Disclaimer: Ya saben que no soy Jotaká, y que sólo me pertenece la trama loca, los personajes reconocibles son de ella :3.

Feliz año! Mi deseo: que siga con mis fics de una puta vez x´D. Quiero agradecer a quienes siguen leyendo este fic, que me encanta escribir, reconozco que me ha desalentado un poco no recibir ningún rw en el cap anterior, sobre todo porque me encantó escribirlo. Así que dedicaré este cap a aquellos que agregaron esta historia a sus fav y a follow. A los nuevos lectores (no se realmente si algún chico lee esto) y a los antiguos lectores.

Besos!


Capítulo 11: Sábado

Hermione despertó gracias al fuerte sol que le daba en la cara, había olvidado juntar las cortinas de su habitación y el dosel y ahora estaba pagando las consecuencias. Sin embargo, al abrir más los ojos y al sentir su cuerpo magullado por una mala noche de sueños, se dio cuenta que esa no era su habitación y, un movimiento a su izquierda, le confirmó que no estaba sola en esa cama. Se volteó hacia el menudo cuerpo junto al suyo, mientras que los recuerdos de la noche la golpeaban sin aviso alguno, un cabello rojizo intenso cubrió su visión. Hermione suspiró, al fin reconociendo a la persona junto a ella, al fin recordando esa noche fatal de viernes y siendo atacada por un dolor repentino e intenso. Su cabeza palpitaba como si hubiera estudiado dos días sin parar.

― Agh― La queja salió de sus labios sin miramientos, la cabeza le zumbaba y el sol en la cara no ayudaba a mejorar su situación. La chica se levantó de sopetón, dispuesta a obtener una oscuridad que el descarado astro le impedía conseguir, pero un mareo se hizo presente y una queja mayor abandonó su boca. Cayó, sobre su estómago, sin gracia alguna en la cama y escondió su cabeza debajo de la almohada.

Una risa poco disimulada llenó los oídos de la castaña.

― ¿Primera vez con resaca?― La voz de Ginny no ocultaba su buen humor y una gran gota de burla. ―Es una mierda, pero tengo una poción que te ayudará con ella, no desaparecerá del todo, pero la atenuará bastante. Sé que debe haber una poción que acabe con ella completamente, sin embargo, no la he encontrado aún. Ya sabes, ir a la biblioteca no es mi prioridad.

Hermione no necesitaba ser la bruja más inteligente de su generación para comprender la ironía de Ginny, ni necesitaba observarla para saber que ella sonreía, maliciosa, por su primera «y última» resaca de la vida. No comprendía el humor de la pelirroja ni su "crueldad", pero suponía que se lo merecía después de la noche pasada. Sintió como el peso a su lado dejaba la cama y escuchó a la chica de pecas revolver las cosas de un cajón, ruido que acrecentó el dolor de cabeza de Hermione, quien sólo pudo apretar sus ojos a modo de incomodidad.

La menor de los Weasley observó el cuerpo de la castaña. Un ser con un cabello indomable, que aparecía por debajo de la almohada y que le llegaba hasta las caderas, un trasero redondo y unas piernas largas y firmes. La pelirroja sonrió, divertida, y le dio una palmada en el culo a la chica en su cama.

― ¡Venga! Levanta ese gran culo que te gastas y bébete la poción ―Granger, dejó escapar un gruñido de protesta mientras se incorporaba. La pecosa le tendió un frasquito con un líquido ambarino y la prefecta de Gryffindor se lo tragó al seco. Era desagradable y eso la hizo fruncir el ceño y arrugar todo su rostro debido al asco.

― No es agradable tener resaca, ¿cierto? ― Ginny soltó una risa burlesca, eso le pasaba a su amiga por haber bebido sin moderación alguna, a pesar de los intentos de Ginny por impedirlo. De cierto modo, se lo merecía ― En cinco minutos hará efecto, así que recuéstate, yo me iré a duchar.

Dicho esto, la pelirroja hizo levitar una toalla y se fue al baño tarareando una cancioncilla que, a oídos de Hermione, era insoportable. La castaña suspiró, nuevamente ocultando la cabeza en la almohada, se lo merecía, pero eso no impedía ni aminoraba su desagrado. ¡Qué daría por lanzarle un hechizo al culpable de su resaca! «Maldito hurón botador, ya me las pagarás», pensó, sabiendo perfectamente que no haría tal cosa, ya se había vengado –sin querer- de Malfoy, a pesar que la venganza se le fuera por las manos y terminara dañando a Harry y Ginny. Definitivamente, no volvería a intentar algo así, sólo salían lastimados los que amaba y no ese albino de pacotilla.

Si Hermione supiera el suplicio por el que estaba pasando su peor enemigo en Hogwarts, no se reiría ni gozaría, sino que su típica compasión saldría a flote y su abnegado espíritu Griffindoriano haría su aparición para ayudar al ser infame del que quería vengarse por una insignificante resaca. Draco Malfoy acababa de hacer su aparición por la sala común de su casa, con unas ojeras muy marcadas bajo sus ojos, más pálido que de costumbre- si eso era posible-, sudoroso y famélico.

Los pocos alumnos que lo vieron llegar, se le quedaron viendo, murmurando entre ellos lo destruido que parecía su príncipe. Sin embargo, el paso elegante y su porte altivo, no se veían alterados por su condición actual, al fin y al cabo esas cualidades eran inherentes a él, así como su pelo rubio y sus ojos grises. Draco fue derecho a su habitación, debía encargarse de sus problemas inmediatos antes de presentarse ante El Que No Debe Ser Nombrado.

Theodore esperaba impaciente a Zabini, quien seguía frente al espejo del baño, admirando su bien formado rostro, cuando la puerta de la habitación se abrió de improviso y dejó paso a una figura conocida. Draco cerró la puerta tras de sí, casi sin ruido alguno, era una falta grave de etiqueta azotar una puerta, así esta sea la de tu propia habitación y él había sido educado con las mejores maneras posibles.

Nott se lo quedó viendo, impasible, a pesar de que la preocupación y el asombro luchaban por hacerse paso en su rostro inalterable.

― Blaise, deja de admirarte y sal del baño, hay quienes en verdad lo necesitan― Dijo con fastidio el rubio, ya conocía los rituales matutinos de Zabini para permitírselos en esos momentos. El de piel morena salió del baño como si lo persiguiera un dementor y, al toparse con la figura de Malfoy, no pudo disimular como Nott.

― ¡¿Qué mierda te pasó?!― Preguntó en un grito estruendoso, incapaz de moverse para hacer un intento de ayudar a su amigo, pero lo suficientemente compungido para poner en voz las preguntas que rondaban a Theodore. Draco ignoró la preocupación de Blaise, lo rodeó y entró en el baño, cerrando la puerta con igual sigilo que la de la habitación. Ya les daría una explicación cuando se sintiera un poco más recuperado, al menos, una explicación que los dejara de agobiar.

El de ojos azules se acercó a otro Slytherin en la habitación y le puso la mano en el hombro, se observaron un rato indefinido, hasta que Nott decidió romper el tenso silencio.

― Es mejor dejarlo descansar, por esas ojeras, querrá dormir― Y, tomando su capa, fue que abrió la puerta de la habitación― Vamos a desayunar, ya le traeremos comida para cuando despierte.

Zabini asintió, su amigo era el más observador de los tres y el más cuerdo, es decir, Blaise confiaba ciegamente en el juicio del castaño.

Draco se deshizo de su ropa de forma maquinal, dio el agua de la ducha y se introdujo debajo del fuerte chorro de agua caliente. Sus músculos estaban tensos y adoloridos, el agua los aliviaba. Draco cerró los ojos, disfrutando del ardiente líquido que caía sobre él, la noche había sido más larga y difícil de lo que se hubiera imaginado. Snape no le había dejado descansar hasta asegurarse que podía usar Oclumancia como si fuera su ropa de diario y así había sido, ahora debía dedicarse a descansar y prepararse para la reunión con el Señor Oscuro.

Abrió los ojos, alterado, y posó ambas manos –con fuerza- sobre la pared de la ducha, esa reunión hacía que su estómago se contrajese y de sus labios escapó un jadeo angustioso, mientras agachaba su cabeza sin lograr controlar su respiración. El agua azotaba su pelo y hacía que le cayera sobre los ojos. El rubio Slytherin no pudo evitar que su vista se posara en su antebrazo izquierdo, ese trozo de piel que a simple vista lucía tan pálido como el resto de su cuerpo.

El miedo lo atenazó e hizo que su boca formara una mueca atroz, como si fuera una fiera serpiente a punto de inyectar su veneno. Con su mano derecha se acomodó los mechones de pelo hacia atrás y la sacó de la ducha para alcanzar su varita. Murmuró y se apuntó a su antebrazo, revelando la Marca Tenebrosa en todo su oscuro esplendor. Sus ojos grises se brillaban con peligro, volviéndose de un color más intenso que el que solía lucir en ellos, tan acorde a sus sentimientos. Sus ojos. Lo único que siempre delataba lo que le pasaba, pero –para su fortuna- nadie se fijaba en ellos lo suficiente para interpretarlos.

Sus ojos se posaron en ese trozo de piel, ahora oscurecido, y la furia lo embargó, había sido tan estúpido al dejarse embaucar para que se la hicieran. La cólera lo superó y con un gruñido estampó su mano izquierda, cerrada en un puño, contra los azulejos del baño, sintiendo un fuerte ruido al hacerlo. Su respiración era entre cortada, pero su sangre había dejado de hervir, permanecía con la cabeza gacha y los ojos cerrados, negándose a observar la marca de su cautiverio.

Draco abrió poco a poco sus grises ojos, ahora opacos del todo, tan oscuros y carentes de vida que se hubiera asustado de sólo haber estado frente a un espejo. El puño aún estaba estampado contra los azulejos y su visión desenfocada no lograba distinguir lo que lo rodeaba. El Slytherin parpadeó lentamente, intentando recobrar su visión, entonces movió su pie y notó un pequeño dolor agudo en el costado interno del pie derecho. Su visión opaca se centró en el suelo de la ducha y observó que el agua se teñía levemente de rojo, eso fue suficiente para sacarlo de su estado. Parpadeó un par de veces e identificó que en el suelo había unos azulejos rotos alrededor de sus pies y vio el rojo contra su piel pálida. Se había cortado con unos de esos azulejos rotos.

Draco Malfoy suspiró y se obligó a mirar al frente, había estado ignorando el ardor y el dolor proveniente de su puño cerrado. Cuando alzó su mirada, confirmó lo que ya sabía, había roto los azulejos con aquel furioso golpe y se le había incrustado en los nudillos, haciéndolo sangrar. El Slytherin retiró su puño de la pared y los últimos trozos del azulejo roto, cayeron al suelo, casi como si fueran esquirlas de un cristal precioso, y uno tras otro, Malfoy los observó. Al no tener más azulejos que ver caer, centró su atención en su mano sangrante, tenía un gran pedazo de losa incrustado entre los nudillos de su dedo índice y medio, frunció el ceño y, casi indiferente, se sacó ese trozo con la otra mano, observando como la sangre manaba del corte y cómo el agua la arrastraba hasta desaparecer por la cañería. Observó, absorto, el goteo constante de su sangre que se mezclaba con el agua y miró la pared, manchada de rojo por su culpa.

El rubio pasó de la pared y volvió a observar su sangre mientras ignoraba el dolor de los cortes, si no era capaz de aguantar esa pequeñez nunca podría cumplir su misión. «Hay dolores que son más insoportables que los físicos» pensó cuando su pecho se contrajo al recordar esa desagradable misión en donde debía arrebatar una vida si quería seguir conservando la suya. De sólo recordar esa misión y su próxima reunión con el Señor Tenebroso, sus músculos aliviados por el calor del agua, volvían a tensarse sin miramientos, angustiándolo.

Draco dejó de observar el contraste de su piel albina y su sangre, esa misma que lo había llevado a la desesperación de la que era presa. «No luces tan mágica como se supone que eres» ironizó en su mente, antes de acercar su varita y sanar los cortes, cortando el flujo de su sangre al exterior. Murmuró un "Reparo" y los azulejos volvieron a lucir tan blancos e impolutos como siempre.

Alzó su cabeza, privándose del sentido de la visión y dejó que el agua lo limpiara, como si ese líquido cristalino pudiera arrastrar también sus pecados y preocupaciones, como si pudiera hacerlo puro. Imaginar aquello lo hizo respirar tranquilo por una vez en ese año, a pesar de saber que él nunca podría volver a ser puro e inocente. Irónicamente, ese año, solía sentirse sucio – a pesar de su sangre-.

Draco Malfoy, rubio Slytherin, cerró la llave de la ducha en donde por un momento volvió a sentirse un humano inocente, para abrir los ojos a su realidad: era un Mortífago, el más joven de ellos y al que todos los demás miraban en menos. Él, por el honor de su familia y por sus ansias de permanecer vivo, les demostraría que no era un inútil, así perdiera su humanidad en el camino.

Salió del cuarto de baño, con una toalla alrededor de su cintura, tan blanca que competía con su piel, con su porte elegante y, con algo que no poseía antes, determinación. Sus ojos grises parecían metal fundido, el color de su determinación de cumplir su misión. Su determinación de seguir vivo.

Lo primero, se dijo a sí mismo, era descansar. No podría enfrentar la Legeremancia del Señor Oscuro si estaba demasiado exhausto para ello.

En los pasillos de Hogwarts, dos Slytherin caminaban con parsimonia en dirección al Gran Comedor. Theodore Nott y Blaise Zabini, comentaban entre susurros la situación en la que se encontraban desde la noche, ambos estaban preocupados por su amigo, pero ninguno sabía cómo ayudarlo.

― Te lo digo enserio, Theo, como no nos diga que le pasa lo haré beber Veritaserum― Al ver que Nott movía la cabeza negativamente, se sobresaltó ― ¡Ya verás! Soy capaz de robarle un poco a Snape si es necesario.

― Blaise, ten calma, ya nos lo dirá― El castaño apretó los dientes, sabía que su amigo no lo haría, la situación parecía ser grave y conocía lo suficiente al rubio para saber que se guardaría sus problemas para sí, pero era mejor no decir nada de eso a Blaise. El moreno era demasiado impulsivo y si no lograba que se tranquilizara de seguro se metería en algún lio y los arrastraría con él. Theodore no estaba tranquilo, al contrario, pero si no llevaba serenidad a esa situación, se verían sobrepasados y los problemas no tendrían solución ― Si sigues así lo único que conseguirás será causarle problemas a Draco y a todos, empeoraras la situación.

―¡¿Qué situación?!, ¡Theo, por Salazar! No sabemos lo que sucede, no puedo empeorar lo que desconozco ― Zabini estaba harto de que Draco los dejara de lado y mucho más al haber presenciado el sufrimiento del que fue víctima la noche anterior, sin origen evidente.

― Lo vas a hacer si le robas Veritaserum a Snape ― El de ojos negros iba a replicar, pero los ojos azules de Nott lo hicieron callar, su amigo estaba enfadado y en su mirada se palpaba una cólera fría de la que no quería ser víctima. Ambos se detuvieron, mirándose, hasta que Theodore, rompió el silencio ― Vamos a ir al Gran Comedor, desayunaremos, dejaremos dormir a Draco y le llevaremos comida para que se reponga y, recién ahí, le preguntaremos qué le sucede.

El Slytherin masculló todas esas palabras, remarcando una que otra, dándole el énfasis de terrorífica orden que deseaba. Zabini sólo pudo asentir con la cabeza, sabía que él tenía razón y se prometió no volver a sacar el tema hasta ver al rubio, no le gustaba ver a Theo enojado y menos le gustaba que su ira fuera dirigida hacia él.

Tras el asentimiento del moreno, se pusieron en movimiento, doblando en una esquina, pero alguien se les cruzó en su camino. Theodore se sobresaltó levemente al encontrarse frente a frente con una menuda figura, con la cual casi había chocado. Zabini también se había sobresaltado, pero ya había retomado el rumbo, sin detenerse a esperar a Nott.

―Theodore Nott― El nombre salió de la boca de Luna Lovegood en su típico tono soñador, el de ojos azules se estremeció ante la mención de su nombre, no era la primera vez que ella le hablaba con ese tono, pero no se imaginaba que volvería a hacerlo. Una vez recuperado del estremecimiento que lo recorrió, Theo alzó una ceja, sorprendido― ¿Sigue la cabeza de Draco Malfoy llena de Torposoplos*?

El castaño no supo que contestar, no sabía a qué se refería ella, sí recordaba que había mencionado esas cosas a Draco anoche. Se removió, incómodo, la Lunática vivía en su propio mundo imaginario y él no comprendía las tonterías que ella decía, observó que Blaise se había detenido unos metros delante de ellos y que lo miraba con mala cara. Lo mejor era apresurarse.

― No sé de qué hablas, Lovegood ― Theo la rodeó, dispuesto a pasar de ella e ir con Blaise, pero la Ravenclaw no estaba por la labor de dejarlo en paz.

― Son criaturas invisibles que flotan hasta tus oídos y confunden tu cerebro, por eso Draco Malfoy actuó de esa forma con Hermione ― Le dijo la rubia, girando para observarlo, haciendo que su cabello flotara, siguiendo su movimiento.

El castaño la observó de soslayo, siguiendo el movimiento de su cabello, hipnotizándose. Theo no supo cuál fue el momento preciso en que sus palabras llamaron su atención, ignoraba el segundo exacto en que se detuvo por esa vocecita de duendecillo dulce y no fue consciente del instante en que se volteó a observar su cabello danzar al son de sus movimientos. Sólo supo que Luna Lovegood le parecía un ser dulce, enigmático y tan sereno, como si fuera un día de primavera en un campo floreado. El castaño abrió sus ojos azules más de lo normal, sorprendido con el giro de sus pensamientos, la rubia sonrió dulcemente, sin separar sus labios, y Theo reflejó su sonrisa en su boca.

― Lo siento, Lovegood― Le dijo, mientras guardaba sus manos en los bolsillos de su pantalón, tenerlas libres no era algo seguro, de repente sentía deseos de hacer cosas inapropiadas, como delinear la sonrisa de la Ravenclaw con sus dedos ― No tengo idea de lo que hay en la cabeza de Draco ― Declaró, sincerándose con ella. Luna, había girado su cabeza hacia un lado, como un pajarillo curioso, ante esas palabras y Theo no pudo más que alzar una ceja, sorprendido de la riqueza del lenguaje corporal de ella, los Slytherin solían ocultar hasta su más mínimo pensamiento y sentimiento, por lo que dominar su propio cuerpo para no caer en el lenguaje no verbal inconscientemente era primordial.

Por eso, el castaño de ojos azules se sorprendía de que ella fuera tan expresiva con su cuerpo, entonces, sintió como si electricidad cruzara su cuerpo al pensar en eso, ella era muy expresiva y eso le llamaba la atención y lo hacía sentir extraño. Lovegood parecía todo un pajarillo con esos ojos enormes, observándolo y acaparando todo a su alrededor con esos ojos curiosos, era una imagen adorable verla con su cabeza ladeada hacía un lado, sus labios entre abiertos, preparando una pregunta o una frase inteligente. Ella era tan menuda y su pelo tan largo que Theodore creía que el peso de este haría que se cayera, pero un movimiento de la cabeza de Luna, seguido por su cabello rubio, le recordó a las nubes guiadas por una brisa suave.

Lamentablemente, Theodore no pudo seguir investigando a Luna, porque el otro Slytherin que había en tal pasillo del castillo se estaba hartando que su amigo hiciera el tonto con la Lunática de Hogwarts.

― ¡Vamos, Nott, deja de hacer el tonto y mueve tu culo ya, que tengo hambre!― Zabini fruncía el ceño, no entendía que le pasaba a su amigo para quedarse a hablar tanto rato con la Ravenclaw, pero no le estaba gustando ni un poco, menos cuando su estómago había comenzado a rugir sin contemplaciones. La ansiedad que se apoderó de él durante la noche estaba dando paso a un hambre descomunal y si no la saciaba pronto iba a estar todo el día de mal humor y él odiaba eso.

Por su lado, Theo suspiró resignado, Blaise había arruinado ese extraño momento del que había sido parte y antes de detenerse a pensar en ello, se dio media vuelta, lentamente.

― Mi amigo es un poco grosero cuando tiene hambre y se pone de muy mal humor ― Susurró lo suficientemente alto para que la chica de Ravenclaw lo escuchara― Ya me explicaras lo de esas criaturas tuyas, Lovegood, estoy muy curioso.

Luna abrió mucho sus grandes y azules ojos al escucharlo, iba a decirle que cuando él quisiera le podía hablar de las criaturas mágicas, le emocionaba que alguien quisiera saber más de ellas. Sin embargo, las palabras de Theodore Nott la dejaron confundida.

― Nos vemos, Duendecillo ― Nott no fue consciente del apodo que le había puesto hasta que las palabras dejaron su boca, él había pensado así de ella en su mente, pero se asombró de habérselo dicho. «Menos mal Lovegood no puede ver mi cara ahora» pensó, caminando con parsimonia hacia Zabini, mantenía su máscara de indiferencia y sus manos en los bolsillos, sin embargo, no podía engañarse a sí mismo, de repente, la Lunática de Hogwarts había captado su atención. Debía investigar más adelante sobre eso, pero por ahora sería mejor centrarse en el problema de Draco, «Tal vez Lovegood tiene razón y se le han metido esos bichos a la cabeza», Theodore no se creía eso, pero su cabeza estaba confundida con tanta información, incluso llegó a pensar que a él le habían afectado esos bichos de los que hablaba ese Duendecillo, sin embargo, la voz de Blaise se encargó de evitar que siguiera calentándose su cabeza.

― Apura, Nott, sino nos perderemos lo mejor del desayuno si Crabbe y Goyle están allá ― Zabini apuró el paso y Nott lo imitó, intentando no darle vueltas a las extrañas cosas que venían de la mano con Luna Lovegood.

Por su parte, Luna sentía cierta calidez en su pecho, nunca creyó que alguien de Slytherin podría ser amable con ella y mucho menos interesarse en las criaturas mágicas, por lo que el comentario de Theodore Nott la había entusiasmado. Sonriendo apaciblemente, con sus labios juntos, se dio media vuelta y se marchó hacía el vestíbulo, caminando como si flotara. Era un día estupendo para buscar criaturas mágicas en los alrededores de Hogwarts y ella no quería desperdiciarlo.

En la Torre de Gryffindor, El niño que vivió, estaba sentado en la Sala Común, esperando a su amigo Ron para bajar a desayunar. Harry se sentía abatido, la noche anterior había sido todo un fiasco y, además de lo de Ginny y Hermione, no había logrado dormir en toda la noche, la cicatriz le dolía y tenía un mal presentimiento respecto a Voldemort que no lograba aclarar. Quería comer para reponer fuerzas e investigar el libro del Príncipe Mestizo, si Voldemort aparecía se encargaría de estar listo.

Harry se acomodó las gafas, que se le resbalaban por el puente de su nariz, cuando escuchó unos pasos en las escaleras. Instintivamente se giró y tuvo que ahogar un gemido angustioso cuando vio bajar a Ginny Weasley. Ella tarareaba una cancioncilla mientras su pelo ondeaba con cada escalón que bajaba, se sentía bien después de la ducha y le parecía que el día comenzaba bien, eso le ayudaba a pensar que las cosas con Harry se arreglaría y volverían a estar tan bien como siempre. Sin embargo, se paralizó al escuchar un ruido en la estancia y ver que el chico que le robaba suspiros estaba ahí.

Ambos se observaron, paralizados. Ginny, decidió armarse de valor y hablar con él, sin embargo, su adorado Harry la observó con una fría indiferencia en sus cálidos ojos verdes, antes de agarrar sus cosas y salir de la sala común. Volviendo a despreciarla.

Sin escucharla. Sin permitirle explicarse.

Dejando sólo desazón en su corazón.


[*]= he editado el cap 3 en un detalle: cambié Nargles por Torposoplos, fue mi error en ese cap poner nargles como los causantes de la confusion de Draco de la que habla Luna.

Nuevamente, me ha encantado escribir este fic. Me divierte Herms con resaca y quejándose, se le fue mucho la mano y Ginny tan campante. Pobre Blaise y Theo que tienen que lidiar con el desconsiderado de Malfoy y él, tan melodramático como siempre xD.

Realmente no me lo imagino azotando puertas ni nada, no creo que Lucius lo dejara, ni le enseñara esos modales, aunque si le enseñara a despreciar al resto :P cosas de etiqueta, en fin, me gustó mucho mucho escribir la escena de la ducha. Dramática, sí, pero muy Malfoy, que para mi es toda una reina del drama.

Ah, Theodore y Luna, awwwwnn, demasiado tiernos a su modo y él ya le tiene apodo, sutil. Espero que les gustara y no les pareciera tan, forzado, al fin y al cabo, como dice Zabini, él es el más cuerdo de los 3.

Y Blaise, exagerado y todo, se preocupa por los suyos, aunque le arruine el momento a Nott

Y al final, Harry y Ginny…las cosas no mejoran. Pobres.

Espero saber que les parece este cap, enserio, siempre me anima leerles y saber su opinión.

Como he dicho algunas veces: elogios, flores, tomatazos, insultos. Se recibe de todo, ¡Ojo! Los insultos los devuelvo xD.

Bueno, me retiro, me hace ilusión saber que creen que pasará, Draco sobrevivirá al Señor Oscuro? Sólo con una noche de oclumancia? Y Harry y Ginny? Lograran hablar o seguirán distanciándose?

Y aun herms no sale! OMG, cuando el resto la vea y ella deba enfrentarse a ellos.

Bye bye! Cherry Kisses

R.E.V.I.E.W.? *-*