Soy una condenada hija de mi madre, ya lo sé. No voy a abandonar la historia se los garantizo. Gracias por la comprensión.
Stephanie Meyer es la creadora de los hermosos personajes, yo solo los he tomado prestado.
Summary: ¿Qué haces cuando tu vida perfecta se cae? Bella Swan tenía todo lo que quería pero al ser dejada de la peor manera por su novio, todo cambia. Bella dejará de ser la niña dócil y linda que era
Undécimo capítulo: SOS
Escuchar a Rosalie gritar podía excitar a Emmett pero no a mí. Tenía los nervios de punta, la Rosalie diplomática se quedaba a un lado cuando la escuchabas maldecir como marinero.
Tuve que salir al jardín cuando recibí la llamada de Angelo.
-Supongo que debes estar ocupada- reí, eso era poco comparado a lo que estaba pasando en mi nuevo hogar.
-La vista es hermosa, es un pequeño departamento en una zona residencial simpática- le comenté. Apreciaba su preocupación por mí, los últimos días habían sido horribles. No había salido y mi única visita fue Alice quien venía con la pequeña Ella para hacerme reír un rato.
-Debes mantener la calma, ¿se quedará tu mejor amiga contigo?- ya quisiera yo pero Rosalie no era una mujer soltera, estaba felizmente casada y después de todo necesitaba estar con su esposo. Tal vez ese 3 por ciento estaba a punto de llegar.
-No, se regresa el sábado por la tarde, es casada así que no la puedo robar por muchos días, además tiene sus propios compromisos- me seguía preguntando como Angelo podía ser tan bueno conmigo después de todo lo que pasó.
-Bueno, entonces te invito a almorzar el domingo- esa propuesta llegó de manera inesperada. Recordé que Alice ya me había invitado a almorzar con su familia.
-Me encantaría pero mis amigos me han invitado a almorzar con sus padres- lo malo de la línea telefónica era que no podía ver sus expresiones faciales. Su respuesta se vio interrumpida por el grito de Rosalie llamándome.
-Angelo, disculpa, tengo que regresar a ver lo de la mudanza. Cuídate, hablamos luego- no esperé su respuesta porque el rostro de mi mejor amiga me daba miedo.
-¿Qué sucede?- su mirada se dirigió a las cajas que decían, 'frágiles'. Corrí a abrirlas, algunas eran las que empaqué en mi cuarto de hotel y otras las habían traído de Estados Unidos. Abracé a Rosalie por traer mi arte hacia mí. Aunque ni así sonrió lo que significaba que su estrés era gigante.
-Yo acomodo esto, déjenlo en el cuarto de al fondo- me dediqué el resto de la tarde a ordenar todo. Lo único que me faltaba eran los últimos cuadros que había hecho pero era obvio que llegarían más tarde.
-He ordenado la cena, dos hamburguesas dobles y aros de cebolla- reí, una reina de belleza como Rose comiendo carbohidratos.
-Ya está todo listo, es un apartamento pequeño pero vale lo que cuesta. Es demasiado difícil que los periodistas entren a la residencial- asentí. Era perfecto para mí, eso era lo importante.
Debía reconocer que Rosalie hacía magia en pocas horas, había desarmado todo mi departamento, mandado mis cosas hacia acá y todavía comprado muebles nuevos para el apartamento.
-Estás cansada- le dije cuando la vi tirarse al mueble y bostezar. Asintió.
-No hemos tenido tiempo para hablar- Rosalie me miró antes de reírse. –La que tiene que contarme muchas cosas eres tú. Eres la única que se viene huyendo de una dejada en el altar y termina con dos chicos en la cabeza porque ese cuenta de que Edward es solo un amigo que se lo trague tu tía Berenice- reí al escuchar lo último.
-Edward es solo un amigo pero lo llevo conociendo hace menos de dos semanas y puedo asegurarte que es un chico maravilloso, prácticamente ha sacado adelante a su hermana y a su sobrina- Rosalie me miró como si tuviera un tercer ojo.
-Uy sí, debemos ponerlo en un altar. Ese es tu problema, la gente no es solo maravillosa Bella, todo llevamos una cruz y por lo que dices la de él debe ser esa ex prometida desquiciada- asentí. Tenía muchas dudas sobre eso pero no había mucha confianza como para preguntar.
-Por otro lado esta Angelo, sobre él no sabes mucho. Es decir, hace años puede haber sido un amor pero las personas cambian y por lo que me contaste fuiste muy maldita cuando lo dejaste. Él te acompañó al inicio de tu carrera y lo dejaste en el aeropuerto- cada vez que me acordaba de eso me hacía sentir mierda, ilusamente creí que no encontraría mi pasaje en el bolso y me persiguiera hasta los últimos instantes.
-En conclusión, ábrele las piernas a quien quieras pero tu corazón a ninguno Isabella, ahí es cuando te vas a joder y tienes que ser sincera, vas a regresar a Estados Unidos en algún momento- su mirada se clavó en la mía. Era verdad, regresar era inevitable.
-A veces me sorprende que seas hija de un diplomático, eres una vulgar- ambas empezamos a reír.
-Es la verdad del asunto. Estás soltera, el chucho ya no molesta así que tu vida es lo de ahora. Haz amigos, diviértete, ya en algún momento llegará el amor de tu vida, te casarás, tendrás gemelos, uno me lo darás de paso y serás feliz- amaba eso de Rose, dejaba de lado su propia cruz para hacerme sentir mejor.
-También llegará el bebé que tanto esperas, tal vez estás destinada a darle amor a un bebé que te está esperando al otro lado del mundo- la mirada de mi mejor amiga me dolió en el alma. Era tan difícil ver que lo único que quería era lo que no podía tener.
-Hay algo que no le he contado a nadie. Hace una semana llegó una madre a emergencias, eran las tres de la mañana por lo que no hay mucho personal disponible, me tocó asistir a un colega, luego hice la ronda post operatoria, cuando entré vi a la mujer con su niña en los brazos, levantó el rostro y me confesó que la odiaba, que cada vez al ver su rostro recordaba a su violador. Me la ofreció de una manera noble, diciendo que no quería dinero solo que su hija tuviera una vida con padres que la amaran de verdad, te juro que quise decir que sí- sin darme cuenta mi rostro se había llenado de lágrimas.
-¿Por qué no la aceptaste?- le pregunté.
-Porque no lo sentí para mí, la miré un largo rato y no sentí nada por ella Bella. ¿Qué va a pasar si decido adoptar y nunca siento una conexión con el bebé? ¿Cómo voy a criarlo, decirle que lo amo cuando sé que no es así?- no sabía que decirle, solo me acerqué para darle un abrazo.
-Yo creo que cuando veas a tu bebé lo sabrás, tal vez no sea rubio ni con ojos azules pero te vas a ver a través de sus hermosos ojitos y sé que lo vas a sentir porque mereces ser madre Rose, ambos tienen mucho amor que dar- ella me sonrió.
-Ya veremos que sucede promiscua- empecé reír como loca, hace años que no me decía así.
Debía reconocer que ambas tuvimos una época loca, salíamos todos los fines de semana y terminábamos con una resaca horrible además de uno que otro hombre al lado. No era una santa paloma pero estaba tratando de encaminarme a algo luego de que mi papá falleció, después de un tiempo me di cuenta que ese ritmo de vida no era para mí.
-Voy a llamar a Emmett, me ha estado reventando el teléfono, báñate para que luego de comer duermas como un bebé- Rose salió de la sala para tener una charla privada con su esposo.
Luego de ponerme ropa de noche recibí un mensaje de Alice.
'No hemos podido hablar porque he tenido algunos problemas con Ella, pero te mandamos saludos y una fotito del primer plato que he preparado en mi vida'
La imagen me hizo reír un par de minutos, Alice era la única que sonreía mientras que Edward y Ella tenían cara de asco.
´Hemos estado haciendo todo lo del apartamento así que no ha pasado mucho la verdad. Mañana Rose se irá en la tarde pero los invito a que tomemos desayuno juntos, quiero que la conozcan, ojalá no tengas que estudiar mañana´
La invitación me salió de manera natural, en verdad quería que conocieran a mi mejor amiga.
'Aceptamos la invitación, mañana llegaremos puntuales. Cuídate mucho'
Entré a mi cocina para hablar con Rose.
-Tendremos acompañantes en el desayuno, invité a mis amigos- Rosalie me puso mala cara.
-Sabes que no tengo el mejor humor en las mañanas pero bueno, la comida ya está- lo único que estaba claro era que la conversación con Emmett no había salido muy bien.
-¿No vas a comer conmigo?- le pregunté cuando la vi guardar su bolsa de comida en un táper.
-Se me ha ido el hambre, me voy a dormir, buenas noches- cuando salió de la cocina, prendí el televisor para distraerme con un programa nocturno.
Sin darme cuenta a la mañana siguiente me encontraba sentada esperando que mis amigos llegaran. Felizmente éramos pocos porque solo había desempacado lo esencial. Rosalie estaba inusualmente callada por lo que se podría escuchar un alfiler caer al piso.
Cuando el timbre sonó salí para abrirles, todos estaban sonrientes y Alice tenía en sus manos un pie de manzana. Reí, estaban locos.
Hice las presentaciones respectivas e inmediatamente noté que el humor de Rose iba mejorando. El desayuno resultó una experiencia agradable, Rosalie congenió muy bien con Edward así que hablaron de política y cultura en general; en cambio, Alice, Ella y yo hablábamos del arte.
-¿Cuándo te vas?- le preguntó Alice a Rose.
-En la tarde, a las cinco. Luego tengo una cena de trabajo así que se pueden imaginar que dormir está sobrevalorado- Edward asintió. –Eso es muy cierto, a veces pienso para qué me echo a dormir tres de la mañana si a la siete tengo que estar de pie nuevamente- Alice le dio una mirada burlesca.
-Cualquiera que te oyera pensaría que eres un mártir- todas reímos. –Diseñar edificios no es tan fácil como parece, respeten mi profesión por favor- el rostro de Ella era muy divertido, tenía una mueca en el rostro como diciendo 'eres un trágico'.
-¿Cómo conseguiste este apartamento?- le preguntó Edward a Rose.
-En realidad fueron los de bienes raíces, les expliqué que necesitaba algo privado, me mandaron las fotos y escogí este porque era el más accesible en cuanto a poder conseguir mueblería y todo eso- mentira, esta era una de las propiedades de sus padres, solo que no lo diría porque no le gustaba hablar sobre su familia.
-Me da gusto que Bella haya encontrado amigos como ustedes, me quedo más tranquila y definitivamente están invitados a mi casa si alguna vez van a Los Angeles- Ella pareció la más emocionada con la idea.
-Yo quisiera conocer Disneyworld- me comentó. La ilusión en sus ojos hacían que mi corazón se derritiera, al pequeño bicho le había tomado cariño.
-¿Nunca has ido?- cuestioné. –Fui pero al de Francia hace algunos meses, dicen mis amigos que el de Estados Unidos es más bonito, más grande y que las montañas rusas son geniales- su emoción era contagiosa.
-Deberían irse cuando tu papá regrese, ¿cuánto tiempo se quedará?- Ella me sonrió. –Dos meses, luego regresará para Navidad- cada día admiraba más a Alice, solo ella podría vivir ese ritmo de vida, veía a su esposo dos veces al año y aun así mantenía una sonrisa en el rostro a diario, criaba a una niña y mantenía un hogar.
-Le diré, ojalá quiere ir. Cuando regresa solemos salir a distintos sitios, ya falta poco para que regrese- le sonreí, esa niña era muy fuerte.
Con Rosalie nos encargamos de limpiar los platos mientras que Edward y Alice me ayudaban a acomodar mis adornos en la sala. Cada uno de ellos tenía un significado especial.
-Esta zapatilla de cristal se la regaló su papá, en el año en el que se graduó- al escuchar a Rosalie contar una historia tan personal me hizo darme cuenta que ella significaba familia para mí. Tal vez papá se había ido y me habían mandado una especie de ángeles guardianes.
Ya estaba pensando idioteces.
-¿Cuál es la historia detrás de este cuadro que no tiene foto?- reí junto con Rose.
-Estuve saliendo con un músico hace años, me invitó a una de sus tocadas donde de alguna extraña manera se convirtió en una especie de bingo donde me lo gané. Lo guardo porque me da risa, la situación fue ridícula- tenía las costumbres arraigadas, no coleccionaba objetos pero sí las cosas especiales que me hacían recordar situaciones únicas.
Alice tuvo el hermoso gesto de colocar al centro de mi chimenea la foto que mi papá y yo nos habíamos tomado cuando todavía vivíamos juntos. Aparecíamos ambos comiendo hamburguesas en su fast food preferido.
Cuando nos dimos cuenta de la hora ya Rose tenía que partir al aeropuerto, insistí en acompañarla pero no me dejó alegando que no quería a los paparazzis molestándome. Ni bien se fueron todos me dediqué a bosquejar un rato hasta que me quedé dormida.
-¿Cómo te llamas?- reí. Lo primero que me pasaba cuando me emborrachaba, me reía como loca.
– ¿Qué nombre deseas ponerme?- le pregunté mientras me acercaba más a él. Lo vi dudar pero luego de darle un vistazo a mi escote me abrazó a él. –Edward, me llamo Edward… - pero lo interrumpí al darle un beso. Estaba caliente y el ojiverde no ayudaba con lo ajustada que traía esa camisa.
-¿Quieres ir a conversar en un lugar más privado?- asentí ante su propuesta al ver que tenía la tarjeta de un cuarto de hotel.
De camino a la salida del bar recuerdo haber posado con él para una foto, luego corrimos hacia el taxi para que nos llevara al hotel.
Me levanté desorientada, luego comprendí lo que mi sueño trataba de decirme.
Había conocido a Edward mucho antes de lo que pensaba.
Y me había acostado con él.
