Disculpen mi tardanza en la actualización de este fic. La verdad no tengo excusa porque ya hay más de veinte capítulos escritos, pero me enganché un poco, o mucho, con mis otros fics. Demasiado tarde aprendí que es mala idea escribir varios a la vez, pero me daré mi tiempo para actualizarlos todos.

Muchas gracias chicas por su ayuda en la clarificación del día de estreno de "Revenge of the Fallen" en México. Por fin Cinépolis anunció que el estreno será el 23 de Junio (¡El Martes próximo!), así que ahí estaré sin falta babeando y tratando de no desmayarme. Ver a Megatron, Starscream y Soundwave en la misma película… creo que es demasiado para cualquiera... Pedir a Jazz ya sería demasiado porque a fuerzas los productores quieren vernos llorar por la pérdida de alguno de nuestros queridos Transformers.

Bueno, no me extiendo más. Gracias de nuevo y espero que disfruten este capítulo.



Capítulo 11

A piacere

Cosas extrañas suceden en los caminos sin salida.

Cuando se pierde noción del tiempo y toda esperanza se ha desvanecido, la mente del cautivo genera pensamientos y actitudes inesperadas, sin importar si dicha mente fue creada artificialmente.

El procesador de Nocturne había cedido ya; la angustiosa cuenta regresiva hacia la realización de sus peores temores la había sumido en la derrota. Sin embargo, siempre había un lugar para que sus creencias se aferraran a eso que muchos llaman honor.

-No.

La delicada voz femenina retó la frialdad de las paredes metálicas que la rodeaban, pero sobre todo la de la alta figura que estaba enfrente de ella.

-No lo haré…- continuó, tratando de dominar el temblor de su cuerpo, tratando de que su vocalizador no reflejara su temor.

Una precaución inútil, y ella misma lo sabía. Soundwave había estado ya dentro de su mente, y a la vez le había abierto una puerta a la suya propia. A pesar de que no había encontrado agresión dentro del breve momento en que había estado conectada directamente con el Decepticon, sabía que él había estado guiado por su propia conveniencia. Ese frío mecanoide no podía ser capaz de sentir consideración por su prisionera, por su esclava…

-Resistencia: inútil. Cooperación: lógica,- habló Soundwave tras algunos tensos astro segundos de silencio.

Esas palabras no la sorprendieron. A pesar de que hacía muy poco tiempo que era propiedad del Oficial de Comunicaciones Decepticon, ella ya entendía perfectamente que él sólo hablaba cuando lo consideraba estrictamente necesario y que mantenía sus emociones reales completamente ocultas.

Los Autobots solían simplificar el tema diciendo que Soundwave simplemente carecía de emociones, que su procesador era incapaz de sentirlas.

Pero Nocturne tenía sus dudas al respecto. Un simple dron sin emociones no tendría un rango militar tan alto, mucho menos sería tan racional y seguro de sí mismo. Soundwave debía tener emociones, pero ninguna relacionada con lo que los Autobots consideraban gentileza.

No había nada más peligroso que un mecanoide que estableciera los valores de su propia ética. Nocturne estaba segura de que ese era el caso de Soundwave; su código de honor debía estar guiado únicamente por su propio beneficio y el de su causa. En otras palabras, era un monstruo, y mucho más atemorizante que sus compañeros de armas, porque la suya era una monstruosidad fría y calculada.

Soundwave la miró. Imposible saber qué escondía su máscara facial.

-Negación entendida, pero rechazada. Orden debe ser obedecida inmediatamente,- el Decepticon habló otra vez.

Nocturne retrocedió, encontrando la fría pared tras su espalda. Había llegado el momento. Él reaccionaría ante su resistencia, buscaría la manera de hacerla obedecer. El Decepticon estaba a punto de aparecer, su amo… ¿Había llegado, entonces, el momento de la muerte?

-Una mente racional entiende la importancia del pensamiento independiente. Si la mente se destruye, cualquier inteligencia se hace vacía. La supervivencia del pensamiento debe ser la prioridad de cualquier organismo, sin importar su ideología. Destruir tu procesador: un desperdicio.

Eso fue todo. La monotónica y tranquila voz de Soundwave lo había dicho todo sin necesidad de amenazas directas, mucho menos de violencia. En pocas palabras, pero a la vez muchas para las que evidentemente solía pronunciar, él había dejado muy clara su posición. Y la de ella.

Ceder o entregar su mente… Rendirse o convertirse, literalmente, en una máquina, nada más que una máquina, sin razonamiento ni emociones… Traicionar sus creencias o dejar de existir, tan simple como eso… El Decepticon había hablado y ahora ella tenía que decidir.

Se transformó.

Durante el breve lapso de tiempo en que sólo pudo escuchar los sonidos de su propia estructura cambiando a su modo alterno y comprimiendo sus dimensiones físicas, Nocturne no supo exactamente por qué lo estaba haciendo. ¿Era derrota, sumisión, aceptación de un destino que ya no le pertenecía? ¿O sería acaso su manera de agradecerle a Soundwave por haberla salvado, primero su dignidad y después su cordura? Tan humillante y perturbador como era, el pensamiento constituía también una verdad.

Desechó esa línea de razonamiento y prefirió la actitud pasiva por el momento. Cuestionar su propio comportamiento no la llevaría más que a lugares aún más confusos. Y la confusión en las presentes circunstancias sólo podía llevarla a más dolor.

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Soundwave la miró transformarse. Hacía mucho que no veía un amplificador de sonido tan avanzado como el modo alterno de la acústica Autobot. Le satisfizo que ella no hubiera adaptado su forma a algún modelo terrestre sino que conservaba su apariencia Cybertroniana.

Le satisfizo también conservarla funcional. Si ella hubiera persistido en su negativa, él no habría tenido otro remedio que destruirla. Una lástima, considerando su potencial científico. Forzar su voluntad tampoco era una opción. Soundwave sabía perfectamente que una mente sólo podía funcionar a su máxima capacidad si era independiente. Convertir a la Autobot en un dron sin voluntad hubiera sido lo mismo que destruirla.

Ella no estaba satisfecha con resignarse, eso lo tenía él claro. Encargarse de que esa derrota no interfiriera en su funcionamiento sería su responsabilidad. El éxito de su cañón resonador dependía de eso.

Pero para un telépata tan poderoso como él, eso no sería problema.

Decidiendo no desperdiciar más pensamientos en la prisionera, Soundwave le dio la espalda y se dirigió hacia su computadora. Ya había perdido valiosos breems y no era su naturaleza desperdiciar tiempo.

Apenas comenzaba a hacer los primeros ajustes cuando la puerta de sus cuarteles personales se abrió. Rumble y Frenzy entraron, empujando un contenedor demasiado grande para ellos en el que reposaba el decodificador de frecuencias creado por la Autobot.

-Aquí lo tienes, jefe, intacto como pediste. ¿Dónde lo quieres?- preguntó Rumble mientras empujaba el contenedor. Frenzy retrocedió un paso y dejó que su gemelo se encargara del resto del transporte.

Soundwave levantó un brazo e indicó hacia un espacio vacío entre el prototipo del cañón resonador y la consola de su computadora. Se percató de la mirada de odio que Frenzy dirigió a Nocturne, pero una vez más decidió ignorar los exabruptos emocionales de su creación más joven.

También se percató de la confusión de Rumble. Ninguno de los gemelos había aprendido a controlar sus emociones. Su molestia era comprensible pero no lógica. En algún momento sus Cassettes tenían que madurar, y esperaba que lidiar con pequeñas inconformidades como la presente situación les ayudaría en eso.

Rumble miró con nerviosismo a Nocturne y después a Frenzy, que se había quedado parado en el umbral de la puerta, dejando muy clara su postura.

-Eh, jefe… ¿Podemos irnos, tú sabes, a hacer nuestras cosas?- preguntó el Cassetticon azul.

-Procedan,- contestó Soundwave mientras escaneaba el aparato frente a él.

A pesar de que no dirigió ni una sola mirada a sus jóvenes creaciones, deseó internamente que pudieran encontrar una respuesta a su ilógica perturbación. Los sentimientos de posesión y celos no tenían cabida en un procesador organizado.

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Soundwave levantó el último panel del contenedor metálico y lo colocó contra la pared, revelando la perfecta estructura del decodificador de frecuencias. Mientras lo hacía, pudo sentir claramente las excitadas emociones de la Autobot mientras miraba su preciada invención de nuevo.

Soundwave escaneó la máquina ante él. Era perfecta, construida con una magistral atención, su ingeniería increíblemente sofisticada… Y finalmente, finalmente, estaba en su poder.

Sin embargo, algo perturbaba su éxito. Aunque se había apoderado de la máquina que haría su ambición de conquista una realidad, la verdad predominaba: una Autobot había creado esa maravilla tecnológica –la pacifista fémina que estaba ante él, ni más ni menos- y no importaba cuánto lo había intentado en el pasado, él no había sido capaz de crear algo similar. Ese pensamiento en particular le hizo sentir repugnancia de sí mismo.

Pero no había lugar para insignificantes inseguridades en ese momento. No ahora que estaba tan cerca de la victoria.

Con mano firme, Soundwave alcanzó el decodificador de frecuencias y lo encendió. Con una perfectamente escondida satisfacción, escuchó atentamente mientras la máquina vibraba calmadamente hacia la vida, los sonidos más ínitmos del universo zumbando por sus sistemas internos como una sinfonía perfectamente compuesta.

Momentáneamente perdido en esas armonías, una presencia a su lado lo sorprendió, regresando sus pensamientos al mundo de lo tangible. La fémina…

Vio a la Autobot mirando su creación, su delicada mano acariciando la lustrosa superficie con gentileza. Se había transformado de nuevo en su modo bípedo, obviamente atraída por su invención.

-Es hermosa, ¿no…?- preguntó ella suavemente sin dejar de mirar la estructura de la máquina, como si estuviera en trance.

Soundwave permaneció en silencio, inseguro de su próxima acción. Miró cómo ella seguía tocando su invento, su mano moviéndose por el frío metal como si tratara de consolarlo. Soundwave se preguntó sobre las capacidades auditivas de la Autobot. ¿Era ella tan sensible a los sonidos y vibraciones como lo era él? Tal vez esta fémina era incluso más perceptiva…

Pero no, eso no importaba. Estaba perdiendo el tiempo, y necesitaba poner un fin a esa situación de inmediato. Pero titubeó. Una extraña sensación de calma había descendido sobre la fémina. Por primera vez desde su captura, sus ondas mentales eran casi normales, y sorprenderla en ese momento… Soundwave no estaba seguro de qué resultados obtendría.

Pero mientras continuaba estudiándola, los patrones mentales provenientes de la prisonera cambiaron y de repente ella se volvió a mirarlo con terror expuestos en sus ópticos.

-L-lo siento… Yo no… no quise…- Su cuerpo temblaba mientras miraba al Decepticon como pidiendo piedad. –Me transformaré inmediatamente. Haré lo que me digas… sólo por favor… no me quites mi mente…

Silencio agonizante reinó entre los dos por incontables astro segundos; ni el Decepticon ni la Autobot estaban seguros de cómo reccionar. Finalmente, fue la fría y mesurada voz de Soundwave la que rompió el silencio.

-Comportamiento entendido. Petición otorgada. Transfórmate y prepárate para amplificación de señales de sonido.

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Los pasos pesados y apresurados de Blaster resonaron por el ancho corredor de la base.

No eran extraños los espacios vacíos en El Arca, demasiado grande para apenas una reducida parte del ejército Autobot. Sin embargo, no le tomó mucho a los avanzados audios de Blaster percatarse de que no estaba solo.

-Muéstrate,- dijo.

Nada sucedió. El Comunicador se cruzó de brazos con impaciencia. –No subestimes mis capacidades auditivas, Mirage. Además, tú no sueles dejar que tus pasos se escuchen a menos que desees ser descubierto. Muéstrate.

El espía apareció, desechando su manto de invisibilidad. –Sería inútil tratar de engañarte precisamente a ti,- dijo sonriendo.

Blaster no compartió la sonrisa y continuó su camino.

-¡Espera!- gritó Mirage siguiendo a su compañero. -No te seguí por nada. ¿Quieres escucharme un momento?

Blaster se detuvo, impaciente. -¿Qué es lo que quieres?

Mirage alcanzó a Blaster y colocó amistosamente su mano sobre el hombro de su amigo. -No pude evitar escuchar tu conversación con Optimus…

Blaster retrocedió un paso y se sacudió el contacto. -¿Así que espías dentro de tu propia base? Qué honorable de tu parte, Mirage.

-¡No estaba espiando! La cautela es mi especialidad y a veces no puedo evitar escuchar conversaciones que no me conciernen… Aunque en este caso, me alegro de haberlo hecho. ¿Justo a dónde crees que te diriges, amigo?

No hubo respuesta.

-¿A dónde, Blaster?

-Como bien dijiste, no es de tu maldita incumbencia.

-Es mi maldita incumbencia si vas directamente a hacerte destruir. ¿Dónde está tu sentido común?

-En el lugar correcto, a diferencia del de nuestro valiente líder.

-Cállate, no sabes lo que dices. La cautela no tiene nada que ver con la cobardía.

-Y tú debes saberlo precisamente, ¿no, Mirage?

El doble sentido en las palabras del Oficial de Comunicaciones era evidente, pero Mirage decidió ignorarlo. -Sólo trato de evitar que te autodestruyas inútilmente.

-Qué considerado de tu parte. Ahora, si eso era todo…

Blaster reanudó su camino pero una mano firme lo sujetó por el brazo.

-¡Suéltame, Mirage! ¡Tengo prisa!- gritó mientras sacudía su brazo.

-¿Prisa de qué? ¿De servir de blanco submarino a los Decepticons?

-¡Al menos moriré tratando de salvarla! ¡No seré un traidor cobarde como Optimus y todos ustedes!- respondió el alterado comunicador mientras liberaba su brazo.

-Tu desactivación será inútil, entonces. La primera reacción no suele ser la más indicada. Escucha lo que te digo y trata de calmarte. Hay otras maneras de rescatar a Nocturne.

Blaster se paralizó. Nocturne.. rescatar… otras opciones… Las palabras golpearon fuertemente su errático procesador.

Con el interés de su compañero despertado, Mirage continuó. –Siempre hay alternativas, no precisamente las más honorables pero…

-¿De qué estás hablando?

Mirage miró hacia atrás, como si quisiera asegurarse de que estaban solos; un reflejo inútil considerando que era uno de los mejores espías Autobots y seguramente había escaneado todos los alrededores para asegurarse que sus palabras no fueran escuchadas por nadie más que por Blaster.

-Abre tu comunicador interno,- dijo en voz baja.

Blaster frunció el ceño. -¿Qué?

-Sólo ábrelo.

Demasiado impaciente para discutir, Blaster abrió un canal privado y permitió la entrada a la serie de diecisiete dígitos que Mirage le transmitió.

-¿Qué es esto?- preguntó el Oficial de Comunicaciones.

-Comunícate a esa frecuencia. No olvides que yo nunca te la di, y sobre todo nunca tuvimos esta conversación.

-¿Pero qué… quién…?

-Sólo comunícate. Si hay alguien que te puede ayudar en este momento, lo encontrarás ahí.

Sin decir nada más, Mirage retomó su invisibilidad y desapareció, sus sigilosos pasos claramente audibles para los audios de Blaster.

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Lentas y silenciosas, las horas pasaron. Incontables frecuencias sonoras habían sido calibradas por Nocturne y su decodificador de frecuencias, cada una computada y organizada en los inmensos y ordenados bancos de datos de Soundwave.

Demasiado ocupado en calcular posibles alteraciones de dos frecuencias particularmente amplias, hacía rato que Soundwave permanecía arrodillado ante el cañón resonador, su mente totalmente desconectada de la presencia de su esclava. Silenciosa y discreta, Nocturne había hecho lo posible para que su presencia pasara lo más desapercibida posible. Sólo fue hasta que Soundwave requirió nuevamente sus servicios que recordó su existencia.

-Análisis de longitud de onda requerido. Prepárate para recibir,- dijo, mientras hacía algunos ajustes en decodificador de frecuencias.

Al no recibir respuesta, Soundwave miró sobre su hombro y no encontró a su esclava en el lugar en el que había estado de pie durante los últimos veintidós breems.

Sin embargo, la encontró rápidamente, su señal de energía indicando su presente estado.

Recarga.

En algún momento, la Autobot había entrado en recarga.

Nada para sorprenderse. Laserbeak y Buzzaw le habían informado que en ningún momento la prisionera había entrado en recarga durante su estancia en la celda. Tarde o temprano sus circuitos exigirían el descanso y la forzarían a apagar sus sistemas básicos.

Lo que sí fue sorprendente fue la imagen de la Autobot cediendo a su fatiga… en la cama de recarga de Soundwave.

Estaba sentada, con uno de sus hombros apoyado en la pared. El cansancio la había llevado ahí pero la cautela había evitado que cediera a la tentación de buscar una posición más cómoda. Nada que escapara a la lógica en eso, tampoco.

Soundwave le había dado energon porque ella lo necesitaría para funcionar en su modo alterno, pero él no se había preocupado por los ciclos de recarga de su prisionera. Sería tal vez porque él mismo no solía recargarse mucho. A veces olvidaba que todo organismo Cybetroniano necesitaba descansar eventualmente.

La presente situación abría nuevas disyuntivas. Interrumpir su ciclo de recarga o dejarla ahí, ésa era el dilema. Detener el trabajo en el cañón resonador era un pensamiento molesto, pero también debía tomar en cuenta la lógica: un amplificador sónico agotado no podría rendir en condiciones óptimas. Una vez más, Soundwave permitió a la razón prevalecer.

Como sintiendo ese visor rojo clavado sobre su cuerpo, Nocturne se movió al tiempo que un apenas audible gemido salió de su vocalizador. Debía estar teniendo retroalimentaciones de sus bancos de memoria. Su vida había cambiado drásticamente en un lapso de tiempo muy reducido, después de todo.

Nocturne volvió a moverse, su cuerpo se deslizó un poco hacia abajo y su barbilla se recargó sobre su pecho.

Fue entonces cuando Soundwave se percató de lo extraño que era ver a otro ser en su cama de recarga que no fueran sus Cassettes. Muchas veces Rumble y Frenzy la utilizaban como arena gladiatorial para sus pequeñas peleas, y últimamente Ravage había desarrollado el hábito de recargarse en la base, pero esto era totalmente diferente. Esa era una Autobot… y una fémina…

No fue la lógica la que guió sus pensamientos a percatarse conscientemente de las sutiles curvas del cuerpo de la Autobot, de la armoniosa conjunción de sus colores verde y gris, de las delicadas y perfectas facciones de su rostro…

La miró, incapaz de desviar la mirada, la existencia de la fémina súbitamente cautivándolo como las sutiles armonías de su creación. ¿Cómo era posible que un ser tan débil como ella había logrado mantenerse con vida hasta entonces? Era muy molesto pensar que esa Autobot se había sentido lo suficientemente segura en su presencia como para arriesgarse a entrar en modo de recarga, y en la cama de recarga de Soundwave ni más ni menos… Y era aún más molesto pensar que él estaba ahí parado mirándola, permitiéndoselo.

Otro suave gemido escapó de los labios de Nocturne. Su mano se alzó y trató de alcanzar algún objeto invisible ante ella; una pequeña mueca de turbación ensombreció sus facciones.

¿Qué podría estar pasando por su procesador en ese momento, mientras se recargaba? Soundwave no se dio cuenta de la suave onda mental que salió de su propio procesador hasta que la primera caricia sobre la mente de ella fue perceptible.

Soundwave detuvo abruptamente su intento por establecer conexión una vez más con su mente e inconscientemente retrocedió un paso, horrorizado por su propia falta de control. Era la primera vez en mucho tiempo que sus acciones habían sido guiadas por el puro instinto. Tenía que haber una falla en sus circuitos, tal vez un virus… ¿Pero cómo podía ser, si revisaba el óptimo funcionamiento de su procesador cada ciclo solar?

Soundwave trató de no mirarla. Sabía perfectamente el revuelo que la llegada de la Autobot había desatado entre sus camaradas de armas, pero comprender sus razones no significaba compartirlas. Nunca antes había descendido a la bestialidad. Desde el primer momento había visto a la Autobot como un mero objeto, aunque el uso que tenía planeado para ella era radicalmente distinto al que cualquier otro Decepticon le habría dado.

¿Por qué, entonces, la confusión, la incomodidad con sus propios pensamientos?

Él no era irracional, no era una máquina que actuara siguiendo instintos básicos o primitivos. La situación entera era absurda.

El control debía ser retomado. Tenía que regresar al siempre seguro plano de la lógica.

Si Soundwave hubiera sido un mecanoide apenas un poco expresivo, tal vez habría sacudido la cabeza. Pero ninguna señal exterior traicionó la tormenta interna que se había detenido tan súbitamente como había comenzado.

Avanzó hacia Nocturne con sus pensamientos claros.

La Autobot necesitaba recargarse. No funcionaría sin recarga. El cañón resonador la necesitaba plenamente funcional.

Pero ella no podía permanecer donde estaba. Podía sentir a sus Cassettes dentro de su pecho casi alcanzando la totalidad de su ciclo de recarga, y era seguro que Frenzy y Rumble regresarían a completar sus ciclos antes de que la noche terminara… No podía arriesgarse a agravar la situación dejando que sus creaciones encontraran a la prisionera ahí.

Llegó hasta Nocturne y suavemente la levantó en sus brazos, cuidando de no despertarla. Para que la Autobot permaneciera en recarga, era necesario que se sintiera al menos parcialmente segura. Despertarla a su realidad la habría llevado de nuevo a la ansiedad, esta vez probablemente con consecuencias irreversibles para su estabilidad mental y por ende su capacidad científica.

Y mientras miraba a la dormida fémina en sus brazos, Soundwave supo que estaba haciendo lo correcto… Aunque, a pesar de sus argumentos justificados lógicamente, no fue capaz de suprimir la desagradable sensación de vulnerabilidad abriéndose paso a través de su procesador.

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Recarga.

Como el sueño para las criaturas orgánicas, el apagado parcial de los sistemas para los Cybertronianos representaba la más básica de las necesidades, la raíz de toda la existencia.

Perdidos en los vastos planos del subconsciente, podían encontrar tiempo para sanar, para encontrar lógica y orden en el mundo consciente, para ganar un entendimiento tanto en la realidad como en los confines de la mente, para prepararse, para reaccionar…

Para soñar.

Entre el caos, Nocturne soñaba.

Vacías voces gritaban mientras una cortina de humo negro cubría las estrellas. Las entradas de aire de Nocturne se estaban saturando y su visión se nublaba. Manos torcidas fueron tras ella, buscando su cuerpo mientras ella corría por los corredores metálicos del crucero espacial, desesperadamente tratando de escapar.

Pero a medida que corría la obscuridad se hacía más profunda, tragándola, un inmenso peso haciéndola caer… Y entonces estaban sobre ella, rostros deformes, mirándola a través de opacos y vacíos ópticos, fríos y aterrorizados, gritando por una salvación que ella no podía darles. Trató de apartarlos, de liberarse de su morboso abrazo; pero mientras ella luchaba por su libertad, los mutilados rostros se disolvieron, dando paso a otros. Nuevos horrores…

La brillante forma de Megatron se paró ante ella. Su fría y maliciosa risa se esparció por toda la obscuridad como un perverso grito de guerra. Nocturne retrocedió mientras su cuerpo temblaba sin control, pero algo le bloqueó el camino… Esos ópticos hambrientos, llenos de lujuria, violando su dignidad sin piedad. Sintió el pánico elevándose por todos sus sistemas mientras más y más de esos ópticos rojos aparecían entre el cielo negro. Nuevas manos se alzaron para buscar su cuerpo…

Y entonces apareció… un visor rojo, frío e impenetrable, emergiendo entre el humo, trayendo luz a la sofocada obscuridad. Los cuerpos lujuriosos se derritieron; fueron barridos como polvo ante el viento. Un calor envolvió a Nocturne y, de repente, pudo ver las estrellas otra vez.

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La base Némesis de los Decepticons había sido testigo de muchas rarezas. Violencia, traición, complots y muerte nunca habían estado ausentes.

Pero ciertamente los muros purpúreos nunca habían albergado una vista tan extraña como la del frío Oficial de Comunicaciones Decepticon caminando con una Autobot femenina en sus brazos. Las luces bajas de los pasillos que brillaban durante la jornada nocturna creaban irreales sombras en la extraña pareja, cuyas insignias enemigas se rozaban de una manera totalmente antinatural.

Soundwave estaba acostumbrado a moverse entre las sombras, a no ser detectado, pero muy pocas veces había caminado con tanto cuidado como en esa ocasión.

El cuerpo de ella parecía volverse más cálido a cada paso que él daba. Soundwave podía sentir perfectamente las suaves vibraciones de sus circuitos internos a través del contacto entre sus cuerpos. Había algo zumbando también adentro de Soundwave, algo que estaba reaccionando a ese contacto sin importar cuánto él tratara de ignorarlo.

Que ella gimiera de vez en cuando sólo empeoraba las cosas, pero no fue hasta que su cabeza se recargó plácidamente en el pecho de él cuando Soundwave se sintió realmente incómodo.

¿Qué era eso? ¿Él, el más leal de los Decepticons, llevando en brazos al enemigo, procurando su bienestar, cuando durante casi toda su vida no había hecho más que combatir y matar Autobots?

No importaba qué tan lógicas fueran sus razones, qué tan necesaria le fuera la Autobot en ese momento… Algo no estaba bien y él no podía negarlo.

La miró. Su visor rojo creó sutiles brillos en la forma verde de ella, sobre su rostro, tan pacífico… sobre su pecho…

Reliquias de emociones hacía mucho tiempo olvidadas empezaron a agitarse muy dentro de él. Pero a pesar de que trató de reprimirlas mientras continuaba su camino con la fémina descansando en sus brazos, Soundwave supo que esa batalla probaría ser más mortal que cualquier combate físico que había tenido hasta ese día.

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Soundwave se encontró con Thundercracker en el Centro de Mando, haciendo guardia. O al menos eso era lo que el Seeker estaba fingiendo hacer; su mirada estaba perdida en el monitor de la computadora y su pierna derecha estaba lánguidamente subida sobre la consola.

Bajó la pierna apresuradamente cuando escuchó a Soundwave entrar, pero detuvo el movimiento y casi se cae de la silla cuando vio que el Tercero al Mando Decepticon no estaba solo.

Definitivamente lo último que Soundwave quería en ese momento era ser visto, pero si alguno de sus indiscretos y molestos camaradas de armas estaba destinado a presenciar su momento incómodo, mejor que fuera Thundercracker.

El Seeker era reservado y no solía actuar ilógicamente como el resto de sus compañeros aéreos. Su discreción quedó confirmada cuando giró violentamente la cabeza y regresó su mirada a monótona pantalla que mostraba las mismas señales estériles que emitía todas las noches.

Soundwave agradeció el gesto internamente y continuó su camino, no preocupándose más por la presencia de Thundercracker y esperando que el sentimiento fuera mutuo.

Sin embargo, cuando Soundwave desapareció por la compuerta que llevaba a los niveles inferiores donde se localizaba el área de calabozos, el Seeker miró intrigado sobre su hombro.

¿Ese había sido Soundwave?

Thundercracker sacudió la cabeza. Tal vez había sido una alucinación, una jugarreta de su cerebro aburrido de la rutinaria labor de vigilancia.

Tenía que serlo. No era sólo que Soundwave hubiera llevado en sus brazos a la prisionera Autobot, sino que lo había hecho casi con… ternura.

Sí, definitivamente la vigilancia nocturna no era una buena compañera para la cordura.

Continuará.



Ahora sí, la actualización de ésta y otras historias vendrá muy pronto. Gracias por leer :o)