Bueno, aquí el capítulo 10. Antes de pasar a la lectura, Trixi Pink me pidió le pusiera un saludo y aquí está: Un saludo para Trixi Pink y un agradecimiento por seguir esta historia.
En fin, este capítulo me gustó mucho, así que espero que les guste a ustedes también. Sin más preámbulo, los dejo con la lectura. ¡Disfrútenla!
Capítulo 10.
Mi camisa está manchada de sangre, aunque eso no me perturba, no es la primera vez que veo mi sangre empapar mi ropa, sin embargo, ninguno de los cortes parece de seriedad. Vamp ha sido alcanzado por la hoja de mi cuchillo en muchas ocasiones, pero su piel se vuelve a cerrar casi al instante. Salta sobre mí, intenta golpearme, en una de esas tentativas casi alcanza uno de mis pulmones, en otra mi cuello y la más atinada casi me cuesta una oreja. Sin afanes de ser pretencioso, he sido superior. He cortado su rostro, atravesé uno de sus riñones y más de la mitad de la hoja de este cuchillo se sepultó arriba de una de sus clavículas, pero su cuerpo apenas si lo resiente… en circunstancias justas, Vamp habría muerto en mis manos al menos dos veces justo ahora.
En un ataque particularmente fuerte, las hojas de ambos cuchillos chocaron a tal velocidad y con tanta fuerza que saltaron chispas de los aceros y la hoja de Vamp se hizo astillas casi con la misma violencia que estalló el mango del mío.
Ambos retrocedimos, dándonos una fugaz tregua observando nuestras armas inutilizadas. Mientras mi respiración es agitada, él parece divertido al mirar la hoja destruida del menor de sus cuchillos de supervivencia.
—Esa navaja que traes es impresionante, muchacho. Será una gran adición a mi arsenal—. Tiró el arma arruinada al suelo. —Me estoy cansando de jugar contigo… hora de ponernos serios…
—Por supuesto…
Vamp extrajo el enorme cuchillo de negro acero que colgaba al frente de su cinturón y que sin duda alguna era su arma favorita. Yo también tenía un arma preferente conmigo.
—¿Por qué querrá ir con nosotros?— Le pregunto a Haruhi, sentada en el asiento del copiloto mientras veo a House en su motocicleta a través del retrovisor, siguiéndonos.
—Para disfrutar el espectáculo, por supuesto—. Me responde mientras masajea su rodilla lastimada.
—Imagino que también para ayudar… muy a su modo, por supuesto, pero por el aprecio que seguramente desarrolló por Ryoko, no podía quedarse de brazos cruzados—. Intervino Koizumi desde el asiento trasero.
—Repasemos… según lo que me dijo Ocelot, Vamp está en el área central de Filadelfia, Yuki podría ayudarnos a ubicarlo una vez ahí, Ocelot le dijo que alguien iría a buscarlo, pero no le dijo que seríamos nosotros, así que es probable que trate de huir cuando nos vea… es muy probable que tengamos que cazarlo hasta convencerlo de confrontar a Kyon.
—¿Y de verdad únicamente Kyon se enfrentará con él?— Preguntó Asahina, un tanto temerosa.
—No hay otra manera…— Haruhi colocó su mano sobre mi muslo. —Sé que podrá con él.
Filadelfia nos recibió cuando comenzaba a anochecer. Esta es una de las ciudades más grandes y densamente pobladas de este país, así que nos topamos con un par de problemas propios de la comunidad: el tránsito lento y el exceso de gente… si queríamos hallar y enfrentar a nuestro extraño enemigo, deberíamos ser discretos y dejar fuera a cuanta gente fuera posible.
—Es una lástima—. Me comenta Haruhi de pronto, mientras atravesamos las luminosas y ruidosas calles de la ciudad.
—¿Qué cosa?
—Vamp… que no sea un vampiro de verdad.
—¿Te habría gustado que lo fuera?
—Por supuesto… nunca he visto un vampiro de verdad, y lo más cerca que he estado de encontrarlo, es un remedo que usa tecnología sacada de no sé donde… es decepcionante.
—Pues tal y como te lo decía en la preparatoria… no puedes simplemente esperar a que un buen día se revelen frente a ti. Tu ésper, tu extraterrestre y tu viajera del tiempo tardaron casi dos años en mostrarse. Tal vez sea que hay que buscarlos con mayor ahínco.
—Aún así, me sigue resultando muy interesante el origen de Vamp… Yuki, ¿crees poder averiguar más sobre él una vez que hayamos terminado el trabajo?
—Orwell impuso un bloqueo de datos que será vigente los próximos cinco años. Luego de esas fechas, podré obtener toda la información requerida sobre Vamp y la gente involucrada con él.
—Es increíble que FOXHOUND tenga influencia incluso con la EID, no imaginé que tuviera tanto alcance—. Dijo Asahina reflexiva… inmediatamente después se cubrió la boca, dándose cuenta de que había filtrado información delicada.
—¿Qué es FOXHOUND?— Preguntó Haruhi, casi saltando al asiento trasero y atravesando a Asahina con una mirada de millones de vatios.
—Ah… yo… lo siento, información clasificada…
Por algunos minutos, Haruhi se la pasó en aquel tortuoso juego de interrogatorio de la inquisición con Asahina, que constantemente se disculpaba por no poder dar información que seguramente conocía sobre la susodicha organización… en lo que a mí concierne, es una agencia estadounidense y es secreta, por tanto, no quiero tener nada que ver con ella.
Arribamos al lugar indicado por Ocelot, que era un pequeño parque local conocido como Jefferson Square, un terreno arbolado que no superaría la hectárea de terreno. Las luminaria ofrecían algo de luz y había algunas personas trotando o paseando a sus mascotas, al igual que varios niños jugando aquí y allá.
—Y estamos en un parque porque…— Preguntó House, sarcástico, mientras revisaba algo en su móvil.
—Aquí es donde se supone veremos a Vamp, Ojisan.
—Oh, vaya… siendo así…— El galeno deshizo lo andado, regresando a su motocicleta.
—¿A dónde vas, Ojisan?— Cuestionó Haruhi, ligeramente confundida.
—Por una rosquilla, por supuesto—. Respondió él sin quitar los ojos de su teléfono.
Quedando solamente la brigada, hicimos camino hacia dentro del parque, tratando por todos los medios posibles pasar desapercibidos entre los transeúntes. Caminamos sobre el asfalto blanco del sendero noroccidental de los ocho que llegaban al centro del lugar, en el cual se hallaba una diminuta explanada circular con un gran árbol al centro, jardineras con arbustos y algunas bancas rodeándolo. Faltarían unos cincuenta pasos para llegar al centro y lo vimos.
Vamp estaba sentado en una de las bancas, su postura era relajada, sus brazos descansaban sobre el respaldo y su armamento estaba oculto debajo de su gabardina y el resto de su vestimenta. Probablemente nos vio o escucho (quizás nos olfateó) entes de alcanzarlo y se volvió a nosotros con esa sonrisa demoniaca que dejaba ver sus afilados colmillos.
—Esperen aquí—. Indiqué a mi esposa señalándoles una banca a nuestra izquierda.
—¿Y si te ataca?
—Descuida… algo me dice que estaré bien.
Con reservas, Haruhi accedió y los cuatro se sentaron en la banca mientras yo caminaba hacia el rumano.
Al estar a sólo unos pasos de él, una pelota de hule salió proyectada hacia Vamp, deteniéndose a sus pies.
—Gracias—. Dijo el niño regordete que se acercó a recuperar el juguete, que el extranjero había recogido y le había alcanzado.
—Es un placer, hijo—. Respondió él con esa voz que daba escalofríos mientras dejaba escapar ese pesado vaho que siempre acompañaba sus palabras.
—¿Te molesta si me siento?— Le pregunté casual al llegar a su lado.
—Es un parque público—. Respondió sonriente, mirándome de tal forma que me hizo sentir incómodo. —Por supuesto que no me molesta, siempre es placentero departir con un hermano.
—Toco madera, yo no soy tu hermano.
—Claro que lo eres… eres un seguidor del Bushido, no estás atado al combate tan carente de honor y sentido que tienen los estilos modernos…
—¿Y qué sabes tú del Bushido?— Le pregunté ofendido. —Yo mismo no me considero tan digno… ¿qué podría esperar de un asesino como tú? El Camino Del Guerrero no es sobre el combate o los estilos… es sobre servir a la gente.
—¿Qué es lo que viniste a buscar?
—Una oportunidad, sólo una pelea más.
—Ya los vencí una vez, a ti y a todos tus amigos.
—Lo sé, pero esta vez será diferente. Un mano a mano, sólo tú y yo. Nadie más intervendrá.
—Es por la niña, ¿verdad?
—Sí… ella no estaba involucrada en nada de esto, y aún así la atacaste.
—Y me pides un duelo para que revierta el daño en ella…
—A cambio, te garantizo la mejor pelea que hayas tenido hasta hoy.
Su diabólica sonrisa creció aún más. Al parecer estaba haciendo un buen trabajo al seducirlo con la idea de un combate a su nivel.
—De acuerdo—. Resolvió al fin, poniéndose de pie y abriendo el primer botón de su gabardina.
—Espera—. Indiqué sin levantarme del asiento. —Aquí no. Es peligroso para esta gente, alguien podría resultar herido.
—¿Y eso qué más te da? ¿No quieres salvar a tu hija? ¿No es ella más importante que todos los que estamos aquí?
—A mis ojos, sí. Pero es precisamente esa actitud de indiferencia ante el dolor ajeno la que ha provocado que… bueno, individuos como tú aparezcan… sin ofender.
—Yo tenía razón… eres todo un guerrero, como los de la antigüedad, de esos que ya no existen hoy en día. Será uno de mis mayores orgullos que tu vida termine en mis manos. Qué sea como tú deseas.
Se acuclilló un momento, y al siguiente se había esfumado entre las copas de los árboles en la oscuridad. Maldije una vez y enseguida corrí hacia donde el resto de la brigada me esperaba.
—¿Escapó?— Preguntó Haruhi apenas los alcancé.
—No lo creo, le pedí que peleáramos donde nadie pudiera resultar herido por accidente y accedió… Nagato, ¿crees poder localizarlo? Sólo espero que no se haya alejado mucho.
Antes de que nuestra confiable alienígena pudiera siquiera asentir, el móvil de Haruhi sonó.
—Suzumiya—. Respondió ella al reconocer el número de House. —De acuerdo…— Se separó el aparato y activó la función de altavoz.
—Creo que se les perdió una alimaña. Por fortuna para ustedes, lo encontré—. Dijo el médico, emocionado.
—¿Dónde estás, Ojisan?
—A tres cuadras al sur de donde están ustedes, en la calle Wharton… la cosa que están buscando vino a refugiarse aquí.
¿Por qué tenía que ser una iglesia? ¿De verdad es tan profunda la cicatriz emocional de la niñez de Vamp? Está llevando todos los eventos trascendentes de su vida a dicho escenario. Nos reunimos con House en la acera de la Iglesia Católica de San Casimiro, en la calle Wharton, donde según House, Vamp había entrado por el tejado unos minutos antes. La edificación era más o menos antigua y tradicionalista en cuanto a la estructura. La fachada era alta y de tres plantas de casi el doble de un piso normal, construida con ladrillos marrones, el tercer nivel era un campanario y era coronado por una pequeña cruz. La segunda planta tenía una escultura de San Casimiro (o al menos eso supuse) y tres puertas de regular tamaño permitían el paso a los feligreses en la planta baja. Un rótulo bajo las escaleras rezaba que la iglesia era también una escuela. El edificio parecía estar completamente vacío.
House nos esperaba en la puerta principal, separado de nosotros por unos cuantos escalones.
—¿Entrarán a buscarlo?— Preguntó el médico, aparentemente emocionado por lo que estaba a punto de presenciar.
—Sí… pero no me agrada la idea de allanar un templo—. Respondí mientras lideraba al grupo.
—Descuida, el allanamiento es mi especialidad y podré cargar con otro en mi conciencia—. Respondió él, sonriente, mientras manipulaba unas ganzúas para violar el picaporte. Luego nos explicaría que fue una de las artes que aprendió de Foreman.
Una vez que la puerta cedió, los seis nos hicimos camino entre los oscuros pasillos de la construcción, buscando el edificio que correspondía concretamente a la iglesia, pues es donde Vamp, con toda seguridad, estaría esperándonos. Así, luego de un par de minutos de búsqueda en las penumbras solamente iluminadas por las pantallas de los móviles, llegamos a la nave central del templo. House se quedó en la entrada a este pabellón, mientras que Nagato y Koizumi caminaban en el sentido de las manecillas del reloj por los pasillos laterales, al tiempo que Haruhi y Asahina hacían otro tanto del lado opuesto. No era una formación para encontrar a nuestro oponente. Él ya estaba ahí, a la vista.
Vamp estaba de pie, en el púlpito.
—"¡Hijos, óiganme, les habla su padre! Sigan mis consejos y se salvarán. Porque el Señor quiso que los hijos respetaran a su padre, estableció la autoridad de la madre sobre sus hijos. El que respeta a su padre obtiene el perdón de sus pecados; el que honra a su madre se prepara un tesoro. Sus propios hijos serán la alegría del que respeta a su padre; el día en que le implore, el Señor lo atenderá". Vaya estupidez, ¿no?— Pregunta solemne mientras abre su gabardina. Reconocí la lectura del libro de Sirácides… supongo que viene a colación por el asunto de que Haruhi y yo pretendemos salvar a nuestra hija y él perdió a su familia en un lugar como este.
—¿Por qué lo dices?— Cuestiono yo mientras dejo caer mi propio abrigo detrás de mí, en tanto me acerco a mi adversario por el pasillo central, entre las largas bancas de madera pulida.
—Yo no tuve un padre al cual honrar, y sin embargo, incluso la muerte no es un contrincante fuerte contra mí—. Lo dice sereno y deja caer su gabardina, mostrando sus musculosos hombros y dejando al descubierto una docena de cuchillos de muchos tamaños.
—¿Eso te hace pensar que esa regla no aplica para ti?
—Me hace pensar que no aplica para nadie. Ese libro está escrito para crédulos que piensan que un arrepentimiento en el último momento les garantizará la gloria al dejar este mundo. Es el monumento a toda la estupidez… a cada sueño iluso que tienen y que evita que sean libres de verdad.
—¡Ese es un buen punto!— Grita House desde la entrada. La brigada completa se volvió hacia él. —Lo siento, soy ateo, no puedo evitarlo.
—Lamento mucho lo que pasó en tu niñez…— Comento al remedo de vampiro. —Pero no permitiré que ese trauma tuyo destruya a mi familia.
—Yo no lo lamento—, Sonríe, —y difiero contigo en cuanto al resultado de este encuentro.
De su costado izquierdo extrajo una navaja militar de unos veinte centímetros e hizo un salto horizontal que libró los quince metros que nos separaban en un parpadeo. Apenas tuve tiempo para separar mi propio cuchillo de la funda magnética e interponerlo en la trayectoria de la navaja, que iba directamente hacia mi abdomen. Empujamos al mismo tiempo nuestras armas, separándonos. Ya había visto varias veces el estilo de lucha del rumano, y era formidable, muy pocos puntos débiles en su defensa y una gran fuerza de ataque. Sin embargo, esta vez yo venía preparado para todo, y él no me había visto pelear seriamente. Lanzó un mandoble certero hacia mi cabeza, bastó un ligero movimiento para que lo esquivara y mi acero hiciera un corte preciso en su pecho. Tal como esperaba, el corte fue profundo y potencialmente mortal para una persona común, pero él parecía estar disfrutando de las lesiones que le provocaba, sobre todo porque ninguna duraba abierta más de cinco segundos.
Lanzó un nuevo intento sobre mi costado derecho, ese tuvo un mejor efecto, rasgó mi camisa y cobró cerca de dos centímetros de piel. Haruhi me observaba, y haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad se mantenía inamovible, casi tanto como Nagato, que miraba la contienda como un niño observa a la lluvia un domingo por la mañana. Asahina lucía muy ansiosa mientras los aceros chocaban y pequeños salpicones de sangre manchaban el suelo y las bancas, mientras que Koizumi y House cargaban un nivel semejante de seriedad en sus rostros.
En una embestida, Vamp me obligó a subir a una de las bancas y casi logra cortar mi muslo derecho, pero en su lugar consiguió que la planta de mi pie se hundiera en su rostro, lo que en otras condiciones le hubiera costado un par de dientes y el tabique nasal. En contraparte, consiguió conectar un certero derechazo a la boca de mi estómago, quitándome parte del aire, pero no lo suficientemente fuerte como para derribarme o siquiera aturdirme. Pensando que probablemente podría tomar ventaja de ese último golpe, extrajo una de las diminutas dagas de su cinturón y la lanzó contra mí… supongo que no contaba con que estaba preparado también para eso.
No pudo ocultar su asombro (de hecho, ninguno de los presentes pudo) cuando capturé a pleno vuelo dicha navaja, y en el mismo movimiento, dando un giro sobre mis talones, la sepulté en una de sus piernas. Se quedó atónito, no por el dolor, sino por la sorpresa, retiró la navaja de su carne y me miró.
—Vaya… pensé que eras bueno con el cuchillo, pero sólo eso… a simple vista no aparentas ser tan talentoso.
—Me dicen eso todo el tiempo.
Quizás pensando que yo aprovecharía el momentáneo cuartel que un combate verbal nos daría, relajó su guardia. No podía dejar pasar semejante oportunidad y lancé un ataque certero a su frente. El tipo era sobrehumanamente rápido y esquivó, pero aún así, no pudo evitar por completo el daño, la hoja de mi arma hizo un corte profundo en una de sus cejas… era justo lo que necesitaba, un lugar de donde sangrara abundantemente, aunque fuera por un instante, rebozando mi cuchillo.
Mi camisa estaba manchada de sangre, aunque eso no me perturbaba, no era la primera vez que veía mi sangre empapar mi ropa, sin embargo, ninguno de los cortes parecía de seriedad. Vamp había sido alcanzado por la hoja de mi cuchillo en muchas ocasiones, pero su piel se volvía a cerrar casi al instante. Saltaba sobre mí, intentando golpearme, en una de esas tentativas casi alcanzó uno de mis pulmones, en otra mi cuello y la más atinada casi me costó una oreja. Sin afanes de ser pretencioso, he sido superior. He cortado su rostro, atravesé uno de sus riñones y más de la mitad de la hoja de este cuchillo se sepultó arriba de una de sus clavículas, pero su cuerpo apenas si lo resintió… en circunstancias justas, Vamp habría muerto en mis manos al menos dos veces para ese momento.
En un ataque particularmente fuerte, las hojas de ambos cuchillos chocaron a tal velocidad y con tanta fuerza que saltaron chispas de los aceros y la hoja de Vamp se hizo astillas casi con la misma violencia que estalló el mango de la mía.
Ambos retrocedimos, dándonos una fugaz tregua observando nuestras armas inutilizadas. Mientras mi respiración es agitada, él parece divertido al mirar la hoja destruida del menor de sus cuchillos de supervivencia.
—Esa navaja que traes es impresionante, muchacho. Será una gran adición a mi arsenal—. Tiró el arma arruinada al suelo. —Me estoy cansando de jugar contigo… hora de ponernos serios…
—Por supuesto…
Vamp extrajo lentamente el enorme cuchillo de negro acero que colgaba al frente de su cinturón y que sin duda alguna era su arma favorita. Yo también tenía un arma preferente conmigo.
—¡Nagato!— Exclamé mientras le arrojaba mi hoja sin mango a la alienígena, que sólo tuvo que mover su mano derecha para recibirlo.
De inmediato, Haruhi hizo un lanzamiento digno de las Grandes Ligas alcanzándome el daito prestado por House y acondicionado por Nagato, y lo capturé en el aire.
Seamos francos. A los japoneses nos encantan los dramas. Este era el momento de hacer el mío.
Levanté el daito por encima de mi cabeza, y en un único y veloz movimiento, extraje la hoja de la saya, que quedó a mi derecha, vibrando como un diapasón. Solté la saya, esperé teatralmente a que la vibración terminara y finalmente asumí la postura de combate Waki-Gamae, bajando la hoja por mi lado derecho y hacia atrás.
Con una sonrisa que no le permitía disimular su excitación, Vamp se abalanzó contra mí.
Previniendo que mi destreza con la espada fuera superior a la que tenía con el cuchillo, buscó por todos los medios encontrar algún agujero en mi defensa, pero estaba fracasando rotundamente. No me tomen por presumido, pero mi superioridad a estas alturas ya era patente, de tal suerte que incluso podía aventurarme a atacarlo casi al mismo tiempo que repelía sus estocadas. En una de las mejores respuestas, logré hacer un corte horizontal a su rostro que lo hizo lanzar una maldición al aire, el acero del daito entró por su mejilla izquierda, siguiendo la línea de su boca y saliendo por la mejilla opuesta… técnicamente le había agrandado la cavidad oral casi al doble, aunque como era de esperarse, dicho corte sólo duró unos segundos antes de cerrarse por trabajo de las nano máquinas en su sangre.
Por primera vez noté que su aparente alegría devenía en frustración, y rugiendo como un animal salvaje saltó hacia atrás, lanzándome media docena de las pequeñas navajas de su cinturón. Fui capaz de repeler cinco interceptándolas con la hoja del daito, aunque una terminó detrás de mí, sepultada en la negra caoba de las bancas. Corrí a su encuentro y lancé un mandoble a su cuello que pudo evitar sin problemas.
Al ser la espada al menos del doble de largo del cuchillo de Vamp, me daba la ventaja de poder lanzar un ataque sin quedar en riesgo inmediato de respuesta, aunque él, ahora viendo esa diferencia, había comenzado a hacer uso del resto de sus recursos, como utilizar su velocidad y fuerza, y hacer uso de los proyectiles que llevaba con él. Yo seguía dándole una excelente pelea, sin embargo, el cansancio comenzó a hacer mella en mi técnica.
Luego de detener una de las últimas dagas que lanzó contra mí haciendo que la punta de dicha arma se clavara en el suelo, lo vi aterrizar a unos metros, frente al ábside de la iglesia.
—Me lanzas esas pequeñas dagas, abusas de tu fuerza y velocidad superiores… ¿Qué pasó con el asunto del Bushido?— Le recriminé tratando de ganar algo de tiempo para reponer fuerzas.
—Lo mismo que pasó con la biblia… nada mejor que ver a un iluso empapado y arrogante de su propia fe, ciegamente creyente de que esa fe lo salvará y salvará lo que ama. ¡Sigue peleando con esa fiereza que me divierte! ¡Luego de que mueras, el resto de los que están aquí te seguirán…! Y no hablemos de tu hija, ella tiene un camino más largo y doloroso antes de alcanzarlos.
Esa última oración me llegó. Sin embargo, no reaccioné con ira… yo no vine a este país a buscar pelea, sino a ayudar a la gente, al igual que Haruhi y la brigada. Intención que compartíamos con House. Propósito que cumpliría a como diera lugar, porque una de las personas más importantes de mi vida dependía de ello. Instintivamente busqué los ojos de mi esposa, en una de las esquinas de la nave principal del templo, sus infinitos ojos ámbar eran iguales al día en que me dejé llevar por la rabia y había golpeado a House… esa mirada que me suplicaba que no fuera víctima de las provocaciones de mi oponente, que conservara la cabeza fría, pues sólo así, alcanzaría mi objetivo.
Entendiendo ese mensaje sin palabras, di un asentimiento a Haruhi y ella me dedicó una apenas perceptible sonrisa. Hora de cambiar de estilo de combate.
Relajé la postura que había tomado originalmente y asumí una nueva, la Jodan No Kamae. El daito se elevaba ahora por encima de mi cabeza y hacia atrás, mientras adelantaba ligeramente el pie derecho, una postura arrogante, superior.
—Go burei—. Me disculpé por la presunción de mi estilo.
Vamp se lanzó confiado hacia mí una vez más, en particular porque la posición de combate que había adoptado daba la impresión de tener una defensa nula. Sin embargo, ya no su cuchillo, directamente su carne resintió mi acero. Esta vez no había eventuales salpicones de sangre al decorado, como bien es sabido, una katana debidamente afilada produce pérdidas importantes de sangre en la persona afectada, mi oponente seguía saltando sin descanso a mi alrededor, tratando de hallarme un punto débil.
Finalmente pude verlo enojado. Su frustración había superado su cinismo y también comenzó a hacer gala de más elaborados y certeros movimientos. Logró cortar mi hombro derecho, y aunque el dolor era intenso, no permití que eso hiciera decaer el nivel que ya llevaba para ese momento.
Mientras nuestras armas chocaban, me iba acorralando hacia el púlpito de piedra en el altar. Cuando me tuvo a menos de un paso de espaldas a la fría roca, se lanzó hacia atrás para tomar impulso y hacer un ataque decisivo. Yo también lo esperaría con algo especial.
En una fracción de segundo concentré toda mi atención en los negros ojos de Vamp, que partía el aire con el cuchillo la derecha, listo para hacer un corte final a mi costado o mi garganta. Yo me acuclillé ligeramente, dándole parcialmente la espalda y poniendo el filo de la espada en alto y hacia mi derecha.
Me alcanzó y atacó en el momento justo en que yo ejecuté mi movimiento, uno de los que más trabajo me ha costado aprender y del cual me siento particularmente orgulloso. Aunque yo mismo sea quien lo diga, debo expresar que fue una ejecución casi perfecta de un Hiken Tsubame Gaeshi (Ataque de la golondrina). ¿Por qué un nombre tan rebuscado para un ataque…? Bueno… se supone que su creador podía matar a una golondrina en pleno vuelo con él… ¡ah, sí! Y porque con él se logra el fenómeno físico llamado "efecto de superposición cuántica", o en palabras más sencillas, el filo de la espada consigue estar en tres lugares al mismo tiempo…
Vamp había logrado hacer un corte importante a la altura de mis costillas, pero no fue una herida de consideración. Él, sin duda alguna había recibido la peor parte del choque, ya que el daito cortó su cadera, su costado y su cuello en iguales proporciones, haciendo que una cantidad importante de sangre bañara el púlpito, antes de que su cuerpo mismo chocara contra él.
—¡Wow!— Pude escuchar saliendo de House, que levantó las manos sobre su cabeza como un árbitro marcando un touchdown.
—¡Sugoi!— Fue la exclamación de Asahina, hinchando mi pecho de orgullo… pero no tenía tiempo para hacer alarde de mi habilidad.
Me volví hacia el púlpito donde Vamp yacía hincado y resintiendo sus heridas antes de que se cerraran. Esperé a que su fría respiración recobrara el ritmo y se pusiera de pie lastimosamente mientras sus heridas comenzaban a sanar. El ataque había hecho volar su cuchillo algunos metros fuera de su alcance. Aún no estaba completamente repuesto cuando me encaró.
—Eso ha sido increíble—. Me decía con voz sombría.
—Y no es todo—. Contesté.
Di una estocada a su pecho que lo atravesó de lado a lado y la punta de la espada terminó unos diez centímetros hundida en la roca del púlpito, atrapando a mi oponente.
—Sí… eso está muy bien…— Dijo mirando su pecho empalado. —…no sé si ya lo notaste, pero no puedo morir… aunque debo admitir que no podría sentirme más feliz si pudiera morir con alguien de esta categoría.
—¿Y lo desearías?— Intervino Haruhi desde su posición, levantando la voz. Vamos, Haruhi… eso es trampa…
Vamp la miró con suspicacia, luego respondió:
—Sí…— A su respuesta, los ojos de Haruhi se iluminaron. —Pero hoy no—. Agregó, matando con eso las aspiraciones del poder de mi esposa. —¿Y qué harás ahora, valiente samurái?
—Esperar una señal—. Le digo confiado.
—¿Qué señal?
—Análisis concluido—. Escuché en la monótona voz de Nagato, directamente a la derecha de donde nosotros estábamos. Tiró la hoja de mi cuchillo al suelo luego de decirlo.
—Esa señal—. Dije aclarando las dudas de mi contrincante y retiré la espada del púlpito y su pecho, liberándolo.
El vendaval del cabello violeta de Nagato pasó a esa velocidad inverosímil que incluso Vamp era incapaz de ver. En su camino tomó a Vamp por los hombros y no se detuvo hasta impactarlo contra la pared contraria. El rumano miraba incrédulo el rostro de Nagato, ahora hundido en su cuello… el vampiro estaba siendo mordido. Tomó a Nagato por la coronilla e intentó retirarla, pero era como luchar contra la legendaria espada en la piedra.
Pasaron apenas unos segundos y Nagato finalmente retrocedió un paso, liberando a su víctima. Vamp la miró a los ojos, confundido, mientras se tocaba el sitio en el cuello donde la alienígena lo había mordido, sabiendo que algo estaba mal.
—¿Qué fue lo que me hiciste?
—Desactivé las nano máquinas en tu organismo, el proceso tomará cuarenta y cinco segundos en completarse—. Le contestó ella mientras limpiaba los mínimos rastros de esa sangre maldita de sus labios con el torso de la mano.
Intuyendo que eso lo pondría a nuestra merced, se lanzó como un bólido hacia las ventanas del campanario, tratando de huir.
—Lo lamento, señor… no puedo permitir que se vaya—. Le dijo Asahina con su dulce voz mientras se materializaba frente a él, para de inmediato conectarle un demoledor puñetazo en la cara que lo regresó al suelo escandalosamente, haciendo astillas una de las largas bancas de madera en su camino.
Se levantó y por primera vez parecía resentir algo de dolor. En nuestro encuentro previo había abusado (en muchos sentidos) de Asahina. Quizás el hermoso rostro de nuestra viajera del tiempo no lo demostraba, pero estaba furiosa… apareció sólo por un instante a la derecha de Vamp, conectando otro golpe sobre su rostro… luego lo hizo una segunda y una tercera vez… ¡un momento!, ¡es la técnica utilizada por Asahina-Ni hace tantos años! Mientras llegaba a ese entendimiento, Asahina apaleaba al rumano con fiereza, y al igual que su fallecida homónima terminó el ataque con una patada giratoria directa al pecho de su oponente, que tuvo que clavar los dedos en el suelo para detener la inercia del impacto.
Su respiración ya era agitada y dificultosa para ese momento. Poco a poco, las habilidades brindadas por las máquinas en su sangre parecían decaer.
—Pequeña perra…— Dicho eso, se lanzó contra Asahina, aprovechando el poco poder que le quedaba.
—Le voy a suplicar que no se exprese de esa manera de la dama.
La voz de Koizumi resonó un instante antes de que una masa de energía interrumpiera el vuelo de Vamp, golpeándolo y arrastrándolo por entre las bancas del lugar y destrozando un confesionario al final de su trayectoria. El ésper flotó encima del destrozo hecho por su primer ataque y lanzó una docena de bolas de luz que desintegraron lo que quedaba del confesionario. Vamp, golpeado y adolorido intentó escapar una vez más hacia arriba, escalando por la pared como una araña.
Nagato corrió hacia él, pero en lugar de detenerse al llegar al muro, comenzó a correr en vertical sobre el muro… ¡en vertical! Una vez alcanzándolo, bastó un simple movimiento de su izquierda para tomarlo por el cuello.
—Escapar no es una alternativa—. Le dijo terminante y lo arrojó al centro de la nave central, sepultándolo sobre los azulejos un par de centímetros.
Se reincorporó de inmediato y trató de correr hacia el altar. Es probable que para ese momento no tuviera ya poder alguno, y la única escapatoria que podría tener, sería corriendo… pero tal como había dicho Nagato, escapar no era ya una alternativa.
El ruido ensordecedor de un disparo hizo eco en el templo. Con un gemido ahogado, Vamp cayó de bruces a un par de metros del altar. Su pantorrilla derecha había sido perforada por una .375 magnum salida del cañón de Haruhi, que se abría paso entre las bancas, aún cojeando por el dolor en su rodilla.
Vamp se dio la vuelta y comenzó a arrastrarse de espaldas, mientras nos maldecía con una actitud semejante a la de un perro bravucón y aterrorizado, que no deja de ladrar aunque el miedo lo esté matando.
—Mataste casi a un centenar de personas…— Dijo mi esposa, conteniendo la ira y haciendo un nuevo disparo al mismo miembro afectado. —Hiciste enfermar a casi una veintena de soldados…— Jaló el gatillo una vez más. —Lastimaste a Greg-Ojisan…— Un disparo más. —Lesionaste a mi equipo…— Y otro… —Casi me rompiste una rodilla…— El gatillo se accionó de nuevo. —Heriste a mi esposo…— Finalmente lo alcanzó. Para ese punto, el rostro desencajado de Vamp demostraba que el dolor sobre la pierna que recibía los disparos era insoportable. —Y lo peor… te atreviste a involucrar a mi hija… yo te lo advertí, no tienes la más remota idea de con quién te metiste.
Tratar de detenerla habría sido un error. Además, también se merecía desquitar su enojo. Descargó las balas que quedaban en el arma sobre la pierna derecha del monstruo, haciéndolo rugir de dolor. La brigada entera hizo un corrillo alrededor de él.
—¡Eso es! ¡Descarga tu ira! ¡Mátame de dolor! ¿Crees que eso salvará a la niña? ¡Estúpida! ¡Ella está perdida!
—Oh, yo no lo creo… venimos preparados para eso también—. Haruhi guardó su arma en el soporte, sonriente. —¿Doc?
House se acercó tan rápido como su cojera se lo permitía. Parecía estar buenamente sorprendido por el show de luces y sonidos que presenció recién.
—Inmovilícenlo—. Ordenó el galeno. A su indicación, Nagato se hincó junto al rumano, que quedó rígido cual tabla al sólo contacto con su mano. De la back pack desembolsó la más brutal y espeluznante jeringa de extracción que jamás había visto en mi vida, tanto así que palidecí un poco y sentí un mareo. House mostró nuevamente esa sonrisa torcida y maléfica mientras le mostraba a Vamp su nuevo juguete. —Descuida, muchacho… esto no te… ¡Ah! ¿A quién engaño…? Te dolerá como nada que hayas sentido en la vida…
House hizo un par de extracciones de médula, una del fémur y otra de la pelvis, y francamente ignoro en cuál fue en la que Vamp lanzó más fuertes alaridos. Me sentía un poco incómodo en presenciar el procedimiento… quizás se lo merecía, pero no soy partidario de impartir dolor.
Terminadas las extracciones, Vamp quedó en el suelo, exhausto y derrotado.
—¿Eso es todo? ¿No van a terminar conmigo?— Dijo casi suplicante.
—Dijiste que no querías morir hoy—. Le responde Haruhi.
—Además… aún tienes algunas cosas que hacer en el futuro…— Complementa Asahina.
—¡Eso es verdad!— Interrumpió con su acento ruso un recién llegado, que aplaudía mientras caminaba entre las bancas. —Cumplí con mi parte del trato, detective… ¿Usted cumplirá con la suya?
—Sí, Ocelot-Ojisan… ignora que se vea tan maltrecho, estará bien en unas horas…
—Excelente—. Ocelot sacó su móvil, ignorándonos y marcó un número mientras nosotros nos separábamos del abatido guerrero. —Por cierto, muchacho…— Dijo dirigiéndose a mí al pasar a mi lado. —Deberías ver más a menudo dónde estás parado.
Tomando literalmente sus palabras, miré hacia mis pies… oh, mierda… eso explica mi palidez y por qué me siento mareado, un escandaloso charco de sangre crecía a mi alrededor, me revisé buscando el origen y lo encontré en la cara interior de mi muslo izquierdo… un corte profundo por el que me estaba desangrando desde hace algunos minutos y que seguramente lo produjo la pequeña daga que no pude bloquear con el daito durante la pelea. En ese preciso momento la fuerza de mis piernas flaqueó.
—¡Kyon!— Haruhi fue la primera en reaccionar y alcanzó a atraparme antes de caer.
—¡Hay que hacer un torniquete! ¡Rápido!— Ordena House mientras me rodean y atienden.
Sin embargo, no pude hacer caso a mis acompañantes. Por algún motivo concentré mi atención en el pistolero ruso, que había alcanzado al ex terrorista y lo miraba con autosuficiencia mientras hablaba por el móvil:
—Sí… contraté a unos mercenarios y pude capturarlo. Por supuesto que cooperará, no tiene otra opción… si… le mandaré el reporte completo a la brevedad… sí… Señor Presidente.
Me pareció una conversación extraña y peligrosa… así que opté por mejor ignorarla. Unos segundos después vinieron el silencio y la obscuridad.
Muchos ruidos y muchas voces. Los sueños confusos terminaron por despertarme y me encontré reconfortado por el silencio de la habitación de hospital con compartía con mi familia desde hace algún tiempo. La luz anaranjada que se colaba por las ventanas me revelaba que sería poco tiempo antes del atardecer.
Haruhi estaba sentada a un lado de la cama de Ryoko, que seguía inconsciente.
—Al fin despertaste—. Dice ella con tranquilidad mientras rodea a Ryoko para venir a mi encuentro. —Maldito seas… tardaste mucho en despertar, miserable irresponsable—. Estuve a punto de responder a su agresión cuando me alcanzó y me tomó por las solapas, pero la intensidad del beso que me propinó a continuación frustró mi intento. —Bienvenido…
Dicho eso, soltó mis solapas y abrazó mi cuello y mi cabeza. Me dio la impresión de que un gran peso se descargó de sus hombros al verme despierto de vuelta.
—¿Cuánto tiempo llevo dormido?— Pregunté un poco más repuesto.
—Casi un día entero. Perdiste mucha sangre… tienes suerte de que sea sangre O.
Mi tipo de sangre es AB… yo soy receptor universal y ella donante universal… en efecto, tengo suerte, eso significa que ahora al menos medio litros de su humor hemático corre por mis arterias.
—¿Qué pasó con Ryoko?— Lancé incorporándome a medias. Ella me detuvo.
—Ya le retiraron los narcóticos. Yuki, los doctores del ejército y los médicos de House desarrollaron un antídoto con la médula que conseguiste y la aplicamos a los enfermos hace casi medio día… estamos esperando a que despierten.
Yo también recuperé el aliento al escuchar eso. Eso explicaría porque el semblante de Ryoko lucía tan diferente. Su postura era más relajada y su respiración más profunda, tanto que hinchaba su tórax, además de que el color había vuelto a sus mejillas. Koizumi apareció en el pasillo y tocó un par de veces la puerta de cristal antes de entrar a la habitación.
—Qué bueno que llegaste—, Le dice Haruhi apenas estuvo adentro. —Hace horas que necesito ir al baño y este tonto no despertaba.
Se fue dejándome con el ésper, que se sentó a mi lado. Luego de unos segundos, comenzó:
—Tal vez no sea necesario decírtelo… pero el combate de ayer fue lo más impresionante que he visto hasta hoy.
—Me lo dice el tipo que puede volar.
—Es en serio… sabía que de una forma u otra derrotarías a Vamp, pero… simplemente fuiste magistral. Gracias a eso, más de una decena de soldados y Ryoko pudieron salvarse.
—Explícame algo… si Haruhi tiene el poder divino de conceder deseos, ¿por qué no pudo simplemente salvar a Ryoko? Tanto Haruhi como yo deseábamos con el corazón que se restableciera.
—Pensé que te habrías dado cuenta de la respuesta a esa pregunta desde hace tiempo. Sin embargo, te explicaré… y justo están aquí las personas que pueden hacerlo más entendible para ti.
Me volví nuevamente hacia la puerta para ver a Nagato y a Asahina unirse a nuestra conversación.
—La concreción del poder de Dios.
—La brecha temporal.
—La encarnación del potencial para la auto-evolución.
Koizumi, Asahina y Nagato lanzaron esos conceptos respectivamente como si yo fuera a entenderlos sólo por mencionarlos.
—Sí, ya había escuchado eso antes… ¿eso que tiene que ver con Ryoko?
—Que ella es todo eso—. Comenzó Koizumi.
—Por esa razón, Suzumiya no puede tomar partido en nada que la involucre—. Complementó Asahina.
—Aunque Suzumiya Ryoko no tenga conciencia de ello—. Cierra Nagato.
—¿Recuerdas que hace unos años Suzumiya estaba muy frustrada de que Ryoko siguiera chupándose el pulgar a pesar de tener ya cuatro años?— Preguntó Asahina, con cierto matiz de nostalgia en la voz.
—No podría olvidarlo.
—Pues en esa ocasión, Suzumiya deseó que Ryoko-Chin dejara de hacerlo, pero no lo logró… tuvo que enseñarle ella misma y así modificar su conducta… no entendemos muy bien el porqué, pero no puede influir por medio de su poder en Ryoko-Chin.
—¿Me quieren decir con eso que Ryoko tiene un poder igual al de Haruhi?
—No—. Nagato fue quien respondió. —A pesar de que Suzumiya Ryoko no tiene la facultad de crear o modificar datos, comparte la naturaleza desconocida de Suzumiya Haruhi… tal como te fue expresado desde hace algún tiempo: Suzumiya Haruhi posee el potencial de la auto-evolución, y ese potencial sólo podía ser alcanzado a través de su catalizador, es decir: tú. Suzumiya Ryoko no tiene el potencial de la auto-evolución… ella ES la clave de la auto-evolución por sí misma.
—Y también es la forma concreta y realizada del poder divino de Suzumiya—. Dijo Koizumi.
—Y es también un estabilizador universal de ciclos espacio-tiempo… el antídoto a las disrupciones que Suzumiya generaba al continuo espacio-temporal—. Agregó Asahina.
—Y aunque nos movía primordialmente el profundo aprecio que tenemos por ella, era también una prioridad real para La Agencia, la organización de Asahina Mikuru y la EID mantenerla con vida.
—Vaya… eso suena coherente…— Me sentí ligeramente traicionado. Al final, los tres estaban velando por los intereses de sus respectivas dependencias… sin embargo, superé en poco tiempo esa sensación. Sé que al final, los tres quieren a mi hija casi tanto como Haruhi o yo.
—Sin embargo, Suzumiya Ryoko hubiera sobrevivido a pesar de que nosotros fracasáramos—. Nagato se volvió hacia Ryoko, aún dormida.
—¿Qué quieres decir?
—El proceso de sintetizar la médula obtenida de Vamp dio como resultado un tipo especial de anticuerpos que son los que se administraron a los enfermos y que están procurando su recuperación. Suzumiya Ryoko estaba comenzando a desarrollarlos para cuando le aplicamos su propia dosis.
—¿Ella ya se estaba recuperando?— Pregunté sorprendido.
—No, apenas estaba generando las defensas… sin embargo, no había garantía de que hubiese logrado sobrevivir sin secuelas permanentes al padecimiento. Fue oportuno que nosotros apresuráramos el proceso con el antídoto ya completado.
—Nagato… la enfermedad fue creada por nano máquinas… ¿Cómo es que Ryoko pudo generar de manera natural anticuerpos contra ella?
Nagato me miró fijamente a los ojos, pero no respondió.
Terminada esa pequeña conferencia, Haruhi volvió y el resto de la brigada nos dejó solos. Platiqué con ella sobre lo que recién escuché de nuestra compañía y Haruhi me informó que ella era conocedora de esos hechos desde varias horas atrás, cuando yo aún estaba inconsciente.
—¿Aún conservas el sabor del metal en la boca?— Preguntó House luego de entrar a la habitación.
—Un poco—. Respondí animado.
Se quedó ahí y charló con nosotros unos minutos, aunque de nada en particular. En realidad era su pretexto para estar ahí… estaba esperando lo mismo que nosotros.
Y su deseo fue concedido.
Un quejido casi inaudible hizo que los tres nos volviéramos a donde yacía mi pequeña. De inmediato salté de mi cama y corrí junto con Haruhi al lado de Ryoko.
Sus hermosos ojos ámbar se abrieron de nueva cuenta. Nos miró confundida por unos instantes… demasiado largos como para hacerme temer que hubiera sufrido algún tipo de daño cerebral… vamos… vamos…
—Tengo hambre.
Haruhi la tomó en brazos de inmediato y vitoreó con ella por un largo rato.
—Por supuesto que tienes hambre… te traerán algo enseguida, comerás hasta el hartazgo…
House nos observó por unos segundos, sonriente y luego se marchó en silencio. Al momento que él dejaba la habitación, la brigada entró de nueva cuenta, felices de volver a ver a mi hija consciente… sólo en ese momento me di cuenta de lo largo que me resultó el tiempo que no compartí con ella. Besé su frente apenas la tuve en brazos y esperé hasta que le trajeran el carrito de comidas, y me disculpé antes de intentar dejar la habitación.
—¿Papá?— Me llamó antes de que abriera la puerta.
—¿Qué pasa?
—Se te olvida esto…— Me dijo mientras me extendía su manecita cerrada. Me acerqué y recibí mi alianza de boda.
—Gracias, nena… papá volverá en un minuto.
Caminé por el pasillo hasta la primera esquina y me oculté. Una vez ahí, mis piernas flaquearon de nuevo y quedé sentado con la espalda recargada en la pared. Desde que Ryoko resultó herida tuve que mantenerme firme, tuve que soportar la presión y el dolor de no tener a mi niña cerca… ya había sido suficiente.
—¿Kyon?
Haruhi me alcanzó poco después.
—¿Lo hice bien, verdad?— Le pregunté con la voz quebrada. —¿Ya fue suficiente, no?
Se hincó a mi lado y me abrazó una vez más para decirme:
—Por supuesto que lo hiciste bien… lo hiciste maravillosamente…
Me aferré a ella y dejé salir el llanto que tuve que contener todos estos días.
Nunca, ni en mi niñez, había llorado tanto.
Capítulo 10.
Fin.
