Antes de empezar: me disculpo por haber abandonado este FanFic tanto tiempo, pero no se imaginan lo que fueron las últimas semanas. Ya hasta respiro trigonometría y seguramente no voy a aprobar las pruebas. No me hagan comenzar con los trabajos de historia y las evaluaciones de geografía. Cada vez que tenía un rato libre se lo dedicaba a escuchar música, dormir o ver televisión. Nada que implique algún tipo de esfuerzo intelectual (aunque no realice una gran esfuerzo intelectual para este FanFic como podrán notar).

Ojalá al menos les guste el capítulo…

En el capítulo anterior: Todo parecía ir bien para Ferb, sin embargo. Al fin su chica soñada le prestaba atención. Ya no era sólo un niño, ya no era el hombre invisible.

Capítulo XI: "La única noche"

Phineas acariciaba a Perry mientras el animal dormía cómodamente sobre sus rodillas. Sólo podía pensar en Ferb, ¿dónde se había metido? Nunca había desaparecido sin avisar antes. Quizás Isabella tenía razón, quizás había algo que Phineas no había notado jamás. Era algo lógico, después de todo se suponía que algún día algo así sucedería. Lo había tomado desprevenido esta vez, probablemente por lo poco expresivo que era su hermano, pero sabía que algo así podía suceder. Había llegado el momento que Phineas intentaba negar. Sus intereses se dividían, algún día habrían de coincidir nuevamente, pero por el momento no sería lo mismo. Ferb estaba enamorado y Phineas ni siquiera podía ver a las chicas como algo más que sólo amigas. Era muy extraño siquiera pensarlo para Phineas.

-Parece que seremos tú y yo desde ahora, Perry. –le dijo al ornitorrinco aún sabiendo que dormía.

Perry sonrió entre sueños mientras se imaginaba a sí mismo frente al monitor en donde solía aparecer Mayor Monograma. Evidentemente soñaba que el hombre le estaba dando una misión. Le indicaba que Doofenshmirtz tenía un malvado plan, como de costumbre. Ni siquiera se le cruzaba la idea de que estaba por casarse. De repente una voz interrumpió la conversación de Perry y Monograma, pero sorprendentemente era una voz de mujer, obviamente no le pertenecía a Carl. La mujer regañaba a su jefe y el sueño del ornitorrinco se tornó cada vez más borroso.

Perry abrió sus ojos y de regreso en el mundo real se acurrucó un poco más en las rodillas de Phineas dispuesto a dormir nuevamente. Se relajó unos instantes pensando en el sueño que acababa de tener. De repente abrió sus ojos de par en par. Se había percatado de algo que no había tenido en cuenta antes. Se bajó de las piernas de Phineas y caminó rápidamente hacia la sala.

-Bien… -continuó Phineas mirando tristemente el árbol bajo el que se sentaban él y su hermano todas las tardes de verano –Creo que estaré solo hoy.

En ese instante su hermana entró en la cocina.

-¡Ferb está en problemas! Donde quiera que esté. –chilló frunciendo el ceño.

-¿Dónde crees que esté? –preguntó Phineas ignorando la amenaza de su hermana.

-No lo sé, pero en cuanto regrese estará en problemas.

-Candace.

-¿Sí?

-¿Puedo preguntarte algo? –inquirió el pelirrojo.

-¿Qué cosa?

-¿Qué es tan especial de estar enamorado?

La pelirroja se detuvo unos instantes. No era una pregunta que se esperaba viniendo de su hermanito.

-¿Estar enamorado? ¿Por qué preguntas eso?

-Es que no lo comprendo, Candace. ¿Por qué llegará un momento en mi vida en el que no podré ver a las chicas sólo como amigas? ¿Por qué te pasó a ti eso mismo? ¿Qué se siente que eso suceda? ¿De verdad es tan especial que eres capaz de hacerlo todo por ese sentimiento? ¿En verdad es tan especial, Candace?

-Bueno, Phineas, es parte de crecer.

-¿Y vale la pena?

-Phineas, sé que ahora no lo entiendes, pero cuando crezcas sí lo entenderás.

-Es que quisiera comprender como puede alguien sentir algo que lo haga parecer todo lo demás tan insignificante.

-Lo demás no es insignificante, es sólo que no puedes dejar de pensar en ello, porque lo que sientes es muy diferente a todo lo que sentiste antes. Creo que es algo tan nuevo que sólo quieres saber que se siente. Es extraño de explicar Phineas.

-Gracias de todas formas. –contestó decepcionado.

-¿Por qué de repente te interesas por eso?

El chico no supo si responderle o no, pero al final decidió explicarle lo que le sucedía.

-Es por Ferb…

-¿Por Ferb? ¿A Ferb le gusta una chica?

-Eso creo…

-¿En verdad? Jamás lo habría imaginado. ¿Quién es? ¿Isabella? ¿Alguna de las chicas de la tropa de Isabella? O quizás sea…

-No sé quién. ¿Crees que a Ferb le guste Isabella? –preguntó Phineas que ni siquiera lo había pensado. A decir verdad le molestaba un poco pensar en eso y no estaba seguro de por qué.

-No lo sé. ¿Cuántas otras chicas de su edad conocen? No creo que le guste una chica que sea ma… ¿mayor que él? ¡Un segundo!

El recuerdo golpeó a Candace como un rayo. Cuando estaba hablando con Stacey sobre el extraño incidente de Vanessa en el parque. Ferb la había oído hablar de Johnny y parecía estar triste al respecto. Era obvio, ¿no?

-Ferb conocía a Vanessa antes de que viniera aquí, ¿cierto?

-Cierto. Del centro comercial…

-Y dijiste que la salvó de algo, ¿cierto?

-De una podadora.

-Exacto. ¿Por qué crees que lo haya hecho, Phineas?

-Tal vez porque ese era su deber…

-No, Phineas, a Ferb le gusta ella.

-¿A Ferb le gusta Vanessa?

-Sí, ¿no es obvio? La salvó en el centro comercial, fue muy amable con ella cuando estuvo aquí, las charlas a las 3 o 4 de la mañana, el hecho de que estuviese tan triste cuando me oyó hablando del chico que le gustaba a Vanessa…

-Nunca lo había pensado. ¿Por eso estaba tan raro? ¿Estaba triste? ¿No estaba cansado?

-Exacto, Phineas.

-Qué lista, Candace. No se me hubiese ocurrido.

-Sí, creo que sí soy lista.

-¿Crees que Ferb esté con Vanessa?

-Bueno, ella es un poco mayor que él, no creo que lo vea como un muchacho con el que pueda salir…

-¿Crees que lo haría si fuera mayor?

-Tal vez.

-¡Eso es! –exclamó Phineas. –Ferb tiene que haber usado la máquina. La que usamos para cambiar la edad de Suami.

-¿A qué te refieres?

-Podríamos haber recorrido todo Danville, pero jamás lo hubiésemos encontrado. ¡Ferb aumentó su edad? Debe verse como un adolescente ahora.

-Por eso no podíamos encontrarlo.

-Encontremos a Vanessa. ¿Tienes su celular?

-Eso creo, lo guardé en mi agenda cuando estuvo aquí la última noche.

-Excelente. Llámala y pregúntale, Ferb debe estar con ella.

-De acuerdo. –dijo Candace sacando del bolsillo su teléfono rosado y buscando el nombre de la chica lo más rápido que pudo en la agenda. –Aquí está, "Vanessa".

Candace presionó "marcar" y llevó el teléfono a su oído. Se escuchó la voz de Vanessa en una contestadora. "Este es el celular de Vanessa. No puedo atenderte en este momento porque…". Candace colgó.

-Apagado. –dijo Candace cerrando el celular.

-Qué mal. Pensemos en algo más.

-Bueno, hay que seguir pensando. Veamos, ¿cómo supiste que Ferb estaba enamorado?

-Isabella lo comentó.

-Ella debe saber de Vanessa.

-Supongo.

-Quizás Isabella sepa en dónde está Ferb.

-Pero ya se lo preguntamos, no creo que lo sepa.

-Cierto. ¡Lo tengo! ¿Y si usamos la…?

El sonido del timbre interrumpió a Candace.

-Quizás sea Ferb. Iré a ver. –dijo Phineas justo antes de salir corriendo hacia la puerta.

Cuando la abrió se encontró con un adolescente, pero no con "Ferb el adolescente".

-Oh, hola, Jeremy. –saludó un poco decepcionado.

Candace entró corriendo.

-Phineas, oí que dijiste… -Candace vio la imagen del muchacho parado en la puerta. –Jeremy. – siguió con la particular voz que hacía cada vez que pronunciaba ese nombre.

-Hola, Candace. –sonrió el muchacho. –Sólo vine para… preguntarte… si… tal vez… es que…

-Dime, Jeremy. –lo incitó a continuar la chica.

-Es que pasé por tu casa y quise venir a invitarte a salir mañana. Después de todo, nuestra última cita no fue una cita "típica" aunque fue muy divertida. Entonces, ¿quieres?

-Por supuesto, Jeremy. –contestó la chica con dulzura.

-Entonces, nos vemos mañana, Candace. Paso a buscarte a las 7, ¿de acuerdo?

-Está bien, Jeremy. Nos vemos.

-Adiós, Candace. Adiós, Phineas.

-Hasta luego, Jeremy. –lo saludó Candace.

Phineas cerró la puerta cuando Jeremy ya se había alejado unos metros de la casa.

-¿Bien, Candace?

-¿Bien qué?

-¿Qué estabas diciendo?

-¿Sobre qué?

-Sobre encontrar a Ferb.

-Oh, lo siento, Phineas. Lo olvidé. Oye, ¿y Perry?

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El ornitorrinco abrió una de las tantas compuertas que había ubicadas en la casa. Esta vez en la cañería de la cocina. El tubo lo llevó hasta la guarida secreta bajo la casa de los Flynn-Fletcher. Todo estaba oscuro, las luces apagadas, la pantalla donde la imagen de Mayor Monograma aparecía cada vez que Perry tenía una misión también lo estaba. Todas las armas y artefactos estaban en el exacto lugar en el que siempre estaban. Perry se puso su sombrero y tomó su deslizador de ornitorrinco. Tenía la misión de averiguar qué era lo que estaba sucediendo. Por extraño que resulte, Perry notaba que algo estaba total y completamente fuera de control. Debía llegar a la casa de Doofenshmirtz para esperar a que volviera de esa boda.

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La diversión para Ferb ni siquiera había comenzado. Todos los invitados ya estaban en el salón y muchos de ellos estaban cómodamente sentados. Vanessa y Ferb se sentaron uno junto a otro por unos 3 segundos, luego Isabella los interrumpió.

-Emm… ¿Puedes venir un segundo?- dijo la chica con el ceño fruncido tomando al peliverde del brazo y arrastrándolo hasta donde nadie pudiese escuchar su conversación. Un asiento libre quedó al lado del de Vanessa y rápidamente fue ocupado por Carl. El chico se quedó mirando a la chica por unos segundos con una sonrisa de oreja a oreja. La chica se limitó a mirarlo indiferentemente.

-Disculpa…-comenzó a decir el pelirrojo.

-Ni lo sueñes. –contestó la chica aún con indiferencia.

-Pero sólo quería saber si…

-Dije que no.

-Pero, pero… ¿por qué?

Vanessa levantó una ceja intentando insinuarle que era algo evidente. El chico la volvió a mirar. Lo comprendió sin mayor esfuerzo, pero continuó fingiendo inocencia.

-Por favor.

Carl se levantó de la silla.

-Siempre es lo mismo. –susurró mientras se alejaba con la mirada fijada en el piso.

Mientras tanto, a unos cuantos metros de Vanessa, Isabella y Ferb tenían una seria conversación.

-¿Qué pasa contigo, Isabella? Es la única noche.

-¿Significa algo para ti el nombre "Johnny"? –preguntó la chica intentando quitarle información. El estómago de Ferb se retorció en el interior de su cuerpo.

-Quizás. ¿Por qué?

-¿Por qué? Tú dime. ¿Qué dice el nombre Johnny para ti?

Ferb tragó saliva.

-Johnny es el nombre del chico que le gusta a Vanessa. El que la lastimó.

-¿Entonces esa Vanessa es la misma Vanessa de la que hablaban esos chicos en el parque?

-¿Qué chicos?

-Cuando venía hacia acá, -comenzó a relatar Isabella –había un par de chicos en el parque que hablaban de una chica llamada Vanessa. Yo creo que hablaban de "tu" Vanessa y que ese chico era "su" Johnny.

-¿De qué hablaban?

-Ferb, no estoy muy segura con respecto a ella. ¿No crees que vaya a lastimarte?

-Bueno, si es el precio que hay que pagar…

Isabella sonrió.

-Debes saber algo…

-¿Qué cosa?

-Creo que a ese chico le gusta Vanessa, así que si a ella le gusta él…

-¿De verdad? Supongo que eso me convierte en el que sobra. ¿Debería…?

-No. Pelea. Esta noche todo vale, es la única noche.

Ferb sonrió.

-Gracias, Isabella.

-No hay de qué. Ve con ella, ¿qué esperas? ¿Vas a dejarla sola? Es la única noche.

Ferb caminó y volvió a sentarse junto a Vanessa. La chica sonrió.

-¿Tenías que hablar con tu adorable amiguita?

-Sí, conversamos un par de cosas.

-¿Sabes? Me recuerdas a alguien…

-¿De verdad? –Ferb se sintió nervioso, ¿es que acaso iba a adivinar su identidad secreta?

-Sí. Me recuerdas muchísimo a alguien…

-¡Vanessa! ¡Qué sorpresa! Vaya que el mundo es pequeño. –dijo Linda Flynn acercándose a la mesa de la chica para saludarla.

-Señora Flynn. Qué sorpresa encontrarla aquí, en la boda de mi madre. –contestó la chica completamente extrañada.

-¿Eres la hija de Charlene?

-¿Conoce a mi madre?

-Vamos a la clase de cocina juntas. –contestó. –De vez en cuando me lleva hasta mi casa con el auto cuando terminamos. Tú debes ser la chica que siempre anda llamando. -Vanessa se sonrojó. Se sintió avergonzada, al igual que Candace se la pasaba llamando a su madre a su clase de cocina para intentar acusar a su padre. –Ahora entiendo qué cosas tienes en común con Candace.

-¿Y cómo está Ferb? Bueno, y Candace y Phineas, claro.

Ferb dejó de escucharlas, supuso que habría respondido que todos estaban bien, pero su mente sólo le prestaba atención al hecho de que lo había mencionado. Había preguntado por él primero que nadie, sabía su nombre, sabía que existía, no era total y completamente invisible. A ella de verdad le importaba él, no sabía cómo, pero sabía que de verdad le importaba.

Continuará…