Capítulo 11: Bucky y Natasha

El día comenzó como cualquier otro. Bucky se levantó a su hora habitual después de una relativamente pacífica noche en la que las pesadillas no le habían molestado demasiado, no como otras noches al menos, y salió a correr junto a Steve como siempre. Entre los dos repasaron las tareas que tenían planificadas para la jornada y luego hablaron de cosas sin importancia.

Al volver se dio una ducha y cuando salió se sintió animado y preparado para afrontar el día que tenía por delante. Incluso llegó a pensar que en las últimas semanas había tenido muchos más días buenos que malos, y no por primera vez se alegró de cómo habían marchado las cosas desde que llegara a la base hacía ya algo más de un año. Lo cierto era que cada día estaba mejor y ya estaba empezando a sentir que podía con todo.

Estaba claro que había pecado de ingenuo.

Puso la tele mientras terminaba de vestirse y así fue como comenzó la debacle.

El programa de variedades matinal que estaba en pantalla no le suscitó ningún tipo de interés hasta que una de las presentadoras mencionó un nombre que conocía muy bien y captó su atención. Bucky se quedó mirando fijamente la televisión, viendo como el programa anunciaba un especial que emitiría en breve el canal sobre Howard Stark con motivo del vigesimoquinto aniversario de su muerte, en gran parte basado en la biografía "La Vida y Milagros del Industrial Howard Stark" que salió a la venta a finales del año anterior. La mirada de Bucky se ensombreció al ver las imágenes del que una vez fue su amigo; la sonriente cara del Howard joven con el que Bucky y Steve habían compartido tanto durante la guerra, el Howard maduro al que Bucky apenas había podido conocer, únicamente de la forma más amarga.

El programa hizo un recorrido rápido sobre la vida y los logros del genio que había revolucionado la tecnología a finales del siglo pasado, mencionando el legado que había continuado Tony tras su muerte, y terminó con algunas imágenes del accidente de coche que había terminado con su vida y que Bucky, desgraciadamente, conocía de primera mano.

Apagó la tele y se dirigió a la cocina de forma mecánica, como si la mente se le hubiera desconectado del cuerpo. Abrió la nevera y contempló inexpresivamente el cartón de leche.

Ya no estaba en la base que había sido su hogar durante aquel último año, sino que volvía a estar en una de las guaridas de HYDRA, atado todavía a la silla después de una de sus sesiones de reprogramación.

—Ya podéis soltarle —ordenó el hombre que estaba al mando, y Bucky respiró hondo cuando le quitaron el protector bucal y aflojaron las correas que le impedían moverse—. ¿Sabes quién soy y qué estoy haciendo aquí? —le preguntó el hombre.

—Usted es el Subsecretario Alexander Goodwin Pierce y viene a asignarme mi siguiente misión —respondió Bucky obedientemente. Pierce asintió, satisfecho.

—Eso es. Hasta hoy has sido muy eficiente en todo lo que se te ha encomendado y es por eso que voy a recompensarte asignándote una misión muy importante para nosotros. Confío en ti y sé que lo harás muy bien.

Bucky no dijo nada ni sintió nada ante esas palabras. Él solo hacía su trabajo y completaba sus órdenes hasta el final, porque esa era su sola existencia.

Pierce le entregó una fotografía en la que aparecían un hombre y una mujer, ambos muy atractivos. Bucky estudió sus rostros, memorizándolos.

—Este es tu próximo objetivo, Howard Stark —le informó Pierce, y al pronunciar ese nombre algo se removió ligeramente en el interior de Bucky.

—Howard… Stark… —repitió. ¿Por qué ese nombre le resultaba familiar? ¿Conocía a ese hombre? Un recuerdo trató de abrirse paso en su dañada mente. Una memoria lejana, de sonrisas cómplices, de brindis al calor del fuego, de historias compartidas en otros tiempos en los que Bucky todavía era humano—. Le conozco —afirmó. Pierce levantó una ceja.

—Claro que le conoces. Todo el mundo conoce a Howard Stark, está todo el día saliendo en la tele y en las revistas.

Bucky volvió a mirar la foto, no del todo convencido. La cara no le sonaba tanto como el nombre, pero tampoco es que supiera identificar muy bien a personas fuera de lo que tenía que ver con sus misiones. Quizá sí que se trataba de eso, había escuchado por casualidad el nombre y por algún motivo se le había quedado grabado.

—Stark acudirá esta noche a una gala benéfica en Nueva Jersey junto a su mujer, Maria. Necesitamos que los elimines a los dos cuando salgan de la fiesta, pero tienes que hacer que parezca un accidente. Nos jugamos mucho, ¿lo entiendes?

Bucky dijo que sí, devolviéndole la foto a Pierce. No tendría ningún problema en hacerlo de ese modo, como no había tenido ningún problema las veces anteriores. Nunca pensaba en sus encargos como nada más que objetivos a eliminar, aunque, aquella vez, para su sorpresa, le embargó una cierta pena al aceptar esa misión. Si HYDRA necesitaba deshacerse de ellos sus motivos tendrían y él no era nadie para discutírselos, pero no pudo evitar pensar que los Stark parecían personas agradables y que seguramente no se merecían ese final.

—Bien. Que te quede claro que los Stark son enemigos de HYDRA y es por eso que nos libramos de ellos. Repite tus instrucciones, por favor.

—Eliminaré a los enemigos de HYDRA Howard y Maria Stark a la salida de la gala benéfica a la que acudirán esta noche en Jersey, haciendo que parezca un accidente automovilístico para que su muerte no pueda ser relacionada con nosotros —recitó Bucky sin emoción alguna.

—Buen chico —dijo Pierce, palmeando la cabeza de Bucky como si fuera un perro y sonriéndole de una forma que a Bucky se le antojó siniestra—. Te espera un gran futuro con nosotros si sigues portándote así de bien.

—Señor Pierce, ¿y qué vamos a hacer con el hijo de los Stark? —preguntó alguien a quien Bucky no reconoció.

—¿Con Tony? Por ahora no vamos a hacer nada. Sería demasiado sospechoso que al chaval le pasara algo tan seguido de la muerte de sus padres. En un futuro si nos causa problemas ya reevaluaremos qué hacer con él, pero mientras tanto Stane se ocupará de tenerle controlado, no hace falta que nos preocupemos antes de hora. Venga, es hora de que empieces a prepararte —dijo, dirigiéndose de nuevo a Bucky.

Bucky completó su misión con éxito. Fue rápido, certero y probablemente indoloro. Nadie sospecharía que había sido nada más que un terrible accidente de coche. Una tragedia, pero eran cosas que pasaban.

Y con eso, Howard Stark dejó de existir. Bucky se sorprendió al sentir cómo una lágrima le resbalaba por la máscara hasta caer al suelo.

Su último pensamiento mientras esperaba en la cámara criogénica a que el hielo se comiera su conciencia fue para el hijo de Howard, que se llamaba Tony y que ahora debía estar llorando la muerte de sus padres. Tenía la sensación de que era importante que recordara ese nombre, pese a que era probable que tarde o temprano tuviera que eliminarle a él también. Los Stark eran enemigos de HYDRA, al fin y al cabo.

En lo más fondo de su ser, en la parte en la que todavía quedaba algo de la humanidad del Bucky que una vez fue, esperó que no tuviera que hacerlo.

—Hombre, Bucky, justo eres tú a quien quería ver. He estado pensando y creo que todavía puedo implementar unas cuantas mejoras más a tu brazo. ¿Tienes un rato hoy? Si es así pásate por el taller y te explico mis ideas, a ver qué te parecen —dijo Tony alegremente al entrar en la cocina y divisar a su amigo, mientras sacaba un bol y la caja de cereales del armario.

Bucky continuó inmóvil, escuchando las palabras sin procesarlas.

—¿Bucky? ¿Estás bien? —Tony se acercó a él al reparar en su silencio y le puso una mano en el hombro para llamar su atención. El contacto hizo reaccionar a Bucky. Cogió a Stark del cuello con su mano de metal y le hizo retroceder hasta que la espalda de este golpeó la pared. Bucky le levantó del suelo como si no pesara nada, apretando los dedos sobre su garganta. Tony le cogió del brazo con sus dos manos, tratando de coger aire inútilmente.

—Los Stark son enemigos de HYDRA y por eso deben morir —recitó Bucky, observando con morbosa fascinación como Stark pataleaba y su cara empezaba a adquirir una tonalidad violácea—. Eliminar a los Stark es mi misión.

Alguien dejó escapar un grito ahogado y lo siguiente que sintió Bucky fue una ráfaga de energía que le mandó volando a la otra punta de la estancia.

—Dios mío. ¡Steve! ¡Steve! —chilló Wanda asustada. Bucky se incorporó, frotándose la parte de atrás de la cabeza en la que se había propinado un soberano golpe contra la pared, y volvió en sí justo cuando Steve llegaba corriendo y se arrodillaba al lado de Tony quien tosía violentamente.

—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó, alarmado, chequeando frenéticamente a Tony.

—¡No lo sé! ¡He entrado en la cocina y he visto a Bucky estrangulando a Tony! —dijo Wanda, confusa y visiblemente afectada.

—Estoy… estoy bien —dijo Tony a duras penas, con la mano en la garganta y dando grandes bocanadas de aire—. N-no ha sido nada.

Todavía aturdido y horrorizado por lo que acababa de pasar, Bucky gateó hacia Tony.

—Tony… L-lo siento, no sé lo que me ha pasado, no quería…

Pero antes de que pudiera acercarse más Steve se puso enfrente de Tony, utilizando su cuerpo de escudo y dirigiendo a Bucky una mirada glacial.

Bucky tragó saliva. Steve jamás le había mirado así, ni siguiera cuando pelearon a bordo del helitransporte y Bucky estuvo a punto de matarle.

Para terminar de rematar, alertada por el alboroto, Natasha fue la siguiente en llegar y lo primero que hizo fue acercarse a Bucky.

—¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? —le preguntó al ver su cara desencajada. Como había hecho Stark, le puso una mano sobre el hombro.

—¡No me toques! —gritó Bucky, aterrorizado ante la idea de hacerle daño a Natasha como se lo acababa de hacer a Tony. Natasha retiró su mano. Bucky se puso en pie y echó a correr, dejándolos a todos atrás.

Una vez en su habitación abrió el armario y cogió toda la ropa que le cupo en los brazos, arrojándola sobre la cama. Necesitaba una maleta o una bolsa de viaje grande, haría el equipaje y se marcharía de allí antes de que pudiera volver a atacar a alguno de sus otros amigos.

Había sido un imbécil al pensar que podría dejar atrás su pasado como si nada. Era un asesino, solo servía para matar y causar sufrimiento, para nada más.

Nadie estaría seguro a su lado, y después de haberla fastidiado con Steve, con Tony y con Natasha, con las personas que habían hecho tantísimo por él, ya no tenía sentido permanecer en aquel lugar ni un minuto más.

Pero… ¿Qué iba a hacer una vez se marchara? No tenía a dónde ir. Todo lo que tenía estaba allí, con Steve, Natasha y los demás, y no quería volver a lo que era su vida antes de que Tony le encontrara y le prometiera que todo iba a salir bien. No quería volver a estar solo.

Le fallaron las piernas y cayó al suelo, sintiéndose más perdido que nunca.

—Ei —le susurró Natasha, acuclillada a su lado. Bucky no sabía si habían pasado minutos u horas desde el incidente. Seguro que ella estaba allí para decirle que ya no podría seguir viviendo con ellos. Steve estaría tan dolido y enfadado con él que ni querría decírselo él mismo y la había mandado a ella. Bucky no le culpaba. Se merecía que Steve nunca más le mirara a la cara.

—Tony… —dijo Bucky débilmente.

—Tony está bien. Ven, vamos a dar un paseo tú y yo —dijo ella con suavidad. Bucky no tuvo fuerzas para decir que no.


—¿Y me traes a Central Park? No creo que sea una buena idea estar rodeado de tanta gente ahora mismo —protestó Bucky. Debería estar encerrado en algún lugar en el que no pudiera volver a hacerle daño a nadie.

—Que sí, hombre, te vendrá bien tomar un poco el aire. Respira y relájate. —Natasha le cogió del brazo humano y caminaron en silencio durante un rato.

Bucky contempló los alrededores. El parque rezumaba vida por todas partes, lleno de parejas que paseaban cogidas de las manos, de deportistas que corrían o iban en bicicleta, de turistas ilusionados que se hacían un sinfín de fotos en los rincones más emblemáticos, de niños que jugaban felizmente con sus padres o sus niñeras.

Era un día espléndido de finales de verano, el cielo azul despejado y las hojas de los árboles de un color verde intenso, aguantando esos últimos días antes de que llegara el otoño y el rojo y el naranja lo dominaran todo a su antojo.

Ojalá pudiera disfrutar de las pequeñas cosas como esas personas de vidas normales y corrientes, pero no podía. Ninguna de esas personas podía ni siquiera imaginarse por lo que estaba pasando él, y sintió un ligero rencor hacia ellas y hacia Natasha por recordarle lo que no iba a poder tener nunca.

—Qué paz se respira, ¿verdad? —dijo Natasha, sonriendo al ver a dos niños salpicarse el uno al otro con el agua de una fuente—. Viendo esto nadie diría que hace cuatro años un ejército alienígena invadió Nueva York.

—Qué bonito debe ser saber que esta gente puede seguir disfrutando de sus vidas gracias a ti, ¿no? —dijo él con cierta amargura.

—Pues sí. Una asesina salvando el mundo, qué locura. Si no lo hubiera vivido ni yo misma me lo creería.

—Natasha… —suspiró Bucky—. Ya sé por dónde vas y te lo agradezco, pero así lo único que consigues es que piense que tú supiste aprovechar tu segunda oportunidad mientras que yo lo he hecho todo mal.

—No seas tan dramático. Has tenido una recaída, nada más.

—Que no sea… —Bucky parpadeó, incrédulo. ¿Acaso Natasha no se daba cuenta de la gravedad de la situación?—. Nat, no estamos hablando de que me haya tomado una copa después de un año sobrio. ¡He estado a punto de matar a uno de mis mejores amigos porque se me han cruzado los cables!

Al decirlo en voz alta las lágrimas se asomaron a sus ojos. Sí, era real, había pasado. No había sido una de sus pesadillas. Se le había ido la cabeza y el pobre Tony había estado a punto de pagarlo muy caro.

—Pero no lo has hecho —le recordó Natasha, paciente.

—No, porque ha aparecido Wanda en el momento justo, porque si no…

—Vamos a sentarnos allí —dijo ella, y tomaron asiento a la orilla del lago. Hubiera sido un sitio maravilloso para nuestra primera cita, pensó Bucky. Un agradable picnic, un romántico paseo en barca y después se darían su primer beso en el Bow Bridge, como en las películas.

No era un mal sitio tampoco para una despedida, supuso.

—No voy a poder volver, ¿verdad? —dijo Bucky, sin mirarla.

—Puedes y lo harás —afirmó ella, acercándose más a él hasta que se tocaron sus muslos.

—Pero, ¿cómo? Tú no has visto cómo me ha mirado antes Steve. Por primera vez en toda mi vida me ha mirado con odio, y no es para menos. Depositó toda su confianza en mí y yo se lo pago atacando a su novio.

—Steve se ha asustado mucho cuando se ha encontrado ese percal de repente, pero en cuanto ha comprobado que Tony estaba bien se ha tranquilizado. Y Tony ha sido el primero en insistir en que no lo has hecho queriendo y que no te lo va a tener en cuenta.

—¿De verdad? ¿Cómo puede seguir siendo tan bueno conmigo con todo lo que le he hecho? —Bucky no lo entendía, no lo había entendido nunca y ahora menos. Cualquier otra persona en el lugar de Tony buscaría venganza, no comprensión.

—Porque sabe que eres una buena persona y te aprecia. Igual que los demás. —Natasha lo dijo como si fuera una obviedad, pero a Bucky le costaba de creer.

—Las buenas personas no hacen lo que he hecho yo —replicó él, terco.

—¿Crees que yo soy una mala persona, entonces? —le preguntó Natasha.

Bucky le miró a los ojos.

—No, claro que no. Pero es diferente…

—Sí —convino ella—. Tú estuviste controlado y manipulado durante décadas. Es un milagro que desde que llegaste a la base solo hayamos tenido este incidente de hoy.

—Pero ha ocurrido, Natasha, ese es el problema. No he podido controlarme y casi causo un daño irreversible. Además, no puedo estar el resto de mi vida echándole la culpa a lo que me hicieron. En algún momento tengo que responsabilizarme de mis propios actos, ¿no crees? —insistió Bucky.

—Hazlo, por supuesto que sí. Pero no olvides todas las cosas buenas que has hecho este último año, lo buen amigo y compañero que has sido con todos nosotros, el montón de gente a la que has ayudado. ¿No cuenta eso?

Bucky guardó silencio, volviendo a desviar la mirada. En el fondo sabía que Natasha tenía razón, pero… No sentía que se mereciera tan fácilmente el perdón. Lo que había hecho había sido muy grave.

—¿Y si vuelve a pasar? —preguntó él al cabo de unos instantes, su voz llena de miedo.

Natasha cogió una piedrecita y la tiró al agua.

—No te puedo contestar a eso, solo te puedo decir que entre todos haremos lo posible para que no vuelva a ocurrir. Te has esforzado mucho y lo has hecho muy bien todo este tiempo, no lo eches por la borda por un error, ¿vale, James?

Bucky medio sonrió.

—Eres la única que me llama James —le dijo. Le encantaba que lo hiciera, porque era como si compartiera con ella una clase de confianza especial que no tenía con nadie más.

Natasha se encogió de hombros.

—Me gusta tu nombre —le dijo ella, sin más. Bucky la miró largamente. Dios, qué guapa que era, y qué ganas tenía de besarla y de estrecharla entre sus brazos.

—Y a mí me gusta todo de ti —le soltó sin pensar, y se medio arrepintió en cuanto lo dijo. No era precisamente el mejor momento para decir algo así y no pretendía hacerlo, pero esas palabras que llevaba tanto tiempo guardando dentro de sí habían decidido por su cuenta que había llegado la hora de salir al exterior.

—¿Eso quiere decir que por fin me vas a invitar a una cita de verdad? —preguntó ella, para sorpresa de Bucky.

—¿Q-Quieres que lo haga? —preguntó él a su vez, vacilante.

Natasha le sonrió y le dio un suave beso en la mejilla.

—Solo si me prometes que te esforzarás al máximo —contestó ella, y Bucky supo que no se estaba refiriendo únicamente a la cita.

El nudo que se había instalado en la boca de su estómago tras lo sucedido cedió un poquito. Si se rendía ahora, entonces todos sus esfuerzos y los de sus amigos para que saliera adelante habrían sido en vano.

Seguiría luchando. Lo haría por Natasha. Lo haría por Steve y por Tony. Por Sam, por Wanda, por todos los demás.

Y, sobre todo, lo haría por sí mismo. Por todas las cosas buenas que le esperaban en el camino.

—Te lo prometo.


—¿De verdad está Tony bien? —fue lo primero que preguntó Bucky en cuanto Steve le recibió en su despacho, horas después. Steve tomó asiento y aguardó a que Bucky hiciera lo mismo.

—Tendrá la garganta inflamada unos días, pero sí, está bien —contestó Steve. Por suerte, ya no había rastro en su mirada del rencor de por la mañana.

—Menos mal. ¿Podrás decirle que lo siento muchísimo y que jamás fue mi intención hacerle daño? ¿Le dirás que tuve un momento de debilidad momentáneo porque vi en la tele imágenes del asesinato de sus padres y eso hizo que se me fuera la cabeza?

—¿Eso es lo que pasó? O sea que todavía hay algunos estímulos que pueden hacer que tengas una regresión instantánea. Tendremos que estudiarlo bien para evitar que vuelva a suceder, claro —musitó Steve, pensativo.

—¿Se lo dirás, Steve? —insistió Bucky, porque pedirle disculpas a Tony era lo más importante.

—¿Mm? No, no lo haré —dijo Steve. A Bucky se le subió el corazón a la garganta—. Podrás hacerlo tú mismo, él también se siente fatal por lo ocurrido y quiere verte para asegurarse de que estás bien —le clarificó, y una oleada de alivio recorrió a Bucky por completo. Tenía mucha suerte de que Tony fuera tan buena persona.

—Gracias —murmuró Bucky. Steve asintió.

—Pero también tengo que decirte que durante una temporada no podré dejar que os quedéis los dos a solas. Al menos, hasta que tengamos un mínimo de garantía de que esto no va a volver a pasar —añadió su amigo.

—Lo comprendo, y tienes todo el derecho del mundo de ser precavido —se apresuró a darle la razón Bucky. Él también estaría más tranquilo de ese modo—. Y si me dices que ya no puedo volver a formar parte del equipo también lo entenderé.

—No, Buck, no voy a decirte eso. Tendré que apartarte del trabajo de campo por un tiempo, pero no será para siempre. Has llegado muy lejos como para tirar la toalla ahora —le aseguró Steve, muy en línea de lo que le había dicho Natasha antes.

—¿Y qué vamos a hacer ahora? —preguntó con incertidumbre.

—Bueno, creo que parte del problema es que con todo el lío del Doctor Garner descuidamos tu terapia. Como estabas mucho mejor nos confiamos y es posible que por eso se haya producido el incidente de esta mañana. Nos lo tomaremos como un aviso. Sé que no te hace mucha gracia tener que empezar de cero con otra persona y volver a abrirte como hiciste con Garner pero vas a tener que volver a hacer terapia de forma regular, Buck. No es negociable.

—Haré lo que sea —le aseguró Bucky—. Lo que sea para que esto no vuelva a pasar.

—Bien. A partir de ahí ya iremos viendo, pero podrás trabajar desde la base hasta que todo esto se normalice.

—Me esforzaré al máximo —le prometió, como le había prometido también a Natasha que lo haría.

—Sé que lo harás —le contestó Steve con una pequeña sonrisa—. ¿Quieres ir a ver a Tony ahora? —le propuso.

—Sí, por favor. —Se pusieron en pie. Bucky dudó, pero se decidió a preguntarle a Steve lo que le rondaba por la cabeza—. Steve… Tú y yo… ¿Vamos a estar bien a partir de ahora?

Le embargó el temor al ver que su amigo no contestaba al instante. Pero entonces Steve exhaló con lentitud y se acercó a él, poniéndole una mano sobre el hombro.

—Contigo hasta el final, ¿no? —le dijo, con afecto.

A Bucky se le volvieron a llenar los ojos de lágrimas.

—Hasta el final —corroboró.