Disclaimer: Nada me pertenece salvo el argumento. Entre nosotros, ¡Rowling me robó la idea!

11. LE MANDARÉ UNA POSTAL

Cuando terminó la última clase se fue directo al Bosque Prohibido para recoger flores. No quiso entretenerse mucho, además de que había quedado con un amigo a las puertas del colegio, por lo que se dio toda la prisa que pudo. Nada más llegó a la entrada, se reunió con Peter.

No cruzaron palabra, se limitaron a saludarse con un gesto de cabeza y se dirigieron hacia la enfermería.

Una vez allí, vieron ya a Remus pidiendo perdón una y otra vez a una persona que, si no lo hubieran sabido de antemano, no era otra que Sirius Black.

Estaba irreconocible, pues estaba lleno de vendas de la cabeza a los pies. La señora Pomfrey, aparte de regañarle por no haberle hecho caso y no haber guardado reposo, dijo que se recuperaría por lo que no tenía nada de lo que preocuparse.

Remus no compartía la misma opinión.

-Sirius, lo siento, de verdad, lo siento, no fue mi intención hacerte daño, yo…

-No pasa nada, Remus –dijo Sirius. La voz le llegó distorsionada debido a las gasas.

James se aproximó hacia ellos y, agachándose hacia Sirius, dejó encima de su cabeza una corona de flores.

-¡Cabrón!, ¡que no me he muerto! –chilló Sirius pataleando, por lo que se hizo daño en la pierna y gritó.

James le ignoró y se giró hacia Remus.

-¿Cómo estás?

El aludido se extrañó.

-Creo que tendría que haceros yo esa pregunta…

Potter entrecerró los ojos y un repentino silencio invadió la sala. Sólo estaban ellos cuatro, no había nadie más.

El chico caminó hasta alcanzar la cama más próxima y se sentó, cruzando las piernas y apoyando las manos encima de las sábanas. Miró a Remus y arqueó una ceja.

-No pasa nada, Remus. Conociendo a Sirius, mañana ya dará brincos, como siempre. Seguimos siendo amigos.

-Pero…

-Nada de "pero" –le interrumpió James-. Además, hemos decidido que nos vamos a hacer Animagos.

Era la última respuesta que se esperaba Lupin.

-¿Qué? –saltó él, atónito.

-Pues eso –comentó James, más alegre-. Que estaremos contigo, ¡Remus!

-Pero James, ¿qué pasa si os convertís en, no sé, ratas? Así no podréis pararme.

-Es un riesgo que estoy dispuesto a correr –aseveró el chico de ojos avellana.

-James, ¿tú te estás oyendo? –insistió Remus, atónito.

-Bah, ¡sé feliz! –agregó, quitándole hierro al asunto.

A su pesar, lo único que hizo Remus fue esbozar una feliz sonrisa.


Miró a su derecha y la vio vacía. Se le hacía raro ir a las clases y no compartirlas con su mejor amigo, Sirius Black. Por supuesto, estaba con Remus y con Peter pero no era lo mismo.

Estaban sentados los tres juntos en una mesa con una bola de cristal en medio, esperando que llegara la profesora. Era su primera clase de Adivinación y esperaban que tuviera mayor relevancia que la de Criaturas Mágicas, que decepcionó prácticamente a todos menos a Sirius.

Suspiró, aburrido, y empezó a golpear la mesa con los dedos durante un buen rato. Echó un vistazo a su alrededor y vio a todos sus compañeros hablar animadamente los unos con los otros. Tenían clase con Ravenclaw, y vio a Lily sentada junto a Mary y a Florence. La pelirroja se reía y James, sin saber qué hacer, se levantó de la silla y se sentó con ellas sin ni siquiera preguntar si tenía permiso para ello.

-Piérdete –pronunció Lily nada más le vio.

-Vamos, Evans, sé que quieres que esté contigo.

Hizo una mueca de asco antes de sacudirse la melena hacia atrás y continuar hablando con Macdonald, haciendo como si James no existiera.

Puso cara de querer matarle cuando volvió a hablar.

-Evans, ¿quieres salir conmigo? Tendremos nuestra primera visita a Hogsmeade el sábado que viene.

-¡Que te vayas a la mierda, Potter!

Se giró hacia atrás diciendo lo mismo de siempre:

-Ya caerá, ya.

Pero nadie contestó, y James empezó a fingir que lloraba, acordándose de Sirius una vez más.

En ese mismo momento entró la profesora y James tuvo que regresar con sus amigos.

-Estoy aquí –empezó la profesora a modo introductorio- para iniciaros en las artes adivinatorias. Estoy encantada de que hayáis elegido mi asignatura y no vamos a perder más tiempo. Lo primero, las bolas de cristal. ¿Qué veis, queridos míos?

James torció el gesto, alucinado. ¿Qué se supone que tenían que ver en la maldita bola de cristal? ¿Cristal, tal vez?

-Con todos mis respetos –comenzó Mary, levantando la mano-, pero ¿qué vamos a ver en esta cosa? –agregó, dándole con el dedo y sin que ocurriera nada.

La profesora se acercó hacia la Gryffindor, sonando sus tacones sobre el suelo de piedra y se agachó para estar a su misma altura. Observó la bola, clavando sus uñas pintadas de rojo sobre el cristal y, gritando, la soltó. Cayó al suelo pero el impacto no provocó que se rompiera. Sobrevivió.

-¡Tú! –gritó, señalando a Peter que ya empezaba a temblar-. ¡Hijo, vas a morir este año!

Toda la clase se puso pálida completamente menos la mayoría de los Ravenclaw, a los que no les importaba. Florence no sabía si reírse por lo absurdo que resultaba lo que acababa de decir o, por el contrario, sentirse insultada por una clase tan poco didáctica.

-¿Qué le pasa a Peter, que no sale ni para venir a desayunar? –preguntó Sirius al día siguiente ya recuperado. Estaban recogiendo comida del Gran Comedor para llevársela a Pettigrew a la habitación.

-Tiene miedo por lo que le dijo la profesora de Adivinación.

-Ah, ¿eso de que iba a morir? No sé, James, es una tontería, ¿no?

-Peter no lo cree así –afirmó Potter.

Pudieron convencerle para que acudiera a clase de Adivinación, si bien caminaba un poco más lívido de lo normal. De Gryffindor, aparte de Remus y Sirius, los demás parecían totalmente afectados por las palabras de la profesora.

-¿Qué esta cosa me va a decir mi futuro? –preguntó Sirius, atónito, moviendo la bola de cristal de un lado a otro de la mesa.

-¡No la sacudas! –saltó la profesora-. ¿No ves nada?

-Pues no –negó Sirius con rapidez.

-Déjame –dijo Adelice, arrebatándole la bola-. Oh, ¡tú morirás atravesando una especie de cortina!

Toda la clase se calló al instante y miró a Sirius con fijeza. Éste parpadeó varias veces y, llevándose una mano a la boca, estalló en carcajadas.

-¡Merlín, es la mayor tontería que me han dicho nunca!

Adelice se puso roja y parecía que echara humo por las orejas.

-¡Qué desprecio! Y eso no es todo –dijo en un tono de voz que pretendía ser interesante.

-Sorpréndame –la incitó Black con befa.

-A tu prima la matará un ama de casa.

-¿Qué prima? –quiso saber Sirius. Si era Bellatrix, iría corriendo a contárselo sólo para desternillarse por la posible reacción que fuera a tener.

Intentando no mostrar que la había puesto en evidencia, sacudió las manos y volteó, ordenándoles que hicieran los ejercicios de la página treinta y cuatro y dio por finalizada la clase.

-¿Ahora qué toca? –preguntó Peter recogiendo los libros.

-¿Todavía no te sabes el horario? –intervino Gary Stuart, clavando en el muchacho sus ojos amarillos. Cambiaban de color a voluntad del joven.

-No –dijo Peter un poco avergonzado.

Gary Stuart negó con la cabeza, asombrado.

-¡Con lo fácil que es! Es tan fácil como memorizar las mil y una leyes mágicas sobre el Tratado de Paz que hubo en 1835 cuando los magos británicos y los franceses…

James cogió a Peter del brazo y aceleró el paso, seguido de Remus y de Sirius que pronto les alcanzaron.

-Por Merlín, qué tío más plasta –comentó James, bufando-. Por cierto, ¿qué asignatura toca?

-Estudios Muggles –contestó Remus que era el único que se sabía el horario (aparte de Gary Stuart)-. ¿Vamos todos?

Nadie dijo que no, así que entendieron que todos tenían la misma asignatura.

-Lily, ¿qué haces tú aquí? –exigió saber James, confundido de ver a la chica de sus sueños esperando en la puerta a que llegara el profesor de la asignatura.

-Me parece interesante ver el punto de vista de los magos con respecto a los muggles –respondió ella-. Ya sabes, qué opinan de nosotros, y eso. ¿No te parece?

-Es la mayor chorrada que he oído nunca –opinó James. Entonces, se giró hacia Mary.- ¿Y tú?

-Yo simplemente vine a lo más fácil –dijo Mary, contundente.

No pudieron continuar su cháchara porque llegó el profesor y les mandó abrir el libro por la primera página. Sirius encontró todo lo que ponía extremadamente difícil.

-Qué… ¿Qué pone aquí, James? ¿Felétono?

-¡Joder, Sirius, joder! ¡Pone teléfono!, ¡TELÉFONO!

Bramó, histérico, a la vez que le sacudía por los hombros.


Slughorn siempre había sido conocido por su paciencia y saber controlarse pero estas cosas le superaban. Aún padecía de taquicardias cuando lo veía e incluso empezaba a sudar inconscientemente.

Hacer pociones con Remus John Lupin no era algo que quisiera con especial ilusión. Rezaba para que llegara sexto y no se la cogiera para el ÉXTASIS. Pero poco podría hacer si el joven Gryffindor deseaba cursarla.

-Vale, ¡suficiente! Vamos a trabajar fuera, no aquí –dijo mirando de reojo a Remus, que peleaba con el caldero para que se tornara de un color traslúcido siendo su poción completamente negra-. Por parejas, sí. Potter con Pettigrew, Thomas con Evans, Macdonald con Bosworth… -continuó diciendo nombres hasta que sólo quedaron dos-, y Snape con Lupin.

-¡¿POR QUÉ A MÍ? –gritó Severus con cara de indignación. En circunstancias normales le hubieran reprochado su comportamiento, tanto el profesor como los alumnos pero, como esto no eran circunstancias normales, hubo gente que le dedicó hasta miradas de comprensión y varios suspiros de empatía.


-Mira Remus, champiñones –dijo Severus, andando con Remus por el bosque.

-¿Champiñones?, ¿estás seguro de que eso son champiñones? –repitió Remus, extrañado.

-Claro –aseveró el Slytherin.

-Bueno, si tú lo dices… Al fin y al cabo tú siempre sacas matrículas y yo siempre suspendo, te haré caso. ¿Estaban como ingrediente de la poción que nos ha mandado Slughorn?

-Sí, pero no muchos. Puedes usarlos para hacer una tortilla. Hay más de los que necesitamos.

-Es una buena idea, Severus, una buena idea –parafraseó el Gryffindor.

Recogió unos cuantos, feliz, y los depositó en la cesta que llevaba antes de volver con una sonrisa de oreja a oreja hacia el castillo para reunirse con sus amigos.

-¡Eh! ¡Sirius, James, Peter!, ¡he hecho una tortilla de champiñones en las cocinas! Los elfos me han dejado usarlas.

-¿Elfos? ¿Hay elfos? –habló James.

-¿Qué importa? –dijo Sirius, metiéndose en la conversación-. Remus, ¿dices que nos has hecho una tortilla? –añadió, ilusionado-. ¡Me encanta la tortilla!

Lupin extendió el brazo para ofrecerle la tortilla y Black cogió un trozo, poniéndoselo en la boca. Lo masticó varias veces, saboreándolo, y justo en el momento en que James fue a coger un pedazo, decidió que no era una buena idea al ver la cara de Sirius completamente azul.

-Sev, me han dicho que Sirius está en la enfermería –dijo Lily con la espalda apoyada contra un tronco, cerca del lago-. Otra vez.

Snape se puso en pie y le dio la espalda.

-¿Y?

-Tras comer una tortilla de champiñones hecha por Remus. Tengo entendido que tú fuiste a por champiñones con él… o setas venenosas, ¿debería decir?

El moreno gesticuló exageradamente, incomodado ante tal acusación totalmente fundada pero carente de pruebas.

-¡Lily!, ¡me ofendes! ¿Cómo voy a confundir una seta con un champiñón? ¡Si Pociones se me da muy bien!

-Por eso mismo.

Se dio cuenta de que se había delatado a sí mismo y profirió una exclamación, sintiéndose imbécil por no haber pensado en los posibles contraargumentos que ella podría haberle dado.

-Quiero que le pidas perdón –masculló Lily con los brazos en jarra.

-Claro, le mandaré una postal.

La chica le miró no muy convencida pero decidió darle el beneficio de la duda antes que sospechar siquiera que le estuviera mintiendo.


Escuchó ruidos cerca de la puerta pero no le preocuparon demasiado. Se limitó a girar la cabeza y observar. Vio un trozo de pergamino pasar por el resquicio de la puerta y, al ver que en el destinatario ponía su nombre, no se lo pensó dos veces y se levantó de la cama de la enfermería para coger el sobre.

Nada más abrirlo, lo que leyó le dejó de más mal humor que de costumbre.

"Que te jodan,

Snape."

Empezó a idear su venganza en cuanto se hubo acostado de nuevo.


James ya empezaba a sentirse cómodo entrenando al equipo. Cierto que la mayor parte del tiempo le ayudaban los componentes que más tiempo habían pasado jugando, pero era innegable que se le daba bien.

Se habían levantado temprano antes de ir a clase de Historia de la Magia porque su primer partido se acercaba y era contra Slytherin, con lo que la presión por ganar era mayor que si hubiera sido otra casa.

No obstante, la idea no había sido exclusiva del capitán del equipo de quidditch de Gryffindor.

-Largo –sentenció Ewell, el bateador y capitán del equipo de Slytherin.

-Nosotros estábamos primero –le rebatió James sin siquiera preocuparse de que el otro le sacara tres cabezas.

-Por eso, ya habéis tenido vuestro tiempo –replicó Ewell-. Ahora, largo. Tenemos que estrenar nuestras escobas último modelo, cortesía de Lucius Malfoy –y, aprovechando la ocasión, todo el equipo de Slytherin hizo alarde de su nueva montura.

James, para sorpresa de Ewell, sonrió con arrogancia.

-¿Os creéis que Malfoy es el único que está podrido de pasta? ¡Equipo!, ¡formación de escobas! Sirius, ¡escoba!, ¡no bate!

-El bate hace más daño –se justificó el moreno. James pasó de él, llanamente.

-No lo repetiré otra vez –dijo James, seguro de sí mismo-. Estamos nosotros entrenando.

Ewell rodó los ojos y adquirió una pose amenazadora. En menos que se dice la palabra "quidditch", Sirius había pronunciado las palabras de su hechizo preferido.

-¡Incendio!

-¡Sirius, no…! –gritó James, horrorizado.

Que tanto el equipo de Slytherin como el de Gryffindor estuvieran en la enfermería por quemaduras que variaban desde el primer al tercer grado no pudieran ir a clase no significaba que los demás no, o que detuvieran la docencia, pero sí que retrasaran el primer partido por motivos evidentes. Mientras, en la enfermería, los de Slytherin intentaban meter el dedo en el ojo a los de Gryffindor y a su vez, los de Gryffindor intentaban meter el dedo en el ojo a Sirius.

-¡Abusones! –se quejó Sirius.

Remus, como todas las mañanas, fue a visitar a James y a Sirius junto a Peter y, después, subieron las escaleras para ir al aula de Historia de la Magia con el profesor Binns.

A nadie le gustaba esa asignatura pero había de hacerse, pues era obligatoria.

Y ahora todo el mundo la odiaba más porque el profesor, consciente de que aburría a sus alumnos (que varios de ellos se durmieran pareció darle alguna pista), les mandó un trabajo sobre los Fundadores que tenían que hacer y entregar antes de que terminara el curso.


N/Sango: No es mi culpa que sea siempre Sirius el que reciba, I promise, pero es que es el más dado a ser el primero en todo. La verdad, me encanta ese personaje, aparte de que me saca de apuros en muchas ocasiones.

La escena del quidditch, cuando salen los Slytherin y se pican los de Gryffindor con ellos y viceversa, se me ocurrió, como todos sabéis, viendo la segunda película de Harry Potter y pensé en parodiarla, y esto salió (cambiando la cronología, claro).

Por cierto, he subido una traducción cuya autora original es The Fishie, siendo un fic Theodore Nott y Luna Lovegood que se llama Le Hace Querer Cambiar, por si os interesa pasaros, yo creo que vale la pena. Cuando lo leí en inglés a mí me gustó mucho. Gracias.