-XI-
-Parece que tu hermano llevaba un cohete en el trasero.
-jajaja que gracioso Mathias, al grano- le bufo Alfred al chico le lo había interceptado.
-No es en serio, mira lo rápido que va, tal vez podría…
-A-l-g-r-a-n-o.
-Ok, ok tu ganas hermano mayor celoso-Mathias Kholer le dio una sonrisa deslumbrante mientras le pasaba un brazo por sobre los hombros –no tienes de que preocuparte, soy un hombre casado y lo sabes.
-Mathias…
-Bueno ya –el chico sintió la frustración en la voz de Alfred -¿Pensaste en lo que te dije?
Rayos.
-Se me olvido…- Alfred soltó un suspiro, pasándose una mano por el cabello -lo siento, estuve ocupado los últimos días.
-Ah sí, te fuiste de vacaciones con Francis ¿eh?
-No exactamente.
-No tiene nada de malo que lo admitas Al –Mathias le pico las costillas -después de todo Francis es el chico con más dinero por estos lares, siempre lo invitan a buenas fiestas y come bien; andar tras él como parte de su sequito no es malo.
-No soy parte de su sequito… ¡Ni siquiera sé si tiene uno!
-Eso no importa, ¿Entonces, cuál es tu respuesta?
Alfred se mordió la lengua mientras pensaba, necesitaba tiempo para sí y para despejarse de toda la locura que Francis Bonnefoy había traído con él.
-Supongo que necesito distraerme con algo.
Mathias soltó una carcajada llena de júbilo.
-Perfecto, te mando los horarios después - y se alejó dando zancadas.
Alfred soltó un suspiro con una ligera risa al verlo irse.
Ahora la duda estaba entre alcanzar a su hermano o apurar sus deberes en la biblioteca.
Al final decidió que Matt y Francis podrían esperar.
X X X X
-¡No se puede gritar en la enfermería! –regaño la enfermera, una mujer ya entrada en años, al otro lado de la habitación ya harta del jaleo que estaban haciendo.
El pobre chico que trajeron debía descansar y con esos escandalosos dudaba que lo lograría. Y como la buena enfermera que era, decidió sacarlos de ahí.
Al ver sus intenciones Francis lanzo su mejor carta.
O mejor dicho; amigo.
-Antonio, es tu turno –le dijo empujándolo en dirección de la enfermera.
Antonio, que ya estaba acostumbrado a eso ni se quejó. Una vez que lo reconociera la magia fluiría sola.
-A-ah lamentamos hacer ruido –musito con pena parándose frente a la mujer, bloqueándole el paso.
-Este no es lugar para… -la enfermera frunció el ceño al verlo y luego soltó un gritillo de sorpresa -¡T-tu eres!
Oh si, ya lo habían reconocido.
Aunque debía darle crédito, por lo general tardaban más en saber quién era y necesitaba cerrar los ojos y sonreír mostrando la blanca dentadura tal y como lo hacía su madre.
-¡Tú eres hijo de Isabella Carriendo!
-Sí, e-eh como vera mi amigo está un poco desenfocado- le explico mientras la enfermera flipaba y el la guiaba fuera de la enfermería- y estamos intentando hacerlo entrar en razón, así queeeee ¿Podría darnos tiempo a solas?
-Oh claro, claro…-Antonio se giró levantando un pulgar hacia Francis que le devolvió el gesto -Sabes, soy gran fan de tu madre, la escucho desde que inició su carrera ¡Siempre supe que legaría lejos! Pero nunca he logrado ir a uno de sus conciertos, tal vez…
Francis volvió su atención a La Reina y Matt de nuevo, incomodándose al sentir la penetrante mirada verde sobre él.
Por distraerse con Antonio se había perdido de algo, de eso estaba seguro.
X X X X
La Reina parpadeo varias veces, como intentando concentrarse en lo que le dijeron (y no perderse en los gritos al fondo); aquel chico no era su Rey, aquello había quedado claro al escucharlo hablar.
-A-ah, bueno ahora que tengo su atención podría mantenerse quieto, su brazo va a dañarse más si no lo hace –el chico señalo la extraña cosa que mantenía su brazo izquierdo cautivo- e-eh ¿Por favor?
Su voz era demasiado suave, una que no estaba entrenada para hablar ante la corte, el pueblo o los otros monarcas.
Pero eran similares.
Se dijo como respuesta al parecido entre este chico y su Rey; la misma forma de la cara, la nariz e incluso los pómulos. Espesas pestañas que enmarcaban unos ojos violetas (que nunca había visto más que en la familia real del Reino de los Tréboles) al contrario del color de su Rey que eran azul profundo como una noche sin estrellas y sin esas cosas raras que los cubrían. Aunque ambos compartían el cabello rubio oro.
Debía ser parte de la familia real, tal vez en las tierras del sur por donde llegaba el comercio de los Tréboles. Si era el caso, a su Rey le daría un ataque al enterarse que estaba emparentado de alguna manera con la Realeza de los Tréboles, seguramente Sasha se reiría mucho y tal vez él lo haría un poco si no estuviese en una situación tan delicada.
También explicaría la extraña forma de pronunciar las palabras, tenía un acento raro más como un niño pequeño que apenas estaba aprendiendo a hablar.
-¿En dónde estamos? –pregunto casi en un susurro.
El chico frunció el ceño antes de contestarle, como buscando las palabras correctas.
-Estamos en la… la…- pauso un momento mientras su ceño se acentuaba más empezando a balbucear en ese extraño idioma que Giselbert había usado desde que se despertó–como rayos se dice Universidad, mmm… ¿escuela? Oh, olvídenlo -dio un suspiro de pesadez antes de seguir hablando -Estamos en la Unión de Picas.
-Nunca he oído hablar de ese lugar- repuso La Reina quien se sabía de cabo a rabo el mapa de su Reino -¿En qué parte del Reino queda?
-A-ah… así es como se le conoce al Reino ahora, su Majestad.
Su espalda se tensó, dirigiendo la mirada a Giselbert, que estaba parado junto a un hombre del cual apenas se había fijado.
-No me has notificado de un cambio de nombre al Reino, Giselbert -La Reina frunció el entrecejo levemente cuando reconoció al hombre parado junto a él -Tampoco se me notifico que vendrías a visitarnos Franz.
Franz pareció intimidarse al sentir su mirada sobre él.
Que cosa más rara.
-E-eh Matt… ¿Qué dijo sobre mí? Por cómo me mira creo que le hice algo malo.
-No lo sé… en realidad creo que te ha confundido con alguien ¿Franz, dijo?- se giró hacia La Reina, una vez más haciendo una pausa antes de hablar –Disculpe Majestad, usted nombro a alguien llamado Franz, pero ese hombre de ahí se llama Francis y el otro se llama Gilbert.
Francis y Gilbert.
No, no, ellos eran Franz el molesto Rey de Diamantes y Giselbert el Joker que conocía desde su infancia.
Aunque pensándolo bien ese Franz no se parecía nada al Franz de sus recuerdos, el hombre de cabello rubio lustroso los ojos azul cerúleo contra este chico de cabello más cenizo y ojos más violetas. Incluso Giselbert estaba diferente; todo él tenía un color más lozano y no la palidez espectral de siempre junto a los ojos rojizos con reflejos verdes.
Y de repente la realización le llego de golpe y con tal fuerza que sacudió su cuerpo tal como la flecha lo hizo.
-Por los Dioses-murmura pasando la mano libre por su cabello en un tic nervioso que An siempre había censurado, pero poco le importa en este momento cuando está a punto de entrar en una crisis de pánico -¿E-estoy muerto?
Porque es lo único que se le ocurre en ese momento; está muerto y todo es una alucinación.
Buena esa Giselbert o quien quiera que lo haya planeado.
El chico, Matthew, le dio una mirada preocupada antes de girarse a los otros y hablarles en ese raro idioma.
-Chicos me ha preguntado si está muerto ¿Qué le digo?
-Dile que lo estaba hasta hace una hora…
-¡Gilbert!
-Bueno, dile que es un zombi entonces.
-Esto es serio.
-Creo que es mejor que le digas la verdad –dice Francis pensativo –hay unos cuantos libros en Miriano que traen su historia, tal vez te sean de ayuda para explicarle.
-Supongo…
-Pero Yao no suelta esos libros fácilmente.
-La biblioteca no está lejos, podemos llevarlo ahí.
-Con su pinta extraña ¿No crees que la gente sospeche?
-Ya lo han visto ¿Y qué van a sospechar?
Juro solemnemente que para el siguiente capitulo ya habrá reencuentro, solo sean pacientes conmigo (?)
