CAPÍTULO 11: PROTECTOR

Sebastian era el chico más feliz de todo el McKinley y el resto de alumnos lo notaban. También notaban que había pasado algo entre él y Blaine que había llevado su relación a otro nivel, aunque no sabían el qué. Sin embargo, los rumores de que estaban teniendo sexo estaban por todos los rincones y el moreno incluso había cambiado su actitud al respecto. Había abandonado el Club del Celibato y cuando Quinn y Santana le habían preguntado al respecto él se había negado a contestar. Muchos alumnos habían presenciado esa conversación ya que había sido en los pasillos del instituto y en voz alta, por lo que eso había alimentado aun más los rumores.

Sólo los jugadores del equipo de fútbol sabían que eso no era cierto, puesto que Puck todavía no era esclavo de Smythe. Sin embargo, varios de ellos habían empezado a apostar también para ver cuál ganaba y en los últimos días varios jugadores que todavía no habían puesto dinero, habían decidido apostar por el castaño, puesto que todos sabían que era cuestión de tiempo.

Tina, Sam y Brittany también sabían que los rumores eran ciertos. Aun recordaban el día en el que Blaine les había llamado para quedar a tomar algo en el Lima Beans y les había contado lo que había pasado con Sebastian. Estaban felices por él, por saber que estaba enamorado y parecía que era correspondido. Todos habían cambiado su opinión sobre Smythe e incluso el rubio empezaba a considerarlo amigo. Por eso les emocionaba ver que Anderson cada vez se sentía más cómodo con la relación.

Sin embargo, había algo que empezaba a preocupar a Sebastian. Se había percatado de que últimamente Blaine comía algo menos de lo habitual y empezaba a pensar que tal vez había algún problema que él desconocía. El moreno estaba jugando con su comida mientras sus amigos a su alrededor hablaban sobre los Sectionals, que eran proximamente. El castaño se acercó al oído de su novio para hablar sin ser escuchado.

– ¿Hay algún problema con la comida?

– No, no tengo mucha hambre. Eso es todo. – El moreno le sonrió con suavidad.

– No es algo de hoy... Blaine, empiezo a preocuparme porque llevas días sin comer mucho... ¿Hay algo que quieras contarme? – El joven de ojos verdes lo miró con amor, intentando comprender qué le pasaba.

– Vas a pensar que soy estúpido. – El moreno susurró tan bajo que el otra casi no lo escucha.

– ¿Por qué? Jamás pensaría eso. – El jugador de fútbol besó su mejilla para intentar relajarlo.

– Desde que tú y yo hemos... avanzado en nuestra relación íntima, no paro de pensar en que más pronto que tarde tú y yo estaremos juntos con mucha menos ropa...

– Blaine, no hay prisa. Te lo he dicho muchas veces, iremos a tu ritmo, no importa el tiempo que necesites, yo esperaré hasta que estés listo. – Smythe afirmó. Quería ganar la apuesta pero también quería respetar a su pareja para que, después de ese momento, pudieran seguir juntos y, con suerte, ser el amor definitivo del otro.

– Lo sé, pero estoy muy cerca de estar preparado y... quiero que cuando llegue el momento... quiero ser lo suficientemente atractivo. Has estado con muchos chicos con cuerpos más atléticos, músculos más marcados, más delgados... – Anderson evitaba mirar a su novio, por lo que éste sujetó sus mejillas para obligar a esos hermosos ojos color avellana a encontrarse con los suyos.

– No vuelvas a decir algo así... ¿No eres consciente de lo atractivo que eres? Por favor, si he estado a punto de pedirle a la entrenadora Sylvester que cambiase los uniformes masculinos de los Cheerios porque estoy cansado de que todo el McKinley se quede mirando tu culo cada vez que pasas frente a ellos. – Blaine rió. – Y luego están tus brazos... ¡Eres muy fuerte! Me encanta cuando me abrazas porque me siento protegido... No quiero que cambies nada de ti... Por favor, vuelve a comer porque lo único que no quiero es un novio con poca energía y enfermo, ¿vale?

– ¿De verdad te gusto tal como soy? – El moreno lo miró esperanzado.

– No cambiaría ni un centímetro de tu cuerpo... Pero aunque engordaras, me seguirías encantando porque nuestra conexión va mucho más allá de algo físico. Por eso tú jamás tendrás que competir contra ninguno de los chicos con los que he tenido sexo... Ninguno me ha hecho sentir lo que tú me haces sentir y esa ya es una ventaja a tu favor. Deja de pensar en ellos porque ya han perdido en su comparación contigo. – Smythe se sinceró.

– Gracias, Seb.

La pareja se besó con dulzura y después, Anderson comenzó a comer, siendo consciente de que el otro lo vigilaba para asegurarse de que no dejaba nada. Como premio, cuando acabó con toda la comida, ganó otro beso de su amado.


Blaine se tumbó junto a Sebastian después de que los dos llegaran al orgasmo. Habían estado frotándose con ropa varias noches desde esa primera vez y ambos seguían disfrutando de esos momentos a solas. Estaban en la casa del árbol y los dos se abrazaron en silencio durante unos minutos. No eran necesarias las palabras, tenían que recuperar la respiración antes de intentar hacer otras cosas.

El castaño llevaba días luchando contra muchos de los sentimientos que tenía. La culpabilidad por todos los errores que había cometido le comía por dentro. No podía creer que estuviera jugando con el cariño y la confianza que el moreno le mostraba. Se sentía mal por la apuesta y por haberle sido infiel en determinado momento. Sin embargo, no se atrevía a decírselo porque sospechaba que eso terminaría su relación.

Por otro lado, por fin reconocía ese otro sentimiento que también tenía, era amor. Sebastian Smythe se había enamorado por primera vez de un joven dulce, cariñoso, amable... y virgen. Empezaba a ser un problema porque no podía resistirse a esa sonrisa, esa mirada que brillaba de felicidad, esas pestañas que acariciaban sus mejillas cuando cerraba esos hermosos ojos color avellana... No sabía si podría aguantar mucho más tiempo sin tener sexo con él, sobretodo sabiendo cómo se sentía frotar sus cuerpos a pesar de todas las capas de ropa que los separaban.

– ¿En qué piensas? – El Cheerio preguntó suavemente mientras acariciaba la piel del pecho que quedaba expuesta porque el castaño llevaba un polo con los botones desabrochados.

– Te amo. – El ojiverde respondió sin pensar, pero abrió los ojos por la sorpresa al darse cuenta de lo que había dicho. Era cierto que esa era la respuesta más honesta y real que podía dar, pero también era la que más miedo podría producirle... ¿Y si no era correspondido? ¿Y si lo había dicho muy pronto? ¿Y si lo asustaba y no quería volver a verlo nunca más?

– Yo también te amo, Sebby. – Anderson se incorporó un poco para acercarse a su novio y besarlo con dulzura. Smythe respondió el beso inmediatamente, aliviado de que sus sentimientos fueran correspondidos..

El beso pronto se tornó pasional y el moreno bajó su mano por el pecho ajeno con suavidad hasta llegar a la cintura de sus pantalones. Sin decir nada, desabrochó el botón y bajó la cremallera para meter su mano dentro de los calzoncillos y empezar a masturbarlo.

– Blaine... – Sebastian susurró pero su novio lo silenció con otro beso.

El castaño imitó los gestos que el otro había hecho para masturbarlo también y pronto los dos gemían entre besos hasta que ambos volvieron a llegar al orgasmo, gritando el nombre del otro.

– ¿Qué tal lo he hecho? Sé que no soy muy experto pero... – Los labios del ojiverde se juntaron a los suyos de manera que no podía seguir hablando.

– Ha sido más que perfecto... Tú eres perfecto...

Después de un último beso, Smythe sacó unas toallitas que tenía allí para que ambos pudieran limpiarse las manos. No podían hacer nada con su ropa, por lo que tenían que conformarse con ir manchados hasta que tuvieran la oportunidad de cambiarse. Después volvieron a tumbarse en los cojines, abrazados, y se relajaron en los brazos del otro, sintiéndose como si estuvieran en el cielo.