren solo por estar observándole con tanta insistencia, ni siquiera sabiendo que se regenerarían. Ya no tenía trece años y los novatos lo trataban como una figura de autoridad, alguien a quien respetar y de quien seguir el ejemplo; así que ya no se podía pelear cada vez que le apetecía descargar tensiones. Debía mantener la cabeza fría y encontrar su equilibrio de algún modo porque si no era así…

—Oye, Jean… Creo que Eren quiere hablar contigo —comentó Sasha señalando sin ningún reparo a la mesa siguiente donde Eren lo estaba mirando con la misma fijación que el primer día.

Pero la paciencia no era una de sus virtudes.

Se levantó antes de que Armin pudiera evitarlo y se dirigió hacia él con zancadas largas y rápidas.

—Si tienes algo que decirme, hazlo a la cara —le ladró en cuanto estuvo cerca de él.

—Eren… —empezó Mikasa apartándolo con el brazo.

—Está bien, no te preocupes. —Eren se levantó con una calma inusual en él y avanzó hacia la puerta seguido por un Jean muy furioso y de media centena de ojos que los miraban sin parpadear.

—¿Qué mierda te pasa? —preguntó de sopetón cuando se encontraron en el pasillo.

—Hay algo que quiero preguntarte —dijo Eren sin más. Tanta serenidad y control trastocó a Jean y por un momento no supo qué decir. Ya estaba acostumbrado a hablar con él sin gritos ni puñetazos de por medio, pero que le hablara con entereza y estabilidad era algo completamente diferente y más sabiendo lo impulsivo que solía ser Eren cuando quería. «Está pasando demasiado tiempo con Rivaille»—. Es sobre Armin.

—No me digas que vas a hacer el papel de padre —bromeó cruzándose de brazos y apoyando en la pared—. ¿Vas a venir con lo de "si le haces daño a mi hijo, te arrancaré las pelotas" o algo así?

—¡No! No es eso, idiota. Se nota que lo… que le tienes cariño. —Eren se agarró las manos ocultando con sus dedos las marcas de mordiscos—. Pero yo… pensaba que te gustaba Mikasa.

—Y me gustaba —admitió sin necesidad de ocultar nada.

—Pero Mikasa… ¿y ahora Armin?

—¿Es que tienes miedo que luego vaya a por ti?

—¡No, joder no! —Jean sonrió. Sacarle de los nervios era bastante sencillo y así era más fácil hablar con él. Siguiendo la costumbre de insultos y gritos—. Sólo digo que Mikasa es una chica y Armin… Armin no es una chica. Y no lo entiendo.

Pues sí. Al final sí que iba a resultar que venía en plan padre protector.

—Armin me gusta —dijo Jean con lentitud, para que vea la seriedad de sus palabras—. Siendo un chico, una chica o un titán de diez metros. Es Armin y punto. No lo voy a dejar tirado.

—Ah… —Eren no parecía muy convencido, pero parecía mucho menos confuso—. ¿En serio?

—Sí, Eren. En serio. Ahora deja de observarme de una jodida vez. —Jean volvió a entrar en el comedor y trató de olvidarse del asunto. Y así lo hizo. Hasta ese fatídico día en que fue el primero en darse cuenta de a qué venía tantas miradas y tantas conversaciones confusas.

Armin y él tenían un juego. Uno oscuro, privado y que jamás compartían con nadie. Sería muy peligroso que alguien más supiera lo que hacían, eso supondría revelar uno de sus secretos mejor guardados.

—¿Y James? ¿Qué me dices de él? —preguntó Jean después de pasarle la cantimplora de agua. Se sentó en la pared exterior de las caballerizas y esperó.

—Creo que quiere ser escritor —respondió Armin quitándose el sudor de la frente. Llevaban ya un tiempo con esas preguntas pero él no se cansaba de ellas. Así era consciente de lo que sabía y nunca más tendría la sensación de que alguien le susurraba al oído.

—Venga ya, eso no lo puedes saber con mirarlo.

—¿Has visto las marcas de tinta que tiene en las manos? Tú también las tienes pero de colores y las suyas son negras y permanentes. En los dedos pulgar e índice de la mano derecha con la que escribe y en el borde de la mano izquierda con la que sujeta el papel. O escribe cartas todos los días, algo que dudo porque nunca envía ninguna, o se expresa de una manera muy diferente.

Jean se rio a su lado y le palmeó la espalda.

—Siempre pienso que te has inventado alguna teoría loca antes de que me lo expliques. Lo que me haces me parece algo increíble.

—No es tan difícil, de verdad —dijo Armin ajustándose los guantes y apoyando las manos en sus rodillas—. Tú mismo podrías hacerlo.

—No, no lo creo. A ti te resulta fácil porque tu abuelo te enseñó desde que eras un niño. Y yo sólo soy un pobre mortal —dramatizó dando el tema por zanjado.

—Te lo digo en serio, Jean. Tú también eres muy observador —insistió a su lado—. Venga, inténtalo por lo menos.

No creía que fuera capaz de hacer algo semejante, pero lo intentó. En su campo de visión había varios novatos yendo y viniendo cargados de cajas de comida, mantas limpias y con herramientas para arreglar los muebles rotos o al menos convertirlos en algo de utilidad. Unos pocos se estaban tomando un pequeño descanso, como Jean y Armin, después de toda la mañana trabajando bajo la no-tan-atenta mirada de Rivalle.

—Bien, lo que tú digas. Empecemos. —Jean guiñó los ojos como si así pudiera ver más de sus capacidades—. Julia es… Alérgica.

—¿Por qué dices eso?

—Acaba de estornudar, lo he visto y tú también.

—Ha estornudado porque ha estado sacudiendo las cortinas antiguas para quitarles el polvo.

—Es alérgica al polvo —concluyó con una sonrisa de triunfo.

Armin hizo todo lo que pudo para no reír y se esforzó por ser indulgente.

—Creo que después de un año limpiando la fortaleza de arriba abajo cada dos semanas, nos habríamos dado cuenta antes de que es alérgica.

—¿Ves? No sirvo para esto.

—Inténtalo de nuevo, no se puede entender a la primera. —Armin señaló hacia su izquierda donde había un grupo de novatos almorzando durante su descanso sentados contra el muro de la fortaleza y disfrutando de los rayos de sol que les daba en la cara, relajados y sin ningún peligro inmediato del que preocuparse—. ¿Qué me puedes decir de ellos?

—Pues… —Jean guiñó los ojos de nuevo y Armin ahogó una risilla al notar su cara de concentración—. Tessa… tiene a su familia… ¿en Trost?

—Eso te lo acabas de inventar.

—Claro que me lo he inventado, si no tengo ni idea de lo que tengo que hacer —se quejó Jean comenzando a sentirse de mal humor.

—El problema al que te debes enfrentar es a la obviedad —le explicó pacientemente—. El cerebro no registra lo obvio, no nos damos cuenta a cada momento que el cielo es azul, que hay suelo bajo nuestros pies e incluso dejamos de sentir el tacto de la ropa en nuestro cuerpo. Es obvio y no lo percibimos por eso mismo. Tienes que explicitar lo evidente, desmenúzalo en gestos simples y ahí encontrarás la respuesta.

Jean debía haberlo sabido. Que iba a salir con esos discursos filosóficos que no tenían ni pies ni cabeza y dejar en claro, una vez más, que era más listo que él. Pero no iba a dejárselo pasar, esa vez no. Conseguiría llegar a su nivel y lo haría por sus propios medios.

Se centró en Eren ya que supuso que sería mucho más fácil "analizar" a alguien que ya conocía desde hace varios años. El chico se encontraba junto a Rivaille bajo un árbol, charlando con él, riendo de alguno de sus comentarios desdeñosos y disfrutando del buen tiempo. Una escena que en apariencia era normal, pero que no lo era.

Jean fue el primero en darse cuenta. Y fue tan obvio, tan inmensamente obvio de lo que ocurría, que sintió que la sangre se volvió escarcha en sus venas.

No aparta la mirada de él. Le sonríe más de lo normal. Lo toca cada vez que tiene oportunidad. Le gusta Rivaille. Le gusta mucho Rivaille.

Jean se giró hacia Armin y trató de distraerlo para que no mirase lo mismo que él, para que no se diese cuenta de nada, pero fue demasiado tarde. Él ya estaba mirando en la misma dirección.

—Lo has visto, ¿no?

Jean asintió con la cabeza y tensó el cuerpo, esperando su reacción.

—Lo supuse hace un par de semanas —continuó Armin sin parecer afectado—. Pero al ver tu cara he confirmado que no eran imaginaciones mías.

—Pero estás… Tú… ¿Estás bien? —preguntó Jean haciendo uso de aquellos estúpidos ciclos que lo sacaban de quicio, pero que ahora eran muy necesarios.

—Fue raro al principio —admitió ajustándose la goma en el pelo—. Pero supongo que es cuestión de acostumbrarse.

—Es que es… raro —convino Jean rascándose el cuello—. Es decir, ¿Eren y Rivaille? Si ni siquiera tienen… nada. No se parecen, no pueden… No… También es demasiado raro para mí.

—Lo es y mucho. Pero es igual, no deberíamos preocuparnos por ello aún. —Armin se levantó y le tendió la mano para volver al trabajo—. El descanso se ha terminado, Kirschtein. Tenemos que dejar listos los establos para mañana.

Jean no contestó con una respuesta irónica y cargada de malicia, como siempre solía hacer. Se encerró en su mutismo y acabó cargando bloques de paja limpia sin pedir ayuda. Armin sabía lo que ocurría, lo conocía tan bien que no necesitaba leer en su ceño fruncido ni en la mueca rota de su boca lo inseguro que se sentía. Así que, en un momento en el que nadie miraba, le agarró la muñeca y tiró hacia él para, dentro de una cuadra vacía, darle un beso largo y sentido.

—Me da igual que a Eren le guste Rivaille —le dijo abrazándolo por el cuello, tratando de armarse de valor para decir esas palabras—. Me da igual que le gustara Mikasa, Connie, Sasha o incluso Smith. Me da igual, Jean. Que esté con quien quiera, porque yo sólo te quiero a ti y no me importa nada más.

Jean no lo dejó acabar. Volvió a besarlo de la misma forma, colando sus manos por debajo de la camiseta, acercándolo más, lamiendo y mordiendo sus labios como si fuera la primera vez que lo hacía.

Algún día le diría el efecto que tenía sobre él. El efecto de decir la frase correcta en el momento adecuado para calmarlo de golpe y, al mismo tiempo, hacerle sentir el puto príncipe del universo. Mientras tanto, solamente debía escucharlo hablar, bromear de todo lo que se le ocurriera, luchar junto a él, sugerirle estrategias, perdonarle los fallos cometidos, dormir a su lado y tratar de vivir todo el tiempo del mundo para disfrutar de las increíbles y maravillosas consecuencias.

~FIN~


Se me hace muy difícil despegarme de esta historia. Muy, muy difícil, pero es necesario. No me podía quedar el último capítulo para mí sola, habría sido muy egoísta XD Espero que os haya gustado y que hayáis disfrutado con esta historia tanto como yo. Ha sido muy especial.

Respondiendo reviews:

Kokoro: A mí también me dio mucho sentimiento saber la historia de Christa. Un pasado muy peculiar y muy triste u.u Jajaja, me encanta que todo el mundo llame a Jean "caballo" esto seguirá hasta el final del manga y la coña no creo que acabe nunca XD Y god, no sé si tienes tumblr, pero hay unos dibujos de Armin 10 later en el que sale que... no hay palabras para describir lo bien y guapo y precioso que sale. Topeando a Jean by he face y mi corazón se rompe cada vez que los veo. Y tengo muchas historias Jearmin por contar, lo que no tengo es tiempo XD Me he arriesgado mucho al escribir una larga, no lo hacía desde hace mucho por esto mismo, menos mal que he sabido terminarla. Gracias por comentar :)

Guest: Si es que Jean quería mucho a Marco, eso se ve en el manga, en el anime y en donde quisieras. Siempre me ha parecido muy triste que muriera, pero Jean creo que es el típico chico que sabe seguir adelante a pesar de todos los problemas, que perdona y siente y es muy humano, y que por ello sabe comparar el sentimiento que tiene con Armin que con el que tenía por Marco. Distintos e iguales, diferentes pero semejantes; eso es lo que ha podido concluir. Bueno, aquí sientes de nuevo la emoción por tener un nuevo capítulo XD La gente se ha dado cuenta que trato más con Armin que con Jean, pero es porque Armin es mi personaje favorito y eso creo que lo he reflejado demasiado u.u Pero sí, ya se terminó, gracias por tus palabras de ánimo y por supuesto, lo que le ponía a mis betas cada vez que querían betear: El Jearmin es amor. (Soy muy cursi xD)

Y, of course, termino el fic con mis agradecimientos especiales.

M-chan y Neko Uke Chan fueron mis betas y la verdad es que he sido muy afortunada de contar con dos chicas tan increíbles para revisarlo. La primera fue quien me tiró de las orejas y me animó a hacer una historia larga y con la segunda he aprendido muchísimo sobre adjetivos y pronombres en mal lugar, preposiciones incorrectas y me han hecho gracia con sus comentarios XD Sois increíbles, chicas. Gracias.

Hessefan, una de mis diosas, se leyó Consecuencias entero antes de que lo acabara, algo en contra de su religión (?) y me puso un precioso review con una pequeña crítica en cada capítulo. La adoro y cada vez lo hago con más fuerza. Gracias, Hessefan, eres un amor.

Heatherkoji me dedicó, no uno, sino dos fics Jearmin (uno de ellos con dos capítulos) que hicieron emocionarme y casi chillar de tanto sentimiento incontrolable. Pienso que es una gran autora y que es una pena que no tenga tiempo para escribir más a menudo. Gracias por los fics y por tus palabras, cielo. Tus reviews siempre me han hecho reír XD

Y por último, le agradezco de todo corazón a Janet Cab que ha seguido conmigo durante todo el desarrollo del fic. Y por el camino no sólo he comprobado que es una ficker increíble, sino una persona realmente excepcional. Me enamoró como autora, pero ahora la quiero como una gran amiga. Ella fue la verdadera inventora de los duckisses término que me he acabado apropiando yo XD Gracias por seguir a mi lado, linda. Eres lo mejor del mundo, te quiero. La penúltima frase del fic es tuya y lo sabes. Y recuerda siempre que el Lucas x Hipogrifo es canon (?)

Las notas han acabado siendo más largas que el propio capítulo XD En fin, me despido definitivamente. Gracias A TODOS por acompañarme en esta historia. Ha sido largo, pero lo hemos conseguido jajaja.

Duckisses,

KJ*