Disclaimer: El universo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling y a la Warner (Bros). La trama es mía, no robes, no publiques en ningún otr sitio sin mi permiso expreso, ya seabajo mi nombre o, aún peor, el tuyo. No escribo con ánimo de lucro.

N/A: Si alguien encuentra algún error de tipeo, que me de un toque, lo he escirto rápido, para acabar el dekasem.

QUEBRAR

Cuando el Lobo toma el control -cada Luna llena sin falta-, Remus se siente liberado de una pesada carga.

Durante unas horas ya no tiene que seguir pensando en no pensar en Sirius, ya no tiene que evitar a Nymphadora, la siempre atenta Nymphadora. Ya no tiene que seguir tirando penosamente del carro que es su vida desde que Sirius desapareció de ella tan fugazmente como había reaparecido.

En total fueron doce años, los que él y Sirius convivieron, en Hogarts y fuera de él. Contando este año pasado y maravilloso, de memorias agridulces y cervezas de mantquilla a las tantas de la noche. De whiskey de fuego y besos contra la mesa de la cocina, de sus manos ajadas por el Lobo en el pelo de Sirius, ahora salpicado con alguna que otra cana.

En total fueron doce años, y son doce las noches que lleva sin dormir, casi. Una por cada año. Recordando momentos en el viento, bajo la Luna o en el ambiente enclaustrado de Grimmauld Place. Recordando la risa seca de Sirius, la sonrisa fácil, las bromas gamberras que, incluso después de Azkaban, seguía haciendo. Ese humor algo negro, esos cafés sólos, sin leche, como el té. Sin azucar. Sin pastas. Sólos. Amargos como lo es la muerte. Amargos como lo fue su muerte.

Y ahora le aúlla a la Luna, más libre que nunca lo ha sido en estos últimos meses aún y estando encerrado en el Lobo. Deja ir la mente y se limita a observar como su cuerpo actúa. Como ataca a las paredes, muerde los muebles, se castiga a si mismo. Le canta a la Luna pidiendo que deje caer huesos para que vuelva el perro, y la Luna sólo puede mirarle, impotente, y decirle a uno de sus hijos que no puede devolverle lo que perdió.

Que, lo único que puede hacer, es cerrar los ojos, llorar lágrimas amargas y arañar las paredes para ahogar la rabia.

Que, lo único que puede hacer, es esperar al día en que cerrar los ojos sea algo inevitable para él también, sabiendo que cuando los vuelva a abrir Sirius estará allí. Riéndose de él como siempre hizo, mordiéndole el cuello y metiéndole mano por debajo de la mesa.