Por alguna extraña razón, no sorprendió a ninguno de los dos que el escenario para encontrarse fuese la –debido a la hora avanzada – vacía y fría recepción del hotel. Aún así, hubo algunos segundos de torpeza antes de que Watanuki recordara que de hecho era él el que tenía que fungir el papel del anfitrión.
-¿Gusta tomar asiento, señor McSpencer? – Como si fuese algo normal Watanuki señaló la silla delante de sí al hombre que ya antes había encontrado en el pasillo del tercer piso.
-Gracias por la oferta, ¿joven…?
-Watanuki – respondió el de lentes – Kimihiro Watanuki.
-Un placer, joven Watanuki. Sabe, creo que será una falta de respeto ser tan directo pero ¿cómo es que estoy en su sueño? Ya en el pasado he intentado mil veces hablar con otros huéspedes de este hotel pero jamás he podido entablar comunicación con ellos.
-Sin ánimo de ofender pero esta vez fui yo el que lo llamó a mi sueño.
-¿Sí? Vaya que es algo impresionante. Debo suponer entonces que eres algo así como un gran mago ¿no? Porque yo en vida me consideré siempre un hechicero con habilidad y jamás logré algo como esto; además, la presencia que tú y ese otro chico que te acompaña despiden es ¿cómo decirlo? Simple y sencillamente increíble.
-Parece en verdad alegre de vernos.
-Porque lo estoy. He esperado mucho tiempo a que alguien con suficiente poder llegue a desafiarla ¿sabes? Es decir – su aspecto de pronto era sombrío y su porte era encorvado, como el de una persona cansada – ver como tantas veces se ha llevado a esos niños sin poder hacer nada. Eso es…
Sus manos temblaban aferrándose fuertemente una a la otra y lágrimas se derramaron por sus pómulos hasta caer sobre sus temblorosas piernas.
-Dice "ella" – intervino Watanuki reprimiendo el impulso de toser – ¿a quién se refiere?
-No es un "quién" – respondió el otro de inmediato – esa… "cosa" siempre busca a los niños. No sé lo que es porque nunca en el tiempo que duró mi vida conocí a algo como eso pero te aseguro que lo que sea que es no es algo humano, y tampoco conoce la compasión o la piedad.
-Tu hija…
-Hace quince años esa cosa intentó llevársela, y yo no me di cuenta hasta que ya era demasiado tarde y el nombre ya había sido compartido. Yo… traté de pelear con eso pero mi poder quedó extremadamente corto y perdí la batalla, pero sabía que si dejaba que ella se llevara mi Sabrina su alma quedaría atrapada dentro de esa cosa para siempre, así que – entre lágrimas y temblores intentó continuar, pero cada vez que abría la boca su voz quedaba atrapada, como si se estuviese ahogando.
-Ningún padre debería de verse obligado a tomar ese tipo de decisiones – reconoció Watanuki sintiéndose verdaderamente mal por el hombre frente a él – sin embargo lo que se ha hecho no puede revertirse.
-No era mi intención que muriera – continuó el hombre entre sollozos – quise salvarla; traté de frenar su caída con mis poderes, usar un conjuro de viento o algo así pero…
-Pero fue en ese omento que "eso" intervino y te asesinó – completó Watanuki entendiendo la situación.
-Sí.
Breves momentos de silencio interrumpidos sólo por un pequeño tosido del de lentes.
-Sin embargo – volvió a hablar McSpencer ahora mucho más calmado – cada vez que me arrepiento de lo sucedido sólo tengo que pensar en las cosas que he visto en este mismo edificio para saber que tomé la mejor decisión. Donde sea que ahora esté el alma de mi pequeña sé, que debe estar bien y feliz… en cambio, si hubiese permitido que esa cosa se la llevase…
-Dijo antes que las almas de los niños estaban atrapados dentro de "esa cosa" – murmuró el de lentes – ¿es por eso que no los vi mientras recorríamos los pasillos de este hotel? Además ¿entonces ya no están con vida? ¿Ninguno de los ocho?
-¿Ocho? – gimió el hombre entre algo que no se podía entender si era una risa o un sollozo – no, estás mal informado, joven Watanuki. Mira, no sé cuantas desapariciones se han reportado en el mundo exterior, pero puedo asegurarte que en el tiempo que llevo aquí han sido por lo menos once los pequeños que han sido arrastrados por esa maldita.
-¿Qué? ¡Once! Pero… - sus palabras se interrumpieron por otro absceso de tos que dio al hombre frente a él la oportunidad de tranquilizarse un poco.
-Ocho familias que se hospedaron en este hotel perdieron a sus hijos en las garras de ella, pero hay una buena razón por las que las que más de una empleada ha renunciado a seguir trabajando aquí, y después de morir me quedó claro mi pequeña no fue la primera niña en la que esa cosa puso sus ojos.
-Y sin embargo, antes de su caso no se había reportado ningún incidente grave en este lugar.
-Sabes, puede que no haya podido salvar a esos niños pero no me he pasado los últimos quince años sentado en una esquina rascándome el ombligo. Repito: no sé lo que eso es pero sí sé que ella llegó aquí en algún punto durante o inmediatamente después de la remodelación y lo hizo adherida a alguno de los objetos que se trajeron.
-Supongo que no sabrás decirme a cual.
La expresión del hombre se profundizó.
-A lo largo de estos quince años he podido viajar de un lado a otro entre los muros de este hotel, pero…
Watanuki tosió estrepitosamente.
-¿Joven?
-¿Pero? Continúe por favor.
-Bueno, por alguna razón hace quince años la última parte del corredor oeste del noveno piso me parecía especialmente inaccesible, pero desde que movieron un cuadro que estaba en ese corredor para ponerlo en el corredor del piso seis…
Las palabras del mayor se cortaron ante un nuevo ataque de tos que brotó de labios de Watanuki.
-¿Estás bien, chico?
Para preocupación del extranjero Watanuki esta vez parecía no poder respirar y, en un acto reflejo, llevó las manos a su cuello como intentando… algo.
-¿Chico?
-Es ella… - respondió Watanuki entre jadeos – no quiere que hablemos, ella…
Un nuevo acceso de tos volvió a cortarlo…
…y lo siguiente que supo es que sus ojos se abrieron, la opresión en su garganta se liberó y Doumeki apareció en su muy borroso campo de visión.
-Dou…me…ki…
Tratando de hablar entre jadeos, y luchando con la falta de aire en sus pulmones y el dolor de su garganta, el de lentes luchó desesperadamente por incorporarse mientras presencias escalofriantes se agitaban a su alrededor.
Al final, recuperó sus lentes justo a tiempo para ver a Doumeki disparar una flecha contra un cúmulo de niebla obscura que desapareció a través de una esquina de la habitación.
-Do… Doumeki.
-¿Ya se fue? – cuestionó aún con el arco en la mano, moviendo sus ojos de un lado a otro como buscando algo más aunque técnicamente no podría ver nada independientemente de si estaba ahí o no.
-Sí – balbuceó el chico.
El más alto bajó el arco y se acercó a Watanuki acariciando con gesto inusualmente suave la espalda del chico, después de eso encendió la lámpara de cabecera y, a la luz amarillenta examinó las marcas obscuras que comenzaban a formarse en la piel pálida del muchacho.
-¿Ese fue el espíritu de McSpencer? – cuestionó acariciando con una delicadeza francamente desconcertante las líneas delgadas que amorataban la piel del otro.
-No – negó Watanuki – esto es cosa de "ella".
La ceja de Doumeki se arqueó.
-El espíritu de McSpencer habló conmigo en sueños y dijo que lo que él trató de salvar a su hija de una cosa diferente… una presencia poderosa que sospecha que llegó aquí algunos meses antes durante una de las remodelaciones y que es la que se ha llevado a los niños pese a que él (tanto vivo como en muerte) ha hecho todo lo posible para detenerla.
-Puede haberte dicho la verdad – murmuró Doumeki pensando que tal vez discutir la parte de "el espíritu habló conmigo en sueños" podía esperar para más tarde – pero también cabe la posibilidad de que todo sea una forma de intentar distraernos.
Watanuki negó con la cabeza haciendo un ligero gesto de dolor.
-No, lo que dijo es real. Yo… pude sentir la sinceridad de sus palabras, puedes creerme en eso, además…
-¿Sí?
Aunque estaba dormido pude sentir el momento en que eso comenzó a atacarme. La presencia agresora es la misma que estaba en el corredor y que preocupó al espíritu de McSpencer y además la energía no cambió de amenazante a directamente agresiva sino hasta que McSpencer comenzó a hablarme de ella.
-En pocas palabras esa cosa te atacó porque estabas averiguando demasiado – concluyó el arquero.
-Si se sintió amenazado es porque lo que McSpencer sabe realmente la puede perjudicar, sin embargo, el hecho de que haya atacado con tanta agresividad y fuerza aún estando tú presente sólo indica que aquello con lo que nos enfrentamos es verdaderamente poderoso… más si consideras que McSpencer confesó que él también era un brujo, y que a pesar de eso "ella" pudo asesinarlo.
Cualquier exorcista en el lugar de Doumeki habría encontrado todo lo dicho por Watanuki como algo irrelevante dada la situación pero para Shizuka algo en esa declaración hizo embonar todas las piezas del rompecabezas, después de todo ¿por qué Sabrina McSpencer había sido arrojada de una ventana cuando todos los demás niños desaparecieron?
Aún así…
-Si duermes otra vez y yo me quedo despierto para cuidarte ¿crees que el espíritu de McSpencer pueda contactar contigo otra vez? – preguntó en su eterna voz plana.
La respuesta de Watanuki sin embargo fue una negación lenta y triste.
-Lo que sea que sea esa cosa ahora está sobre alerta. Aún si en este momento no puedo verla siento su presencia alrededor de estas paredes y además hay un aura de maldad que no creo que se limite a este piso del hotel. Antes de cortar contacto McSpencer me dijo que había un cuadro en el corredor del piso seis al que su espíritu no podía acercarse así que…
-Deberíamos empezar por ahí entonces.
-Sí pero…
Por un momento Watanuki dudó, después de todo sabía que la presencia que los atacaba era mortalmente peligrosa y si bien él podía ayudar a Doumeki durante la batalla eso lo arriesgaría a que su identidad como el encargado de la tienda se descubriera, y si eso pasaba…
-Permanece siempre detrás de mí – continuó el exorcista malinterpretando la repentina rigidez del otro – y si las cosas se complican debes salir corriendo de inmediato sin importar lo que pase conmigo ¿entiendes?
-¡Idiota! ¿Quién te has creído que eres para decirme qué hacer?
-Vamos ya.
Y sin embargo mientras sus pasos ya se dirigían hacia la puerta de la habitación Watanuki simplemente le cortó el paso con tal fuego en sus ojos que el aspirante a exorcista sintió como si paralizaran cada uno de los músculos de su cuerpo.
-Corriendo ciegamente tras esa cosa sólo harás que nos maten y yo sinceramente no tengo ganas de eso – murmuró el de lentes con su acostumbrado mal humor – yo – titubeó por un momento y después se movió hacia su maleta de dónde sacó una bolsa de plástico que contenía lo que parecían varios hilos rojos – pensé que podías hacer algo tonto que nos matara y traje esto.
Doumeki se limitó a levantar una ceja.
-¡Imbécil! ¡Son cabellos de vampiro! – Y siguió un cambio repentino del grito a susurro calmo – alguien me los vendió y… bueno, la presencia que enfrentamos es sumamente poderosa pero si tensas algunos de estos cabellos en lugar de la cuerda de tu arco entonces las flecas que disparen con él obtendrán un poder espiritual más fuerte que con cualquier arco convencional… estimo que si se combina con tu propia energía ese poder debe ser suficiente para detenerla a "ella".
-¿Quién pudo venderte algo así? – exigió el otro después algunos segundos de silencio y con repentina dureza, sin despegar ni por un momento dos ojos acusativos de la bolsa plástica que el otro le ofrecía.
-Eso no es importante por ahora – tajó el de lentes.
Y por un momento todo fue un intenso concurso de miradas entre ambos.
Después de eso la mano de Shizuka Doumeki simplemente se cerró alrededor del paquete ofrecido por el otro.
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Y bueno, sé que no nos hemos visto en un tiempo pero espero que este capítulo sea de su agrado. Por cierto ¡Feliz año nuevo a todos! Y que todas sus metas y propósitos de cumplan. Hasta pronto XD
