El Riolu se lo estaba pasando en grande, y por eso solo ya valía la pena haber emprendido el viaje. Estaba recorriendo la ruta 312, que conectaba su pueblo con la cercana ciudad de Álamo, desde donde cogería el tren hasta Rivet. Había hecho aquel camino cientos de veces, tal vez incluso miles, con su vieja bici, pero para Riolu era una gran experiencia. Le había sentado en la cesta delantera y allí seguía, con una expresión de deleite al sentir el aire en la cara y la sensación de velocidad por todo su cuerpo. Chillaba y sonreía sin parar. Ralts, mucho más comedida y experimentada, se había sentado detrás de él y se cogía a su cintura con suavidad, manteniendo una postura de señorita. No había intentado ponerla en la pokébal en primer lugar porque consideraba injusto que Riolu estuviera libre y ella no y, en segundo lugar y tal vez mucho más importante, porque no creía que fuera a obedecerle. Aún así, con el aire todavía fresco de la mañana acariciando su cara y la compañía de los dos pokémon, se sentía tranquilo y, sobretodo, feliz. Alzó un instante los ojos hacia el cielo, disfrutando de sus color pura y cristalino y, al devolverlos al camino, se encontró con que de repente un chico se había puesto delante de él. Frenó de golpe para no atropellarlo, sintiendo que la bici estaba a punto de dar una vuelta de campana.
- ¡Me (pica un huevo) aburro!- Gritó el chico a pleno pulmón, acompañando el berrido con un gesto teatral.- ¡Luchemos!
- ¡Tu puta madre!- Le aspetó mientras se inclinaba para comprobar que el Riolu siguiera vivo.- ¿En qué coño estabas pensando? ¡Nos podrías haber matado!
- Bueno…- Balbuceó torpemente.- Lo siento.- Le ignoró y miró que sus pokémon estuvieran bien. El riolu, sorprendido por el frenazo, había acabado cabeza bajo en la cesta.
- ¿Estás bien?- Murmuró mientras le ayudaba a sentarse de nuevo. Como respuesta emitió un chillido afirmativo y se atusó las orejas. Más tranquilo se giró hacia Ralts.- ¿Y tu?- Ella asintió dignamente.
- ¿Ves? No ha pasado nada.- Dijo rápidamente el chico.- Tal vez debería haber hecho solo una gesto o algo, pero es que no ha pasado nadie en toda la mañana.- Se hizo a un lado y señaló un prado cercano.- Allí podemos luchar con comodidad.
- No pienso luchar contra ti.- Le dijo mientras enderezaba la bici.
- ¿Que?
- Que no voy a combatir contigo.- Repitió lentamente para que esta vez pudiera seguirle.
- Pero… Pero…- Era como si fuera la primera vez que le ocurría algo semejante.- Pero eres un entrenador.- Técnicamente eso era cierto, tenía el carnet de entrenador porque era obligatorio para obtener la licencia de cuidador.
- ¿Y?
- Pues que tenemos que luchar.- El chico empezó a parecer desesperado.- ¡Tienes dos pokémon, luchemos!
- El Riolu está ciego y la Ralts pasa de mi.- Dijo mientras movía la bici a un lado para poder continuar con su camino. Ralts, a su espalda, asintió de nuevo para dar más fuerza a sus palabras, algo que habría preferido que no hiciera.- No sería una gran victoria, pero considera que has ganado igualmente.- Dio la primera pedaleada, pero aquel energúmeno volvió a ponerse delante de él.
- Me has mirado, tenemos que luchar.
- Mira, tus pokémon no me han hecho nada, pero tú estás empezando a cabrearme. Quita de ahí en medio o te juro que saco a mi Mightyena que sí me hará caso y le digo que te arranque la cabeza.
- No puedes hacer eso.- Gritó él, retrocediendo.
- Ponme a prueba, imbécil.- En ese instante el Riolu, que siempre había sido completamente pacífico, se irguió y gruñó amenazadoramente al entrenador que, finalmente, se hizo a un lado. Suspiró y reemprendió el camino.- Eso no ha estado bien.- Murmuró cuando se hubieron alejado, sin saber si se lo decía al Riolu, al Ralts o a sí mismo.- La próxima vez que veamos a un friki de esos en el arcén, le arreamos con la mochila en la cara y nos largamos antes de que tenga tiempo de reaccionar.- El Riolu pareció reír antes de estirar los brazos y alzar su hocico para disfrutar de nuevo del viento. A su espalda le pareció que Ralts también reía.
Por suerte consiguieron llegar a Álamo sin ningún otro incidente. Vio a un par más de aquellos anormales por la ruta, pero por suerte consiguió evitarles con relativa facilidad. En terminología de la liga se les llamaba acechadores, y no eran más que entrenadores que permanecían siempre en la misma zona, cerca de las rutas, para encontrar otros entrenadores con los que luchar. Podían llegar a ser muy molesto, porque no solían aceptar un no por respuesta. Tenían, además, la "regla de la mirada", una estupidez que se habían inventado según la cual si dos entrenadores cruzaban la mirada debían luchar. Y esos no eran más que unos de los muchos idiotas que poblaban los circuitos pokémon. Los entrenadores de las ligas podían llegar a ser mucho peores.
Aparcó la bici delante de la estación y la encadeno con cuidado. No pensaba llevbarla consigo hasta Rivet, sino que la dejaría ahí y, si todo iba bien, la recogería al día siguiente de vuelta. Se colgó la bandolera al hombro y puso al Riolu dentro, con la cabeza asomando para que pudiera respirar aire fresco y oír lo que iba ocurriendo. Luego se giró hacia Ralts.
- Bueno, en el tren no dejan subir pokémon sueltos, de modo que tendré que ponerte en la pokéball.- Ella dirigió una significativa mirada hacia la cabeza del Riolu, que olisqueaba el aire distraído.- Ya sé lo que estás pensando, pero puedo convencer de que me dejen subir a una cría ciega, pero no me dejaran que lleve conmigo a un pokémon adulto, aunque aún no haya evolucionado.- Su mirada se volvió acusadora.- Vale… Sé que mamá te ha dicho que no te separes de mi, pero sabes que no estaba siendo literal cuando lo ha dicho.- Ni hubo ningún cambio en su expresión.- Lo sabes, ¿verdad?- Tras un momento negó con la cabeza. No tenía nada que hacer. Podría obligarla a entrar en la pokéball, pero sinceramente no se sentía capaz de hacerlo. Suspiró y entró en la estación para comprar el billete y esperar el tren. Llegado el momento ya intentaría negociar con el revisor si les decía algo.
El trayecto hasta Rivet eran casi 4 horas. Buscó un vagón con poca gente, escondió la bolsa con el Riolu debajo del asiento y se sentó lo más apartado que pudo. Ralts se sentó a su lado como si fuera un pasajero más.
- Vas a causarme un montón de problemas.- La acusó mirándola fríamente. Ella se limitó a dejar que el pelo le cayera sobre los ojos y fingió dormir.
Iban más o menos por la mitad del camino cuando el revisor pasó por su vagón, que en ese momento estaba vacío.
- ¿Viajando con tu hermanita?- Le preguntó mientras él le tendía su billete.
- No es…- Había estado a punto de decir que no era su hermana, pero eso habría supuesto decirle al revisor que era un pokémon y no una niña pequeña de aspecto un poco raro.- En la taquilla me dijeron que no hacía falta comprar billete para ella.- El revisor sonrió con amabilidad.
- Así es.- Le devolvió el billete y se giró para irse. En ese instante se detuvo y miró a sus pies, por entre los cuales se asomaba la cabeza del Riolu.- ¿Sabes que no pueden llevarse pokémon sueltos en el tren?
- Lo sé, lo siento mucho, pero este pokémon está ciego y tiene pánico a las pokéballs. Al ver que el hombre dudaba un instante cogió al Riolu en brazos.- Lo llevo al Centro Pokémon de la doctora Willow, en Rivet. Esperamos que pueda hacer algo para curarle.
- Esta bien…- Concedió el hombre con un suspiro.- Pero más te vale que se porte bien.
- Por supuesto.- Le regaló su mejor sonrisa y le siguió con la mirada mientras el hombre de desplazaba al siguiente vagón. Una vez hubo desaparecido el Ralts se giró y le miró con una leve sonrisa de suficiencia.- No pienso considerar, ni por un instante, creer que había planeado todo esto, de modo que vuelve a hacerte la dormita o te meto en la pokéball quieras o no.- Y, para su sorpresa, ella le obedeció.
