Si eres uno de los amabes lectores que escuchan mis recomendaciones musicales para éste fic te invito a iniciar la lectura de este cap escuchando a Old Sea Brigade con "Did you think it was right?" seguido de "Tidal waves". No soy de la idea de repetir la canción una vez escuchada, prefiero que se derrita la música entre las palabras. Pero pueden hacer como les parezca mejor. Saludos!


TODAVÍA ME DUELES

Capitulo 11

"Nuestro Contexto"

La vida es una cosa curiosa, mas bien inconstante pensaba Sora mientras caminaba riendo de la mano de Yamato lejos de los reflectores y los flashes de aquella reunión a la que habían asistido sin haberlo hecho en realidad. Pisaban ligeros el asfalto húmedo de la ciudad y ella, mientras lo hacía, se daba cuenta que la vida depende en gran manera del contexto... Y la forma en que las historias son contadas.

Había sido gracioso ver de reojo mientras huían de la fiesta como los periodistas resbalaban y caían unos sobre otros tratando de darles alcance, y luego como, al empezar a llover, regresaban en tropel por donde habían venido como gatos asustados por la lluvia.

No habían podido evitar correr, no habían podido evitar reír, alejándose a pasos entrecortados de aquel sitio, internándose en la ciudad, como si esta fuera un bosque obscuro de altos edificios y estrechos recovecos. Habían avanzado sin rumbo presas de la emoción del momento. Acelerados por el ritmo vertiginoso al que latían sus corazones, pero en medio de toda esa locura, de toda la espontaneidad, Sora no podía evitar pensar.

Reía con los ojos brillantes, miraba también los ojos de Yamato quien, por cierto, volteaba a verla a cada tres segundos para comprobar que seguía a su lado como si pudiera escapársele en cualquier momento. Esto a pesar de que no habría podido hacerlo aún si quisiera -que no quería-, sin que él lo notara, por que iba bien sujeta a su mano. Era como si ninguno de los dos creyera del todo que de súbito estaban viviendo ése momento juntos. Y la firmeza de ése agarre era lo único que se los confirmaba.

Increíble, eso era.

Como si los años no hubieran pasado y fueran los mismos de ayer. Jóvenes algo ingenuos, llenos de sueños y esperanzas. Siempre sonriendo, como embriagados de la dicha mutua.

Pero no lo eran.

Y por eso, mientras reían, Sora también pensaba.

¿Esto está bien? se preguntaba. Se siente bien, pero al mismo tiempo no.

Y todo por culpa del contexto. Del ineludible e inexorable contexto que compartían. De su historia.

Lo sabían. No eran los mismos. Ni podían serlo.

Porque ya habían vivido. Porque ambos estaban heridos. Y esas heridas, que se habían infligido mutuamente, aún no se habían perdonado.

Y Sora reía, sí, pero con un vacío en el pecho. Veía a Matt, sujetaba su mano, pero lo sentía lejano. Como si fuera un sueño.

¿Eres realmente tú quien sujeta mi mano, o es una de las muchas ilusiones que me he hecho antes y que, como siempre, desaparecerá con un parpadeo o con la alarma del reloj? Matt, ¿Puedo aún llamarte así? ¿lo tengo permitido..? Y se sintió cansada. Muy cansada de repente. Y aminoró el paso. Y él lo hizo también.

Y apenas la velocidad de sus pasos menguó, sus mentes se relajaron, como volviendo a la normalidad. El mundo a su alrededor se volvió más solido y real. Y prestaron atención a donde se encontraban. Un lugar que ninguno de los dos sabía identificar. Una especie de parque. Con antiguas farolas encendidas y el sonido de una fuente murmurando en algún sitio invisible. Las carcajadas habían quedado atrás, dejando como sombra solo las sonrisas. Hasta que sencillamente se encontraron de pie, recuperando el aliento de manera gradual... Luciendo como cualquier pareja común en un día igualmente común.

Engañando al mundo. Y sintiéndose bien en aquel engaño, aunque también un poco culpables.

Era el contexto. Ése maldito contexto era el que no les permitía sentirse felices del todo.

Miraron no lejos una banca, y como si se leyeran la mente el uno al otro, sin decir nada, se dirigieron hacía ella y se sentaron.

Húmedos, fríos.

Y así, al sentarse, como sin con ello reconocieran la realidad en la que vivían, se soltaron casualmente las manos. Sora las puso sobre su regazo y Yamato se las metió en los bolsillos, como si tuviera frío. Pero no tenía.

Tenía certeza, eso sí, de que su suerte se extinguía.

Respiró hondo, y luego exhaló. El vaho salió de sus labios como humo, para desaparecer pronto. Lo había olvidado. Estaba intentando dejar de fumar.

Ambos miraban hacía el frente.

Ambos pensaban en lo mismo.

¿Será posible, sólo por casualidad, que todavía me quiera?

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Un año después de que los Knife of day firmaran su primer contrato con Gaia Records, luego de meses que mezclaron mil acontecimientos alucinantes -grabaciones en estudios oficiales, promoción y proyectos de estilo y contenido, el lanzamiento de su disco, un par de videos musicales y cientos de presentaciones comerciales-, Yamato por fin escupió las palabras que él tanto había anhelado, y Sora tanto había temido.

-Nos vamos de gira -le informó con una sonrisa sentándose a su lado en el mullido sillón que Sora solía ocupar en la vieja cafetería de antigüedades que le gustaba visitar después de clases para estudiar, aquella en la que Yamato sabía que siempre podía encontrarla por las tardes entre semana.

-¿De gira? -preguntó sorprendida, dejando débilmente el bolígrafo sobre las notas de repaso que había estado haciendo para prestarle atención completa- ¿A dónde?

-¡Todo Japón! -exclamó el rubio abriendo las palmas de las manos con una sonrisa como para acentuar la totalidad del país, aunque más bien parecía imitar la forma de un globo terráqueo.

Sora se quedó sin habla por un momento. Él se había girado para pedir un americano a la mesera que pasaba por allí, lo que le dio tiempo para reaccionar apropiadamente. Y cuando volvió a fijar su rostro en ella, habló como sabía que su novio esperaba de ella.

-¿Cómo que todo Japón? -dijo por fin, maravillada, sin quitarle los ojos de encima, como si de solo verlo con atención pudiera recibir todas las respuestas.

-Bueno -se explicó-, al menos las capitales. Apenas se lanzaron las fechas, pero nos vamos en un mes. ¿No es alucinante? ¡Nuestra primera gira! Lo chicos están enloquecidos de felicidad. Vamos a estar ensayando como esclavos estas semanas, pero creo que va a valer la pena…

-Wou, eso es... increíble -y bajó la vista para que no leyera en sus ojos lo que sentía… Si. Estaba feliz por él. Pero Sora veía lo que aquellos compromisos implicaban. Un mes de ensayos antes de la gira significaban también semanas sin apenas verse, y la gira misma implicaba hasta meses de ausencia.

Yamato no ocupaba que se lo dijera, lo adivinaba. Por que ésa la única razón por la que su alegría no estaba completa. Así que, contemplando las pestañas que enmarcaban los parpados inferiores de Sora al evadir su mirada, tomó su mano -que había estado descansando sobre los apuntes en la mesa-, y le soltó:

-Ven conmigo -y la apretó suavemente en la suya.

Ella levantó la vista perpleja. Sostuvo su mirada por un momento y, al hacerlo, entendió que lo decía en serio.

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Mimi estaba helada a pesar de que sobre el escotado vestido dorado que llevaba Koushiro le había puesto su saco. La rosada cabellera, todavía mojada de medios a puntas, dejaba escurrir constantes gotas sobre el, sin que ella hiciera nada para evitarlo. Estaba sentada en una muy bien decorada sala lounge que se encontraba frente al ingreso a los baños, donde su amigo de la infancia le había pedido que le esperaba mientras él le conseguía algo de ropa seca y un auto que la llevara a su hotel. Ya casi no había gente. La fiesta se había disuelto y solo de vez en cuando algún que otro ebrio rezagado entraba al baño antes de abandonar el lujoso salón de eventos tambaleándose peligrosamente. Mimi no veía ni escuchaba nada. Se sentía como una muñeca rota, sin pilas, desaliñada.

Lo último que recordaba era haber visto a su Matty rodeado de destellos, flashes de cámaras y gente que se agolpaba al ingreso. Por un segundo pensó que la había visto entre la gente con la facilidad con la que ella lo había identificado, pero pronto se había hecho patente que no era así. De lejos miró como le daba la espalda a todos y regresaba por donde había venido, desapareciendo en un suspiro. Y no se había ido sólo. Eso era lo que decían algunos de los reporteros que lo habían captado de cerca, desatando un revuelo descomunal, ¿Quién era la chica misteriosa? Nadie lo sabía. Pero a Mimi no le importaban las especulaciones. Ya se lo imaginaba. Todas las miradas se habían vuelto inmediatamente hacía ella cuando se confirmó que Yamato había escapado de la prensa. Pero ella se había quedado inmóvil, sin siquiera parpadear. Le hicieron preguntas que no supo contestar, e incluso creyó que no había oxigeno a su alrededor por que no recordaba cómo respirar. No tenía idea qué habría sido de ella si el bueno de Kou no hubiera estado allí para ayudarla, sacarla de entre la multitud y ahuyentar a los reporteros...

Ahora, allí, sentada en soledad, descalza, despeinada y con el maquillaje corrido, se sentía un poco más consiente de su lamentable situación. Una sola lágrima se le detenía entre las pestañas inferiores, negándose a deslizarse a lo largo de su mejilla, como prueba de que en el pecho de su dueña quedaba aún un resto de entereza. Trémulo, eso sí, y propenso a la extinción.

De pronto algo golpeó el diván en el que estaba sentada. Era un borracho al que su amigo intentaba sentar, a fin de entrar un momento al baño.

-Quédate, aquí, con cuidado, con cuidado… -le decía Davis a Tai, intentando que éste no resbalara del asiento en que trataba de sentarlo. Pero resbaló y terminó dando con todo su peso sobre el suelo, haciendo que Mimi se girara a verlos. Davis quiso levantarlo de en medio de los dos divanes, pero como no se dejaba, hizo un gesto de disculpa con la cabeza sin siquiera reconocerla antes de entrar al baño corriendo mientras decía- Lo siento, lo siento. Lo levantaré en seguida, apenas vuelva, es solo… es solo que tengo una urgencia muuy urgente. Usted no se fije en él, no molestará.

A Mimi lo primero que le saltó fue el uso de la formalidad "usted". Y le chocó tanto que si no hubiera estado tan decaída definitivamente lo hubiera seguido para reclamarle.

-¿Qué? ¿ahora soy una vieja? – murmuró para sí misma cruzando los brazos y dando un pisotón al suelo a modo de protesta, con todo y puchero.

-¡Ahh-auch! -se quejó Taichi desde el piso, sacudiendo la mano que le había pisado sin querer.

-Ay, perdón -dijo llevándose las palmas a la boca ligeramente sobresaltada-. Por un momento olvidé que estabas allí… Menos mal que estaba descalza, si hubiera traído puestos mis tacos altos seguro que te atravesaba la mano y hubiera sido mucho peor... Oh, espera… -y agachándose a su lado, inmediatamente lo reconoció-... chico-despeinado, ¿eres tú?

Sus largos mechones de castaño cabello lo delataban, pero de igual manera le cubrían parcialmente el rostro. Tai, que había reaccionado al dolor como lo haría ante un reflejo, yacía más dormido que despierto en suelo, mientras un delgado hilo de saliva le escurría por la comisura de la boca. Mimi retiró uno de los espesos mechones de cabello con cuidado a fin de verle la cara.

Su expresión inconsciente no le decía nada, pero ella quería recordarla. Había algo en él que le intrigaba. Como si intuyera que era una pieza importante en el rompecabezas que sabía debía armar. Aquel chico la había rescatado de la psicópata Kodlove02 dos veces en una noche. Primero de su malintencionada copa de vino y luego de que sus afiladas uñas le rompieran el vestido en la alocada pelea dentro de la fuente. Prestando atención se podían ver enrojecidas líneas en su piel morena, quizás eran rasguños ocasionados por su frenética contendiente. No podía evitar preguntarse por qué había intervenido cuándo todos los demás que estuvieron presentes en la escena se quedaron mirando fascinados el escandalo, y si alguien más se había peleado había sido por tener un mejor ángulo de visión.

Pero él no parecía recordar haberla visto con Yamato. No parecía recordar haberla visto en la vida, de hecho... Pero eso no importaba. Ella quería saber quien era él y de inmediato puso manos a la obra. Literalmente.

Palpó con cuidado los bolsillos de su pantalón hasta que sintió el bulto de su cartera. Introdujo la mano con cuidado y la sacó con las puntas de los dedos. Nunca había visto nada parecido. Acostumbrada a que sus novios usaran marcas de diseñador, aquella cartera sintética con ilustraciones de superhéroes le parecía de lo más extraña. La abrió sin prisa y encontró lo que buscaba. Su identificación, bien visible, decía su nombre y dirección a lado de una foto sorprendentemente buena de aquel chico que solo había visto en estado de ebriedad. En la foto lucía bastante diferente. Tan confiado y sonriente que más de alguna podría haberlo considerado guapo.

Pero Mimi no tuvo ocasión de hacer mayor investigación por que con el rabillo del ojo pudo notar que su amigo, el otro despeinado, salía del baño. Se apresuró a robar una de las tarjetas de presentación que estaban a mano, y metió la cartera en su lugar tan rápido como pudo.

Para cuando Davis se acercó a levantar a su excapitán de equipo, ella ya estaba sentada en su lugar como si nada hubiera pasado.

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Sora y Yamato estaban acurrucados en el viejo sofá de piel marrón que estaba en la azotea del edificio de ella. Allí, donde solían reunirse con amigos, haciendo memorables conciertos privados y pasando las mejores horas, creando nuevas melodías e inventando los más absurdos chistes locales, además de ser el lugar perfecto para consumir cantidades ingentes de comida basura. Había muchas memorias buenas para elegir. Aunque, de todas, las mejores las habían pasado ellos dos solos.

Aquel día, por ejemplo, Sora estaba recostada en el viejo sofá, recargando la cabeza en el pecho de Matt quien, sentado cómodamente, la cubría con su chaqueta mientras le rodeaba los hombros con un brazo y descansaba el otro en el apoyabrazos -en aquellos bellos tiempos en los que se podían pasar las horas sin un teléfono móvil en la mano.

-¿Pensaste en lo que te dije? -le preguntó el rubio mientras acariciaba la puntas de su cabellos rojizos con los dedos.

Sora no respondió de inmediato. Respiró profundamente y exhaló con suavidad.

Matt lo entendía.

No había necesidad de largas explicaciones entre ellos. Así de bien se conocían. Matt sabía que su respuesta era un no. Pero la formalidad de preguntar sólo terminaba de aclarar lo que ya les era obvio.

Ella no iría con él a su gira internacional, como tampoco había ido a su primera gira nacional hacía ya un tiempo, cuando se lo había pedido.

Sora hundió el rostro en el hueco del cuello de Matt y respiró profundo.

-Voy a extrañar éste aroma -dijo simplemente.

Y no dijeron más.

Era un hecho.

Yamato inclinó la cabeza un poco hasta rozar la frente de ella con los labios. Y Sora cerró los ojos para sentir mejor su tacto, y se apretó ligeramente a él.

Ambos lo sabían. Y a ambos les dolía.

Sora extrañaría aquellas manos grandes que tomaban confiadamente las suyas con calidez. Escucharlo cantar en sus conciertos mientras la miraba a los ojos. La seguridad de aquella espalda ancha cuando la abrazaba y aquella mente aguda que ocultaba una persona bondadosa y considerada tras aquel rostro aparentemente frío. Amaba conocer a aquel Matt que el mundo no veía. Aquel dispuesto a mostrar bondad sin ser visto. A ser tímido sin parecerlo.

Lo extrañaría. Tanto como si extrañara a una parte de sí misma.

Aquella separación, sabía, sería muy diferente a las anteriores. No estaría en una ciudad lejana, con acentos distintos, estaría en países lejanos, con idiomas y horarios completamente diferentes. Era por eso que, se daba cuenta, sería tan duro.

Pero no podía ir con él. Simplemente no podía. Porque ella también tenía sueños que cumplir. Y por más que lo amara se sentía incapaz de renunciar a todo por él. Ser una novia de apoyo, mientras él realizaba sus logros. Sencillamente no era lo suyo. Eso de vivir a la sombra de su novio, siempre velando por sus intereses haciendo de su vida la suya era para mujeres más abnegadas y sumisas. Algo que ella no podía ser. No. No lo veía posible.

Pero aunque su decisión era firme, no por ello era fácil. A veces incluso sentía un poco de culpa. Tal como también había sentido culpa por llorar una semana entera cuando Yamato dejó la escuela. Recordaba haberlo evitado por once días exactos hasta que sus ojos retomaron su forma natural. Se sintió tan tonta por ello, pero jamás habría reunido el valor para decirle lo mal que se sentía al darse cuenta que no acabarían la escuela juntos, que no irían juntos a la graduación, ni lo vería usar esmoquin al recogerla para ir al baile, que tampoco lanzarían los birretes al cielo uno al lado el otro y que tampoco vivirían al mismo tiempo la experiencia de entrar a la universidad, con toda la emoción y los temores. Era tan raro, aún ahora pensar en ello.

Todo eso era para él irrelevante, tenía la mente puesta en otros proyectos, en otros lugares... Y a ella no podía dejar de importarle. Pero no lo decía.

Y no es que no hubiese acariciado la idea de ir con él. Pero mientras más lo pensaba, menos factible le parecía. Ya lo veía. Si renunciaba a todo por él, terminaría marchitándose de tristeza. Le amaría a él, sí. Pero odiaría su vida, sintiéndola vacía. Sin objetivos ni retos, sin avanzar a ningún sitio, siempre tras él. Se odiaría a sí misma por haberse puesto en aquella situación y finalmente le odiaría a él por haberla incitado. No. Eso no podía permitírselo. El panorama se veía demasiado sombrío y prefería seguir donde estaba para avanzar a su propio ritmo. Lo mejor sería esperar. Sí. Le esperaría.

Se graduaría, trabajaría duro para entrar a la universidad, estudiaría moda, trabajaría más duro aún para conseguir su título y se esforzaría al máximo por cumplir ella también sus sueños. Él iría a verla seguido y tarde que temprano encontrarían la manera de unir sus sueños y estar juntos. Se daba cuenta de que era un camino muuy largo, pero también entendía que ésa sería la única manera de darse valía, de ser realmente feliz.

Y ¿que extrañaría él de ella? ¿Cuáles eran sus pensamientos? Allí, teniéndola acurrucada en su pecho, con la nariz hundida en sus cabellos sabía que odiaría estar lejos de aquella hermosa cabecita pelirroja, de ese aroma a tenues flores, fresco y dulce. De sus bonitos hombros bronceados con el tamaño perfecto para ser cubiertos por las palmas de sus manos. De aquella sonrisa perlada que le hacía el día una y otra vez. Su mirada cómplice cuando pensaban igual pero no se lo hacían saber a los demás. O como apretaba su mano discretamente cuando no era así. Todas las interminables conversaciones relevantes o insignificantes que mantenían. Todas la ideas y opiniones intercambiadas.

La extrañaría a morir.

Pero ni por un segundo cruzó por su mente la posibilidad de no irse. Sencillamente no podía quedarse. Su sueño por fin se haría realidad y el mundo le abría sus extranjeros oídos dispuesto a paladear su música. Ya lo imaginaba. Era eso lo que más anhelaba en el mundo. No lograba ni concebir el hecho de quedarse para instalarse en las vidas cuadradas y aburridas destinadas a una oficina para siempre, una vida lineal, sin sentido. No podía. Aquella gira por todo Japón había sido el inicio, el primer peldaño hacía su sueño y sabía que no podría dejar de escalar hasta verlo cumplido.

Pero le dolía. Le dolía dejarla, estar lejos de ella. Y le dolía que no aceptara ir con él.

-Porque de todas las chicas que corean mis canciones -le dijo en una ocasión a Tk- tenía que enamorarme de la única que no está dispuesta a dejarlo todo por mí?

Takeru sonrió.

-Porque si lo hiciera no sería Sora, y tú no te conformas con menos de lo extraordinario.

Yamato se pasó la mano por los cabellos y observó por unos segundos la superficie liquida de su humeante taza de café. Luego miró a su hermano.

-Allí tienes un punto.

Así es que allí, en aquel sofá, una junto al otro, en aquella querida azotea de sus recuerdos, Matt y Sora entendían sus mutuos sentimientos. Y comprendían a cabalidad como se sentía el otro.

Por una parte, se sentían incapaces de impedir que el otro cumpliera sus sueños y por la otra, ambos se negaban a renunciar a los propios para estar juntos. Era claro. Era absurdo. Pero tampoco se atrevían a perderse.

-¿Funcionará esto? -preguntó Sora en un intento de convencerse de que lograrían llevar una prolongada relación a larga distancia.

Matt temía igual que ella, pero aún así respondió:

-Claro que sí -y sujetó sus hombros con firmeza intentando sonar convencido, aunque no lo estaba-, funcionará de maravilla.

Pero no lo hizo.

Sus planes y ocupaciones los fueron alejando poco a poco.

Sin quererlo, fueron arrastrados por las circunstancias. Por un lado, Sora tenía que estudiar para los exámenes de ingreso a la universidad y tomaba varios cursos con ese fin. Su madre había decidido abrir otra florería y tenían más trabajo que nunca, así que prácticamente no tenía tiempo libre. Yamato por su parte, vivía ocupado con los ensayos de la banda, las entrevistas promocionales para shows en vivo y las obligaciones que implicaba la gira con su loca agenda llena de compromisos.

Pero los diferentes husos horarios eran lo peor. Sus momentos libres eran totalmente opuestos, por lo que raras eran las veces que podían comunicarse de viva voz y, cuando lo hacían, alguno siempre terminaba quedándose dormido.

Por eso, seis meses de gira después, cuándo la banda regresó a Tokio para el concierto final, estaban ansiosos por verse.

Más no fue fácil. El manager de la banda se encargaba de que cada minuto de los integrantes de KOD estuviera ocupado, y Yamato, que normalmente encontraba aquello productivo, estando en Japón, sentía que no les daban ni un respiro. Tenía seis días en Japón y aún no habían podido verse. No tenía control sobre su agenda, ni sobre donde se hospedaba. Se sentía más como esclavo que como una celebridad.

Una de esas noches Yamato estaba sentado al fondo de una van de la disquera en la que vivían prácticamente encuartelados todos los chicos de la banda desde su regreso (El mundo entero se sorprendería de la falta de glamour con la que viajan muchas veces sus cantantes favoritos). Aquel era el sitio de sus interminables viajes a los compromisos sociales, sus ensayos por carretera y su mal dormir, era el sitio en el que los chicos solían hablar de todo. En aquella ocasión, de su último concierto privado para un puñado de gente rica.

-¡Valla chicas más lindas las de la primera fila!- exclamó uno con los ojos brillantes solo de acordarse.

-Pero no eran nada comparadas a la rubia con la que me fui después de la fiesta de bienvenida de la disquera…

Mato los ignoraba. Miraba por la ventanilla de vidrios polarizados mientras escuchaba música con los audífonos puestos.

Ellos continuaban.

-Y ¿que me dicen de su amiga, la alta sexy? ¿Alguien habló con ella?

-Naa. Ella parecía interesada únicamente en aquel pelos de elote -y le lanzaron una bolita de papel a Matt que revotó inofensivamente contra el cristal sin tocarlo. Él se quitó los audífonos-, pero éste chico es más frío e indiferente que un tempano de hielo.

-¿Yo qué? -preguntó él despistadamente.

-Hablamos de la chica alta del último concierto, ésa que no te quitaba los ojos de encima. Parecía modelo.

-Casi -aclaró Akira- Es conductora de un show en vivo. Muy popular.

-Joo… Tiene sentido. Era hermosa -dijo Takaishi con cara ilusionada, como si estuviera imaginándola-, ¿hablaste con ella al menos?

-Algo, creo -respondió él impasible-. No mucho.

-¿Cómo? ¡Pero si se notaba que se moría por ti! ¿Quién te crees para desperdiciar oportunidades como esas?

-¿Oportunidades de qué?

-¿Quieres que te lo explique? -cuestionó levantando las cejas.

Yamato rodó los ojos.

-Tengo novia, ¿recuerdas?

-¡Ah, la inolvidable Sora! ¿En serio? ¿Vas a actuar como un romántico ahora? -él no se molestó en responder- a ver, recuérdenme, ¿cuánto llevamos de gira?

-Seis meses…

-¡Medio año, por Dios! ¿en serio crees que tu linda pelirroja va a quedarse de brazos cruzados? -dijo uno- Olvídalo. Y menos cuando sepa la gran noticia, ¿no se lo has dicho, cierto?

-Ya sabes lo que dicen de los amores de lejos… -agregó Akira

-Solo un ingenuo creería que la lealtad dura tanto tiempo…

Matt no hizo caso. En serio amaba a sus amigos, pero a veces podían portarse como verdaderos idiotas y no pocas veces le daban ganas de partirles la cara. Pero no se mostró molesto. Y tampoco dijo nada. No tenía caso. Así eran y no había objeto en tratar de corregirlos. Aunque en algo sí tenían razón. Tenían siglos sin verse. Y estaba volviéndose insoportable... Rayos. Realmente deseaba verla. Tenían toda la semana ocupada y no sabía hasta cuando le darían tiempo para su vida privada. Era frustrante. Lo era desde hacía poco más de un año, cuando su relación empezó a resumirse básicamente a dos situaciones -ninguna favorable-: Estar lejos sin poder hablarse, o estar cerca y sin poder verse por las distintas ocupaciones de ambos.

Yamato, por ella, se había esforzado todo aquel tiempo por mostrarse optimista. No te preocupes, solía decirle, estaremos bien. Lo decía para confortarla, por que la quería con todo su corazón, pero lo cierto es que él mismo no era optimista por naturaleza y se volvía cada vez más difícil aparentarlo. Y se repetía en silencio que era egoísta mantener su corazón sujeto a él, cuando él no estaba allí para sujetarla a ella. Y la noticia lo hacía sentirse peor… Aquella noticia que no se había atrevido decirle. Y se sentía despreciable por ello. No la mereces, le susurraba acusadoramente la conciencia. Pero él apartaba ese pensamiento y se repetía que le quería.

Hubiera deseado llamarla, pero con aquellos tontos que tenía de amigos tan cerca sería imposible mantener una conversación telefónica sin que le diluviaran burlas y bromas de mal gusto.

Así que le envió un mensaje.

"Hey, ¿qué haces?"

Para su sorpresa, Sora no tardó en contestar. Que dulces eran las ventajas de estar en el mismo país.

"La verdad? -fue su respuesta- Extrañarte". Yamato sonrió débilmente al ver aquellas palabras, pero tuvo que disimular ante las miradas siempre curiosas de sus colegas "Aunque también morir de nervios".

"¿Por qué? ¿Qué pasa?"

"Estoy por entrar a mi examen de admisión a la universidad. Creo que no te había dicho la fecha… ¡Es hoy! Deberías ver la fila de aspirantes ¡Es inmensa! Y en serio, desentono completamente. Todos lucen súper extravagantes o increíblemente glamorosos. Me siento como una papa, ¿Crees que sea un mal momento para cuestionarme por qué quise estudiar diseño de modas en primer lugar? "

"Así que hoy es el día? Te deseo suerte… Aunque sé que no la necesitas. Has estudiado mucho. Confía en ti. Todo saldrá bien. Y no te preocupes de las apariencias. Si algo he aprendido tras bastidores es que la imagen es sólo eso. No mide para nada el talento. Y yo no conozco a nadie más talentosa que tú. Ya lo verás, lo harás bien".

Tardó en contestar.

"Gracias. Te quiero". Fue simplemente la respuesta.

Yamato se quedó por un momento observando la pantalla. Imaginándola diciendo aquellas palabras. Y luego escribió:

"Yo igual".

"¡Como quisiera verte! -respondió un minuto después- ¿Qué estás haciendo ahora?"

"¿Aparte de desear verte?"-por alguna razón le parecía más fácil decir palabras como aquellas por mensaje que en persona- "Bueno, vamos a una entrevista a una de las televisoras locales. Quizás vea a mi padre".

"Entonces parece que el día de hoy ambos tendremos examen, jaja"

"Cierto". Y sonrió. Pero ella no pudo verlo.

"Te tengo que dejar por ahora. No nos permiten usar el móvil en el aula. No tardan en pasarnos. Que te valla de maravilla a ti también. Un beso!"

Y la comunicación entre los dos cesó.

Ella fue a su examen de admisión.

Y él fue al programa de entrevistas.

Al terminar invitaron a la banda a una fiesta exclusiva que la disquera les había preparado. Pero Matt estaba un poco fastidiado porque no le permitían faltar "¿Cómo se te ocurre pensar en faltar si la han preparado exclusivamente para nosotros?". Así que, en un acto inesperado de desesperada valentía -o estupidez, según se vea- aprovechó un alto y escapó de la van. Huyó del auto dejando a sus amigos impresionados, su manager dando gritos y su reproductor funcionando sobre el asiento abandonado, sonando con Firefall de Bjéar. Corrió bajo un cielo gris que amenazaba lluvia, y en cuanto pudo tomó un taxi. Quería ver a Sora y sabía dónde encontrarla.

Compró flores para ella de camino. Un sencillo ramillete de rosas rosas -uno nunca puede ser muy ingenioso cuando tu novia es, a demás de perfecta, florista. Pero no se puede fallar nunca con las rosas rosas.

El mundo podría rodar, ser infiel y predecible, pero su amor no.

Su amor mutuo era infalible. Eso era lo único de lo que estaba seguro.

Y bueno, entonces, como ocurre muchas veces con nuestras seguridades, falló.

Después de esperar media hora por Sora fuera del edificio universitario bajo una suave cortina de lluvia, ella salió de entre las muchas caras de desconocidos.

Pero no estaba sola.

Caminaba justo a lado de un chico mayor. Alto de cabellos azulados. Quien la cubría con su sombrilla. Ella sonreía.

Entonces su corazón se paralizó.

Ella debió escuchar cómo se detuvieron sus latidos, porque en ese momento preciso ella lo miró a lo lejos. Justo en ese instante, directo a los ojos. Pero en lugar de sobresaltarse o ponerse nerviosa como alguien que ha sido encontrado in fraganti, lo miró sorprendida y luego de un segundo le sonrió ampliamente agitando la mano para saludarle con alegría.

Pero no fue a su encuentro de inmediato.

Él hubiera deseado que lo hiciera, que dejara a aquel chico con la palabra en la boca y con su sombrilla en la mano, que corriera hacía él felizmente. Pero no fue así. Siguió hablando con el desconocido por un momento, se despidió de él con tranquilidad. Intercambiaron sonrisas y él le ofreció el paraguas, por que todavía lloviznaba.

"No lo aceptes" pensó para sí mismo, "Por favor, no lo aceptes, ¡no se te ocurra!"

Pero ella lo tomó.

Lo tomó y se despidió del desconocido con una inclinación de cabeza y una de esas sonrisas perladas que solo deseaba ver cuando se dirigían a él, ¿por qué se la regalaba a ese tipo? ¿Acaso no lo había visto?

Ardía. Y en su mente bullían todos los pensamientos negros que había tratado de mantener a raya durante seis meses, todas las ideas aplastantes que la realidad le recordaba. El amor no es para siempre, tampoco es infalible. Ningún amor lo es.

Cuando el chico por fin se retiró, ella bajó la escalinata que los separaba. Escalón a escalón, apresurada, con su bonito y sencillo vestido amarillo, y su suetercito blanco ondeando ante el movimiento.

Sonreía radiante, apurando el paso. Y cuando estuvo cerca abrió los brazos contenta. Tal como lo había imaginado en un principio. Pero su rabia no se apaciguó con ello.

Ella lo notó incluso antes de llegar hasta él. Así que dejó caer los brazos a sus costados a unos pasos de distancia, y cuando lo tuvo en frente dijo, sin perder del todo la sonrisa:

-Matt… cuanto me alegra verte… ¿Está todo bien?

-Todo bien -respondió él conteniendo las ganas de abrazarla que le acababan de volver al verla tan cerca y le hormigueaban todo lo largo de los brazos. Pero en lugar de hacerlo, le extendió las flores sin ceremonias.

-¡Oh, son preciosas! -dijo tomándolas y llevándoselas al rostro hasta rosarlas apenas con la nariz-. Me encantan, gracias.

Quiso cubrirlo con el paraguas, pero él no se lo permitió, dando un paso atrás.

Luego, él solo, comenzó a caminar por la acera.

Sora, extrañada, lo siguió. Entendió lo que pasaba. No era física cuántica, por Dios. Dio claras y sencillas explicaciones que la eximían de cualquier posible malentendido (El chico era un compañero de la academia de preparación para los exámenes universitarios, se habían encontrado por casualidad, él estaba dando su servicio social aplicando el examen, etc, etc.), trató de tomar su mano y hacer de aquello algo gracioso. Pero no funcionó. Nada lo hizo. La mente de Yamato se había detenido en una sola idea fija. Y no hubo poder humano que lo sacara de allí. No era lo que Sora pensaba. Simples celos, suponía. Pero aunque su idea sí había nacido de sus celos absurdos, era alimentada y crecía con pensamientos razonables -unos egoístas, otros altruistas-, por lo que se hizo suficientemente grande como para impulsarle a actuar.

Dejó de caminar y encaró a la chica que amaba.

-Vamos a dejarlo, Sora.

Ella se congeló en su sitio. Llevaba siguiéndolo cuadra y media tratando de hacerlo razonar bajo aquella suave lluvia cayendo alrededor de ellos, sin hacer caso de la sombrilla que llevaba en la mano y apretando su ramo de flores contra el pecho. Pero después de aquellas palabras sintió el frío del ambiente, lo mojado de sus zapatos y la presión con la que había abrazado sus flores disminuyó.

-¿Cómo dices?

-Me escuchaste -dijo él seriamente. Sus palabras seguían sonando molestas, pero también había algo de tristeza trenzada entre las silabas pronunciadas y su dureza. Sus ojos, resueltos-. Dejémoslo.

-Matt… ¿Te estás escuchando? -le cuestionó Sora incrédula-. Ya te dije. Ése chico y yo no tenemos nada que ver. Apenas nos conocemos, y él solo trataba de ser amable... ¿Por qué de pronto todo este drama? ¿Ahora somos de esas parejas inmaduras que pelean por celos? ¿De dónde viene esa inseguridad? No tienes nada que temer. Vamos. Me conoces, sabes que yo sería incapaz…

-Lo sé, Sora… Lo sé. Sé que puedo confiar en ti… -y respiró hondo antes de seguir-. Pero creo que ése es el punto. No me molesta que hables con otros chicos (y con eso no digo que me encante la idea), lo que intento decir es que veo lo que es tu vida, y lo que podría ser… Deberías tener un novio que te espere después de la escuela, que lleve un paraguas para cubrirte, que esté allí para abrazarte cuando discutas con tu madre, que insulte a tus profesores cuando te dejen tantos deberes que no puedas salir a pasear, que se ponga de tu lado cuando alguien te moleste, a quien puedas besar a diario y te haga sentir confortada… No uno al que veas cada seis meses y no sepa lo que haces porque está demasiado ocupado para mantener largas conversaciones por teléfono o se quede dormido mientras le cuentas lo que te ocurrió en el día. Seamos honestos… Es patético.

-Matt… -empezó con un hilo de voz. Sabía que aquellos sentimientos no eran nuevos. Se daba cuenta que llevaban tiempo cocinándose en su cabeza, se notaba en su manera de expresarlos. Yamato no era de los que dicen las cosas sin pensar. Pero le parecía injusto. Ella le quería a diario. Lo tuviera cerca o lejos. Así era, y por eso dijo con firmeza-. No me importa. Nada de eso me importa. No necesito a un chico que esté para mi 24/7 como una operadora, te necesito a ti. Además, esto no será para siempre… La gira está por concluir. Éste fin de semana será la última fecha de la gira y podremos vernos más seguido, ¿No estás contento por eso? Descansarás un poco y yo estaré de vacaciones. Sé que este tiempo a distancia ha sido frustrante para ambos, pero ya esta por concluir, ¿cierto?

Yamato desvió la mirada. Hubiera querido que eso fuera cierto. Pero sabía que el futuro de su relación solo podía ser sombrío. Tenía que decírselo.

-No, Sora… -por alguna razón no se atrevía a verla a la cara-. Nos han ofrecido otra gira internacional. Hoy nos prepararon una fiesta para celebrarlo. Es… Es así. Ya está decidido… Y… también nos ofrecieron grabar el siguiente álbum en América. Con un contrato nuevo y todo - Sora parpadeó-. Todos aceptamos.

Ella contuvo el aliento.

No entendía. Era como si le contara algo que no le concernía. Hasta sus palabras sonaban distantes, ¿sería por la lluvia? De pronto sintió más frío. Se congelaba. No se había dado cuenta en qué momento había bajado el paraguas, ahora estaba empapada. Le costaba creer lo que escuchaba. No le había dicho que estuvieran planeando nada parecido... Tampoco parecía probable que fuera algo repentino. Aquello debía de haberse estado preparando desde hacía por lo menos varios meses.

-Tú… -empezó con la voz temblorosa-, no me habías dicho nada… ¿Por qué?

Yamato bajó los ojos.

-Yo… No sabía cómo.

Sora se quedó muda por un momento, ¿Qué se hace en cuando tu novio quiere romper por "tu bien" y le amas por ello, pero sientes que te ha estado engañando ocultándote cosas y sientes que debes estar molesta, pero tampoco quieres perderle así que reclamarle en un momento delicado como el presente no parece una buena idea? ¿Qué se hace entonces? ¿Se tiene que elegir entre el amor y el orgullo? Todo parecía confuso. Pero Sora debía hacer una elección.

Y eligió el amor antes que el orgullo.

-Lo solucionaremos… No nos preocupemos ahora por eso, -y forzó una sonrisa- ¿así que dejaste una fiesta de la disquera para venir a verme?

Yamato cerró los ojos como si aquello fuera demasiado. Una estocada directa al corazón. Quería avanzar hasta ella, abrazarla, besar por fin sus bellos parpados...

Pero entonces su móvil comenzó a sonar. Era su manager. Valla que había tardado en llamar. Seguro que estaba hecho una furia, con la boca llena de amenazas y reclamos. No contestó.

-Tengo que irme ahora.

Tenía los cabellos rubios pegados a las sienes. Y la mirada perdida. Ni siquiera la volteó a mirar cuando se dio media vuelta para irse.

Sora se quedó plantada donde estaba. Su corazón le urgía para que lo siguiera. Pero sus piernas no se movían. Conocía a Yamato. No iba a ceder.

Dejó caer las manos por completo. En una la sombrilla, en la otra el ramo de flores. Sentía más frío que nunca y sus lágrimas se confundían con las gotas de lluvia que le resbalaban por la cara.

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¿Has visto como la gente hace cosas extraordinarias con piezas de dominó? Las ponen cuidadosamente, como si construyeran una brillante e intricada obra de arte, casi arquitectónica. Pero lo que en realidad hacen es un mecanismo para la destrucción. Ordenar, planear, disponer y ejecutar para después destruirlo. Sadismo puro.

Lo más extraordinario es que, es justo el momento de su derrumbe el mas fantástico. Lo que hace que en nuestro cuerpo se dispare súbitamente la adrenalina que lo vuelve especial. Bueno. Algo extrañamente parecido ocurre con las relaciones.

Día tras día las construimos, son gestos, vivencias y horas compartidas. Como si colocáramos con precisión las piezas que edifican un diseño de dominós. Sin darnos cuenta cómo, acumulamos recuerdos que completan un cuadro de hermosura, uno que no durará. Y justo cuando es todo más bello, se derrumba. Y mientras más grande es el sentimiento sacrificado y más horrorosa la cicatriz, más inolvidable se vuelve. Es la avalancha de los dominós.

El dolor que nos marca con fuego la memoria.

Y no lo podemos superar.

Es sencillamente el contexto.

La razón por la que Yamato y Sora, aun estando tan cerca uno del otro, no se podían besar. Ni siquiera podían mirarse sin sentir dolor.

-¿Recuerdas cuando rompiste conmigo? -preguntó suavemente Sora sin voltear a verlo, con sonrisa triste y la mirada inundada de nostalgia.

Yamato la miró ligeramente sorprendido.

-Yo nunca sentí que rompiéramos propiamente -dijo- , aunque para ser más honesto… siempre pensé que fuiste tú quien me había terminado a mí.

Sora la miró con cara interrogante, espejando la incredulidad que veía en sus ojos.

¿La engañaban sus recuerdos o sencillamente había olvidado alguna parte?

Era el contexto. Todo depende de como las historias son contadas.

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Continuará...

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N/A: Quiero ir aclarando de a poco el pasado de estos dos, a fin que se comprenda su separación, pero se está volviendo más largo de lo que esperaba. Agradezco su paciencia, e igual espero que lo hayan disfrutado.

Reviewers: Ernest Hemingway dijo una vez que no hay merito alguno en escribir. Que lo único que uno tiene que hacer es tipear y sangrar. Así de simple. Y eso tiene sentido para mí. Creo que cada que escribo así, por ficción que sea, hablo de mí, mis emociones y las que implanto en mis personajes son todas conocidas y aromáticas. Y a veces me harto de ellas. De querer, de querer querer, de lo que fue y no es, de lo que creo y no. Y dejo de escribir, por que sangrar no es siempre placentero… pero sus reviews me recuerdan que vale la pena. Gracias por regalarme algo de su tiempo, pesamietos y palabras!

Bladlhig: me alegra que lo hayas disfrutado! Un poco más de michi por aquí...

Annavi21: Gracias por las lindas palabra y esperar con lealtad, estamos de vuelta!

IreneFI: Muchaas muchas gracias por tus palabras de aprecio tanto para este fic, como para ERdlV! Lo agradezco con todo el corazón, por ahora solo tengo algo más de Todavía me Dueles, espero que lo disfrutes, y aunuqe no puedo hacer promesas, créeme que me pusiste a considerar el otro fic. Gracias por leer!

Ana Maria: Gracias! Espero haber respondido en parte la duda de por que terminaron Yama y Sora en este cap, aunque habrá aclaraciones futuras, y para saber la razón del alcoholismo de Tai te invito a releer el inicio de capitulo 9. En su charla con Hikari habla de ello. Saludos :D

Rex: Totalmente de acuerdo contigo, exploto un poquito ésa idea en este cap. Espero que lo hayas disfrutado. Saludos!

Antotis: Gracias por tu review! Ya vez que al final no han hablado mucho aún, pero espero desarrollar su conversación el siguiente cap. Saludos! :)

90: Gracias! Aquí seguimos!

Yam: Muchas gracias por leer y animarte a dejar un review tan sentido y personal. Lo aprecio. Créeme que, aunque solo puedo imaginar tus emociones a través de tus palabras, lo entiendo. He estado allí. He pasado por situaciones que, aunque distintas, evocan el mismo sentir, y me alegra que se pueda entrever la realidad de esos sentimientos por medio de la ficción, y así, nos conectemos. Un abrazo!

Atte:

M.E.