CAPÍTULO 11: REGRESADA INESPERADA Y UNA PELEA AMOROSA
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Un día más tarde, a las once menos siete, el muchacho de cabello negro algo grasoso, y de catorce años, estaba colocando su equipaje en el compartimiento que había escogido para él solo. Sus compañeros búlgaros al parecer se habían retrasado porque ninguno de ellos se divisaba por la ventanilla, y tampoco los molestos acentos de su voz se oían por allí.
Como su padre le había dicho el día anterior, no fue a dejarlo al andén y por lo tanto tuvo que hacerlo por su cuenta en el Autobús Noctámbulo, pero no fue muy complicado, simplemente sacó su baúl y la jaula de Darken a fuera, sacó la varita, extendió el brazo y éste apareció con el mismo conductor y copiloto.
El viaje fue horroroso, totalmente mareante, casi devolvía todo el desayuno — y había sido abundante —que había tomado.
PIIIIP
El tren ya iba a partir. Severus sintió el leve traqueteo de la máquina de los primeros movimientos. Darken lo miró inquieta, quería salir pronto de esa jaula y volar sola hacia Hogwarts. Seguramente se sentía demasiado encerrado ahí adentro.
Chucu, chucu, chucu.
El tren había empezado a andar y la gente se iba despidiendo de sus hijos alzando las manos y moviéndolas de un lado a otro alegremente.
De un momento a otro le pasó algo extraño mientras el tren avanzaba por la estación: creyó ver al señor Abraxas, el padre de Lucius parado ahí, pero no podía ser, los Malfoy estaban en Bulgaria, y si se hubiesen venido, lo sabría. ¿No era obvio?
En el momento en que se empezó a ver el colorido paisaje dejó suelto a Darken que estaba ansioso por salir al aire libre. Severus observó como su mascota se perdía por entremedio de unos frondosos árboles veraniegos hasta convertirse en una motita negra que se movía velozmente. Sacó el libro que compró en el Callejón Knockturn y se lo puso a leer.
Estuvo así durante diez minutos hasta que una bola de papel le llegó en la cabeza; enfurecido miró a la puerta que estaba abierta —él la había dejado así —y pensó que Potter debía andar molestando.
— Hey, Potter, da la cara, ¿o eres lo bastante poco hombre para no asomarte y lanzarme algo pero yo viéndote? —rezongó enojado.
— ¿Cómo que "Potter"? ¡Confunde, pero no ofendas! —le contestó alguien cuando había vuelto a agachar la cabeza, sobre el libro. Levantó la mirada lentamente y vio a cuatro figuras en el umbral. Era asombroso, realmente increíble, era absurdo mirar lo que tenía enfrente. Debía estar soñando.
— ¿Pero qué...? ¿Cómo...? No entiendo nada de lo que está pasando... ¿Qué hacen aquí...?
— ¿Esa es tu gran recibida? — le dijo el más alto levantando una ceja.
— Bueno, bueno, ¡SORPRESAAA! —dijo el primero, entusiasta.
— Realmente no entiendo qué están haciendo aquí, ¿Por qué no están en el colegio búlgaro?
— Los buenos modales... — dijo Michael sarcástico.
— Siéntense y explíquenme de una vez por todas —refunfuñó Severus mirando a Lucius, Federic, Michael y Stuart.
— Nos enteramos de que el cuarto curso en Dumstrang era de baja calidad de enseñanza, así que volvimos a intercambiarnos con los búlgaros pero por este año solamente, ya en quinto la cosa se vuelve más difícil.
— No puedo creerlo, es realmente irreal... bueno, supongo que este año será el mejor de todos, por fin. Al menos por un tiempo me sacaron a esos cuatro de encima, el acento búlgaro me enferma —dijo Sev a sus amigos.
En realidad, era tan incrédula la situación, que parecía casi una broma, pero, qué importaban las razones por las cuales sus amigos estaban aquí, lo que más interesaba era que tenía a sus amigos cerca, una vez más. Severus tenía el corazón hinchado de emoción.
El camino completo se lo pasaron conversando, y Lucius con su poca discreción soltó lo del beso de Sev con una niña llamada Annelisse, a quien habían conocido en el campamento de verano de cada año en Mount Zares. Los otros tres se burlaron mucho de Severus, pero por primera vez en su vida no se molestaba por algo así, es más, se rió con todos por lo que le había pasado.
—¡Hola querido amigo Quej...!
Minutos antes de llegar al Colegio de Magia y Hechicería, el grupito de Potter había ido a molestar al vagón en donde estaban los cinco amigos, y al verlos reunidos se llevaron una gran sorpresa. Potter se calló de inmediato. Black quedó con la boca abierta, pero ni Lupin ni Pettigrew se hallaban ahí.
— No puede ser... — murmuró Black con boquiabierto.
— Pues es lo que ves, Black —dijo Sev socarronamente.
— Y si no quieren salir heridos es mejor que se vayan —amenazó Federic poniéndose de pie. Ahí demostraba su metro setenta y cinco.
— No nos asustas —dijo valientemente Potter enderezándose y mirándolo serio preparando los puños.
De todas maneras, no hubo pelea porque el prefecto de Slytherin mandó a los Gryffindor a volver a sus vagones si no querían que les quitaran puntos. No les quedaba otra, no podían comenzar el año perdiendo puntos. Además mandó a todos a colocarse el uniforme y las túnicas porque faltaba muy poco para llegar a Hogwarts.
Los muchachos cerraron la puerta y se cambiaron rápidamente porque quedaban menos de quince minutos.
Un rayo partió el cielo, y un trueno retumbó. Gotas de agua empezaron a caer copiosamente en el vidrio empañado, cuando salieran del tren se iban a empapar. De sólo pensarlo, a Severus le daban escalofríos, debía estar muy helado afuera así que se abrigó un poco más con otra capa más gruesa.
La locomotora fue disminuyendo la marcha entrando al pueblo de Hogsmeade y los chicos se asomaron a los pasillos para bajar rápidamente.
Como todos los años, el guardabosque — que ahora era un hombre enorme llamado Hagrid —condujo a los de primero al castillo con la presentación de siempre: ir en botes por el lago hacia el castillo, y los muchachos de segundo hacia arriba subieron a los carruajes con los caballos alados negros.
— Son muy raros estos caballos — dijo Severus mirando por la ventana al carruaje vecino.
— ¿Qué caballos? —indagó Lucius con curiosidad mirando también, Stuart y Michael hicieron lo mismo.
— Los que conducen los carruajes.
— No sé cuales dices, yo no veo nada.
— Nosotros tampoco vemos nada — dijeron al unísono los otros dos.
— ¿Cómo? —Severus sintió que lo estuvieran mirando como a un loco —Qué extraño... son... son unos caballos alados negros y esqueléticos... ¿En serio que no los ven?
— De verdad... —dijo Lucius con delicadeza mirando con las cejas arqueadas a su amigo.
Severus no dijo nada más en el resto del camino. Bajaron y volvieron a empaparse y esperaron a que el conserje Filch les abriera lo más rápido las puertas del vestíbulo porque se estaban congelando.
Adentro el ambiente estaba cálido, las chimeneas prendidas y todo muy bien iluminado con las arañas de velas encendidas. En el gran salón los profesores estaban sentados en la mesa y no había nada nuevo excepto una mujer que no estaba el año pasado. Tenía expresión ausente y su boca era extraña, se le asomaban las encías y tenía dientes muy pequeños.
Tomaron sus asientos y Narcisa con Bellatrix se sentaron muy cerca del grupo de Sev, para ser exacto Bella estaba enfrente de él y Narcisa al frente de Lucius que se puso colorado al verla y ella también.
— Hola Lucius, veo que por fin te dignas a volver —dijo ella mirándolo con sus ojos azules penetrantes.
— Si... — contestó él y charlaron un poco más. Severus se puso a conversar con Bellatrix, Stuart, Federic y Michael para no interrumpir.
— ¿Quién es esa profesora? —preguntó Federic.
— Me imagino que es la nueva de Pociones, quién más puede ser —dijo la muchacha haciendo una mueca —. Tiene cara de imbécil, pero bueno, es lo que hay... Prefería a Mason...
La bienvenida de Dumbledore fue tan afable y calurosa como siempre, la comida igual de deliciosa y satisfactoria, y el discurso del director no varió para nada salvo cuando dijo "Les presento a la nueva profesora de Pociones, la señorita Debra Platzer".
Durante el banquete se comió más que habló, muchos estaban hambrientos. Pero el caso de Narcisa era diferente, se moría por conversar con Lucius. No había parado de batir la lengua desde que había llegado.
Apenas terminaron comer los postres, el director los envió a la cama, y todos aceptaron de buena gana la orden. Estaban muy cansados, así que no tardaron en dormirse cuando se acostaron.
La primera semana de clases fue estresante, no tardaron en tener una tremenda montaña de deberes. En Defensa por fin empezaron a ver las Maldiciones Imperdonables que Severus tanto quería escucharlas desde la boca de un profesor. La señorita Platzer era buena profesora pero exageraba con los deberes y estaba entusiasmada con los TIMO; los otros maestros como McGonagall era la misma de siempre, muy estricta, Flitwick muy calmado y bueno para regalar puntos a Gryffindor y a Ravenclaw.
— ¿No postulaste para ningún puesto de Quidditch el año pasado? —le preguntó a Severus el rubio.
— No, en realidad no me interesaba —mintió Severus mirando al extremo de la sala común donde se hallaba un grupo de muchachas de sexto año, entre ellas Kripta, que seguía igual de grosera, o tal vez peor.
— Ah, yo también nunca postulé allá en Bulgaria, además el equipo estaba completo desde antes, con muchachos de quinto hacia abajo.
—Hey, mira, ahí está tu Narci solita, ¿por qué no vas a hacerle compañía? —se burló Sev mirando a la chica rubia que estaba sentada en el sillón, escribiendo en algo, al parecer era su diario, el mismo del año escolar pasado.
Lucius le dirigió una mirada amenazante como diciéndole: "por qué no te quedas callado de una vez por todas..."
— Pero si es cierto, ve y hazle compañía, quizá te necesite —insistió Sev riendo.
Lucius no le quiso hacer caso dedicándole un ademán con la mano para que lo dejara de molestar aunque muy pronto se rindió, Severus siguió persuadiéndolo para fuera a hacer compañía a Narcisa, y Lucius al verla tan "desprotegida" se fue a sentar a su lado. Ella cerró su diario de golpe y lo miró asustada, pero al minuto siguiente ya estaban lo más bien conversando. Algo entrecortados estaban los dos pero parecían contentos.
Severus no quedó solo porque los otros tres amigos suyos fueron a unirse con él para charlar un poco con la multitud antes de ir a dormirse.
— Por lo visto nuestro querido amigo Lucius no se va a despegar más de Narcisa... —dijo Federic con una sonrisa dibujada en los labios.
—No, ya no, si son el uno para el otro... —balbuceó Severus riendo con los otros — Si está embobado mirándola.
—Bueno creo que ya es hora de ir a dormir —murmuró con voz de flojera Stuart consultando su reloj en su gorda muñeca, cortando súbitamente la información.
—Entonces —murmuró Sev —¡Bueno muchachos, vamos a dormirnos! —dijo alzando totalmente la voz mirando hacia donde estaban los dos rubios. Lucius le echó una mirada rápida.
Todos alcanzaron a oír cuando se despedía de la chiquilla:
— Bueno... conversamos mañana, que duermas bien, buenas noches...
— Le faltó el "sueña conmigo" —sentenció con malicia el muchacho de nariz ganchuda.
Lucius dio unas zancadas y llegó donde sus amigos que le miraban como si tramaran algo.
— ¿Qué me miran todos? —inquirió desorientado el muchacho de ojos grises.
— Tu cara de enamorado —dijo Severus y se tapó la boca como no queriéndolo decir —. Lo siento.
Lucius lo miró con las cejas alzadas y la boca semiabierta. "Cállate" le murmuró.
Los profesores parecían estar en guerra con los alumnos: los bombardeaban todos los días con deberes y trabajos que crecían de manera alarmante y eran difíciles de controlar.
— No puedo creer haber elegido adivinación —lamentó Federic a la hora del almuerzo del martes —, es lo más aburrido que hay y ni siquiera la profesora acierta a las cosas... de veras parece algo difícil pero por último no se hace la asignatura y ya.
— ¿Y por qué no te sales? — le decían todos, pero el se negaba por miedo a que le quitaran puntos o lo castigaran por irresponsabilidad.
Los partidos de Quidditch se les venían encima y Kripta avisó a todos que necesitaban un nuevo bateador lo que a Severus le trajo malos recuerdos, pero por suerte ninguno de sus amigos se presentó y el que salió seleccionado fue uno de segundo sumamente ágil, como un insecto se movía para todos lados y tenía buena puntería. Con eso podrían ganar esta vez la copa de Quidditch.
Las peleas con el grupo de Potter eran bastante livianas, ninguno llevaba tantas ganas de molestar aún. Andaban con poca imaginación para los insultos, y además los profesores aparecían por todas partes cuando menos se debían hallar, era como si estuvieran atentos a todo lo que ocurría, como si hubiera algo raro.
— Hola Quejicus, ¿qué me dices de este verano? ¿O tu padre te echó de casa? Tu "buen padre" —dijo Black con socarrona en la voz delante de unas muchachas guapas cuando pasaban por uno de los pasillos.
—Bueno, si hablamos de "buen padre" —atacó Sev —, yo le podría decir "buena madre" a la tuya... ¿cómo fue que te había dicho esa vez? ... este... ¡Espécimen de cerdo! Eso era. Entonces, y tú "Espécimen de cerdo" ¿Cómo lo pasaste con tu hermosa madre y padre, y con tu buen hermano que habla todos los días mal de ti igual que tus primitas, Bellatrix y Narcisa?
Y eso había sido todo lo dicho en el momento porque del aula de Aritmancia salía el profesor Dickens más arrugado todavía y con una montonera de libros en los huesudos brazos.
Pero todo estaba demasiado tranquilo y eso olía mal. Las peleas con esos cuatro eran aburridas y sin gracia, y no pasaba nada interesante en la vida de Severus, ni siquiera con Florence que andaba tan apartada, aunque nunca se acercó a él antes, pero... Y hablando de muchachas, el tema Lucius-Narcisa iban mejorando, había mucha comunicación entre los dos, pero no por mucho tiempo...
Estaban en la aburrida clase de Binns y a Severus le dolía la cabeza. Todos apoyados en sus brazos casi babeando y con los ojos entrecerrados —y los oídos también —, nadie quería escuchar las narraciones memorizadas del fantasma que ni siquiera se sabía los nombres.
—Disculpe profesor —dijo Sev levantando una mano — ¿Puedo ir a la enfermería?
— Si, claro Stevens, vaya —respondió distraídamente el profesor.
Severus hizo un gesto a sus compañeros que lo miraron con cara de quedarse dormidos.
El muchacho de pelo negro salió con la mano en su frente porque el dolor era insoportable. Fue a ver a la enfermera Deedee quien lo curo de inmediato de su dolor.
Miró la hora y le quedaban veinte minutos ¿qué sacaba con volver a clase si iba a tardar diez minutos en llegar al aula? Mejor se fue a la sala común y ya sus amigos le llevarían la mochila con sus cosas.
— ¡Gragea de moco! — exclamó al muro de las mazmorras. Éste se abrió dejándole el paso libre que el aceptó.
La sala común, como aquella vez en el año pasado que se perdió clase, no estaba vacía, había una muchacha acostada en el sillón tapada con una manta, mirando el techo.
— ¿Narcisa?
— ¿Ah? ¡Ah! Este... ¿Por qué no estás en clases? —dijo ella sentándose pero aun cubierta por la manta.
—Fui a la enfermería, y tú, se supone que también deberías estar ahí y no aquí.
— Prefiero no ir, solo era un poco de fiebre la que tenía, nada más.
— Ah, tú sabrás —dijo Sev encogiéndose de hombros.
Un silencio aterrador llenó el lugar y los dos se quedaron mirando fijamente.
— ¿Por qué no te sientas? —dijo ella por fin.
— Si quieres... —suspiró el y se sentó en el mismo sillón de ella pero en el otro extremo.
— Snape — dijo ella con voz quebrada —estoy confundida.
— ¿Sí? ¿De qué? — preguntó el otro arqueando las cejas interrogante.
— Estoy confundida entre tú y Lucius. Me gustan los dos. A eso me refiero —agregó al notar que Sev no entendía, y esta vez en verdad no entendía, se le había olvidado el asuntito.
— A pues... bórrame a mi de tu lista —aconsejó de inmediato el muchacho poniendo los ojos como plato, como si hubiese visto algo espantoso.
— El problema es que… No quiero — se acercó a él y le tomó una mano.
— Narcisa... tú no me gustas, no siento nada por ti, y este... —ella se acercó más — es mala idea, te lo advierto. ¡Me gusta otra! —gritó pero ella insistió en aproximarse más.
—Y qué importa, necesito saber...
Un centímetro faltaba para que los labios de ella se apegaran a los de él, pero un ruido sordo se escuchó ahí. Sev dejó a Narcisa de mala gana y se paró para ver qué es lo que era: su mochila estaba ahí y un montón de libros botados en el suelo. Eso había sonado. Lucius los había visto, ¡qué películas se iba a pasar ahora!
Se volvió a Narcisa que miraba con atención.
—No te vuelvas a acercar a mí nunca más. Elige a Lucius, él te conviene, no yo, ¿Me oíste bien? —dijo furioso y ella se impresionó de la actitud de él.
— Lo siento — dijo con pesadumbre y se fue a su habitación envuelta en su manta.
"Primer paso —pensó el chico saliendo por el retrato, antes dejó su mochila en una mesa —, búscalo y explícale lo sucedido, sin alterarse..."
Fue a varias partes pero no encontró a su amigo, le quedaba un lugar probable que era el baño, podía estar ahí, y en efecto, estaba sentado encima de un retrete con los brazos cruzados y la mirada fija en un punto del suelo, la cabina estaba abierta. Severus caminó con precaución y se puso en frente del a un metro.
— Oye, ¿podemos hablar?
— ¡Vete! — gritó el otro hartándose y cerró la cabina de un portazo que sonó con un ruido metálico. Casi le apretó los dedos a Severus.
— ¡Hey! ¡Vamos, no seas así! ¡Hay cosas que debes entender! ¡Debemos hablar, Lu!
La puerta se abrió de nuevo y la cara del rubio estaba enrojecida y estaba despeinado como si hubiese luchado consigo mismo.
— ¡Qué mierda quieres que hablemos! —voceó mirándolo con los ojos inyectados en sangre —¡Qué debo entender, si vi clarito lo que iba a suceder!
— ¡Tienes que entender que no pasó nada! ¡Además ella empezó, yo no me acerqué a ella! ¡Ni siquiera pensé que intentaría de besarme!
— ¡Pero la deberías haber detenido! — gritó el Lucius furioso.
— ¡Ja! ¿Y qué crees que hice? ¿Qué me quedé con los brazos cruzados? ¡Le dije que no, que no era buena idea!
— ¡Y ella se acercó igual, deberías haberla corrido entonces!
— ¡Pero ya ves que no pasó nada!
— ¡Claro, pero si no entro yo, pasa de todo! ¡Sabes que me gusta, y mucho!
—Y tú también le gus...
— ¡Lo que pasa es que quieres dejarte a todas las que puedas para ti!
— ¿Qué? —chilló Severus, oyendo esa insólita frase.
—Primero Annelisse y después Narcisa, te quieres llevar la mejor parte siempre.
— ¡Annelisse también me besó y no fui yo! ¿Acaso te gustaba?
— ¡No, no me gustaba pero de todas maneras era mucho mejor que Helena! ¡Eres un bribón que lo quiere todo! ¡Adiós!
Severus no dijo nada más. Se quedó pasmado ahí, mirando como su mejor amigo salía del baño con los puños apretados y a paso rápido. ¿Pero cómo Lucius podía ser tan necio? ¡Todo por la culpa de Narcisa! "No es mi culpa tener tanta buena suerte con las mujeres" pensó con ironía, enojado, saliendo de allí también, pero en realidad la pelea le había afectado. Ya se sabía todo estaba muy tranquilo como para que no pasara nada malo.
Esa fue la primera vez que sabía lo que era pelear con un amigo. Desearía haber peleado muchísimas veces con el grupo de Potter, pero con Lucius, había sido latoso. Sin embargo no le pediría disculpas porque ya le explicó lo que debía decirle. Si él reconocía su error de exageración, bien, sino, bien también
Durante el resto del día ninguno de los dos se dirigió la palabra y nadie sabía porqué. Federic fue el que se percató en realidad de que algo raro estaba sucediendo pero ambos lo negaron y no se hablaron más.
En el primer partido de Quidditch fue igual, celebraban todos con todos menos ellos dos, se quitaron hasta el saludo. Severus nunca pensó que llegarían a eso, y era deprimente porque, después de tiempo volvían a estar juntos en el mismo colegio y, por una estupidez, se peleaban, o más bien dicho, por una idiotez Lucius se enojaba. Severus no estaba enojado en pero donde su amigo lo estaba con él, él lo ignoraba.
— Severus, es hora de que me digas la verdad, ¿qué les pasa? Me refiero a ti y a Lucius, hace una semana casi que no se hablan, ¿me quieres decir que diablos sucede? —preguntó Federic hartado después de la gran derrota de Slytherin, todos estaban alicaídos, aunque a decir verdad se estaban acostumbrando a perder.
Severus desistió al principio de contarle, pero luego de que Federic le insistió tanto tuvo que acceder y le narró todo lo ocurrido aquel día. Federic se echó a reír.
— No es gracioso —masculló Sev apenas moviendo los labios para decir eso.
— Claro que es gracioso. A ver, mira, tú también tuviste la culpa, Severus, porque ya, me dijiste lo que habías visto el año pasado en el diario de Narcisa, entonces ya lo sabías, y era bastante obvio que sentía algo por ti aún si te invita a sentarte y qué se yo. Y no me mires así, es cierto, ¿acaso no te habría gustado darle un beso?
— Claro que no, bueno, sí, porque es linda, nada más...
— Ahí lo tienes, la ibas a besar, y Lucius tuvo razón al decirte que si él no entraba "pasaba de todo". Piensa por él y no solamente por ti, tienes a Florence que es guapa también. Ahora procura dejarle el camino libre a Lucius, además a él siempre le ha gustado Narcisa, en primer año yo me di cuenta del interés con el que la miraba.
— Bueno, sí, digamos que tienes razón ¡pero es injusto que se enoje si yo ya le expliqué! No le pienso pedir disculpas.
— Los dos son igual de orgullosos, Severus, no vas a perder nada si te intentas disculpar. De todos modos, yo voy a hablar con él —Severus abrió la boca para protestar —pero no le voy a decir lo que me has contado, voy a preguntarle lo mismo que a ti: ¿qué pasó?, así que quédate tranquilo.
Y al parecer a Federic no le resultó la idea de conversar con Lucius, porque se negó rotundamente a hablar con Severus para arreglar las cosas. Se ignoraron totalmente durante otro mes más. Podían estar sentado juntos, pero no, miradas no habían, estaban ausentes, y Narcisa de eso se había dado cuenta — Bellatrix desde mucho antes —y creyó haber metido la pata en realidad. Sospechó algo de Lucius porque también la ignoraba a ella y le dirigía miradas de odio que a ella le afectaban mucho.
Federic le insistía a Severus pero tampoco había caso.
Para más remate Potter se había dado cuenta de que algo pasaba y lo molestaba en clases o en los pasillos.
— Eh, Snape, ¿terminaste con tu novio Malfoy? Qué lástima, ya no se toman en cuenta, es triste la vida, qué lástima...
— Cállate Potter, no te metas en lo que no te incumbe.
— Uyyy... ya no está tu amigo Lucius para que te venga a defender...
— Señor Potter, ¿quiere hacer el favor de cerrar la boca y poner atención en la transformación del cenicero? —lo regañó la profesora McGonagall arreglándose los lentes de montura cuadrada.
—Severus... —le dijo ese mismo día Narcisa con las manos atrás y la cabeza gacha — Me he dado cuenta que tú y Lucius están peleados.
— ¡No me digas!, no me había dado cuenta — se burló —. ¡Sí!, y todo por tu culpa y lo sabes —dijo hirientemente a la chiquilla que lo miró dolida.
— ¿Mi culpa? ¿Por qué? ¡Ahora me culpas a mí de tus desgracias!
— ¡Si no hubieras tratado de besarme la otra vez con Lucius seguiríamos amigos! Pero tú solo por tener a más hombres a tus pies trataste de seducirme. Víbora.
— ¡Claro! Tú pues, la víctima, escúchame bien, Severus Snape, yo no tengo nada que...
— Escúchame tú a mí: Déjame en paz, y te vuelvo a reiterar: no me gustas. Ahora, lo más inteligente que podrías hacer es ir donde Lucius y hablar con él. Y dile que lo quieres porque él te quiere a ti —al decir esto Narcisa abrió la boca asombrada.
— ¿En serio? —saltó con la emoción reflejada en los ojos —. Entonces... ¡voy a hablar con él! Perdóname por lo de la otra vez entonces.
Narcisa salió corriendo por la muralla a buscar a Lucius, pero Severus no sabía si había hecho bien o mal. Como era sábado y tenía tiempo para cosas fue a dar una vuelta por el castillo hasta que llegó a un pasillo ancho en donde estaba el mural de las noticias y había un montón de gente apelotonada ahí, las niñas reían y cuchicheaban, los hombres protestaban y gruñían.
— ¿Qué hay, Bella? —le preguntó a la chica de cabello negro que comía una manzana y estaba apoyada en la muralla de piedra mirando con desinterés.
— Uba imbidaion a ua fesda e haowin paa os chios e cuahto a sebtibo ao, e com paejas, —dijo ella con la boca llena de manzana
— No te entendí absolutamente nada —dijo Severus suspirando, ella tragó y le volvió a repetir.
—Una invitación a una fiesta de Halloween para los chicos de cuarto a séptimo año, es con parejas.
—¿Parejas? Vaya, no es mala idea siempre que vaya con Florence —dijo colocándose en puntillas para ver si se la encontraba por ahí, pero ella no se veía.
—Yo ya me conseguí pareja —dijo ella con una sonrisa, pensativa.
— ¿Quién? —preguntó Severus que seguía mirando por el pasillo.
—Rodolphus Lestrange, me lo pidió un poco antes que tú llegaras, es tan...
— ¿Ése que va en séptimo? ¿No que tenía novia?
—No, rompió con ella en el verano por... según él que por mí —se sonrojó levemente.
De pronto ahí llegó Florence con una de sus amigas: era ahora o nunca. Caminó unos pasos hasta que todo se derrumbó: un muchacho de Hufflepuff se interpuso y detuvo a las dos amigas, algo dijo que la otra respondió: ¡Por supuesto que sí!, y parece que había sido a ella a la que le preguntaron porque se empezó a reír.
Bueno, en dos semanas quizá podría conseguir alguna pareja.
— Sev, ¿podemos hablar? —dijo una voz conocida detrás del mientras miraba la espalda de Florence. Se volteó y se encontró con la cara de Lucius.
— Hasta que por fin quieres hablar, ya era hora, pero vamos a otro lado —dijo de mala gana.
El rubio asintió y se fueron a uno de los patios internos de Hogwarts y se sentaron en una de las bancas.
— Lo siento, en serio... exageré mucho. Narcisa fue a hablar conmigo hace poco y... bueno, pasó lo que casi pasa contigo, solo que aquí yo tomé la iniciativa.
Severus sonrió contento a su amigo.
— Y bueno, ¿cómo fue tu primer beso? —dijo Severus con una sonrisa de oreja a oreja.
— Buenísimo, hay que repetirlo... la invité al baile y aceptó. Bueno, ella me dijo que tú le contaste que yo la quería — le dirigió una mirada asesina —, pero eso me dio fuerzas y ahí le planté el beso, y ahí ella me dijo que también me quería...
— Eso sí es romántico, tuviste suerte, en cambio yo iba a preguntarle a Florence si quería ir conmigo pero ya alguien se me adelantó... conseguiré otra.
— Pero tenías a Bellatrix al lado —reclamó con el entrecejo fruncido el de ojos claros.
— Pero ya tiene pareja, se lo pidió Rodolphus, parece que algo pasa entre esos dos igual...
En ese momento volvió a ser lo de antes, Severus y Lucius hablaron de muchas cosas los dos dejando de lado a los otros tres, pero Federic estaba contento de que hubiera pasado la tontera de las discusiones amorosas.
Durante la semana a cada rato pasaba por el lado de Florence cuando menos la necesitaba. Ya tenía pareja y no sacaba nada con pedirle que fuera la suya porque quedaría en vergüenza, hasta en la clase de Herbología le tocó de trabajar con ella.
Ella no le dirigía la palabra, en realidad parecía antipática, pero cuando se le cayó una de las semillas y Snape se la recogió como buen caballero, le dio las gracias y le sonrió. Nunca la había visto sonreír de tan cerca. Era hermosa, sus dientes los tenía derechos y blancos. Trató de entablar conversación en ese momento.
— Tú eres Florence, ¿no?
— Sí, Florence MacDougall, y tú Severus Snape, si no me equivoco.
Severus se impresionó que supiera su nombre, jamás se lo habría imaginado.
— Sí, yo soy Severus...
Siguieron conversando sobre las asignaturas que le gustaban, los profesores favoritos, libros favoritos, pasatiempos, edad, de todo, y a Severus se le salió lo del tema del baile de Halloween.
— ¿Supiste lo de ese baile? ¿El de Halloween?
— Sí, va a estar fantástico me imagino, todos lo comentan bien...
— Sí, es cierto, tú vas con Julian Hillers, ¿cierto?
— ¿Yo? ¡No! ¡Dios me libró!, Él va con mi amiga, Samantha, a ella le gusta. Fue emocionante cuando le pidió que asistiera con ella al baile. Al final yo contesté por ella porque estaba con conmoción y no le salía la voz.
A Severus le dieron muchos vuelcos repentinos a su corazón: entonces ella no era la pareja de él, pero podía tener otra, así que se aseguraría bien antes de pedírselo.
— ¿Y con quién vas? —preguntó sintiéndose sonrojar.
— No tengo pareja, creo que a muchos les caigo mal, varios me han dicho que miro feo y cosas así, pero toda mi vida he sido así, no puedo cambiar...
— Yo tampoco tengo pareja, ¿quieres ir conmigo? — saltó Sev rápidamente, ella le sonrió.
— Claro, me encantaría. Bueno, resuelto ya el caso de la pareja, sigamos conversando de otra cosa...
— ¡Wooooooww!
— ¿Y ese ánimo? Parece que te puso de buenas el haber trabajado con Florence porque, por lo menos pudiste trabajar con ella.
— ¡Sí, pero eso no es todo! ¡Voy al baile con ella! ¡Su amiga Samantha era la que iba a ir con Julian y no ella! Es maravilloso... quiero que llegue rápido el día del baile...
Severus en realidad estaba muy contento, iba a poder ir con la chica que le gustaba y una de las más atractivas del colegio.
El día del baile todos andaban entrecortados y como en la luna, sobre todo las mujeres que a cada rato hablaban de sus túnicas y sus parejas, y de cómo se pensaban arreglar.
— ¿A qué hora empieza la fiesta? —preguntó Severus a Lucius.
— A las ocho, y son las seis y cuarto todavía. Pe...
— Me voy a ir a arreglar, quiero hacer algunas cosas a mi pelo...
—Te iba a decir lo mismo y me interrumpiste, vamos a hermosearnos —dijo con sarcasmo el rubio.
— ¿Y tan temprano van? —preguntó Michael.
Severus Se demoró media hora en el baño casi, se echó un emulsionado que quitaba la grasitud del cabello, pero tuvo que ocupar tres botellas de esa poción, pero por lo menos se le notaba el cabello con el brillo natural, sedoso y oloroso. Se empapó en perfume y se vistió con sus mejores ropas, el pantalón era negro y la camisa de un color crema. Se puso la túnica más elegante y una corbata negra de moño. Luego fue a peinarse con el look de siempre pero el cabello se le veía mucho mejor.
Había quedado de juntarse con Florence en el vestíbulo, así que iría a esperarla ahí. Menos mal que habían empezado antes a arreglarse, porque eran veinte para las ocho cuando terminaron.
— Yo espero a Narcisa aquí, nos vemos allá —dijo Lucius nervioso mirando la escalera que conducía al cuarto de chicas.
— Bueno, yo voy a juntarme con Florence, nos vemos.
Severus salió por su camino tremendamente nervioso. Muchos niños y niñas lo quedaron mirando con cara de "es un bicho raro", pero no hizo caso. Llegó al vestíbulo pero aún ella no llegaba. Se apoyó en la baranda de la escalera y se entretuvo contando las velas de la araña.
Una, dos, tres, cuatro...
— Hola.
Una voz femenina había surgido de pronto de la nada, bueno, de la superficie de la escalera. Severus giró lentamente la cabeza y se encontró con la diosa de diosas. Florence tenía suelto el cabello excepto por tos trabas que le tomaban un poco a cada lado de la cabeza, lo tenía ondulado, llevaba puesto unos aretes muy finos, un vestido largo y con un poco de escote color turquesa, el mismo color de su túnica y de los zapatos. Llevaba unos polvos suaves en la cara que la hacían ver natural.
— Hola — repitió haciendo un gesto con la mano.
— Hola, lo siento, te ves muy linda.
— Oh, gracias, tú también estás muy guapo — dijo ella sonriendo. Severus subió hasta ella y le ofreció el brazo. Ella lo aceptó y entraron al gran salón que estaba iluminado con velas de colores y en vez de estar las cuatro mesas típicas, había mesas redondas para dos personas y los respectivos cubiertos. Todo eso estaba en la mitad, y la otra mitad era la pista de baile. Había calabazas por todos lados, en las mesas había canastitas con dulces, y había contenedores también con caramelos. Murciélagos volaban a cierta altura para que no molestaran en las cabezas.
Se sentaron en una de las mesas y se miraron. Severus se puso más nervioso todavía, no podía dejar de mirarla, y se distraía viéndola lo que le impedía concentrarse en la conversación.
Poco a poco se fue llenando el Gran Salón con las parejas, y a lo lejos vio a Lucius con Narcisa que se veía muy bonita, pero no igualaba a su Florence. Vio a sus enemigos también, Potter iba con una muchacha de su casa y curso, Black con una niña de quinto de Gryffindor también, Lupin iba con una chiquilla de Hufflepuff y Pettigrew con una niña de tercero de Gryffindor. (Se podía invitar de cursos más pequeños)
Dumbledore se alzó de la mesa de profesores.
—Bueno muchachos, les quiero dar la bienvenida a la fiesta de Halloween, coman mucho, ¡disfruten y pásenlo bien!
Una música tétrica se oyó en todo el gran comedor que estremeció a todos.
—Y ahora ¿qué hacemos? —preguntó Florence mirando los platos vacíos.
—Ya lo tengo, lo vi recién: ¡Puré de papas con pollo asado! —pronunció Severus y en su plato apareció lo pedido, con lo otro había que hacer lo mismo —¡Jugo de calabaza!
Florence lo imitó y pidió comida italiana.
