Por fin, por fin tiempo para poder sentarme con calma a escribir; estoy de vacaciones en el trabajo así que esperen en los próximos días las actualizaciones de los otros dos fics. Saludos, Aidan.
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Esta es la versión de Rachel que me gusta sobremanera, la que deja a todos boquiabiertos con su actuación, la que te tiene al borde el asiento con el encanto que emana de ella siempre que está sobre un escenario.
Hay quienes nacen para ser estrellas, quienes no pueden dedicarse a otra cosa porque serían como peces fuera del agua. Ella es una de esas personas que tienen el don particular de hipnotizarte con cada performance.
Estoy aquí, frente a ella y me dejo disfrutar de esta puesta en escena que bien pudiera ser la única que vea en mucho tiempo, me voy a Italia por un año, pero no es la distancia lo que me pone ansiosa, es el saber que, en cuanto deje caer la bomba, en cuanto le diga que no puedo estar en contacto con ella todo se vendrá abajo.
Quisiera que las cosas no fueran así, que pudiéramos vernos como antes, contarnos nuestras cosas, hablar del día a día; lamentablemente no podemos engañarnos, no podemos pretender que no sentimos cosas la una por la otra porque no es así; hay tanto dentro de nosotros que somos dos fuerzas que se atraen irremediablemente… y aun así, dentro de toda esa atracción, la desconfianza que existe, el miedo y las heridas que no sanan no permiten que pueda amarla como amo a Jennifer.
Broadway es mágico y maravilloso, lleno de luces y edificios antiguos que hacen que me sienta en otro lugar. Podría pasear por estas calles diariamente, podría entrar cada noche a un teatro diferente para ver una obra buena o mala, pero el punto sería encerrarme en estos muros y admirar la belleza de cada uno.
Estoy hablando con los chicos cuando la puerta se abre y se asoma Rachel.
-Quinn, tengo que presumirte mi camerino-. A nadie más voltea a ver, me estira el brazo y la tomo de la mano, jalándome adentro; caminamos por unos pasillos poco iluminados que me recuerdan a los que había tras bambalinas en la película de Moulin Rouge. Están despintados y parecen muy viejos.
Rachel no me ha soltado la mano y habla y habla pero yo no la escucho porque estoy maravillada con este lado del teatro que es donde todos los actores se preparan para sus presentaciones y el que incluso podría significar su segundo hogar.
El camerino de Rachel es mediano, con un sillón color gris, una alfombra gastada y un par de ventanas que me permiten ver la marquesina del teatro de enfrente que anuncia 'Pipin'.
Me suelta por fin y camina tres pasos más, luego se gira a verme; tiene una sonrisa en el rostro y abre los brazos como diciendo, aquí es donde me relajo después de la función.
Me contagia la sonrisa y me siento más que emocionada por ella.
-Por fin-. Me lo dice y se acerca a mí. Me tenso enseguida pero no lo nota, afortunadamente se detiene y suelta un suspiro contento.
-Muchas felicidades-. Camino al sillón y me dejo caer. La tensión hace que me duelan la espalda y los hombros.
-¿Qué te pareció la obra?-.
-Fue magnífica-. Saco un cigarrillo y lo enciendo. Probablemente no esté permitido pero tengo la necesidad de fumarme uno –Tú estuviste magnífica-.
-Gracias-. Luego entonces la mirada le cambia y me mira fijamente, se lame los labios y yo también porque sé lo que está pensando.
Me rasco la ceja a modo de distracción y pretendo que no pasa nada, me muestro serena, aunque por dentro esté más que nerviosa y ansiosa, quiero salir de ahí, quiero que alguien llegue por casualidad y nos interrumpa con cualquier pretexto, no me importa que sea absurdo.
Muchas veces fantasee con hacerle el amor en su camerino, claro que en mi pensamiento el camerino era distinto y el sillón era de color rojo.
Me limpio la garganta y ella se acerca a mí.
-¿Cuándo partes para Italia?-.
-Un mes-. No dice nada por un minuto.
Tengo la mirada hacia la ventana, y ella se distrae con las flores que le han mandado.
-¿Cuáles son tuyas?-. Me dice despreocupada, pero sé que está dándome una de sus actuaciones. Lo que quiere hacer es hablar de lo que pasará con nosotras.
-Yo no te traje flores-. En realidad estoy bromeando. La noto herida, esa no es una actuación.
Luego entonces suelto una carcajada y me levanto para ir hacia ella y pararme a su lado.
-Adivina-. Me giro hacia el montón de flores que ha recibido y que perfuman la habitación con varios aromas. Las únicas que odio en demasía son las Lilies, mi olfato jamás ha podido hacer las paces con su olor.
-Mmm-. La escucho murmurar y entrecierra los ojos.
-Prohibido abrir las tarjetas-. Le digo cuando le veo las intenciones de hacer trampa.
Sin mucho esfuerzo logra atinar que el ramo de alcatraces es mío. Siempre se ha jactado de conocerme como la palma de su mano y cada día lo creo más.
-Son hermosas; muchas gracias-. Me abraza fuerte y por mucho tiempo.
No decimos nada, pero sabemos que este abrazo bien pudiera ser el último en el año, en el que viene, en años o en nuestra vida. Trago saliva y cierro los ojos, me dejo sentirla y dejo que me sienta, dejo que me abrace tan fuerte que sienta que me va a romper.
Nos separamos en silencio y me acomodo el cabello tras la oreja, ella se cierra la bata; mas por acomodarla que otra cosa porque no está desnuda, trae puesta una blusa blanca de tirantes.
-No fue difícil adivinar-. Intenta distraerme.
-A ver ¿En qué número estoy pensando?-.
-¿Cuántos dígitos?-.
-Uno, así que tienes diez posibilidades-. Por un segundo quiero pensar en el cero, pero luego lo cambio a siete.
-Siete-. Le sonrío -¿Si?-.
-Sí, pensaba en ese-. Aplaude y se muerde el labio.
-¿Qué premio me llevo?-. Le veo de nuevo las intenciones de acercarse a mí y besarme.
Me busco algo en los bolsillos del pantalón del traje sastre que traigo puesto.
-Hoy te ves muy andrógina-. Comenta, me está escudriñando y yo sigo buscando en los bolsillos.
-¿Se ve mal?-. Por fin doy con las mentas que me dieron en el restaurante donde comí por la tarde.
-No, en realidad te hace ver muy atractiva-.
Le entrego el par de dulces.
-Este es tu premio-. Los mira y se echa a reír.
-Wow, lo que siempre quise, un par de mentas-.
-No son cualquiera, éstas dicen la fortuna-. Les da media vuelta -¿Qué dicen?-.
-Un nuevo amor te espera-. Se me acelera el corazón y ella lee la siguiente –Es momento de cambios-. Cuando me mira trago saliva y no digo nada.
Es en ese momento donde recordamos porqué estoy ahí aparte de asistir a la obra.
-Quisiera, si no te importa, que habláramos mañana-. Se quita la bata y comienza a vestirse frente a mí –No me apetece estar malhumorada en el bar, quiero disfrutar y distraerme, estar contenta por este gran proyecto. Ya luego podemos odiarnos por el resto de nuestras vidas-.
-No me gusta nada cómo sonó eso-. Digo con toda sinceridad y me acerco a ella un paso como queriendo aferrarme a algo, aunque no sé bien a qué -Es una buena idea; yo tampoco quisiera que la vibra en el bar se sintiera incómoda-.
Se sube el pantalón y se calza los tacones mientras se abotona y sube el cierre. Se echa un vistazo en el espejo, se retoca los labios, se alborota el cabello y voltea a verme.
-¿Cómo estoy?-. Como para hacértelo en este momento, pienso.
-Te ves muy bien, te combina el bolso con los zapatos y eso ya es ganancia tomando en cuenta que eres Rachel Barbra Berry-.
-Hey-. Contesta mientras me avienta un barniz de uñas que por fortuna no se rompe cuando cae al suelo.
-Tu camerino es acogedor, me gusta bastante-. Le cuento cuando vamos de nuevo por los laberínticos pasillos y hacia la salida.
Alguien choca conmigo y lo hace tan fuerte que me sofoca un poco.
-Por dios, lo lamento tanto; te lastimé-.
-Estaré bien-. La chica con la que he chocado en seguida baja la mirada hacia Rach.
-Hola pequeña-. Le dice con tanta confianza que en un segundo sé que ya se conocen.
-Hola tonta-. ¿Tonta? Cuánta confianza -Quinn, te presento a Robin-. Sí, recuerdo haberla visto cuando entré –Ella se encarga de la iluminación; Robin, ella es mi amiga Quinn-.
-Mucho gusto Robin-. Le estiro la mano y la estrechamos.
Me gusta mucho su nombre, pero sobre todo me gusta mucho ella. Es rubia, probablemente su cabello sea más claro que el mío, de ojos grises y grandes, pómulos fuertes y sonrisa encantadora. Si no fuera porque trae zapatos de piso estaríamos de la misma estatura, su voz es un poco grave y lleva el cabello a la altura de los hombros, viste con camiseta gris desgastada, jeans y converse, no por eso no robaría varios suspiros si saliera en estos momentos a caminar las calles de Broadway.
Cuando se despiden comprendo dos cosas acerca de Robin: una, es gay, dos, está enamorada de Rachel.
Me siento incómoda en seguida, algo me oprime el pecho y me molesta en la boca del estómago, y reconozco bien que son celos. No los demuestro porque no estoy en posición de hacerlo, Rachel no me pertenece y más aún, vengo a alejarla un poco más, a decirle que cualquier cosa que pudo haber sido con nosotras, no lo será.
Cuando salimos al frío de la noche me distraigo, más personas nos esperan y se acercan a Rachel en cuanto la ven salir, le estrechan la mano y le besan las mejillas, recibe las merecidas felicitaciones y la abrazan fuertemente.
Yo sigo en silencio, procesando la información que acabo de recibir con la interacción de Rachel y Robin. Intentando calmarme, tiemblo más por todo lo que estoy sintiendo que por el viento helado que sopla en esta noche de sábado.
El ruido de la ciudad me saca de mis pensamientos, el sonido de los coches, las risas de los transeúntes, la música que sale de un teatro cuando un portero sale a fumarse un cigarro. Suelto un suspiro, con él dejo salir mis nervios que se transforman en vaho.
-¿Estás bien?-. Me dice Santana y me sobresalto.
-Sí-. Miento, sabe que lo hago, pero no me dice nada porque comprende que no quiero hablar al respecto por el momento.
Tal vez en el bar, ya que las copas encima me calienten y me suelten la lengua, como siempre pasa cuando ya estoy borracha. Me soba la espalda y me choca el hombro con el suyo. Sé que con ello me dice que todo estará bien aunque probablemente no sea cierto.
Caminamos varias cuadras hasta que llegamos a un bar que está en un segundo piso; acondicionado en lo que antes pudieron haber sido departamentos, de paredes fuertes y color terracota, se escucha el ambiente animado y reconozco en seguida que están tocando Jazz. Me gusta.
Estoy platicando ávidamente con Britt cuando siento que alguien se toma de mi brazo y al voltear me doy cuenta que es Rachel, quien sigue sonriendo y tiene las mejillas rojas por el frío. Se recarga en mi hombro, me dice algo que no le escucho y me suelta, caminando en seguida a la mesa que ya tenían reservada.
Me siento apagada y necesito cambiar mi cara antes de convertirme en la aguafiestas de la noche, este es el momento de Rach, en el que todos reunidos, celebramos que los sueños de los que nos burlamos tanto tiempo, son reales ahora.
Tomo asiento lejos de ella, no adrede, pero sus amigos de teatro la han acaparado; me pregunto si el director aparecerá luego.
-¡Quinn!-. Me grita –Te quiero aquí-. Y con su mano me señala la silla que está a su izquierda. Así que Kurt se recorre a la siguiente y yo me levanto de la mía para ir a donde me ha pedido -¿Qué te pasa?-. Me pregunta en cuanto estoy a su lado.
-Nada, estoy cansada por el viaje; no tuve tiempo de dormir en el tren y tampoco en el departamento-.
-Verás que después de las cervezas caerás como bebé sobre el colchón-. Le sonrío, está tan despreocupada que me da envidia.
-Así será-. Le sonrío y en seguida nos ponen en la mesa unos vasitos con un licor de color verde.
-Esta es la cosa más deliciosa del mundo-. Dice entusiasmada y se bebe el contenido de un sorbo.
Yo prefiero olerlo primero y no atino bien qué contiene, pero es fuerte y me gusta. Lo termino igual que ella y me raspa la garganta, hago cara chistosa y se echa a reír.
-No me preguntes qué es, pero vas a amarlo-. Se llena el vaso de nuevo y hace lo mismo con el mío.
-Uno, dos, tres-. Dicen mientras golpean la mesa y bebemos de nuevo.
Transcurre la noche tranquila y divertida, cuentan anécdotas de las cosas que suceden tras bambalinas, de los ensayos y de las borracheras después de los ensayos. Me digo que Rachel ha cambiado bastante desde que salimos de la preparatoria; si me hubieran dicho que Rach, tras salir del instituto vestiría bien, sería mucho más sexy y se emborracharía cada fin de semana… yo me hubiera reído por horas.
-No eres nada a la Rachel de la preparatoria, primer semestre para ser más precisos-. Me sonríe y me toma la mano, la suya encima de la mía.
-Eso ya lo habíamos hablado, maduré-. Sí, es verdad que ya me había dicho aquello; creció, se convirtió en una adulta.
-Lo sé, ya sabes, a veces olvido algunas cosas, pláticas… etcétera-. Me golpeo la cabeza con la palma de mi mano, quedo, y hago cara de: Soy una idiota.
Me siento mejor, ahora que la vibra entre nosotras está ligera, que no tocamos el tema y es más, pretendemos que nunca nada pasó. Es como si volviéramos a ser las mismas de entonces, que somos buenas amigas y nada más; reímos, reímos tanto que nos duelen las mejillas y el estómago.
Lo cierto es, que hoy no me emborracho porque no confío en mí cuando tengo muchas copas encima, me vuelvo "valiente" y de poca moral. Lo que menos necesitamos en estos momentos es que algo suceda, no quiero ni siquiera un beso.
Me levanto, diciendo que iré al baño, necesito que me dé el aire, necesito respirar algo más que sólo humo de cigarro, necesito un poco de silencio aunque no es silencio como tal, sino sólo menos ruido. Me recargo en la pared y me saco otro cigarrillo, irónico, lo sé, porque de lo que quiero descansar es del humo ¿No? No, sólo preciso unos cinco minutos conmigo.
Saco el celular y llamo a Jenny. Me contesta modorra tras varios segundos.
-Ya iba a colgar-. Le digo.
-Estaba dormida y el celular lo dejé lejos-. La escucho soltar ese sonido característico de cuando se estira para despabilarse.
-Perdón por despertarte-. Es sincero. Las cosas han estado mejor, aún un poco raras, pero hemos trabajado ambas en la relación.
Sigo pasando más tiempo en su departamento que en el mío, y me tomo la delicadeza de prepararle el desayuno antes de que vaya a la universidad y luego vuelvo a la cama para meterme bajo las cobijas por veinte minutos más. Procuro hacer cosas que antes no hacía.
-Está bien ¿Cómo está yendo todo por allá?-.
-Ruidoso; la obra estuvo excelente y creo que jamás creí que pudiera quedarme boquiabierta con los edificios y las luces… y todo-.
-¿Qué hora es?-. Miro el reloj en mi muñeca.
-Son las dos de la mañana-. No creí que fuera tan tarde, cuando marqué su número no vi que ya era de madrugada.
-Y estás sobria-. Dice impresionada pero divertida y en un santiamén me tiene sonriendo.
-Lo estoy, lo estoy-. Suelto el humo del cigarro.
Veo a dos tipos que no lo están, uno de ellos se agacha un poco y comienza a vomitar, yo hago sonido de asco y me giro para evitar verlo.
-¿Qué pasa?-.
-Hay alguien vomitando en la acera de enfrente-.
-Ew-. Ríe y luego poco a poco se apaga – Y… y ya…-.
-¿Hablamos?-.
-Ajá-.
-No, me pidió que no lo hiciera hoy y creo que fue lo mejor; finalmente es… el estreno de la obra y todo mundo espera pasar una buena noche por el festejo-.
-Ok-. Suelta nada más; sé que le fastidia hablar del tema.
-¿Qué traes puesto?-. Quiero distraerla, hacer esto más ameno. Suelta una risilla.
-Si te digo vas a querer regresarte-.
-No-. Y pienso en la maldita pijama de short cachetero y blusa casi transparente.
-Sí-. Gruño en el teléfono; el chico del vómito olvidado por completo.
-Podrías usarlo mañana-.
-O podría no hacerlo-. Está jugando conmigo.
-Por favoooooor-. Sé que le gusta que le ruegue.
-Quizás lo haga, será sorpresa, como puede que te reciba en él, puede que me encuentres en pants y una sudadera enorme-.
-Bien, da lo mismo, de todas formas terminarás desnuda-. Suelta una carcajada limpia y me hace reír a mí también. Saberla contenta me pone de buenas.
Hay unos segundos de silencio después de las risas -¿Quinn?-.
-¿Dime?-. Termino el cigarro y lo piso.
-Te amo-. Escucharlo me aligera, es algo que pensé que no escucharía en mucho tiempo. Pero saberlo y saber que es sincero hace que se me hinche el pecho y me den ganas de llorar.
-Y yo te amo a ti también-.
-¿Ya me dejas volver a la cama?-. Vuelve a escucharse adormilada.
-Sólo porque mañana no te dejaré dormir-.
-De acuerdo-. Sé que está sonriendo.
-Hasta mañana amor-.
-Hasta mañana Q-. Si me llama Q está de muy buen humor.
Termina la llamada y me vuelvo a la entrada; veo a Rachel esperándome en ella, tiene los brazos cruzados y se tambalea, aunque poco.
Camina hacia mí y nos encontramos lejos de la puerta.
-Por mucho tiempo- Empieza diciendo con la lengua adormecida –Soñé con una Quinn viniendo a visitarme, yendo a mis obras, acompañándome a bares, sonriéndome y disfrutando conmigo; era una fantasía recurrente-.
La escucho atenta, pero cuidando también que no vaya a caerse, puede que no esté tan borracha como parece, o puede que esté el doble de lo que parece. Posa su mano entre mi hombro y mi pecho.
-En esa fantasía, al salir a buscarte mientras te fumas un cigarro, no tienes el celular en la oreja y no sonríes como una tonta, bueno, sí, pero sonríes como una tonta cuando me descubres observándote-.
Creí que no quería hablar al respecto por hoy; pero entonces atino que sí está muy borracha y probablemente también se ponga necia. Necesito saber cómo hacerle ver que definitivamente hoy no es bueno hablar y menos ahora que está alcoholizada.
-¿Qué te parece que nos vayamos al departamento, te meta en la cama y durmamos?-.
-¿Vas a hacérmelo?-. Una pregunta como esa a quemarropa sólo sirve para ponerme nerviosa. Agacho la mirada.
-No-. Y vuelvo a subirla pero con precaución.
-Entonces aún no quiero irme-. Se tropieza con su tacón y casi cae pero logro detenerla.
-Woha, creo que mejor sí nos vamos a acostarte-.
-Es mi noche de estreno, me están festejando, hay fans ahí dentro y quiero seguir bebiendo y disfrutando y olvidarme de que mañana me vas a romper el corazón-. Enmudezco.
Nos quedamos viendo fijamente, a ella se le mojan los ojos y yo siento unas ganas enormes de salir corriendo… o de gritar. No, la verdad es que no sé qué siento.
-Así que…- Tiene la voz cortada y se limpia una lágrima –Haz favor de no decir más y acompáñame adentro-. Obedezco, no digo una sola palabra, la tomo del codo y la llevo arriba.
Camina delante de mí hacia su lugar y se sienta entre Kurt y una chica de color con el cabello muy rizado; sigue platicando, riendo y bebiendo, me ignora. Si está herida por lo que acaba de ver o escuchar, no va a demostrarlo, contrario a eso, si creo que yo también la conozco como la palma de mi mano, lo que hará será beber más.
-No quiero saber cómo se va a poner todo después de que te marches y peor aún, no quiero tener que lidiar con lo que se viene-. Suspiro y me limpio la garganta.
-Siempre está la opción de vivir en otro lado en lo que la tormenta pasa; puedes dejarle el infierno a Kurt y Blaine-. Me voltea los ojos.
-Sabes que eso no es posible-.
-¿Por qué no? ¿Ahora sí eres la amiga incondicional de Rachel y le brindas tu hombro para que llore?-. Regreso el tiempo en mi mente donde en realidad Santana era más bien otro verdugo de Rach.
-No te pongas pesada conmigo que lo único que quiero es que la caída no sea tan fuerte-.
-No hay forma de que no lo sea-. Le doy un gran trago a mi cerveza.
-Me molesta tanto que las personas vayan por el mundo cagándola-.
-A mí también, como cuando decidiste terminar a Britt-. Ahora ella suspira.
-¿Estás segura de que eso es lo que quieres? Que prefieres estar con Jennifer incluso si sabes que en un mes te vas a Italia-. Se acomoda en la silla y se baja el vestido que se le ha subido considerablemente –Bien pudiste haber vivido este mes con Rachel, siendo feliz, como de cuento y luego huir al otro lado del mundo, lidiar con tus demonios y regresar renovada, una mejor Quinn-.
-¿Vivir un mes con Rachel y luego huir? ¿Te das cuenta que lo dices es igual o más estúpido de lo que voy a hacer?-. Me echo a reír.
-Al menos estaría más contenta sabiendo que la escogiste a ella-.
-Así como ella me escogió a mí ¿No?-. Juego con la botella de cerveza y tomo cacahuates del boul que está en el medio de la mesa –O sea que yo soy la mala del cuento porque decidí que mi novia es más importante que Rachel- Me enfado –Para ustedes es mucho más fácil decir que voy a romper a Rachel cuando en primer lugar la que se rompió entonces fui yo-.
-Ya te dije que eso pasó hace bastante y que tienes que dejarlo ir-.
-Que fácil decirlo-. De pronto siento unas ganas inmensas de largarme de ahí y volver a New Haven, hacer como que no pasa nada, olvidarme del asunto y seguir con mi vida, la vida antes del condenado desliz.
-Me fastidias tanto en estos momentos-.
-Es mutuo-. Le contesto volteando a verla directamente a los ojos; de verdad estoy tan fastidiada que tomo mi cerveza y me levanto de mi asiento, ocupando uno al lado de una chica de cabello negro y lacio, nariz afilada pero grande.
Me quedo en silencio por una media hora, metida en mis pensamientos, me bebo otras dos cervezas y comienzo a sentirme mareada, es cuando sé que debo de parar, no más alcohol para mí por esta noche. Pido una botella de agua y me dura un abrir y cerrar de ojos.
Vuelvo a ver el reloj, son las cuatro de la mañana, hay más sillas vacías y el lugar está más solo. Me siento cansada y quiero irme al departamento a descansar, siento los párpados pesados y he bostezado al menos diez veces en estos treinta minutos. Camino al baño para despabilarme, echarme agua en la cara y la nuca.
Ya no me siento tan enfadada con Santana, simplemente no sé si no comprende o no quiere comprender que no es tan sencillo esto de sentirse entre la espada y la pared, no es que dude de mi decisión, es que no quiero romper a Rachel con ella; es triste no poder confiar en ella, sentirme temerosa de que en cualquier otro momento me diga que prefiere estar con alguien más.
Rachel no me hace sentir segura y no se puede tener una relación si eso no existe, si no hay confianza, si no he sanado.
Probablemente ella haya sanado las cosas que respectan a mí, probablemente no… de todas formas debemos ponernos reales, no podemos estar juntas por el momento, no lo siento así, no estoy convencida de que seremos felices.
Se abre la puerta del baño y veo a Rachel.
-Con que aquí te escondes-. Yo estoy de frente a los espejos, ella les da la espalda, se recarga en el lavamanos y cruza las piernas por los tobillos.
-Necesitaba refrescarme, me siento muy cansada y no podía sacudirme el sueño-.
No me responde más, me mira profundamente; no hay nada en su rostro que me dé una señal de lo que está pasando por su mente y yo empiezo a sentirme ansiosa.
-Estoy ebria-. Lo noto bastante con cómo arrastra la lengua y cómo lucha por enfocar –Pero sé que no debo decirte en este momento todo lo que quiero decirte; quizás mañana me habré arrepentido de no hacerlo porque con la sobriedad, preferiré callar la mitad de lo que quiero decirte ahora-. Me mojo los labios y cambio mi peso de pierna.
-Es mejor hacerlo cuando estemos sobrias, yo… sólo me siento mareada… no es buen momento para hablar ¿Por qué mejor no nos vamos ya al departamento y descansamos?-.
No sé si escuchó lo que le dije porque más bien la veo sonreírse de algo que seguramente está pensando, estira su mano y toma la mía, sólo eso pasa; siento que me acaricia el dorso de la mano y luego con dificultad se acerca a mí.
-Robin está enamorada de mí-. Se acerca más, pero estamos a una distancia segura aún.
-Lo sé-. No me mira a los ojos, pero cuando lo digo sube la mirada a ellos y me clava los suyos.
-¿Cómo lo sabes?-.
-Porque te mira como yo lo hacía entonces-. Suspira entrecortado, como queriendo evitar un sollozo -¿Y tú?-.
-La quiero-. Esperaba la respuesta, sin embargo muy en el fondo deseaba que me dijera otra cosa –Pero si tú me dijeras que has cambiado de opinión y me prefieres por encima de Jen, entonces yo la haría a un lado para estar contigo-.
La conversación se pone seria y no lo quiero así, porque mañana no va a acordarse de todo, como yo probablemente olvide algunas cosas aunque no esté ebria.
-Hablemos de esto después de que hayamos dormido bien y comido una buena porción de carne… y tú una buena porción de algo vegano-. Me sonríe, pero es una sonrisa melancólica y un tanto triste.
-¿Me harías un favor?-.
-Ok-.
-Duerme conmigo-. Me aprieta la mano y siento que le suda la palma.
-Rachel sabes bien que…-.
-Sólo dormir, juro que no haré nada; concédeme el dormir contigo por ultima vez-. Bajo la mirada al piso y me acomodo el cabello.
-Bien-.
En cuanto toco la almohada y me acurruco bajo las cobijas me da el sueño más delicioso de todos, sé que apenas cierre los ojos me quedaré profundamente dormida; Rachel se ha puesto el pijama frente a mí, pero prefiero ver cualquier cosa, las ventanas o los ladrillos, el techo.
La siento meterse a la cama y acercarse a mi cuerpo, pero no me abraza, ni pone su cabeza en mi pecho, nada en su comportamiento me dice que quiere algo más, supongo que dentro de todo el alcohol que le confunde la mente, hay algo de cordura que hace que cumpla lo que ha dicho.
Cuando le dije que Robin la ve como yo lo hacía entonces, vi en sus ojos algo de dolor, sobre todo porque sabía que yo estaba hablando en pasado. Mis emociones y sentimientos por Rachel están confundidos.
La quiero mucho y sí, probablemente la ame, pero es un amor diferente… creo… no lo sé. Probablemente siga enamorada de la que era antes, como ya lo dije. De esa de mal gusto para vestir y berrinches a mitad de la clase de coro, estaré eternamente enamorada de la ñoña. Esta que es ahora me es un tanto ajena.
Su calor en mi piel me está adormeciendo; volteo a verla y ya está completamente dormida, así que cierro los ojos y hago lo mismo.
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Me despabilo poco a poco, sintiéndome pesada en el colchón, es bueno darme cuenta que no tengo resaca, me gusta no tener esto del dolor de cabeza y la sed. Me estiro y me truena la espalda junto con los hombros.
Rachel sigue dormida y decido levantarme al baño, tengo muchas ganas de orinar. El departamento está iluminado por la luz del sol y está silencio, miro el reloj digital que tienen en la cocina y veo que marca medio día; dormimos hasta las doce, fueron buenas horas de sueño, así que supongo que por eso no me siento cansada.
Al salir me doy cuenta que el departamento está silencio porque no hay nadie. Camino hacia donde mi celular y le mando un texto a Santana.
¿Dónde diablos están?-.Q
No importa, las dejamos solas para que pudieran hablar con tranquilidad-.S
No respondo nada, creo que es mejor hacerlo aquí que en algún parque o algún café, si hay que hacer drama, llorar y demás, preferible en las paredes de su casa lejos de los ojos curiosos de gente que no nos conoce.
Me siento en el sillón y me quedo en silencio, pensando en todo, una retrospectiva, empezando desde el punto cero, el reconocimiento de una atracción por otra mujer, Rachel Barbra Berry específicamente hablando, la atracción que se convierte en cariño, el miedo, la enemistad y la amistad. La idealización de una persona que me ponía cálido el pecho, el secreto y después la verdad.
La negación, el rechazo. Puedo revivir todos y cada uno de los momentos con Rachel, desde el más interesante y emotivo, hasta el peor de todos y el más doloroso. Rachel y yo tenemos mucha historia, muchas emociones de por medio, sentimientos sin contar y sin demostrar, otros tantos demostrados demasiado tarde.
La quiero tanto, que me parte el alma saber lo que está por venir, soy un tsunami y llegaré a destruirlo todo; sin embargo –Y no intento justificarme- Ella estaba consciente de la situación en la que me encontraba, yo tenía una pareja cuando sucedió el reencuentro en los pasillos de la preparatoria McKinley.
Soy tan humana como ustedes, y puedo confundirme y herir gente a diestra y siniestra, y en ese proceso herirme y destruirme también yo. Volver a ver a Rachel después de tantos meses sin hablarnos, tenerla frente a mí, con esta nueva imagen, con esta nueva seguridad, nuevo porte, arrogancia mejorada… me sentí enloquecer.
Saber que ella se sentía del mismo modo, que estaba enamorada de mí y que por cobarde me había dejado sola en ese momento… no pude ni supe procesarlo como se debe, me sobrecargué de todo y quise sentir, sentirla y sentirnos.
Pero tengo por Jennifer el amor que no le tengo a Rachel, tengo por Jenny las ilusiones de una vida juntas, porque sí, el anillo que descansa en mi dedo me recuerda del compromiso que hemos vuelto a construir, es el recordatorio de una mujer que me espera a kilómetros de aquí, una mujer con la que quiero hacer mi vida.
Ese es mi plan del presente, pudiera suceder, pudiera cancelarse y esfumarse como se me han esfumado tantísimos planes a lo largo de mi existencia.
Necesitamos –Rachel y yo- terminar con algo que no puede ir ningún lado. Las cosas cambian, las personas…
Me llevo las manos a la cabeza y recargo los codos en mis rodillas, me siento tan abrumada.
-Hola extraña-. Volteo en seguida hacia la puerta de la habitación de Rachel.
-Hola enana-. Se ríe y se talla los ojos –Me siento fatal…-. Se queda en silencio y se da cuenta que el departamento está callado -¿Y los demás?-. Entrecierra los ojos y camina hacia el sillón, sentándose a mi lado.
-Se han marchado antes de que despertara, no sé a dónde fueron ni a qué hora regresen y yo debo partir en unas tres horas-. Voltea hacia el reloj y se asombra.
-Por dios, dormimos tanto-.
-Diez horas me parecen más que perfectas-. Reconozco, si hay algo que me guste en la vida más que intimar, es dormir.
-Pero porque tú eres un oso dormilón-.
Nos miramos a los ojos, y sé que nos queremos decir tanto.
-Rachel…-.
-No, déjame hablar a mí primero-. Trago saliva y le concedo que lo haga.
Me acomodo en el sillón, frente a frente las dos, cada una en un extremo con los pies arriba.
-Anoche cuando te dije que Robin está enamorada de mí esperaba una reacción de tu parte, algo que me diera un indicio de que no me quieres con ella, celos, que te sintieras enfurecida porque alguien, otra mujer, tiene esos sentimientos por mí; contrario a eso, me dijiste que ya lo sabías porque ella me ve como me veías tú-.
Este es el momento, ya no podemos darle más vueltas al asunto, me late el corazón como loco y tengo la boca amarga.
-No voy a rogar por un lugar en tu vida ¿Sabes por qué?- Niego con la cabeza –Porque quien me quiere tener en la suya lo hace, no tengo porqué estar peleando por tu atención, si me quieres contigo adelante y si no, entonces no hay nada que yo pueda hacer. No merezco esto-.
De pronto siento que estoy escuchando a Jennifer.
-Sucede que me haces el amor y me hablas de tomar acciones y luego tomar la responsabilidad de tus actos, pero tomaste responsabilidad por los actos que dañaron a Jennifer y ¿Qué haces por lo que me daña a mí?-.
Siento el corazón en las sienes, quiero llorar, aunque no se bien porqué.
-Me tratas como siempre quise que me trataras, vienes y me visitas, y vuelves a hacerme el amor, salimos a cenar, a beber, a caminar por las calles de Nueva York, me haces enamorarme más de ti, crear ilusiones, permitirme sentir; te abrí mi corazón y sin embargo no fue suficiente para ti-.
De pronto me siento enojada y exploto.
-¿Cómo dices? Que me abriste tu corazón y no fue suficiente para mí, creo que esto me suena a Dejá Vú, sólo que con cambio de papeles, yo también te abrí mi corazón y no fue suficiente, volviste a los brazos de Finn-. Me tiembla la voz y me tiemblan las piernas también.
-Lo sé, pero quise remediar las cosas, te hablé de mis sentimientos y te dije porqué había huido, también te dije cómo me sentía respecto a ti en el presente, te amo Quinn, pero el amor que siento por ti no es correspondido y no puedo obligarte a que me ames como te amo yo-.
-No confío en ti Rachel-. Acabo de herirla con lo que dije, se le nota en la mirada- Siento que más tarde me dirás que no puedes lidiar conmigo, no sé, no creo que no puedas volver a romperme el corazón y por ello, iniciar algo contigo sería un error-.
-Wow, esto que acabas de decir se sintió peor que todos los slushies del mundo-.
-No pretendía que sonara así-. Creo que lo que estoy diciendo y cómo lo estoy diciendo está saliendo precisamente como no quería que saliera.
-Pero lo hizo; Quinn-. Baja la mirada, se muerde el labio y suspira tras tragar saliva –Si hay algo que he aprendido a lo largo de estos meses, después de Finn, de Brody y ahora contigo, es que YO soy quien debe amarse más que nadie en el mundo y teniéndome yo contenta el mundo se puede ir a la mierda, todos junto con él-. Ouch, ahora eso me dolió a mí -¿No me quieres de ese modo en tu vida? Bien, me quiero lo suficiente como para no arrastrarme a ti implorándote que lo consideres-.
Su seguridad me impresiona y me llena de temor, la siento tan fuerte que yo me vislumbro cada vez más pequeña y débil.
-Te amo Rachel, pero no te amo lo suficiente como para iniciar una relación y me duele perderte, me duele mucho esta situación en la que nos pusimos las dos, porque la culpa no es completamente mía, yo acepto mi parte, jamás debí acostarme contigo, eso vino a cagarlo todo, pudimos haber esperado, seguir como amigas, pero todo sucedió tan rápido y lo sentí tanto, fue como… encender un fósforo-. Ojalá comprenda mi analogía.
Hace silencio, hace tanto silencio que me incomoda y me pone peor, no me mira, tiene los ojos fijos en un punto, perdida en sus pensamientos, con las rodillas pegadas al pecho y sus brazos alrededor de sus piernas.
Luego llora en silencio, y yo agacho la mirada porque no puedo verla así.
-Considera que estamos a mano; hace un par de años yo te rompí el corazón sin pretenderlo, y hoy me lo acabas de romper tú a mí. Me estás dando la cara, pero como quiera que sea huyes, huyes y me dices que no confías en mí, regresarás a tu zona de confort, a la estúpida que debería de dejarte atrás también-. Se refiere a Jennifer y me enoja que la llame así.
Estoy a punto de pedirle respeto para mi novia, pero… ella no tiene la obligación de respetarla.
-Jennifer de verdad debe amarte más que a sí misma como para haberte aceptado de vuelta después de lo que le hiciste-.
-No vayas ahí, ese no es un tema que te corresponda-. Estoy casi gritando.
-Me corresponde porque fuiste a mí a quien te cogiste en la cama que compartías con ella-. Está más que enojada. ¿En qué momento dejamos que la plática se convirtiera en esto? –Ve a sus brazos, pero espero que pasado el tiempo no decidas que cometiste un error, porque ¿Sabes? Quién sabe si yo esté ahí para aceptarte de vuelta-.
Por fin me dejo llorar pero me cubro el pecho cruzando los brazos; si hay una cosa que odio en esta vida, es sentirme vulnerable.
-Rachel…-. No sé ni qué decir, pero siento las palabras atoradas en la garganta.
-Era joven y estaba asustada, íbamos a graduarnos y mi mente ocupaba Nueva York, NYADA y el hecho de que Finn no quería ir a seguir mis sueños, lidiando también con este reconocimiento de amarte tanto o más que a él. Tenía diecisiete años y tú me pedías que tomara una de las decisiones más importantes de la vida: estar contigo. Discúlpame si fui una niña asustada que no supo cómo lidiar con lo que le dijiste esa tarde en los baños de la preparatoria-.
-Yo también era joven y estaba asustada, lo estuve desde el momento en el que me di cuenta que estaba enamorada de ti; con la presión de mis padres, la presión social, la personal…-.
-Entonces las dos éramos demasiado jóvenes para lidiar con todo; no me culpes a mí y yo no te culpo a ti, hay cosas que simple y sencillamente no pueden pasar, nosotras no vamos a pasar-.
Lo dice como si quisiera convencerse más a ella misma que a mí.
-No seremos, no habrá un Quinn Fabray y Rachel Berry o un Faberry como nos imaginé mucho tiempo. No lo voy a forzar más, aprendí en este tiempo que por alguna razón, la vida no nos quiere juntas, y te voy a dejar libre de mi corazón, voy a empezar a mentalizarme, no eres para mí y yo no soy para ti, de serlo, ya hubiera sucedido; tenemos la madurez necesaria para tomar la decisión de estar juntas, y sin embargo no ha sido así-.
-No quiero perderte-. Lo digo como amiga, no la quiero lejos de mí, no puedo vivir más años deseando llamarla y colgando al primer intento.
-Pero si tú me dejaste ir-. Suena triste, intentando contener el llanto.
-Sí, pero no de ese modo, te quiero en mi vida, quiero… quiero llamarte desde Italia y contarte de mis cosas, mandarte fotos, que veas lo que está sucediendo conmigo-.
Me sonríe amargamente de nuevo.
-Quinn ¿De verdad piensas que puedo ser tu amiga después de esto? ¿Realmente crees que me contentaré con eso? De verte en fotos y de saber de ti… no sabes cómo me persigue la imagen de tu cuerpo sobre el mío, de tus besos, tus manos en mi piel ¿Piensas que no me acordaré de todo eso cuando vea tus fotos o tu nombre en mi bandeja de entrada?-.
-Esperaba que fuera menos complicado-.
-Pero no lo es, así que te voy a pedir, si es que de verdad me amas como dices amarme o me quieres o lo que sea, que me dejes sanar a mi paso y no me busques, no me mandes nada. Ahora seré yo quien no te conteste el teléfono ni los mensajes, seré yo quien no conteste los correos, no porque no quiera verte, sino porque necesito curarme de ti-.
Se levanta lentamente del sillón y se encamina a la habitación de Kurt.
-Báñate y empaca; suerte en Italia y en todo lo que hagas después de eso-.
Cierra la puerta tras de sí y no vuelve a salir.
Ni siquiera me ducho, sólo me visto, me lavo los dientes, hago mi mochila con las cosas que llevaba y me marcho de ahí. Cuando cierro el portón lloro y no dejo de llorar.
Tomo asiento en el tren y siento que una parte de mí se queda en Nueva York, una parte que no voy a recuperar nunca. Me siento triste y me siento rota, un tanto vacía, muy confundida. Me siento fatal.
Estoy convencida que Rachel es mi alma gemela, y al terminar de este modo… bueno, siempre habrá un vacío en mí. No puedo hacer nada al respecto, la herí.
Ella me besó de vuelta en el baño y huyó, eso me lastimó, yo le hice el amor y la besé muchas más veces, dormí en su cama, entrelacé mi mano con la suya, le creé ilusiones y huí. Eso la destruyó.
Me siento sin rumbo, perdí una amiga, perdí a un gran ser humano, perdí al complemento de mi alma.
Veo pasar los árboles que parecen borrosos, como que se desvanecieran, el sol comienza a verse más lejano y algunos campos tienen aguanieve. Todo se siente tan frío, allá afuera, y en mí.
