Cumpliendo con mi responsabilidad como estudiante, conteniendo mis deseos de salir corriendo a buscarla, mantuve el culo pegado a mi asiento de clases. Cuando el timbre sonó guarde mis cosas, tome mi bolso y volé de allí.
Llegue al aparcamiento como un rayo, cruzándome a Edward de camino a mi coche. Ignore por completo su presencia y sus intentos por entablar conversación. Arranque y conduje a casa, más rápido de lo que habituaba.
Llegue, estacione y baje. Con la mirada fija en las llaves que mis manos sostenían temblorosas, camine hasta la puerta de entrada.
- Bella, al fin llegas- Una voz masculina me asusto. Levante rápido la mirada y me encontré a Jacob parado frente a mí.
- Jake ¿Qué haces aquí?- Pregunte aun agitada.
- Creo que al menos esperaba un "Hola, Jake ¿Qué tal?"- Dijo algo herido y con sarcasmo.
- Vale, yo… lo siento, es que no te esperaba- Dije nerviosa.
- Lo sé, últimamente así es- Dijo apartando sus ojos de los míos- Hace tiempo que no hablamos.
- Si, es que, he estado…- ¿Qué excusa le daría? ¿Qué la última semana había estado pendiente del ser más hermoso del universo? ¿Qué estaba con Alice?- ocupada- Me decidí, sabiendo que aún era pronto para aclarar las cosas acerca de mi reciente noviazgo.
- Oh- Pareció pensárselo un momento, al parecer no esperaba encontrarme tan fría- Bueno, entonces ¿Quieres hacer algo? Tengo la tarde libre- Dijo recobrando su entusiasmo, mientras una sonrisa amplia se formaba en sus labios.
- Lo lamento, pero estoy sumamente ocupada, no puedo- Le dije mientras rascaba mi nuca- Quizás otro día.
Su sonrisa decayó.
- Vale, en ese caso, mejor en otra ocasión- Contesto desilusionado.
Se acerco a mí y, sin que yo pueda preverlo, me abrazo con dulzura. Me sorprendí al encontrarme a mi misma correspondiendo al abrazo. Pero simplemente no pude evitarlo, adoro a este muchacho.
- Adiós, Jake- Dije en tono amigable al tiempo que lo soltaba y esperaba a que el haga lo mismo.
- Adiós, Bells- Se despidió, no sin antes depositar un cálido beso en mi mejilla, dejándolo reposar más tiempo del indicado. Se alejo de mí y lo observe marcharse a pie.
Entre a casa preguntándome "¿Dónde está Alice?" Subí a mi cuarto arrastrando los pies. Era increíble como mi estado anímico decaía cuando ella no estaba a mi lado.
Cansada, me quite la campera de cuero, el calzado y me deje caer rendida en la comodidad de mi cama. No llegue a permanecer allí ni 2 segundos, porque cuando mi brazo rozo algo muy similar al hielo, salte de allí. Perdí el equilibrio y supe que mi trasero sufriría el peor daño, pero me sobresalte cuando caí recostada sobra más hielo y unos brazos igualmente fríos me envolvieron.
Ahogue un grito de terror cuando oí su aterciopelada voz.
- No quería asustarte- Dijo Alice en mi oído, erizándome la piel.
Mis músculos se relajaron cuando comprendí que ella estaba allí, lo que había anhelado desde su partida del instituto. Sin contener mi deseo de abrazarla, hice girar mi cuerpo, quedando recostada sobre ella, con nuestros rostros a escasos centímetros uno de otro y envolví su cuello con mis brazos, deleitándome con su incomparable aroma.
- Alice- Suspire con alegría y alivio, sintiendo como ella dejaba deslizar cariñosamente sus manos por mi espalda.
- Bella- Su voz era ahogada, levante mi rostro y me encontré con el suyo tan hermoso enmarcado por una expresión de desagrado, casi asco y la nariz arrugada.
La observe confundida.
- ¿Qué?- Le pregunte, restándole un poco de importancia a su expresión y acerque mi rostro con intenciones de besarla.
No pude ni rozar sus labios cuando me encantaba de pronto parada, con ella enfrente de mí, con sus manos firmes en mis hombros, formando una barrera entre nosotras.
- ¿Alice, que sucede?- Le pregunte un tanto herida.
- Hueles fatal- Me dijo, poniendo cara de asco- Hueles a perro.
Me había sentido tan atacada por su comentario y a la vez avergonzada, que volé al baño. Me duche con rabia ¿Qué le sucede a esta loca? Primero no puede mantenerse cerca de mi por lo apetitoso de mi aroma y ahora porque huelo a "perro" ¿Qué cosa podía lograr que no le agrade mi olor?
Sacudí la cabeza y continué higienizándome, procurando limpiar cada pedazo de mi cuerpo.
Salí envuelta en una toalla, olfateándome en el camino de regreso a mi cuarto. Cuando me decidí en que olía perfectamente bien, entre.
Alice estaba sentada en mi cama, en la misma posición en la que se encontraba cuando salí precipitada al baño. La alegría había regresado a su rostro y en un abrir y cerrar de ojos la tenia frente a mí. Me envolvió entre sus brazos y enterró su nariz en mi cuello, inspirando profundamente. Pude oír como suspiraba de satisfacción y comenzó a repartir besos por esa zona, lo cual me volvió loca. El camino de su boca subió hasta mi mejilla, luego la comisura de mis labios y finalmente sobre estos. Eran cortos y repetidos besos en mis labios, y en el sexto se congelo y profundizo sus acciones, cuando tomo suavemente mi labio inferior entre sus dientes, mordiéndolo y tirando de él con delicadeza, arrancándome un suspiro. No pude contener mis hormonas la bese con desesperación. Ella reacciono sorprendiéndome al lamer mi boca con su fría lengua, demandando su acceso, el cual le concedí al instante. Sentí sus manos bajar por mi cintura y mas y mas, hasta sujetar mis piernas, logrando que envuelva su cuerpo con ellas. Mis manos sujetaron el cabello de su nuca, al tiempo que nuestras lenguas comenzaban una danza desesperada.
Me di cuenta de que Alice estaba caminando hacia la cama y me recostó sobre esta, si romper el firme agarre de mis piernas en torno a su cintura, ni el de mis manos en su cabello, ni el beso en sí.
Intente llegar más lejos y cole una de mis manos por su camiseta para acariciar su frio y plano abdomen. Sentí como ella gemía contra mi boca, lo cual me hizo sentir orgullosa.
La toalla que aun, sorprendentemente, cubría mi cuerpo, se torno en un completo fastidio, un estorbo, al igual que su vestimenta, que me alejaba de su suave y fría piel. Alice era toda una experta, me tenia donde quería, yo estaba enloquecida y lo único que deseaba era mas de ella.
No lo soporte más y, sin romper el desesperado beso ni el juego de su experta, fría y suave lengua con la mía, intente quitar la toalla de mi cuerpo.
No sabía que esperaba yo con esto, ni por qué creía que podía llegar aun más lejos, que podíamos dar el siguiente paso. Toda posibilidad se esfumo cuando ya no sentí entre mis piernas el pequeño y frio cuerpo de Alice, ni su vientre en contacto con mi mano, ni el juego de nuestras lenguas, ni su boca sobre la mía.
Cuando abrí los ojos alarmada, gire hacia un costado encontrándome su rostro cerca del mío, su mandíbula apretada, los ojos ennegrecidos y atolondrados, y una expresión perturbada. Sabía que estaba luchando por controlar sus deseos de quitar hasta la última gota de sangre de mi cuerpo. Yo aun estaba peligrosamente cerca de ella y quise alejarme con intención de darle espacio, de ayudar a que se serene, de no ser una molestia para ella, pero al instante que tome esa decisión su mano sujeto mi brazo. Me quede completamente quieta, apenas siquiera respiraba. Luche por controlar los aun acelerados latidos de mi corazón y parpadee lo mínimo indispensable, intentando que mis ojos no se pierdan ni un segundo la profundidad de los suyos.
Fueron unos largos minutos en la misma posición, ambas en absoluta quietud. Fui testigo de cómo, poco a poco, aflojaba los músculos de su rostro, como sus ojos se aclaraban hasta recobrar su fascinante dorado, como su expresión se relajaba y como una pequeña y avergonzada sonrisa se formaba en sus labios.
Su mano soltó mi brazo, subió hasta mi rostro y acuno mi mejilla. Soltó un suspiro, mezcla de alivio, cansancio y resignación.
- Definitivamente no tienes sentido de auto protección- Me dijo en un tono de desaprobación- Aunque soy responsable de haber llevado las cosas a ese nivel. Por un momento creí que podría, pero fue sumamente peligroso confiar tanto en mi control- Se reprocho a sí misma.
- Yo confió en ti y en tu control- Las palabras se escaparon de mi boca, mostrando mi desesperación por que fuese algo suficiente, algo que bastara para que ella también crea en sí misma, tanto como yo lo hago.
- Pues haces mal, no debes olvidar que soy un depredador letal- Su voz era de lamento.
- P-pero es que yo desearía… poder…- Termine con un suspiro de frustración. Me costaba expresarle en simples palabras la forma en que no solo deseaba su amor sino también su cuerpo.
- Lo sé- Dijo con simpleza- También yo, pero es tan difícil… tan arriesgado- No quería insistir, ni presionarla, solo quería lograr que poco a poco confié en sí misma, para poder dar aquel paso que yo tanto ansiaba.
Repare en sus últimas palabras, en que ella también me deseaba, pero rápidamente me forcé a no ilusionarme. Soy un humano, ella un vampiro, el sexo para cualquiera debe ser placentero, pero sé que no sería lo mismo para ella, ya que no sería ni algo nuevo ni fascinante, considerando mi falta total de experiencia y conocimiento. En mi caso, en cambio, el solo hecho de pensar en tener relaciones sexuales con Alice me mareaba. Sus abrazos, sus inocentes y cariñosas caricias en mi mejilla, y también los besos sobre estas, o cuando jugueteaba con mi cabello o mis dedos, siempre habían despertado una chispa en mí que me demostraba que una vez que pruebe su droga, sería una adicta. Ahora, que siempre cuento con algún que otro beso en mis labios, por más cuidadoso y corto que pueda ser, lograba que mi temperatura corporal llegue a niveles altísimos, y recordando esta ultima y peligrosa sesión de besos, lo cual fue sumamente pasional y candente, tendría que sentirme avergonzada porque de seguro su perfecto olfato reconocería el olor de mi humedad.
Sacudí la cabeza.
- ¿En qué piensas?- Pregunto Alice curiosa dado que mi silencio se había hecho extenso.
- ¿Qué es lo que más te atrae? ¿Mi sangre o mi cuerpo?- Le pregunte con seriedad, observando al techo.
Ella, dubitativa, se tomo unos segundos antes de contestar.
- Creo que hay un empate- Aunque ya lo sabía, la observe boquiabierta- En momentos como el de hace unos minutos tu sangre es lo único que pasa por mi cabeza, pero el resto del tiempo, cuando no tientas al límite mi auto control, tu cuerpo es lo más deseable para mí- Dijo con palabras sinceras y un tono divertido.
Suspire al tiempo que me perdía en sus ojos.
- Me pregunto cómo me sentiría en tu lugar.
- Bueno, no es para nada agradable, si de algo te ayuda saberlo- Me aseguro.
Pasaron verías horas, en las cuales conversamos de cosas sin importancia, reímos, pero el silencio fue nuestro principal espectador. No volvió a besarme, pero no se alejo de mí e incluso me envolvió con sus brazos y acaricio mi cabello.
Me quede pensando en algo en particular que deseaba preguntarle, ya que me inquietaba no saberlo.
- Alice- Dije su nombre con delicadeza, con suavidad, sin poder evitar sentir calidez cada ver que lo pronunciaba y ella volvía sus ojos hacia los míos esperando que continuase- ¿Has hablado con Jasper y Edward?
Sus cejas se juntaron en señal de disgusto y sacudió la cabeza.
- Apenas salí de allí me fui a cazar, tenía que… descargarme- Me explico con lentitud, escogiendo la palabra adecuada.
- ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué no me dijiste siquiera a donde ibas? Al menos hubiese querido despedirme de ti y saber cuándo volverías- Le confesé en voz baja y ella me observo con aprehensión.
- No podía, quería salir cuanto antes de allí, lejos de esos idiotas y de ti- Hablo sin mirarme, dejándome apreciar como la escasa luz de aquel atardecer nublado iluminaba el contorno de su perfecto perfil- No podía arriesgarme a cometer una estupidez, como romper una mesa, o una silla, o golpearlos a ellos, sabiendo que no solo nos pondríamos en evidencia sino que tu podías salir gravemente lastimada.
- Pero te fuiste sin decirme nada- Insistí yo.
- Es que me sentía tan…- Corto la oración nerviosa, sentí sus brazos endurecerse en torno a mí.
- ¿Tan qué, Alice?- Intente controlar la urgencia en mi voz, pero creo que fue en vano.
- Avergonzada- Soltó la palabra con frustración.
Observe su perfil con detenimiento, apreciando que su boca estaba apretada y los ojos entrecerrados, en una expresión de completa seriedad. Definitivamente no estaba bromeando y la palabra que salió de su boca, efectivamente había sido "avergonzada".
- ¿Qué?- Pregunte sorprendida, expresando mi confusión- ¿Avergonzada?- Ella asintió en respuesta.
- Yo, a decir verdad, esperaba que me dijeras que te sentías tan furiosa que no viste otra alternativa que salir de allí antes de asesinar a todo el alumnado en un acto de desahogo violento- Le confesé, aplicando un ligero toque bromista- Pero, tú me sales con que te sentías avergonzada. Lo que no entiendo es ¿avergonzada de qué?- Recosté mi cabeza en su hombro, aspirando su exquisito aroma.
- ¿Acaso no escuchaste las guarradas que dijeron ese trió de idiotas, en especial Edward?- Me pregunto fastidiada, agitando su brazo libre en el aire en señal de frustración.
- Si- Le dije con lentitud y calmada- Pero no pensé que te afectaría tanto, admito que por un momento creí que también reirías.
- ¿Estas bromeando? ¿Acaso tienen derecho a meterse en mi vida privada?- Pregunto enojada.
- Yo no dije eso, solo que no creí que tu vida sexual sea tan… tan innombrable, ya que también estamos hablando de mi. No es como si el sexo conmigo sea algo que deba preocuparte, no sería nada nuevo ni fascinante para ti, siquiera sabemos si algún día sucederá, así que no debes sentirte incomodada- Se lo dije con tanta vergüenza y pena, en un tono tan bajo que apenas oí mis propias palabras.
En el segundo siguiente a terminar de hablar, el silencio inundo la habitación, pero apenas pude sentirlo porque las estruendosas carcajadas de Alice comenzaron a sonar. Me incorpore por el susto y la observe entre horrorizada y preocupada, como quien mira a un loco.
- Alice- Intente llamar su atención sacudiendo su brazo pero ella comenzó a girar en mi cama, abrazándose a sí misma, riendo a gusto, llenando mis oídos con el sonido más perfecto y hermoso del universo.
Aun sabiendo que sería en vano, intente atrapar su bello rostro entre mis manos, pero para mi sorpresa seso sus carcajadas y quedo completo silencio, observándome expectante y divertida. Un segundo después me encontraba entre sus brazos fríos, sobre su pequeño cuerpo, con su rostro a una distancia casi nula del mío, con mis labios deseosos de atrapar los suyos.
- Bella- Suspiro mi nombre e inhale su delicioso aliento, que me endulzo la garganta y la existencia misma. Una de sus manos acuno mi mejilla con cariño mientras ella me miraba con devoción- Dime ¿Por qué crees que me enfade y me sentí avergonzada?- Me pregunto con suavidad.
Tuve que concentrarme en analizar su pregunta, porque la hermosura inhumana de su faz estaba mareándome.
- Y-yo em- Tartamudee con incoherencia. Ahora era mi turno de sentirme avergonzada y lo confirme cuando sentí mi rostro arder bajo sus helados dedos, que comenzaron a trazar un camino por este.
- Me dio rabia que Edward airee mis pensamientos y que Jasper revele lo que siento en tu presencia- Siseo- Y respecto a la vergüenza, no me hacía gracia alguna que tu escuches eso, porque creí que te sentirías incomoda de que piense así de ti, tan… hambrientamente- Sus ojos permanecían clavados en los míos mientras hablaba.
- Pero ellos no hablaron de mi sangre- Dije entrecerrando mis ojos, esforzándome al máximo por comprender sus palabras.
- Porque ellos no se referían al hambre de sangre, sino a mi apetito sexual- Casi pude sentir un ronroneo vibrar en su pecho.
- ¿Apetito… sexual?- Aun no entendía.
- Bella, eres tan inocente- Rio Alice.
- Es que no comprendo que tiene que ver tu apetito sexual con mi sangre y las bromas de tus hermanos- Dije sintiendo una extraña inquietud cuando las palabras "sexo", "apetito" y "Alice" se encontraban perfectamente unidas en una misma oración.
Alice puso los ojos en blanco y soltó un suspiro de impaciencia.
- Si, como ya sabes deseo tu sangre porque es el aroma más enloquecedor y delicioso del mundo entero- Dijo, explicándome las cosas lentamente como a un crio- Me molestaron las bromas de mis hermanos porque no hacían más que revelar mis pensamientos hacia ti y me avergoncé porque sabía que te sentirías incomoda- Finalizo y me observo como esperando que yo diga algo.
Algo hizo clic en mi cabeza, como cuando enciendes una lamparita en plena oscuridad y su luz te permite observar todo con perfecta claridad. Aun así, no le encontraba sentido a lo que Alice me decía, era simplemente ilógico.
- Entonces, t-tu… ¿Piensas así de mi?- Tartamudee con nerviosismo.
- Si, yo lo siento, no quiero incomodarte- Me susurro avergonzada, apartando su mirada de mi. Luego me aparto de su cuerpo y me dejo sentada en la cama frente a ella.
- Tu… me deseas- Dije mirando las sabanas, como si ellas pudiesen confirmármelo.
- Por supuesto que sí- Gorjeo Alice- No debería sorprenderte, yo te amo- No pude evitar unir mis ojos con los suyos al oír sus palabras y su tono dulce, casi tímido.
- Siéndote sincera, hasta hace cinco minutos pensaba que yo era la única deseosa.
Ella abrió sus ojos sorprendida.
- ¿Qué? ¿Creías que yo no te deseaba?- Pregunto casi ofendida y yo asentí con la cabeza.
- Bueno, es que somos diferentes, quiero decir, tú eres un vampiro y no creí que el sexo, en especial conmigo, sea algo que te atraiga- Le confesé.
- Tonta, tonta Bella- Sacudió la cabeza mientras reía- Jamás he deseado algo con tantas ganas, siquiera tu sangre podría superarlo- Me dijo con sus ojos repentinamente oscurecidos, acercándose a mí.
Me mordí el labio para ahogar un gemido de satisfacción. Alice Cullen, la criatura más hermosa perfecta, esbelta, atractiva y encantadora del universo, no solo me amaba sino que también me deseaba. En mi cabeza el "Alice me desea" rebotaba de un lado a otro, vitoreando.
Cuando gateo hasta mi, cual gato al asecho, me entraron unas ganas incontrolables de besarla. Ella invadió mi espacio, logrando que poco a poco me recueste sobre el colchón, mientras ella continuaba acercándose a mí, deslizándose sobre mi cuerpo.
Poso sus manos en mi torso, sobre la tela de la toalla, y marco un camino desde mi cintura hasta el inicio de mis pechos. Mi corazón se acelero cuando rozo mi cuello con su nariz, haciéndome cosquillas mientras inspiraba mi aroma, luego sus labios besaron mi piel desde mi hombro hasta mi oído repetidas veces, y finalmente su gélida lengua acompaño el trayecto, logrando que los latidos de mi ya desbocado corazón, se aceleren aun mas.
Un suave gemido escapo de mis labios cuando mordió el lóbulo de mi oreja y desde allí beso mi mejilla y para mi suerte llego a mi boca, que la estaba esperando ansiosa. Me beso suave y lentamente, como intentando marcar un control. La textura de sus labios, su suavidad, su frialdad y su sabor no permitieron que me resista y presione su labio superior con mi lengua, rogando que me permita jugar con la suya. Sentí su duda, pero al instante abrió su boca y arremolino su lengua con la mía, provocando que su sabor se sienta aun mas, haciéndome perder el control. Gemí contra su boca y en el segundo que aproveche para tomar aire, ella me sorprendió al frotar su rodilla en mi entrepierna. Gemí su nombre y al mismo tiempo sentí su pecho vibrar contra el mío.
Quería sentir su piel con mis manos, quería quitar mi estorbosa toalla de en medio, quería morder sus labios gélidos y apropiarme de ellos, quería tanto, pero sobre todo, quería que esto no termine.
Y, como siempre me sucede, llegar hasta estos niveles, de besos peligrosamente apasionados, exploraciones de su lengua en mi cuello, sus manos en mi torso y ahora la nueva labor de su rodilla, significa pasar un límite.
Cuando inevitablemente me encontré sin su cuerpo de mármol sobre el mío, o sus helados y deliciosos besos, o su rostro enterrado en mi cuello, comencé a sentir mi propio cuerpo, como mi respiración agitada, mis pulsaciones aceleradas y una notable humedad allí abajo.
- Puedo oír tu corazón martilleando- Su voz se oía lejos de mi y la encontré parada junto a la ventana, inhalando y exhalando lentamente- puedo oler tu torrente sanguíneo, puedo sentir en el aire el ritmo de tus pulsaciones y los rastros de tu excitación, pero más fácilmente aun puedo destrozarte sin que seas consciente de ello- Me dijo tan bajito que apenas creí oírlo.
Giro su rostro en mi dirección y visualice sus ojos negros como el carbón. Me senté y extendí mi mano, invitándola. Ella lo sopeso por un momento y luego camino hasta mi a paso humano y estrecho mi mano. Se recostó y yo la imite.
- ¿Estas mejor?- Le pregunte, deseaba abrazarla, pero no quería ponerla incomoda.
Ella sonrió burlona y, luego de dedicarme un asentimiento, estiro sus brazos y me atrajo hacia sí.
- Charlie llegara en 26 minutos- Me aviso Alice despreocupada y hasta pude sentir como se encogía levemente de hombros.
- Eso significa que hay que hacer la cena- Dije, sin ninguna intención de apartarme de sus brazos.
- Si, yo también estaba pensando en comer- Me dijo divertida.
Levante mi rostro en busca del suyo. Conocía el significado de sus palabras.
- ¿Volverás?- Le pregunte con cara de cachorro mojado.
- Si me miras así ¿cómo negarme?- Ronroneo Alice. Me abrace con más fuerza a ella.
- ¿Ya debes irte?- Ella asintió en respuesta.
Me aleje de su cuerpo a regañadientes, sabiendo que cuanto antes la deje ir, más rápido volverá.
- ¿Me acompañas a la ventana, mi amor?- Me pregunto teatralmente, ya parada a mi lado, ofreciéndome una mano que toma gustosa.
Conté los 8 cortos pasos que di hasta llegar a destino y apreté su mano, la cual ella unos segundos después acerco a su boca y la beso, para luego soltarla.
Alice se agazapo sobre la ventana, en posición para saltar. Volvió su rostro hacia mí y me dedico una de sus más adorables sonrisas, que resplandeció a la luz de la luna. Me hizo una seña para que me acerque más y tomo mi rostro con una de sus manos. Se inclino hacia mí y deposito un dulce pero corto beso en mis labios.
- Tranquila, volveré tan rápido que no tendrás tiempo de extrañarme- Me aseguro, mientras sus dedos marcaban círculos en mi mejilla.
- Muy tarde, ya lo estoy haciendo- Le dije en tono lastimero.
Ella me miro encantada y pude escuchar un "aww" escapar de sus labios. Luego quito su fría mano de mi rostro y salto. No existió su caída, ni su desaparición. Era tan sigilosa que en ocasiones aterraba.
- Caza un puma por mi- Le hable a la nada, pero puedo jurar que oí su musical risita en la penumbra.
Con pesadez camine hasta mi cama nuevamente, que se veía extrañamente vacía. Disfrute cuando me quite mi maldita toalla y la tire con furia al suelo. Decidí que debía ser más autosuficiente de ahora en adelante o podría morir en su ausencia.
Luego de vestirme y recalentar la lasaña del día anterior, me senté a esperar a mi padre. Cuando oí el coche patrulla estacionar frente a la casa no pude evitar pensar las cosas que sucedían en esta cada y mi inocente Charlie no era consciente de ello.
Hola queridos/as! Espero que les haya gustado el capitulo. Quizas, solo quizas, publique mañana el siguiente. Comenten lo que les parecio este cap y tambien sus sugerencias, que esperan del fic, que quieren que pase, yo tendre todas las propuestas en cuenta :)
Hasta el proximo capitulo.
Saludos, Jade :)
43 (Agreguenme)
