- Danielle Wallace, acabas de reafirmarte como la sospechosa principal de ser Kira – pensó L para si mismo.
Tras cortar la llamada con la mujer, las posibilidades habían subido de un 20% a un 30%, no, quizás alcanzaba el 40%. Ella había cumplido los dos requisitos mínimos para pasar de ser de una civil común a convertirse en la mayor sospechosa. Allá donde, incluso, sus colegas de investigación habían fallado, Danielle Wallace había acertado con una facilidad pasmosa, sin ni siquiera dudarlo. Primero: había dado un nombre falso cuando se presentó por primera vez, teniendo muy en cuenta que Kira solo necesita el rostro y el nombre de la persona para matar. Segundo: había facilitado información que no había salido a la luz pública. Pero la cosa no solo quedaba ahí. En esa llamada había abierto dos nuevos caminos totalmente factibles para la investigación: el control sobre los últimos actos de las víctimas, hecho que ya había deducido él, y que Kira podía matar de otras maneras aparte del ataque cardíaco. Algo totalmente inédito. No solo, en apenas unos minutos, había logrado aportar más que cualquier miembro del equipo del caso Kira, sino que su capacidad de deducción era impresionante.
L conocía perfectamente las habilidades de Naomi Misora como agente del FBI y detective, no en vano, por eso había acudido a ella en el pasado, pero que su hermana, una simple bailarina de ballet, demostrase que no solo le igualaba, sino que la superaba en inteligencia, era algo con lo que no había contado o ¿Quizás le resultaba todo tan fácil de hilar porque era Kira? Esa era la mayor posibilidad. Danielle Wallace había recalcado que sus conclusiones habían sido el fruto del trabajo de ambas hermanas, pero lo que destacaba de la ex agente Naomi era su iniciativa, sus veloces reacciones, no su rapidez deductiva. En el pasado, había sido guiada durante todo el proceso de investigación por Beyond Birthday, B, y podría ser que ahora Kira hubiera hecho lo mismo con su propia hermana, aunque al final, el carácter infantil que poseía, le hubiera hecho confesar que los dos nuevos descubrimientos para el caso habían sido cosa suya y no de Misora. Kira no soportaría que el mérito se lo llevara otro y Danielle Wallace aunque se hubiese resistido al principio, finalmente, había admitido que las averiguaciones nuevas habían sido gracias a ella.
L resopló cansado de las vueltas y revueltas que daban sus pensamientos dentro de su cabeza...
El poder manipular los actos de las víctimas antes de ser asesinados, lo había podido averiguar con el reto oculto que Kira le había lanzado mediante un código en los textos que los presos habían escrito antes de morir. "L ¿lo sabes? Los shinigamis solo comen manzanas" Aquel era el mensaje que le había hecho llegar mediante el control de los actos de los criminales. Una provocación en toda regla y algo muy preocupante.
Pero aún más peligroso era que el poder que poseía Kira le permitiese matar de otras maneras distintas al infarto al corazón. Siempre era una buena noticia tener nuevos datos que ayudasen a resolver el caso, pero que ahora, absolutamente, cualquier muerte que ocurriera en el mundo, pudiera estar bajo la sombra de Kira, haría que la investigación se dispersara tanto que sería, prácticamente, imposible de resolver. Tanto con este nuevo dato, como con el anterior, parecía que el vil asesino que se creía Dios, quería llevarle a un laberinto de confusión y perdición sin salida. Aunque, si seguía la línea de que Kira solo estaba interesado en la erradicación de los criminales, puede que esa nueva pista estrechase muchísimo el cerco para averiguar su identidad. El Norte nunca había que perderle: la esencia del caso.
¿Cómo perpetraba Kira los asesinatos? Desde luego, mientras había observado a la señorita Wallace no había hecho nada digno de sospecha, pero quizás fuera de casa...
De cualquier manera, no había que cerrarse en la alta posibilidad de que Danielle Wallace fuera quien se escondiera tras la identidad de Kira, y habría que investigar el secuestro del autobús que le había mencionado, por otras numerosas razones que también tenía bien presente. Había que estar abierto a toda posibilidad que se presentase, pues no había que cuestionar las habilidades del peor asesino de la historia: Kira. Costase lo que costase, él, como el mejor detective del siglo, haría que se cumpliese la justicia, aunque eso significara dar la vida.
L apartó su dedo pulgar de la boca y llamó desde su portátil a Watari.
- Dime L – oyó la anciana voz perteneciente al inventor.
- Watari ¿Cómo va la instalación del dispositivo de vigilancia en casa de los Yagami? - preguntó.
- Ya está casi lista – contestó – Tan sólo quedan los dos baños de la vivienda. He preferido dejar las zonas más privadas y delicadas para el final – aclaró – Mañana ya podrás comenzar a observar a ambas familias.
- Bien – dijo L – Watari, cuando puedas me gustaría que investigaras sobre el secuestro de un autobús que tuvo lugar la semana pasada, supongo, en el que estuvo envuelto el agente del FBI Raye Penber. Desde que autobús fue, que línea recorría, el historial delictivo del secuestrador, cuando salió en la prensa y/o internet, los pasajeros que iban en el bus, y sobre todo, si en ese momento Raye Penber se encontraba siguiendo a alguno de los sospechosos. -explicó.
- De acuerdo – contestó y colgó Watari.
L salió de su habitación y se dirigió a la que estaba a continua, donde había establecido el actual cuartel general de investigación. Cuando entró, se encontró con Matsuda, Ukita y Aizawa trabajando. Sin decirles nada, ni tan siquiera saludarles, se sentó con su estrafalaria postura en uno de los sofás y se sirvió un café. Realmente lo necesitaba.
- Oye Ryuzaki... - oyó la temblorosa voz de Matsuda a sus espaldas.
- ¿Sí? - preguntó mientras parecía más interesado en echarse varios terrones de azúcar en la taza que contenía el café.
- ¿Sigues queriendo jugártela por un 5%? - preguntó.
- Sí – volvió a repetir el mismo monosílabo, aunque esta vez afirmativamente.
- Pero es que son Vicedirector y el Jefe Soichiro... - inquirió.
- Las dos personas y familias que investigaba el agente Raye Penber – le recordó mientras tomaba un sorbo.
- Pero ¿Cómo puede ser L? Estoy seguro que no habrá en todo Japón otras familias con más rectitud y sentido de la justicia que estas dos. Es que tiene que ser imposible... – añadió Aizawa.
- Imposible en un 95%, posible en un 5% - dijo con su tono apático, aunque estaba comenzando a cansarse de la insistencia de los detectives japoneses.
- De acuerdo – se rindió Aizawa mientras volvía a su trabajo. Matsuda suspiró apenado.
- Ryuzaki ¿Conseguiste averiguar quién era la chica que vino el otro día a la Jefatura? - preguntó curioso Ukita.
Alguien perspicaz se hubiera dado que esa pregunta incomodó a L, ya que había hecho que cambiara levemente su postura corporal, haciendo que girara un poco su cabeza para ver por el rabillo del ojo a Ukita, pero todos estaban tan tensos por tener que vigilar a sus superiores, que ni siquiera se dieron cuenta de la reacción de L.
- Sí – dijo.
- ¿Y quién era? - siguió cuestionando.
El famoso detective maldijo interiormente. Aún no quería compartir sus sospechas sobre Danielle Wallace, no mientras no se esclareciese la inocencia de las familias Kitamura y Yagami.
- No mintió al decir que era una amiga de Naomi Misora – respondió.
- ¿Y cuál era esa información tan importante que quería decirte? - al parecer la curiosidad de Ukita era infinita, cosa que no estaba mal al ser un detective, claro.
- Nada que nosotros ya no supiéramos – L rápidamente inventó una excusa, mientras hizo tiempo al levantarse y acercarse a la ventana para observar el horizonte de Kanto – Al parecer, Naomi Misora llegó también a la misma conclusión de que Kira es capaz de controlar las últimas acciones de sus víctimas – en realidad no estaba mintiendo, solo estaba dando una información a medias.
- Pues vaya – se quejó Matsuda – tanta insistencia para contactar con Ryuzaki y no revela nada nuevo.
- Es una información que los civiles no tienen– le riñó Aizawa – Esa mujer tiene que ser muy buena agente del FBI si llegó a esa conclusión.
- Eh... ah... pues sí, tienes razón, Aizawa – meditó el más joven de los japoneses presentes.
- De hecho, sí es muy destacada agente y detective – dijo L recordando tiempos pasados, tiempos en los que Naomi fue sus ojos y sus oídos – Espero encontrarla rápido.
- Y dinos Ryuzaki – dijo Matsuda – ¿La amiga de la señorita Misora es tan guapa como dice Ukita?
- ¿Pero qué clase de mariconada es esa? - dijo cabreado Aizawa.
- Pero es que Ukita dijo que.. - Ukita se puso rojo como un tomate ante las palabras de su compañero – Parece que se quedó enamorado de ella y me dije...
- Te recuerdo que nos estamos jugando la vida en este caso como para ponernos a juzgar el físico de las personas – dijo secamente L.
- Lo siento... - se arrascó la nunca.
Antes de que se acrecentara la tensión del momento, el sonido de un teléfono cortó el ambiente incómodo. Todos miraron hacia Ryuzaki, pues era el único que lo podía tener encendido cuando estaban reunidos. El pelinegro rebuscó en su bolsillo y descolgó.
- ¿Sí?
- L, te acabo de enviar toda la información sobre el secuestro a tu portátil – le anunció Watari.
- Oh ¿ya? Perfecto. Gracias – y colgó – Era Watari. Ya están instalados todos los dispositivos de vigilancia – inventó.
Ignorando la conversación que empezaron los demás, L cogió su taza de café y con la excusa de buscar algo para comer, les dejó solos para poder investigar los documentos que había conseguido Watari.
Cogió su portátil y lo puso sobre la moqueta que cubría el suelo de toda la habitación. Él se puso ante él para poder abrirlo y encenderlo. Cuando lo hizo comenzó a leer con velocidad todos los archivos.
El secuestrador era un pobre drogadicto que había atracado un banco sin éxito, disparando a varias personas en el intento. Lo hizo dos días antes de secuestrar al autobús. No era la clase de criminal a los que Kira acostumbraba matar, por la poca importancia que tenía los delitos del individuo y por la casi inexistente cobertura que se le había dado en prensa, aunque era posible que esas dos características le habrían permitido utilizarle para orquestar sus actos sin llamar la atención de la policía. La autopsia revelaba que murió en el acto al ser atropellado por un coche nada más abandonar el autobús, según los testigos, presa de una alucinación. Si era drogadicto era lógico que pudiera haber tenido una, pero aún así, el ataque cardíaco no aparecía por ningún lado. Era lo único que no encajaba en aquel secuestro... La manera en la que había muerto... A no ser que tuviera en cuenta la hipótesis que le había comentado Danielle Wallace: que Kira tuviese el poder de matar de otras maneras aparte del ataque al corazón. Según Wallace, la razón de todo aquello había sido para que Kira obtuviera el nombre de Raye Penber, posiblemente, porque estuviera enterado de que el FBI le estaba investigando, pero ¿Cómo pudo conocer la presencia del FBI en Japón? Era imposible al 99% de que un civil totalmente ameno a la investigación, más aún que una de las personas que estaban bajo sospecha, fuera sabedor de tal hecho. Sin embargo, si era perfectamente factible que Danielle Wallace supiera la verdadera razón de que su cuñado estuviera en Japón. Puede que oyese al agente Penber mantener alguna conversación con su superior, con la propia Naomi o encontrado por la casa sus investigaciones, y estuviera mintiendo sobre todo lo que aconteció en el autobús. Aún así, ella ya conocía la identidad del prometido de su hermana ¿Por qué hacer que la mostrara a otro pasajero del bus? Si hubiera habido otra muerte, estaría claro que la razón hubiese sido para manipular a la persona y hacerle pedir la identificación a Raye Penber, pero solo había habido una muerte. Ella dijo que había sido Naomi quien le había contado del descuido de Penber... ¿Estaría mintiendo sobre esa cuestión, y en realidad, Naomi se enteró de que ella era Kira? ¿Por eso Naomi Misora estaba desaparecida? Era una conclusión bastante arriesgada, puesto que si fuera así, no hubiera denunciado la desaparición de su hermana y aportado datos clave sobre los poderes de Kira ¿no?
Observó que en el registro de billetes del autobús solo había siete registrados. Tres estaban identificados porque habían pagado con el bono de transporte, pero los demás no. Eso quería decir que había tres personas que usaban con frecuencia esa línea de autobús. Por lo tanto, los otros cinco no eran asiduos a moverse por aquella área. Era seguro que Raye Penber estaría en ese segundo grupo y, muy posiblemente, Kira. El recorrido del autobús finalizaba en Spaceland, un lugar de ocio de preferencia adolescente. El agente Raye Penber no había dejado constancia que en ese día estuviera siguiendo a algún sospechoso, pero que se dirigiera a aquel destino, no hacía más que confirmar que si se encontraba trabajando. Era una verdadera lástima que debido al accidente, de esas siete personas, sumando al conductor, solo hubieran declarado éste último y tres personas más ante la policía. Nada habían registrado de la presencia del agente Penber, nada de otras tres personas... Kira estaba entre ellas, sin duda. Había sido muy hábil al aprovechar el revuelo del atropello al secuestrador para huir sin levantar sospecha.
Siguiendo la hipótesis de que Kira es un estudiante, y que Spaceland es un lugar dirigido para el público adolescente, era más que evidente que Kira debería ser uno de los miembros más jóvenes de las familias asignadas al agente Raye Penber. L volvió a mirar las fichas de los distintos miembros del clan Kitamura y Yagami y solo podían encajar en el perfil: el hijo mayor del Vicepresidente Kitamura, Light Yagami y Sayu Yagami. Sí, Kira estaba entre ellos y Danielle Wallace.
- Hola L – el detective ni siquiera se había dado cuenta que Watari había vuelto. - Ahora mismo me pondré a disponer en el cuartel general monitores para la visualización de las imágenes que recojan las cámaras.
- Por favor Watari – dijo L – que los monitores que capten el hogar de los Kitamura estén en otra habitación que los de los Yagami.
- De acuerdo – dijo el inventor – Por cierto, L. He averiguado que el coreografo de la Compañía Oficial de Ballet de los Ángeles apareció muerto en su casa.
- ¿Muerto dices? - dijo L asombrado por aquel dato.
- Al parecer fue un suicidio – aclaró Watari. - Él dirigía a Danielle Wallace cuando era la primera bailarina de la compañía.
L se llevó el pulgar a la boca con una sonrisa.
- Watari ¿Crees que podría presentarme ante Danielle Wallace?
-.-
- Los vestidos que llevará Danielle tienen que representar la pureza del personaje, su inocencia, su frescura, lo inconsciente que es de la maldad que existe en el mundo, pero a la vez, tienen que reflejar lo que es real, la Tierra, que ella pertenece aquí – decía la directora de la obra.
- Sí cariño, ya tengo un par de ideas en mente diviiiinaaaaas – le respondió el diseñador de vestuario mientras tomaba mis medidas.
- Que quede muy en contraposición del vestuario de Alexander. Él tiene que parecer un dios de la muerte – añadió la directora.
Ya eran casi las nueve de la noche y aún seguía en la Escuela de Baile, en una sala apartada, mientras tenía a cinco personas pululando a mi alrededor, cogiendo mis medidas, haciéndome pruebas de peinados, maquillaje... todo lo necesario para caracterizarme como Angella, la inocente protagonista de la obra.
En ese momento, no podía evitar darme cuenta de cuanto distaba yo de mi personaje, y a la vez, de como recordaba el día en que era Naomi la que estaba en una situación parecida a la mía, solo que en el Salón de Belleza de Novias, probándose su traje. Estaba tan guapa... Todo el recuerdo aún estaba tan cercano, pero a la vez tan lejano, parecía que había pasado un milenio.
- Danielle, me muero de envidia – me dijo el diseñador que, evidentemente, era gay – ¡Tienes unas medidas casi perfectas!
- Gracias – le sonreí.
- Vas a ser mi musa. Crearé unos diseños que harán HISTORIA.
Los presentes se rieron de la exagerada forma de ser el diseñador, cuyo nombre artístico era Jhonny Traviata. Al parecer, todos disfrutaban de tenerme cual maniquí, pero yo ya me encontraba muy cansada del día que llevaba, y de mi vida en general. Lo cierto era que sentía que iba a desmayarme de un momento a otro.
- Definitivamente, los colores predominantes del maquillaje tienen que ser el blanco y los que reflejan la naturaleza – se separó de mi una de las maquilladoras con el pincel de la mano, observando mi cara cual obra de arte.
- Me encanta que el rabillo del ojo sea como las ramificaciones de los árboles – señaló la directora. - ¿Te gusta Danielle?
Había visto en mi cara tantos posibles modelos de maquillaje, que ya no sabía diferenciar los unos de los otros.
- Sí. Es muy bonito – dije de la misma forma que había utilizado en las 768475847 veces anteriores.
- Te realza los ojos – añadió – Al espectador no se le escapará ningún detalle de tu mirada.
- Entonces ¿Nos quedamos con este? - preguntó la chica del maquillaje.
- Sí – asintió para luego atender a su móvil que comenzaba a sonar.
- Por favor – llamé a una de las ayudantes - ¿Puedes traerme algo de comer? - necesitaba energía para tenerme en pie.
- Pero algo bajo en calorías ¿eh? Que no queremos que pierda su divina figura - advirtió Jhonny.
¡Dios! ¿¡Es que ese día no pensaba acabar!? En verdad, no podía quejarme, estaba siendo tratada como una princesa, colmada de todas las atenciones y recibiendo mil piropos. El sueño de cualquier mujer ¿No? Pero yo estaba enfadada con la vida, con el mundo, con los seres humanos, con el frío que hacía, con todo lo que tuviera el valor de existir. Sí, me estaba convirtiendo en una amargada en plena flor de la vida. Bien por mi. Genial para mí. Lo único que me mantenía en pie era que, al menos, ya había podido hablar con L, aunque después de nuestro contacto, mi opinión sobre él se basaba en que era un: maleducado, interesado, borde y gilipollas de mierda, por no emplear otras palabras más feas ¿En serio mi hermana le tenía tanta admiración? ¿Por qué? Definitivamente, estaba loca. Y he de confesar que si Kira no hubiera asesinado a mi cuñado y si hubiese sabido como era L "en directo" desde el principio, apoyaría al primero mencionado, sin dudarlo. A no ser, que... fuera igual de imbécil que el famosamente conocido detective, que era lo más seguro. Idiota vs idiota, el duelo del siglo. Tal para cuál. Y pensar que ahora todos los demás dependíamos de los jueguecitos que se traían esos dos... Me daban ganas de tirarme de los pelos, sino fuera porque echaría a perder tan laborioso peinado que me habían hecho.
Vale, estaba siendo muy irónica, pero es que estaba tan enrabietada. Ni siquiera L había tenido la decencia de decirme algo sobre la búsqueda de mi hermana. No tenía ni idea si la estaban buscando, si estaban preocupados, si la habían encontrado o que incluso, estuviera colaborando en el caso... ¡Era indignante! Creo que me había convertido en la personificación de la frustración.
- ¿¡Cómo que se ha quedado sin inspiración!? - oí gritar a mi directora cuando me apartó de mis pensamientos el olor al sandwich que me traía una de las chicas. - ¡Es el compositor!
Genial, se avecinaban retrasos... Quizás hasta fuera un alivio para mí y pudiera descansar del estrés del trabajo mientras esperaba noticias sobre Naomi porque, al menos, tenía el teléfono de L para acosarle hasta que me dijera algo sobre mi hermana.
- ¡Está bien! – colgó bruscamente mi directora – Se acabó por hoy. - nos ordenó al resto.
Cuando todo el mundo comenzó a recoger, a salir de la sala para marcharse, entró la directora de la Escuela. Yo me dispuse a guardar mis cosas en la bolsa deportiva, para ir directa a los vestuarios a desmaquillarme y darme una buena ducha, pero la que era responsable del buen funcionamiento de toda la Escuela se acercó a mi.
- ¿Cómo estás Danielle? - me preguntó mientras me acariciaba la espalda. Era una mujer muy dulce y conocedora de la reciente pérdida de mi cuñado -aunque sin saber que era un agente del FBI encargado del caso Kira- y la desaparición de mi hermana. Realmente estaba preocupada por mi.
- Tirando – le dije sinceramente.
- Ya verás que todo saldrá bien – me sonrió. En serio que le agradecí el gesto – Ese maquillaje te queda muy bien.
- Gracias – sonreí.
- He pensado en adecuarte un camerino para que puedas arreglarte y desarreglarte las veces que quieras sin que tengas que ir a los vestuarios comunes – me dijo.
- ¿De veras? - dije con sorpresa.
- Claro, ahora eres la estrella de nuestra institución – explicó. - Cambiando de tema... ¿Sabes? - dijo mientras ambas salíamos a los pasillos de la escuela – Acaba de comenzar un seminario sobre Capoeira.
- ¿¡Capoeira!? - pregunté con sorpresa.
- Sí. - asintió con una sonrisa en su rostro – Recordaba que mencionaste hace tiempo que tú estabas entrenada en ese arte, así que he venido a avisarte en cuanto he podido.
- Pero ¿Cuándo ha comenzado el seminario? No lo he visto anunciado en ningún lado – dije.
- De hecho, ha sido una sorpresa hasta para mí – me comenzó a contar – De repente, apareció hoy en mi despacho uno de los mayores expertos entrenadores de Capoeira y me dijo que iba a estar unas semanas en la ciudad, y que estaba interesado en dar unas cuantas clases aquí. - comenzó a reír ante lo surreal que sonaba aquello – Así que, claro, como me iba negar.
- ¿Mayor experto dices? - pregunté - ¿Cuál es su nombre?
- Cristiano Ronaldo.
- ¿¡Cristiano Ronaldo!? ¿¡Como el futbolista!? - ¿estaba de broma?
Ella estalló en risas.
- Mira – indicó - ahí está.
Como casi todas las aulas de la Escuela tenían ventanas que daban a los pasillos para que cualquiera que estuviera interesado en lo que pasaba dentro pudiera ver sin molestar, me permitió observar a varios compañeros sentados en el suelo, entre ellos a Hina, escuchando atentamente lo que un hombre les contaba estando de pie, frente a ellos. Fruncí el ceño al ver su aspecto. No parecía ser "uno de los mayores experto sobre Capoeira" en absoluto. Su postura era encorvada, nada estética, y lucía una camiseta blanca y unos vaqueros desgastados de, al menos, cuatro tallas más grande que la que le correspondería. Tenía el pelo negro, totalmente descuidado, como sino supiera lo que era un cepillo y además, lucía unas grandes ojeras que destacaban en su rostro poderosamente, debido al tono blanco nuclear de su piel... Y, encima ¿se llamaba Cristiano Ronaldo? No. Había algo raro ahí y estaba dispuesta a averiguarlo. Si ese era capaz de bailar Capoeira, yo era la Virgen María...
Me despedí de mi directora y abrí la puerta delicadamente para entrar a la clase sin interrumpir su discurso. Sentí un escalofrió cuando dirigió su mirada oscura hacia mi...
¡Holiiis!
Os tengo que pedir disculpa por el retraso, pero la semana pasada la tuve muy ocupada, demasiado :_ En compensación, os he dejado un capi muuuy largo y con apariciones estelares como la de Cristiano Ronaldo... ¿Eing? Seguro que es Cristiano? o.O
No tengáis prisa y leer despacito, con tranquilidad, disfrutando de las situaciones de los personajes.
Mil gracias por leer, y doble de gracias si dejas un review.
Nos vemos pronto!
Saludos!
