Capítulo diez – Jeremy

Jeremy no había encontrado a Damon ese día así que no había podido pedirle alojamiento... además, no podía arriesgarse a que Stefan le viera. Estaba seguro de que si Stefan se enteraba de que era un vampiro correría a decírselo a Elena, y no lo podía permitir.

Así que allí estaba, en el antiguo cementerio, tapado con una manta y envuelto en oscuridad. Había dejado de respirar hacía rato porque había descubierto que no le hacía falta y además si lo hacía el aire frío le calaba hasta los huesos. Le costaba no hacerlo, pero como era incapaz de dormir el intento le mantenía distraído y alejado de según qué pensamientos.

Una sombra quebró la calma del lugar. Se movió rápido a través del bosque, y muy cerca de él. Jeremy la siguió con la mirada, y un rayo de luna le iluminó la cara un instante.

¿Elena?

Jeremy se levantó en silencio, alucinado. No, no era posible. Ningún humano iría a esa velocidad, y Elena era humana sin duda. Quiso seguirla, pero ya se había desvanecido en las sombras y además no era seguro para alguien tan joven e inexperto como él ponerse en peligro de esa forma.

Asustado, recogió su manta y se fue tan rápido y tan silencioso como pudo del lugar.

Tenía que hablar con Damon.