Mi Internet y la Electricidad están locos, y solo hasta el momento puedo publicar. Lamento la tardanza y no poder responder sus reviews, pero esta intermitencia me tiene corriendo con esta publicación. Les prometo tratar de contestar mañana con otro capitulo un abrazo. Enjoy.

En el interior de la posada su incertidumbre iba de mal en peor, estaba ansiosa por saber si Harry conseguía salvar o no a Rolf. Pero también estaba ese otro sentimiento que la contrariaba, quería ver a Harry y al mismo tiempo quería esconderse de él para siempre. ¿Cómo había sido tan estúpida? ¿En qué demonios había estado pensando? Bueno, era tarde para arrepentimientos, lo había besado y muy en su interior, le habría encantado profundizar ese beso hasta lograr que Harry se lo correspondiera. ¡Dios! El hombre incluso olía mejor a esa distancia. «¡Ya Ginny contrólate!»

—Sí, eso no es de vital importancia. —Se respondió a sí misma, mientras jugaba con una de las borlas que colgaban de la cortina.

No tenía un reloj cerca pero a juzgar por el aburrimiento, debía llevar alrededor de dos horas en ese maldito antro. Se había sentado, parado, acostado y vuelto a sentar, y aun seguía sin noticias de Harry. ¿La habría olvidado? Tal vez la había abandonado y todo por haberlo besado. ¡Ella era tan impulsiva! Pero había querido agradecerle, en realidad ni siquiera iba con destino a sus labios. Pero en algún momento entre su acercamiento y el momento del impacto, el objetivo cambió y ya no hubo vuelta atrás.

—¡Estúpida!

—¿Señorita? —Unos golpecitos en la puerta la hicieron brincar en su lugar, aunque reconoció la voz al instante. Prácticamente se trepó de la puerta y la abrió de par en par para, para recibir a Theo . —Estamos listos para partir— Y con el mismo rostro inexpresivo de antes, le ofreció su brazo. Ginny bufó en su lugar y se negó a tomarlo.— ¿No viene? —Inquirió él, confundido por su rechazo.

—No. —respondió escuetamente.

—¿Por qué? —Ginny aflojó el semblante y lo miró con su mejor rostro de arrepentimiento.

—Porque primero quiero disculparme contigo… no debí hacer lo que hice… y sé que estuvo mal. —Se detuvo para inflar los pulmones y cargarse de valor para terminar. Las disculpas siempre le costaban su buena dosis de humillación, pero estando tan acostumbrada a meter la pata, ya hasta casi se le hacían naturales.

—Espero que encuentres en tu corazón, la bondad suficiente como para perdonar a una tonta que no sabe diferenciar, una yegua de un perro… —Theodore claramente quiso resistir la tentación de reír, pero su patético acto terminó por ganar la batalla y le sonrió.

—Creo que es imposible molestarse con usted. —Ginny tomó su brazo entonces y descendieron las escaleras burlándose de ella y su mala educación. A Theo parecía causarle gracia la forma que tenía para expresarse, alegando que muchas veces no la comprendía cuando hablaba rápido.

—Procuraré ser más recatada. —Prometió alzando la nariz como una dama de sociedad y él volvió a reír musicalmente. Le importaba poco que Theo fuese un mozo, para ella era el muchacho más servicial y amigable de toda la finca.

Al salir fuera se encontró con toda una comitiva de hombres a caballo «¡Rayos! ¿Todos esos por mí?» Bueno claro que no habían ido todos por ella, pero no podía negar que se sentía halagada, al menos si fueron con la idea de llevarla de regreso. Y seguramente Harry acostumbraba a salir con un buen número de hombres, aun así no se sorprendió menos. A muchos de los jinetes no los reconoció pero sí a alguno de los caballos y en cuanto sus ojos se toparon con una cabellera rubia, Ginny casi brinca de euforia. Sin dudarlo un segundo corrió en su dirección y lo envolvió en un abrazo, ella se encariñaba rápido con la gente. Y si la persona en cuestión había estado a punto de pasar a mejor vida, incluso más.

—¡Rolf! —Él la recibió sin problemas y soltó una gran carcajada.

—¡Ah mademoiselle despacio que soy frágil! —Ginny lo soltó y no pudo evitar que el rubor se le subiera a las mejillas, pobre hombre estaba todo magullado y ella lo apretaba sin reparos.

—Lo siento.

—Pierda cuidado Petite fleur[1]…un abrazo suyo es mejor que mil antidote… —Ginny arqueó una ceja perdida en sus palabras, si ella hablaba difícil Rolf hablaba en acertijos.

—¿Qué es antidote? —A ella se le ocurrió que podría ser alguien que no le gustaran las dotes, pero ¿A qué hombre no le gustaría una mujer dotada?

—Cura ¿Petite no habla usted francés? —Ella sacudió la cabeza en una negación.— Oh pues siempre hay tiempo para aprender —Sonrió pero al segundo pareció olvidarse de su alegre charla, porque de un instante a otro su rostro se turbó.

—¿Qué ocurre? —preguntó ella volviéndose sobre su hombro. Y entonces lo vio, montado en su enorme caballo negro Harry los observaba a ambos con un gesto de superioridad.

Ginny pensó alguna forma para agradecerle que hubiese salvado a Rolf, pero terminó por convencerse que el hombre ya había tenido demasiados agradecimientos por ese día.

—¡Partimos! —Exclamó él a toda su hueste, Theo rápidamente le alcanzó a Sugar y la ayudó a montar.

—¡Milord! —Todos se volvieron para escuchar al recién llegado, alguien que ella no conocía. Era un hombre de unos cuarenta años, alto y corpulento, de rostro firme y ojos calculadores. —Me temo que no tenemos un caballo para Sir Rodolphus. —Harry observó en su dirección en un parpadeo y luego terminó por responderle al hombre con un ligero encogimiento de hombros.

—Estoy seguro que a Rodolphus no le molestará caminar. —Entonces fue cuando ella noto de lo que hablaban, Rodolphus era Rolf. ¿Querían mandarlo a pie? ¿Eran tan rastreros, como para mandar a alguien herido en un camino de tres horas sin caballo?

—¡Pero está herido! —Protestó Ginny ganándose varias miradas extrañadas, al parecer no tenía permitido hablar pero eso no le importó mucho.

—Más razón para que comience ahora. —Respondió Harry logrando que sus hombres rieran a carcajadas. Ginny lo fulminó con la mirada y luego observó a Rolf allí de pie junto a ella, sin decir ni una palabra. Seguramente él sí sabía cuál era su lugar y no pensaba reclamar por esa injusticia. Pero Rolf ya estaba metida hasta el cuello, qué más daba si se ganaba otra enemistad con Harry, no es como si fuesen los mejores amigos.

—¡Eso es injusto! —En esa ocasión la mirada de Harry fue de advertencia, claramente no quería que lo cuestionara frente a sus hombres. Y Ginny lo pensó mejor, no estaba bien y eso le costaría caro, por lo que buscó una vuelta que dejara a todos contentos.— Rolf puede montar conmigo.

—No.

—¿Por qué no? —exclamó extrañada de que Harry comenzara a comportarse como un niño caprichoso.

—Porque Sugar es un caballo de carrera, no puede cargar tanto peso… —Ginny maldijo entre dientes, no podía echar a perder un caballo que muy probablemente costara más que su vida. Se devanó los sesos pensando y finalmente dio con una solución, no muy cómoda pero al menos pensaba enseñarle una lección a todos esos que se hacían llamar "caballeros".

—Ten. —dijo y descendió del caballo, entregándole las correas a Rolf.

—¿Qué? ¡No, no, no! Yo no podría… —Él intento resistirse pero ella no se lo permitió.

—Anda. —Puso las riendas en sus manos.— No puedes caminar.

—¿Y usted?

—Yo estoy en forma y si no llego, bueno… fue un placer. —Ginny soltó una risilla pero al parecer nadie compartía su humor.

—Muy masculino Rodolphus. —murmuró alguno de los hombres y tanto Rolf como Harry le observaron con sorna.

—Ah petite… no puedo.

—¡Pero te lo estoy pidiendo! —replicó Ginny, justo en ese momento a Rolf le saltaba la caballerosidad

—Bien, suficiente de este absurdo. —El lord aparentemente despertó de su letargo, Ginny lo miró y tragó saliva con dificultad.— Deme la mano —Ella arqueó una ceja observando fijamente la mano enguantada que le tendía.— ¡Vamos! —El grito la tomo desprevenida, pero se obligó a ponerse en movimiento, al segundo que tocó la palma de Harry él la jalo hacia arriba. En un instante se vio sobre su caballo negro y ¡Dios! Que estaba alto.— Rolf ese caballo cuesta más que tu vida. —Musitó a modo de advertencia y luego espoleó su semental haciendo que el animal soltara un rebuzne molesto.

—Oui Monsieur… —La respuesta de Rolf casi se pierde en el viento, el caballo de Harry avanzaba tan rápido que en un minuto estuvieron encabezando la hueste.

Llevaban alrededor de media hora de viaje y Ginny comenzó a sentir las primeras incomodidades con respecto a venir sentada en un caballote. Porque ya venía con otras incomodidades que mejor ni hablar. Bueno ¡Qué va! Para que negar que tener a Harry pegado a su espalda representaba una gran, gran incomodidad. No en el mal sentido, sino que ella y su pervertida mente no querían dejar de darle lata. ¿Es que podrían culparla? Harry tenía un pecho firme y musculoso, el vientre marcado y los brazos fuertes. ¿Cómo no visualizarse a si misma enredada con ese cuerpo de macho? Las cosas que le haría, muchas hasta podrían tacharse de ilegales.

¡Por Dios! El viaje se estaba volviendo una tortura para ella, que cada vez que inhalaba se veía atrapada por ese aroma tan a Harry. Y en su interior ya comenzaba a planear las mejores formas de secuestrarlo por una hora y abusar de él. Eso que solo lo había besado una vez y más teniendo en cuenta que él no la podía ni ver, pero nada lograba aplacar el deseo. Le gustaba y mucho, y el hecho de que Harry fuese completamente ignorante de eso, lo hacía más interesante, más prohibido y alocado. Pero Ginny tenía que obligarse a encontrar su sensatez, Harry no era siquiera una posibilidad. El tipo estaba para el crimen, pero aun así tenia tantos problemas internos que lo hacia el hombre menos fiable del mundo. Demasiado impredecible, frio y en muchos casos inhumano, pero luego también tenía esos arranques de caballerosidad. En donde recorría medio Inglaterra para rescatarla e incluso salvaba a un ladrón de la horca para complacerla.

Sí, Harry era complicado y era mucho mejor no incursionar por esos lados, pero una parte de su cerebro la instaba a completar aquel misterio que representaba ese hombre. Sabía que había mucho más de él de lo que mostraba al mundo y muy seguramente perdería todo su año sin descubrirlo.

—Gracias por salvar a Rolf. —murmuró en un momento para cortar el silencio. Él no respondió por lo que Ginny se volvió sobre su hombro para mirarlo— ¿Cómo lo hiciste?

—Confórmate sabiendo que está hecho. —Ella frunció el ceño no muy conforme, Harry ya estaba en cabezotas. ¡Como si en algún momento dejara de estarlo! Pero bien, no podía quejarse él aun podía echarla de una patada y con justa razón.

—¡Mon ange! —Ginny escuchó la voz de Rolf y se giró para obsequiarle una sonrisa, él venía a trote tranquilo con Sugar.

—Ne pensez même pas Rolf. —respondió Harry, sin que ella se enterara de nada. Comenzó a fastidiarse por no haber prestado atención en la escuela, le habría sido de mucha utilidad saber de que hablaban.

—Ah Harry, no tenía idea de que estaba tomando votre trésor…—Rolf le envió una sonrisa torcida a Harry y este le respondió con un chasquido de lengua.

—Cabalga atrás. —Ordenó él con tono rígido.

—Comme vous voulez Monsieur. —La respuesta de Rolf más que formal, fue como un insulto en francés.

—¿Qué le dijiste? —instó Ginny una vez que el otro se hubo ido.

—Le estoy enseñando a respetar su nueva posición. —Algo que parecía ser gracioso para él porque sonrió con suficiencia

A ella no le gusto mucho lo que auguraba ese gesto y menos lo que podría llegar a esconder sus palabras, aun así hizo la pregunta.

—¿Nueva posición?—Harry asintió y con una mano la pegó más a su cuerpo, Ginny tuvo que ahogar un gemido.

—La única forma de salvarlo era… comprándolo. —La mirada de Harry centelló con diversión.— Sir Rolf de ahora en más me pertenece.

—¡Eso es terrible! —exclamó ella sin poder creer la malicia de ese hombre, estaba festejando que había esclavizado a una persona.

—Apuesto a que si es terrible. —Convino con los ojos puestos en el camino— Pero no para mí.

Al llegar a la casa o château, como lo llamaba Rolf. Ginny se ocupo de las cosas más elementales. Bañarse, cambiarse y deshacerse en disculpas, con cada uno de los habitantes. Al parecer todos le guardaban un poco de rencor por lo que había hecho. Pomona la llamó irresponsable y luego la abrazó con cariño. Padma le dio una lección rápida de lo que una Señorita haría en tal y cual situación, y le imploró ser un poco más precavida. Luego de eso también se había ganado su perdón, con el resto había tenido que usar sus encantos infantiles y hasta se ganó unas tartaletas por parte de la cocinera. Debía admitir que ese era el mejor lugar para ella, muchos ya la querían incluso con el poco tiempo que llevaban tratándola. Era un poco contradictorio que solo el jefe de la casa la quisiera lejos, pero bueno no se puede siempre agradar al mundo entero.

Bajó las escaleras brincando de dos en dos, Padma le había puesto un vestido lavanda que según la doncella, combinaba con sus ojos. Ella no se inmuto frente a esa comparación, aunque Ginny no vio ningún parecido entre los colores. Iba de camino al estudio de Harry, nunca antes había entrado allí y le daba un poco de coraje, pero él la había llamado para "hablar". Probablemente él le cortaría la lengua y se las daría a los perros, antes de oírla hablar voluntariamente, pero tenía que mantener una imagen para sus empleados. Al llegar a la puerta estuvo a punto de golpear, cuando escuchó voces en el interior.

—¿Tienes más dudas? —Preguntó Harry con su clásico tono exasperado.

—Oui ¿Dónde está la soga para que me cuelgue ahora mismo? —El lord soltó una risa entre dientes, ella podía distinguirlo, pues sabía que la otra persona tenía una risa más estridente.

—¿Acaso no estás de acuerdo con mi trato Rolf?

—¡Con un demonio Harry! ¿Qué ha sido de ti?

—Lo pregunta el ladrón que iba a morir en la horca. —Repuso el otro con sorna, haciendo que la réplica de Rolf fuese una maldición en francés.

—No, lo pregunta tu amigo. —Tras esas palabras se produjo un silencio que se mantuvo por largo rato.

—Tú dejaste de ser mi amigo hace muchos años.

—¿Por qué? ¿Por ella? ¿Aun piensas esas idioteces?—Harry no respondió. —Sabes que te dije la verdad, eras el único en quien en verdad confiaba.

—Tu verdad y la mía, nunca fue la misma Rolf. —La voz del marqués en todo momento se mantuvo inexpresiva, pero en Rolf se podía palpar la frustración y el desagrado. —Y dado que pertenece al pasado, me gustaría olvidarlo.

—Merde ¿Cómo puedes ser tan cínico? Sé que aun tienes deseos de venganza, pero sabe una cosa mon ami…—Otro silencio, Ginny sentía ganas de atravesar la puerta con la mirada para poder dar cuenta clara de lo que ocurría.— Yo fui el único que se atrevió a decirte la verdad…deberías considerar eso. —Ella sintió la voz de Rolf más cercana y los pasos que se dirigían en su dirección, rápidamente Ginny se escabulló hasta meterse detrás de una gran planta.

El Sir salió del estudio con el rostro contraído en una mueca de amargura, mientras que en el interior el Marqués jugaba con su abrecartas preguntándose ¿Por qué diantres lo había salvado? Sabiendo que el pasado siempre se mantenía mejor callado…muerto.