Crepúsculo no me pertenece… aunque me gustaría

EL DÍA QUE EDWARD RECLAMÓ LO QUE ERA SUYO

En la actualidad:

La última copa que Alice me había prometido beber antes de bajar a enfrentar el circo que había montado un rato antes se convirtieron en dos. Casi en tres, puesto que la historia de hadas y brujas que le había empezado a contar a Rose se había visto interrumpida numerosas ocasiones con insultos, eructos y preguntas por medio.

– ¿Estás lista para bajar? – me preguntó Rose cuando ya atravesábamos el quicio de la puerta. A buenas horas me lo decía. – Sabes que no tienes por qué. Puedes quedarte aquí hasta que te de la real y putísima gana.

– No, no… tengo que bajar.

– Te equivocas, no tienes porque hacerlo.

– Si, si tengo… yo monte este lío. – levanté la mano para acallar a ambas que ya iban a saltar sobre mí. – Sí chicas, yo decidí hacerlo de este modo e interrumpir las vacaciones de todo el mundo para hacerlos partícipes de mis problemas. Ahora tengo que dar la cara.

– ¡Pues eah! – dijo Alice agarrando su gruesa barriguita con una mano y echándonos hacia el piso inferior con la otra. – A liarla parda otra vez.

Rápidamente Rose corrió a cogerla del brazo, ambas nos habíamos dado cuenta de que estaba un poco sobre excitada y ansiosa y no era nuestra intención de que encima sufriera un percance con la escalera. De este modo, con Alice y Rose cogidas del brazo y conmigo detrás comenzamos a descender mi particular bajada a los infiernos.

Fue en el descansillo de las escaleras donde nuestra amiga se asomó peligrosamente por el hueco de la escalera y comenzó a llamar a voces a su todavía marido.

– Jasper, marido mío– gritó locamente borracha de hormonas.

– Dime, esposa mía– contestó él asomando la cabeza tras la puerta que daba al salón de la casa.

– Ya bajamos – dijo resaltando lo obvio – ¿Están todos en el salón?

– Estás loca– contestó colocándose justo debajo de las tres cabezas que colgaban entre los barrotes, toda vez que entre Rose y yo conseguimos separar a la embarazada y despreocupada mamá de la barandilla. – Emmett y Edward están todavía en la cocina.

– Vete a buscarlos por favor – le pidió ella con un puchero en los labios y disparándole un beso cuando veía como este se encaminaba a la cocina cumpliendo a rajatabla sus órdenes. – Tienen que estar todos juntos. Tiene que ser una entrada triunfal. – remató dirigiéndonos una sonrisa que de estar en una película de serie B hubiera lanzado un destello de luz de sus dientes.

– Si quieres me pongo una guirnalda de navidad en la cabeza para llamar más la atención… – le dije sarcásticamente.

– Cuando bajemos tienes que quedarte a mi lado… – me aconsejó seriamente.

– Alice de verdad le vas a decir lo que tiene que hacer. – Interrumpió la rubia que estaba a su lado.

– Tengo un plan – Le contestó como si eso fuera a solucionar nuestras vidas de golpe y porrazo.

– Con lo bien que te funciono el anterior. – Se rió Rose no sin faltarle razón.

– Era la excepción que confirma la regla

– Era la norma…

– Chicas, chicas – nos interrumpió Jasper saliendo de la cocina– ya vienen – concluyó a la par que Emmett y Edward también salían de la habitación y se acercaban a nosotras.

Los tres pares de ojos masculinos se dirigían a mí y todos expresaban una emoción diferente. Los ojos marrones de Jasper me decían: tranquila, estamos contigo. A ellos les sonreí agradecida. Los ojos azules de Emmett me decían: tranquila, estoy yo aquí. A ellos también les sonreí agradecida. Y por último los ojos verdes de Edward quienes me transmitían demasiadas emociones como para resumir en una frase. Sus ojos, su verdadero alma, se veían nerviosos, enfadados, tensos, traicionados, curiosos, molestos, disgustados, irritados, y yo no pude sonreírle agradecida, sino que mi cuerpo traidor se sincero con él y bajo la mirada avergonzada.

– Bella– me llamó con una voz grave y un tono seco– ven aquí–. Me ordenó cuando por fin levanté mi vista y volví a mirarle. Su cuerpo estaba tenso y mantenía levantada la mano en mi dirección. Su cara, con algunos morados en la zona de la mandíbula y una ceja rota, mostraba la crítica situación a la que mi poca cabeza y la de Alice y su marido parecíamos tener.

En cuanto a su mandato, no supe muy bien que hacer, había algo en mi interior que a pesar de mis ganas por abrazarle y sentirme segura junto a él me impelía a obedecerle.

– Yo que tú iría–. Me dijo Rose empujándome hacia él cuando vimos como Edward avanzaba hacia las escaleras igual que un toro cuando embestía un trapo rojo. Al menos no frotaba su pie insistentemente contra el suelo ni expulsaba borbotones de aire por la nariz. – mmmmhhh cómo me ponen estos Cullen cuando se cabrean. – Dijo ella ganándose un gruñido celoso por parte de su marido.

Edward se situó al pie de la escalera con la mano aún extendida hacia mí conminándome a bajar. Descendí lentamente los escalones sin dejar de mirar a sus ojos. Y parecía que por cada escalón que yo bajaba hacia él su pecho se hinchaba un poco más. Tan solo cuando me quedaban tres escalones para llegar al suelo y su mano ya se encontraba a mi alcance, él subió de un salto los dos últimos peldaños para cogerme en un abrazo y enterrar su cabeza en mi cuello. Mi única respuesta fue una exhalación que me dejó vacía por dentro pero rodeada de calor. Su calor.

– No vuelvas a hacerme esto – me susurró en mi oído.

Intenté separarme de él suavemente, para poder decirle cara a cara que no sabía a que se refería. Pero él afirmando su abrazo a mi cuerpo respondió antes a la pregunta no preguntada.

– Dejarme fuera de tu vida. Ni se te ocurra volver a hacerlo. No lo pienso permitir.

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Antes que nada disculpar el retraso de este fic... como ya os he comentado a muchas de vosotras personalmente y sobre todo por Facebook, he estado un poco ausente este pasado mes ya que me he casado hace unas semanas y todo lo que conlleva me ha robado más tiempo de lo que me temía y quería.

Con todo ya he vuelto y preparada para la carga…

En cuanto a este fic, ya veis que los últimos capís son muy cortitos por lo que tendía a subir varios seguidos. Lo mismo pensaba hacer con este y los que siguen pero como no quería haceros esperar más he decidido adelantar este que si bien es chiquitito tiene su miga con la promesa que en unos días vendrá el siguiente.