¡Hola!

Snif, por fin ha llegado el final final de este fic T_T

En serio, no sé por que siempre me da tanta tristeza terminar los fics, pero bueno, ya que se puede hacer.

Espero que les haya gustado leerlo tanto como a mi me gustó escribirlo, ahora sólo queda vernos en los otros fics.

Les dejo leer el epílogo ^^

Advertencia: lemon, pero muy leve.

Epílogo:

El sonido de las olas chocando con las rocas le daban cierta sensación de tranquilidad, y la luz de la luna llena iluminaba aquella oscura noche mientras las manos de su esposo acariciaban con suavidad su espalda casi desnuda, sólo cubierta por los lazos de su bikini.

Ambos estaban sobre la arena de aquella playa, besándose apasionadamente, disfrutando de la brisa marina.

-Gaara… - Le susurró ella, separándose de los labios de él. Los ojos aguamarina la miraron con cierto enfado, haciendo notar que no quería separarse de ella.

-¿Qué sucede Matsuri? – Preguntó el pelirrojo, acariciando suavemente la mejilla de la castaña.

-Es que… ya está haciendo un poco de frío mi amor, regresemos al hotel – Respondió ella con una sonrisa – Además… - Se acercó sensualmente a su oído – Aquí no podemos hacer nada.

-En eso tienes razón – Susurró Gaara contra sus labios – Y yo me muero por hacerte mía, así que vámonos.

Matsuri asintió sonrojada y ambos se levantaron para dirigirse al hotel.

Ella estaba realmente feliz; estaba en su luna de miel con el hombre que tanto amaba, el padre de su hijo. Desde que él había aparecido en su vida, esta se había vuelto maravillosa. En estos momentos, había muchas situaciones vividas junto a él que podía recordar.

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Ese día se encontraba sentada sobre el sofá viendo una telenovela, mientras comía un delicioso helado de chocolate con fresas y crema. Ahora que tenía cuatro meses de embarazo constantemente comía dulces y cosas que no debía, pero es que simplemente no podía evitarlo, los antojos eran más fuertes que ella y todos esos deliciosos dulces la llamaban, gritando "cómeme", ella no podía despreciar tan tentadora oferta.

-Cielos, es tan triste… - Dijo mientras soltaba algunas lágrimas.

No sólo los antojos habían estado presentes; los cambios de humor y la sensibilidad estaban a la orden del día este último tiempo, aunque estaba feliz. Después de todo siempre había soñado con tener un hijo y gracias a eso ya jamás volvería a estar sola.

Después de comer, acarició con delicadeza su pequeña barriga, le gustaba mucho hacerlo e imaginar como sería tener a su bebé en los brazos, si se parecería a Gaara o no. Aunque aún no le decía si era niño o niña, estaba segura de que lo amaría fuese lo que fuese.

-Bebé, ya no puedo esperar a tenerte y poder ver tu carita – Decía llena de ilusión. En ese momento tocaron el timbre de su departamento. Matsuri recordó que hoy iría junto con Gaara a su control con la doctora y vería a su bebé en la ecografía. Sonrió ansiosa y se levantó a abrirle la puerta a su amado.

Gaara estaba del otro lado, esperando que su novia le abriera la puerta. Cuando ella le abrió y la vio llorar, se alarmó e imaginó lo peor.

-Hola Gaara – Lo saludó la castaña con una sonrisa mientras se secaba las lágrimas.

-¿Qué te pasa Matsuri? ¿Te hiciste daño? ¿Te duele algo? – Preguntaba el pelirrojo preocupado, y es que desde que se enteraron del embarazo él la cuidaba demasiado, incluso hasta del mismo viento - ¿Por qué estás llorando?

-No me pasa nada – Respondió Matsuri sonriendo – Fue sólo que estaba viendo algo que me hizo llorar en la tele, es que estoy muy sensible y lloro por todo, pero estoy bien.

-Cielos… - Suspiró Gaara – No me asustes de esa forma, creí que te sentías mal.

-Lo siento mi amor – Dijo ella con una pequeña sonrisa, acercándose a él para abrazarlo – No quería que te preocuparas así.

-Ya no importa, me alegra saber que tú y nuestro hijo están bien. Pero bueno ¿Ya estás lista para irnos?

-No, jeje – Respondió la castaña con una gotita resbalando por su sien – Es que se me olvidó, pero ya voy y me alisto.

-Estás muy despistada bonita – Dijo Gaara con una sonrisa. Matsuri se fue a cambiar y Gaara entró para esperarla.

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Los recién casados entraron a su habitación entre risas. Él la tenía levantada entre sus brazos y, después de cerrar la puerta empujándola con su espalda, la depositó suavemente sobre la cama, para después recostarse sobre ella.

-Te amo bonita… - Susurró Gaara mientras besaba con pasión y delicadeza el cuello de su amada, bajando lentamente sus labios hasta llegar al nacimiento de sus pechos, en donde se entretuvo por más tiempo.

-Yo también te amo – Dijo Matsuri tomando el rostro de Gaara entre sus manos para hacer que él la mirara a los ojos. Sonrió sensualmente, provocando que el calor en el cuerpo de él se extendiera – Mi pelirrojo sexy.

Gaara sonrió de medio lado, recordando aquella pequeña discusión esa mañana después de haberse quedado en el departamento de ella por primera vez.

-¿Así que soy sexy?

-Eres muy sexy – Respondió la castaña mordiendo su labio inferior sin dejar de mirarlo, pero fue él quien se encargó de que sus labios se volviesen a unir en un apasionado beso.

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Matsuri estaba emocionada viendo en la pantalla el desarrollo de su bebé, aunque por su lado, Gaara se veía muy confundido ya que no entendía nada. Para él parecían un montón de sombras moviéndose.

-Tu bebé se ve muy bien Matsuri-chan – Dijo con una sonrisa la ojiperla.

-¿De verdad Hinata-chan? – Preguntó ilusionada la castaña, ya que el saber que su bebé estaba sano le hacía muy feliz.

-Claro que sí, se ve que será muy fuerte – Hinata quitó la máquina del vientre de su amiga mientras le sonreía, luego se sentó y se llevó un mechón de pelo detrás de su oreja mientras Matsuri se limpiaba el gel de su vientre – Vaya, no puedo creer que te tenga aquí, y con Gaara-kun.

-El mundo es muy pequeño ¿No? – Comentó Gaara mientras tomaba la mano de su chica – La esposa de mi mejor amigo es la amiga y doctora de mi novia.

-¿Y además se conocían desde hace tiempo, no? – Preguntó Matsuri con molestia. Era cierto, lo acababa de recordar, estaba tan concentrada en ver a su hijo en el monitor que había olvidado que hace unos días Gaara le había comentado que esa famosa novia que había tenido era nada menos que Hinata.

Gaara y Hinata se sintieron algo nerviosos por el tono usado por Matsuri, pues se notaba que ese pequeño incidente del pasado le estaba afectando más de lo normal.

-Bueno, pero eso fue hace años ¿Verdad Gaara-kun? – Dijo Hinata con una sonrisa algo forzada y una gotita recorriendo su sien. Gaara asintió con la cabeza.

-Claro, ya no tiene ninguna relevancia – Respondió también un poco nervioso, recordando que cuando se lo dijo a Matsuri –y ésta con sus extraños cambios de humor- se había puesto a llorar incansablemente, asegurando que ella comparada con Hinata era un cero a la izquierda, por lo que Gaara se tardó horas en lograr calmarla.

La verdad era que Gaara y Hinata habían sido novios durante la adolescencia, más o menos cuando tenían quince años cada uno. Juntos fue su primer beso y todas esas cosas que se hacen en una relación, Gaara estaba muy enamorado de ella y estuvieron juntos por un año, pero cierto día apareció Naruto –el alumno nuevo- quien se robó el corazón de la Hyûga (Y hasta ahora no lo ha devuelto) por lo que su relación se terminó abruptamente y no de buena manera –aunque al final todos quedaron como amigos-, por eso fue que Gaara comenzó a salir con muchas chicas al mismo tiempo y se escapaba de casa para ir a fiestas y a ver a sus novias (Tenía más de una a al vez la mayoría de las veces, pero él decía que nunca les había pedido noviazgo así que no se sentía comprometido con ninguna). Todo siguió de esa manera y aún más después de la muerte de la madre del pelirrojo, pero repentinamente cambió al conocer a Matsuri.

Matsuri fue amiga de Hinata en la escuela, pero la conoció cuando tenían dieciséis, así que no alcanzó a conocerla como novia de Gaara sino que de Naruto. Y a Temari la conoció en la universidad, por lo que aunque muchas veces tuvo oportunidad de encontrarse con Gaara, no lo hizo hasta los veinticuatro en aquella noche en que se desmayó en medio de la calle.

-Aún así me molesta – Susurró Matsuri muy bajito, así que no pudieron escucharla.

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-¿En que piensas? – Le preguntó Gaara al separarse de ella, la cual lo miraba con una pequeña sonrisa en sus labios, la cual de pronto cambió por una expresión de desagrado, pues aún ahora se moría de celos.

-Sólo recordaba algunas cosas – Respondió desviando la mirada – Pero no tienen importancia.

-Pues te ves un poco molesta – Insistió Gaara acariciando la mejilla de su esposa. Él sabía que ella a veces se comportaba así, recordaba alguna cosa que la había hecho enfadar y volvía a enojarse, pero a él no le importaba eso, pues le gustaba mucho la idea de quitarse el enfado con sus besos y sus caricias.

-No es nada Gaara, de verdad – Aseguró Matsuri, pero se quedó callada al sentir como Gaara comenzaba a deslizar su mano suavemente por su vientre, provocándole algunas cosquillas.

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-¿Estás celosa Matsuri? – Le preguntó el pelirrojo a su novia, la cual lo miraba algo enfadada.

Ambos estaban sentados a la mesa de una fuente de sodas a la cual fueron después de salir de la clínica. Matsuri se había mostrado molesta desde entonces, así que él no pudo más y tuvo que preguntar pues no le gustaba verla así.

-Claro que no – Negó la chica desviando la mirada – Es sólo que… bueno… ¿Por qué no me habías dicho antes lo tuyo con Hinata-chan? Mucho antes…

-Bueno, no lo creí necesario – Respondió Gaara - ¿Tanto te molesta que no lo haya hecho? ¿O es el hecho de que ella fuese mi novia antes?

-Es que… tú la querías de verdad – Dijo Matsuri con cierta tristeza, la cual Gaara notó por el tono de su voz – Y estuvieron juntos por un año así que…

-¿Crees que aún siento algo por ella?

Matsuri simplemente bajó la cabeza, ya que no se sentía capaz de responder. De sólo pensar en que Gaara aún siguiera enamorado de Hinata le hacía doler el pecho de una forma inexplicable, ni siquiera tomaba en cuenta que Hinata estuviera casada y con una hija, o que ella estaba esperando un hijo de Gaara. La verdad era que le dolió ver como ellos se miraban, como Gaara la miró con tristeza cuando entraron a esa sala, seguro había recordado lo que Hinata le hizo y eso significaba que aún la quería. Sin importar cuantas veces Gaara le había dicho que la amaba aún sentía que ante otras mujeres ella era menos.

-¿Matsuri? – Insistió Gaara al ver que ella no respondía.

-No lo sé, después de todo yo no puedo compararme con ella.

-Es que tú no aprendes ¿Verdad? – Matsuri lo miró algo confundida - ¿Cuántas veces tengo que decirte que dejes de compararte con otras mujeres? Eres tú mi novia, eres tú quien va a darme un hijo y eres tú la mujer que amo ¿Entendido? – La regañó Gaara algo enojado.

-S-si… - Respondió la castaña sorprendida. Odiaba estar tan sensible, pues no pudo evitar el ponerse a llorar aunque se quería detener.

Al verla llorar Gaara se sintió como un tonto, en lugar de regañarla debía decirle que no se preocupara. Se puso de pie y tomó la mano de ella haciendo que se levantara también, para abrazarla despacio y con suavidad y así no dañar su pequeña pancita.

-Matsuri, nunca dudes de mis sentimientos hacia ti – Le susurró al oído – Desde hace mucho tiempo que no siento nada por Hinata, y tampoco podría sentir algo por ninguna otra mujer que no seas tú, tú eres la única para mí.

-Siento ser tan desconfiada, no quiero dudar de ti, es que tengo tanto miedo… todo lo que he vivido a tu lado ha sido nuevo para mi, desde este sentimiento – Dijo tocando su pecho – Hasta el haberme entregado a ti y el estar esperando un hijo tuyo… te amo y me da miedo perderte.

-Siempre estaré a tu lado, deja de pensar cosas tontas – Aseguró el pelirrojo sin dejar de abrazarla, haciéndola sentir más aliviada y reconfortada.

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Las manos de Gaara se movían con delicadeza sobre el cuerpo semi desnudo de su esposa. Ya la conocía tan bien y sin embargo le deleitaba sentir la suavidad de su piel entre sus dedos, repasar con lentitud sus curvas –las cuales lo enloquecían por completo- y poder escuchar cuando ella gemía su nombre.

Mientras la besaba en los labios se deshizo se la parte de arriba de su bikini, dejando al descubierto sus pechos, los cuales comenzó a besar lentamente. Primero uno y luego el otro.

-Gaara… - Escapó de los labios de Matsuri en forma de gemido, mientras sentía la lengua del pelirrojo juguetear con sus pezones. Sus manos acariciaban la espalda masculina, ya desprovista de ropa alguna, mientras una de las manos de Gaara se acercaba hacia su intimidad, hundiendo uno de sus dedos en ella. No pudo evitar volver a soltar un gemido, pero esta vez fue mucho más intenso y logró que Gaara se excitara aún más, comenzando a morder con delicadeza uno de sus pezones, mientras que con su mano libre se encargaba de masajear el otro, sin descuidar ninguno de los dos.

-Matsuri… - Gruñó el pelirrojo con una voz algo gutural, sin detener sus caricias ni por un segundo – Me vuelves completamente loco…

-Y tú… a mi… - Contestó ella, extasiada al sentir los dedos de Gaara aún entrando y saliendo de su intimidad, haciéndole sentir pequeñas descargas eléctricas por todo su cuerpo.

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-Es tan lindo Temari – Dijo Matsuri con una sonrisa mientras veía a su pequeño sobrinito de un mes, dormido dentro de su cuna. Ella ya tenía siete meses de embarazo y no podía evitar que cada ves que viera al pequeño Shika (en realidad era Shikamaru pero así no confundían al padre y al hijo) sintiera deseos de conocer ya a su bebé.

-Gracias cuñadita, y a todo esto, no me has dicho que va a ser mi sobrinito – Dijo Temari mientras se acercaba a la cuna para vigilar el sueño de su bebé. Sonrió al verle dormir tranquilamente.

-Ah, si es cierto – Dijo la castaña con una sonrisa – No te lo había dicho, pero voy a tener un niño, un niño igualito a su padre.

-¿Cómo sabes que será igual a Gaara? Se puede parecer a ti ¿No crees?

-No, yo sé que será igual a él – Afirmó Matsuri, muy segura de que estaba en lo correcto.

-Si tú lo dices… por cierto ¿Ya compraste todas las cosas para él?

-¿Eh? – Exclamó Matsuri sorprendida, como si de pronto hubiese recordado que olvidó algo extremadamente importante. A Temari sólo le apareció una gotita en la frente, y es que francamente ¿Cómo podía ser tan distraída su amiga?

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-¡Vaya, aquí hay de todo! – Decía Matsuri emocionada mientras observaba todas las cosas de bebé que había en esa tienda.

Temari –que había venido con ella- la miraba con una gotita en su frente mientras sostenía a su bebé en los brazos. Gaara –que también había venido- miró a su hermana mientras su novia observaba casi con desesperación la hermosa ropita y los juguetes.

-Se ve muy contenta ¿No? – Preguntó la rubia sonriente. Ella estaba muy feliz por Matsuri, desde que su amiga supo lo de su embarazo estaba tan risueña todo el tiempo, no recordaba haberla visto tan feliz antes.

-Si, Matsuri es muy alegre, por eso la amo – Contestó Gaara esbozando una leve sonrisa.

-Y tú ni tonto ni perezoso la embarazaste enseguida ¿No? – Dijo Temari entornando los ojos, pues aunque le daba gusto que Matsuri fuese la novia de su hermano, no le permitiría ni siquiera a él hacerla sufrir. Gaara se ruborizó un poco y tosió escandalosamente. La verdad era que había deseado tanto hacerle el amor a Matsuri que cuando al fin sucedió ni siquiera se molestó en usar protección y por ende ella resultó embarazada, aunque no se quejaba, la amaba y tener un hijo con ella era lo mejor que le había pasado.

-Temari, no digas tonterías – Dijo poniéndose serio y aparentando estar molesto.

Matsuri tomó entre sus manos la ropita y encontró un montón de cosas que le gustaría que su bebé usara. Tenía un muy buen gusto, ya que quería ver que su hijo se viera tan guapo como su padre.

Gaara se acercó a ella y la abrazó por la espalda, acariciando su pancita.

-¿Ya te has decidido? – Le preguntó.

-Aún no, es que todo es muy lindo ¿Por qué no me ayudas tú?

-De acuerdo, pero recuerda que aún tenemos mucho que comprar y… tengo algo que decirte – Matsuri lo miró intrigada y él le dio un suave beso en los labios.

-¿Qué cosa es Gaara?

-Que he comprado una hermosa casa para nosotros y nuestro hijo – Le respondió, viendo como ella se sorprendía – Tiene un gran jardín para que corra, y si quieres podemos tener un perro – Sonriendo.

-Ay Gaara… - Susurró la castaña abrazándolo de nuevo. Matsuri casi no podía creer que él fuese tan maravilloso, pero era cierto todo esto, el amor jamás se iría de su lado.

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-Gaara, te quiero sentir – Le susurró Matsuri al oído, haciendo que Gaara se excitara aún más.

Por fin se decidió a hacerlo, y después de deshacerse de su bóxer y de las bragas de Matsuri, la penetró lentamente, comenzando a moverse despacio dentro de ella para hacerla disfrutar lo más que pudiera. Por su parte, Matsuri no podía reprimir sus gemidos, cada vez más fuertes al estar recibiendo tanto placer por parte de la persona que amaba con todo su ser.

Gaara aumentó el ritmo de las envestidas mientras que su boca apresaba con pasión la boca de su esposa, besándola intensamente, mordiendo sus labios con delicadeza. Matsuri le rodeó con sus piernas haciendo que la penetración fuese más profunda, tanto que ninguno podía contenerse.

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-¿Tomar clases para padres? – Le preguntó Gaara algo confundido mientras dejaba una caja sobre la mesa de su nueva casa. Se habían cambiado hace dos días y estaban terminando de acomodar las últimas cosas.

-Así es ¿O es que acaso tienes idea de cómo cuidar de un bebé? – Le dijo Matsuri sentándose sobre el sofá con dificultad. Gaara la miró y luego suspiró resignado.

-Tienes razón, no tengo idea.

-Yo tampoco – Dijo la castaña acariciando con ternura su barriga – Ambos somos primerizos jeje, yo quiero ser una buena madre, pero no tengo idea de cómo cuidar a un recién nacido, por eso pienso que deberíamos asistir a ese taller.

-De acuerdo mi amor – Le dijo sonriendo el pelirrojo – Pero independientemente de eso quiero que sepas… que yo pienso que serás una excelente madre.

-G-gracias – La castaña bajó su mirada ruborizada y con una pequeña sonrisa.

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Dos días habían pasado y ahora los dos se encontraban entrando en aquella sala que estaba llena de padres primerizos, los cuales también asistían al taller.

-Bueno padres – Habló una joven instructora – Comenzaremos bañando al bebé.

En un rato estaban todos los padres practicando como bañar a sus bebés en una pequeña bañera sobre una mesa. Había algunos tan torpes que casi ahogaban a los muñecas que hacían de bebés, pero estaban todas las mujeres sorprendidas viendo como un apuesto pelirrojo bañaba al bebé a la perfección.

-Mira que guapo es, y lo hace muy bien con el bebé – Decía una chica embarazada de unos cuatro o cinco meses, a otra que parecía de unos ocho.

-Si, que suerte tiene su esposa – Dijo la otra. Todos esos comentarios hacían que Matsuri se sintiera un poco celosa, pero decidió pasarlo por alto.

-Vaya Gaara, eres muy bueno para esto – Le dijo con una sonrisa, orgullosa de que todas las ahí presentes la envidiaran.

-No hay que ser un genio para no ahogar a un bebé – Respondió Gaara tranquilamente, ganándose unas miradas de admiración por parte de las futuras madres y unas cuantas de odio por parte de los padres.

Después de eso, debían mudar al bebé. Matsuri le puso talco, pero por agitarlo tan fuerte le saltó un poco a la cara y comenzó a estornudar. Gaara comenzó a reírse, pues se veía graciosa con la cara blanca, pero ella infló sus mejillas.

-Mo, no te burles de mí – Se quejó la castaña, pero Gaara seguía riendo – Hey Gaara, ya basta – Volvió a reclamar, cruzándose de brazos.

-De acuerdo, lo siento bonita – Se disculpó Gaara abrazándola dulcemente – Vamos, continúa.

-Hai – Matsuri asintió con la cabeza y siguió practicando para mudar al bebé. Después de un par de intentos más logró hacerlo y sonrió satisfecha.

Lo demás fue como preparar la comida, hacerlo dormir y algunas cosas más. Al final los dos salieron con una sonrisa del lugar e iban abrazados.

Caminaban hacia el parque, ya que Matsuri insistió en que quería caminar y no moverse en un auto porque la doctora le dijo que debía hacer ejercicio si no quería quedarse gorda después del parto. Al llegar al parque Gaara le compró un helado de su sabor favorito y se sentaron.

-Oye Gaara… - Lo llamó.

-¿Si? ¿Qué pasa bonita? – Preguntó el pelirrojo mientras le pasaba un brazo por encima del hombro para abrazarla.

-¿Has pensado en un nombre para nuestro hijo?

-¿Un nombre dices? – Gaara se puso en pose pensativa – Pues no lo he pensado ¿Acaso tú tienes un nombre para él?

-B-bueno… - La castaña bajó su mirada – Me gustaría mucho llamarlo como a mi padre, él… cuando estaba vivo me hizo prometerle que llamaría a mi primer hijo como a él, p-por eso…

-¿Y como se llamaba tu padre? – Le preguntó el pelirrojo besando su mejilla.

-Yuu – Respondió ella con una pequeña sonrisa. Gaara la observó y sonrió al comprobar que a su querida Matsuri le hacía mucha ilusión poder llamar así a su bebé.

-De acuerdo mi amor, ese será el nombre de nuestro bebé – Dijo abrazándola, para luego besarla en los labios. Matsuri correspondió a su beso de forma dulce y pausada, y se separaron por falta de aire. Gaara comenzó a acariciar su pancita sonriendo – Hola mi pequeño Yuu ¿Cuándo piensas salir a conocer a papá y a mamá?

-Aún quedan dos meses, pero ya no puedo esperar para abrazar a Yuu-chan.

-Yuu… - Susurró Gaara imaginando la carita de su hijo.

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El calor de aquella habitación aumentaba cada vez más, mientras el ritmo de las penetraciones lo hacía también. El placer desbordaba por completo aquellos cuerpos unidos por el amor que sentían el uno por el otro, sintiendo que llegaban al punto máximo que aquel acto les permitía.

Matsuri arqueó su espalda al sentir que alcanzaba el orgasmo, mientras un gemido mezclado con el nombre de Gaara escapaba de sus labios. Gaara se derramó por completo dentro de ella, volviendo a susurrarle al oído cuanto la amaba. Después de eso, la castaña descansó su cabeza en el pecho de su esposo y él acariciaba con suavidad su cabello.

-¿Te sucede algo? Te noto algo distraída – Comentó el pelirrojo. Matsuri se levantó un poco para poder mirarlo.

-Si, es que extraño a nuestro bebé – Respondió ella con una sonrisa – Y estaba recordando el día en que nació.

-Oh, ese día – Dijo Gaara, también recordando ese extraño día.

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Matsuri estaba aburrida en su casa, sentada en el sofá. Gaara –aunque sonara raro- estaba trabajando en la empresa y le tenía prohibido a Matsuri aparecerse por ahí. Durante buena parte de su vida, Matsuri había sido adicta a los estudios y al trabajo, y ahora insistía en seguir trabajando aún con nueve meses de embarazo, pero por obvias razones Gaara no se lo permitía. Para él era prioridad la salud de su novia y de su hijo.

Gaara regresó unas horas después. Pero alguna razón se había tardado más de lo normal. Saludó a Matsuri con un beso en los labios y se sentó a su lado para poder acariciar su barriga.

-¿Cómo te has sentido? – Le preguntó. Ella sonrió.

-Bien, sólo un poco aburrida, no puedo hacer nada, además algo me ha estado molestando todo el día – Respondió soltando un suspiro. Gaara la ayudó a levantarse ya que era hora de la cena – Por cierto ¿Qué te demoró tanto?

-Eso es un secreto – Dijo Gaara sonriendo. Esa respuesta no le gustó del todo a Matsuri y se enfadó un poco, sin embargo no pudo decir nada, ya que un intenso dolor la recorrió de pronto, haciendo que se llevara una mano al vientre y soltara un enorme grito.

-¡Ah! – Se quejó de pronto alarmando al pelirrojo, que corrió hacia ella para sujetarla.

-¿Qué tienes Matsuri? – Preguntó preocupado.

-Me duele… me duele Gaara… ¡Ah! – Volvió a gritar - ¡Ya es hora, ya viene!

-¡Mierda! – Gritó Gaara desesperado, abriendo los ojos como platos – T-tranquila, respira, yo… voy por las cosas y el teléfono, quédate aquí – Se fue corriendo. Matsuri comenzó a hacer lo que él le dijo, pero el dolor era cada vez más intenso.

-¡Apresúrate! – Le gritó Matsuri. Gaara llegó corriendo, trayendo a su espalda una mochila que contenía todo lo necesario para cuando esto pasara. Hizo que Matsuri se apoyara en su hombro para ayudarla a caminar hacia afuera mientras llamaba por teléfono a sus hermanos.

Ayudó a su novia a subir al siendo trasero del auto –suerte que lo había comprado- y cerró la puerta al tiempo que hablaba con Temari.

-Así es Temari, Matsuri en cualquier momento da a luz – Decía subiendo al auto y ajustando el cinturón de seguridad de Matsuri, mientras la oía gritar y jadear desesperadamente.

-¿Recién se están yendo al hospital?

-Si, así que nos vemos allá – Después de eso Gaara colgó y apretó el acelerador.

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Para su mala suerte había un tráfico enorme en la calle a esa hora y se sentía enormemente estresado ya que Matsuri no dejaba de gritar y quejarse del dolor.

-Por favor Matsuri cálmate, ya vamos a llegar – Le pidió amablemente, pero la situación no era del todo agradable para la castaña, que sentía un increíble enojo hacia quien era el directo responsable de todo esto.

-¡Claro, es muy fácil decirlo! ¡Pero yo soy la que está aquí sufriendo como una condenada! ¡Además de estar gorda y fea me duele un montón y tú quieres que me calle! – Gritó hecha una furia - ¡Tú me hiciste esto Gaara, te odio!

Gaara trató de respirar y calmarse. Sabía que lo que Matsuri decía era sólo producto de esa tensa situación, así que trató de ignorar todos los insultos que ella le decía. Cuando notó una abertura entre los autos, no dudó en avanzar con todo. Alcanzó una calle que lo llevaba a un atajo y fue por ahí, aún oyendo los improperios de su novia, pero finalmente suspiró aliviado al llegar al hospital.

-Oh demonios, esto ha sido horrible – Susurró sin soltar aún el manubrio.

-¡Gaara! – Le gritó Matsuri mientras veía como la sangre comenzaba a brotar entre sus piernas, ya que había roto fuente.

-¡Enseguida mi amor! – El pelirrojo se fue al estacionamiento y una vez allí ayudó a bajar a Matsuri. Dos camilleros los vieron entrar y enseguida uno les ayudó y el otro fue por una silla de ruedas para llevar a la castaña.

Ella fue rápidamente ingresada a la sala de parto. Gaara estaba tan nervioso que cuando tuvo que dar los datos de Matsuri a la recepcionista se equivocó más de quince veces. Luego se quedó en la sala de espera, caminando de un lado al otro.

En verdad no sabía ni que hacer, ser padre era algo que ciertamente no se había esperado a la hora de regresar a Suna, y recién ahora que estaba ahí en el hospital era que se daba cuenta de que sentía miedo, miedo de no ser un buen padre, de no ser lo que Matsuri merecía, porque la amaba de verdad. Gaara jamás pensó que podría llegar a enamorarse de esa forma, pero ahora no podía imaginar una vida sin ella, o volver a su antiguo estilo de vida, porque sin Matsuri no podría seguir viviendo.

-¡Gaara! – Lo llamó Temari, quien venía corriendo hacia su hermano. Al ver la cara de preocupación que él tenía supo que se sentía perdido.

-Que bueno que llegas hermana – Dijo el pelirrojo sintiéndose muy aliviado - ¿Y mi sobrinito?

-Lo dejé en casa con su padre – Respondió Temari con una sonrisa - ¿Y como está Matsuri?

-Aún no sé nada, pero estoy muy preocupado – Confesó Gaara bajando la mirada – No sé como ser padre y tengo miedo. Amo a Matsuri con todo mi ser, pero no sé si pueda hacer las cosas bien.

-Gaara… - La rubia puso ambas manos sobre los hombros de su hermano – Es normal tener miedo, es algo nuevo para ti, pero yo sé que lo harás bien. Yo también estaba asustada, y seguro Matsuri también lo está, pero enfrentar nuestro miedos nos hace valientes, y créeme, cuando veas a tu hijo seguro no te arrepentirás – Dijo sonriendo.

-Gracias hermana – Dijo Gaara sonriendo, pues las palabras de Temari realmente le habían relajado. En ese momento vio llegar corriendo a Kankuro, quien se veía realmente agitado.

-¿Ya nació mi sobrino? – Preguntó algo cansado por haber corrido tanto.

-Aún no – Respondió Gaara – Ya falta poco, estoy nervioso pero me siento más tranquilo.

-No es justo, yo soy el único que falta – Se quejó el castaño deprimido, mientras a sus dos hermanos les salía una gotita en la frente.

-Señor Sabaku No – Apareció una enfermera desde la sala – Por favor pase, ya falta muy poco para el nacimiento de su hijo.

-S-si – Asintió Gaara con la cabeza. Miró a sus dos hermanos y estos le sonrieron.

Finalmente el pelirrojo ingresó a aquella sala. Le sorprendió ver que quien atendía el parto de Matsuri era Hinata, así que además de ser ginecóloga también era obstetra. No dijo nada sobre eso y se apresuró a tomar la mano de su chica, parándose a su lado.

-¿Estás bien? – Le preguntó. Ella apretó su mano y una enfermera le secó el sudor de la frente.

-Dentro de lo que cabe – Respondió Matsuri jadeando – Gaara… perdón por lo que te dije, yo… no lo sentía en verdad… jamás podría… odiarte… - Se le oía cansada.

-Lo sé – Fue todo lo que dijo él, depositando un dulce beso en sus labios – Se fuerte mi amor, tú puedes hacerlo.

-Si…

-Bien Matsuri-chan – Hinata les sonrió a ambos, situándose en donde le correspondía – Cuando yo te diga comienzas a pujar ¿De acuerdo? Uno, dos, tres.

Matsuri le hizo caso, haciendo todo el esfuerzo posible por traer a su bebé al mundo, y apretando la mano de Gaara con mucha fuerza. El dolor que sentía era tanto que apenas podía recordar que debía respirar. Pero todo su esfuerzo se vio recompensado al escuchar el llanto de su hijo recién nacido. Una sonrisa se dibujó en sus labios, al igual que en los de Gaara.

-Está aquí – Les anunció Hinata. Una enfermera se encargó del cordón umbilical, para después envolverlo en una manta y entregarlo a los brazos de Matsuri.

-Es él Gaara – Dijo la castaña emocionada, con lágrimas en sus ojos – Yuu-chan por fin ha nacido, por fin está aquí.

-Es hermoso Matsuri, nuestro pequeño hijo - Dijo Gaara acariciando la cabecita de su bebé, notando sus delgados cabellos rojizos. Era una criatura tan pequeña y frágil, pero a la vez se veía tan fuerte. Gaara sintió que las palabras de su hermana estaban en lo cierto, porque ahora que veía a ese pequeño ser que era su copia exacta, una inmensa felicidad se apoderaba de su ser, y no se arrepentía de nada de lo que había pasado con Matsuri, de nada.

Y Matsuri estaba tan feliz y agradecida, porque por fin todo lo que siempre había solado se hacía realidad: ser amada verdaderamente y tener un hijo con esa persona. Ahora sólo faltaba caminar hacia el altar y que Gaara la estuviera esperando, pero ellos nunca habían hablado de matrimonio, y aún así Matsuri sentía que ya no podía pedir nada más

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Al día siguiente, Matsuri estaba recostada en una camilla, observando dormir a su hijo que estaba en una cunita junto a ella, vestido con uno de los trajes que le habían comprado. Ella sentía una gran ternura sólo con mirarlo, no podía dejar de sonreír mientras pensaba en que ese pequeño ser humano había nacido de ella, que tan sólo ayer estaba aún dentro de ella y ahora estaba a su lado. Que respiraba por sí mismo y estaba completamente sano y fuerte. Sus manitos se apretaban mientras su pecho subía y bajaba lentamente.

En eso unos golpes a la puerta la distrajeron. Gaara llegó trayendo un ramo de rosas rojas en sus manos.

-Hola mi amor ¿Cómo está la madre más hermosa del mundo? – Preguntó acercándose a ella, pero no la dejó contestar al robar un largo beso de sus labios - ¿Sabías que te amo?

-Y yo a ti – Contestó Matsuri – Que lindas flores, gracias mi amor.

-De nada – Gaara dejó las flores sobre el mueble y se sentó junto a la cama – Matsuri, tengo algo muy importante que preguntarte.

-¿Qué cosa?

-¿Te quieres casar conmigo, y hacerme el hombre más feliz de la tierra? – Preguntó el pelirrojo, sacando una pequeña cajita negra de su bolsillo y al abrirla dejó ver un hermoso anillo de compromiso. Esa era la razón por la que había llegado tarde el día anterior. Por otro lado, Matsuri estaba demasiado impresionada, pero ahora sí podía decir que su felicidad estaba completa.

-Si, claro que sí – Respondió sonriendo. Gaara la abrazó feliz y volvió a besarla de forma aún más intensa, para después deslizar el anillo por el dedo de la mujer que tanto amaba, y que sería su esposa por fin.

-Te amo mucho… mucho… mucho… - Decía el pelirrojo entre besos, pero pararon al oír como su pequeño bebé balbuceaba en su cunita, abriendo sus ojitos aguamarina para ver a sus padres. Matsuri lo levantó, acurrucándolo entre sus brazos y besando su frente. Gaara llevó una mano hasta él y sintió como su pequeña manita agarraba su dedo y lo apretaba con fuerza.

-Gaara… ¿Tú crees que seremos una gran familia? – Le preguntó Matsuri con una sonrisa muy alegre. Gaara asintió con la cabeza y acarició su cabello.

-Claro que sí, seremos muy felices – Respondió justo antes de volver a besarla.

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-Fue un lindo momento, aunque con los dolores del parto pensé que iba a morir – Dijo Matsuri soltando una risita, abrazando a Gaara mientras ambos se sentaban en la cama. Ella estaba cubierta por las sábanas, pero podía sentir como él tocaba uno de sus senos por debajo de éstas.

-Si, gritabas como una loca – Le dijo comenzando a besar su cuello – Aunque creo que gritas más cuando te hago el amor.

-Gaara – Dijo la castaña en tono de regaño y un tanto sonrojada. Gaara la empujó sobre la cama, volviendo a besar su cuello - ¿Qué te propones?

-¿No crees que fue lindo el haber tenido a nuestro hijo? – Preguntó el pelirrojo viéndola a los ojos.

-Sí ¿Pero eso a que viene? – Cuestionó Matsuri, soltando un leve gemido al sentir la mano de su esposo deslizarse por su entrepierna. Gaara se acercó a su oído, respirando en él pesadamente, y le susurró.

-Tengamos otro…

-¡¿B-bromeas? – Gritó ella sorprendida, pero su pregunta no fue contestada, ya que sus labios fueron devorados por los de Gaara.

Aquella acalorada noche continuó y mientras Gaara y Matsuri se besaban, comprendieron que el amor que se tenían jamás se destruiría, porque amar a una persona y darle todo lo que se es, es el acto más maravilloso del mundo. Y aunque aún les quedaban retos por enfrentar en su camino como padres, irían juntos hasta el final, con sus manos entrelazadas, ya que aquella tercera cita… jamás había terminado.

Fin.

.…

Y fin. Bueno, espero que les haya gustado esto último de este fic, porque la verdad fue divertido, sobre todo cuando Matsu le gritaba a Gaara que lo odiaba jaja, pobre, me lo imaginé en esa situación y no pude evitar escribirlo.

En fin, nos seguiremos encontrando en mis otros fics.

Hasta luego ^^

PD: ¿Verdad que es un pervertido? xD

¡Bye!