Aquí dejo otro cap... me di el lujo de hacer un... paréntesis en la historia... ya entenderán a qué me refiero... espero contar con su apoyo.
Planeo tomarme un par de días para hacer todas las cosas correspondientes a un caso como este...
dejen sus reviews... gracias de antemano...
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- Gaylord, ¿huh?
- Si, señor. El satélite captó unas imágenes, no cabe duda de que es él.
- Muéstrame.
En una enorme pantalla, en la pared de la oscura oficina, se mostró un grupo de imágenes, todas tomadas desde arriba y algunos otros ángulos elevados. En la primera, se mostraba a un hombre, de cabello rubio blanquecino y vestido con un abrigo largo y negro, conduciendo una moto por una carretera nevada. En la siguiente, el mismo hombre estaba de pie junto a su moto, posiblemente en la misma carretera, lo extraño era que estaba rodeado por varias personas vestidas completamente de negro, la mayoría utilizando cascos de motociclista, excepto uno que, también rubio y vestido de negro, estaba de pie justo en frente al hombre junto a la moto. En la tercera imagen se mostraba al primer rubio, cayendo de espaldas a un río, la computadora hizo un acercamiento automático al rostro del hombre, que ahora era visible debido a su posición.
- Cierto, es él.
La imagen siguiente mostró una figura, borrosa debido a las condiciones del clima, que corría solitaria, era una mancha negra en un manto blanco.
La última imagen mostró al mismo hombre de pie frente a un edificio.
- Esa fue la última que pudimos rescatar antes de que Umbrella cerrara los sistemas de nuestro equipo, señor. Pero sabemos que está en un hotel en Gaylord, cerca del límite norte del pueblo. Lamentablemente los caminos están cerrados y el clima no nos permitirá acercar a un equipo apropiado para apresarlo.
-Hmph. Entonces, si no podemos entrar, tendremos que hacerlo salir. Está cerca del límite norte, así que debemos hacer que termine de salir por ahí. Así que los primeros focos deben ser en los límites del sur.
- Entendido, señor.
El subordinado salió de la oficina.
- Pronto… cuando te tengamos, podremos salir de la clandestinidad, y Umbrella será historia.
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- Y cuando llegué hasta aquí, vi la forma del Jeep debajo de la capa de nieve y entré. – Klaus finalizó su relato.
- Impresionante. – dijo Chris. – Esas habilidades deben ser muy útiles.
El rubio lo miró antes de sonreír.
- Si, supongo que existen sus ventajas. – se puso serio. – Pero… también tiene sus desventajas. El complejo que se me inyectó cuando era niño se mezcló con mi ADN, modificando toda mi secuencia. En su mayoría, eso es positivo, por ejemplo, poseo… bastante más fuerza que un hombre normal, mi velocidad y mis reflejos también son mucho mayores y más rápidos, y mi resistencia y habilidad de sanar son… bastante buenas también. Pero… me veo forzado a… seguir ciertas "reglas". Mi alimentación debe incluir carne, obligatoriamente. Si no la como en cierto período de tiempo… bueno… digamos que no es muy agradable, ni seguro, estar conmigo.
- La deficiencia del Litio. – dijo Rebecca, Klaus asintió, mientras bebía de su café.
- Exacto, ese es el problema permanente. Tuve varios otros a medida que crecí, físicos sobre todo… pero los que más me afectaban eran los sicológicos.
Claire tragó el pan tostado que estaba masticando, y lo miró.
- ¿Cómo es eso? – preguntó.
- Bueno… a los trece años, por ejemplo, como cualquier niño, comencé a crecer. Crecí bastante más y mucho más rápido que mis amigos. Solo hacía un poco de deporte, pero la musculatura que comencé a desarrollar mostraba otra cosa. La gente creía que yo era mayor de la edad que de verdad tenía, mis amigos, la mayoría, me hacían a un lado a la hora de los juegos y deportes porque consideraban que yo era "una ventaja injusta". Aunque eso no era del todo malo con las mujeres, mis primeras novias siempre fueron mayores que yo. – Klaus notó la ceja alzada de Claire. – Aunque, por muy mayores que fueran, ninguna se compara contigo, Claire.
Si bien lo había dicho para… arreglar de antemano cualquier tipo de problema, esa frase había sido de todo corazón. Todos lo notaron, en especial la pelirroja, quien sonrió, complacida.
- Pero lo peor fue cuando me enteré de porqué era mejor que todos en los deportes. Supe todo con respecto al proyecto T-000, excepto lo de la fase final, cuando me topé con los archivos del doctor Marcus. Me deprimí, no podía creer que yo fuera… un experimento. Dejé los deportes, todos los que hacía, ya que al final yo consideraba a mis habilidades como una injusticia para los demás. Perdí a muchos amigos con el pasar del tiempo, sólo mis dos amigos más leales de la escuela permanecieron junto a mí. – dijo el rubio, algo triste. – Cuando terminé la escuela, ya trabajaba como agente de Umbrella… y mi vida se centró en eso… en cumplir con las misiones que me asignaban. Pero aún así, eso no era suficiente para los socios principales. Mis emociones y sentimientos intervinieron muchas veces en medio de mis trabajos, dificultando sus cumplimientos, retrasándolos, o poniendo en peligro a la corporación. Por eso es que se siguieron empeñando en la fase final del T-000.
Nadie dijo nada, lo miraron. Chris asentía lentamente, comprendiendo y apoyándolo.
- ¿Cómo fue te fuiste dándote cuenta de la habilidades que poseías? – preguntó Carlos.
Klaus lo miró.
- Umbrella me hizo varias pruebas. Levantar cosas pesadas, correr, sesiones de evasión… y claro, cuando fui algo mayor, comenzaron los combates de prueba de B.O.W.s. – respondió el rubio.
- ¿Qué es eso? – preguntó Jill. Klaus la miró, antes de bajar la mirada.
- Eran peleas de prueba que les hacían a los distintos tipos de criaturas que creaban. Los de la serie MA, las arañas, los "lamedores" y los otros Tyrant. Obligaban a uno de cada tipo a pelear contra mí, para decidir si tenían potencial o no. La condición era que sobrevivieran a una batalla de tres minutos.
- ¿Te hacían pelear contra esos monstruos? – preguntó Claire, con una mezcla de impresión y preocupación.
- Si, y desarmado, debo agregar. En general salía ileso de las peleas, y en la mayoría de ellas me dedicaba a jugar más que nada. Pero hubo peleas en las que me vi en problemas, sobre todo contra los Tyrant. El T-001 y el T-002 fueron bastante difíciles, pero los vencí, así que su "modelo" no se masificó. El T-001, también llamado Proto-Tyrant, sufrió graves daños en su espina, por lo que quedó casi inservible, y fue enviado a los laboratorios de las montañas Arklay. – dijo el rubio. Rebecca dio un respingo, recordando lo que había vivido contra ese monstruo junto a Coen. – Y el T-002 sufrió daños generales, por la presencia externa de su corazón, y lo enviaron a la mansión Spencer.
Chris, Jill y Rebecca se miraron el uno al otro. Recordando al enorme monstruo que los tenía acorralados y a su merced, hasta que Brad Vickers les había lanzado un lanzacohetes y pudieron salvarse.
- Pero hubo otros que fueron más peligroso, si bien ninguno logró vencerme, lograron mantener un combate parejo durante todo el enfrentamiento. El T-103, de apariencia humana, aunque muy grande, fue enviado a Raccoon City para recuperar un experimento que William estaba llevando a cabo. Ese si era bastante resistente. – Claire recordó al señor X, lo imponente que era, lo poderoso y amenazador que lograba ser… y Klaus había peleado contra él, sólo y desarmado. Ciertamente, si ella y él llegaban a algún tipo de "confrontación" física, ella tenía las de perder, aunque no estaba preocupada. Después de todo, él le había mostrado que podía ser muy suave y cuidadoso. – Y también estaba el T-Némesis, también enviado a Raccoon City… para cazar a los S.T.A.R.S que seguían ahí. Era bastante parecido a un humano, pero cuando peleé contra él yo estaba bastante estresado y molesto, así que su apariencia cambió mucho.
Jill y Carlos recordaron al monstruo que los había perseguido en Raccoon City. Así que su rostro deforme y demacrado había sido obra de Klaus.
- Es increíble. – dijo Jill.
- Ciertamente lo es. – dijo Chris. La imagen de Wesker en su enfrentamiento en Rockfort Island llegó hasta él. – Contigo de nuestro lado, las cosas están más parejas. Wesker jamás podría contigo.
- Por ahora de eso no hay duda. Pero no hay que confiarse. Umbrella tiene todo tipo de criaturas que nunca han visto la luz del sol. Yo tuve que enfrentar a una de las más peligrosas… fue lo más peligroso que haya enfrentado. – dijo el rubio.
- ¿Qué fue? – preguntó Rebecca.
- Thanatos Tyrant. Se podría decir que es como mi hermano, otro humano potenciado. Pero en el se utilizó una medida mayor… su cuerpo no se acopló al genoma y mutó. Desarrolló una enorme garra en su brazo derecho. Según los datos, esa garra y su total falta de control eran las únicas diferencias entre nosotros, y nos enfrentaron para ver quien era mejor. Gané la batalla gracias a estrategia, pero aún así, los dos quedamos muy mal heridos. – dijo Klaus. – Lo encerraron. Nunca más supe de él.
Claire lo notó ensombrecido. 'Debe estar pensando en que le hubieran hecho a él si hubiera perdido esa batalla.'
- Pero en fin. Ya habrá tiempo de más relatos en cuanto vuelva de las compras. – dijo el rubio, poniéndose de pie.
- ¿No quieres ponerte algo encima? – le preguntó Claire.
- No tengo qué… además, creo que sobreviviré un par de horas más de frío. – respondió Klaus, y se inclinó sobre Claire para decirle algo al oído. – Además, ir desabrigado es una excusa para ir abrazándote.
Claire rió suavemente ante la broma, y se paró en la punta de los pies para susurrarle algo a él.
- Soy bastante friolenta, así que eres bienvenido. – susurró. – Y si hace calor también.
Klaus sonrió, e iba descendiendo para besarla cuando se volteó ante al sonido de Chris aclarando su garganta.
- Llévense el Jeep. – dijo el castaño.
- ¿No vienes con nosotros? – preguntó Claire.
- No. Fue una noche un tanto incómoda, así que aprovecharé de dormir un poco. – dijo, con una sonrisa extraña en su rostro.
- Bueno, entonces seremos cinco. – dijo Klaus.
- Cuatro, yo tampoco voy. – dijo Jill. Todos la miraron, Ahí fue cuando el rubio comprendió el significado de la sonrisa de Chris. – Hace mucho frío y me gustaría seguir con el asunto de los mapas antes de irnos.
- Yo te ayudo. – dijo Rebecca. Jill y Chris la miraron, como pensando en qué decir.
- Vamos, Rebecca. – intervino Klaus. – Voy a comprarme ropa, siempre puedo usar algo de opinión femenina extra.
Rebecca lo miró, pensando, antes de mirar a Claire, quien asintió.
- De acuerdo. – dijo, sonriendo.
- Y Carlos, supongo que vienes. Puede que aún haya algún tipo de Umbrella allá afuera y necesitaría algo de ayuda. – dijo el rubio, mirando al moreno.
- Claro. – respondió Carlos.
- Perfecto. – Klaus miró a Chris y sonrió, este le sonrió de vuelta.
Klaus entró en la habitación para buscar sus dos COLT, ajustó la correa de las fundas para poder amarrarlas en su pecho y hombros, se desabrochó la camisa y se la quitó, al momento en que alguien tocaba la puerta.
- ¿Se puede? – preguntó una voz, era Claire.
- Si, claro.
Claire y Rebecca entraron en la habitación, se paralizaron en cuanto lo vieron.
- ¿Sucede algo? – preguntó el rubio, tranquilizándolas. Claire se movió de nuevo, acercándose a su cama y recogiendo su chaqueta. Rebecca miraba el pecho de Klaus. - ¿Rebecca?
- No hay herida, ni siquiera cicatriz. – dijo la castaña. Klaus y Claire la miraron, confundidos. – La camiseta manchada de sangre que encontramos era tuya, ¿no?
Klaus asintió.
- Pues… en la camiseta había un agujero de bala sobre el pectoral derecho, pero tú… - dijo, apuntando a dicho pectoral. – no tienes ni la más mínima marca.
Klaus se tocó el pecho, buscando.
- Es cierto, ya se me había olvidado. – dijo.
- ¿Te dispararon? – preguntó Claire, preocupada, mientras pasaba su mano sobre el gran pecho del rubio, buscando alguna cicatriz, aunque fuera una pequeña. No encontró ninguna. - ¿Cuándo?
- La misma noche en que nos conocimos. Fueron esos tipos que trataron de abusar de ustedes. – respondió el rubio. – Me extraje la bala esa misma noche, en el baño.
- Eso no está bien. Debes decirnos cuando estés herido. – dijo Claire, quien seguía con sus manos en el pecho de él.
- Una pequeña bala no es nada, no te preocupes. – dijo el rubio.
- Klaus… prométemelo. - pidió Claire, mirándolo con sus famosos e irresistibles ojos de cachorro.
- No otra vez… de acuerdo, lo prometo. – cedió el rubio, sonriendo.
Claire sonrió, aún apoyada contra él, y Rebecca sonrió también, al ver el brillo en los ojos de ambos, sobre todo en los de Claire. Al fin ella estaba feliz de verdad.
- Que lindo cuadro. – dijo Carlos, bromeando, mientras entraba en la habitación.
Claire lo miró, y se dio cuenta de su posición, con ambas manos en el pecho del rubio. Se apartó lentamente y de mala gana.
- Lo siento. – dijo, mirándolo un poco avergonzada.
- No hay problema. – dijo el rubio. Rebecca se acercó a Claire y la tomó por el brazo.
- Te esperaremos en la estancia. – dijo la castaña y ella, Claire y Carlos salieron de la habitación.
Klaus se amarró las fundas en el pecho, con una COLT debajo de cada brazo, y se puso la camisa otra vez, iba a salir, pero se devolvió y recogió su desgarrado abrigo negro, quizás podría repararlo. Lo miró fijamente por un momento, recordaba cuando se lo habían regalado.
Flashback.
Klaus regresaba en el interior de un helicóptero a la cede de Umbrella en Detroit. Sus ropas estaban hechas pedazos, llenas de cortes y agujeros, su chaleco antibalas y la camiseta debajo de este eran los peores. Se quitó el chaleco y la camiseta, le molestaban los pedazos de tela que colgaban sobre su pecho.
Había sido una misión muy… agitada. Le habían dicho que había ocasiones así, pero nunca esperó una balacera tan intensa en su primer trabajo como agente. Por suerte, la misión había sido un éxito, lograron infiltrarse en la cede más importante de BioGen, una Corporación rival de Umbrella, que había estado interviniendo con poderío militar en varias de las operaciones y varios proyectos de Umbrella.
Recordaba el rostro de los guardias que había tenido que matar, aunque tuviera que entrar en calor para hacerlo, ya que cuando recién se habían infiltrado, un guardia los descubrió, Klaus le estaba apuntando, pero no disparó nunca, el guardia podría haberlo matado de no ser por uno de sus compañeros de equipo, que si se atrevió a disparar.
Luego de eso, el caos comenzó. Su equipo se vio rodeado de mercenarios, pero esta vez no se quedó paralizado, disparó y mató a varios de ellos, incluso a golpes. Cuando todo acabó, recibió felicitaciones de parte de todos, sus compañeros, superiores… todos decían estar impresionados de que un joven de dieciséis años fuera capaz de actuar de manera tan precisa en medio de un tiroteo. Pero aún así no se podía perdonar el hecho de que flaqueó en el primer instante, y eso podría haberle costado la vida a él y a sus compañeros.
Cuando salieron de la cede rival y regresaron en helicópteros a su propia base, luego de recibir las felicitaciones, Albert lo había mandado a llamar. No tuvo tiempo ni de darse un baño, ni siquiera para cambiarse de ropa, antes de subir al helicóptero para ir a ver a su hermano.
El helicóptero ya había aterrizado, y él se encontraba caminando entre los pasillos que dirigían hacia la oficina de Wesker. Estaba nervioso, desde que su entrenamiento había comenzado, Albert había sido muy estricto con él, haciéndolo realizar el entrenamiento correspondiente a cuatro hombres, cosa que se veía bastante dura, pero Klaus apenas había sentido que realizaba algún esfuerzo.
Cuando terminó de pensar en eso, ya estaba frente a la puerta de la oficina de Albert. Tocó dos veces.
- Pase. – respondió una voz grave y tranquila desde el otro lado.
Klaus abrió la puerta y entró. Ahí estaba Albert, sentado detrás de su escritorio. Cuando cerró la puerta detrás de él, Wesker alzó la mirada y lo observó por detrás de sus gafas de sol. Quizás Klaus vio un espejismo o algo parecido… pero juraba haber visto una pequeña sonrisa en los labios de su hermano por un momento. Wesker se levantó y caminó hacia él.
- He oído que la misión fue un éxito, y que tú estuviste impresionante. – dijo Wesker. Klaus no dijo nada. - ¿Y tu ropa?
- Quedó algo maltratada en medio de la misión, señor. – respondió Klaus. Usualmente le decía Al o Albert, pero desde que era un agente Wesker le había ordenado que lo llamara señor cuando se encontraran en medio de asuntos oficiales.
- Ya veo. Bueno, error de principiante, puede tolerarse… ésta vez. – dijo Wesker, mientras se encaminaba hacia un perchero que estaba junto a la puerta. Descolgó su abrigo largo de cuero negro volvió hacia el chico. – Ésa la primera de muchas misiones. Yo mismo te asigné a ella, y probaste que el potencial que habían visto en ti los científicos, altos cargos militares y los socios principales, existe.
Albert puso el abrigo sobre los hombros del joven agente, Klaus era un poco más bajo que Wesker, así que la parte de abajo del abrigo tocaba el suelo, rozándolo, mientras que cuando el rubio con gafas de sol lo usaba, le llegaba un poco por sobre los tobillos.
- Pronto habrá otra misión para ti. Por ahora descansa. – dijo Wesker, yendo a sentarse detrás de su escritorio. Klaus metió los brazos en las mangas del abrigo y lo amoldó a su cuerpo, cerrándolo por delante. – Puedes retirarte… y… buen trabajo, Klaus.
- Si, señor. – Klaus saludó a Albert, antes de voltearse y salir de la habitación. Tenía una enorme sonrisa en su rostro cuando llegó a su cuarto de esa cede, Albert Wesker nunca había sido un hombre muy expresivo, y que lo haya felicitado era un milagro enorme.
Fin del Flashback.
Conforme pasó el tiempo, tuvo que mandarle a hacer varios arreglos a ese regalo. Ensancharle la espalda y las mangas, las últimas también necesitaron un alargue, y al final, alargar un poco todo el abrigo. Así notó por primera vez que había superado la estatura de su hermano, y de la mayoría de los otros agentes.
Klaus sacudió esos pensamientos fuera de su mente mientras doblaba el abrigo y salía de la habitación.
En la estancia lo esperaban todos sus nuevos amigos y su nueva novia, sintió una oleada cálida que lo invadió por dentro, y se dio cuenta de que haría cualquier cosa por ellos… en especial por cierta pelirroja, que en ese momento lo miraba con sus preciosos ojos azules.
- Todo listo. – dijo. – Vamos a conseguirme un guardarropa nuevo.
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Carlos, Rebecca y Claire estaban saliendo, pero Klaus se quedó un segundo más.
- La próxima vez que quieran algo de tiempo a solas, háganmelo saber y yo me encargo del resto. – le dijo el rubio a la pareja de ex policías. Chris le sonrió y Jill se sonrojó un poco, pero sonrió también al final. – Diviértanse.
- Lo haremos. – dijo Chris, sonriendo con anticipación cuando Klaus les guiñó un ojo antes de salir, Jill le dio un golpecito en el hombro cuando el rubio cerró la puerta. – Lo haremos, ¿o no?
Jill pensó un momento, antes de sonreír juguetonamente.
- Si haces mérito. – dijo Jill, acariciando el pecho del castaño por encima de la ropa, antes de rodearlo y caminar hacia una de las camas muy lentamente, provocándolo. La rubia se recostó en su cama, mirándolo sensualmente mientras marcaba un camino con su dedo índice desde la base de su cuello hasta un poco más abajo de su ombligo. Chris la observó, luchando contra su deseo de tomarla enseguida. – Un gran mérito, como me gusta.
- Para ti, lo que quieras. – dijo Chris, mientras se lamía los labios y se acercaba lentamente, sonriendo, seductor.
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- … también fui guardaespaldas una vez, de una científica muy importante de Umbrella. – dijo Klaus, mientras conducía. Le habían preguntado que tipo de trabajos había hecho mientras estaba en la Corporación, que contara algunas de sus misiones. Hasta ahora todo era muy variado, desde ayudante en un laboratorio, hasta un capitán en el campo de batalla. Había liderado a varios equipos de mercenarios de la Corporación, en misiones de rescate, de búsqueda… y de exterminación. Hasta niñera había sido en varias ocasiones.
- Una vida muy variada. – dijo Claire, quien estaba sentada en el asiento del copiloto.
- Pues, si. No puedo decir que no me he divertido durante todos estos años. – dijo el rubio.
Un letrero anunciaba la apertura de un centro comercial en el centro de la pequeña ciudad. Era antiguo, ya que el lugar había abierto desde hacía unos días.
- Bien. – dijo Klaus. – Espero que tengan paciencia, tengo bastante que comprar.
- De eso no te preocupes. – dijo Claire. – Adoro pasearme por las tiendas.
- Lo mismo yo. – dijo Rebecca.
Luego de un "Maldición" casi inaudible por parte de Carlos, el recorrido continuó en silencio.
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- Ya está. – dijo Klaus. – Creo que ya es suficiente. Cuatro camisetas, tres camisas, más la que tengo, tres vaqueros, dos pantalones, ropa interior, zapatos, más mis botas, útiles de aseo, un sixpack de Heineken, y una maleta para meterlo todo.
Había sido una larga aventura, recorrieron todo el centro comercial, pero ya tenían todo lo necesario, bueno, casi todo, no había podido encontrar un abrigo nuevo.
- Entonces… ¿qué hacemos ahora? – preguntó Rebecca.
- ¿Ustedes necesitan algo? – preguntó Klaus, mirándolos a todos.
Todos negaron con la cabeza. Klaus miró el reloj de pie gigante que había en la plaza central del centro comercial.
- 14: 15 horas. Vamos a comer, así podemos guardar el almuerzo del hotel para comerlo en la noche. – propuso el rubio, sonriendo.
- Me parece bien. – dijo Claire, estaba realmente hambrienta, no había comido nada el día anterior, y el desayuno no había sido muy abundante que digamos.
- De acuerdo. – dijo Rebecca, al tiempo que Carlos asentía.
- Perfecto. – celebró Klaus, Claire sonrió, a veces parecía un niño, pero le gustaba esa energía infantil que había en él. – Al patio de comidas.
Se dirigieron hacia allá, pensando en qué iban a comer. Klaus se detuvo a mitad de camino, mirando una tienda. "Venta de ropa y sastrería." Era pequeña en comparación con las otras, pero supuso que no perdía nada con intentar.
- ¿Pueden esperar un segundo? – preguntó Klaus. Los demás miraron hacia la tienda que estaba observando y asintieron.
El rubio se dirigió hacia la pequeña tienda y entró. Estaba llena de prendas y telas, pero no reconoció el cuero por ninguna parte, estaba comenzando a pensar que no podría hacerlo en ese lugar.
- Bienvenido. ¿En qué puedo ayudarlo? – preguntó un tipo detrás de un mostrador.
- Bueno, en realidad necesito un sastre que pueda arreglar esto. – dijo Klaus, mostrando el abrigo.
- Lo siento, señor. – dijo el hombre. – Pero ya no trabajamos cuero.
Klaus suspiró.
- Ya veo. – dijo. - ¿Al menos podría revisarlo para decirme si tiene arreglo?
- Claro.
Pusieron el abrigo sobre una gran mesa, y el hombre comenzó a revisar los cortes y todos los otros daños.
- ¿Puede arreglarse? – preguntó una voz detrás de él. Se volteó y encontró a Claire, mirándolo mientras sonreía.
- No lo sé. – respondió el rubio. Claire supo que ese abrigo era importante para él, quizás era por un recuerdo o algo así. Klaus miró al sastre. - ¿Se podría?
- Lo siento, señor. Pero está muy dañado y aunque se cerraran, los cortes se notarían demasiado. – dijo el hombre.
- Entiendo. Bueno, ni modo. – dijo el rubio, sonriendo. Aunque estaba claro que estaba un poco triste ante eso. – Gracias.
El rubio agarró el abrigo y lo dobló para acomodarlo debajo de su brazo derecho, antes de dirigirse hacia la puerta con Claire a su lado, con su brazo alrededor del de él.
- Espere, señor. – llamó el hombre. El rubio y la pelirroja se voltearon. – En esta tienda ya no se trabaja con cuero, ya no lo pedimos. Pero quizás pueda hacer algo. Usar el cuero del abrigo junto con alguna tela gruesa y algunas cosas más para hacerle un abrigo nuevo.
Klaus lo miró, serio, antes de sonreír.
- ¿Puede hacer eso? – preguntó.
- Seguro. – dijo el hombre.
- De acuerdo. – dijo Klaus, entregándole el abrigo. Procedieron a tomarle medidas y hacerle preguntas de diseño.
- Estará listo mañana a esta hora. – dijo el hombre cuando terminaron..
- Muchas gracias. – dijo Claire, Klaus asintió.
Al salir de la tienda, Rebecca y Carlos los esperaban, rodeados por todas las bolsas.
- ¿Cómo estuvo? – preguntó Carlos.
- Debo venir mañana a buscar mi encargo. – dijo Klaus.
- Perfecto. En los periódicos dice que los caminos estarán cerrados hasta mañana en la noche. – dijo Rebecca, mostrando el periódico que había comprado.
- Que suerte. – dijo Klaus. – Ahora si, vamos a comer.
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Después de un almuerzo digno de los dioses, se dedicaron a vagar por el tercer piso del centro comercial, idea que había tenido Klaus, para poder darles a Chris y a Jill un poco más de tiempo a solas.
- Miren eso. – dijo Rebecca, apuntando a su derecha. Todos se voltearon.
- ¡Videojuegos! – exclamó el rubio, emocionado, mientras entraban en el sitio de entretención. – No venía a un lugar como este desde hace años. ¿Jugamos un poco?
- ¿Jugar? – preguntó Carlos. - ¿Crees que tenemos tiempo de…?
- Bien. – interrumpió Klaus, yendo a cambiar billetes por monedas.
- ¿Realmente cree que estamos en condiciones de estar jugando? – le preguntó Carlos a las mujeres.
- Creo que tienes razón, pero… míralo. Se la está pasando muy bien. – dijo Rebecca. – Parece un niño pequeño. Creo que podemos sacrificar un poco de tiempo, ¿no?
- Si, supongo. – dijo Claire, sonriendo.
- ¿No estarán de acuerdo con esto? Deberíamos estar volviendo al hotel para planear nuestro siguiente movimiento. – dijo Carlos.
- Sólo serán unos minutos… una hora, a lo más. – prometió la pelirroja. Carlos no dijo nada más, pero su mirada expresaba su disgusto. Se dirigieron hacia la entrada, donde Klaus los esperaba.
- Vamos a divertirnos. – dijo el rubio, mientras le entregaba un puñado de monedas a cada uno.
- Klaus, no es necesario. Ya pagaste el almuerzo, al menos deja que nosotros gastemos en los juegos. – dijo Claire.
- Nada de eso. El dinero no me importa, además, para eso es, para gastarse. – dijo el rubio, sonriendo.
- Es una gran filosofía. – dijo Rebecca. – Pero es cierto, deberías dejarnos gastar nuestro dinero.
- De acuerdo, pero no esta vez. – dijo el rubio, tomando la mano de la pelirroja. – Vamos a jugar.
El lugar estaba lleno de niños y adolescentes, y varios padres. Las risas se escuchaban por todos lados. Lo primero que hicieron fue probar los juegos de carreras, en donde, para sorpresa de todos, Rebecca fue la ganadora.
Las monedas se iban acabando rápidamente, las dos mujeres y el rubio se la estaban pasando de maravilla con los videojuegos, Carlos, por otro lado, estaba serio y sólo se dedicaba a seguirlos.
- House of the Dead. – señaló Klaus, y se dirigieron hacia el juego de disparos. Había un grupo de niños jugando, dos de ellos tenían las pistolas de plástico y le apuntaban a la pantalla, acabando con los horribles monstruos, el otro los miraba, un poco deprimido. Klaus se detuvo y miró al niño apartado. Era un pequeño de unos doce años, con cabello negro desordenado, y unos brillantes ojos verdes. Era muy parecido a alguien importante de su pasado. 'Richard.' Pensó.
- ¡Casi superamos la mejor puntuación! – celebró uno de los niños que estaba jugando.
- A la próxima lo logramos. – dijo el otro. – Te toca, Sam.
- ¿Alguno jugará conmigo? – preguntó el pequeño de ojos verdes.
- Ni lo sueñes, Sam. No gastaremos nuestras monedas contigo. – dijo uno de los otros.
- Si. Eres pésimo, no apuntas bien, se te olvida recargar… no vale la pena desperdiciar el dinero haciendo equipo contigo. – dijo el otro, haciendo que el pequeño bajara la cabeza.
- Eso no es cierto. – dijo Sam. – Pero aún así necesito que alguien juegue conmigo.
- Yo no lo haré. No has pasado de la primera parte nunca. – dijo el más alto, su compañero de equipo asintió. Sam volvió a mirar al suelo.
- Hmph. – Klaus se acercó a los niños, los demás lo siguieron.
- Klaus, ten paciencia, ellos terminarán luego y nosotros podremos… - Claire fue interrumpida.
- Yo jugaré contigo, chico. – dijo Klaus, mirando, hacia abajo, al pequeño. Los demás se sorprendieron. Sam lo miró, y desvió la mirada, un poco avergonzado.
- No, no importa, señor. – dijo Sam.
- ¿Qué sucede? Creí que querías un compañero. – dijo Klaus, sonriendo mientras se cruzaba de brazos.
- Si, señor. Pero es que… la verdad es que no soy muy bueno. – dijo el niño.
- Apesta. – dijo uno de sus amigos.
- Es pésimo, señor. Le aconsejo que no gaste su dinero en vano. – dijo el otro. Klaus los miró, antes de voltearse hacia Sam.
- ¿Tú crees que eres pésimo también? – preguntó el rubio. El pequeño lo miró, antes de bajar la mirada y negar con la cabeza tímidamente. – Entiendo. Si los demás creen que eres algo que no eres, debes demostrarlo.
Klaus se arrodilló para estar al mismo nivel que Sam, y puso una mano en su hombro.
- Vamos, yo te enseño. – dijo Klaus. Sam lo miró, y sonrió. Claire y Rebecca sonrieron ante la interacción de Klaus y el niño. Carlos sólo miraba, con una expresión neutral.
- Si, ¿señor…?
- Klaus. – dijo el rubio, tomando las pistolas de juguete, y entregándole una al niño. – Para apuntar usa las miras de la pantalla, sostén firmemente el arma, cuando vayas a disparar retén la respiración. No apartes la vista de los enemigos en ningún momento, y cada vez que tengas el tiempo suficiente recarga.
- Si, señor Klaus. – dijo Sam, sujetando el arma con las dos manos.
- Y no te preocupes. La práctica hace al maestro. – Klaus insertó dos monedas, y el juego comenzó. Los dos, Klaus y Sam, se pararon de frente a la pantalla. Claire, Rebecca, Carlos y los otros dos niños veían desde atrás.
Los zombies comenzaron a aparecer, e iban cayendo poco a poco. El niño, Sam, realmente no era tan malo, solo necesitaba un poco de confianza. Aunque Klaus se encargaba de la mayoría de los enemigos, pero al menos el niño le daba a los cuerpos, y hasta ahora no había habido balas perdidas.
Varios minutos habían pasado, ya casi estaban en la etapa final, y casi superaban el puntaje máximo establecido, y los dos sólo habían tenido que pagar una vez más.
- Realmente parece que se está divirtiendo. – dijo Rebecca.
- Si. – dijo Claire. Carlos gruñó. La pelirroja miró al rubio, quien reía y le daba indicaciones al niño, quien reía también. Claire sonrió… era imposible que él llegara a ser uno de los monstruos de Umbrella.
- ¡Vamos, Sam, tú puedes! – animó Uno de los niños junto a ellos.
- ¡Ya casi lo logran! – gritó el otro.
- Pan comido. – dijo Klaus. - ¿No lo crees, chico?
- Si, señor Klaus. – respondió el niño, sonriendo mientras disparaba.
- Lo ves, eres tan bueno como ellos dos. – dijo el rubio. - ¿No es cierto, niños?
- ¡Si, señor! – gritaron los pequeños.
Claire sonrió aún más. 'Todo eso para subirle la autoestima a un pequeño.' Pensó, estaba un poco conmovida, tenía que admitirlo.
- ¡Bien! – gritaron Klaus y Sam al mismo tiempo. El juego ya había acabado, y habían superado la puntuación más alta.
- Bien hecho, Sam. – lo felicitó uno de sus amigos.
- ¿Me enseñarías? – preguntó el otro.
- Claro, pero… ya es hora de irnos, mi mamá se enfadará mucho conmigo si no me apresuro. – dijo, sonriendo. Y se volteó para mirar a Klaus. – Gracias, señor Klaus, fue muy divertido.
- No hay problema. Tuve mis razones. – dijo Klaus. Claire dio un respingo.
Los tres niños se fueron.
- Eso fue divertido. – dijo el rubio, mirando a los demás. – Espero que no se hayan aburrido.
- No, fue bastante entretenido ver el espectáculo. – dijo Rebecca.
- Fue lindo lo que hiciste por el niño. – dijo Claire.
Klaus sonrió.
- También sé lo que se siente cuando te creen algo que tú no sientes que eres. – dijo el rubio.
Claire asintió.
- ¿A qué te referías cuando dijiste que tenías tus razones? – preguntó Carlos. Klaus lo miró.
- Ahhh… eso… - dijo el rubio. Lo recordaba muy bien.
Flashback.
- ¡Corre! – gritó Klaus, que tenía trece años.
Él y su mejor amigo, Richard, estaban corriendo de unos alumnos mayores. Habían estado en el comedor, almorzando a mitad de su jornada escolar, cuando los alumnos mayores habían llegado y los sacaron de la mesa que ellos estaban usando. Richard no lo había tolerado, y había insistido en hacerles una broma. Klaus estaba en medio de su discurso para persuadirlo, pero la broma ya estaba hecha. Lo que los dejaba ahí, corriendo para salvar su integridad física mientras cuatro corpulentos estudiantes de tres grados superiores los perseguían, bañados en salsa de col.
- ¿¡Tenías que hacerlo, cierto!? – gritó Klaus. – ¡No sé porqué me meto en estos problemas contigo!
- ¡Para eso son los amigos! – respondió Richard. - ¿¡Además, si no vas a vivir bien esta vida, para qué estás vivo!?
Klaus se quedó con esas palabras grabadas en su memoria… y logró tranquilizarse cuando los grandotes se cansaron y dejaron de perseguirlos.
- Estás loco, Richard. – dijo Klaus, riendo.
- Lo sé. Pero, aún así, la vida es para vivirla. – dijo Richard, riendo también.
- ¿Y planeabas seguir viviendo si esos idiotas nos atrapaban?
- Hmmm… en realidad no lo había pensado. – respondió Richard.
Los dos amigos rieron.
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- ¿Listo? – preguntó un adolescente de cabello negro y ojos verdes.
- ¿Estás seguro de esto, Richard? – preguntó Klaus, de vuelta.
- Claro, será divertido. – dijo Richard.
- Como quieras.
Los dos amigos saltaron del avión, cayendo en picada, sintiendo al viento recorrerlos.
- ¡Esto si es vivir! – gritó Richard, mientras caían.
- ¡Estás loco! – gritó Klaus. - ¡Pero tienes razón!
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- ¡Fiesta! – gritaron los dos amigos, de quince años, mientras entraban a lugar plagado de música, personas y bebida.
Estaban los dos bailando, con universitarias que habían sido atraídas por el aspecto de Klaus.
- ¡Ciertamente, tu apariencia física si sirve de algo! – gritó Richard, para que su amigo lo oyera. - ¡Aún no puedo creer que te haya convencido!
- ¡Tu lo dices siempre! ¡Hay que vivir plenamente!
Los dos rieron y siguieron bailando.
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- No puedes seguir así, Klaus. – dijo Richard. – Estás todo desanimado, hace meses. ¿Qué diablos te sucedió?
- Nada. – dijo Klaus, serio.
- ¿Nada? Dejaste todos los clubes de deporte, ya casi no hablas con nadie y para colmo… ya ni siquiera salimos a divertirnos. – dijo Richard. – Si sigues así, te vas a arrepentir por no disfrutar de tu juventud.
- ¿Disfrutar? – preguntó Klaus. - ¿Cómo puedes disfrutar algo que ni siquiera debería existir?
- ¿De qué estás hablando? – preguntó Richard, impresionado. – Todos estamos vivos por una razón, es el favor de algo que está por encima de nosotros. Y si queremos devolver el favor, debemos vivir al máximo.
Klaus no dijo nada, sólo lo miró fijamente.
- Piénsalo. – dijo Richard, mientras se volteaba y se marchaba.
'Pensarlo. ¿Qué tengo que pensar? Me enteré de que soy un experimento de una Corporación multimillonaria. Que todos los talentos que me hicieron especial toda mi juventud no son nada más que producto de la ciencia. Y que yo ni siquiera debería estar vivo.' Pensó Klaus, antes de que la voz de Richard hiciera eco en su cabeza. 'Todos estamos vivos por una razón, es el favor de algo que está por encima de nosotros. Y si queremos devolver el favor, debemos vivir al máximo.'
Klaus se puso en marcha para alcanzar al único amigo que no se había apartado de su lado nunca desde que se habían conocido.
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- ¿Te casas? – preguntó Klaus, atónito. – Pero, sólo tienes veinte años… mi misma edad. ¿No crees que es muy pronto?
- No. El matrimonio es la aventura más grande de todas, vale la pena vivir eso. – dijo Richard.
- Estás loco.
- Lo se. Pero hay algo que me está molestando.
- ¿Qué es?
- Me estaba preguntando si… ¿serías mi padrino de bodas?
Klaus se quedó mudo un momento.
- Lo haré… ¡claro! – dijo Klaus, abrazando a su amigo.
- ¡Eso era lo que quería escuchar!
- ¿Y cuándo es la boda? – preguntó el rubio.
- Donna quiere que sea en un par de meses, yo lo habría hecho de inmediato pero…
- Wow, wow, wow… espera. ¿Donna Quinn? – preguntó Klaus, sorprendido. – ¿La chica que conociste el mes pasado?
- Si. Es una locura, ¿no?
- Ahora si que empiezo a creer que de verdad estás loco. Es demasiado pronto.
- Talvez, pero ambos sentimos que es lo correcto. La decisión es nuestra, después de todo. – dijo Richard.
Klaus lo miró, y luego recorrió con los ojos el bar en el que estaban. Hacía mucho tiempo que no salían a divertirse juntos, ya que Klaus había estado haciendo muchas misiones para Umbrella últimamente.
- Tienes razón. Es su decisión, y si crees que es lo correcto… cuentas con mi apoyo. – dijo el rubio, sonriendo.
- Ése es el espíritu. – dijo Richard, dándole palmadas en el hombro al rubio. – Sólo espero que tengas tiempo para asistir a la boda en cuanto se celebre. ¿Alguna vez me dirás qué es lo que haces en Umbrella Corporation?
Klaus se enserió.
- Es mejor que no te enteres. Es… confidencial. – dijo el rubio.
- Ya veo… algún día lograré que me lo digas. – dijo Richard. – Por cierto… ¿qué hay de esa mujer que conociste en uno de tus viajes de trabajo, la de la foto?
- ¿Alexia? – dijo el rubio, mirándolo. – Ummm… fue divertido mientras duró. Pero al final… ya no era la misma, así que… se acabó.
- Que mal, hombre. – dijo Richard. – Pero, mira el lado positivo, ahora estás soltero y con tu apariencia y personalidad conseguirás a muchas más.
- Si, supongo que tienes razón. – dijo Klaus, aunque no muy convencido.
- Wow, parece que esa chica si que logró tener en sus manos a Klaus.
- Si supieras.
- ¿Qué nos ha pasado, Klaus? Antes íbamos de allá para acá. De flor en flor. – dijo Richard.
- ¿Y lo dices tú? Estás a un par de meses del altar. – bromeó Klaus, y rieron. – Yo aún estoy libre.
- Ya llegará la correcta. – dijo Richard. – ¿Recuerdas nuestros días de adolescencia?
- ¿Cómo olvidarlo? – dijo Klaus, con tono nostálgico. - ¿Qué no hicimos en ese entonces?
Richard pensó un momento.
- Un trío. – dijo, bromeando.
- Habla por ti. – dijo Klaus. Richard volteó rápidamente su cabeza, mirándolo, sorprendido.
- ¿Hiciste un trío? – preguntó.
- Fue una fiesta loca, y bueno…las universitarias estresadas, el alcohol y todo eso… - Klaus bebió su wisky. Richard asintió lentamente.
- ¿Cómo es que nunca me enteré hasta ahora? – preguntó el hombre de ojos verdes.
- Estabas ocupado con la morena.
Richard subió las cejas, en una expresión de "oh, ya recuerdo, tienes razón".
- ¿Has planeado la luna de miel? – preguntó Klaus.
- Algunas cosas…
- No sé porqué me suena a locura.
- Ya me conoces.
Los dos rieron, de nuevo.
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- ¿Nervioso? – preguntó Klaus, mientras posaba una mano sobre el hombro de su amigo.
- Más que nunca. – respondió Richard.
Los dos estaban de pie en el altar, esperando que la novia llegara. La iglesia estaba llena de invitados. Familiares y amigos del novio y de la novia.
- ¿Sabes? Jamás pensé que te vería con un traje de gala. – dijo Richard, tratando de distraerse antes de que se desmayara.
- Siempre hay una segunda vez para todo. – le recordó Klaus.
- Ohhh, claro. La fiesta de graduación.
En ese momento, las puertas de la iglesia se abrieron y el músico comenzó a tocar la marcha nupcial. La novia entró y caminó hacia el altar, radiante, siendo llevada por su padre.
- Está hermosa. – dijo Klaus.
- Si. – Richard la miraba, pero se volteó hacia su mejor amigo por un momento. – ¿Cuento contigo para apadrinar a mis hijos?
Klaus se quedó mudo.
- Espera a disfrutar del matrimonio primero. – dijo Klaus. – Después de eso… por supuesto que cuentas conmigo.
Richard sonrió, y se volteó hacia su casi esposa.
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- ¿¡QUE ELLOS QUÉ!? – gritó Klaus. – No… debe ser un error.
En las noticias hablaron de una pareja norteamericana recién casada que se había visto envuelta en un accidente. Estaban camino a su hotel en Selva Negra, Europa. Era pleno invierno, y los caminos estaban llenos de hielo. El automóvil había perdido e control y había caído por un acantilado hacia un espeso bosque. Ambos habían muerto.
Los imágenes de los pasaportes de ambos aparecieron en pantalla, no cabía duda… eran ellos.
- No puede ser… - dijo Klaus, mientras una lágrima se derramaba por su mejilla. - ¡ES MENTIRA!
Klaus salió de la cede y se dirigió a tratar de contactar a su amigo, sin poder creer lo que había visto.
Fin del Flashback.
Klaus había finalizado su relato, al tiempo en que ellos llegaban al hotel. Claire, Rebecca y Carlos habían escuchado en silencio.
- Fue gracias a él que aprendí a vivir de verdad, sin importar qué. – dijo el rubio, apagando el motor. – El murió hace más de dos años, pero vivió más que cualquier otro que yo haya conocido. Él siempre vivió al máximo, y vivirá incluso la en la muerte. No… él vivirá la muerte.
Salieron del vehículo, Carlos estaba de mejor humor. Con esa historia había entendido la razón de la despreocupación del rubio.
Claire, aunque se mostró atenta a la historia, se quedó con un nombre grabado en su cabeza. 'Alexia.'
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Dedicado a la memoria de Richard Schurig, mi tío. Quien falleció después de un accidente similar al que escribí.
Siempre vivió al máximo, más que muchos… y nunca se dejó caer ante los problemas… siempre disfrutó de la vida. Y ésta fue una forma de inmortalizar su espíritu vividor… él vivirá en la muerte… y vivirá la muerte.
Que en paz descanse. Richard Schurig, (03 de Abril de 1962 – 19 de Enero de 2009) amado padre, hijo, tío y amigo.
