HOLA CHICAS!

Espero que no haya sido tan larga la espera para este capítulo...

Disclaimer: J.K. Rowling/ Escenarios y Personajes.

Trama: ValerieMalfoyCullenHale.

Canción de hoy:

I'll Meet You There- Owl City.

Chapter 11.

Las cosas se habían normalizado.

Malfoy había comprado un departamento más grande y se había llevado a Liam y Hermione a ese lugar, lejos del pequeño departamento donde había vivido un tiempo. Las palabras sobraban de vez en cuando. El pequeño Liam seguía creciendo, como siempre. Su relación con Malfoy seguía floreciendo, sin pausa pero sin prisa.

Las noches eran divertidas, veían una película, llevaban a Liam a dormir y luego se quedaban fuera, charlando. Siempre de la misma cosa. Ellos. Malfoy llevaba al pequeño a la cama y luego, cerraba la puerta y salía al encuentro con la castaña. Tomaban algo fresco y se sentaban frente a frente por unas dos horas. Malfoy siempre comenzaba las conversaciones con un:

-Te quiero más de lo que tú a mi-

Hermione comenzaba a ruborizarse y así transcurría el tiempo.

El rubio disfrutaba de hacerla enojar y robarle los mejores besos. Y ella no refutaba nada, se dejaba besar como una pequeña niña. Se sentía indefensa cuando estaba lejos de él, y no se imaginaba estando sola o con Ronald. Ya no soñaba con convertirse en una Weasley, sino en una Malfoy. Era un sueño a largo plazo, por supuesto; pero ella no dejaba de soñar con eso.

Temía volver a perderlo, pero si lo hacía, sabía que no se la haría tan fácil. Malfoy estaba loco por ella. No sabía si era amor u obsesión, pero no podía dejarla sola ni un minuto. Sufría cada vez que tenía que irse a clases y pasaba el día garabateando cosas en el cuaderno.

Hermione no se hizo la mejor amiga de Narcissa Malfoy, pero por lo menos hablaban por teléfono una vez a la semana cuando Malfoy estaba durmiendo la siesta desplomado en el sillón cómodo del Living. La mujer aun le tenía cierto asco a la castaña, pero ya no era tan grande la diferencia y por lo menos era inteligente, o más de lo que ella pensaba.

Hermione, a petición de la mujer, accedió a asistir con Malfoy y el pequeño Liam a la primera visita permitida en Azkaban al viejo Lucius Malfoy. Lo que creó un caos terrible en el departamento. Hacía tiempo que no se gritaban de aquella forma. En realidad era Malfoy el que gritaba mientras que Hermione lloraba, callada por vez primera en tanto tiempo. Malfoy nunca había afectado tanto en su autoestima.

-¿Quién te crees para estar hablando con mi madre?, después de tanto que 'sufriste' por sus malos tratos y ahora son las mejores amigas. ¿No sabes que mi padre simplemente me odia si sabes que tuve un hijo contigo?; estas definitivamente loca. ¿A quién se le ocurre hacer semejante barbaridad? Solo tú, sigues con esas de dártela de 'el hombre' de la relación. Créeme que no llegaras a ninguna parte con eso, pues no iremos. No eres la que toma las decisiones sobre nosotros.-

Hermione siguió llorando en el sillón por una hora más, mientras el rubio estaba en la habitación con Liam para que no la observara en aquel estado. Pero ella lo único que hizo fue hablar por teléfono. Su padre era el único que la ayudaba y aconsejaba correctamente. En realidad, lloró al teléfono por media hora más hasta que el señor Granger la recriminó por estar llorando. –A ti nadie te da órdenes, ya hablamos de eso muchas veces. Malfoy es un niñato de mamá. Tú llevas a Liam y estás puntual en casa de su Madre, no le digas nada. Si él no quiere ir que no lo haga-

Secó sus lágrimas con rapidez y se cambió la ropa empapada en su llanto. Cerró sus ojos por diez segundos y sin pensarlo se quedó dormida, tenía un sueño tan profundo que el sonido del jarrón de la sala al romperse no la despertó. Sino su pequeño hijo, la luz de sus ojos y el propósito de su vida; al gritarle en el oído mientras lloraba. Pues su padre le había gritado improperios en todos los idiomas que sabía. Se levantó de golpe a abrazar y calmar a su bebé que lloraba inconsolablemente. Las lágrimas brotaban de sus ojitos color mercurio causándole un dolor incontrolable en el pecho a la castaña.

Salió totalmente enojada a la sala, con el pequeñito en brazos y observó a Malfoy que con magia limpiaba el desastre que había en la casa. Dos jarrones quebrados en el suelo, la cocina llena de huevos y harina por todas partes; las sillas en el suelo, los cojines manchados de jugo de moras y por último, Malfoy manchado con harina de pies a cabeza y el pequeño que tenía en brazos lleno de jugo de moras, harina, huevos, leche, crema batida y con la manito sangrante por el jarrón roto.

Corrió a la cocina y esquivó las manchas en el suelo al caminar para no resbalarse, de la gaveta sacó un frasco con una sustancia verdosa dentro y su varita. Colocó al pequeño rubio en el buró y le tomó con cuidado la mano para derramar un poco del líquido en su manito mientras lloraba. Malfoy acudió a socorrerla y con su propia varita pronunció inaudiblemente un hechizo para sellar la herida. El pequeñito se calmó luego cuando su madre lo abrazó y le cantó una o dos canciones. El pequeñito se miró la mano un buen rato, que estaba aun manchada por la poción.

Luego de un rato, se decidió a bañarlo y a darle de cenar; mientras Malfoy, callado, limpiaba el desastre.

Le sacó cada manchita del cuerpo al pequeño y el chicuelo la abrazó lleno de espuma y Shampoo, haciendo que ella resbalara en la tina y se mojara de pies a cabeza. El rubio acudió de inmediato al llamado de su hijo y se echó a reír cuando vio a la castaña llena de jabón. Hermione se enojó tanto, que secó al pequeño y lo dejó dormido luego de vestirlo y darle de cenar. Sin dirigirle ni la mirada al rubio ni hacerle un gesto. Ni acompañarlo a cenar. Como si él no estuviera. Y el rubio cada vez se sentía peor.

Se dio una ducha y por medio de la magia, que tenía tiempo sin usar, se dedicó a limpiar lo que quedaba destrozado en el baño. Salió de allí y se colocó el pijama de rayas de abeja y un jersey de Harry que tenía guardado en su maleta de una noche en que no podía dormir y lo había llamado para charlar. Recordaba que ese día, su amigo le había contado cuanto había cambiado Ginny y cuanto había cambiado él por la influencia de Katie Bell. Recordó que Harry la ayudó enseñándole al pequeño Liam algunas cosas de su nuevo trabajo en Sortilegios Weasley, y de cómo gracias a 'el; los gemelos habían abierto la tienda que ahora solo era comandada por el pobre George. Después de la pérdida de Fred, nadie lo nombraba, pero como lo recordaban todos la semana en que la guerra había terminado. Necesitaron de varia semanas para poder dejar de un lado el llanto y seguir con el luto.

Malfoy se encabronó cuando la vio salir de su habitación con el jersey puesto; el que decía claramente en la parte de atrás: POTTER. Y recordó los celos que lo embargaron ese año por no haber podido participar. La mayoría de las veces no lo quería aceptar, pero cuantos celos le tenía al moreno Potter. Porque al ser tan 'agraciado' o tener tanto dinero, no podía ser valorado como San Potter, La Comadreja Weasley y La Sabelotodo Granger.

Se recriminó a sí mismo por ser tan inmaduro y llamarla así por tanto tiempo. Y se dio varias bofetadas mentales por ser tan cobarde y no poder ir y pedirle perdón a Hermione.

La castaña se sentó a ver la televisión y sentía la mirada penetrante de esos ojos color mercurio del rubio, que la miraban desde la cocina.

Se armó de valor y se acercó a ella, se sentó a su lado y apagó el televisor.

-¿Quién te crees que eres?- preguntó indignada la castaña.

-Me creo Draco Malfoy, tu futuro esposo, ¿por qué?- dijo él. La castaña se quedó impresionada. Con la boca abierta mirando su altiva sonrisa.

-Ehmm- dijo ella balbuceando. -¿quién te dijo a ti que serías mi esposo? Si me tratas peor que a un perro; como si todos los errores de esta 'Familia Disfuncional' fueran míos. ¿Quieres saber lo que está mal contigo, Malfoy?- preguntó enojada.

-¿Qué está mal conmigo, Granger?- preguntó sonriendo. Retándola.

-USSHH- exclamó –Siempre te crees el mejor, no eres nadie Malfoy. Eres demasiado celoso y eso me molesta. Crees que con un beso resuelves todos los problemas de la vida. La vida es difícil, no solo consta de sexo y caricias y besos. Mira como terminamos. Dos personas que se aman, se odian y se vuelven a amar. Yo no puedo vivir así. Mientras recalques mis errores por sobre mis virtudes. Y si me voy de nuevo, no me volverás a ver- dijo ella. El rubio la siguió mirando con la misma sonrisita enamorada.

-¿Quieres saber que está mal contigo, Granger?- preguntó y ella asintió enojada. –Te ves demasiado hermosa cuando te enojas; eres la persona más razonable e importante en mi vida además de mi hijo. Y no me hubiese gustado tener un hijo a los diecisiete años con alguien que no fueras tu- le dijo aun con la sonrisita engañosa –Si alguna vez te hice algo malo fue por rabia de que no fueras para mí, sino que estuvieras detrás del sucio de Weasley- pausó –Esa noche, en la que estuvimos juntos, fue una de las mejores noches de toda mi vida. Pues por primera vez te tenía en mis manos, por primera vez besaba tus lindos y rosados labios, y por primera vez te hacía mía. Y descubrí que era el primero en hacerte mujer lo que me hizo aun más feliz. Lo que me dio un poco de desagrado fue enterarme de que sería padre tan joven, pero luego de ver lo inteligente y hermoso que fue desde que nació, no pude dudar que en verdad la madre que siempre quise para mis hijos eres tú. Y así como Liam, sé que tendremos otros dos hijos. Y una será hembra. – Observó los labios separados de la castaña en forma de O, asombrada. Pero el rubio no quería parar, tenía mucho que decirle. – No sabes las ganas que tenía de pasar la noche buena, acurrucado contigo en la cama de huéspedes de tu antigua casa. Pero tenías que meter la pata y darte esos besos incestuosos con Charles. Por eso quise darte la mejor de las impresiones y compré a media noche el deportivo azul. Sentí miedo cuando me dejaste solo en París. No sabes cuánto miedo sentí de no volver a verte. Por eso voy a acompañarte a ver a mi padre. No era que sentía vergüenza de ustedes dos. Es que no sabes cómo fue mi padre cuando era solo un pequeño. Antes de que lo enjuiciaran ya me había escapado de la Mansión dos veces; no soportaba la idea de que mi apellido se difamara de esa forma, además mi padre insistía en usarme para desquitarse a golpes. Me quebró tres costillas, la muñeca derecha y la nariz, la última vez que lo hizo. Así que de igual forma te acompañaré para que no me dejes. Porque si me dejas, mis pesadillas se harán realidad- afirmó el rubio. Con las manos de la castaña envueltas en las suyas. Mirándola a los ojos, directamente a sus pupilas.

Las lágrimas brotaron en el mismo momento y ella lo abrazó de inmediato. Luego de minutos escasos, y aun llorando, dijo entrecortadamente.

-Malfoy; no hay nada de malo contigo. Eres el hombre perfecto. Sabes cómo tratarme aunque a veces obvias eso. Eres el hombre que nunca pensé que quise. Que siempre imaginé como un patán egocéntrico y además, uno que se llevaba a todas con el propósito de solo sexo, pero descubrí que eres el hombre que quiero y que siempre esperé. Con tus altos y bajos, me sentí orgullosa, a la larga, de que mi primera vez fuese contigo. Pero también me sentí muy mal las miles de veces en que te acostaste con las putas de la clase en St. Lois. No me importó porque luego de que naciera Liam, fuiste solo para mí. Y espero eso no cambie nunca. En pocas palabras, te amo Draco Malfoy- dijo y se abalanzó hacia los labios delgados del rubio. Él como reflejo se alejó un poco, sabía que ella lo hacía para cambiar el tema.

-No hagas eso; cambiar el tema de esa forma no te va a ayudar hoy- explicó el rubio negando con la cabeza. La miró de nuevo directo a los ojos y ella se resignó a eso, aunque aun tenía deseos de besarlo.

-Está bien- dijo. Suspiró. Lo miró directamente a los ojos.

-Tu único defecto; los celos. Eres muy celosa, castaña- le dijo sonriente.

-Tú no hables de celos, porque eres el rey de ellos- dijo riendo –Si te enojaste y estabas fúrico cuando llegamos a St. Lois después de Noche Buena, y te pusiste tensión en casa de Harry cuando Ronald apareció- dijo y volvió a echar una carcajada al aire.

-He de admitir que sí, soy un poco celoso..- dijo y la vio al rostro. Ella había arqueado una ceja. –Está bien, está bien. Soy muy celoso-

Ella sonrió y volvió a acercársele peligrosamente.

-¿Qué haces?- preguntó el rubio.

-¿Confías en mi?- preguntó con una sonrisa cómplice.

El rubio asintió; y lo que sucedió luego es algo borroso en sus memorias y un poco gráfico de explicar.

A la mañana siguiente, despertaron en la sala, uno sobre el otro; con las ropas del día siguiente sin recordar qué había pasado la noche anterior. Sus ropas estaban en el suelo y el pequeño Liam estaba aun dormido. Por suerte, consiguieron no despertarlo y darse una ducha; en la que Malfoy se coló y Hermione no pudo más que dejar que se bañara con ella.

Intentaron hacer el menor ruido posible, pero Hermione era incapaz de aguantar la risa. Se vistieron como cada día, y el pequeño Liam despertó en el proceso.

Se apareció por la puerta, con una mano rascándose el ojo izquierdo y mirándose al mismo tiempo la mano herida, que estaba casi curada.

-Mami…- dijo de repente y un sollozo salió desde el fondo de su pequeña garganta. Hermione se colocó la bata de inmediato y llamó a auxiliarlo.

-¿Qué pasó, dulzura?- preguntó alarmada.

El pequeño siguió llorando por un rato, en el que Malfoy terminó de vestirse y también acudió al llamado. EL pequeño lloraba desconsolado y abrazaba a los dos muchachos al mismo tiempo.

-Debió ser una pesadilla- dijo razonablemente la castaña. Malfoy la miró contrariado, pero decidió obviarlo, pues el pequeño empezaba a calmarse.

Ese día, fue otro día normal.

No cabía duda de que de alguna forma prosperaban.

Se acabó lo que se daba, con otra pelea. Aun más fuerte. El día en que Malfoy decidió llevar a sus amigos de Hogwarts al departamento sin el mínimo permiso de Hermione. Habían hecho desastres en el departamento, así que Hermione; mientras Malfoy se hallaba borracho en la sala, con otro compañero junto a él en el mismo estado, empacó sus baúles y los del pequeño y se fue lejos. Sin ganas de volver. Llorando todo el camino. El pequeño estaba dormido, por suerte. Y ella pudo aguantar muy bien los sollozos.

Sus ojos se hincharon días más tarde por tanto llorar. Se hospedó en casa de Harry mientras conseguía un buen departamento lejos de Londres y mientras conseguía un trabajo. Harry se ofreció de nuevo a enviarles dinero mensualmente, pero Hermione fue demasiado orgullosa y no quiso que Harry gastara dinero en una familia que no era de él. Habló con su padre, quien ofreció ir y encarar a Malfoy, pero Hermione no lo quiso así. Quiso que su único vínculo con el rubio fuese el pequeño Liam. Y dejó el teléfono encendido para que Malfoy pudiese llamarlo.

No recibió una llamada sino cuando estaba en el aeropuerto de camino a otro continente. América parecía estar llena de oportunidades. Se iba directo a Canadá, hacía frio, siempre había nieve y no había otros Malfoys. La llamada del rubio mayor consistió en preguntarle a su hijo cómo estaba y decirle que lo extrañaba. Luego, Hermione tomó el teléfono y le dijo las cosas que tiempo atrás se había guardado.

-No creas que esta vez con un 'discúlpame, por favor regresa' enmendarás todo. Malfoy no puedo creer lo egoísta que fuiste. No creo que quieras una familia mientras terminas tu carrera universitaria. Ve, festeja con tus compañeros de Slytherin. Los que trataron mal a tu hijo mientras estabas borracho y los que me insultaron una y otra vez. No te preocupes por nosotros porque estaremos bien, siempre lo estamos sin ti. Tu hijo no te olvidará, no te preocupes que de eso me ocupo yo. Hasta pronto-

Colgó dejando a Malfoy helado desde el otro lado de Londres. No sabía a dónde se iba la mujer de sus sueños y no sabía a dónde se llevaba a su hijo.

Pasó mucho tiempo, para que Hermione y Liam recibieran otra llamada de Malfoy. Un poco más de un año. Hermione ya se había establecido en el frío país al norte de América. Estaba en un curso de francés avanzado para poder desenvolverse mejor en Canadá y había otra sucursal de la escuela de leyes. Se sintió bien por primera vez estando sola. Ya había llorado todo lo que tenía que llorar. Ya tenía un trabajo en un comité de abogados aun sin graduarse por su habilidad y sus buenas calificaciones. El pequeño crecía cada vez más y más. Ya había dejado de preguntar por su padre y Hermione se sentía culpable, pero no haría nada al respecto.

La llamada consistió en lo mismo que la última. Y así las siguientes, hasta que dejó de llamar.

Hermione no se sintió mal cuando dejó de hacerlo. Ya estaba graduada para ese entonces y había comenzado a verse con uno de los abogados del comité que era bien parecido, alto, de espada ancha, con un sentido del humor inigualable y la hacía feliz. Moreno de ojos azules. Tenía facilidad con los niños y no le importaba sentarse a cenar con el pequeño Liam, que ahora era callado y tímido, aunque siempre reía de sus chistes y recibía agradecido sus regalos.


En un parpadeo, ya Liam había cumplido los siete años. Su madre y él vivían en Canadá y el Moreno de ojos azules; Sam Barret. Quien Hermione descubrió se había graduado un año antes que ella se fuese de Hogwarts. Vivían en una casa de dos plantas muy grande. El cuarto de Liam era espacioso y abierto. Tenía un balcón por el que ellos sabían que no se caería. Era un adulto en el cuerpo de un niño de siete años, realmente.

Ya había demostrado sus inestables poderes semanas anteriores cuando había quebrado una copa con su mente, molesto porque uno de sus compañeros de clase lo había hecho enojar. También habían descubierto que su temperamento era igual de volátil al de Malfoy. Pero sabía cómo tratar a su madre y al novio de ella.

Hermione se llevó la sorpresa de su vida al recibir la revista que todas las semanas Ginny le enviaba. 'Corazón de Bruja' esta vez decía muy grande, con letras amarillas: Draco Malfoy se nos casa. Una foto de la pareja adornaba la portada, era la mismísima Pansy Parkinson. Ambos salían vestidos de gala en una ceremonia. Abrió rápidamente la página indicada y observó las fotografías móviles que estaban estampadas en el papel. Malfoy con su sonrisa estúpida, tomado de la mano de la morena en su ceremonia de Compromiso. No sintió nada, más bien se alegró de que hubiese hecho su vida con otra mujer. Le hirvió la sangre que no tuviera tiempo de llamar a su propio hijo. Debía ser que la estúpida Parkinson se lo había prohibido. Pero ahora poco le importaba.

Esa semana, sorpresivamente; Malfoy llamó. SAm por error tomó la llamada.

-¿Hola?- preguntó el moreno.

-¿Quién habla?- preguntó la voz gruesa de Malfoy.

-El que debe preguntar eso soy yo- dijo Sam como si fuera obvio.

-¿Se encuentra Liam?- preguntó el rubio obviando las barbaridades que decía Sam.

-Un momento-

Esperó minutos y luego, escuchó un jadeo. Alguien levantó el teléfono.

-¿Papá, eres tú?- preguntó emocionado.

-¡LIAM! Cuán grande debes estar, ¿Cómo estas, Campeón?-

-Papá- dijo, luego jadeó de nuevo –Disculpa, estaba entrenando. El campeonato de rugby es la semana entrante-

-¿Estás en un equipo de rugby?- preguntó exaltado.

-Papá, me encantaría charlar contigo. Pero estoy en práctica y Mamá está trabajando. ¿Podemos vernos?- preguntó.

-No sé ni dónde vives, pequeño- dijo resignado.

-Canadá, Ottawa, ehmmm… ahh si; Residencias Peace, tercera calle, última casa. Estaré listo a las ocho y le diré a mamá-

-Sabía que eras listo, pero no sabía a qué nivel pequeño. Nos veremos esta noche entonces. Te amo hijo, no lo olvides-

-Nos vemos-

De verdad que Liam era muy listo para su edad. Podía leerse un libro de mil páginas en tres días y su madre se veía reflejada en él, cuando se sentaba en el balcón a comerse un libro en horas. La escuela no era la gran cosa, pero Liam tenía mucho interés en la historia de Vancouver y eso lo motivaba a ir cada día y seguir aprendiendo. Iba porque quería y no porque su madre lo obligara. Tenía serios problemas con Sam, pues sentía nauseas cuando empezaba a besar a su madre frente a él y le tenía algo de rencor. Pues quería tomar el lugar que su padre nunca dejó de ocupar en su vida. ¿Por qué no preguntaba por su padre?, porque sabía que a su madre le hacía mal solo imaginárselo.

La práctica terminó minutos después y Sam lo llevó en su camioneta negra directo a la casa. Él subió de inmediato a su habitación, entró al baño y se metió bajo la regadera con todo y uniforme. Su madre lo ayudaba a limpiarse y curarse los moretones cada vez que llegaba a casa, pero esta vez, el pequeño se bañó rápido y se lavó muy bien el cabello que tenía marrón, lleno de barro. Se lavó los dientes y se colocó lo primero que encontró en el armario. Un pantalón vaquero y una sudadera verde esmeralda.

Su madre, siempre vestida de sacó y falda negros con camisas de vestir de diferentes colores, entró a su habitación y cerró la puerta con llave. Observó a su hijo sentado en la cama, mirándola con cierto nerviosismo.

-¿Qué ocurre?, Cariño sabes que cuentas conmigo para lo que sea- dijo ella, sentándose a su lado le acarició el cabello.

-Invité a papá a cenar- dijo como si nada. La castaña, ya de veinticuatro años, se levanto al instante sorprendida y se llevó las manos a la boca.

-¿Cómo?, ¿Cómo sabes en dónde estamos siquiera?... Liam, ¿Qué has hecho?- preguntó con un tono de voz moderado.

-Llamó mientras estaba en la práctica, le dije que tenía que verlo y le di la dirección. ¿Qué tan difícil puede ser mamá? ¿Dudas de mis capacidades?- preguntó, sus ojos se humedecieron en el acto.

-No, hijo. No es eso. Es que no pensé que tu padre llamaría- dijo ella. Abrazando al rubiecito por la pancita.

-Quiero que vengan ambos- dijo el pequeño. –Quiero que vayamos solo los tres a cenar-

-No sé si eso podrá ser, Liam. Tengo que hablar con Sam- dijo ella.

-Sam no te gobierna. Tú haces lo que quieras mamá- dijo Liam, mirándola con ojos de perrito regañado.

-No Liam, no es así- dijo ella.

-Sí lo es mamá. Por más que sea, Sam Barret no es tu jefe ni tu esposo, puedes hacer lo que tú quieras- dijo exasperándose.

-Tienes razón, Liam. Iré a darme un baño- dijo la castaña.

Cuando estuvo lista, se colocó una falda parecida a la del trabajo con una camisa de vestir blanca debajo, parecía un vestido. Con tacos altos color rojo oscuro y se dejó la melena castaña suelta pero arreglada. El maquillaje fue poco, pero resaltó sus labios con un color rosa intenso que llegaba a carmesí. Color cereza a decir verdad; algo difícil de explicar. Llamó a su hijo y le cambió la ropa por algo más formal, pero el pequeño no se dejó peinar.

Minutos después de que estuviesen listos, Sam bajó algo despeinado y en pijamas.

-¿A dónde van?- preguntó. En ese momento sonó el timbre y Liam se apresuró a abrir la puerta. Su padre, un poco mas varonil y alto, con el cabello del mismo corto que siempre, los ojos mercurio puestos sobre el pequeño que era su copia.

Lo abrazó y lo levantó del suelo.

-Liam, tanto tiempo, hijo. ¿Cómo estás?, ¿Cómo estuvo la práctica?- fue lo primero que preguntó el rubio Malfoy. Observó al moreno en pijamas que le causó gracia y luego a la arreglada Hermione, vuelta una mujer hecha y derecha.

-¡Hermione!- dijo Sam exasperado -¿Qué hace éste aquí?- preguntó exasperado.

-Vine a ver a mi hijo, no hay nada que me lo impida, Barret- dijo el rubio mayor después de reconocerlo.

-No quiero peleas. Nos vemos más tarde, Sam- dijo Hermione encaminándose a la puerta.

-Si sales de ésta puerta, procura no volver- dijo Sam enojado en el living.

-Entonces mañana pasaré a recoger mis cosas, nos vemos- dijo Hermione haciendo caso a lo que su hijo le había dicho.

Subieron al auto y Malfoy le hizo espacio a Hermione en el puesto de copiloto, en el que siempre se había sentado. Los había recogido en el mismo deportivo con el que ella había vivido feliz mientras no tuviera el suyo, que aun usaba de vez en cuando.

-Ehmm… ¿A dónde vamos?- preguntó Liam.

-Vamos a un lugar especial, donde ni Sam ni Pansy se encuentren, ¿sí?- preguntó el rubio mayor. Hermione asintió nerviosa. Volvía a sentirse como colegiala. Amaba esa sensación, amaba a sus Malfoys.


Reviewwsss! Nos leemos.

Besos,

VMCH