El domingo antes de que la escuela fuera a comenzar, Hinata me llevó al pueblo para comprar mis cuadernos, mientras que ella reemplazó casi todos sus útiles escolares. Sólo tendríamos tres días de escuela y luego el Día del Trabajo. Ya estaba anhelándolo. Antes de regresar a casa, Hinata estaba hambrienta como siempre, y nos detuvimos en uno de sus lugares favoritos.
—Es un… restaurante pintoresco —dije.
Hinata sonrió, el tacón de su sandalia constantemente tocando el piso. —¿Pintoresco? Es pintoresco para una chica de ciudad como tú, pero aquí es el lugar más popular.
Eché otra rápida mirada alrededor. El Smoke Hole no era tan malo; de hecho era un lugar con colores tierra, y me gusto los grupos de rocas y piedras que sobresalían de los bordes de las mesas.
—Está mucho más lleno en la tarde y después de la escuela —agregó entre sorbo y sorbo—, Hace imposible conseguir un asiento.
—¿Vienes aquí a menudo? —Encontré un poco difícil imaginar a la hermosa Hinata pasando el rato aquí, comiendo un sándwich de pavo y malteadas.
Pero ella estaba aquí, con su segundo sándwich de pavo y su tercera malteada. Desde que conocí a Hinata, había estado constantemente sorprendida por la cantidad de comida que consumía en una sola sesión. En realidad, era un poco preocupante.
—Sasuke y yo venimos aquí al menos una vez a la semana por lasaña. ¡Está para morirse! —sus ojos se iluminaron con una mezcla de emoción y nostalgia.
Reí. —Tú amas cualquier comida, pero gracias por invitarme a salir hoy. Me alegra poder salir de casa sin mamá. Se la pasa cada segundo sobre mí.
—Ella está preocupada.
Asentí, jugueteando con la pajita. —Especialmente después de enterarse sobre la chica que murió la misma noche. ¿La conocías?
Hinata bajó la mirada a su plato, sacudiendo su cabeza. —No mucho. Cursaba un grado inferior que nosotros, pero mucha gente la conocía. Pueblo pequeño y todo eso. Creo que leí que no están seguros de que fuera asesinada, parece que fue un ataque al corazón —se detuvo, sus labios se fruncieron mientras miraba sobre mi hombro—. Qué extraño.
—¿Qué? —pregunté, girándome para ver lo que ella estaba mirando y volteando mi rostro tan pronto como pude. Era Sasuke.
Hinata inclinó su cabeza, su cabello oscuro cayó descuidadamente a su alrededor. —No sabía que él vendría aquí.
—Oh, él aparece con solo ser nombrado.
Hinata estalló en risas, llamando la atención de todos en la habitación. —Ah, eso fue divertido.
Me hundí en mi asiento. Después de la mañana en que él y su hermana me prepararon el desayuno, él me ha evitado y eso estaba bien. Sin embargo, quería darle las gracias por salvarme la vida. Un agradecimiento adecuado que no termine en insultos, pero las pocas veces que fui capaz de verlo, él se tomó el tiempo suficiente para advertirme con la mirada que no quería que me acercara.
Sasuke podría ser el hombre más físicamente perfecto que había visto —su rostro era algo por el cual un artista moriría por tener una oportunidad de dibujar—nunca parecía verse mal. Pero también podría ser el mayor imbécil del planeta.
—No va a sentarse aquí, ¿verdad? —susurré a Hinata, quien parecía muy divertida.
—Hola, Hinata.
Contuve la respiración ante el sonido de su ronca voz. Deslicé mi brazo vendado debajo de mi mesa. Estaba segura de que si él lo veía, podría recordarle el inconveniente que he sido.
—Oye —dijo Hinata mientras descansaba su barbilla en su mano—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Tengo hambre —respondió él secamente—. Aquí es donde la gente viene a comer, ¿no?
Miré mi hamburguesa a medio comer y papas fritas, jugando con mi plato, rezando a quien sea que pudiera escuchar mis plegarias poder desvanecerme en mi asiento hasta que él se fuera. Me obligué a mí misma a pensar en todo tipo de cosas—libros, programas de televisión, películas, Sasuke, el césped afuera de…
—Todos menos tú, ¿Viniste a jugar con tu comida?
Oh, maldición. Plasmé la sonrisa más brillante que pude fingir y me armé de valor. Mi sonrisa vaciló en el momento en que lo miré a los ojos. Él me miró expectante, como si supiera lo que realmente estaba pensando, quería que peleara contra él. —Sí, verás, mamá normalmente me lleva a Chuck E. Cheese para cenar, así que me siento un poco fuera de lugar. Extraño al ratón tomando mi pedido y todo eso.
Hinata resopló y levantó la mirada a su hermano. —¿No es ella grandiosa?
—Sencillamente encantadora —cruzó sus brazos, su voz en un tono tan seco como siempre—. ¿Qué tal tu brazo?
Su pregunta me tomó por sorpresa. Mi brazo se sentía bien. Quería deshacerme de la férula, pero mamá se rehusaba a dejarme bañar sin ella. —Mejor. Estoy bien. Gracias…
—No lo hagas —me interrumpió, pasando una mano a través de sus mechones negros azulados—. Tu cara se ve mucho mejor, por cierto.
Inconscientemente coloqué una mano en mi mejilla. —Bueno… gracias, creo —Miré a Hinata con incredulidad y musité las palabras: ¿Tengo algo en mi cara? Hacia ella.
Ella intercambió una mirada divertida conmigo antes de regresar la atención a su hermano. —¿Te unes a nosotras? Estábamos terminando.
Fue el turno de Sasuke de resoplar. —No, gracias.
Volví a juguetear con la comida de mi plato. Como si la idea de comer con nosotras fuera la cosa más absurda.
—Bueno, eso es tan triste —Hinata no se ofendió en absoluto.
—¡Sasuke, ya estás aquí!
Levanté la mirada hacia el sonido de una chica demasiado emocionada. Una pequeña y linda pelirroja saludaba desde la entrada. Sasuke le regreso el saludo, no muy alegremente, y observé como ella prácticamente rebotó hasta nuestra mesa. Cuando estuvo frente a Sasuke, lo besó rápidamente en la mejilla antes de abrazarlo posesivamente. Una fea y ardiente sensación se esparció en mi vientre. ¿Tenía novia?. Eché una mirada a Hinata. Su hermana no parecía feliz.
La chica finalmente puso atención en nuestra mesa. —Hola, Hinata, ¿Cómo has estado?
Hinata le regresó la sonrisa en un tono muy contenido. —Grandioso, Karin, ¿Y tú?
—Excelente —Le dio un codazo a Sasuke como si estuviera hablando de una broma entre ellos.
No pude respirar.
—¿Pensé que te habías ido otra vez? —preguntó Hinata, sus ojos por lo general cálidos se convirtieron en fríos—. ¿Tus hermanos decidieron regresar antes de que comenzara la escuela?
—Cambiamos de opinión —Levantó la mirada hacia Sasuke nuevamente, quien comenzaba a verse incómodo.
—Mmm, interesante —respondió Hinata, su expresión asumió una máscara felina—. Oh, que grosera soy. Karin, ella es Sakura —me señaló—. Es nueva en nuestro excitante pueblo.
Forcé una sonrisa hacia la chica. No había razón para estar celosa o molesta, pero maldición, esta chica era muy linda.
La sonrisa de Karin se desvaneció. Dio un paso hacia atrás. —¿Esta es ella?
Mis ojos fueron hasta Hinata.
—No puedo hacer esto, Sasuke. Quizás ustedes estén de acuerdo, pero yo no —Karin sacudió su cabello rojizo con una mano—. Esto es un error.
Sasuke suspiró. —Karin…
Sus labios se fruncieron. —No.
—Karin, ni siquiera la conoces —Hinata se puso de pie—. No seas ridícula.
El tráfico en la cena, literalmente, se detuvo. Todo el mundo nos miraba.
Sentí un calor, una mezcla de vergüenza y de ira, subiendo por mi rostro mientras veía a Karin. —Lo siento, ¿Te he hecho algo?
Los extraordinariamente ojos azules brillaron fijos en mí. —Sí, ¿Qué te parece respirar para comenzar?
—¿Disculpa? —dije.
—Ya me has oído —replicó Karin. Luego se volvió a Sasuke—. ¿Es por esto que todo lo que hemos logrado se irá a la mierda? ¿Por esto mis hermanos han tenido que moverse por el país…?
—Es suficiente —Sasuke agarró el brazo de Karin—. Hay un McDonald una calle abajo. Te conseguiremos tu Cajita Feliz. Quizás eso te tranquilice.
—¿De qué va todo esto? —exigí. El impulso de levantarme y arrastrarla por el cabello era difícil de ignorar.
La ardiente mirada de Karin era como dos rayos láser. —Todo se irá a la mierda.
—Bueno, esto fue muy divertido —Sasuke arqueó una ceja a su hermana—. Te veré en casa.
Los observé marchándose, hirviendo de ira. Sin embargo, debajo de esa ira también me sentía herida.
Hinata se dejó caer en su asiento. —Oh, Dios mío, lo siento. Es una completa perra.
La miré mientras mis manos temblaban. —¿Por qué dijo esas cosas de mí?
—No lo sé. Parecía estar celosa —Hinata jugueteó con su paja, pero evito mis ojos—. Karin tiene algo con Sasuke, siempre lo ha tenido. Solían salir antes.
Mi cerebro quedo atrapado en las palabras "Solían salir" por un segundo.
—De todos modos, se enteró de que él te rescató la otra noche. Por supuesto que ella te va a odiar.
—¿De verdad? —No le creía—. ¿Todo esto porque Sasuke me salvó de ser asesinada? —Frustrada, golpeé mi férula sobre la mesa e hice una mueca—. Pero si Sasuke me trata como si fuera una terrorista. Es ridículo.
—Él no te odia —contestó en voz baja—. Creo que quiere hacerlo, para ser honesta. Pero no puede. Por eso actúa así.
Eso no tenía sentido para mí. —¿Por qué quiere odiarme? No quiero odiarlo, pero no me lo pone fácil.
Hinata levantó su mirada, sus ojos llenos de lágrimas. —Sakura, lo siento. Mi familia es un poco rara. Así es en este pueblo. Así es Karin. Verás, su familia es… es amiga de la nuestra. Y todos nosotros tenemos mucho en común.—La mire, esperando que ella se explicara que en común podría tener con esa arpía de Karin.
—Ellos son trillizos, ¿Sabes? —Hinata se recargó contra el respaldo, mirando con indiferencia su plato—. Tiene dos hermanos, Naruto y Menma.
—Espera —La mire boquiabierta—. ¿Me estás diciendo que hay unos trillizos aquí y ustedes son gemelos?
Frunció el ceño mientras asentía.
—¿En una ciudad como de quinientas personas?
—Sé que es raro —dijo, mirándome—. Pero tenemos cosas en común y todos somos muy unidos. A los pueblos pequeños no les agradan los extraños. Y yo estoy saliendo con su hermano Naruto.
Abrí mi boca. —¿Tienes novio? —Cuando ella asintió, negué con mi cabeza—. Nunca lo has mencionado antes.
Se encogió de hombros, apartando la mirada. —No es algo que me guste contar. No nos vemos mucho.
Cerré mi boca de golpe. ¿Qué chica no habla de su novio? Si yo tuviera uno, hablaría de él, al menos lo mencionaría una vez. Quizás dos. Miré a Hinata con nuevos ojos, preguntándome cuando más no me estaba diciendo. Echándome hacia atrás, mi mirada se desvió más allá de Hinata, y fue como si un interruptor se encendiera.
Comencé a notar cosas—pequeñas cosas.
Por ejemplo, cómo la camarera pelirroja con un lápiz clavado en su peinado no dejaba de mirarme y tocaba una brillante piedra negra de su collar. Luego, estaba el viejo hombre sentado en el bar, su comida sin tocar, nos miraba mientras murmuraba por lo bajo. Parecía estar un poco loco. Mis ojos recorrieron la habitación. Una mujer en traje de negocios llamó mi atención. Ella dijo algo y regresó su atención a su compañero. Él miró sobre su hombro, y su rostro palideció.
Rápidamente, me giré hacia Hinata. Ella parecía ajena a todo, o quizás estaba tratando fuertemente de ignorarlos. La tensión se cortaba en el aire. Era como una línea invisible que se había dibujado y debía saltar sobre ella. Podía sentirlos a todos, decenas de ojos, fijos en mí. Todas esas miradas llenas de desconfianza y una emoción mucho más peor.
Miedo.
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La última cosa que quería usar en mi primer día en una escuela nueva era una férula, pero dado a que mi mamá insistía en que esperara a mañana, cuando sería mi primer chequeó, estaba atrapada entras los susurros, "¡Mira, una chica nueva!" cuando entré en los pasillos de la escuela. Y a eso le agregas, "¡Mira, una chica nueva que ha sido asaltada!", también.
Todos me miraban como si yo fuera un extraterrestre con dos cabezas caminando por la escuela. No estaba segura de sí debería sentirme como una celebridad o un paciente escapado de un manicomio. Nadie me hablaba.
Por suerte, la escuela era pequeña y fue fácil encontrar las clases. Estaba acostumbrada a escuelas con al menos cuatro pisos de alto, con múltiples alas, y campos abiertos. La escuela tenía un par de pisos, pero eso era todo.
Encontré mi salón de clase fácilmente y me senté ignorando las miradas curiosas y un par de suaves sonrisas. No vi a mis vecinos hasta el segundo periodo, y fue Sasuke quien se paseaba por los pasillos antes de que sonara la campana, con una sonrisa en sus labios llenos. Las conversaciones habían prácticamente cesado. Varias chicas a mi alrededor incluso dejaron de garabatear en sus cuadernos.
Sasuke era una especie de estrella de rock, entraba con una arrogancia mortal. Tenía la atención de todo el mundo, especialmente cuando cambió su libro de trigonometría de una mano a otra, y pasó sus dedos entre su alborotado cabello, dejándolo caer de vuelta a su frente. Sus vaqueros colgaban de sus caderas, así que cuando levantó su brazo, una línea de piel dorada hizo las matemáticas mucho más interesante.
Una chica de cabello rubio suspiró a mi lado y dijo en voz baja: — Dios, lo que no daría por un trozo de eso. Un sándwich de Sasuke debería estar en el menú.
Otra chica rió. —Eso sería terrible.
—Junto con los gemelos Uzumaki como plato principal —respondió la rubia, ruborizándose mientras él se acercaba.
—Temari, eres una tonta —dijo riendo la morena.
Me apresuré a ignorarlo observando mi cuaderno, pero sabía que él se sentó detrás de mí. Mi espalda entera hormigueaba. Un segundo después, sentí que picaban en mi espalda. Mordiéndome el labio, miré sobre mi hombro.
Su sonrisa era ladeada. —¿Cómo está tu brazo, Cerezito?
La emoción y el miedo peleaban en mi interior. ¿Escribió en mi espalda? No me sorprendería si lo hiciera. Sentí mis mejillas enrojecer ante el brillo en sus ojos negros. —Bueno —dije, echando mi cabello hacia atrás—. Me quitaran la férula mañana, creo.
Sasuke colocó su pluma en el borde del escritorio. —Eso ayudara.
—¿Ayudar con qué?
Él jugueteó con el bolígrafo, aparentemente ajeno a confusión. — Con eso que llevas allí.
Mis ojos se entrecerraron. No quería saber a lo que estaba refiriéndose. No había nada malo con mis jeans o mi blusa. Me parecía igual que a todos los demás en el aula, con excepción de los chicos que tenían sus camisas fajadas en sus pantalones. No había visto un sombrero vaquero o acentos extraños. Estos chicos parecían como los chicos de Florida, solo con menos potencial al cáncer de piel.
Temari y su amiga dejaron de hablar, observando a Sasuke y a mí con la boca abierta. Le rogué a Dios para que Sasuke no dijera nada estúpido, porque sí no lo golpearía hasta sacarlo de la clase. Mi férula era lo suficientemente pesada como para hacerle daño.
Inclinándose hacia adelante, su cálido aliento bailó a lo largo de mi mejilla cuando habló: —Menos personas te mirarían si no trajeras la férula, es todo lo que digo.
No creí ni por un segundo que eso era todo de lo que estaba hablando. Además de eso, con él estando tan cerca de mi cara, todo el mundo estaba mirándonos. Y nosotros no estábamos apartando la mirada del otro. Estábamos atrapados en una pelea épica de miradas que me negaba a perder. Algo pasó entre nosotros, recordándome a la extraña corriente que había sentido con él.
Un chico al otro lado de Sasuke silbó. —Karin va a patearte el trasero, Sasuke.
Sasuke sonrió con superioridad. —No, le gusta demasiado mi trasero como para lastimarlo.
El chico rió.
Con los ojos fijos en los míos, él se acercó aún más. —¿Adivina qué?
—¿Qué?
—Revisé tu blog.
Oh. Querido. Jesús. ¿Cómo lo encontró? Espera. Más importante que el hecho de que lo encontró. ¿Busco en Google mi blog? Era como echarle más sal a la herida.
—Acosándome otra vez, ya veo. ¿Necesito conseguir una orden de restricción?
—En tus sueños, Sakura —sonrió—. Oh, espera, ya soy el protagonista de ellos, ¿no?
Rodé mis ojos. —Pesadillas, Sasuke. Pesadillas.
Él sonrió, sus ojos brillaban, y casi le devolví la sonrisa, pero por suerte el profesor comenzó a llamar nuestra atención, forzando a terminar nuestra platica, bueno, lo que sea que pasaba entre nosotros. Me giré a mi asiento, dejando escapar un lento suspiro.
Sasuke rió suavemente.
Cuando la campana sonó, señalando el final de la clase, salí lo más rápido que pude. Lo hice sin mirar atrás para ver lo que Sasuke estaba haciendo. Matemáticas sería mucho más difícil de lo normal si él se sienta detrás de mí en cada clase, todos los días.
En el pasillo, Temari y su amiga me alcanzaron. —Eres nueva aquí —dijo la morena. Que observadora.
Temari rodó sus ojos verde-azulado. —Eso es obvio, Matsuri.
Matsuri ignoró a su amiga, empujando sus gafas por encima de su nariz mientras ella se abría paso entre el pasillo lleno de gente. —¿Cómo conoces a Sasuke Uchiha tan bien?
Teniendo en cuenta de que estas chicas hablaban conmigo solo porque estuve hablando con Sasuke, eso no me emocionaba. —Me mudé a su lado a mediados de junio.
—Ah, estoy celosa —Temari frunció sus labios—. A la mitad de la población en esta escuela les encantaría cambiar lugar contigo.
Felizmente cambiaría de lugar con ellos.
—Por cierto, me llamo Matsuri, y ella es Temari, por si no lo sabías todavía. Hemos vivido aquí toda nuestra vida —Matsuri esperó.
—Me llamo Sakura Haruno, de Florida —Curiosamente, ella no tenían los marcados acentos que yo había esperado.
—¿Viniste aquí, a West Virginia, de Florida? —Los ojos se Temari se agrandaron—. ¿Estás loca?
Sonreí. —Mi mama lo está.
—¿Que le paso a tu brazo? —preguntó Matsuri mientras me seguían por las escaleras.
Había tanta gente en las escaleras que yo no podía hablar de lo ocurrido, pero Temari aparentemente lo sabía. —Ella fue asaltada en el pueblo, ¿Recuerdas? —Le dio un golpe a Matsuri con una cadera—. La misma noche que Rin Nohara murió.
—Oh, sí —dijo Matsuri, frunciendo el ceño—. Le harán un homenaje mañana durante el evento de bienvenida. Es tan triste.
No muy segura de que responder, asentí.
Temari sonrió mientras llegamos a la segunda planta. Tenía Inglés en el extremo del pasillo y estaba segura de que compartiría esa clase con Hinata.
—Bueno, fue un placer conocerte. No conocemos a mucha gente nueva aquí.
—Nop —concordó Matsuri—. No hay chicos nuevos desde que los trillizos llegaron aquí en primer año.
—¿Te refieres a Karin y sus hermanos? —pregunté, confundida.
—Y a los Uchiha —respondió Temari—. Los seis llegaron aquí con unos días de diferencia. Toda la escuela se volvió loca.
—Espera —Me detuve en medio del pasillo, ganándome unas miradas desagradables de algunas personas que chocaron conmigo—. ¿Qué quieres decir con los seis? ¿Y todos llegaron aquí al mismo tiempo?
—Pues eso —dijo Matsuri, levantando sus gafas—. Y Temari no está bromeando. Fue una locura los siguientes meses. ¿Puedes creerlo?
Temari se detuvo en la puerta de un aula, su frente arrugada. —Oh, ¿No sabías que aquí estuvieron tres Uchiha?
Sintiéndome incluso más confundida, negué con mi cabeza. —No. Sólo son Sasuke y Hinata, ¿Verdad?
La campana sonó, y Temari y Matsuri miraron como el salón comenzó a llenarse. Fue Temari quien me explicó: —Eran trillizos, también. Hinata y sus dos hermanos, Sasuke y Sai. Eran completamente idénticos, como los chicos Uzumaki. No podrías distinguirlos ni aunque tu vida dependiera de ello.
Las miré, con mis pies sembrando raíces en el suelo.
Matsuri sonrió con tristeza. —Es muy triste. Uno de ellos, Sai, desapareció un año atrás. Casi todo el mundo cree que él está muerto.
Continuara…
