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Abre los ojos con una enorme sorpresa y una sensación en el pecho, una horrible sensación en el pecho lo invade. Su boca se abre y se cierra levemente tratando de articular alguna palabra, mas sin embargo se ve incapaz de que de sus labios salga algún sonido.
Christophe no se atreve a levantar la mirada, no aún. No aún después de que le dijo lo que creyó que jamás le diría a él. En otras ocasiones, en otras ciudades, solo desaparecía, ni siquiera se molestaba en avisarles a las personas con las que convivió que se iría para no regresar; pero todo era diferente en esa ocasión, pues en Damien había hallado a alguien a quien querer y lo mejor es que le era correspondido. Si, era cierto, lo quería, lo quería mucho, y por ello era tan difícil el solo considerar el tener que irse de ese pueblo, que por mas que quisiera negarlo, internamente sabía que su estadía allí fue asombrosa. Junta sus manos y las aprisiona la una con la otra con fuerza, pues siente un calor invadirle el cuerpo, una desesperación y una inmunidad ante la situación a la que tiene que sobrellevar. Se queda un momento en silencio, de a poco, alza la mirada y observa a Damien, tratando de entender cada rasgo que su rostro muestra, tratando de creer que aquello no era tan malo como se lo había imaginado. La mirada del contrario parece perdida y no duda en tratar de mezclar sus miradas. Lo mira fijo, con una cara a algo parecido a la decepción, o la pena por si mismo. Se sentía mal. Se sentía mal porque hacía sentir mal al otro. Cinco palabras fueron suficientes para condenarse a ambos a lo que de seguro sería una mala experiencia. Malos recuerdos. Una historia inminente.
Damien, por su parte, solo siente como su mente está en alguna clase de shock. ¿Está hablando en serio? ¿O de verdad que esa vez quiso exagerar sus bromas? No sabía que pensar. Se siente de regreso en el mundo real, cuando nota que el otro lo miraba fijamente, cosa que no dudo en corresponder. Sus miradas ya no expresaban la felicidad que solían transmitirse por el hecho de estar juntos, ahora la duda proveniente de ojos color rubíes y la tristeza de parte de un par de ojos marrón, se juntaban, solo para dar paso a lo peor.
Un silencio que atormenta está presente, y lo malo era que ninguno sabía como debería deshacerse de él. No sabían que mas decir porque sabían que ahora su tiempo estaría contado. Cada palabra contaba, y aparentemente, ya no había tiempo de sobra para bromear sobre todo.
-N-no puedes estar hablando en serio.
Su voz es débil, pues no creía en lo que había escuchado, o por lo menos no quería creerlo. Chris solo vuelve a bajar la mirada, y se queda así, en más segundos de su propio silencio. Esto no le agrada nada al pelinegro ¿porqué hacía eso? ¿Por qué no le decía nada? ¡¿Porque no respondía?! Sabía que el había llegado de otra ciudad, y sabía que no era la primera vez que lo hacía, mas nunca se imaginó que se iría de allí. Por alguna razón no lo considero y era feliz sin considerarlo, y ahora, joder, tendría que... no, no sabia que tendría que hacer, pues aún no se lo terminaba de creer.
-Chris, por el amor de Dior, ¡dime que está bromeando!
Se pasa una mano por el rostro, y el otro le dirige una mirada neutra. Lo mira directo a los ojos, pues pretende que sea totalmente entendido por el azabache. Se sienta a las orillas de la cama para quedar mas cerca del otro, quien mantiene los ojos cerrados, presionándose el puente de la nariz y esperando una respuesta.
-Damien...- Dice para que este lo vea. -No estoy jugando. No estoy mintiendo. Lo que escuchaste: iré a Francia.
El mayor retira la mano de su rostro, y se sienta con la espalda erguida.
-¿Por qué? ¿Por qué ahora? ¡¿Por qué carajos lo haces?!- Dice con una voz semejante a decepción. El castaño vuelve a suspirar.
-Madre así lo ha dictado. Así estaba previsto.
-¿Así que sabías que esto pasaría? ¡¿Que no tienes voz propia?! ¡Dile que no quieres irte!
Su volumen de voz iba aumentando con cada palabra. Fruncía el ceño. Chris quería mantenerse tranquilo, pero el como el otro le comenzaba a gritar le estaba desagradando bastante, pues el no lo decidió.
-No, no sabía que pasaría, aunque siempre sea así. ¡Yo no pude negarme! Y si lo hubiera hecho, no me harían caso, pues es algo que ella necesita hacer.
-¡Joder! ¡P-pero deben de tener opciones! ¿Porqué Francia? ¿Porqué tan lejos?
-¡Yo no se! ¡Yo no se nada, maldición! Es algo de familia, algo que se debe cumplir y ya, solo porque así se necesita.
-¡¿Y quien carajo lo necesita?!
Christophe se queda en silencio, observándolo, pensando. Ciertamente, el no sabía mucho de la situación, y aunque quisiera saberla, le especificaron que su tiempo de saber sería a futuro. A pesar de ello, su madre ya le había contando algunas cosas, el día anterior a ese, cuando le pidió amablemente que hablara con ella. Fue clara: Ella se iría unos días antes, él días después. Dos aviones, un par de viajes por carretera. Las razones se las compartiría antes de marcharse; pero por el momento, el no sabía mas. Joder, es que, ni siquiera estaba seguro de la profesión de su madre, y nunca antes deseó el momento para hablar con ella para enterarse bien de una vez por todas. Pero eso si, un apellido le dieron, y sabe que desde el momento en que pise el país extranjero va a tener que respetarlo pues de el, prácticamente, depende su existencia. Eso le han dicho.
Se quedó unos segundos más meditando todo. Damien se desesperaba, pues sencillamente le molestaba que el otro no le dijera nada, y si le decía, lo hacía a medias.
-Chris... - llamó él para que de alguna forma, le prestara atención.
-Beaumont.
-¿Qué?
-Beaumont. El lo necesita.
Lo miró dudoso. ¿Para que necesita este tal Beaumont a Chris? Un segundo... ¿Que no Beaumont es un lugar en Texas? Bueno, no importa, al fin y al cabo jamás memorizó bien las cosas en geografía. Pero no cree que el otro se refiera a Texas, así que lo toma como apellido; francés, supone. Y por alguna razón, la forma calmada en la que el otro le habla, también lo tranquiliza un poco. Inhala y exhala despacio, pues puede que no tenga caso molestarse por algo que el no sabía, sin embargo no dejaba de sentirse mal. Mueve la silla donde está sentado (gracias a las rueditas de la misma), y se acerca mas al otro, sin embargo antes de hacer nada, el otro toma la palabra. El castaño lleva una mano a la mejilla del otro, y la acaricia levemente con la palma de su mano.
-Joder, Damien. Ni siquiera sé que es lo que quiere ese hombre... ¿Qué se supone que quiere de mí? ¿Qué puede obtener de mi?- Pregunta retóricamente. El pelinegro lleva su mano hasta su mejilla y toma la mano que lo acariciaba. Las baja, y las reposa sobre su regazo.
-Es estúpido, Chris.- Dice calmado... demasiado. Con la mirada perdida en X lugar de la habitación. Suspira, solo para detonar de nuevo. -¡Es una puta estupidez! ¡Tu no puedes irte!- Apretó la mano del otro con fuerza.
-Damien, tranquilo...- Dijo ignorando el hecho de que presionaba su mano con bastante fuerza. Lo lastimaba; su mano tenían algunos golpes.
El ojirrojo clava la mirada en la del otro, y tristemente para ambos, era una mirada de desesperación. Chris lo mira con algo de preocupación y al otro solo le da por soltarle la mano con brusquedad.
Su mente de a poco se volvía un enredo, y la respiración se agitaba. ¿Por qué? si solo tenía a Christophe enfrente, diciéndole que ya no se verían ¿Eso no era tan malo? ¿o si? ¡Pues claro que si! Si eso no es malo, entonces ¿Que lo es? E-es decir, ¡¿que mas daba ahora?! Joder, ¡ya hasta se había acostumbrado a él! A su persona, a su aroma, ¡a su todo! ¿Regresaría a sus días de soledad? No, no podía ser así, ¡el no quería eso! El no quería quedarse solo, el no quería que el se fuera, el no quería... el lo quería a él.
La mano que antes sostenía la del otro permanecía en su pierna, y temblaba un poco, y Damien la observaba, observaba su propia mano. Christophe notaba como una extraña falta de brillo en los ojos del otro se hacía presente, y cedió ante sus propias emociones. Se sentía terrible, pues ahora provocaba en el otro chico toda esa... desesperación, o lo que sea que el otro estuviera sintiendo. Un dolor interno lo afligía y lo sofocaba. Joder, era un maldito por hacer todo eso, y no sabía que hacer, así que hizo lo primero que tuvo en mente: abrazó rápidamente al otro. Hundió su rostro en el hombro ajeno y lo abrazaba por la cintura con fuerza, como tratando de que nunca se fuera. A Damien lo tomó por sorpresa, pero no se opuso. Al contrario, correspondió al abrazo con fuerza y un odioso nudo en la garganta surgió de repente.
Y se quedaron así por minutos, sin querer soltar al otro, como si se transmitieran de esa forma las palabras que puede que nunca se dirían, como si de esa forma todo se evitara. La respiración del mayor se aceleraba, y Christophe escuchaba pequeños sollozos; definitivamente se iba a odiar de por vida por ser el causante de esas cosas. El castaño separo un momento el rostro del pecho del otro, solo para mirarlo a los ojos, solo para asegurarse de que lo peor no pasaba. Damien lo miro con cierta ternura; si, respiraba entrecortadamente, pero por suerte, no lloraba. No lo haría, no frente a él. El francés sonrió, y lo besó superficial y fugazmente; no pudo resistirlo al verlo así.
El ojirrojo se separó del abrazo, y a pesar de no querer escucharlo, no quería quedarse con esa pesada duda.
-¿Cuándo te vas?- Preguntó con algo de temor. Chris torció los labios, pues ni él estaba a gusto con la respuesta. Se quedó un momento en silencio, y respondió sin titubear.
-Este martes.
Los ojos del mayor se abrieron con sorpresa. Mierda... ¡Eso sería en dos días! ¿¡Cómo alguien viaja de un día para otro?! ¡Las cosas se planean con tiempo, señores! no así t-tan... tan repentino todo. Todo tan repentino, que duele. Su labio inferior tembló un poco y en su mirada regresó esa tristeza que ya comenzaba a calmarse. Agachó la mirada, y prosiguió hablando.
-¿Y la escuela? ¿Ni siquiera esperarás a que finalice el curso?
-Eso seria mucho tiempo... me dijeron que todo eso lo tenían arreglado.
-Maldición.- Susurró Damien para sí mismo.
-Damien, mírame.
Chris alzó la barbilla del otro, haciendo que este lo mirara. Se observan en silencio, y el tiempo parecía detenerse. Allí estaba de nuevo; allí estaba esa mirada cálida que tanto le fascinaba a Christophe.
-Todo estará bien...- Dijo sin pensarlo realmente. -De alguna forma, puedo asegurarlo.
-¿En serio? ¿Como puedes decirlo tan seguro?- El castaño sonríe.
-No lo sé. Solo sé, que al final, todo estará bien.
Damien se contagia de dicha sonrisa aunque de forma triste y por alguna razón, creyó abiertamente a lo que el chico le decía.
-¿Y tus amigos? ¿Y tu hogar? ¿Y yo? ¿Y tu mascota?...
-Yo no tengo mascota.- Interrumpe, esbozando una sonrisa divertida.
-No me interesa. Consíguete una y ten otra excusa para quedarte.
Se para de la silla, y antes de que proteste, se sienta en las piernas del otro. Le rodea el cuello con ambos brazos y le planta otro beso directo en los labios. El contrario corresponde gustoso y lo abraza por la cintura.
Tiempo pasó sin dar señales de ello mismo, pues trataban de disfrutar el momento, trataban de sencillamente olvidar todo aunque sea un poco. Que mas daba intentar lo improbable, sería casi imposible devolver las cartas que ya se han entregado. Solo... querían ignorar el hecho de que en unos días todo volvería a cambiar, desgraciadamente, para su mal; o bueno, eso no lo sabían ellos. Al carajo todo, ellos solo querían aprovechar el poco tiempo que de seguro les quedaba, ya verían que podrían hacer en otro momento.
Sus besos demostraban cariño, se abrazaban con fuerza y su mente se perdía en la sensación de tener al otro cerca. El sentimiento de vacío que había llenado el sentir de Damien una vez anunciada la noticia, era remplazada por vuelcos en el estomago que le recorrían el cuerpo entero cada vez que agradables sensaciones lo invadía; sensaciones provocadas por las manos del otro recorriéndole la espalda, sensación de los cabellos del otro entre sus dedos y sus lenguas jugueteando mutuamente. Cada leve roce lo sentían con gran intensidad, cada movimiento podían sentirlo en su máximo esplendor. El silencio que dominaba la habitación y el resto de la casa era perturbador por suspiros que debes en cuando se le escapaba a cualquiera de los dos y la ligera penumbra que antes había en la habitación se intensificaba, pues de a poco, en el exterior, el sol se ocultaba, dejando tras de él un cielo rojizo digno de cualquier atardecer que osa llamarse perfecto. El frío era compensado por el calor de sus cuerpos. Las corrientes frescas de aire eran casi inexistentes, pues se abrazaban, se abrazaban de frente estando ambos recostados en la cama, entrelazando sus piernas; posición adoptada después de los primeros cinco minutos. Todo parecía tan irreal. Todo parecía tan calmado. Sus labios danzaban al son de una lenta canción y el sonido de las ramas de algún árbol chocando levemente con el vidrio de la ventana era, de alguna forma, arrulladora.
Y apenas notaron, cuando una extraña música comenzó a sonar. Damien se separó de inmediato, solo para llevar su mano a su bolsillo y sacar su teléfono celular. Presionó algo en la pantalla y la música se detuvo; dejó por allí el teléfono, a la deriva en algún lugar de la cama. Antes de que Chris pudiera decir algo, el azabache lo tomó por ambas mejillas y volvió a besarlo. El otro le dio solo por sonreír ante lo raro que era el otro. Y continuaron en lo suyo, sin embargo, no pasó mucho antes de que de nuevo la música se oyese. Damien gruño y tomó su celular.
-Contesta.- Le dijo, antes de que rechazara la llamada de nuevo.
Damien rodó los ojos y se sentó, obedeciendo al otro, quien solo lo observaba mientras hablaba con quien sea al otro lado de la línea. El ojirrojo respondía desinteresadamente con 'Ajá. Si. Ya sé. Uhm.' y colgó sin despedirse. Suspiró pesadamente.
-Debo irme.
Chris baja la mirada y hace una mueca de disgusto. Se levanta y revuelve su cabello. El contrario lo imita y se alza de la cama, reacomodándose la camisa también. Y casi como si ya supieran y leyeran los pensamientos del otro, instintivamente se acercaron el uno con el otro y se abrazaron, sintiendo la calidez del cuerpo ajeno una vez más. Lo hacían con delicadeza, como si tuvieran temor de causar daño; como si trataran de que el otro chico fuera algo frágil que tuviera que tratarse con extremo cuidado. No tardaron demasiado, y procedieron a salir de la habitación, bajando por las escaleras y saliendo ambos al patio, esto porque Chris no quería que su madre (si andaba por allí) los notara.
-Así que... ¿Te veo mañana en la escuela?- Preguntó el azabache con una sonrisilla.
-No.
Se disgustó consigo mismo e hizo una mala mueca. Damien abrió un poco la boca por la sorpresa.
-P-pero en serio no irás a...
-Desde mañana faltaré.
-Chris... es decir, ¿ni por tu ultimo día de clases? ¿Ni siquiera para despedirte?
-¿Y de qué serviría eso? ¿Con eso evitaré irme?
-No estoy diciendo que algo cambie, solo que sería bueno para...
-¿Para quien? ¿Para los miles de amigos que tengo? No gracias. -Frunció el ceño y desvió la mirada.
-Solo digo, que por lo menos por amabilidad deberías hacerlo.- Se disgustó.
-Mira quien habla de amabilidad- Rueda los ojos por la aparente ironía. Damien frunció ligeramente el ceño, sin embargo prefirió no seguir con el tema.
-Como sea.- Suspira y se relaja. Chris se acerca al otro y le pasa una mano por sus cabellos, para después acariciarle un poco la mejilla.
-Lo siento. Se que debería mencionárselo por lo menos a Greg, pero, no quiero molestar a nadie.
-Pues eso ya es decisión tuya. - Mencionó en tono neutral.
Le devolvía la mirada. Después de eso ambos, sin palabras, caminaron un par de cuadras. El cielo ya estaba obscuro y el manto de estrellas era cubierto por nubes espesas sin deseos de dejar a la vista el brillo de los astros. Las luces de las calle es lo que permitía su visión. El aire se había calmado un poco, y el frío no era tan crudo como lo habían pensado. Christophe se detuvo de repente, a un par de metros de la siguiente calle. Indica que debe regresar, y el azabache lo comprende. Se rodean mutuamente con sus brazos por un pequeño momento, sintiendo una melancolía por lo que sea que pasará. Se despidieron; fue una despedida como cualquier otra, pues creían firmemente que esa no era una despedida definitiva. Con suerte, se volverían a ver al día siguiente.
Se quedó unos segundos observando como se alejaba mientras este avanzaba por las obscuras sombras de los árboles que estaban sobre la acera. Dio la media vuelta y regreso a su casa. Entró sin hacer mucho escándalo, cerró la puerta tras de si mismo. Ya había unas cuantas cajas vacías en el estudio, de seguro para comenzar a guardar todo. Su madre apareció por la sala y de allí, al estudio. No se equivocó, pues ella introdujo en dichas cajas los libros que cargaba. Pronto la mayoría de sus pertenencias también estarían allí. Agacha la mirada y sube las escaleras. Abrió la puerta, solo una lámpara estaba encendida. Avanzó, se recostó sobre su cama, y después de unos momento de pensamientos triviales y molestos, giró a ver su armario; el también debería comenzar a empacar. Pero no hoy, no esa noche. Ya tendría tiempo para eso la tarde del día siguiente, después de comer algo y de despedir a su madre. Ella se iría un día antes, no entendía el porque, pero siempre fue así. Supone que en ese momento es cuando se le explicará todo, y eso espera. Todo tendrá sentido, y en seguida, se quedaría solo en casa como es lo habitual, y al día siguiente, algún sujeto uniformado pasará por él.
Todo está planeado, todo está arreglado. Todo lo tienen bajo control, y pareciera como si eso nunca les fallaba. Lo que querían, lo conseguían, solo hacía falta algunas influencias y ellos tenían muchas. No, ellos eran la influencia principal, ellos movían todo, lo que dicen, lo hacen, así de fácil.
Paseó su mirada por la habitación. No era la mejor que había tenido, pero sin duda le agradaba bastante. Grande y sin muchas cosas, justo como le gustaba; no tenía más de lo que consideraba necesario. Observa los objetos en el suelo, las cosas rotas y tiradas sin compasión victimas de una ira pasada.
Esa misma tarde, cuando madre le informó que era momento de irse una vez más, en lugar de tener una tristeza, sintió molestia total. Ella se lo comentó seriamente, y el se quedó en silencio, en total silencio. Su mente se volvió vacía y ella seguía viéndolo sin mucha emociones reflejadas en su mirada, esperando una respuesta que nunca recibió. Normalmente hubiera comenzado a preguntar hacia donde irían un tanto emocionado, pues le gustaba conocer lugares nuevos, sin embargo esta vez la noticia fue paralizante, por así llamarlo.
"Necesito que comiences a empacar. Nos iremos del pueblo"
Palabras simples y totalmente tóxicas para él. Intentó contradecir, por lo menos preguntar, pero su voz no salía de sus labios. Ella solo continuó hablando.
"Beauvais: No está muy lejos de París. Allí residiremos de ahora en adelante. Tienes hasta el martes."
Y el solo se alejó, sintiendo un nudo en su garganta. No quería saber más, no quería escuchar más, de momento. Salió del estudio, se encerró en su habitación y una impotencia lo invadió. Solo le quedaba dejarlo salir de alguna forma, desquitarse con lo que sea. Cerró las cortinas, la luz lo molestaba. Omitió el querer gritar, lo escucharía. Gruño internamente. Su respiración se agitaba. Tiró las cosas de la repisa, y golpeó la pared varias veces hasta hacerse daño en la mano. Una lágrima escapó de sus ojos y a pesar de estar solo, la limpió de inmediato. Se calmó por un momento, tomó su móvil, tecleo un poco y envió. "Mi casa. Ahora. Tenemos que hablar." Y solo restaba anunciarlo. El resto, es historia.
Ahora el se recostaba de lado, y su vista divisó a su jirafa. La recogió del piso delicadamente y la puso sobre su mesita de noche, dejando que Dior lo observara. Lleva la mano hasta la lámpara que está en la misma mesa y la apaga. La obscuridad lo reconfortaría de alguna manera, la idea le agradaba. Solo dormiría un rato; si, eso haría. Pasaría lo que tuviera que pasar, no consideraba pelear una guerra perdida. Reservaría sus alientos para lo peor, pues era probable que aún eso no llegara.
...
Se alejó caminando a un paso apresurado. Cruzaba calles y calles, revisaba la hora de vez en cuando un poco preocupado por lo que sea que pudieran decirle. Eran las nueve treinta de la noche, relativamente tarde para alguien con un padre estricto con los horarios de llegada. El frío comenzó a sentirse, pues no portaba más que una simple camisa de mangas cortas. Entró a la residencial donde habitaba y zigzagueó por unas cuadras más hasta que, por fin, traspasó las rejas que delimitaban su propiedad. Avanzó por el patio y observó luces apagadas en el interior de la casa.
Giró la perilla de la puerta principal y entró en silencio. Por suerte, su padre no estaba presente; a veces tenía sus ventajas que su progenitor se durmieran a tan jóvenes horas de la noche. Cerró todo con llave y subió por las escaleras hasta su habitación, donde solo llegó y se aventó sobre la cama. Esta estaba desarreglada, por lo que solo le bastó quitarse los zapatos para meterse bajo las sábanas. No se quitó la ropa que portaba, ni pensaba hacerlo.
Estaba psicológicamente agotado. Recuerdos se le venían en masa a la cabeza, al igual de una gran cantidad de dudas sin lógica respuestas. ¿Tenía caso evitarlo todo? ¿Fingir le ayudaría de algo? ¿Evitar? ¿Evitar qué? ¿Lo que no tiene solución? Quizás, de alguna forma todo se arregle. Siempre hay una solución para todo ¿no? Eso no sirve si te han confirmado lo peor. ¡Pero se pueden encontrar alternativas! No todo tiene que acaba mal. ¿Alternativas? ¿Para qué? ¿Para qué al final te des cuenta de que todo esfuerzo es en vano? No hay alternativas, el destino fue sellado por sus labios al confirmarlo. No... ¡No! ¡No puede acabar así! De alguna forma eso no es merecido. ¿Merecido? ¡JA! ¿Y que se supone que deben merecer? ¿Un gran premio por las personas más responsables, simpáticas y buenas del mundo? Lo dudo rotundamente. ¡Pero no somos malos! ¡¿Eso no es suficiente?! No, no lo es. La vida no es una conformista. Acostúmbrate. ¿Acostumbrarme? ¡¿Acostumbrarme?! ¿A qué? ¿A una bazofia como vida? ¡De ninguna forma! Bien ¿Ya ves? Tú tampoco eres tan conformista y marica como se cree. ¡¿Y quien carajo lo cree?! ¡Me interesa un reverendo comino lo que se cree! Ajá, dime más. ¡A la mierda con eso! ¡A la mierda con todo!
Su mente era un desastre. Una impotencia lo invadía y lo molestaba, y una duda creaba nudos en su garganta. Se sentía débil, no sabía que más hacer. Se pone en una posición fetal y se abraza, cerrando sus puños con fuerza. Cerró sus ojos esperando dormir; esperando... despejar su mente.
Claro. Pero, ¿Eso es definitivo? ¿De verdad quieres echar todo a la basura así por así? ¿Te das por vencido tan fácil? Bueno... no. Estoy seguro que no me daría por vencido tan pronto. No si es por él. Uhm, con que por él, eh. Debes de apreciarlo. Lo quiero. ¿Entonces porqué no intentas algo? ¿Intentar? ¿Que? Lo que creas conveniente. No finjas que deseas quedarte quieto. ¡Pues claro que no me quedaré quieto! ¿Que piensas hacer entonces? Uh... Buena pregunta. Correcto. Se nota que rebozas de imaginación. ¡Hey! ¡Yo tengo imaginación! Por el hech... Shhht, calla, pierdes tu tiempo. Tiempo. ¿Cuanto crees que nos quede? El que quieras. El que te propongas. El que desees esperarlo. Esperarlo... ¿Lo volveré a ver? Si es que... nos queda... ¿Te quedarás quieto? Haz algo. Podría, despedirme y... despedirlo. ¿Es definitivo? ¿Te das por vencido tan fácil? No... Yo, lo quiero. No lo merec... No tiene solución. ¿Insistirás? Todo tien... Solución... ¿Fingirás estar bien para él? ¿Y en la mañana?...
Todo perdía sentido. Todo perdía coherencia. Se ha perdido en algún mundo de sueños, esperando escapar un rato de la locura que era la realidad. La ficticia realidad que vivía y se adentraba cada vez más.
Y he allí el onceavo capítulo.
Ahora; tienes la oportunidad de sacarme una gran sonrisa, seap. Solo dime lo que piensas acerca de como va el rumbo de esta historia y trata de no desearme cosas malas por -de nuevo- las dudas y bluh bluh, eso.
Création, se despide.
