Disclaimer: Esta es una obra de Fanfiction usando personajes del mundo de Bajoterra, que son propiedad de Asaph Fipke y Nerd Corps. Lo único que me pertenece son los OCs.
N/A: Este capítulo fue difícil de escribir, ya que estuve sin monitor durante un largo tiempo y había adelantado un poco, sin embargo, cuando lo leí no me convenció y tuve que rehacerlo. Me alegra anunciar que esta es la primera actualización del año y no será la última. Espero que disfruten del capítulo.
Soundtrack: Haunting – Halsey.
Capítulo 10. Escapé de mis ilusiones.
1930. Domingo, 22 de Junio.
Trixie sintió un escalofrío. Se suponía que no debía involucrarse sentimentalmente y lo primero que hizo fue aceptar una cita, donde el romance era lo primero que se veía.
A pesar de que estaba un poco mareado, Eli enfocó su mirada en la joven de ojos verdes. Todas las personas en el público aplaudían, excepto una y, para su mala suerte, era su futura cita. Él dejó de celebrar al ver el rostro de ella tan lleno de terror. Sin embargo, lo que más lo desconcertó fue que ella se alejara.
—¡Es momento de sacudir el esqueleto, gente! —anunció Pronto. Aprovechando que la gente caminaba de aquí para allá, Trixie se dirigió a la barra, sin siquiera mirar el escenario y al pobre chico que fruncía el ceño al tratar de encontrarla dentro de la multitud.
—Dana —La susodicha miró a Trixie con una sonrisa, la cual se borró en cuanto observó la actitud nerviosa de la próxima gobernadora.
—No puede ser —masculló en voz baja. Frunciendo los labios, la rubia deslizó un billete hacia el barman, quien sonrió con orgullo—. ¿Qué sucede?
Trixie titubeó.
—Necesito irme, rápido —Dana arrugó el entrecejo, accediendo.
—Esto no se quedará así —le dijo a Kord. Él se limitó a encoger los hombros—. Vámonos.
Ambas se dirigieron hacia la salida, justo antes de que Eli llegara al mostrador.
—¿Me puedes decir qué fue lo que pasó? —le preguntó Kord.
—La invité a salir y ella se fue —El ojizarco murmuró, observando el letrero de salida—. ¿Me das un trago?
oOo
Entró al bar y las brillantes luces le hicieron entrecerrar los ojos, agachando la cabeza en el proceso. Lo siguiente que supo era que alguien le tomaba de la mano, dándole un cariñoso apretón.
Trixie quitó la mirada del suelo y lo miró a él, sonriendo instantáneamente. Eli la llevó hacia la pista de baile, dedicándole en el trayecto una tímida sonrisa. Allí tomó su otra mano y ella sólo se dejó guiar.
Un pacífico sonido llegó a sus oídos, como una melodiosa canción de cuna. Cerró los ojos y apoyó su cabeza en el pecho de Eli.
Bailaban al compás de aquel dulce tono. Se sentía en el cielo, en el sueño más...
—¿Señorita Trixie? —La susodicha abrió los ojos, totalmente desubicada—. ¿Está despierta?
Se incorporó con un leve dolor de cabeza que empeoró al escuchar el estridente sonido de su alarma. La apagó de inmediato y observó su puerta, la cual era golpeada levemente por Rose.
—Puede... —Su voz se quebró debido al extenso tiempo que había estado en silencio—. Está sin llave, puede entrar.
Rose abrió la puerta y le miró con pena.
—Lamento despertarla. Le he traído el desayuno —Trixie asintió. Con tranquilidad, la pelinegra dejó la bandeja en el escritorio—. Siento mucho si esto suena atrevido, pero: ¿Qué le pasó a su cabello?
La chica de ojos verdes rió, haciendo una mueca al sentir una presión en su frente por un segundo.
—Tinte —respondió, tratando de peinar su cabello con los dedos. Al fallar, miró con curiosidad a Rose y le preguntó—: ¿Conoces alguna bebida contra la resaca?
—No, señorita. Yo no bebo —Rose le informó. Ella pasó las manos con nerviosismo por su uniforme, estirando las arrugas invisibles.
—Nosotras tenemos un asunto pendiente, ¿no es así? —La empleada apretó los labios—. El sábado te fuiste tarde y al día siguiente no tenías ningún rastro de haberte desvelado. ¿Cuál es tu secreto?
Trixie le sonrió con simpatía.
—Mi tiempo fuera de la casa es corto —murmuró—. Lo hago pocas veces y es solamente para vender las bufandas que tejo en mi tiempo libre.
—¿Tú tejes? —cuestionó la temporalmente pelinegra, sin siquiera molestarse en ocultar su sorpresa—. No pensé que...
—¿Las empleadas tenían una vida en el pueblo? —completó Rose, arrepintiéndose al terminar de hablar—. Lo siento, eso fue grosero.
—No te preocupes —susurró Trixie. Se puso de pie y caminó hacia su escritorio, tomando una manzana de la bandeja. La observó entre sus manos y continuó—: Tienes razón; siempre ignoro ciertos detalles.
—Antes que se me olvide... —La joven sacó un colgante de su delantal y se lo tendió a la chica que comía una manzana. Trixie dejó la fruta en la bandeja y se acercó a admirar el collar de gotas verdes—. Su madre le mandó esto.
—Supongo que hay algo oculto detrás del obsequio, ¿verdad? —supuso, suspirando con pesadez.
—Es cierto. Su madre bajó al pueblo —Trixie enarcó una ceja. Anne apenas salía de la casa y, cuando lo hacía, era lo más lejos posible del pueblo—, no sin antes decir que te pusieras el collar con un vestido negro para tu visita de hoy.
—Qué bien. Una visita —farfulló con sarcasmo—. ¿Por qué mi mamá bajó al pueblo?
—No lo sé —respondió minutos después. Pareció pensarlo más de lo debido, lo que hizo crecer una duda dentro de la mente de Trixie.
—Ahora que lo pienso —habló con voz firme. Apretó el collar en su mano derecha y le dedicó una mirada suspicaz a Rose—, antes me dijiste que había cosas que no debería saber y mi madre me ha ordenado no hablar más de lo necesario, ¿qué me están ocultando?
Rose vaciló.
—No tengo el permiso para responder esa pregunta —Esa respuesta hizo que Trixie frunciera el ceño.
—Te doy la autorización.
—Ha sido orden directa de su madre —La mucama hizo una leve reverencia—. Por favor no le hable sobre esta conversación.
Trixie se quedó en silencio. Sabía que Rose no le daría los jugosos detalles que tanto quería saber; el temor que ella le tenía a Anne era más grande que su amistad.
Luego de que la empleada saliera del cuarto, la morena entró al baño a darse una fría ducha. Sus pensamientos se volvieron un desastre en cuanto el agua tocó su espalda.
Había decidido no quitarse el tinte, por lo que recogió su cabello en una coleta baja. Mojó la yema de sus dedos y los pasó por sus párpados, en un intento de despabilarse por completo. Con cada toque, una nueva pregunta aparecía en su cabeza, lo que sólo empeoraba su dolor de cabeza.
¿Acaso aquel secreto era lo suficiente grave para que ella no lo supiera? No podía evitar sentir un extraño presentimiento de que tenía que ver con su padre.
Pasando la palma de su mano izquierda por el dorso de su mano derecha, recordó lo que había estado ignorando desde que abrió los ojos: su sueño.
Le había tomado por sorpresa el hecho por sí solo y la tranquilidad que había dentro de ella misma fue lo más impresionante. La chica taheña de su sueño no tenía razón para esconderse y su pareja de baile lucía tan orgulloso de ella, ajeno a la presencia de la hija del gobernador. Sin duda, había sido el mejor sueño de toda su historia.
Allí mostraba su ser tanto interior como exterior y no había ninguna persona que la retuviera. Lastimosamente, fue sólo un sueño.
Uno muy anhelado.
N/A: Estoy leyendo una historia de antaño en Wattpad y quiero un Francis. Ahora.
PD: Muchísimas gracias a una de mis mejores amigas que me ayudó a resolver cualquier duda y retomar el hilo de la historia. Sin ella, quién sabe cuándo hubiese publicado (quizás en el 2017).
