Capítulo 11
-Todo es tu culpa- Escucho en un susurro y abrió los ojos con miedo sabiendo perfectamente lo que le sucedería.
Liane estaba arrodillada sobre él, con las piernas a cada lada de su cuerpo.
-¡Todo es tu culpa!- Grito, y Cartman y cerró los ojos esperando los golpes que llegaron enseguida. Empezaban siendo fuertes pero poco a poco se hacían más débiles con forme le daban paso al llanto desconsolado de su madre.
Cuatro minutos después, Liane se fue dejando a su hijo solo.
Estaba mirando televisión, en realidad no la veía, solo la tenía encendida con la vista fija en ella mientras comía donuts y analizaba lo que había pasado hace unas horas.
Ese día había estado a punto de golpear a Kyle. No era la primera vez que quería destrozarle la cara al judío, pero la primera vez que lo haría sin que el pobre chico tuviera la culpa. No la habría golpeado porque lo detestaba, ni por judío, ni por pelirrojo, ni por ser un idiota, lo habría golpeado porque el mismo, Eric Cartman, quiera descargar toda la furia que llevaba consigo, furia que estaba consumiendo su vida.
Había decidido que tenía que hacer algo. Se estaba desesperando y necesitaba un plan ahora, ahora que un podía cambiar algo, ahora que aun poseía control de sus acciones y de su mente.
Pensó en matar a su madre, en denunciarla, en matar a Paul para que ella dejara de verse con él. Pero el primer plan lo había intentado en su niñez, fracasando, y si ahora siendo un adolescente no podía ni defenderse, era obvio que no podría matarla.
¿Podría denunciar si situación actual? No creía que fuera posible por el hecho de que su voz se negaba a salir de su garganta cuando se trataba de este tema tan particular con su madre, pero aun si lo lograba, aun si pudiera contarle a alguien lo que sucedía ¿Quién en South Park seguía siendo tan idiota como para creerle? Menos aun considerando de que ya la había usado la carta del maltrato infantil en el pasado. No, este plan no funcionaría porque todos en ese pueblo de mierda son unos inútiles.
La idea de matar a Paul-cara-de-culo casi le sacaba una sonrisa. Imaginarlo suplicar por su vida con su ropa carísima manchada y desgarrada lo animaba a hacerlo. Pero Liane sería la primera en sospechar de su propio hijo, ella lo conocía demasiado bien. Además, estaba convencido de que el tipo ese no andaba en negocios precisamente legales, y posiblemente algún loco vendría a buscar venganza o algo así. Este plan también tendría que ser desechado.
No era difícil huir, podría irse a otro estado, otro país, otro continente y empezar una nueva vida. ¿Qué tan difícil podía ser? Igual de difícil que desprenderte de todo lo que conoces y quieres para irte a un futuro incierto donde posiblemente termines siendo un vagabundo asqueroso desecho de la sociedad. Esto no era una opción.
También podría suicidarse. Desde que comenzaron estos episodios, había estado esta idea en segundo plano cada vez que se miraba al espejo. Pero la había negado con todas sus fuerzas, no quería pensarlo seriamente porque tenía miedo de terminar aceptado esta salida. Se alivió al darse cuenta de que seguía odiando este final cobarde y que prefería luchar.
¿Qué podía hacer entonces? La cordura se le escapa al son los gemiditos de dolor al recibir los golpes, se deslizaba entre sus dedos como la arena al saber que llevaba días sin hablar realmente con otro ser humano, al ritmo de sus latidos en la soledad.
-Soportarlo lo mejor que pueda- Se dijo a sí mismo- Si sigo así enloqueceré-
Era cierto, él sabía que estaba pasando por situaciones que lo sobrepasaban por mucho y que si seguía así todo tendría un final horrible, un final que no quería aceptar. No podía seguir solo, podía seguir soportando los golpes, pero no el dolor de la soledad.
Tenía que recuperar a sus amigos, los necesita aunque quisiera negarlo y se odiaba por aceptarlo.
Su primer intento iba a ser con el Hippie, el judío y el pobre. Eran su primera opción siempre. Pero en cuanto vio a Kyle mirándolo, sospechando de él, la ira lo invadió y supo que eso solo podía salir mal. Por eso acudió a Butters, con el todo era más fácil y lo fue.
Un "Lo siento por todo lo que paso, tuve unos días algo difíciles" Y listo, eso solo basto par que el rubio lo perdonara, sin ninguna sospecha. Agradeció que el chico siguiera siendo tan ingenuo, manipulable y bueno como lo fue desde pequeño.
Sintió un gran alivio al volver a reír mientras hablaba con alguien.
La profesora lo junto con Kyle para hacer un trabajo. ¡Eso era un desastre! Se supe que tenía que recuperar a sus amigos pero aún no estaba preparado para hablar con el idiota de Kyle. No podrían estar dos minutos sin insultarse, tampoco podía confiar en que no saltaría sobre el para empezar a golpearlo. Todo se arruinaría y terminaría siendo una gran mierda. El quería arreglar las cosas con el judío y al final, por culpa de la zorra, seguramente terminarían aún más distanciados.
En el momento en que Kyle le dijo que sabían que algo sucedía, su corazón se alegró, alguien se había percatado de que algo le sucedía. Pero no sabía que responder, la ira y la angustia se apoderaron de él y término diciendo cosas que ahora ya no recordaba. Pero no importaba, ya todo se había arruinado y salió huyendo de la casa de Kyle en cuanto vio la oportunidad.
Cuando llego a su casa fue directo a su habitación, se cambió de ropa, quedando solo con la parte de debajo de su pijama ya que si se ponía la parte de arriba, la tela se pagaba a las pequeñas ampollas que tenía en los brazos y no podía dormir bien.
Se sentó en su escritorio a intentar hacer su tarea, aunque era muy difícil porque su mente no estaba en condiciones de ocuparse de problemas de matemáticas teniendo otras cosas de que preocuparse.
-Gata de mierda- Dijo al oír maullidos. La gata estaba maullado en la puerta de su cuarto, esperando que su dueño le diera de comer. Cartman la tomo en brazos y bajo la escalera, cuando estaba justo al final, siento algo tras él y quiso girarse, pero el fijo de un chuchillo contra su cuello lo detuvo. Solo a la gata e intento hablar.
-Shh- Susurro su madre tras el- Quieto, Eric- Con un brazo rodeo el cuerpo de su hijo, para evitar que se apartara, mientras el otro sostenía el cuchillo contra su piel- No quería hacer esto. Pero es lo único que puedo hacer. Merezco ser feliz, Eric. ¿No crees? Siempre pensé en tu felicidad pero ahora me toca ser feliz a mi. Pero tu… me lo sigues impidiendo-
Estaba temblando, quería huir, pero tampoco podía. Escuchaba a su madre hablar, pero la sentía tan lejos, el frio del metal le impedía pensar.
-No puedo seguir así. Esto es lo mejor para nosotros. Te quiero…-
Un único pensamiento se presentó en la mente de Eric "Va a matarme", y con eso basto para que su cuerpo se moviera instintivamente. Con una mano arranco el cuchillo de la mano de su madre y lo lanzo lejos, sin prestar atención a donde. Con la otra empujo a su madre tan fuerte como pudo para alejarla de él.
Todo quedo en silencio mientras veía a su madre tirada en medio de la sala, se sintió mal, que había hecho algo mal, algo muy malo. Necesitaba disculparse.
-¿Me empujaste?- Dijo sorprendida su madre mientras se levantaba- ¿Cómo te atreves?- Se puso de pie y camino otra vez hasta su hijo, sin nada de miedo- ¡Porque no quieres que sea feliz!- Sus uñas pintadas de un hermoso carmín fueron directo a la mejilla de Eric, dejando unos arañazos.
-¡Agh!- Grito de dolor, pero pronto sentido como su madre lo empujaba. Choco contra la mesa que estaba junto al sofá, tirando una lámpara y un portarretrato de vidrio que se destrozó en el piso y sobre cuyas pequeñas, y afiladas, partes tuvo la mala suerte de caer. Soltó otro grito al sentir el vidrio abriendo la piel de su espalda.
Liane se tiró sobre el para seguir gritándole y golpeándolo repetidas veces en la cara y en pecho.
-Basta, mamá…- Logro pedir por primera vez desde que todo esto había empezado, estaba llorando desconsoladamente. Ella se detuvo, lo miro a los ojos un segundo y se levantó para subir la escalera corriendo. Eric, escucho como azotaba la puerta.
El sábado Eric no quería salir de su habitación pero aun así lo hizo. Fue al baño y estaba por lavarse los dientes cuando vio que el cepillo de su madre no estaba. Miro a su derecha y tampoco estaba su crema anti arrugas.
Al pie de la ducha no estaba su shampoo especial para brillo extremo.
Abrió el gabinete y tampoco encontró sus pastillas para dormir.
Un miedo que no se atrevía a formular se posó en su corazón. Camino sigilosamente al cuarto de su madre y abrió la puerta con cuidado.
La cama estaba tendida como siempre, pero las cosas de su madre no estaban sobre los muebles. Abrió el armario pero no había nada de ropa, solo unas cuantas perchas vacías. Corrió hacia otro mueble y abrió un cajón, estaba vacío. Arranco los demás cajones con tata fuera que los saco del mueble. Lo mismo hizo con la mesa de luz, allí encontró un álbum, era el álbum donde su mama guardabas las fotos de cuando era pequeño. Era unos de los mayores tesoros que Liane tenía.
-¡Mamá!- Grito mientras bajaba corriendo a la cocina, donde busco los suplementos dietarios, tampoco estaban. Luego corrió bajo la tele, donde deberían estar las películas y series favoritas de su madre, cosa que tampoco encontró.
Eric comenzó a llorar, camino hasta el sillón y comenzó a patearlo y golpearlo con todas sus fuerzas mientras gritaba y lloraba desesperadamente.
Una voz en su cabeza le dijo que debería estar feliz porque su abusadora se había ido y ya no sufriría, pero lo que sentía estaba muy lejos de toda felicidad.
Estuvo gritando por horas, hasta que se calmó. Pensó en esperar a su madre, ella volvería, siempre volvía. Pero no tardo en razonar que esta vez no sería igual.
Fue a buscar el álbum de fotos que su madre se había dejado y se encerró en su habitación.
Paso los siguientes días comiendo de sus reservas de comida chatarra mientras intentaba localizar a su madre. Sabía que estaba con su estúpido novio en algún lugar, ella no tenía otro lugar al cual ir, su familia le había dado la espalda en cuanto decidió ser madre soltera, se juntaban para cumpleaños y algunas otras fechas, pero su relación no pasaba de allí.
Salía todas las noches a los bares que sabía que frecuentaba Liane, pero no la encontró, pregunto a vagabundos y a amigos de su madre, pero nadie sabía nada de ella.
No estaba en el pueblo, posiblemente ya no estaba en el país.
Se enfocó a buscarla por internet y luego de horas, la encontró. Se acababa de mudar a algún lugar de parís con su novio, que un mes seria su esposo según las publicaciones de Facebook y twitter.
Comenzó a trazar varios planes, muy entrámanos, para viajar hasta allá, matar a Paul y traer de regreso a su madre o matarla, o matarse, en el intento.
Nadie abandonaba a Eric Cartman.
Sin embargo, una vocecita débil, pero importante, en su cabeza desechó todo lo que estaba pensando con una simple oración "Tu madre ahora tiene la vida que merece, una feliz." Y eso significa que él no podía quitarle eso, podría intentarlo pero nunca tendría a su madre de regreso. Ya no había lugar en la nueva vida de Liane para Eric.
Miro su habitación, empapelada con toda la información que había encontrado y con los planes que había armado. Nada servía, tanto tiempo gastado en nada.
Derrotado, decidió que seguiría viviendo allí como siempre, no tenía otra cosa que hacer. Seguiría allí hasta que alguien se diera cuenta de que estaba solo y llama a servicios sociales, o hasta que la tristeza lo consuma, lo volviera loco y terminara por suicidarse. Nada de ese le importaba realmente.
¡Oh! Su gata.
Es verdad, su gata si le importaba. Entonces, seguiría allí viviendo para cuidar de su gata, esperando a ver quién sería el primero en tocar la puerta, o si terminaría con un tiro en la frente.
Kyle se despertó temprano y no perdió tiempo, se alisto para ir a casa de Cartman y llevarlo a su segundo día de clases. Estaba decidido a hacer las cosas bien, tenía que hacer que esto funcionara porque se prometió no dejar que el gordo se separara de ellos.
Desayuno, tomo sus cosas y partió a casa de su amigo. Estando fuera de la casa iba a llamar a la puerta, pero recuerdo que tenía la llave y no le pario mal usarla. Hasta le había colocado un lindo llavero con la forma de una pata de pollo que le hacía recordar al culón.
Entro sin hacer ruido, pensando en despertar el mismo a Eric. Tirada al lado de la puerta encontró la mochila del dueño de la casa, suspiro, ahora tendría que prestarle su tarea para que la copiara.
Se dispuso a subir las escaleras pero algo en su vista periférica llamo su atención, por instinto se giró y vio algo rojo en la cocina. Fue hasta allí pensando que se trataba de Cartman, y en efecto, tuvo que correr hasta el cuándo se dio cuenta de ello
-¿Cartman?-Lo movió un poco. El gordo estaba tirado boca arriba junto a la mesa de la cocina, rodeado de malvaviscos blancos y una bolsa vacía. -¡Cartman!- Le grito, intentando despertarlo. Su ropa estaba mojada de sudor, su puños estaban fuertemente apretados, al igual que sus dientes, y se movía esporádicamente. Kyle estaba entrando en pánico, y comenzó a zarandearlo mas fuerte.
-¿Kyle?-Abrió los ojos lentamente, escuchando un mormullo que sonaba como el judío hablándole. Vio como las sombras se alejaban, dándole lugar a la luz y a la figura del pelirrojo sosteniéndolo mientras lo movía.
"No siempre tendrás a este chico para que te salve de mi, Eric" Le dijo la voz, antes de desaparecer completamente y devolverlo a la realidad.
-¿¡Cartman, que te sucede?!-Gritaba preocupado Kyle, pero se quedó inmóvil cuando Cartman lo abrazo, apoyándose en su pecho, ocultado su cara.
-Volvió a pasar- Respondió, recordando la sensación de ser ahorcado.
-¿Qué volvió a pasar?- Hablo suave poniendo una mano en la espalda del castaño.
-Volvieron, los demonios- Respondió, sin verlos a los ojos.
-¿Las pesadillas?-
-Si… las pesadillas- Respondió recordando lo jodidamente real que fue eso.
-¿Te desmayaste o algo así? - Con delicadeza sujeto los hombros de Cartman para separarlo un poco y que lo viera los ojos- ¿Qué fue lo que sucedió?- Volvió a preguntar.
-Solo tuve una pesadilla- Evitaba mirarlo a los ojos.
-¡Cartman, se que hay algo que no me cuentas y si no me dices lo que está sucediendo no podré ayudarte!- Odiaba eso, se notaba a leguas que algo muy malo había pasado, y Cartman intentaba ocultárselo.
-No. Son solo pesadillas- Volvió a decir, poniéndose de pie.
-¡Cartman! ¡Esto no es normal!- Lo imito pero se puse en su camino, para evitar que Eric huyera de el- Te encuentro tirado en medio de la cocina en este estado y ¿crees que puedes hacerme creer que no sucedió nada? ¡Por dios, solo dímelo! ¡Sabes que puedes confiar en mi!-
-¡Volví a revivirlo todo!- Grito, intentando contener el llanto.
Kyle quedo atónito unos segundos, pero no fue necesario que dijera nada porque Cartman continuo.
-¡Todo! ¡Todo! ¡Desde la primera vez que apareció ese idiota hasta que ella se fue! ¡Todo!- Llevo sus manos hasta su cabello tirando de el, para tener otro clase de dolor que lo distrajera de su pesar y que le ayudara a impedir llorar. Unos segundos después unas suaves manos se posaron sobre las suyas, haciendo que soltara su cabellos, luego Kyle lo abrazo, sus risos le hacían cosquillas en el rostro, le correspondió sin pensarlo.
-Puedes contármelo cuando estés listo, pero no necesitas mentirme, solo estoy aquí para ayúdate- Kyle sabía que castaño estaba llorando silenciosamente.
-Esta bien- Le dijo en un susurro cuando estuvo más tranquilo. Se separó de Kyle-Te lo diré- le dijo, mirándolo a los ojos aunque estaba inseguro.
