Capítulo 11

-estas mintiendo, no te creo, ¡tú amabas a tu madre!- gritó el escritor tomando de los hombro a la joven

- estábamos discutiendo, yo quería retirarme pero ella me impedía el paso, intenté bajar por las escaleras y ella se paró justo al frente mio, yo la empujé esperando a que se apartara pero en vez de colocarse a un lado ella cayó, cuando su cuerpo tocó el último escalón líneas de sangre comenzaron a formar un pequeño charco, corrí hacia ella pero no me respondía, cuando la ambulancia llegó ella ya estaba muerta-

Nuevas lágrimas surcaron su rostro, pero estas eran de enojo, lágrimas de amargura, Kagome se las secaba con furia, provocando algunos rasguños, Inuyasha se sentó en el sofá de uno con la mirada atónita, Kagome caminó muy rápido hasta la mampara que daba para el balcón, Inuyasha la tomó de la mano –no intentes nada estúpido-

-¡Volví a Japón esperando encontrar un poco de paz, todos en Italia saben lo que ocurrió, las empleadas, el chofer, el jardinero… las miradas de desprecio estaban por todos lados, fue ahí cuando una amiga me ofreció algo para olvidar todo, solo las probé una vez, luego le pedí a mi padre que me comprara un boleto de avión, solo eso, el aceptó, vine aquí con ciento veinte dólares en el bolsillo y no tenía idea de dónde quedarme, pensé en ir a visitar a mi abuelo, pero la vergüenza no me lo permitía, de alguna forma estaba pagando el sufrimiento que le causé a todas las personas que apreciaban a mi madre, sobre todo mi padre, su mirada de horror, las lágrimas de dolor que caían de sus ojos, nunca lo había visto llorar… - Inuyasha intentó salir del shock mientras Kagome entraba en una crisis nerviosa

-A veces cometemos errores, imprudencias, no pensamos en las consecuencias de nuestros actos y por eso sufrimos. Lo que ocurrió fue un accidente, el resultado fue fatal pero yo sé muy bien que tú no eres una asesina.

-Sé que lo dices para hacerme sentir mejor, pero tú y yo sabemos que no es verdad, tú me crees culpable, al igual que mi padre, Inuyasha, estoy cansada-

-No seas tonta- Inuyasha la acurrucó entre sus brazos y le susurró al oído –yo no te culparé de nada

-Gracias. Inuyasha, no se lo contarás a Sesshomaru ¿verdad?- Kagome lo miró con los ojos brillosos esperando la respuesta

-Como si en serio lo fuera a hacer… ¿se lo vas a decir en algún momento?-

-No lo sé… a mi realmente me importa mucho lo que el piense de mi- Inuyasha sintió un punzón en su pecho, solo que esta vez no estaba seguro de que era, su ego o algo más.

- ¿aún te gusta? – preguntó con cierto temor

-espero que sí – al ver la mirada de Inuyasha sabía tenía que dar una explicación- me estoy enamorando de ti Inuyasha y eso es algo que no puedo permitir- Aquella declaración lo tomó por sorpresa, tan directa y precisa, típico de ella

-Yo… lo siento Kagome

-lo sé, yo también. Sé que ella aún está en tus recuerdos y también sé que no puedo luchar contra eso, pero espero que el día en el que estés listo para volver a comenzar me recuerdes

-yo la amaba más que a mí mismo, realmente no quiero olvidarla

-no te pido que la olvides, pero si espero que algún día sientas algo por mí, algo superior a la amistad- Kagome abrazó con fuerza al escritor, sintiendo el calor de su cuerpo penetrarse en el suyo, gotas salinas caían de sus mejillas, otra vez estaba llorando, pero esta vez no era tan malo –Adiós Inuyasha, ya es hora de que me vaya, gracias por todo-

-Pensé que te acompañaría al aeropuerto- Kagome estaba a un metro de distancia, pero a pesar de ello quería tenerla más cerca, como hace unos segundos atrás

-Es mejor despedirnos aquí, así será menos dramático- Inuyasha comenzó a cercar las lágrimas de la joven

-estaré bien

-lo sé- Inuyasha se acercó a ella y la besó tiernamente, fue un beso triste, un beso de despedida-adiós pequeña

-qué fue eso?-

-una despedida- los dos rieron en la oscuridad, sintiendo que tal vez en un futuro no muy lejano volverían a verse, tal vez en Italia, tal vez en Japón, eso no importaba. Kagome caminó hacia la puerta sintiendo como el calor de Inuyasha se iba desvaneciendo con cada paso que daba.

Muy pronto nuestras heridas habrán sanado - susurró el escritor mientras veía por la ventana como la joven se marchaba en un auto negro –adiós mi querida intrusa-

Bueno espero que les haya gustado, tal vez no es el típico final feliz, pero aún falta el epílogo, he escrito este final mientras escuchaba Futari no kimochi y otras melodías cortavenas de Inuyasha. Gracias por leer por favor dejen comentarios, son muy importantes para mí. :DDD