Nos despedimos de Kankuro y Temari, subimos al auto y Naruto nos llevó a casa. Inari estaba tan cansada que se durmió en el asiento trasero. La cargue hasta su cuarto, la casa estaba en silencio. Naruto se marchó a su casa, bajé y me tiré al sillón.
-Qué bueno que la encontraste, estaba preocupada por ti – dijo mi madre saliendo de la cocina – Itachi me contó todo, tu padre y él estaban muy preocupados.
-Por suerte estaba en casa de Gaara – mi madre me miró con los ojos abiertos – Se quedó con Temari – mentí.
-Oh, bueno – sonrió – Es mejor que vayas a dormir, mañana hay escuela.
Subí rápidamente, nada más me quite la camisa y me tiré a dormir. Desperté a la hora de siempre, todos estaban desayunando tranquilos. Inari aún no había despertado, mama me envió a llamarla.
-Inari ya está el desayuno – la puerta se abrió y salió mi prima, vestida para la escuela.
Al bajar, Itachi y mi padre la abrazaron casi asfixiándola.
-Inari-Chan, no tienes idea de cómo nos preocupamos por ti – decían mis padres.
-¿Dónde te habías metido pequeña? – preguntó Itachi, sentándose a desayunar.
-Me quede en casa de Gaara – respondió de los más tranquila, todo en la mesa la miraron, sobre todo mi padre e Itachi – Estaba con Temari.
Resoplaron y continuaron comiendo. Al terminar, Itachi nos llevó en el auto. Inari se fue con Hinata, Sakura, Temari, Ino y TenTen. Los chicos me esperaban en el salón, hoy teníamos gimnasia con el profesor Gai. No pude evitar soltar una risotada al ver a Lee vestido exactamente igual al profesor Gai. Se veía realmente ridículo, después de que nos burláramos de él, comenzamos a hablar de otra cosa.
-Esa Matsuri, se pasó de la raya – dijo Shikamaru tronando sus manos.
-Si no fuera mujer… - Kankuro alzó su puño al aire.
-Ya arregle las cosas con Inari, ella… - Gaara se sonrojó.
-¿Ella qué? – pregunté.
-Ella me perdonó – estaba seguro de que me estaba mintiendo.
-Aja sí, claro – dijo Kiba sarcásticamente.
-¿Por qué no dices que la besaste y ya? – se burló Naruto.
Gaara quedó mudo.
-¿Cómo lo sabías? – preguntó nervioso.
-Yo… solo bromeaba, Gaara – río Naruto.
Para la clase de gimnasia, el profesor Gai nos envió a todos a los vestidores. Claro que las chicas en uno y los chicos en otro. El maldito pervertido de Sai, con ayuda de Kiba, se treparon a los casilleros de los vestidores; para poder ver a los vestidores de chicas.
-Oh dios mío, puedo ver a Ino – babeaba Kiba.
-Kiba eres un imbécil – Sakura le lanzó una toalla y Kiba cayó sobre Sai.
Todos nos reímos en sus caras. El profesor Gai, en lugar de castigarlos, los hizo dar veinte vueltas alrededor de la pista con un sostén de mujer.
Luego, nadie dijo palabra cuando las chicas salieron. Todas con shorts tremendamente ajustados y remeras que dejaban ver sus ombligos y perfectas figuras, zapatillas deportivas de las mejores marcas; cada una con su color favorito. En cambio, Inari traía unas calzas negras que cubrían todas sus piernas, una sudadera gris, cabello atado y unas viejas zapatillas deportivas.
La verdad que me sorprendió que Gaara no estuviera detrás de Matsuri, como lo hacían los demás chicos. Sino que en ningún momento se separó de Inari y estaban de la mano.
-¡Busquen una habitación! – gritó burlonamente Sai.
-¿Qué dijiste? – preguntó Inari tomándolo del cuello.
-Que hacen linda pareja juntos – Sai formó un corazón con sus dedos.
La clase transcurrió normal, jugamos al quemado. Inari estaba en mi equipo, gracias a ella le ganamos al equipo de Sai.
Al llegar a casa nos sorprendimos, había maletas al pie de la escalera e Itachi nos esperaba allí.
-Hola chicos – nos saludó - ¿Les fue bien?
-Claro, Nii-San – dijo Inari dando saltitos – Le pateamos el trasero al equipo de Sai.
-Genial, pero tengo noticias – lo miramos atentos – Mama y papa se deben ir por un viaje de negocios.
-¿Nos quedaremos contigo? – pregunté señalándolo.
- Sí – respondió sonriente.
Justo en ese momento bajaron mis padres, nos despidieron con muchos abrazos y besos. Sobretodo mama, quien no se fue hasta repetirnos mil veces el número de ella, de papa, del tío Madara, del abuelo y por poco el del alcalde.
-Adiós, mis niños los amo – se despedía – A ti también, princesita – dijo refiriéndose a Inari.
