VAMPIRE HETALIA
Era un idiota… el idiota más grande de todo el mundo, mejor dicho del universo, deberían darle un premio por su gran idiotez… y él que pensaba que era un poco más inteligente que su tonto mellizo. Esto se recriminaba Romano mientras esperaba en la cama de cierto español al dueño de la habitación. El castaño gruñó enfadado mientras tomaba una almohada y la arrojaba con fuerza hacía la pared
-¿¡Qué no piensas llegar a dormir maldito imbécil!- le gritó a la nada enojado y cansado de esperar a Antonio, se tiró boca abajo en la cama abrazando otra de las almohadas, cerró los ojos.
De verdad era tan idiota, esperando a un humano al que se suponía tenía que matar en menos de tres días…
-¿Romano?- preguntó entonces Antonio que estaba en la puerta dejando sus cosas en el perchero
-¿Qué horas son estas de llegar?- preguntó molesto el italiano sin moverse de su posición
-Romano… Romano- dijo el español abalanzándosele al vampiro y estrechándolo en sus brazos –pensé que no te volvería a ver- le dijo como si fuera un niño pequeño
-suéltame- se quejó el castaño empujando a Antonio lejos de él -Dios no puedo creer que seas tan insoportable- el ojiverde por fin se separó del italiano, lo miró por un momento con una sincera sonrisa en el rostro
-¿Dónde estuviste todo este tiempo? Me preocupé mucho- le dijo acariciando su cabeza con ternura
-tenía cosas que hacer- contestó de manera seca Romano cruzándose de brazos examinado las facciones de Antonio, frunció el seño molesto, y después un gruñido de enfado para finalizar con un grito de frustración
-¡aaaahhhhh eres un idiota!- gritó tan fuerte como su garganta se lo permitió
-¿qu… que… fue lo que hice?- preguntó temeroso el español sin saber a qué venía el repentino insulto
-¡tú no hiciste nada! Eso es lo peor del caso…- se quejó el italiano aun enojado, después de todo Antonio no tenía la culpa, el único estúpido en esa situación era Romano. Volteó a ver al moreno que aun lo miraba con algo de curiosidad y miedo.
-no cabe duda de que soy un gran idiota- dijo Romano tomando por los hombros a Antonio y acercándolo a él para besarlo
El español primero miró a Romano que lo estaba besando aun con el seño fruncido, entonces sonrió en medio del beso correspondiéndolo.
Poco a poco el inocente roce de labios fue tomando una intensión más pasional, las manos que momentos atrás habían permanecido en un solo lugar ahora se paseaban rebeldes por debajo de la ropa de ambos, sintiéndose, memorizando con su tacto cada uno de sus rincones y puntos específicos. Pronto la ropa pasó a segundo plano así que se deshicieron de ella tan pronto como fueron a dar la cama.
El cuerpo de Antonio brillaba a la luz de la luna por el sudor, mientras que el de Romano se mantenía frío y pálido, sin embargo sus respiraciones aceleradas le indicaban al español que el vampiro estaba disfrutando tanto como él. Los dos entrelazaban sus manos de vez en cuando y enredaban las piernas sus cinturas queriéndose sentir tan cerca como fuese posible, los gemidos no se hicieron esperar, ni tampoco las suplicas por más.
Romano, que estaba sentado en el regazo de Antonio enterraba las uñas en sus hombros al punto de hacerlo sangrar mientras el español entraba en él, Romano lamía y bebía de la herida recién hecha, sintiendo al español dentro de su cuerpo, no resistió la tentación de encajar sus colmillos en la piel bronceada del hispano así que lo siguiente que escuchó fue un leve quejido y después los entrecortados jadeos del ojiverde cerca de su oído. Minutos después el italiano sintió la esencia de Antonio escurrir por sus piernas así que ambos se tumbaron en la cama. Algo adormilado Antonio sonrió con los ojos entrecerrados y cayó profundamente dormido… mientras que Romano se mantuvo despierto boca arriba mirando a la ventana… aun era temprano, aun podía hacer lo que le habían ordenado… aun podía fingir que Antonio era solo un insignificante humano al que podía matar con un solo movimiento de su mano.
Se puso el antebrazo sobre los ojos… y miró de reojo al español que murmuraba incoherencias entre sueños… ¿A quien quería engañar? No podía matarlo, al menos no después de que tuvieron sexo apasionado, ya sería mañana… si, mañana sin falta lo haría.
Se levantó de la cama con cuidado de no despertar al joven que ahora babeaba sobre la almohada murmurando cosas sobre tomates, se vistió e intentó arreglarse el cabello, después salió de la habitación… pero no todo era tan sencillo como pensaba pues apenas cerró la puerta Antonio abrió los ojos e inmediatamente se vistió tan rápido como pudo decidido a conocer el mundo secreto que Romano habitaba y al cual no lo dejaba entrar, así que tomó su abrigo y siguió al italiano.
Mientras tanto su no tan malvado mellizo aun se encontraba en la capilla del hospital, estaba sentado en una de las bancas y en sus piernas reposaba la cabeza de Ludwig que se mantenía inconsciente.
Italia miraba al enorme crucifijo que se posaba en el centro del altar, el silencio lo inundaba todo menos sus pensamientos, el reencuentro con aquella persona había provocado que tantos recuerdos regresaran tan vividos…
Aun podía verse a sí mismo siendo apenas un chiquillo, recordaba que estaba saliendo de misa con su hermano el cual lo estaba empujando porque no quería que se le acercara tanto.
-suéltame tonto- le regañó el que en aquel entonces respondía al nombre de Lovino
-pero hermano, hay mucha gente, no me quiero perder- lloriqueó Feliciano intentando tomar la mano de su hermano mayor que solo la quitaba cuando sentía el contacto del otro
-pues esa será tu culpa por ser tan inútil- y siguió con su camino unos pasos más adelante que el menor que corría detrás apresurado por alcanzar a su hermano
El par de hermanos habían perdido a sus padres algunos meses atrás así que como no había quien se ocupara de ellos terminaron trabajando como sirvientes en la mansión de un extraño matrimonio, y decían extraño porque solo veían a los dueños de la casa por la noche, la mujer venía de Hungría y el esposo de Austria, al parecer el hombre era un famoso músico que había decidido instalarse en Italia por algún tiempo.
Lovino y Feliciano llegaron a casa, mientras que Lovino preparaba la cena, Feliciano haría la limpieza ya que en ese aspecto era mejor que su mellizo. Casi todos los días eran así, todo se iba en quehaceres del hogar y por las noches atender a los señores.
La señora Elizabetha o Hungría como a veces escuchaban que la llamaban era una mujer muy dulce y amable… aunque solo tenía un defecto y ese era que le encantaba vestir a sus jóvenes sirvientes con ropa de niña y eso incluía sus uniformes de sirvienta que tenían que usar obligatoriamente, a Feliciano en realidad no le disgustaba mucho, pero Lovino lo odiaba aunque era usar esa vergonzosa cosa o morirse de hambre, así que se mordía la lengua cada vez que le decían lo lindo que se veía.
Por su parte, el señor Roderich o Austria era todo lo contrarío, un hombre serio, ordenado y en algunas ocasiones hasta frío, pero cuando tocaba el piano era como si se convirtiera en una persona totalmente diferente, incluso Feliciano pudo jurar que una vez lo vio sonreír mientras tocaba el piano. A veces tocaba para todos, incluso para la servidumbre… como le gustaban esos días a Feliciano, el señor Roderich en el piano con la señora Elizabetha sentada a su lado recargando su cabeza en su hombro, con su hermano refunfuñando y él solo disfrutando de la paz que se sentía…
Algunas veces antes de terminar con todas las obligaciones e irse a dormir llegaban visitas.
-buenas noches- saludó un día un hombre muy alto, tenía la piel clara, los ojos azul cielo, el cabello rubio, largo con una delgada trenza adornándolo
-buenas noches- saludó temeroso Feliciano escondiéndose detrás de la puerta
-vengo a ver a Austria ¿podrías dejarme pasar?- preguntó más como una orden haciendo que el pequeño italiano temblara un poco, pero entonces otra persona apareció detrás del hombre
-Hey Germania estas asustando al niño, con esa cara de susto que te cargas- bromeó la otra persona, este tenía el cabello castaño y ondulado, con algo de barba en su mentón, sonreía de manera amable y despreocupada mientras le daba palmaditas al otro que solo rodó los ojos enfadado.
-¿Cómo te llamas pequeñín?- preguntó el hombre poniéndose a la altura del niño que con más confianza contestó
-Feliciano-
-hola Feliciano, yo me llamo Roma, pero puedes decirme abuelito Roma, ¿te gusta la pasta?-
-¡sí!- dijo emocionado el chiquillo
-a mi también, entonces ¿Por qué no mejor en vez de tenernos aquí afuera vas a prepararnos un plato de pasta mientras que mi amigo amargado y yo platicamos con Austria y Hungria?-
-claro, pasen- les abrió la puerta completamente, pero apenas dieron unos pasos Lovino llegó con cara de enfado
-¡Feliciano! ¿Por qué dejas pasar a extraños a la casa? Está prohibido- le regañó el mayor viendo con sospecha al rubio y al moreno
-no somos extraños- contradijo Germania con voz gélida haciendo que Lovino temblara de miedo
-claro que si…- les rectificó el moreno intentando disimular su miedo
-¿a ti también te gusta la pasta?- interrumpió entonces el "abuelito" Roma
-sí, ¿Qué con eso?-
-Feliciano estaba a punto de prepararnos un poco, así que si tú también quieres puedes ayudarle-
-muérete bastardo, ¡a mí no me vas a sobornar con comida como a mi hermano!-
-Lovino, Feliciano, vayan a la cocina yo atenderé a los invitados- era Austria que se acercaba con su cara seria
Lovino maldijo entre dientes mientras que Feliciano solo se despidió con una sonrisa de Roma que le correspondió el gesto.
-¿Cómo pretendes comer pasta si eres un vampiro idiota?- escuchó Feliciano como Germania le regañaba a Roma el cual solo siguió sonriendo
-hermano ¿Qué es un vampiro?- preguntó entonces el más pequeño
-no lo sé, deja de hacer preguntas extrañas-
Después de aquello Germania y el abuelo Roma los visitaban de vez en cuando; Feliciano y Lovino, aunque lo negara, se habían encariñado con Roma pues era como el padre al que habían perdido. En algunas ocasiones Roma llegaba acompañado de otras dos personas aparte de Germania como lo eran Francia el cual se había auto nombrado "hermanito Francia" e Inglaterra que nunca parecía estar muy contento, al final parecían una gran familia… bueno, una familia a la que solo veían de noche.
Pero un día toda esa felicidad se vino abajo…
-Lovino tendrás que irte a vivir a otro lado- anunció Austria
-pero Feliciano vendrá conmigo ¿verdad?- dijo nervioso sintiendo como su hermano le apretaba el brazo ante la noticia
-lo siento, pero Feliciano se queda aquí, tú iras a trabajar al sur de Italia con una familia española- su voz parecía inexpresiva pero a Austria le incomodaba tener que separar a los hermanos
-no puedo irme así como si nada y dejar a Feliciano aquí, no me iré- declaró el mayor
-no te lo estoy preguntando, de hecho, ya llegaron por ti- en la entrada había un par de hombres que solo miraban
-¡no! ¡yo no quiero irme!- gritó, Austria al notar que el muchachito no cedería hizo una seña para que los hombres se lo llevaran
En ese mismo instante Feliciano se abrazo a su hermano, Lovino lo rodeó con sus brazos, después sintió como alguien lo tomaba por el cuello de la ropa y lo alzaba
-¡suéltame imbécil!- gritó Lovino agarrando con todas sus fuerzas a su hermano pequeño que se aferraba a él
-hermano- gritó y lloró el menor sintiendo como sus manos se alejaban poco a poco de Lovino -¡hermano, no dejes que te lleven!- suplicó el más pequeño a la vez que el mayor forcejeaba con el tipo que lo jaloneaba para separarlo de Feliciano.
Austria tomó a Feliciano para que se mantuviera en paz
-¡Feliciano!- también gritó Lovino mientras pataleaba intentando no soltar la mano de su mellizo que tenía las mejillas rojas y mojadas por el llanto
-¡no me toques! ¡Feliciano! ¡Suéltenme!- gritaba Lovino sintiendo su garganta desgarrarse y sus ojos humedecidos y nublados
-¡hermano!- gritó una última vez el menor al sentir como sus dedos rozaban con los de su hermano antes de ser separados…
Austria caminó lejos de ahí
-Feliciano, ¡Feliciano!- siguió gritando Lovino escuchando el llanto descontrolado del menor
-Feliciano prométeme que siempre estaremos juntos, no importa lo que pase, volveré y estaremos siempre juntos ¡promételo!- le obligó aun peleando con el adulto
-¡te lo juro!- escuchó como contestaba su hermano, después de eso, pasó mucho tiempo antes de que lo volviera a ver…
Los días rutinarios continuaron, sintiendo siempre la ausencia de su hermano, que a pesar de mandarle cartas seguido no era lo mismo, el abuelito Roma de vez en cuando intentaba animarlo pero en momentos así Feliciano se obligaba a sí mismo a sonreír para no preocupar a nadie… aunque no todo era tan fácil.
Una tarde tras terminar los deberes del jardín decidió ir al arroyo que estaba cerca, se sentó mirando el agua cristalina que corría y de la nada comenzó a llorar a lágrima viva, captando la atención de alguien más.
-¿estás bien?- preguntó un niño rubio de ojos azul obscuro, el pequeño vestía de negro y parecía ser de su edad
Feliciano lo miró por unos momentos y después siguió llorando
-¿te lastimaste?- preguntó alarmado el pequeño sin saber muy bien qué hacer
-¡no llores! si quieres puedo llamar a alguien- pero cuando se disponía a ir a buscar a algún adulto notó como la niña (porque pensó que era niña) lo tomaba de su capa negra
-no te vayas… por favor- el niño no pudo más que sonrojarse, a pesar de que la pequeña estaba llorando, no podía evitar darse cuenta de que se veía muy linda, así que se quedó con ella hasta que se calmó.
Los pequeños platicaron un rato, al parecer el niño venía de uno de los pequeños países del Sacro Imperio Romano y estaba en Italia por asuntos de negocios de su padre, para sorpresa de Feliciano el pequeño era casi su vecino, así que quedaron para jugar al día siguiente… al siguiente y al siguiente, para cuando se dieron cuenta ya eran los mejores amigos.
-O… oye… Feliciano…- preguntó un día el niño mientras terminaban de pintar
-dime-
-¿hay alguna persona que te guste?- preguntó con la cara roja y brillante, (ya había descubierto que era hombre)
-mmmmmmmm… pues no, ve~-
-¿En serio?- dijo emocionado su amigo
-en serio-
-entonces… si… yo te dijera que a tú a mi…- pero fue interrumpido por el llamado de su padre que le gritaba desde el jardín de su casa
-creo que tienes que irte, nos vemos mañana- se despidió Feliciano con un beso en la mejilla del rubio y corrió hacia la casa de Austria, pues tenía que hacer la cena… aunque solo fuera para él
El muchachito se quedó en el mismo lugar tocando el lugar besado
-si te dijera que me gustas ¿Qué harías?- le preguntó a la nada sintiendo su corazón palpitar con fuerza.
Desde hacía un tiempo había guardado ese sentimiento por Feliciano solo que nunca sabía cómo decírselo y le sorprendía que el italiano no se diera cuenta de sus obvios sentimientos, pues siempre que estaban juntos se ponía nervioso, cuando lo llegaba a tocar su cara se ponía tremendamente roja y simplemente no podía evitar suspirar cuando no estaba con él.
Entonces los años empezaron a correr, y ese sentimiento de amor se hizo tan grande que casi no le cabía en el pecho pero era demasiado torpe como para decírselo a Feliciano que siempre parecía ajeno a la situación.
-Feliciano… tengo algo que decirte- dijo un día cuando ambos tenían 15 años
-¿Qué pasa?- preguntó el castaño que había dejado de usar esos trajes de niña
El que se había convertido en su más grande amigo dio una honda respiración y clavó sus ojos del color de la noche en los almendrados de su amor.
-voy a ir a la guerra- declaró
La cubeta de agua que Feliciano traía en las manos cayó al piso derramando todo en el césped
-¿de qué hablas? No estamos en guerra ni nada…-
-aquí en Italia no, pero en mi casa si, los franceses nos están invadiendo así que tengo que unirme- los ojos del castaño comenzaron a llenarse de lagrimas
-no vayas, aquí estarás bien y a salvo- dijo tomando las manos del rubio que desvió dolorido la mirada
-lo siento, pero no puedo hacer eso, es mi deber-
-no, ¡no te vayas! Tú no me dejes solo por favor- lloró abrazando al que ahora era más alto
-no te dejaré solo, ya verás que regresaré sano y salvo- puso dos dedos bajo el mentón del italiano obligándolo a alzar su cara llorosa y depositándole un temeroso beso en los labios. Cuanto tiempo había esperado por ese precioso momento, aunque nunca se imaginó que se trataría de una despedida, pero aun así, sentir la boca del que había sido su amor platónico por tantos años, la emoción era indescriptible.
-te prometo que volveré- Feliciano forzó una sonrisa intentando creer en aquellas palabras
-entonces te esperare con muchos dulces…- no pudo evitar soltar una cristalina lagrima que se paseó rebelde por su mejilla y la cual el chico limpió con delicadeza.
Dos días después lo vio marchar
-volveré pronto- le dijo despidiéndose con la mano, bajo el brazo cargaba un cuadro, una sonrisa triste y un enorme deseo de regresar lo más rápido a casa a un lado de su persona especial.
Los días y las noches pasaron, las cartas fueron enviadas pero nunca había una respuesta, las noticias de la guerra seguían llegando de algunos viajeros, todas decían lo mismo: estaban perdiendo la guerra. Feliciano seguía esperando, porque se lo había prometido, y una promesa no se podía romper… pero el pasar de los años se estaba volviendo insoportable hasta que la tristeza se volvió una tortuosa rutina y las sonrisas falsas un deber que tenía que cumplir para no levantar sospechas pues aun quería creer que volvería, que lo vería llegar con su cara tímida y sus gestos torpes, que lo escucharía decir su nombre y entonces sonreiría para después ofrecerle los dulces que había preparado con tanta dedicación… sin embargo… eso jamás sucedió.
Incluso Lovino regresó, su hermano si había cumplido su promesa aunque eso le costó la vida...
Fue en una noche cuando se reencontraron, Lovino extrañamente iba acompañado de Roma, se veía diferente no solo por el hecho de que había crecido sino todo en él: su piel era más pálida, estaba frío, parecía como si ya no fuera un humano.
Como era de esperarse, Feliciano se desvivió en lagrimas, abrazos y besos hacia su hermano mayor que solo los recibía enfadado aunque en realidad estaba tan emocionado como su mellizo o hasta más, pero no todo podía ser miel sobre hojuelas así que era hora de revelarle la verdad.
-Feliciano, yo ya no soy una persona normal- el menor solo lo miró dudoso, sin entender que es lo que quería decir
-cuando estuve viviendo lejos una noche unos tipos se metieron a la casa en donde trabajaba para robar, yo quise interponerme pero entonces me hirieron, ya casi estaba muerto… sin embargo- hubo una pausa, aquello era difícil de decir –cuando estaba agonizando apareció el abuelo Roma, y me transformo en un vampiro- concluyó Lovino
-no entiendo ¿Qué te pasó entonces?- preguntó Feliciano intercalando miradas entre Roma y Lovino
-quiere decir que tu hermano ya no está vivo, por lo menos no como un ser humano, ahora es un ser que solo puede salir de noche y alimentarse de la sangre de otras personas, si se expone al sol morirá de verdad- explicó Roma con una cara tan seria que casi no parecía ser él
-hermano ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué decidiste convertirte en algo así?- fue lo único que se le ocurrió preguntar
-porque te lo prometí idiota… te prometí que siempre estaríamos juntos- un hueco se formó en el estomago de Feliciano junto con un nudo en su garganta ¿Por qué su hermano sí había cumplido? ¿Porque esa otra persona no? ¿Por qué su mellizo había hecho hasta lo impensable por mantenerse a su lado y ese muchacho solo se había ido así sin más? ¿Por qué le dolía tanto darse cuenta de que ese joven ya jamás volvería? Pero aun tenía a Lovino, él mismo aun tenía una promesa que cumplir
-entonces yo también seré uno, quiero ser un vampiro también- dijo con firmeza Feliciano
-no seas imbécil ¿te das cuenta de lo que estas pidiendo?- preguntó exaltado Lovino
-claro que sí, pero lo dijimos mucho tiempo atrás… siempre estaremos juntos-
-idiota…- solo alcanzó a decir Lovino, entonces tras haber tomado la decisión Roma se acercó a Feliciano inclinó ligeramente la cabeza de italiano para tener mejor acceso a su cuello y encajó sus colmillos.
Feliciano sintió como si con toda su sangre también se estuviera yendo toda su tristeza, todos esos años que había pasado esperando junto con todas las noches de insomnio y las lagrimas saladas que le quemaban la piel, sintió los débiles latidos de su corazón que sabía pronto se detendría, entonces abrió los ojos otra vez y el mundo era completamente diferente, la luna se acababa de convertir en un nuevo sol, lo esperaba la vida eterna…
Ludwig abrió los ojos poco a poco, tardó un poco en identificar en donde estaba y con quien.
-estuviste llorando- dijo con la voz algo ronca viendo hacía arriba pues aun estaba recostado en las piernas de Italia
-me asustaste mucho, te desmayaste, debe ser porque no has dormido bien estos últimos días- Ludwig se incorporó y dio un suspiro
-¿Qué haremos?- preguntó mirando a ningún lado
-solo dejar que las cosas sigan su curso- contestó Italia
-intentar no nos cuesta nada- una ligera sonrisa se posó en los labios del germano, esta vez sí era una sonrisa de Ludwig.
Mientras tanto casi llegando al bar Galia Antonio seguía sigilosamente a Romano unos metros detrás.
-¿Antonio?- escuchó que le llamaban, volteó a todos lados encontrándose con Alfred
-Alfred ¿Qué haces aquí?- preguntó en voz baja Antonio intentando no ser atrapado
-estoy esperando a Inglaterra ¿y tú?-
-siguiendo a…-
-Vaya, vaya, pero si eres el amigo de Italia Romano- dijo una tercera voz interrumpiendo al español, se trataba de Polonia
-eh… si, soy yo- contestó el ojiverde con algo de desconfianza
-¿Qué haces por aquí?-
-vine a ver a Romano-
-ósea, como que si quieres yo puedo acompañarte- bajó un poco la voz –no te preocupes, como que nadie nos va a descubrir- agregó al notar que Antonio estaba espiando al italiano
-está bien- aceptó algo dudoso el español, no se fiaba mucho de ese tipo, pero era la única oportunidad que tenía para descubrir los secretos del vampiro
-¿tú no vienes?- preguntó ahora dirigiéndose a Alfred que solo sonrió de manera nerviosa
-no gracias, yo esperaré aquí-
-de lo que te pierdes- y una sonrisa maliciosa se formó en sus labios, tomó de la mano a Antonio comenzando a caminar. Sería un pequeño entretenimiento antes de jugar con Rusia.
Humanos, como si alguien se preocupara por ellos… por lo menos no en el mundo de los vampiros ¿o si?
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Waaaaaaaaaa que emoción, ja ja ja, bueno al fin la historia de Ita-chan y un poco de Romano porque me gusta ja ja ja, también un poco del abuelito Roma y Germania que más adelante escribiré su desenlace y que fue lo que les pasó a estos dos. ¡No me golpeen! Sé que dije que en la historia de Italia contaría la de Roma y Germania pero cuando me di cuenta no había escrito nada así que ahora les juro y les perjuro que escribiré su desenlace así tenga que desvelarme escuchando los regaños de madre ja ja ja
¡Que gusto que estén leyendo hasta aquí! No quepo en emoción XD pero espero continúen para ve que pasa con Toño que también es tan lindo. En serio que tooooodos y cada uno de sus comentarios me hacen sonreír muchísimo
De nuevo mil gracias por los reviews y todo, ¡nos vemos!
