Feliz thorkiañoooo *tira confeti*

Bueno, después de esta semana sabática que me he pegado traigo más Summerhill, por si aún no os habéis aburrido. He llegado ya al capítulo Viernes, que es muy importante por cosas que se irán viendo (?) Esta primera parte me ha quedado como muy larga, pero como la semana pasada no subí, pues esta toca doble capítulo o algo, no sé. También os traigo turrón.

Otra cosa: estamos en enero -sí, merezco un premio a la obviedad más tonta- y eso para mi se traduce en exámenes. Hasta final de mes estaré estudiando, haciendo trabajos y sometiéndome a un montón de torturas más de ese estilo así que, por desgracia, no tendré mucho tiempo para adelantar Summerhill. No voy a pasarme todo el mes sin actualizar -o eso espero, por dioh-, pero no podré mantener el ritmo de subir todos los domingos. Actualizaré cuando pueda hasta que llegue el hermoso febrero y vuelva a ser libre.

Quiero daros las gracias -como siempre, si es que madre mía soy una pesá- a todas las personas que favoritean y siguen la historia, y en especial a aquellas que dejan comentarios bellos para que yo chorree y me muera del amor. Espero que hayáis tenido unas bonitas vacaciones llenas de fangirlismo. Y también quiero mandarle un abrazo enorme a la preciosa de AliciaMalkavian, que como es una artista me ha hecho el fanart que voy a usar de portada para el fanfic de ahora en adelante. Me hizo muchísima ilusión, asdasdasd.

Y nada más, dejo de daros el rollazo. Espero que disfrutéis de el capítulo y que paséis una muy buena semana.


Thor dio un par de vueltas perezosas en la cama, resistiéndose a despertar por completo. A juzgar por la forma en la que la luz del sol invadía su habitación, debía de ser ya bastante tarde, tal vez mediodía. Se le hacía raro despertarse a aquellas horas, ya que estaba acostumbrado a ponerse el despertador temprano para poder aprovechar toda la mañana, incluso cuando estaba en vacaciones y no tenía que ir a clase. No le gustaba demasiado pasarse el día durmiendo y tener la sensación de que había desperdiciado el verano en la cama. Sin embargo, aquel día era distinto. Había dormido tan bien, tan profundamente, que incluso le daba pena despertarse. Tan solo llevaba un par de noches en aquella habitación y ya había aprendido a apreciar la calma nocturna que le proporcionaba el bosque.

Complacido por la suavidad de las sábanas -las cuales tenía que utilizar incluso a pesar de ser verano- y por la sensación de descanso, Thor dejó escapar un pequeño suspiro. Contempló el techo de la habitación durante unos segundos, y luego alzó los brazos hacia él, desperezándose. Fue entonces cuando se percató de que tenía algunos arañazos en la piel, resultado sin duda de los revolcones que se había dado por el suelo del bosque el día anterior. No les dio demasiada importancia, ya que estaba acostumbrado a ir siempre magullado por los golpes que recibía en los entrenamientos del equipo, pero una vez dirigió sus pensamientos hacia los momentos que hubo compartido con Loki el día anterior, ya no pudo escapar de ellos. Repasó inconscientemente cada instante compartido con el hijo de Farba, cada una de las palabras que habían intercambiado en sus conversaciones. Recordó la forma en la que Loki se había sonrojado después de hablar de su afición por el violín, así como de lo nervioso que se había puesto con el tema de las marcas que le habían salido en el cuello. Thor no podía negar que cuando no estaba gritándole, metiéndose con él, insultándole o gastándole bromas pesadas, aquel chico podía llegar a ser adorable.

Los labios de Thor dibujaron una sonrisa sin que él se diera cuenta. El rubio volvió a bajar los brazos y utilizó uno de ellos para cubrirse el rostro, incapaz de deshacerse de la pereza que lo dominaba aquella mañana. Cerró los ojos, concediéndose unos últimos instantes para disfrutar de su cama, y justo entonces escuchó unos pequeños golpes en la puerta.

–¿Thor?

La voz de Loki provocó que su sonrisa se ensanchara. Durante un instante estuvo a punto de responder, pero al final decidió ignorar la llamada y permanecer con los ojos cerrados. Pasados unos segundos distinguió el suave chirrido de la puerta, que se abrió poco a poco. A aquel ruido le siguieron los pasos de Loki, que sonaron lentos y cuidadosos sobre el suelo de madera.

–¿Thor? –escuchó que el otro repetía en un susurro mientras sus pasos se aproximaban a la cama. El rubio se obligó a contener una sonrisa y a permanecer inmóvil sobre el colchón–. Thor, es tarde, deberías levantarte ya...

Thor continuó ignorando al hijo de Farba, que se detuvo justo al lado de su cama. Aunque no pudiera verlo podía sentir su presencia junto a él, e incluso escuchar su respiración. Sintió la tentación de abrir los ojos cuando pasaron unos segundos en los que Loki se limitó a quedarse allí, en pie y en silencio, sin hacer nada. Durante un momento incluso llegó a preguntarse si estaría tramando algo en su contra. Sin embargo, al final volvió a escuchar su voz:

–Gaea dice que te despiertes... –dijo, de nuevo en un susurro. A Thor le hizo gracia que Loki se esforzara en ser tan sigiloso cuando su propósito era despertar a alguien–. Thor...

Y, entonces, Thor notó el suave y frío contacto de una mano sobre uno de sus brazos. Sintió como Loki deslizaba los dedos desde su hombro, trazando un camino descendente que se pareció más a una caricia sutil que a un intento de despertarlo. El rubio se sintió algo confuso, pero no quiso moverse para no espantar al otro. Continuó fingiendo que no estaba despierto hasta que Loki dejó de tocarlo de aquella manera y lo agarró por el brazo de forma más firme para sacudirlo ligeramente.

–Eh, tú –dijo en un tono de voz más elevando y brusco–, despierta, pedazo de vago.

Thor gruñó, molesto por aquel cambio de actitud, y abrió los ojos para fijar la mirada sobre Loki, que curvó los labios en una sonrisa triunfal al creer que había conseguido despertar por fin al rubio.

–Tu madre dice que te levantes ya... –explicó, retirando la mano de pronto, como si la piel del otro le quemara. No obstante, antes de que pudiera apartarse del todo, Thor lo sujetó por la muñeca con un gesto rápido. Loki ni siquiera había comenzado a quejarse por el agarre cuando el rubio tiró de él hacia la cama, arrojándolo sobre el colchón.

Una vez Loki estuvo tirado sobre las sábanas, Thor se incorporó para poder mirarlo desde arriba y le dedicó una amplia sonrisa.

–Buenos días, princesa –le susurró en tono burlón.

Loki frunció el ceño por aquellas palabras.

–¿Es que eres aún más imbécil cuando te despiertas o qué? –murmuró ofendido e intentó incorporarse también.

–¿Me acabo de despertar y ya estás insultándome? –Thor puso una mano sobre el pecho de Loki y lo empujó, haciendo que volviera a caer sobre el colchón con un jadeo. Se humedeció los labios y añadió–: Pero qué maleducado.

–Oh, ¿ahora se supone que soy yo el maleducado? –replicó Loki, alzando una ceja–. Pero si eres tú el que va por ahí haciendo...

Antes de que el otro pudiera comenzar a meterse con él de nuevo, Thor llevó una de sus manos hasta su boca y utilizó el dedo índice para sellarle los labios lo más delicadamente que pudo.

–Cállate –dijo en un gruñido–. Estaba comenzando muy bien el día.

Loki lo observó fijamente, aún tendido sobre el colchón. A Thor le sorprendió que no intentara resistirse para escapar, pero es que el hijo de Farba estaba demasiado impactado por la situación como para pensar ni siquiera en moverse. Sus ojos verdes le echaron un rápido vistazo al otro, reparando en su cabello deshecho y en la escasa vestimenta que utilizaba para dormir. Carraspeó suavemente al percatarse de que estaba atrapado entre las sábanas, que aún estaban calientes, y el cuerpo de Thor. Intentó deshacerse de aquél pensamiento y alzó una mano, dispuesto a darle al rubio para quitárselo de encima. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, el otro tomó su barbilla entre los dedos de forma cuidadosa pero firme.

–Uhm... –Thor se inclinó un poco, aproximándose a él sin quitarle la mirada de encima. Sintiéndose súbitamente nervioso, Loki quiso quejarse y pedirle que se apartara, pero entonces el rubio le obligó a girar el rostro con su agarre para hacer que expusiera el cuello ante él.

–¿Qué demonios estás haciendo? –preguntó Loki, intentando girar la cabeza de nuevo.

–Para –pidió Thor, esbozando una pequeña sonrisa– sólo quiero ver si... – el rubio dejó la frase en el aire sin llegar a terminarla. Observó detenidamente el cuello de Loki mientras éste separaba los labios para respirar, sintiendo que el oxígeno escaseaba de pronto.

El hijo de Farba no movió ni un músculo, ni siquiera se atrevió a respirar mientras Thor permaneció tan cerca de él.

–Oh, perfecto –dijo Thor de forma animada pasado un instante. Liberó el agarre que ejercía sobre la barbilla del otro, pero no se apartó ni un solo centímetro de él–. Ya no tienes marcas –anunció con una sonrisa de satisfacción–. ¿Ves? Te dije que se te irían por la mañana.

Loki giró la cabeza para mirar a Thor, y tuvo que tragar saliva disimuladamente antes de poder hablar de nuevo.

–Ya me había dado cuenta de eso –dijo, y esta vez sí, alzó las manos para apartar a Thor de un empujón, consiguiendo que se separara de él.

–Oh, perdona, se me olvidaba que eras un listo –respondió Thor, poniendo los ojos en blanco de forma divertida.

El rubio le devolvió el empujón a Loki y echó mano a la colcha que cubría los pies de la cama para tirar de ella y echársela por encima, cubriéndolo totalmente. Dejó escapar una breve carcajada al escuchar las quejas que profirió el otro, pero las ignoró y saltó del colchón para levantarse por fin. Ni siquiera se molestó en mirar atrás antes de salir del cuarto, dirigirse al pasillo y cruzarlo para meterse en el baño. Loki masculló un par de maldiciones y braceó para quitarse la pesada colcha de encima. Luego abandonó la cama de Thor e intentó colocarse bien el pelo.

–La próxima vez te despertaré gritándote en la cara... –dijo malhumorado después de abandonar la habitación y salir también al pasillo.

–No sería la primera vez que lo haces –respondió Thor desde el otro lado de la puerta del baño. Pudo escuchar como Loki chasqueaba la lengua, y luego oyó los pasos de sus botas alejándose por el pasillo.

Una vez se quedó solo, Thor se miró al espejo y negó con la cabeza, comenzando a hacerse reproches a sí mismo. No podía negar que se había sentido algo decepcionado al comprobar que las marcas que había dejado en el cuello del otro habían desaparecido. Es decir, por un lado se alegraba de que se hubieran ido, ya que Loki parecía sentirse particularmente incómodo con el tema y además habría sido extraño tener que explicar de dónde habían salido los mordiscos si alguien de la casa hubiera llegado a verlos. Sin embargo, otra parte de él lamentaba que se hubieran esfumado tan pronto, aunque no llegaba a comprender del todo por qué. Era como si se estuviera volviendo loco; durante un momento incluso había tenido el antojo de sujetar a Loki bajo él contra el colchón y volver a hincarle los dientes.

Decidido a dejar de confundirse a si mismo con aquel tipo de pensamientos, el rubio se lavó la cara con agua fría y comenzó a asearse. Apenas necesitó un par de minutos para salir del baño, y otros pocos para volver a su habitación y encontrar algo de ropa. Procuró vestirse con algo que también pudiera servirle para asistir a la fiesta de aquella noche, aunque no se complicó demasiado y terminó decidiéndose por unos vaqueros oscuros y una de sus camisetas preferidas.

Tras bajar las escaleras y dirigirse a la cocina, Thor escuchó el estruendoso sonido de un teléfono. Sonó durante unos segundos sin que nadie se dignara a prestarle atención, y entonces la voz de Farba se alzó sobre la insistente y aguda melodía.

–¡Loki! –exclamó sin más desde algún punto indeterminado de la casa.

–¡Voy! –respondió el aludido y, casi al instante, Thor lo vio pasando a toda velocidad frente a la puerta para ir a coger el teléfono.

El aparato dejó de sonar en cuanto Loki lo descolgó e inició una conversación con la persona del otro lado. Thor no pudo seguir la conversación desde la cocina, así que comenzó a prepararse el desayuno tranquilamente. Sin embargo, Loki volvió a gritar.

–¡Es para ti, mamá!

–¡Voy!

Esta vez fue Farba la que pasó corriendo frente a la puerta de la cocina, con sus rizos oscuros volando tras de sí. Thor esbozó una sonrisa divertida ante la escena, y luego tomó su vaso de leche para caminar por la estancia y dirigirse a la puerta que daba al jardín. Salió al exterior, aspiró una gran bocanada de aire fresco y comenzó a desayunar tranquilamente, disfrutando de la luz y del verde paisaje que se extendía frente a él. Paseó por el sendero empedrado que rodeaba la casa y se dedicó a observar las enormes y coloridas flores que crecían junto a los muros del edificio, contrastando con la madera oscura. La verdad es que no podía dejar de admirar aquel jardín, tan grande y cuidado. Le pareció casi increíble que Loki y Farba pudieran mantenerlo así estando solos, y aquella línea de pensamientos le llevó a preguntarse una vez más qué habría ocurrido con el padre del moreno. Sin embargo, y antes de que la curiosidad pudiera aflorar de nuevo en su interior, Thor escuchó unos gritos que volvieron a conducirlo al interior de la casa. Dejó su vaso ya vacío en el fregadero al atravesar la cocina, y luego caminó hasta el lugar del que provenían.

Encontró a Gaea dando gritos entusiasmados mientras abrazaba a Farba, que forcejeaba para quitársela de encima. Loki observaba la peculiar escena desde un lado, apoyado en una de las paredes del pasillo. A Thor no se le pasó por alto la satisfecha sonrisa que curvaba sus labios, y supo que se acababa de perder algo importante. No obstante, antes de que pudiera preguntar nada al respecto, Oden hizo acto de aparición atraído también por los gritos y se le adelantó:

–¿Qué demonios ocurre aquí? –quiso saber, observando a Farba y a Gaea con el mismo asombro que Thor.

–Esta mujer –dijo Gaea al instante, tomando el rostro de Farba entre las manos para frotarle las mejillas sin atender a sus quejas–, que es una gran artista y pronto todo el mundo va a tener la oportunidad de verlo.

Oden alzó las cejas sin entender nada, pero su mujer no tardó en explicar con un entusiasmo casi palpable lo que había ocurrido. Según contó, Farba conocía a la dueña de una galería de arte que se había inaugurado en una ciudad cercana hacía un par de meses. Uno de los artistas que tenía que participar en la exposición de aquella semana se había retirado por motivos que no venían al caso, y la dueña de la galería acababa de llamar a Farba para pedirle que lo sustituyera exponiendo sus cuadros.

–Pero yo no soy artista –replicó Farba cuando Gaea terminó de hablar–, enseño matemáticas. Es una locura pensar que puedo ir hasta allí y presentar mis...

–Lo que eres es tonta –interrumpió Gaea, frunciendo el ceño–. Vas a ir y punto. Y yo te voy a acompañar porque no pienso perderme ver a la gente babeando cuando contemplen tus cuadros.

Farba esbozó una sonrisa agradecida, pero negó con la cabeza.

–Es todo demasiado precipitado... vosotros estáis aquí, y no puedo dejar la casa así a lo loco.

–Bueno, solo tenemos que estar allí el día que se inaugura la exposición, y no es como si tuviéramos que ir a la otra punta del país –Gaea hizo un gesto con la mano para quitarle importancia a todo aquello–. Y no te preocupes por tu preciosa casa, que mi machote te la cuida –dijo, alargando una mano hacia Thor para darle una palmada en la espalda.

Thor ni siquiera se lo pensó antes de asentir. Él apoyaba a su madre: Farba debía ir a esa exposición. Sus pinturas eran lo suficientemente buenas para algo así y, aunque ella se empeñara en intentar disimularlo, el rubio podía ver lo ilusionada que estaba realmente con el tema.

–Pero yo no pinto cuadros para que se exhiban en una exposición –Farba continuó excusándose, resistiéndose a aceptar la propuesta–. Ni siquiera tengo una buena técnica, yo solo...

–Eh –Loki llamó de pronto la atención de su madre, que se volvió hacia él para mirarlo– Venga, mamá –dijo tranquilamente, aún apoyado en la pared y exhibiendo aquella pequeña sonrisa en sus labios–, ¿no eres tú la que siempre me dice que hay que probarlo todo? Ve, y si no te gusta la experiencia no la repitas.

Farba observó a Loki durante unos segundos en los que se hizo el silencio, sin saber cómo encajar que su hijo hubiera utilizado en su contra las palabras que ella había pronunciado la noche anterior para intentar convencerlo de que fuera a la fiesta de Víctor. Sabía que intentar contradecirlas sería como contradecirse a si misma, así que había terminado en un callejón sin salida.

–Eres un pequeño genio despiadado por hacerle esto a tu madre–dijo al fin, entornando los ojos, y Loki ensanchó su sonrisa. Farba soltó un suspiro resignado y se llevó una mano a la frente para acariciársela–. Bueno, supongo que habrá que ir a probar suerte, entonces...

–¡Claro que sí! –Gaea retomó sus gritos y volvió a estrujarla entre sus brazos, totalmente entusiasmada–. Estoy orgullosa de ti. ¡Ya verás como a todos les gustan tus cuadros!

Oden mostró su conformidad ante la resolución de la escena con un breve asentimiento, y Thor sonrió, también contento, antes de dirigir su mirada hacia Loki. Éste se la devolvió al instante y luego alzó las cejas en un gesto un tanto arrogante, satisfecho por el éxito innegable que había tenido su jugada.

• • •

Loki se inclinó un poco más sobre el espejo y sacó la lengua en un gesto de concentración. Sujetó con firmeza el lápiz de ojos que tenía en la mano y trazó una última y perfecta raya negra sobre las pestañas inferiores de uno de sus ojos. Luego se alejó del cristal y se pasó el dedo índice bajo la línea con la intención de difuminarla un poco, menguando su impacto. Parpadeó un par de veces y examinó su reflejo detenidamente, quedando bastante satisfecho con el resultado del maquillaje. No es que le gustara abusar de él, pero sí solía utilizarlo cuando tenía que salir. Aunque claro, nunca había tenido la oportunidad de utilizarlo para asistir a una fiesta porque jamás había ido a ninguna. Y lo cierto era que aún no estaba convencido de que fuera una buena idea ir a la que se celebraba en casa de Víctor. Se había dejado engatusar por la insistencia de su madre, y una parte de él se lamentaba por ello. Todo aquel asunto continuaba antojándosele de lo más extraño, casi antinatural. ¿Qué demonios pintaba él en una fiesta? A Thor le resultaba fácil decir que lo pasarían bien porque después de todo aquél era su mundo. Seguro que el rubio estaba harto de ir a decenas de fiestas todos los veranos y mezclarse con gente que lo adoraba y admiraba. Pero a él no le adoraba nadie. De hecho, estaba totalmente convencido de que en cuanto pusiera un pie en casa de Víctor, todo el mundo comenzaría a mirarlo como si fuera un bicho raro, igual que habían hecho siempre. La gente se preguntaría que qué hacía allí el extravagante hijo de la profesora de matemáticas, y lo más probable era que él mismo terminara preguntándoselo también.

Y aún así, y pese a sus propias réplicas, allí estaba, arreglándose para ir a la estúpida fiesta con el estúpido de Thor.

Después de dejar escapar un pequeño suspiro que empañó ligeramente el espejo, Loki tomó el cepillo y comenzó a arreglarse el pelo. Agradeció el poder peinárselo hacia atrás, tal como siempre hacía, después de que las marcas de los mordiscos hubieran desaparecido por completo y no necesitara cubrirlas. Al pensar en ello, el hijo de Farba le echó un inconsciente vistazo a la piel de su cuello, que volvía a ser tan blanca como siempre. A pesar de que hubiera quedado intacta y libre de rojuras, Loki sentía que continuaba estando marcado de alguna manera que no era visible. Y aquellas otras marcas tardarían más en marcharse.

En cuanto su pelo quedó bien, Loki lo dejó todo en su sitio y apagó la luz del cuarto de baño. Recorrió el pasillo para alcanzar su habitación, y se sorprendió al encontrar la puerta abierta, ya que él la había dejado cerrada hacía tan solo unos minutos. Al principio pensó que Thor se había atrevido a volver a invadir su espacio, y ya se había preparado un par de insultos que dedicarle cuando se percató de que era Farba y no el rubio la que estaba en su cuarto. Loki la contempló unos segundos antes de avanzar hasta el escritorio. La mujer estaba en pie frente a una de las ventanas, examinando con sus ojos avellana el interminable horizonte que trazaban las copas de los árboles en la lejanía.

Farba no solía entrar en la habitación de Loki más que para despertarlo por las mañanas. No es que su hijo le hubiera prohibido la entrada como había hecho con Thor, sino que prefería respetar la intimidad de su cuarto por iniciativa propia. Del mismo modo que Loki jamás entraba en su despacho de trabajo, ella no tenía por costumbre aparecer en aquella estancia de la casa, permitiendo que fuera el muchacho el que se encargara de mantener su orden y su limpieza. Las únicas veces que la mujer quebraba aquel acuerdo informal era porque quería hablar con Loki de algo, y él lo sabía. Así pues, guardó silencio mientras buscaba su cartera por los cajones, esperando a que Farba comenzara hablar cuando lo considerara propicio.

–El bosque está precioso en esta época del año... –dijo de pronto, distraída.

–Lo está –Loki asintió y se dejó caer en la silla del escritorio después de encontrar la cartera para mirar también a través de la ventana.

Tuvieron que pasar unos segundos más de silencio antes de que Farba hablara de nuevo.

–Espero que lo pases bien en la fiesta –comenzó, girándose un poco para dejar de mirar el bosque y observar a Loki. Le dedicó una pequeña sonrisa, aunque la borró casi al instante de su rostro–. Ya sé que no te hace demasiada gracia ir, y... bueno, quería decirte que lamento haber insistido tanto para que fueras. Sé que no te gustan esas cosas y que yo no debería meterme en eso, pero...

–Mamá –interrumpió Loki, dejando escapar un pequeño suspiro–. No te preocupes, me apetece ir –dijo, y la verdad es que no supo con exactitud si estaba mintiendo o si lo decía en serio–. No es necesario que te disculpes, seguro que estará bien ir aunque sea una vez.

Farba negó con la cabeza y dio un par de pasos hacia Loki, quedándose en pie frente a la silla donde estaba sentado. Las luces de la tarde que invadían la habitación hacían que sus rizos oscuros se volvieran oro.

–Lo que quiero decir es que... no me importa que no te gusten esas cosas –explicó, y llevó una mano al cabello de su hijo para acariciárselo con ternura–. No creas que prefiero que vayas o que no lo hagas.

Loki alzó la barbilla para mirar a su madre, extrañado por aquellas repentinas palabras, pero no dijo nada que pudiera interrumpirla.

–Estoy orgullosa de ti, Loki –Farba le peinó la melena con los dedos, y luego bajó las manos para tomar su rostro entre ellas–, y de la persona que eres. No podría haber pedido nada mejor que tú.

Después de esbozar una pequeña sonrisa de agradecimiento por aquellas palabras, Loki tomó las manos de Farba entre las suyas, acariciándolas con suavidad.

–Me alegra escuchar eso –dijo sin dejar de sonreírle, y presionó un poco el agarre en sus manos. Permitió que pasaran unos segundos de silencio antes de añadir no sin cierta preocupación–: ¿Estás bien?

–Oh, sí, sí, claro –Farba asintió casi al instante, pero Loki no las tenía todas consigo. No podía decirse que su madre fuera buena disimulando; sus emociones eran transparentes y claras como el agua. Aún así, sabía que era inútil intentar presionarla para que le contara lo que fuera que le ocurriera. Cuando se empeñaba en ocultar algo, a tozuda no la ganaba nadie–. Es que me pongo sentimental cuando tengo que dejarte solo, ya lo sabes.

–Bueno... –Loki sonrió de lado y se puso en pie sin soltarle las manos a su madre–. Solo estarás fuera un par de días, ¿no? Gaea dijo que teníais que estar allí el día de le exposición y ya.

Farba volvió a asentir, y su expresión pasó a ser un poco más animada.

–El domingo –dijo, y apretó los labios en un gesto nervioso–. Pero partiremos mañana por la tarde. La ciudad donde se expone está a una hora larga de viaje, y así podremos llegar y alojarnos en alguna parte antes del día de la inauguración... Continúa pareciéndome una locura.

–Bien –Loki ensanchó un poco más su sonrisa y soltó una de las manos de Farba para acariciarle la mejilla como consuelo–. Pero estate tranquila; tienes mucho talento y lo sabes tan bien como yo. Seguro que los demás son capaces de verlo también.

–Oh, vamos, Loki... –Farba frunció un poco el ceño antes de recuperar su habitual y deslumbrante sonrisa–. Se supone que era yo la que había venido para decirte cosas bonitas, y no al revés.

–Calla –después de soltar una pequeña carcajada, Loki se dejó atrapar entre los brazos de Farba, que le regaló un largo e intenso abrazo cargado de cariño.

–Te quiero, Loki –susurró, y lo miró de cerca durante un instante al deshacer el abrazo. Sonrió de forma divertida y luego añadió–: Y estás muy guapo. Seguro que ligas en la fiesta.

Loki dejó escapar un fingido gruñido de fastidio y empujó a Farba suavemente como reproche a su palabras, sabiendo que solo bromeaba. La mujer rió animadamente y volvió a acercarse al joven para dejar un beso en su frente. Luego le dedicó una sonrisa de despedida y le acarició el rostro por última vez antes de comenzar a caminar hacia la puerta de la habitación.

Segundos después Loki volvía a encontrarse solo, acompañado únicamente por la intensa tonalidad anaranjada que la luz vespertina le regalaba a la estancia y el aroma a violetas que Farba había dejado tras de sí. El moreno permaneció unos segundos inmóvil, apoyado sobre el escritorio mientras le daba vueltas a las palabras de Farba, aún sin saber muy bien a qué habían venido. Lo cierto era que su madre parecía estar más pensativa y meditabunda desde que Gaea y su marido se habían instalado en la casa. Loki la había pillado varias veces hablando en voz alta consigo misma u observando el vacío con un tinte melancólico en la mirada. Al principio había atribuido aquel comportamiento a los recuerdos que los padres de Thor debían haber traído consigo, pero ya no estaba tan seguro. Aún así, le extrañaba que a Farba le ocurriera algo que no le había contado, ya que solía compartirlo prácticamente todo con él.

–¿Ya estás listo?

Escuchar a Thor tan de repente hizo que Loki diera un respingo. Alzó la mirada y descubrió que el rubio estaba esperándolo en el umbral de la puerta, apoyándose en el marco como siempre hacía. Abandonó sus pensamientos casi al instante, reemplazándolos por otros casi igual de confusos.

–Ya casi –respondió, apartándose del escritorio para localizar su móvil y metérselo en el bolsillo trasero de sus pantalones negros. Luego se acercó a su armario y comenzó a pasar las perchas, buscando algo.

–Eres un lento –dijo el rubio para fastidiarle, dejando escapar un suspiro.

–Calla –gruñó Loki sin dejar de mirar entre su ropa–. ¿Puedes cerrar las ventanas?

Thor alzó una ceja, extrañado por la petición, ya que esta implicaba una invitación a entrar en el cuarto. Aún así, no titubeó antes de asentir y avanzar por la habitación en dirección a las ventanas. Las cerró con cuidado, negándole el paso a la brisa del atardecer, y luego se dio la vuelta para echarle un vistazo a la habitación. No le sorprendió reparar en la presencia de algunos objetos y detalles que se le habían pasado por alto la primera vez que puso un pie en aquel cuarto. Luego enfocó la mirada sobre Loki, que rebuscó en su armario durante unos segundos antes de descolgar una chaqueta de botones plateados.

–Tú también deberías coger una –dijo, volviéndose para mirar a Thor–. O te congelarás cuando caiga la noche.

Thor chasqueó la lengua, reprochándose el no haber pensado en ello antes.

–Bueno, ahora iré a por una –respondió de forma distraída, deslizando la mirada por el cuerpo de Loki para analizar su aspecto de forma casi inconsciente. Decidió para sus adentros que le gustaba la larga camiseta de franjas negras y rojas que vestía.

–Pues vamos, que yo ya he terminado aquí –le apresuró Loki, moviéndose hasta la puerta para mantenerla abierta mientras esperaba a que Thor saliera del cuarto.

El rubio se acercó también a la salida, pero cuando pasó por el lado del otro y pudo verlo más de cerca, detuvo sus pasos y entornó los ojos.

–¿Qué te pasa ahora? –preguntó Loki, devolviéndole la mirada.

–Es que... –Thor inclinó un poco la cabeza y observó fijamente al moreno durante unos segundos. Luego se humedeció los labios y titubeó unos segundos antes de atreverse a preguntar–: Loki... ¿te has pintado los ojos?

En realidad, la pregunta era bastante estúpida. Era obvio que Loki se había pintado los ojos, aún cuando él no había tenido la oportunidad de percatarse de ello hasta el momento. La mirada del hijo de Farba estaba más ensombrecida que de costumbre; sus ojos enmarcados por una serie de finas líneas negras que no hacían más que destacar su ya de por sí intenso brillo esmeralda. Durante los primeros segundos, a Thor se le hizo extraño ver a Loki llevando maquillaje. Sin embargo, terminó reconociendo que le quedaba mucho mejor que a la mayoría de chicas a las que conocía. En ellas no era más que una máscara, y en Loki creaba una trampa de sombras que lo conducía directamente a sus ojos verdes.

–Sí, lo hago siempre que salgo –respondió Loki, alzando una ceja–. ¿Pasa algo o...?

–No, no –Thor negó con la cabeza antes de que el otro pudiera ponerse a la defensiva. Esbozó una sonrisa, terminando de apreciar el excelente trabajo que el otro había hecho con el lápiz de ojos, y luego se encogió de hombros–. Es raro... pero te queda muy bien.

–Oh –tras recibir aquel inesperado y extraño cumplido, Loki desvió la mirada hacia el suelo. Luego volvió a mirar a Thor y se esforzó por dedicarle una sonrisa burlona–. Sí, de eso se trata –dijo, y al ver que el rubio no le daba ninguna respuesta y se limitaba a quedarse plantado frente a él sin dejar de mirarlo con aquella intensidad que tan de los nervios conseguía ponerle, chasqueó la lengua e insistió–: ¿Es que vas a pedirme que te maquille también o podemos salir de una vez?

–Vale, vale... –Thor cortó por fin el contacto visual y salió de la estancia aún con la sonrisa en los labios. Se adelantó para entrar en su habitación, haciéndose rápidamente con una de sus cazadoras, y volvió a reunirse con el otro antes de bajar a despedirse de los padres de ambos.

Escasos minutos después, Thor y Loki ya estaban caminando por el jardín de camino al cobertizo. A pesar de que ya era algo tarde el paisaje continuaba estando iluminado por la luz del ocaso, que se volvía casi eterno en los días de verano como aquél.

–¿Vas a coger el coche de tu madre? –preguntó Thor una vez cruzaron el césped y alcanzaron el cobertizo, observando los dos vehículos que había allí.

–Será mejor que conduzcas tú... –respondió Loki, y dejó escapar un pequeño suspiro antes de confesar–: Yo no tengo carnet.

Thor apretó los labios para ocultar una sonrisa complacida mientras recordaba la forma en la que Loki había conducido el día de la tormenta. No sólo había salido a buscarlo con aquel aguacero y le había pedido perdón, sino que además había cogido el coche sin estar legalmente autorizado a sujetar un volante entre las manos.

–Ya veo... –murmuró, rebuscando en sus bolsillos para hacerse con las llaves del coche de Gaea–. Entonces vamos en el mío –el rubio abrió el vehículo pulsando el botón correspondiente y se dejó caer en el lugar del piloto. Encendió el motor mientras esperaba a que Loki tomara asiento a su lado, y luego lo miró de reojo–. Tendrás que decirme cómo se llega a la casa de ese tal Víctor.

–Bien –Loki sonrió acomodándose en el asiento, y luego se recostó ligeramente contra la puerta para poder mirar por la ventana mientras Thor sacaba el coche del cobertizo y lo guiaba a la carretera que conducía a Summerhill–. Pero no te acostumbres a tenerme de GPS.

• • •

Thor caminó frente a Loki cuando tuvieron que cruzar el breve jardín que había frente a la casa en la que se celebraba la fiesta. Aquella construcción no era ni la mitad de impresionante de lo que lo era la casa de Farba, pero aún así quedaba claro que era mucho más grande y cara que la mayoría de viviendas adosadas que había en Summerhill. Tenía aquel estilo de nueva construcción que tan de moda se había puesto en los últimos años; los muros eran altos y sólidos, y estaban recubiertos de unas láminas de roca blanca sobre las que se abrían unos enormes y panorámicos ventanales. El hormigón y el cristal eran, de hecho, los materiales predominantes, y se combinaban en una línea minivalista que rompía totalmente con el encanto que poseían el resto de casas de la zona.

La música del interior del edificio se escuchaba incluso desde el exterior de la casa, y el rubio pudo distinguir la silueta de numerosas personas a través de las cortinas que cubrían las ventanas. Según parecía, aquel tal Víctor sabía cómo montar una fiesta.

Después de echar un vistazo sobre su hombro para asegurarse de que Loki caminaba detrás de él, Thor se aproximó a la entrada de la casa y pulsó el timbre, que se escuchó sobre el volumen de la música. Apenas tuvieron que esperar un par de segundos antes de que la puerta se abriera frente a ellos. El rubio examinó automáticamente a la persona que apareció al otro lado: era un chico joven, tal vez de la edad de Loki, aunque mucho más grande y musculado, casi tan alto como él mismo.

–Hola –saludó Thor con una sonrisa, aunque el tipo no se molestó en devolvérsela, sino que se limitó a examinarlo con sus ojos pardos. Aquella falta de cordialidad hizo que el rubio apretara los labios.

–Hola, Víctor –dijo entonces Loki, que se había quedado detrás de Thor.

Al escuchar su voz, el desconocido dejó de prestarle atención al rubio y posó la mirada sobre él. Las duras facciones de su rostro se relajaron casi al instante y, esta vez sí, esbozó una pequeña sonrisa de bienvenida.

–Loki –saludó, realizando un pequeño asentimiento–. Me alegra verte. No estaba seguro de que fueras a venir...

El hijo de Farba le devolvió la sonrisa y se aproximó un poco más a la entrada, saliendo de detrás de Thor.

–Perdona que te avisara de la fiesta con tan poca antelación –se disculpó Víctor.

Loki negó suavemente con la cabeza para quitarle importancia al asunto.

–No, tranquilo... –murmuró–. Gracias por invitarme.

En aquel momento, Thor, que había comenzado a sentirse completamente ignorado mientras seguía con atención las pocas palabras que intercambiaron los otros dos, dejó escapar un pequeño carraspeo. Loki giró la cabeza hacia él al instante.

–Oh, este es Thor –dijo, presentándoselo al anfitrión de la fiesta.

–Ah, ya –Víctor volvió a observar al rubio y le tendió una mano–. Farba me dijo que también vendrías.

–Sí –respondió él, estrechándole la mano con firmeza antes de soltársela para poder colocarla sobre uno de los hombros de Loki–. Alguien tenía que cuidar del pequeñajo.

Después de parpadear por lo inesperado de aquellas palabras, Loki frunció el ceño y observó a Thor, fulminándolo con la mirada. Luego bajó la vista hasta la mano que había puesto en su hombro y dejó escapar un gruñido mientras se la apartaba de mala gana. Víctor, por su parte, alzó una ceja, tal vez sorprendido de que el rubio demostrara tener aquel grado de confianza con el solitario y huraño de Loki.

–Bueno, pues... –dijo, apartándose por fin de la puerta para que lo otros dos pudieran entrar en la casa–. Pasároslo bien por aquí.

Loki le dedicó una última mirada de reproche a Thor, que tuvo que contener una sonrisa al verlo así de molesto, y cruzó el umbral. El rubio se apresuró a seguirlo antes de que Víctor cerrara la puerta tras ellos. La entrada de la casa daba directamente a un amplísimo y espacioso salón repleto de gente que disfrutaba de la fiesta.

–Al fondo hemos montado una barra con bebidas –explicó Víctor, alzando un brazo para señalar una parte de la sala–. También hay comida por alguna parte y... podéis salir al jardín cuando queráis despejaros o algo.

Loki apenas pudo escuchar todas aquellas palabras por encima del volumen de la música, pero asintió como si lo hubiera entendido.

–Si necesitáis algo, buscadme. Estaré por aquí –Víctor alzó una mano para despedirse de ambos y les dedicó una de sus pequeñas sonrisas antes de comenzar a caminar entre la gente, perdiéndose entre ella.

Una vez se quedaron solos, Loki entornó los ojos y echó un vistazo a su alrededor. La sala estaba tan abarrotada que llegó a pensar que Víctor había invitado a todos los jóvenes de Summerhill a aquella fiesta. Algunos de los presentes bailaban animados en el medio de la anchísima sala bajo un montón de luces parpadeantes que se habían instalado expresamente para la ocasión; otros habían preferido dejarse caer sobre los sofás que había a un lado para charlar prácticamente a gritos, y un tercer grupo de gente decidió instalarse alrededor de la mesa repleta de comida y bebida que había al fondo del salón. En cualquier caso, todos parecían estar pasándoselo en grande cuando Loki ni siquiera sabía hacia donde moverse. Ver todo aquel gentío estaba comenzando a agobiarle, y eso que no llevaba ni cinco minutos en el interior de la casa. Sin poder evitarlo, comenzó a titubear. Por mucho que odiara reconocerlo, siempre se sentía algo intimidado en aquel tipo de situaciones. Dio un pequeño paso hacia atrás de forma inconsciente, y fue entonces cuando sintió una mano en su espalda. Giró la cabeza al instante para encontrarse con la mirada de Thor, que tenía una amplia sonrisa dibujada en los labios.

–Venga, vamos –dijo el rubio sin dejar de mirarle, y subió la mano por su espalda para darle una alentadora palmada en el hombro, como si hubiera intuido su inseguridad y quisiera alentarlo–. Será divertido, ya lo verás.

Tras apretar los labios durante unos segundos, Loki asintió y volvió a mirar al frente. La mano de Thor lo empujó ligeramente, obligándolo a comenzar a caminar por un lado de la estancia mientras él lo seguía de cerca y observaba el panorama. Aquella fiesta era muy parecida a las que Fandral solía montar en su casa -tal vez solo un poco más multitudinaria-, así que estaba más que acostumbrado al estruendo de la música y al hipnotizante parpadeo de las luces. Durante un instante incluso estuvo convencido de que vería a Volstagg cerca de la mesa del catering, y aquel pensamiento le arrancó una sonrisa.

–¿Quieres que vayamos a por algo de beber? –le preguntó a Loki y, después de que este asintiera como respuesta, comenzó a caminar hacia la barra que había al fondo.

Mientras avanzaban, a Thor no se le pasó por alto lo complicado que le resultaba a Loki moverse entre la gente. Era evidente que no se sentía nada cómodo en aquel ambiente, pero estaba casi convencido de que sólo necesitaría un rato para relajarse. El problema que tenía Loki era su terquedad: era demasiado tozudo como para darle una oportunidad a la fiesta e intentar pensar que podía llegar a pasárselo bien si dejaba de tensarse cada vez que alguien le daba un empujón al pasar por su lado. Pero tal vez él pudiera remediar aquello.

Una vez llegaron a las mesas que formaban la improvisada barra, Thor se dirigió al camarero que habían contratado para la fiesta. Le pidió una cerveza y esbozó una sonrisa divertida cuando escuchó a Loki pedir un refresco. El hijo de Farba le sacó la lengua y, una vez ambos tuvieron sus bebidas, se apartaron un poco de la barra, moviéndose hasta un espacio menos abarrotado que quedaba contra los ventanales que daban al jardín lateral. Thor vio que allí fuera había otro buen grupo de gente repartido entre los asientos de la terraza y el césped del jardín. Distinguió a Víctor entre ellos, y entornó los ojos sin saber muy bien por qué. Era como si aquél chico le hubiera dado mala espina desde el primer momento que se habían encontrado. Él no solía etiquetar o juzgar a las personas de buenas a primeras, pero aquella vez su subconsciente parecía haber hecho una excepción.

–¿No conoces a nadie? –tras analizar el jardín, Thor volvió a fijar su mirada en Loki, que estaba dándole un trago distraído a su refresco.

–Claro que sí, a casi todo el mundo –respondió él, encogiéndose de hombros–. Bueno, quiero decir que sé quiénes son, pero no es que tenga una relación demasiado profunda con ninguno de ellos.

–Ya... –el rubio se llevó la botella de cerveza a los labios y le dio el primer trago–. ¿Y con la gente de tu clase?

–Tampoco –Loki jugó un poco con el vaso de tubo que tenía entre las manos y negó con la cabeza–. Aunque no me llevo mal con ellos, claro.

Después de escuchar la respuesta, Thor contempló a la gente que había a su alrededor. La mayoría de los presentes eran grupos de amigos o parejas que aprovechaban cualquier rincón ligeramente apartado para devorarse los labios como si jamás tuvieran ocasión de hacerlo. Y no es que el rubio pudiera criticarlo; él mismo lo había hecho un par de veces en el pasado, cuando aún era demasiado inmaduro para frenar sus ansias. No era dado a comportarse de aquella forma tan fogosa en cualquier lado y con quien fuera, pero sabía por experiencia que en una fiesta donde el alcohol y la música podían aturdir los sentidos y el raciocinio, uno terminaba haciendo cosas inusuales. Aquel tipo de ambientes era el idóneo para soltarse y, sobre todo, para ligar. Todo el mundo lo sabía.

–¿Y con Víctor? –volvió a preguntarle a Loki sin poder evitarlo.

El otro dejó de prestarle atención a su vaso y alzó la mirada hacia Thor antes de tomarse unos segundos para responder.

–Apenas le conozco –dijo, y se mordió el labio inferior, pensativo–. La verdad es que ni siquiera sé por qué me ha invitado a esta fiesta...

Thor apartó la mirada para que Loki no viera su ceño fruncido. Le dio un par de tragos más a la cerveza sin poder evitar que los ojos se le fueran de nuevo hacia el jardín, aunque aquella vez no pudo localizar a Víctor.

–Pues qué raro... –murmuró esperando que Loki le dijera algo más, pero el moreno se limitó a encogerse de hombros otra vez antes de volver a beber de su vaso. Aún así, apenas pasaron unos segundos antes de que Thor volviera a la carga–: ¿Entonces con quién sales?

–¿Qué? –Loki alzó una ceja, sin comprender a qué se refería Thor.

–Pues... eso. ¿Con quién sales normalmente? –preguntó sin molestarse en ocultar su interés. En aquel momento acudieron a su mente aquellas "malas influencias" de las que le había hablado su madre de camino a Summerhill. En el tiempo que llevaban juntos, Loki aún no había mencionado a ningún grupo de amigos con el que saliera, así que no tenía ninguna pista sobre el tema–. Ya sabes, antes has dicho que siempre te maquillabas para salir. Eso es porque sales más veces, ¿no? –insistió esbozando una sonrisa– ¿Con quién?

–Bueno... –comenzó a responder Loki, mostrándose repentinamente receloso con el tema–. Conocí a un grupo de gente que... no sé, son simpáticos. Salgo con ellos a veces.

–Vaya, ¿y no son de tu instituto?

–No... –Loki pegó un sorbo a su refresco mientras observaba a Thor con cierta cautela–. Algunos ni siquiera son de Summerhill.

–¿Y entonces cómo los conociste? –el rubio continuó con su retahíla de preguntas.

–Me los presentó una amiga.

El rubio arrugó la nariz antes de dedicarle una pícara sonrisa a Loki.

–Oh, ya veo... amiga –murmuró, añadiendo énfasis especial en la última palabra– ¿Alguna de las chicas a las que les entraste?

Loki observó a Thor durante unos segundos y terminó soltando una pequeña carcajada. El rubio alzó una ceja sin comprender a qué venia eso y esperó una respuesta después de que el otro dejara de reír. Sin embargo, Loki se limitó a suspirar y a seguir bebiendo de su vaso mientras dirigía la mirada a otro lado. Thor supo que con aquel gesto estaba dando por zanjada la conversación, así que ni siquiera se molestó en continuar preguntando, aunque no pudo evitar que la curiosidad respecto a la relación de Loki y su supuesta amiga le reconcomiera durante un largo rato.

La fiesta fue avanzando. Los invitados dejaron de llegar, y los que ya llevaban un rato por allí comenzaron a animarse incluso más. La zona de baile se había ensanchado para hacer paso a aquellos que jamás se atreverían a poner un pie en ella estando sobrios, obligando a los que querían estar más tranquilos a arrinconarse contra las paredes o los sofás. La temperatura de la sala había aumentado notablemente en la última media hora, tanto por los cuerpos en movimiento como por el calor veraniego que se colaba por las ventanas. Las personas que necesitaban darse un respiro cruzaban las puertas transparentes que daban al jardín, donde parecía soplar una suave brisa que agitaba los arbustos. Algunos se habían dejado caer sobre la hierba y se agrupaban en pequeños grupos de gente que reía. La comida se reponía continuamente gracias a los camareros del catering, y la bebida corría como el agua entre los presentes, contribuyendo a que la celebración se volviera cada vez más intensa.

Thor y Loki, sin embargo, habían permanecido aislados de todos aquellos cambios. No se habían movido del sitio que escogieron junto a la ventana al principio de la fiesta, y la verdad es que no necesitaron hacerlo para entretenerse. Pasaron el rato charlando como ya habían hecho otras veces, disfrutando de la mutua compañía y de aquella extraña y magnética afinidad que parecía unirlos en determinados momentos. Thor le confesó a Loki lo mucho que le alegraba que Farba pudiera exponer sus cuadros y, después de darle un par de vueltas al tema, se pusieron a pensar en qué podían ocupar el tiempo mientras estuvieran solos. Descartaron instantáneamente el dar más paseos embarrados por el bosque y propusieron los títulos de algunas películas que ambos tenían pendientes, tanteando la posibilidad de verlas juntos. El rubio terminó ganándose un golpe en el hombro al proponer montar una fiesta como aquella en casa de Farba, aunque ni siquiera lo dijo en serio.

–Oh, vamos –le dijo a Loki después de soltar una pequeña carcajada mientras se sobaba la zona donde el otro le había golpeado–. Admite que la fiesta no está siendo tan horrible como pensabas.

Loki alzó una ceja y esbozó una pequeña sonrisa mientras acariciaba el borde de su vaso con los dedos.

–Bueno, puede que no esté tan mal... –reconoció a regañadientes y alzó la mirada hacia Thor, que esbozó una brillante y satisfecha sonrisa.

–Y eso que no has querido salir a bailar –Thor apoyó una mano en el cristal de la ventana y se inclinó un poco sobre Loki. Llevaban hablando a una distancia muy escasa todo el rato, ya que era imposible entenderse a menos de un palmo–. Seguro que se te da bien.

Loki ocultó una sonrisa y negó con la cabeza sin dejar de mirar al otro.

–Estás loco si crees que voy a salir ahí a meterme entre toda esa gente que se está refregando –dijo, haciendo que Thor soltara una larga carcajada a la que se terminó sumando. Cuando ambos dejaron de reír, suspiró y añadió–: Pero puedes ir tú si te apetece.

Thor apartó la mirada de Loki solo un segundo para echarle un vistazo a la gente que bailaba. En otra situación, con otra gente y una compañía distinta, no se lo habría pensado dos veces antes de sumarse a todos ellos. Sin embargo, aquella vez no se le hacía tan tentador.

–Me apetece, la verdad –el rubio apretó los labios antes de volver a mirar a Loki–. ¿Pero sabes lo que me apetece aún más?

Loki esbozó una sonrisa, haciéndose el intrigado mientras observaba atentamente a Thor para invitarle a que le diera una respuesta a su propia pregunta. Esperaba que le dijera cualquier broma o burrada, pero para lo que no se preparó fue para lo que dijo realmente.

–Quedarme aquí... contigo, Loki.

Después de que el rubio soltara aquello, la sonrisa de Loki fue menguando hasta desaparecer del todo. Volvió a sentir aquel familiar cosquilleo vertiéndose en su estómago, pero se negó a apartar la mirada de Thor, que tampoco dejó de mirarlo mientras permanecía apoyado en el cristal a unos cuantos centímetros de él. Separó los labios para decir algo pero, como ya le había pasado otras veces, sintió que se había quedado sin palabras. Lo que le había dicho el otro, sumado al tono que había utilizado y a la forma en la que lo estaba mirando, desató en su interior una corriente eléctrica que lo atravesó de pies a cabeza.

–Me... me alegra que pienses eso... –se obligó a decir al final, aunque su voz fue tan suave que ni siquiera estaba seguro de que Thor pudiera haberla escuchado.

Loki sintió que ya no había fiesta. No había música, no había voces, no había gente a su alrededor. Era como si se hubiera metido en una burbuja que lo aisló por completo de la realidad que le rodeaba, aunque no le pasó desapercibido el rápido vistazo que el rubio le echó a sus labios. De pronto solo estaban él y Thor, que dejó escapar un pequeño gruñido. Loki podría haber jurado que después de aquello el rubio comenzó a inclinarse aún más hacia él, como si quisiera anular totalmente el espacio que los separaba.

El corazón comenzó a latirle desbocado en el pecho. El moreno separó los labios de forma inconsciente para tomar aire mientras Thor continuaba acercándose sin apartar la mano del cristal, como si pretendiera acorralarlo contra él. Sin darse cuenta, terminó bajando la mirada y comenzó a cerrar los ojos, dispuesto a rendirse a lo que fuera que tuviera que ocurrir. Estaban tan cerca...

El par de centímetros que los separaban se volvió un abismo cuando a alguien se le cayó una copa cerca de ellos y Loki giró la cabeza, atraído por el sonido que emitió el cristal al hacerse pedazos. Fue un acto prácticamente involuntario, consecuencia de la tensión y el nerviosismo que se habían apoderado de su cuerpo, volviéndolo extremadamente perceptivo. Para para cuando se dio cuenta de lo que había hecho y quiso lamentarlo, Thor había vuelto a separarse. El cosquilleo de su estómago se transformó en una opresión asfixiante cuando vio que el rubio estaba sonriendo y mirando hacia otro lado como si no hubiera pasado nada. Como si no hubieran estado a punto de besarse. Y, de hecho, tal vez no habían estado a punto de hacerlo. ¿Podía ser que se lo hubiera imaginado? Quizás el ruido, el agobio de la gente y las luces lo habían aturdido un poco más de la cuenta.

Durante unos segundos que se antojaron eternos, ninguno de los dos dijo ni hizo nada. Permanecieron en silencio, mirando hacia lados opuestos. Loki fingió tener un repentino interés en los destellos que las luces le arrancaban a las pulidas baldosas del suelo mientras sentía que la sangre le ardía bajo la piel.

De pronto, Thor carraspeó suavemente y se volvió a girar hacia él. Parpadeó y lo miró un instante antes de separar los labios para hablar.

–Loki, creo que...

Pero antes de poder continuar la frase, Thor frunció el ceño y desvió la mirada un poco, como si algo le hubiera llamado la atención detrás de Loki. Intrigado, éste se dio la vuelta a tiempo de ver cómo una despampanante mujer caminaba hacia ellos y se detenía justo frente al rubio. La examinó con la mirada al instante, pero no la reconoció. No recordaba haberla visto en su instituto, y la verdad es que no le sorprendía, ya que debía tener un par de años más que él como mínimo. Lo más probable es que ya llevara un tiempo en la universidad.

La desconocida alzó una mano y, con un gesto elegante, se echó hacia atrás la larga y rizada melena castaña que caía sobre sus hombros de piel morena. Luego curvó los labios en una sonrisa ladina y se dirigió a Thor sin presentarse siquiera:

–¿Sabes? Te he estado mirando desde hace un rato, y... –la chica se acercó un poco más a Thor, pasando por el lado de Loki como si no existiera– creo que eres muy cruel por no salir a la pista y permitir que todos vean lo guapo que eres...

Loki alzó las cejas, casi sin poder creerse lo que acababa de escuchar. Parpadeó un par de veces y pasó la mirada desde desconocida a Thor, que al parecer estaba tan sorprendido como él por el descaro de la chica.

– …así que he venido a sacarte a bailar para solucionar ese problema –terminó de decir la joven, ensanchando su sonrisa para mostrar su perlada dentadura antes de pasear la mirada por el pecho de Thor sin molestarse en disimular.

Thor frunció un poco el ceño, aún sin poder encajar la repentina aparición de aquella chica después de lo que había ocurrido con Loki. Las palabras y la actitud de la desconocida lo habían tomado tan desprevenido que lo único que pudo hacer al principio fue parpadear. Al cabo de un breve instante, y tras recordar que tenía modales, le dedicó una pequeña sonrisa a la chica y se dispuso a rechazar su propuesta con la mayor educación posible.

–Lo siento, pero la verdad es que...

–Oh, vamos –la muchacha interrumpió las palabras de Thor antes de que éste pudiera terminarlas. Apretó sus labios, rojos por el carmín, y se volvió hacia Loki, que no supo si alegrarse o lamentarse por haber dejado de ser invisible–. Seguro que a tu hermanito no le importa.

Aquella vez Loki se aseguró de contener cualquier reacción que fuera visible, aún cuando comenzó a odiar a la desconocida con toda su alma. Precisamente por ello no iba a darle la satisfacción de saber que había conseguido molestarle con sus palabras.

–¿Verdad que no, pequeñín? –insistió ella, nada dispuesta a permitir que le dieran una negativa.

Después de esforzarse para no tirar sobre la cara de aquella odiosa mujer el contenido que aún le quedaba en el vaso, Loki la observó y negó con la cabeza. Al fin y al cabo, ¿qué más daba que Thor saliera a bailar con ella? Además, no es que el rubio se hubiera apresurado a aclarar que él no era su hermano y, pensándolo mejor, le vendría bastante bien que se alejara durante un rato. Tal vez así pudiera poner en orden sus ideas y terminar de comprender si lo que acababa de pasar había sido producto de su imaginación o si el otro había tenido la intención de... algo.

–Para nada –respondió al fin, dedicándole a la chica una amplia sonrisa cargada de falsa cordialidad mientras hacía un gesto que abarcaba la pista de baile– llévatelo –y puso la mirada sobre Thor antes de añadir con cierta sorna–: Creo que necesita que le den un meneo.

Esta vez fue Thor quien alzó las cejas al escuchar las palabras de Loki, totalmente anonadado. Quiso darle una respuesta -y ya de paso aclarar que en realidad no eran hermanos-, pero antes de poder decir cualquier cosa, la chica de cabello castaño lo tomó por una de sus muñecas.

–Vamos, rubio –dijo animada por haber conseguido su objetivo, y comenzó a moverse hacia la zona donde la gente bailaba.

Thor se dejó arrastrar con pereza hacia el centro de la sala, aún algo confundido por la situación. No obstante, y hasta que el resto de personas comenzaron a interponerse en su visión, mantuvo su azul mirada fija sobre Loki.


Porrrr cierto. Esto es un poco de spam pero sé que no me vais a pegar (?) Resulta que BlesseEngel (aka la amiga con la que comparto el vicio al thorki) y yo nos pusimos de coña el otro día y decidimos hacer un challenge de one-shots thorki. Serán 26 historias independientes, y todas porno. Si alguien quiere curiosearlas las estamos publicando desde nuestra cuenta conjunta, que viene siendo Frostime (os pondría el link pero ya sabéis que no se puede). Ahí lo explicamos todo un poco mejor. Os lo digo por si un día os aburrís y os apetece leer algo M. *cejitas aquí*

Ahora sí, ya me voy. Besos, bellas!