CAPÍTULO 11
Despertó y cayó de la cama tosiendo mientras que sus pulmones respiraban aire de nuevo. El sol la deslumbró por un breve momento hasta que una sombra se cernió sobre ella ayudándola a levantarse y sentándola en el borde de la cama. Desorientada miró a quien la había ayudado y luego a su alrededor, y al constatar que estaba en su cuarto se sonrojó. Más una breve punzada hizo que se quejara molesta y se agarrara el costado.
-No te toques –susurró él. No quería romper la paz del ambiente… ni asustarla- Llamé a Nira para que remediara el moratón así que tranquila que no vi nada indecente- sonrió triste.
-Parece que mi cuerpo sigue conectado de alguna manera cuando estoy allí- lo miró pensativa. Se hizo un silencio que él quebró no pudiendo retener más su tono molesto.
-Sarah, ¿Por qué me sacaste de allí?- la miró enfadado pero calmado- Podía haber acabado con él y haberte liberado a ti de este sufrimiento.
-Porque él no tiene poder sobre mí, pero sí sobre ti- ella lo miró de reojo recordando la escena en la que años atrás ella le había dicho exactamente lo mismo a él. ¿Sería posible que ahora Jareth sí que tuviera poder sobre ella? El momento que habían compartido antes, en aquel mundo-prisión, parecía decir que sí, pero ella ahora no estaba tan segura de querer reconocerlo por la cuenta que le traía. Se mordió el labio inferior nerviosa. Jareth supuso bien el rumbo que habían tomado los pensamientos de ella, y a pesar de que se preguntaba exactamente lo mismo, decidió que ahora no era el momento de aclarar esas cosas, sino otras.
-¿Por qué tiene poder sobre mí?- replicó él al fin. Ella evadió su mirada.
-No te lo puedo decir- susurró Sarah. Había caído ahora mismo en que si se lo decía, y el Rey todavía sentía algo por ella, cedería todo lo que tenía con tal de salvarla, y eso no podía ser, era egoísta. Tenía que hacerlo ella sola.
-Maldita sea, Sarah- si me concierne a mí me conviene saberlo – le insistió acercándose a ella. Esta bajó la mirada a sus manos mientras negaba con la cabeza- ¡Deja de tratar de hacerlo todo tú sola!- le espetó él- ¡Lo único que haces es lastimarnos a los dos!
Ella lo miró enfadada, odiaba que le levantaran la voz.
-¿Y en todo este tiempo te has dignado a preguntarte si tengo buenos motivos para no decírtelo?- explotó ella con la voz más fría y cortante que jamás hubiera empleado. Él la miró sorprendido echándose hacia atrás ante la dureza que emanaba de ella, la había vuelto a herir.- ¿En todo este tiempo- prosiguió ella sin piedad- te has preguntado solo las razones por las que hago todo esto? ¿Has pensado que no eres el único que lo pasa mal? La que se lleva los golpes directos soy yo, no tú- le susurró- Y sé que si te lo digo hay una probabilidad muy alta de que actúes egoístamente sin tener en cuenta lo que le pueda ocurrir a Labyrinth- lo enfrentó- Así que por favor, usa esa comprensión que Dios te ha congraciado y de la que tanto alardeas y deja de convertirme en una villana mártir.
-¿Es porque no confías en mí?- susurró él hastiado. Sabía que ella confiaba en él y que por ende esa pregunta estaba fuera de lugar, pero no alcanzaba a comprender del todo el motivo por el que ella no le contaba nada, así que no se le ocurría otra forma de intentar que ella dijera algo, aunque fuera provocándola.
-¿En verdad crees que si no confiara en ti habría vuelto a Labyrinth a decirte que quiero arreglar las cosas contigo, que me importas lo suficiente tú y tu estúpido mundo como para salvaros, enserio crees que mi única misión fue venir aquí para atormentarte en lugar de decirte que te amo…- sorprendida se tapó la boca y mirándolo fijamente, dio varios pasos hacia atrás horrorizada de sus propias acciones, se pegó la vuelta y salió corriendo de aquel cuarto. Se había dejado llevar, había dicho más de lo que debía y si él era listo ahora solo tenía que encajar las piezas del rompecabezas para descubrir lo que ella tanto se negaba a decirle.
En otro lado, Jareth se había quedado estático frente a la puerta por la que ella había huido. En su interior una felicidad colmaba cada recóndito lugar de su ser, sin embargo, un click se activó en su cabeza.
"Hay una probabilidad muy alta de que actúes sin tener en cuenta lo que le pueda ocurrir a Labyrinth"
Un puñetazo se estrelló contra los postes de la enorme cama de la reina. Ahora lo entendía todo. El destino de Labyrinth estaba en juego, al igual que el de ella. La necesitaba como al aire, sí, y ahora entendía el por qué podía actuar egoístamente. El que la apresaba quería al reino, y con ello su poder, y a cambio la liberaría a ella. Pero si él cedía, nada le impediría al nuevo soberano borrarlos del mapa. Sarah tenía razón, estaban atados de pies y cabeza. Jareth miró por la ventana, sí, esto es algo que deberían resolver juntos, como dijo su hermana Debris, y ahora mismo Sarah era la que más ayuda necesitaba. Sonrió ladinamente. El reino requería una solución pero antes que nada tenía que terminar un asunto del corazón con ella. Cerró los ojos y al cabo de un par de segundos que la hubo localizado, se esfumó.
