Once

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Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece, su propiedad es de Akira Toriyama

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Espero que les guste

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El mecánico observó la nave, abrió la tapa e inspeccionó el motor.

—Está en un muy buen estado para tener tantos años.

—¿Como cuantos? —Preguntó Lapis.

—Este es un modelo antiguo, como de hace 17 años. No sé, chico.

—¿Por qué no sabe?

—Ese logo, nadie va a querer comprar algo que tenga que ver con la Patrulla Roja, no hizo ningún daño en esta ciudad, pero es muy conocida mundialmente ¿Como dijiste que la conseguiste?

—La compré —Mintió—. Todos sus papeles están ahí adentro. Sólo que ya no la necesito.

—Chico, no te puedo comprar esta nave —Lapis chasqueo los dientes con molestia—. Pero puedo intercambiartela —Lapis enarcó una ceja—, verás, en este taller, tengo algunos autos marca Cápsula, son de segunda, pero están bien conservados —Lapis miró los autos, tenía razón, estaban bien conservados. Lapis se acercó uno de color negro que enseguida llamó su atención.

—Quiero este —El hombre asintió y levantó el capó para que el adolescente se fijara que todo estaba en su lugar. Intercambiaron papeles, intercambiaron llaves, y el negocio estaba arreglado.

—El tanque está lleno, chico —Lapis asintió y subió en el auto. Enseguida salió a estrenarlo.

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Lázuli apretó el bolso en sus manos nerviosa, mientras veía de lejos la puerta de la academia. Tocó y una mujer, que podía tener la edad de su madre, abrió. La mujer era elegante, mantenía su barbilla en alto y causaba que ella temblara un poco.

—¿En qué puedo ayudarte? —Sonaba fría.

—Quiero inscribirme a su escuela —Dijo con un hilo de voz, la mujer la miró de pies a cabeza: Pequeña, delgada.

—Pasa —Lázuli siguió a la mujer por la casa. Pudo observar los salones, niñas pequeñas en uno, adolescentes en otro, adultas en otro. Todas con elegancia y delicadeza.

Sus ojos brillaron.

La mujer abrió la puerta de una oficina y, con una sonrisa, le dio el paso a Lázuli. La rubia pasó, y tomó asiento frente al escritorio, mientras la mujer tomaba asiento del otro lado.

—Cuentame de ti, querida —Lázuli se puso un poco nerviosa ¿Que contarle?

—Me llamo Lázuli, tengo 17 años —Mintió su edad, puesto, que se suponía que debían aparentarlo.

—¿Has practicado antes ballet?

—Cuando tenía 11, practiqué yo sola, ya que no tenía el dinero para una academia.

—De los 11 a los 17 es una brecha muy grande.

—Llevo practicando artes marciales desde hace un año, así, que sigo flexible —La mujer enarcó una ceja, la joven no parecía una peleadora que se dijese.

—A una cuadras hay un dojo —Lázuli negó con la cabeza.

—No, esto es lo que me gusta: Bailar. Quiero bailar, ese es mi deseo, mi sueño —La mujer sonrió, nunca había visto tanta determinación en alguien tan joven. Buscó en sus archivos, y sacó una hoja de inscripción, se la tendió a la joven que la miró con ojos brillantes.

Lázuli leyó todo, vio el precio de la matrícula y sintió alivio, pues era incluso menos de lo que Lapis le había dado, y le alcanzaría para comprar las mallas.

Después de firmar, e incluso, entregar el dinero, la directora de la academia, quien se presentó como Grenda, le indicó que la siguiera.

—Comienzas mañana, en este salón —La hizo adentrarse, y todas las mujeres se giraron a mirarla. Los murmullos empezaron a surgir y Lázuli quiso escapar.

—Madame —Una mujer joven de cabello blanco, con traje de mucama, se acercó a la maestra—. Hay un hombre afuera buscando una chica llamada Lázuli —Grenda miró a la joven con una ceja enarcada.

—Es mi hermano —Contestó.

—Bien, Lázuli. Aquí empezamos puntuales las clases. Así que te espero a las dos en punto aquí —Lázuli asintió con una sonrisa, hizo una reverencia respetuosa y salió.

—¡Parece una muñequita! —exclamó una de las bailarinas, provocando risas en sus compañeras. Grenda, llamando la atención de sus alumnas pidió que volvieran a su práctica.

Lázuli salió de la academia y se encontró a su hermano recostado sobre un auto negro. Enarcó una ceja.

—¿Y eso?

—Me lo intercambiaron por la nave ¿Te aceptaron? —Lázuli asintió y Lapis le dio una sonrisa—. Vamos a comer para celebrar.

—Tienes que llevarme de compras —La joven se acercó al auto y entró en el asiento del copiloto, Lapis puso los ojos en blanco y entró.

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Era extraño, desde el día anterior estuvo tratando de comunicarse con Número 9 y no había señal. No era común que pasara, de hecho, nunca lo hacía, así que no lo asumió a la interferencia de señal que las montañas del norte podían dar.

Gero tenía una confianza ciega en sus máquinas, pues no era la primera vez que se iba de la mansión dejando los androides a cargo de los gemelos. Éstos no salían de la casa.

Con confianza, continuó ingresando los datos que había obtenido de los gemelos. Además, que la noche anterior la pasó en vela diseñando los ajustes mecánicos que los hermanos tendrían.

Chasqueo los dientes, al parecer tendría que darle hormonas a Lázuli, todavía su cuerpo era muy pequeño para resistir la conversión a androide.

Algo en su interior le decía que algo pasaba, algo que no lo dejaba tranquilo. Se dirigió al computador, y activó la cámara de la mansión.

Negro. No se veía absolutamente nada, como si la cámara se hubiese apagado.

Con un gruñido, se levantó y tomó las llaves de su nave. Salió del laboratorio y no tardó en levantar el vuelo hacia la mansión.

—¿Qué demonios? —En donde antes se alzaba una gran mansión, ahora había paredes ennegrecidas, partes de la mansión se habían derrumbado por las llamas.

Aparcó la nave y entró a lo que quedaba de la mansión. No comprendía, no entendía ¿Como se había avivado el fuego? ¿Siquiera como había comenzado?

La respuesta se la dio al entrar al laboratorio subterráneo. El fuego no había llegado al lugar, por lo cual, estaba intacto. Lo primero que esperaba era el olor podrido del cuerpo muerto de Violet, pero ni cuerpo encontró.

—Ellos —La sangre le hervía, sabía que los hermanos habían encontrado el cuerpo de su madre, sin duda ellos habían comenzado el fuego y habían escapado en medio de éste. No había cuerpo de ellos, por lo cual, estaban vivos.

Se hartó, quiso ir detrás de los adolescentes y empezar sus experimentos. Pero no, estaba indefenso en esos momentos.

Tenía que construir dos androides más, y eso le llevaría tiempo.

Se maldijo a sí mismo, mientras los gemelos tuviesen las habilidades para pelear, sería un dolor de cabeza atraparlos.

Una sonrisa maquiavélica apareció en su rostro. Se había acabado la amabilidad que fingía ante los hermanos ¿Querían maldad?

Maldad obtendrían.

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La Capital del Oeste, la ciudad del consumismo, lugar en donde los ricos y los pobres estaban separados como si un virus podría pasarse entre ellos.

Después de dejar a Lázuli en el departamento, condujo hasta el lado pobre de la ciudad.

Lapis giró el auto en la parte más oscura del lugar, podía ver a las prostitutas andando de un lugar a otro, tuvo que andar despacio cuando algunas caminaron delante de él.

—Oye, guapo —Había varias mujeres apoyadas en una pared usaban minifaldas y demasiado maquillaje— ¿Necesitas compañía? —Lapis no prestó atención, simplemente aparcó cerca de ellas. Una enseguida se apoyó en su puerta, una sonrisa carmín se situó en su rostro.

—Disculpe ¿Puedo hacerle una pregunta? —Ante aquello, la mujer simplemente frunció el ceño.

—Habla —Dijo con hostilidad, ella necesitaba clientes, no preguntones.

—¿Usted sabe sobre alguien que haga identificaciones falsas? —La mujer hizo un mohín, metió su mano por la ventanilla y con una afilada uña, acarició el estómago de Lapis de forma sensual.

—¿Y que gano a cambio? —Lapis se puso nervioso, algo se revolvió en él y se sonrojó un poco. La mujer rió, aquel muchacho no podía pasar de los 17 ¡Era tan lindo!— Me conformo con que me pagues, aunque si quieres algo más —Puso su mano sobre su entrepierna sobre el pantalón y le sonrió—, costará un poco más —Lapis, nervioso, le apartó la mano y ella rio. Abrió su billetera y sacó unos billetes, se los extendió a la mujer que sonrió apenas los vio—. Están a la vuelta —tomó los billetes—, pregunta por Carl.

Lapis asintió, y cuando la mujer se alejó, condujo. La prostituta volvió a reír y se acercó a sus compañeras.

Apenas llegó, salió del auto y lo convirtió en cápsula. Podía ver a las prostitutas y algunos adictos saliendo de una esquina con una bolsita, en ellas podía ver un polvo blanco. Lapis se acercó a la esquina y vio a un hombre rubio, mejor vestido que el resto de adictos, con un maletín; era el proveedor.

—¿Cuanto, niño? —Dijo apenas lo vio.

—No vengo a comprarle —Dijo, el proveedor lo miró con una ceja enarcada—. Busco a Carl.

—¿Para qué?

—Necesito unos documentos falsos —El hombre cambió su duro rostro y le sonrió, una fila de dientes blancos brillaron.

—Lo hubieses dicho antes —Le apretó la mano en un saludo—. Ven, vamos a mi oficina —Le hizo señal que le siguiera, Lapis lo siguió. Sabía que esta gente era peligrosa, pero él también lo era; de una patada podía quitarle el arma y disparar, no estaba indefenso. Llegaron a un edificio y Carl entró, nada más en el primer piso, entraron enseguida a una oficina. Carl se sentó detrás de un escritorio y le indicó a Lapis que se sentaran frente a él. Dos grandulones, con pistolas en sus cinturones entraron.

—No les prestes atención —Dijo Carl notando como Lapis los miró enseguida—. Dime niño ¿Que necesitas? —Había sacado una hoja en blanco.

—Dos identificaciones, registros de nacimiento y licencias —Carl anotó esas cosas, luego le pidió las características de las dos personas. Lapis las dio, y pagó la mitad del dinero requerido.

—¿Que edad tienes en realidad, chico?

—15 —Carl enarcó una ceja.

—No lo pareces, eso es bueno —Lapis le entregó las dos fotos que Carl pedía, le irritó que se quedara observando la imagen de Lázuli con perversión—. Bien, niño. Vienes dentro de una semana y mi artista tendrá todo hecho —Lapis asintió y salió. Hizo explotar la cápsula del auto y subió.

Y esquivando a más prostitutas y adictos salió de aquel lugar.

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Suspiró cuando sintió el agua que acababa de calentar tocar su piel al sumergirse en la bañera. No había agua caliente en la ducha y ella tenía que hacerlo.

Soltó una amarga risa, pasaron de vivir bien en su hogar a vivir en el bosque, luego cinco meses en el campamento abandonado de su padre, y un año en la casa de un malvado científico que quería destruir su humanidad.

¿Por qué les pasaba estas cosas? ¿Por qué, cuando creían que más nada podría pasar, algo pasaba?

Porque cuando se sintieron a salvo en el campamento de Silver, escaparon de Gero ¿Para qué? Para dejarse convencer de una mentira cuando iban a formar una vida en la Villa. Tantos errores, tantas pérdidas en tan sólo 15 años de vida.

A veces, cuando cerraba los ojos, podía ver el rostro de su madre en sus piernas, sus últimas palabras, su última mirada. No comprendía porque Lapis no sentía nada, porque él era tan apático cuando de sentimientos se trataba. Porque él era un superviviente, y no se dejaba derrumbar. Porque ella sabía, que en su interior, Lapis planeaba y buscaba la forma de vengarse de Gero.

Porque su hermano amaba a su madre, pero él lo demostraba de una forma diferente. Él demostraba su duelo de manera distinta.

Porque Gero era el culpable de todo esto: De sus mudanzas constantes, de no poder crear lazos con la gente, de no poder dejarla cumplir su sueño, de la muerte de su madre.

—Laz ¿Estás en casa? —Lázuli escuchó la voz de Lapis en la sala.

—¡Estoy en el baño! —Los pasos de su hermano se acercaron hasta quedar frente a la puerta.

—Traje pizza para la cena.

—Salgo en un rato, si quieres empieza sin mí —Escuchó los pasos de su hermano alejarse a la sala. Lázuli suspiró y cerró los ojos, sumergió su cuerpo hasta que su barbilla tocó el agua. Y sin tenerlo previsto, se quedó dormida.

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El humo, que alguna vez invadía la mansión, ahora quemaba sus pulmones. Una risa siniestra se escuchaba a su alrededor.

Se sentía atrapada, perdida, asustada.

Unos ojos azules, fríos, una mirada macabra no despegaba la vista de ella.

La oscuridad la sumergió…

Se sobresaltó al sentir el agua entrar a su nariz, escupió el agua que entró a su boca y tomó una toalla para salir de la bañera.

—Mala idea dormir en la bañera —se dijo. Salió y se dirigió a su cuarto, notando en el reloj que no habían pasado ni 20 desde que entró al baño.

Lapis estaba comiendo en la mesa cuando ella salió con la pijama puesta. Se sentó enfrente de él y comenzó a comer.

—¿Que tienes? Esta tarde estabas emocionada —La rubia la asesinó con la mirada.

—¿Cómo lo haces? —Preguntó Lázuli, Lapis la miró extrañada.

—¿Cómo hago qué?

—Para que no te duela, no puedo cerrar los ojos porque me atacan las pesadillas. Haces como si la muerte de mamá no hubiese sido ayer, o como si no te importara.

—Claro que me importa, sólo que he aprendido a resistirlo —No, no le diría que cuando se acostó sus lágrimas volvieron a fluir. Ya ella lo había visto llorar una vez, no lo haría de nuevo—. Llorar no la traerá de los muertos, nada lo hará —Lázuli, con los ojos brillantes, bajó la vista. Lapis pensó que aquella deprimente conversación acabaría, pero su hermana tenía otros planes.

—¡Las esferas! —Exclamó.

—¿Las esferas? —Lázuli asintió

—Las esferas mágicas, las que buscaba la Patrulla Roja.

—Olvidalo, Laz. No sabemos dónde están, y no lo sabremos. Tendríamos que buscar en cada lado del mundo, en cada roca, y no sabremos si podrá traer a la gente de entre los muertos.

—Pero…

—Laz, sé que la extrañas, yo también lo hago —Ella notó la sinceridad en los ojos de su hermano—. Pero es el orden natural, no se puede remediar esto. Lo que debemos hacer ahora es sobrevivir, por nosotros —Lázuli se levantó y rodeó la mesa, se sentó al lado de su hermano y lo abrazó. Ella comenzó a llorar.

»Por ella.


Nota: No quise alargar más este capítulo... Quiero demostrar el cómo ellos hacen todo lo posible para sobrevivir en una ciudad tan grande como lo es esa... EL cómo Lapis es capaz de irse a lo más pobre de ésta para conseguir lo que necesita... Y Lázuli, pudiendo cumplir su sueño de ser bailarina...

La androide 18 siempre me ha parecido delicada en sus facciones, y en verdad, me la imagino en algo tan delicado como el ballet... Aquí vemos que ellos quieren aparentar fortaleza... Pero son unos niños, y aquellos demonios quedarán plasmados en su mente y corazón...

Espero que les haya gustado este corto capítulo :3 :3

BESOS A TODOS!