Kuroshitsuji no me pertenece, es propiedad de Yana Toboso

Esta historia está desarrollada en un Universo Alterno (AU).

Lil Joker.


El anhelo de lo prohibido

Capitulo 10: El futuro del Phantomhive

- Nnh…

El adulto tomó el desnudo cuerpo de su niño entre sus brazos, rodeándole con necesidad. Escuchar al pequeño jadear sin control le excitaba a un punto increíble.

- ¡A-Ah…! – gimió el menor ante la exquisita sensación que recorrió su cuerpo cuando el mayor tocó ese punto en su interior.

El calor en la habitación aumentaba a cada segundo, y parecía que el aire se acababa para ambos con cada estocada del mayor. Sebastian lamió el hombro de su amado, saboreando su piel, inhalando el agradable aroma que su niño emitía.

Pensar en cuantas noches se imaginó sobre el menor, recorriendo cada milímetro de su complexión, disfrutando de su tersura, embelesado por su fragancia, extasiado por la manera en que el muchacho se tensaba y su respiración se agitaba a cada caricia suya.

Y ahora, le tenía exactamente de esa forma, bajo su cuerpo, bajo el latido de su corazón. Y era mil veces mejor que una simple fantasía.

Las grandes y fuertes manos de Sebastian recorrían el cuerpo de Ciel como si se tratara de una valiosa pieza de arte, provocándole un agradable cosquilleo de pies a cabeza. Hasta que una de esas manos rodeó fuertemente el miembro del chico, arrancándole un delicioso gemido. Música para los oídos de Sebastian.

El placer hizo su propio camino por el cuerpo de Ciel, como una descarga eléctrica. El menor arqueó su espalda, apegándose más al sudoroso y bien esculpido pecho del adulto.

- S-Sebas… Y-Ya no pue-… - sus palabras fueron acalladas por un demandante beso de parte del ojirojo. Las muñecas del chiquillo fueron apresadas por una mano del mayor. Y de pronto, las embestidas cesaron, al igual que los gemidos, pero no el placer.

Sebastian separó sus labios de los del menor y su rostro se alejó unos centímetros del peliazul. Su respiración inquieta no le impidió admirar con parsimonia el bello semblante de su niño. No había nada igual de bello en este mundo ni en ningún otro, comparado con el rostro del muchacho.

Algo en el interior de Sebastian se removió ante un inoportuno pensamiento. ¿Podrían ser los ojos de ella, el toque de esa increíble belleza en el niño?

Sebastian removió un húmedo mechón de la frente del menor, el cual cubría sus ojos, aquellos zafiros tan preciosos. Una sonrisa se formó en los labios del adulto al ver esos luceros transmitir tanta pasión. No, no eran los ojos de ella. Eran simplemente los ojos de Ciel, del niño que lanzó su ética por la borda desde el momento en que este correspondió a sus oscuros sentimientos.

- ¡AHH, SEBASTIAN! – gritó el peliazul. Invadido por el placer que el enorme miembro de Sebastian provocaba en su interior. Sus uñas se enterraron en la espalda del mayor, rasgando esos hombros anchos y fuertes que Sebastian poseía.

- Eres… Tan estrecho – murmuró Sebastian junto al oído del muchacho – Me encanta…

- S-Seb-¡Ah!

- ¿Si? – el mayor mordió levemente el lóbulo del niño. Disfrutando del estremecimiento de aquel cuerpo tan pequeño.

- N-No… No te detengas… P-Por favor… ¡Nhh!

Una sonrisa maliciosa apareció en el rostro de Michaelis, complacido por escuchar a su niño rogarle. Aumentó las embestidas a un ritmo aún más veloz, golpeando con cada estocada la próstata del niño, ocasionando en el pequeño unos gritos de placer que excitaron hasta el límite al ojirojo. Entre jadeos, Sebastian buscó los labios del menor, saboreando el éxtasis que experimentaba en ese entonces. Devorándolos con gula, adentrándose en su boca para recorrerla con anhelo. Fascinado por la calidez de esa cavidad, profundizó el beso, siendo ayudado por las pequeñas manitos del peliazul enredadas en sus húmedas hebras azabache.

Piel contra piel, sus cuerpos se movían a un compás perfecto. Gotas de sudor adornaban sus figuras. El aire era denso dentro de la habitación, el calor era sofocante, pero nada les detenía, ni siquiera el cansancio, ni el dolor que sentían en sus extremidades.

Ciel ocultó su rostro en el pecho de Sebastian, gimiendo sin parar contra este. Podía sentirlo, la presión en su abdomen. En un sonoro gemido, Ciel liberó su esperma sobre su torso, entregándose por completo al orgasmo en los brazos de Sebastian, mientras que este se venía en su interior. Abrazándole con ternura, dejó caer su cuerpo sobre el muchacho, evitando dañarle.

Sebastian acarició la suave cabellera del menor, besando su frente al ver que su niño había caído rendido al sueño debido al cansancio.

- Mío, solo mío.


- ¿Qué harás ahora?

Cuestionó su abogado, observando como el hombre iba de esquina a esquina por toda la habitación, pensativo.

Tomando el encendedor, le prendió fuego a su sexto cigarro en menos de una hora. Vincent inhaló el tabaco casi con desesperación.

- ¿A qué te refieres? – dijo, exhalando el humo. Russell soltó una carcajada, perplejo.

- Lo siento, ¿estoy hablando con Vincent Phantomhive, el tipo en bancarrota o estoy hablando con un imbécil que solo se preocupa de tirar colillas de cigarros al basurero?

- Con ambos

- ¡Maldición, Vincent! – gritó el abogado, golpeando la mesa - ¡Esto no es un juego! ¡Acabas de perder a tu familia por esto! ¡Le arruinaste el futuro a tu hijo, y ni siquiera te interesa!

- Por supuesto que no – susurró, fumando su cigarro – Ya estoy arruinado, ¿de qué sirve hacer algo? – miró a su amigo y sonrió – Además, Sebastian se encargará de cuidar de él.

- ¿De qué hablas? ¿Qué hay de Rachel? – preguntó el hombre de cabellos oscuros, siguiendo con la mirada a Vincent, quién tranquilamente se sirvió un whisky.

- Sebastian es la única persona que podrá llevar a Ciel al éxito. Tendrá garantizada su educación, tendrá un buen estatus dentro de la sociedad… Eso es algo que Rachel jamás podría darle

Vincent tomó un sorbo de su whisky, sintiendo como el líquido bajaba lentamente por su garganta. Russell frunció el ceño, aún confundido por la repentina decisión del Phantomhive

- ¿Esto es definitivo o… Solo una posibilidad?

Vincent miró al abogado, estudiando su rostro. Lucía verdaderamente cansado. No podía creer que a pesar de que estaba en la ruina, ese hombre siguiera empeñado en ayudarle de alguna forma.

- Esa es mi voluntad. Soy un Phantomhive, y Ciel también. Mi deber es asegurarme de que el apellido perdure, al igual que su reputación.

- Lamento interrumpirte, Vincent – habló Garret – Pero el apellido Phantomhive ha quedado olvídalo en el pasado. Junto con su gloria.

Vincent tomó nuevamente de su whisky, esta vez, bebiendo todo el contenido del vaso en un solo sorbo. El trago provocaba cierta molestia en su garganta, debido a su consistencia fuerte.

- Por eso la custodia de mi hijo debe quedar en manos de Sebastian – sentenció el Phantomhive, dejando el vaso vacío frente a su abogado. Dirigiéndole una mirada amenazadora – Encárgate de ello.

Esas fueron sus últimas palabras antes de abandonar la habitación, dejando al abogado con las palabras en su garganta. Lo que había empezado como una reunión para decidir el futuro de la compañía terminó en planes de custodia para el heredero de los Phantomhive… De lo poco y nada de los Phantomhive.


Sebastian apagó el fuego de la cocina y retiró la pequeña tetera, sirviendo el té en dos tazas de porcelana. El aroma a naranja y canela del té verde invadió los sentidos del pelinegro, haciéndole sonreír. Tomó la bandeja entre sus manos y se encaminó hacia la sala de estar, donde su niño disfrutaba de la lectura de un libro, sentado en el suelo junto a la chimenea.

El menor, al ver que su amante se acercaba, cerró su libro y se acomodó un poco, haciéndole un lugar junto a él.

- ¿Es un buen libro? – Ciel observó la tapa del libro, y le acarició, sintiendo la suave textura y el relieve de las letras estampadas.

- Hasta el momento, sí.

Sebastian sonrió complacido, y le entregó la taza de té. El pequeño inhaló el aroma y tomó un sorbo, relamiendo sus labios ante el sabor dulce.

Michaelis admiró los labios del niño, tan pequeños y suaves. ¿Qué sabor tendrían ahora que había probado ese brebaje? ¿Miel y azahar? Sin resistirse más tiempo, el mayor alejó la taza de té de los labios del menor y presionó los suyos contra estos. Repasándolos con su lengua. Ciel jadeó ante la repentina acción, permitiéndole al mayor adentrarse en esa cavidad, y recorrerla, saboreando la mezcla de sabores.

- Sebast-… - balbuceó el menor.

- Eres delicioso – murmuró sobre los labios del pequeño, sonriéndole genuinamente.

Entonces recordó lo que tenía planeado hace unos días para el niño. Buscó en los bolsillos de su pantalón y sacó dos boletos, mostrándoselos al infante.

- ¿Qué es eso? – consultó, mirando curioso los pedazos de papel.

- ¿Te gustaría ir conmigo al parque de diversiones?

Ciel guardó silencio, perdido en los ojos escarlatas de su amante. El silencio prolongado fue lo que lo despertó de su trance.

- P-Pero… Es de noche.

- Lo sé – respondió – Es una bella noche. Y el parque estará abierto hoy para que podamos disfrutarla – su brazo rodeó la esbelta cintura del menor y lo atrajo hacia él, quedando a solo centímetros de distancia – Vamos… Es una cita.


La rubia no podía creer las palabras de su ex esposo.

"Tú no tendrás la custodia de mi hijo"

¿Su hijo? Por casi 15 años, ese hombre jamás había mostrado el interés que debería por ese niño. ¿Ahora era su hijo y quería separarle de ella?

- ¿Estás loco? ¿De qué estás hablando, Vincent?

El mayor mantenía su posición firme e inmutable, parado frente a la mujer, quién en cualquier momento caería en una crisis de pánico.

- Ya lo he dicho, y así será. Sebastian cuidará de Ciel hasta que cumpla su mayoría de edad.

"Sebastian…" Después de haber escuchado ese nombre, todo lo demás había sonado a balbuceos que se perdían en el aire para Rachel. ¿Por qué Sebastian? ¡¿Por qué ese hombre?! ¿Por qué el destino amaba hacerla sufrir e incluía a ese hombre en todo?

- ¿Te ha quedado claro?

Rachel dirigió la mirada a Vincent, y se abalanzó sobre él, obligándolo a chocar contra la pared.

- Escúchame, maldito – sus manos se aferraron fuertemente a la camisa del mayor. Sus ojos azules, desafiantes y llenos de cólera se cruzaron con los de Phantomhive.

Vincent no opuso resistencia al agarre de la mujer, simplemente no se esperaba una reacción tan violenta.

- Ciel es mi hijo. Y ni tú, ni el bastardo de Sebastian me lo quitarán… – su rostro se acercó al del hombre, su respiración agitada impactando contra el sorprendido semblante del mayor – Haré hasta lo imposible… Para impedirlo.


- ¡No puede ser! ¡Ven Sebastian, subámonos a ese juego! – Ciel tomó la mano de Sebastian y corrió hacia la instalación. El pelinegro rio a carcajadas a ver a su niño tan emocionado.

Aún podía recordar la primera vez que llevó a Ciel a un parque de diversiones, el niño tenía tan solo 6 años. Sus padres habían ido a una aburrida comida de adultos como le llamaba el infante, y Michaelis tuvo que encargarse de mantener al niño lo más entretenido posible.

"- ¿Y si me caigo de uno de los juegos? – preguntó el niño, atemorizado. Sebastian soltó una risa y cargó al niño para sentarlo en sus hombros.

- Yo estaré ahí contigo.

- Entonces nos caeremos los dos – refutó, posando su mentón en la cabellera del mayor.

- Ciel no seas tan melodramático – le regañó, sujetando las piernas del menor.

- ¿Qué es melod… meloti-…?

- Simplemente confía en mí, Ciel

El pequeño suspiró y se aferró al mayor, abrazándole por el cuello. Su rostro se escondió en el cabello del ojirojo, disfrutando del delicioso aroma que este emitía, y de la suavidad que este tenía.

Para cuando ambos habían llegados al parque de diversiones, Sebastian bajó al menor con cuidado de sus hombros, entonces se dio cuenta de que el pequeño había dormido todo el viaje. Michaelis sonrió con ternura y besó su frente, despertando al menor."

Ahora todo había cambiado… Absolutamente todo.

Sebastian suspiró, agotado. En verdad mantener a ese niño entretenido era más difícil que cuando tenía tan solo 6 años. Mucho más difícil. El pelinegro reposó en la banca de madera, y cerró los ojos. Pudo sentir en su rostro la brisa primaveral de la noche. Todo era tan perfecto.

- Sebastian…

El mayor abrió los ojos, y sonrió de gusto al ver a Ciel frente a él. Sosteniendo en sus manos un par de helados de frambuesa.

- ¿No crees que es un poco tarde para un helado? – Ciel simplemente sonrió y le entregó un helado al mayor.

- Nunca es tarde para uno de frambuesa – susurró, tomando asiento junto al ojirojo.

Ambos se mantuvieron en silencio, disfrutando de su compañía y de ese helado. En medio de las brillantes luces de los juegos y letreros, el sonido de las risas y los gritos de los niños arriba de las montañas rusas, el olor a palomitas y algodón de azúcar, Ciel tomó tímidamente la mano del pelinegro, sin quitarle la vista a su helado.

El mayor apretó su agarre, entrelazando sus dedos con los del infante. En verdad disfrutaba de estar con él, en verdad le quería, en verdad…

- Ciel… - susurró, sellando sus labios con los del aludido en un tierno beso con sabor a frambuesa.

… le amaba.


El timbre sonó en la puerta principal, y la muchacha se encaminó hacia esta.

- Claude... - exclamó al ver quien yacía tras la puerta.

El pelinegro miró seriamente a la mujer, peinando un poco su cabello.

- Buenas noches, señora Phantomhive.

El corazón de la rubia de pronto tomó un ritmo agitado, y la intriga se apoderó de cada fibra de su ser. ¿Qué hacía ese muchacho ahí?

- ¿Qué sucede? ¿Le pasó algo a Ciel? – interrogó, apretando su mano contra el pomo de la puerta. El silencio del joven la ponía ansiosa.

- No… Él está bien – declaró. El agarre de la mujer se soltó lentamente, sintiendo como el aire volvía a su cuerpo. Su hijo estaba bien – Pero… Creo que hay algo que usted debería saber…

Rachel miró al menor, con algo de desconcierto, y aclaró su garganta.

- ¿Con respecto a qué?

Claude guardó silencio unos segundos, dudando sobre sus palabras. Pero no… Ya estaba ahí, tenía que terminar lo que había empezado.

- Con respecto… A la relación que Ciel mantiene con ese tal Sebastian.


Quería publicar este capitulo, justamente en año nuevo. Nuevo año, nuevo rumbo a la historia. A partir de aquí, todo será prácticamente tragedia. Espero, queridos lectores, que hayan tenido un buen 2012, y que el 2013 sea aún mejor.

Sugiero, que se pasen un ratito por la historia de mi sempai : "La Quiebra, el Hijo y el Demonio", un fanfic de Kuroshitsuji. Les prometo que no se van a arrepentir.

Feliz Año Nuevo a todos.

Lil Joker.