Bien, con esto me despediré de ustedes. Disfruten la lectura.
Advertencia: Uso de nombres humanos y fluff en muchas partes.
Dinamarca: Soren
Noruega: Lukas
Disclaimer: Hetalia ni sus personajes son míos, son del maestro Himaruya. De ser míos habría una escena de beso DenSu en cada capítulo.
Epílogo
Hacía varios años humanos que el gran desastre había ocurrido en el cielo. Ahora los ángeles se habían encargado de llevar todo de nuevo a la normalidad, cada uno con sus rutinas.
Tino, Lukas, Gilbert y Ludwig habían subido de rango considerablemente, claro que no era más que un nivel, pasar de ser un ángel guerrero a uno guardián. Recordaban con cierta nostalgia a sus compañeros, pero por eso, de la misma manera de vez en cuando observaban hacia la tierra, esperando que estuviesen mejor.
Siendo ya casi una rutina diaria, Gilbert tomó la mano de Ludwig y se asomó a una fuente cercana al Jardín del Edén, la única que era capaz de conectar ambos planos. El albino se sentó y esperó un poco a que el agua se aclarara, entonces tuvo una visión de la tierra de lo más nítida. En ella pudo ver algo con una sonrisa, ambos habían hecho su vida y estaban juntos.
En la tierra Soren y Berwald habían logrado hacer su vida. Berwald tenía 21 años y era apenas un estudiante de medicina que asistía a la universidad de Karolinska(En Estocolmo, Suecia) mientras que Soren en un completo capricho por seguirle, se había fugado de casa para ir con él y actualmente trabajaba como bombero en la misma ciudad que vivía Berwald.
Berwald había pasado su infancia y gran parte de su vida viviendo en Copenhague, pero al entrar a la universidad había decidido regresar a su natal Suecia. Cuando ese momento llegó se preparó para separarse de Soren y hacer su vida solo en esa ciudad, con lo que no contaba era que el antes mencionado no estaría de acuerdo con la idea y le hubiese seguido.
El sueco aún tenía ese recuerdo vívido en su mente, aún en momentos en los cuales se suponía debía estar estudiando para sus exámenes o limpiando el departamento que compartía con el danés, en lugar de eso se puso a divagar en sus memorias de ese día…
Era una tarde despejada como cualquier otra, el verano recién terminaba y debía marcharse justo a inicios del otoño. Los árboles de la estación del tren que debía cruzar el dichoso puente de Oresund, estaban ya cambiando de color dando paso a los tonos cafés predominantes. Se había despedido de su familia en casa y ninguno quiso ir por lo doloroso que se les hacía el momento. Solo se lamentaba no haberse despedido de Soren, pero es que no lo había visto por ningún lado. Finalmente, tomó sus maletas y subió al transporte soltando un suspiro al instante.
– Adios… – Murmuró al aire, como si deseara que sus palabras se las llevase el viento hasta la persona que pensaba.
– ¿De quién te despides? – Preguntó una voz demasiado familiar para Berwald. Tanto que le hizo voltear de golpe para ver al dueño, aquel permanecía mirándole con una sonrisa en los labios.
– ¿Q… Qué haces aquí? – Preguntó el de lentes incrédulo – ¿Y eso? –Finalmente apuntó la maleta que el otro tenía en sus manos.
– Ber… Ni creas que te desharás de mi, además – Hizo una pequeña pausa en la que abrazó al confundido sueco con fuerza. No le interesaba que estuviesen en un lugar público a la vista de todos en el vagón. A decir verdad apenas uno o dos notaron su presencia. – Una vez te perdí, no sucederá de nuevo…
El sueco no comprendió de lo que hablaba, menos aún porque el otro sonreía, aunque trató de preguntar la razón, los labios ajenos lo impidieron ya que sellaron sus preguntas en un beso que enseguida supo corresponder. Las manos del menor se aferraron con fuerza al saco negro que el otro usaba, sentía incluso que sus ojos deseaban derramar lágrimas, aunque no sabía la razón; era como si hubiese esperado por ese momento todos esos años. La persona que amaba lo había seguido y ahora harían una vida juntos.
Ya hacía un par de años desde eso, ahora para ambos era natural vivir juntos y ser una pareja, incluso como broma a Soren sus compañeros de trabajo le preguntaban todos los días si ese día su "esposa" le había preparado algo para comer, dado que el sueco le preparaba algo para que llevase al trabajo cada que tenía tiempo. Para Berwald había un panorama parecido, muchas veces se vio sorprendido por las risitas de sus compañeros al ver a Soren llegar en su motocicleta para llevarlo a casa cuando le tocaba turno temprano. Ya era algo que disfrutaban uno del otro por más que no lo comentaran.
– Berwald, me duele, se más… – El danés se quejó de dolor, mientras con una mano se aferraba a las sábanas. – M… Más despacio – Soltó un jadeo arrugando las cejas.
–Tengo que hacerlo así o te dolerá más – Le respondió el sueco, levantándole una pierna para colocarla a una altura cómoda para él.
– P… Pero, esa parte es sensible en mí –
– No es tu primera vez –
–Lo se, pero duele como la primera –
–Esto no pasaría si tuvieses más cuidado. – El sueco terminó de envolver la rodilla de su pareja con una venda, viéndole de reojo mientras permanecía en cuclillas entre las piernas danesas.
– ¡Pero tenía que hacer algo para quitar esa puerta del camino! – Replicó, para luego fijarse en como estaba el sueco acomodado, lo que le hizo sonreír ampliamente. – Así parece que me estas dando un "servicio"
El sueco frunció el ceño y soltó de golpe la pierna danesa, provocando un quejido de dolor por parte del otro. El cual le miró como niño regañado durante unos minutos, con los ojos bien abiertos y los labios curvados hacia abajo en un mohín poco común en él más que con su pareja.
– Es que confío en el doctor que tengo en casa, se que tu podrías curarme todo Ber –
–Estudio para pediatra… –
– ¿Y? Doctor es doctor. Además – El danés extendió los brazos para rodear con ellos la cadera del sueco y hacerlo sentarse en sobre su pierna sana, sin importar que desde hace un par de años este le sacase un par de centímetros de ventaja. – No quiero que nadie más que tu me toque
Aquel cometario causó un sonrojo en el rostro del sueco, mirando disimuladamente hacia otro lado en un intento de no mostrarse del todo avergonzado frente a su pareja. El otro era consiente de lo penoso que podía ser su pareja con respecto a ese tipo de temas, por eso amaba más molestarlo de esa manera.
– Ese día, cuando me fui de Copenhague – Empezó hablando con un poco de duda, pero quería sacarse las preguntas de la cabeza – ¿Por qué me seguiste?
Aquello había confundido al sueco por mucho tiempo, pero no se había atrevido a preguntarle, de hecho muchas veces había hecho como que pasaba por alto aquellos momentos.
– Mmm… Es algo tonto – Dice el danés levemente avergonzado, rascándose una mejilla.
– Quiero saber – Insiste el sueco.
– Bueno, pero no te vayas a burlar. – El mayor carraspeó antes de iniciar su relato. – Ese día tuve un sueño, en el cual veía a varias personas desconocidas con alas y a ti bajo un árbol pero igual tenías alas. Entonces un tipo que no tenía pinta de malo pero que si resultó serlo hablaba conmigo y luego clavaba un cuchillo en tu pecho. Yo gritaba pero mi voz no salía, mi cuerpo tampoco se movía como quería y no pude acercarme a ti, En ese momento sentí que te perdí, al despertar me di cuenta que algo así pasaría si te ibas, aún tenía la amarga sensación de verte morir y corrí sin decirle a nadie para seguirte.
– Por eso decidí, que como en ese sueño, no te perdería de nuevo. – Terminó un poco más avergonzado que antes, incluso esperando que terminase burlándose.
– Gracias – Con esas palabras, el de lentes se apoyó en el hombro ajeno, descansando un poco en esa zona a lo que el danés enseguida aprovechó recostarse y dejarlo sobre él en la cama. El sueco no protestó, tampoco le importó que el otro empezara a acariciar su cabello solo reaccionó cuando le quitó los lentes, entonces apoyó las manos en el colchón y se colocó en cuatro sobre él para observarle fijamente.
El día antes de partir, Berwald había tenido un sueño parecido, en el cual el danés le veía con lágrimas en los ojos mientras su vista se nublaba, en ese instante pensó en cancelarlo todo y quedarse pero no pudo. Por eso sintió el mayor alivio al tener a su pareja siguiéndole. Se perdió unos segundos en ese recuerdo hasta que Soren pasó una mano alrededor de su cuello para atraerlo hacia él en un beso intenso de esos que son capaces de robar todo el aliento desde el inicio. Las caricias y besos continuaron mientras la voz de Berwald era la más reveladora del momento tan íntimo que compartían.
– Ten cuidado con tu pierna – Dijo Berwald antes de soltar un jadeo ante los besos que Soren ahora daba en su cuello.
– No te preocupes, por algo te dejé sobre mi esta vez – Soren replicó con un guiño travieso, provocando más obviedad en el color del rostro sueco.
– Tonto –Fue la respuesta del aludido para después soltar un gemido quedo, ya que las manos ajenas habían buscado su camino del pecho a su entrepierna. Como siempre no perdía el tiempo y era bastante rápido en esas cosas.
Así continuaron hasta el límite que su cuerpo soportó, aprovechando que era el día libre de Soren y que Berwald tenía clases solo en la tarde del día siguiente, al amanecer ambos se quedaron acurrucados uno contra el otro. Ya no eran besos intensos y caricias con lujuria, ahora eran roces de labios, caricias tiernas y una que otra sonrisa traviesa incluso por parte de Berwald.
En el cielo, Gilbert sabiamente se retiró apenas comenzaron los arrumacos, previendo que el color que empezaba a adueñarse de Ludwig aumentaría si se quedaban viendo el espectáculo que ellos le regalaban. No pudo irse sin más que con una sonrisa, verlos tan felices le hizo demasiado feliz a él también. Que importaba volver a se ángeles, por el momento esperaba que disfrutaran de esa vida mortal que tenían para compartir, para que al volver, lo hiciesen con las manos juntas y tan unidos que nada ni nadie sería capaz de separarlos de nuevo.
– Berwald – Soren habló de fomar perezosa, ya cayendo en las garras del sueño.
– ¿Qué? – Preguntó un igualmente dormido Berwald.
– Nunca te voy a dejar solo, aunque ya no me quieras voy a quedarme a tu lado –
El sueco se acercó pegándose a su pecho. – No se como podría dejar de hacerlo – Murmuró en esa cercanía, para que no fuese capaz de ver la vergüenza en su rostro por expresar sus sentimientos.
– Berwald –
– ¿Qué? –
– Te amo –
Esta vez si consiguió un rojo completo en el rostro de Berwald, por lo que este tuvo que moverse de su cómodo lugar para acercarse al oído danés y murmurar en un tono muy bajo – Yo también te amo –
FIN
Muchas gracias a todos lo que se tomaron su tiempo leyendo y han seguido esta historia. Gracias a los que siguieron desde el principio y a los que se unieron a medio camino, siempre me alegró ver subir las estadísticas de lectura aunque no hubiesen reviews. Aunque claro, los reviews me animaban muchas veces a continuar. Espero hayan disfrutado este pequeño viaje junto conmigo, tengo en mente a futuro posiblemente hacer una especie de secuela pero sería del Doctor y el Bombero, pero aún no lo se. De momento les invito a leer mis otras historias y las dos sagas que acabo de comenzar "El llamado de la sangre" sobre vampiros y misterios; y "30 días para enamorarse" más rosa y gracioso.
En particular quiero agradecer a:
Nekolandia: Tu siempre me apoyaste leyendo mis escritos, obvio que no te golpearé por no dejar review en algún capítulo. Gracias, tus mensajes siempre me alentaron a seguir y los esperaba con ansias.
