11avo. Cap. La Fiesta de Rhonda

- Intenta calmarte, por favor

- ¡No puedo, Nadine! ¡No puedo! – se quejaba la chica, en el centro de su habitación.

- Tienes que calmarte

- ¡Mira lo que me hizo! – Se señaló la cabeza - ¡Mira lo que nos hizo! - le señaló la cabeza.

- Sí – suspiró – admito que no fue muy bueno pero…

- Pataki me las va a pagar – empezó a pasearse por la habitación con la cabeza cubierta por una toalla.

Habían llegado a la casa de Rhonda hace dos horas, la tarde había avanzado lo suficiente y ninguna de las dos había podido sacar aún el olor a basura del cuerpo.

- No te entiendo, Rhonda, en serio… ya basta.

- ¿Cómo puedes decir eso, Nadine? Mira lo que…

- Ya sé… ya sé, lo que nos hizo pero ¿No crees que es hora de dejarlo? Mira en lo que terminamos – se sacó la toalla de la cabeza y empezó a cepillarse el cabello aún mojado.

- Sí, pero…

- Helga no es tonta y quieras o no lo tenemos merecido. No sacamos nada de esto, ni siquiera sé por qué lo hicimos – volvió a suspirar – esto nos quita mucho tiempo y ni oportunidad tengo de hacer mis cosas.

- ¿Cómo qué? ¿Observar a esos asquerosos bichos? – Hizo una mueca despectiva pero se arrepintió apenas vio el ceño fruncido de Nadine – Eh… lo siento…

- ¡He estado intentando ayudarte todos estos días! ¡¿Y encima me criticas?! ¡No es justo Rhonda! – se cruzó de brazos muy molesta.

Sin duda alguna no sólo Phoebe y Helga habían cambiado, todos y cada uno de los chicos del grupo estaba diferente, tal vez en apariencia sean iguales pero en lo que correspondía a carácter algunos habían sacado el que tenían dentro y Nadine no era ni la única ni la primera en enfrentarse a los que consideraba sus amigos.

- Lo siento, Nadine, no quise decir eso – dijo la morena algo arrepentida.

- No lo parecía.

- Lo sé, pero… tú me conoces y sabes que no puedo dejar pasar esto. Nunca me humillaron de esta forma. Tienes que entenderme.

- ¡Ese es el problema! ¡No te entiendo! – se levantó de la cama y se sentó en la silla del tocador de la dueña de la habitación con el codo apoyado en la mesa y su cabeza recargada en la mano – ni siquiera sé lo que sacamos de esto.

- ¡Claro que sacamos algo Nadine!

- Sólo vimos a Arnold salir con Helga. No es nada raro.

- ¿Raro?

- Sí, raro, no es nada raro.

- ¿Cuándo viste a Arnold invitar a alguien al cine y no cuentan ninguno de los chicos? Porque eso lo hace cuando van en otro plan.

- ¿Otro plan? ¿Qué clase de plan?

- Ya sabes, el plan, quedemos después de clase para no aburrirnos en casa y esas cosas.

- Ah… pero igual. Es lo mismo.

- Claro que no es lo mismo, era diferente, venían juntos.

- ¿Y qué? Son amigos ¡¿Qué tiene de raro que Helga salga con Arnold en plan de amigos?! ¿Por qué te interesa?

- ¿No lo entiendes?

- La verdad que no.

Rhonda soltó un largo suspiro.

- Mira… Helga oculta algo y estoy casi segura de lo que es…

- ¿Y eso de qué te sirve?

- Quiero darle a Helga donde más le duele y para hacerlo necesito saber todo de ella, to-do – se aproximó a su amiga - ¿Ahora lo entiendes?

- Casi… - se rascó la cabeza – Rhonda… - empezó con paciencia, algo le decía que las cosas no iban a salir muy bien – de acuerdo.

- ¡Gracias! – Se arrojó a la cintura de su amiga y la abrazó fuerte - ¡No te arrepentirás, lo prometo!

- Eso espero…

- Descuida, Nadine.

- Si quieres hacerle eso a Helga ¿Cómo lo harás? ¿Qué usarás? ¿De qué te sirve lo que hicimos hoy?

- Eso aún tengo que decidirlo bien pero antes… debo hacer una llamada – se rió y cogió el teléfono inalámbrico para luego empezar a marcar.

- ¿A quién llamarás?

- Ya lo verás…

- ¿Eh?

Días después…

- ¿No pasó nada más?

- No, Gerald. Dos por favor – le dijo al heladero – no pasó nada más

- Lo juras – alzó una mano con la otra recibió el cono de helado.

- Lo juro

- ¿Y por qué estabas así entonces?

- ¿Así? – Arnold vio a su amigo extrañado ¿De qué habla? - ¿Así como?

- Ya sabes… - el rubio seguía sin decir más – Olvídalo, otro día te digo.

- Hmmm… - él se encogió de hombros – aunque ¿Sabes? Descubrí más cosas de Helga.

- ¿Como cuáles?

- ¿Sabías que estuvo en un internado esos tres años que no estuvo aquí?

- ¿Qué? ¿Un internado? ¿Hablas en serio?

- Sí. Cuando lo dijo me dio la impresión de que le había molestado…

- ¿A quién no le molestaría? Sinceramente yo no sé qué haría en uno.

- En el fondo siento que ella y yo nos parecemos en cierto sentido – murmuró mientras caminaban rumbo a la parada de autobús – yo no tengo a mis padres…

- Arnold… - Gerald intentó desviar la conversación porque Arnold cada vez que hablaba de ellos se ponía melancólico, aunque no entendía en qué podían parecerse Arnold y Helga dicen que los polos opuestos se atraen…

- Ya sé, ya sé… tengo a mis abuelos y todo eso pero no es lo mismo, por eso creo que ella y yo nos parecemos – su amigo lo vio confundido – Helga tiene a sus padres pero al mismo tiempo no, ellos no le prestan atención, no la toman en cuenta y es como si no los tuviera ¿Me entiendes? – ambos se acabron el helado pero aun así no dejaron de verse hasta que finalmente Gerald dijo:

- Creo que sí – suspiró – Arnie, sé que esto te afecta y todo pero…

- Subamos – se subieron al autobús y se dirigieron a la parte de atrás para seguir hablando.

- ¿No crees que debes dejarlo?

- ¿Qué cosa?

- Eso… aún guardas ese diario – el rubio frunció el ceño – el diario de tu padre, ese mapa…

Arnold negó con la cabeza.

- No, Gerald, no me he obsesionado pero le daré uso en cuanto pueda, eso sólo lo sabes tú. Nunca abandonaré esa idea, mis padres eran unos soñadores, aventureros del mundo y yo pretendo ser como ellos. Los buscaré un día, no sé cuándo pero lo haré.

- Arnold…

- No te pido que me entiendas…

- Y no lo hago, porque no te entiendo – los dos rieron – no, sí lo hago pero si eso es lo que planeas.

- Gracias

- No hay de qué viejo – hicieron su saludo especial - ¿para eso son los amigos, n…

- ¡Mira, ahí va Helga!

- ¿Dónde? – Gerald intentó localizarla pero Arnold ya se había lanzado contra la ventana y observaba por ella – abre espacio.

- Ahí está el auto de Dan – señaló el auto negro que había visto días atrás – ella estaba en el asiento trasero.

Gerald vio el auto y efectivamente, ahí estaba la rubia, escuchando música con ese mismo porte altanero con el que había regresado. Era cierto que la chica ya era así cuando se fue pero esta vez había distinción y algo de elegancia, no lo entendía muy bien pero era como una mezcla entre Rhonda y Helga, a diferencia era que con todo y eso seguía siendo Helga, simplemente Helga. Ahora entendía por qué Arnold decía que quería "conocerla"… ¿Quién lo diría?...

- ¿Qué cosa? – dijo Arnold volviendo a su lugar debido a que el auto se había alejado.

- Nada – negó con la cabeza – no me hagas caso pero algo sí quiero que me expliques.

- ¿Qué?

- ¿Por qué sacas el hecho de que Helga haya estudiado en un internado?

- Por nada – dijo rápido.

- Hermano, tú no dices las cosas por nada. Anda, habla.

- Pues… no sé, desde niño he ayudado a muchos.

- No me hagas enumerarlos, por favor – los dos rieron.

- Pero con ella fue distinto; extrañamente a ella fue a la única persona a la que no le puse mucha atención y por lo tanto no pude ayudar.

- Bueno, no es que se le haya notado mucho el que necesitara ayuda, si los que pedían a gritos tu ayuda eran sus víctimas y entre esas, lamento decirlo, tú estabas en primera fila – el rubio rió.

- Lo sé, pero ahora que está más tranquila y pasiva puedo notar lo que antes no vi.

- ¿Qué cosa?

- A la verdadera Helga G. Pataki.

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- ¿No crees que fuiste algo…

- ¿Algo qué, Phoebe?

- ¿Dura? – completó Cindy

- ¡Nada de eso! – cerró su casillero con fuerza y ellas dejaron de ver su espalda para verle la cara bien enojada. Cindy retrocedió y se puso atrás de Phoebe, la cual rodó los ojos exasperada…

- Helga… - llamó paciente – lo que digo es que… no debiste hacerle eso a R honda, puede traerte problemas.

- No le tengo miedo a esa barbie de cuarta – se puso la mochila en el hombro – caminen – ordenó.

- Caminando… - Phoebe caminaba a la par de ella.

- ¡Tú también, Cin! – le gritó porque la chica se había quedado atrás algo distraída.

- ¡Sí! – Corrió para alcanzarlas - ¡Aquí estoy! – dijo con las manos sosteniendo su maleta.

- Debes estar despierta, Fox, no suelo esperar a la gente. Entren – abrió la puerta del salón y las chicas lo hicieron. Helga entró después.

- ¿Aquí toca la siguiente clase? – la rubia rodó los ojos.

- Explícale, Phoebs – Helga se sentó en el escritorio del profesor, Phoebe se puso al lado con una libreta en las manos y Cindy sólo escuchaba y observaba atenta.

- Aula 112, vacía, de 7 a 7:30 AM; los alumnos la ocupan a partir de las 7:35. Tiempo disponible: 30 minutos. Tiempo restante: 5 minutos. Uso: distracción. Fin de la búsqueda: Planeación, charla, chisme, cosas en general. Eso es todo – cerró la libreta, se la puso en el bolsillo y el lápiz en una oreja. Helga dio el asentimiento y dijo:

- ¿Alguna pregunta?

- Ninguna.

- Estás progresando niña – Cindy sonrió y se sentó en una banca de la primera fila – Por cierto, buen trabajo Phoebe.

- No hay de qué – ambas se miraron y sonrieron.

Helga se bajó del escritorio pero se quedó apoyada en él con los brazos y las piernas cruzadas.

- Aún hay algo que necesito que ustedes dos me aclaren – las señaló.

- ¿Qué cosa? – preguntaron.

- ¿Qué hacía Eugene ahí? ¿ Qué tanto sabe de todo? Y esto va especialmente para ti Cindy.

- ¿Yo? – se asustó.

- Sí, tú.

- Helga espera… no creo que…

- Aguarda, Phoebe aún no acabo… contigo… - dijo lo último en un susurro que sólo las dos pudieron oír y la chica se quedó quieta – Muy bien, empieza a cantar, Cin. Tienes – vio su reloj – cinco minutos, si lo haces en menos mucho mejor.

- Pues…

- ¡Se me va la vida, chica lista! ¡Sin rodeos, empieza!

- Es que él parece…

- ¿El parece qué, Cindy? – se aproximó a ella y pronto sus manos estuvieron sobre la mesa del pupitre y su cara muy cerca de la de ella.

- Es que…

- ¡Habla! – golpeó la banca.

- ¡Es que Eugene sabe tu secreto pero cree que es una broma y es él quien me ha estado diciendo lo que Rhonda ha hecho estos días!

- ¿Qué?

- Lo siento

- ¿Eugene lo sabe? – Phoebe se acercó a Helga para intentar calmarla por si acaso pero la reacción no llegaba - ¿Helga? – la rubia soltó un largo suspiro.

- ¿Hace cuanto lo sabe?

- ¿Eh?

Phoebe y Cindy se miraron sorprendidas ¿No que ese era el secreto más importante, que solo ella podían saber u que si alguien se enteraba agonizaría el resto de su vida debido a lo que Helga podría hacerle a quien lo supiera? Ese era el secreto y Eugene lo sabía – más o menos – ¿Por qué no ha reaccionado o planeado matarlo?

- ¿Helga? ¿Te sientes bien?

- Calla, Phoebs – le apartó la mano – Habla Fox.

- No hace mucho, fue el día en que casi me matas con los balones – sonrió pero Helga no, se ajustó las gafas – le dijo lo que pensaba pero él creyó que era una broma y lo sigue pensando pero por alguna razón (creo que él no se ha dado cuenta) me dice lo que puede afectarme o lo que "oye" antes de caerse.

- ¿Cómo lo del espionaje?

- Sí, Phoebe.

- Vaya… - la chica lo apuntó en su libreta.

- Continúa…

- Él oyó a Arnold y a Gerald hablando acerca del por qué nos metimos, digo, por qué me metiste en el armario, también oyó lo que decía Rhonda sobre seguirte; me lo dijo el otro día y por eso estábamos ahí – tomó aire – eso es todo.

- ¿Todo? – preguntó la rubia alejándose y volviendo a sentarse en el escritorio.

- Sí

- Phoebe anota eso

- Ya lo hice – le dio la vuelta a su hoja para seguir escribiendo

- Muy bien. Así que Eugene sabe todo ¿no?

- Creo que sí

- Pero cree que es una broma ¿verdad?

- Según mis escritos sí.

- Phoebe, Cindy.

- ¿Sí? – las dos la vieron y la sangre se les heló al oír lo último…

- Tenemos un espía – se frotó las manos y rió de forma malévola.

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- ¿Estás segura de lo que hacemos?

- Claro que sí – afirmó con una gran sonrisa en la cara.

Nadine observó a Rhonda un tanto dudosa pero se resignó enseguida, ya le había dicho que la iba ayudar y eso es lo que haría. Tomó el pegamento que su amiga le extendió y empezó a pegar el anuncio hasta que lo leyó más detenidamente.

- Oye Rhonda.

- ¿Sí?

- ¿No será un poco extraño que invitemos a todos nuestros conocidos y no a ellas?

- Para nada, es hasta lógico; todos saben que Helga no me agrada, si no va será completamente normal.

- Pero vas a invitar a Phoebe y a Cindy ¿verdad?

- De eso no estoy muy segura. No quiero que arruinen lo que planeo – terminó de alisar el papel que pegaba y empezó a caminar en dirección a su salón en compañía de Nadine.

- ¿Y qué es lo que planeas? ¿Por qué no me lo has dicho?

- A su momento… - se rió mientras observaba sus uñas perfectamente pintadas - ¿Tienes listas las invitaciones?

- Ya casi, sólo falta sellar unos cuantos sobres.

- ¿Para cuando acabe el almuerzo?

- Sí

- Muy bien. Primera fase del plan – suspiró risueña –: casi lista. Vamos, Nadine.

- Ya voy, ya voy.

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- Adelante, Cindy, haz tu trabajo – la rubia le dio un ligero golpe en la espalda.

- No creo que sea buena idea.

- Phoebe… - señaló a su menuda amiga – explícale, por favor.

- Sí. Es necesario que intervengas ante nosotras con Eugene puesto que serías una fuente valiosa de información, además que nos proporcionarías datos necesarios, para poder enterarnos de los planes futuros que podrían atentar contra nosotras y no nos referimos a violencia física sino a situaciones que podrían comprometer nuestra…

- Al grano, niña…

- Es necesario, Cindy.

- ¿Ahora lo entiendes, Fox?

- Sí… creo – negó con la cabeza – Olvídenlo. Nos vemos más tarde.

- Crees que pueda.

- No me interesa – Phoebe frunció el ceño – bueno, no exactamente… por ahora. Vamos a clase.

- Sí.

En el almuerzo…

- ¿Dónde crees que se haya metido Cindy?

- No lo sé.

Helga bajó su emparedado y observó cómo Phoebe miraba a su alrededor; la miró un rato y la notó un poco rara, como ansiosa; bebió parte de su jugo mientras seguía observándola. Phoebe sintió la mirada de su amiga y un tanto dudosa preguntó:

- ¿Qué?

- A mí me parece que no estás buscando a Cindy, precisamente.

- ¿A qué te refieres? – vio como Helga se recargaba en su asiento.

- A eso que estás pensando.

- Yo no…

- ¡Hola chicas!

Gerald se acercó a la mesa seguido de Arnold, los dos estaban muy sonrientes. El chico rodeó con un brazo los hombros de Phoebe pero sólo obtuvo el rostro sonrojado de la chica y la ceja alzada de Helga.

- ¿Qué sucede? – preguntó confuso.

- Nada… - taladró a Phoebe con la mirada y la chica tragó saliva. Iba a tener que aguantar un interrogatorio tarde o temprano y algo le decía que iba a ser temprano.

- Eh… - ninguno de los chicos parecía saber que pasaba - ¿Podemos sentarnos?

- Adelante, Arnold, Gerald. Al menos que quieran que les salga raíces, claro está.

Los cuatro rieron y los chicos no tardaron en sentarse.

- ¿Qué hacían chicas?

- Comer… ¿alguna otra astuta pregunta?

Arnold y Phoebe rieron, Gerald negó con la cabeza resignado.

- No sé cómo le haces, Helga…

- ¿El qué?

- No sé, hay algo en ti que no me convence.

- Ah sí… ¿a qué te refieres?

- Cuando lo sepa te lo diré – bebió más de su refresco y notó como el otro par lo veía raro - ¿Qué?

- ¿A qué vino eso Gerald? – preguntó Phoebe con su vocecita.

- No me hagas caso ¿Quieres un jugo? Vamos por uno – hizo el amague de levantarse y ella estaba por decir que ya tenía uno pero enseguida notó la situación.

- Oh… claro, vamos.

El par de rubios los siguió con la mirada pero caso al instante volvieron la vista al frente, fija la una en el otro.

Sin poder evitarlo, sonrieron algo sonrojados.

- Eh… Helga yo…

- ¿Sí? – ella lo vio esperanzada, podría decirse que hasta estrellitas bailaban en sus ojos debido a la emoción ¿Quién le iba a decir que un día estaría sentada en la misma mesa con el Cabeza de Balón mientras ambos se miraban y… y…

- ¡Helga! – los chicos detuvieron el agarre de mano que estuvo a punto de propinarse.

Arnold se sonrojó y Helga apretó las manos hecha puños dispuesta a matar a quien se atrevió a interrumpirla.

- ¡Qué! – gritó y al voltear la cara completamente vio a Cindy parada junto a Eugene y ambos viéndole con cara de miedo.

- Eh… ¿Interrumpimos algo? – preguntó dudosa

- Uno… dos… tres…

- Helga yo quería…

- Cuatro… cinco… seis…

- Es que…

- ¡Diez! – Los chicos enarcaron las cejas – Habla de una vez Fox – siseó furiosa y la otra la vio nerviosa.

- Es que…

RING…. – la campana sonó nuevamente.

- Salvada por la campana. Te enterarás en clase. Adiós – ambos salieron corriendo.

Helga volteó y vio a un Arnold un tanto avergonzado y otro tanto risueño.

- Nos vemos en clase supongo – se levantó con su bandeja de comida en las manos.

- No. ¡Espera! – ella se levantó y le sostuvo el brazo.

Arnold giró, la vio y le sonrió.

- Tranquila, no me he olvidado.

- ¿A qué te… - frunció el ceño pero hubiera querido saltar de alegría ante la sonrisa que le brindó el rubio.

- A la cita de sábado por la noche ¿Recuerdas?

- ¡Yo no… no…

Él rió al ver el apuro de Helga.

- Me voy adelantando. Apresúrate o llegarás tarde… - se fue dejándola estupefacta.

- La cita – se sonrojó sutilmente – a Arnold no se le ha olvidado la cita… eso quiere decir que no se arrepiente, que quiere estar conmigo… que quiere… que me… ¡Sí! – extendió los brazos hacia arriba bajo la atenta mirada de la cocinera - ¿Qué?

La mujer negó con la cabeza, sólo señaló el reloj; Helga lo vio, se alarmó y salió corriendo aún con esa sensación de júbilo inundando su pecho.

Le tocaba clase de Historia con el profesor Simmons, le agradaba en cierta forma puesto que era una de las pocas horas de clase en la que estaba con todos sus compañeros de primaria y encima su profesor; le recordaba a sus viejos días de primaria, y era como si nunca se hubiese ido, como si todavía siguiera en la escuela pero claro, con algunas diferencias: Arnold – el cambio era obvio – y Rhonda – esta última le provocaba un dolor de cabeza más que cualquier otra cosa.

Entró al salón una vez dejó sus reflexiones de lado pero tuvo que volver a ellas cuando vio a… - ¿Curly? – susurró. - ¿Qué hace aquí? Según Phoebe se cambió de escuela… ¡qué extraño!...

El profesor no había llegado aún cuando entró al salón y cuando se adentró más frunció el ceño al ver quien estaba soltando un discurso – se rió sin disimulo mientras avanzaba a su puesto (detrás de Phoebe y diagonal a Arnold y Cindy)

- ¿Qué te causa tanta gracia Pataki? – preguntó Rhonda con fastidio.

- No querrás saberlo, querida – le dijo antes de sentarse con gracia como muchos ya se había acostumbrado a verla: con su cruce de piernas y el movimiento de su cabello. Destilando belleza que nunca antes nadie notó.

Las dos se miraron: la una con sorna y la otra con odio.

Los silbidos no tardaron en oírse al ver la batalla visual del par, incluso los murmullos de sus antiguos compañeros de clase y algunos nuevos.

- Rhonda está furiosa – se rieron Sid, Stinky y Harold.

- No sé tu hermano… le susurró Gerald a Arnold mientras este anotaba algo en su libreta - pero Helga se ha convertido en mi ídolo – se rió.

- ¿De qué…

- Míralas – le volteó la cara y él pudo ver como Rhonda arrugaba algo y Helga se le burlaba. Eso era cinismo y del grande.

Los murmullos se hicieron cada vez más ruidosos y la morena tuvo que alzar la voz para poder ser escuchada nuevamente.

- Como iba diciendo antes de la "generosa" interrupción yo…

- Idiota…

- ¿Dijiste algo?

- Para nada… todos estamos… ansiosos por oírte Rhondi – se le rió y le pasó un papel a Phoebe causando que esta riera y Cindy también al observar el papel que contenía nada más que una caricatura mal hecha de Rhonda.

- … organizaré una fiesta de bienvenida por el año que empezó. Además que deben ir porque hay una sorpresa que estoy segura nos alegrará ver a "todos".

- ¿De qué habla, Phoebs? - le inquirió a su amiga en un susurro.

- No tengo ni idea pero puedo averiguar si quieres.

- ¿Qué sucede chicas? – Las dos vieron a Cindy y fue P hoebe quien contestó:

- Helga quiere saber cuál es la sorpresa…

- Ah… averígualo entonces – Helga la miró con desesperación - ¿Qué?

- Crees que si fuera así de fácil estaría preguntándoles a ustedes – las señaló – a ustedes precisamente que saben tanto o menos que yo de esto.

- Buen punto.

- ¡Claro que es buen punto, Fox!

- Calma Hel…

- Toma Arnold – le extendió un sobre – a ti también Gerald – ambos tomaron su respectivo sobre.

- Gracias… creo – dijo Gerald en un susurro que sólo Arnold oyó.

- Gracias Rhonda – respondió el rubio.

- No hay de qué – la morena se volteó y enseguida pudo ver a las tres chicas.

Helga y Phoebe alzaron una ceja. Rhonda revolvió los sobres como intentando decidirse.

- Si pretendes entregar eso, te aconsejo que no lo hagas – la rubia dejó de verla – es pura basura.

- Tranquila, Pataki, no pensaba hacerlo

- Claro, asumiendo que tú sabes mucho de eso ¿no?

- ¿Qué quieres decir?

- Te lo dejo de tarea – Phoebe rió entre dientes.

- Toma Cindy

Las tres vieron a Cindy quien estaba muy sorprendida.

- Me lo das… ¿a mí? – se señaló incrédula.

- Tú no tienes la culpa de enredarte con ellas – le entregó el sobre y ella lo recibió dudosa.

- Gra… gracias…

- Shina… ¿Qué haces? No… - Rhonda se alejó y Cindy observó al par de amigas.

- Yo no quería…

- No intentes justificarte Cindy

- ¡No! Es que yo… ¡Lo juro! No… - la chica casi pidió auxilio con la mirada a Phoebe.

- Helga no creo que debas – negó con la cabeza – Cindy no tiene la culpa de…

Helga alzó la vista y las vio: a la una alarmada y a la otra preocupada - ¿Qué?

- Es que…

- No estoy molesta – se rió

- ¿Ah no? – preguntaron al unísono.

- No

- Pero después de lo que nos ha hecho Rhonda y que encima venga a decir eso a Cindy es muy normal que te molestes, es hasta lógico y…

- Phoebe… - la chica detuvo su hablar – sabes que no me manejo así y sí me molesta que Rhonda diga esas cosas como si ella fuera lo mejor pero…

- ¿Pero? – preguntó Cindy

- Hay mejores formas de resolver esto.

Phoebe iba a habar pero la rubia la detuvo.

- No, no le haré nada pero será estupendo ver que planea.

- Y cómo lo… ¡Claro, Cindy!

- Acabas de captarlo, Phoebe.

- ¿Yo qué?

- Estarás en la fiesta y te enterarás. Ve con Eugene, el chico es una amenaza para sí mismo y le agradará tu compañía – rió de forma casi pícara y las dos alzaron una ceja al verla eso era otra cosa que descubrían de Helga… ¿Cuánto cambió?

- ¿Por qué lo dices?

- ¿No es obvio?

- No…

- Helga… ¿Desde cuándo notas esas cosas?

- Desde que tengo ojos, Phoebe

- ¿Me van a…

- Muy bien, escúchenme todos – los alumnos dejaron sus charlas – Gracias – sonrió Para los que recibieron la invitación y para los que no – se rió con sorna mirando a dos chicas en particular – la fiesta es el…

- Muy bien. Hola chicos ¿Cómo están?

- Bien…

- ¿Qué pasó chicos? ¿Qué son esos ánimos?

- ¡Bieeeeeeeeeen!

- ¡Muy bien, así me gusta! – dio un pequeño aplauso y muchos de los alumnos nuevos miraron al profesor con algo de burla pero no así sus antiguos alumnos – Ahora les tengo preparada una peque… ¿Qué sucede Rhonda?

- Estaba haciendo un anuncio importante, señor Simmons…

- Ah… - la miró consternado – eso podrá esperar, lo que tengo que decirles es quizá más importante.

- Pero profesor… - se quejó.

- Por fin alguien sensato – se burló Helga y quienes estaban alrededor rieron incluso Arnold quien no dudó en verla a lo que la rubia se sonrojó cuando coincidieron sus miradas ¡Contrólate Helga!

- Siéntate, por favor, Rhonda, te prometo que luego podrás decir lo que quieras.

- Está bien – aceptó de mala gana mientras se iba a sentar.

- El motivo de mi retraso es porque se llevó a cabo una reunión de sorpresa con nuestro amable Director Wartz.

- ¿Y?

- Harold… - lo reprendió ligeramente.

- ¡Tengo hambre!

- Ya comiste…

- ¡Pero si explica me da más hambre! – la clase entera se rió y el señor Simmons frunció el ceño.

- Harold, si sigues con esa conducta tendré que enviarte a Detención.

- ¡Pero es injusto!

- Harold si no te callas…

- Pero…

- Calla, Harold – le dijo Helga despacio pero lo suficientemente alto para que todos escuchen.

- Pero tengo hambre - repitió

- Ashhh… - la chica buscó en su bolsillo y sacó una barra de chocolate y se la lanzó – Ahí tienes ¿contento?

- Más o menos.

- Pues, conviértelo en más o te la quitaré y ambos sabemos que no te agradará – el chico tragó saliva.

- Me la quedo – el resto volvió a reír.

- Así está mejor. Siga señor Simmons – el profesor le sonrió aunque le pareció muy curiosa la actitud de su antigua alumna Ni modo, tendré que acostúmbrame más…

- Claro, como iba diciendo, la reunión que se llevó a cabo junto a su director era para planear dos eventos que se llevarán a cabo paralelamente dentro de unos meses. Estos son: la feria de ciencias y el baile de bienvenida a los estudiantes de primero de preparatoria al que pueden ir todos.

- ¿Otro baile? – Preguntó Shina desde la esquina – no que tu Rhonda ya estabas haciendo…

- Calla, Shina… - le dijo esta.

- ¿A qué se refiere, Shina? ¿Me podrías explicar, Rhonda?

La morena miró con fastidio a Helga que se le reía y con ganas de matar a Shina por abrir la boca.

- Verá señor Simmons, lo que sucede es que yo ya había pensado en eso para mis compañeros…

- ¿Qué cosa?

- Un baile de bienvenida.

- Oh… que problema… ¿y no lo puedes cancelar?

- ¡Qué! ¿Cancelar? – casi se cae de la impresión - ¡¿Ahora?! Creo que no oí bien lo que quiso decir, señor.

- Cancelar… escucha Rhonda can-ce-lar ¿nunca has oído esa palabra?

- Calla, Pataki.

- Yo sólo te ayudaba a comprender mejor el idioma de los humanos, eso es todo.

- ¡¿Quieres cerrar a boca de una vez?! – gritó y para ese entonces nadie se perdía ni un poco de la pelea que se llevaba frente a un aturdido profesor.

- Déjame pensarlo… - se puso un dedo en el mentón en actitud pensativa y luego de unos segundos dijo: - No, creo que no. Pero te concedo la palabra, has un uso adecuado de ella, tal vez me arrepienta Rhondi…

- ¡Es suficiente! Me las vas a… - en un acto que nadie se esperó, Rhonda casi se le tiró encima a Helga mientras esta se mantenía impertérrita en su asiento; de no ser por Nadine y Gerald esta se iba contra la rubia.

- ¡Rhonda Lloid! ¡¿Qué crees que estás haciendo?! – el profesor Simmons había dejado tirar los papeles que cargaba en la mano para poder interponerse entre las dos estudiantes.

- Pero…

- Lo siento, pero tendré que castigarte ¿Cómo haces eso en mi clase? No lo creí de ti y me temo que voy a tener que informar de este comportamiento a tus padres.

- ¿Qué? ¿A mis padres? Usted no puede hacer eso, señor Simmons.

- Si puedo, y lo haré a menos que te disculpes con Helga.

- ¿Qué?

- Lo que oíste.

- Pero…

- Tranquila, princesa, por mi puedes ahorrártelas…

- Helga, es de sabios saber disculpar.

- No voy a aceptar disculpas por errores que no cometieron; a mí en lo personal no me hicieron nada.

- Muy bien – suspiró – Nadine, Gerald suelten a Rhonda, y tú Rhonda hablaremos luego. Como iba diciendo…

La explicación a lo que se haría en los dos eventos siguió su curso pero nadie prestaba más atención que a la que prestaron para el suceso entre Rhonda y Helga. Ninguno se esperaba un arranque de Rhonda y lo peor no era eso, lo peor era que a Helga parecía no afectarle, ni siquiera la había amenazado más que con palabras sutiles que no podían considerarse amenazas de ningún tipo y esos es lo que maravillaba a quienes la conocieron; aunque por otro lado, era ya clara la animadversión que existía entre las dos chicas, antes amigas, y el punto seguía siendo el mismo: eso se había convertido en una batalla, donde quien llevaba la ventaja era Helga y todos estaban seguros de que Rhonda lanzaría un golpe, uno bueno y no sabían cuándo ni qué… por el momento la morena tenía a Nadine, Shina y Curly de su lado (lamentaba este último) y la rubia a Phoebe, Cindy, Gerald (después de lo último no dudó en mostrar su admiración por lo hecho) y un muy indeciso Arnold. Fuera de esto todos los del antiguo grupo se mostraban neutrales y ya estaban haciendo apuestas sobre lo que pasaría en un futuro. Ese sin duda era un año interesante, como dijo Phoebe a Arnold desde el principio.

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- Nos vemos, chicos – se despidieron Phoebe y Helga en la entrada, a la hora de la salida.

- Adiós. Vamos Arnie

- Sí – estaban por cruzar la avenida cuando oyeron que alguien llamaba.

- ¡Arnold, espera!

- ¿Eh? – se dieron la vuelta y todo para ver a Rhonda corriendo presurosa hacia ellos.

- Hola, Rhonda.

- ¿Puedo hablar contigo?

- Claro – miró a Gerald.

- … a solas…

- Te espero en la parada – dijo su amigo mientras se alejaba.

- Dime, Rhonda – se ajustó la maleta al hombro.

- Quería hablar contigo respecto a mi fiesta ¿Irás?

Arnold frunció el ceño y Rhonda lo notó, cosa que la desanimó un poco puesto que Arnold no solía hacer aquello, lo que significaba que aún tenía presente los sucesos de la mañana.

- La verdad…

- Mira, sé que no me comporté muy bien esta mañana, pero esto es aparte, quiero que vengas ¿Sí?

- Rhonda…

- Por favor – rogó.

Arnold sonrió dejándose convencer.

- Está bien, te lo prometo.

- Gracias, no sabes lo que esto significa para mí – lo abrazó efusivamente.

- Eh… claro… - le dijo correspondiendo al abrazo.

- Gracias, debo irme, te espero el sábado en mi casa.

- Sí… ¡un momento! – la retuvo del brazo – ¿El sábado?

- Sí, no leíste la tarjeta de invitación – frunció el ceño - ¿Pasa algo?

La tarjeta de invitación, la tarjeta de invitación ¡la tarjeta de invitación!

El chico revolvió y revolvió el contenido de su morral y aún no la hallaba, por último tuvo que tirar las cosas al piso, cuando lo hizo la encontró y enseguida leyó su contenido rápido poniéndose pálido en el proceso.

- No puede ser ¡Es el sábado! – Helga va a matarme…

- ¿Algún problema?

- Rhonda… no sé cómo decirte esto pero…

- Mira… - le puso una mano en el hombro – si tienes algún problema, sólo dímelo, soy tu amiga…

- Rhonda yo…

- ¡Ya sé! – aplaudió emocionada.

- ¿Qué? – preguntó casi en un lamento.

- Dímelo el sábado.

- ¿Qué?

- Eso, que me lo digas el sábado.

- Pero yo…

- Sí, recuerda que me lo prometiste. Y si algo me gusta de ti es que nunca rompes tus promesas Arnold. Adiós. Nos vemos.

Se fue y el sólo pudo golpearse la cabeza antes de responder con un tenue.

- Adiós, Rhonda.

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- Muy bien, chicas, yo me voy por aquí.

- Adiós, Cindy

La chica se alejó por una avenida dejando a las dos amigas solas, a la una con un pensamiento atorado desde la mañana y a la otra que simplemente observaba el paisaje porque sí. Pheobe soltó un suspiro audible.

- Hel…

- Lo sé, lo sé…

- ¿Qué cosa?

- Lo que me vas a decir.

- ¿Sobre?

- Lo que pasó con Rhonda esta mañana… creo que me pasé un poco ¿no crees? – lo que obtuvo por respuesta fue una suave risa por parte de su amiga - ¿Qué? ¿Por qué te ríes?

- Estoy orgullosa de ti Helga.

- ¿Qué? – ella también rió.

- Te estoy diciendo que me pasé un poco con Rhonda y lo que obtengo es un "estoy orgullosa de ti Helga" ¿Qué te pasa? Reacciona Phoebs – la otra seguía riendo en especial por el tono usado por su amiga pero se intrigó cuando esta volteó, empezó a caminar de espaldas al mismo tiempo que la miraba con aquella misma expresión de la mañana, esa cuando hablaba de Cindy y Eugene oh, oh… - o…

- ¿O?

- O te quedaste tan aturdida con el almuerzo que ya hasta piensas cosas raras – se rió.

- ¿De qué demonios...? – acto seguido se tapó la boca con alarma y Helga soltó un silbido.

- Phoebe, estás creciendo… ya te diriges como una chica desesperada con el mundo… - se rió más.

- No hablo así.

- Eso no fue lo que me dijo tu última frase – canturreó.

- Cállate…

- No hasta que lo admitas – se hizo a un lado para pasar al lado de un poste de luz.

- ¿Qué cosa?

- Qué te gusta Gerald.

- ¿Qué? ¡AY!

- ¡Phoebe! – la chica corrió a ayudar a su amiga quien no había evitado el poste por andar pensando y el resultado fue un golpe certero en la frente. - ¿Estás bien?

- Sí.

- La revelación te dejó nockeada – negó con la cabeza – y yo que creí que te estaba tomando el pelo.

- ¿Qué? – Se levantó del piso – Aguarda un minuto ¿Cómo y cuando pasamos de hablar de Rhonda y de ti, para llegar a mi vocabulario y llegar a mi supuesto gusto por Gerald?

- Niégalo.

- ¿Qué cosa?

- Lo que te dije antes de que casi te mataras con esa cosa – señaló el poste.

- Por qué voy a negar algo que no existe.

- Así que no existe, y lo que yo veo son alucinaciones ¿no?

- No sé de qué me estás hablando Helga. Eso es completamente ridículo.

- ¿Qué tiene de ridículo? – Frunció el ceño – por donde yo lo veo, lo más ridículo es que tu pienses que es ridículo o algo así.

- Eso lo dices porque eres tú – siguió caminando como distraída por lo que no se fijó cuando su amiga se detuvo un tanto asombrada por lo dicho - ¿Por qué Dan ya no te recoge?

- Porque hice un acuerdo con él. No cambies el tema. Explícame eso de "porque eres tú".

- No hay nada que explicar.

- ¿Ah no?

- No.

- Entonces por qué no me miras cuando me lo dices, digo, quizás así es hasta más creíble.

- No necesito que alguien lo crea, sólo lo sé y ya.

- Vamos Phoebs, acompáñame – le tomó la mano y empezó a jalarla.

- ¿A dónde?

- Al parque.

La caminata siguió y la chica se dejó guiar aun dudando sobre lo que dijo, no debió decirlo, no a Helga y ahora tendría que buscar la manera de escaparse de eso.

- Muy bien, aquí estamos – se sentó e hizo que ella también se sentara.

- Ya me di cuenta.

- Ahora, explícate…

- Helga… yo no…

- ¿Entiendo? No soy capaz de entenderlo porque no soy como tú. ¿Eso es lo que quieres decir?

Phoebe abrió los ojos sorprendida.

- Eh… más o menos…

- Te entiendo, Phoebe, por eso digo que lo que dices es ridículo.

- ¿Por qué?

- Porque sí y ya, no necesitas una respuesta científica para todo. – sonrió de forma suave – No busques razones porque no la encontrarás, no busques patrones porque son inútiles, a la hora de la hora nada habrá valido la pena más que lo que pasa en ese momento – le sonrió ligeramente. Phoebe seguía sorprendida - ¿Qué? Yo también pienso de vez en cuando por si no lo sabías – se cruzó de brazos.

Phoebe rió.

- No es eso, es sólo que no…

- No lo habías visto de esa manera.

- Sssí… - se ajustó las gafas – es sólo que no creo que yo le pueda gustar…

- ¿Por?

- Porque he visto a Gerald todos estos años y siempre ha salido con… - se ruborizó – con…

- ¿Con?

- Con chicas bonitas, ya… en cambio a mí, nadie me ha dicho nada y esa vez en tu casa cuando estábamos con Cindy me di cuenta que tu y ella son muy parecidas en cambio yo…

- En cambio tú eres muy especial, Phoebe, creí que eso ya lo sabías. Eres inteligente, Phoebs, eso es evidente incluso para ti.

- Pero tú…

- Me han invitado a salir, sí ¿Y qué? Es una pérdida de tiempo cuando te das cuenta. Todo es muy simple sólo que la gente lo ve complicado. Y… – cambia esa cara le dijo al ver como la miraba su amiga – no es nada raro y sí he cambiado, no creas que Rhonda me tiene fastidio porque sí – negó con la cabeza – no, sí me tiene fastidio porque sí – se rió.

- Sí pero…

- Pero nada, si me ves así es por culpa del

- ¿Del?

- ¡Helga, Phoebe! – las chicas elevaron la cabeza y vieron como eran llamadas por Gerald.

- Mira, es Gerald.

- Sí – se ruborizó.

- Mira, te haré un favor.

- ¿De qué…

- Hey Gerald – el chico se acercó a las dos chicas.

- Helga que…

- Shhhhh…

- Hola, chicas, creí que ya se habían ido.

- No la verdad, que no… Gerald te quedas con ella – señaló a una muy boquiabierta Phoebe – tengo que irme urgentemente y Phoebe puede llegar tarde porque en su casa no habrá nadie en al menos un par de horas ¿Verdad?

- Sssí…

- Lo imaginaba ¿Te quedas Gerald?

- Claro, pero no entiendo que…

- No es necesario que lo entiendas, sólo hazlo. Au revoir…

Se fue.

- ¿Qué chica para más extraña? – se rió.

- Yo quiero matarla - empezó a retorcer su abrigo.

Gerald dejó de ver por donde había desaparecido Helga y se volteó para ver a Phoebe.

- ¿Dijiste algo?

- No…

- ¿Qué hacemos ahora?

- Eh…

Él le sonrió y ella lo hizo casi nerviosa Mataré a Helga…

Varias horas después…

- ¿Estás seguro de lo que dices?

- Que sí…

- Ahora… la pregunta clave es ¿Irás?

- ¡Gerald! – se levantó casi como si el sofá de su habitación quemara – no…

- Yo sólo estoy siendo realista… - su amigo no dijo nada – Mira Arnold… dile que no puedes ir y listo. No es tan difícil.

- Sí lo es…

- ¿Por qué?

- Se lo prometí – dijo Arnold un tanto desilusionado.

- Arnie, Arnie, Arnie – el chico negó con la cabeza - ¿Qué te he dicho sobre las promesas?

- Ya sé, ya sé… "no prometas nada que después no puedas cumplir", lo sé pero ahora ¿Qué hago?

- Yo sólo sé que tienes dos opciones: Número uno – levantó su dedo índice – vas a la fiesta de Rhonda y rechazas lo de Helga.

- Me matará antes de terminar la frase.

- Número dos – levantó el dedo medio – ve con Helga y cancela con Rhonda. Yo elijo la dos.

- Rhonda dejaría de hablarme, ella quiere que vaya.

- ¿Por qué?

- No lo sé.

- Y si…

- No iré.

- ¿Por qué?

- Tengo planes – esbozó una ligera sonrisa.

- ¿Qué clase de planes? - frunció el ceño.

- Sólo planes que luego veremos. Ahora ¿Qué harás?

- No lo sé – se lanzó sobre su cama con las manos sobre sus ojos - ¿Qué harías tú?

- ¿Yo?

- Si tú, no hay nadie más aquí, Gerald.

- Pues… escogería la tres.

- ¿La tres?

- La tres.

- ¿Cuál es?

El chico no respondió, sólo le sonrió a su amigo como si planeara algún tipo de plan maquiavélico. En eso le recordaba a Helga, la pregunta era: ¿Cuál?

Sábado por la noche...

- ¿Estás lista Helga? – Se preguntó a sí misma con una vocecilla aguda – Muy lista – se volvió a responder pero esta vez con su voz normal y dando una segunda vuelta frente al espejo.

Se había dejado el cabello suelto para que se extendiera sobre su espalda y se había puesto un conjunto de blusa y falda que le favorecía bastante con unos zapatos de tacón mediano (no quería dejar abajo a Arnold) y sólo se había quedado ahí esperando… Hubiera preferido el tener la cita en la tarde como habían acordado desde el principio pero debido al contratiempo que se le presentó a Arnold no pudo ser posible pero al menos no canceló y eso era lo que le agradaba.

- Saldré con Arnold… - suspiró mientras se tiraba en la cama y su cabeza por poco da con el borde de su mesita de noche – eso estuvo cerca – dijo refiriéndose a la mesa – no pretendo quedar desmayada el día de mi cita – volvió a suspirar y a sentir que hormiguitas le correteaban por el cuerpo – Arnold… Arnold… mi dulce encanto… mi sueño más preciado… mi paraíso soñado… mi chico ideal… - detuvo el rumbo de sus pensamientos por unos momentos – y si Arnold quiere… ¡No! – negó con la cabeza mientras se acercaba al teléfono de forma casi inconsciente – pero no lo había pensado y si Arnold en verdad me quiere pedir que sea su… - se mordió el labio inferior mientras marcaba con rapidez a la casa de Phoebe.

- ¿Hola?

- ¡Phoebe!

- ¿Helga?

- Sí soy yo, ¿quién más puede ser?

- Oh… nadie pero a esta hora creí que seguirías con Arnold en tu cita – susurró un poco a la mención de lo último.

- De eso mismo te quería hablar. Aún no he ido.

- ¿Qué? ¿Canceló?

- Sí, bueno no. Ay, el punto es que la retrasó, al parecer tenía algo que hacer y la pospuso para un poco más tarde.

- Ah… pero no tendrás problemas, digo que te dejen salir a esa hora, porque bueno tu a veces regresas tarde pero nunca sales tarde y…

- No te preocupes, ya hablé con Dan y él me llevará y traerá de regreso.

- Muy bien – se rió.

- Pero no era de eso de lo que te quería hablar.

- ¿Ah no?

- No. Es otra cosa un poco más urgente.

- ¿A qué te refieres? – Silencio – Ay no, no me digas que quieres ayuda con la ropa. Helga creí que no sé no te gustaban esas cosas y…

- ¡Claro que no Phoebe! ¡No es por la ropa! – Se sonrojó un poco – mi ropa está bien… ¿O no? ¡Basta! Estoy bien vestida y punto.

- ¿Entonces?

- Es que quería saber si tú me… - se mordió la lengua para no soltar lo siguiente, se sentía ridícula hablando y preguntando cosas que sólo preguntarían niñitas que no tienen nada mejor que hacer que salir con chicos Pero Arnold no es cualquier chico… él es a quien quiero y si él no…

- ¿Si tú me…? Termina Helga.

- Olvídalo, Phoebe. No es nada.

- ¿Estás segura?

- Sí – sonrió débilmente ante su propio descubrimiento.

- Muy bien. Buena suerte entonces. Ojalá te pida que seas su novia – la chica abrió bastante la boca y los ojos al mismo tiempo - ¿Eso es lo que querías oír, no?

- Sssí… creo – se sonrojó más y Phoebe rió - ¡No te rías, Phoebe!

- De acuerdo.

- Adiós.

- Adiós.

Cortó la llamada un poco más confundida que antes pero igual de contenta, aparte de que había descubierto que no le importaba que no le pidiera ser su novia porque con ser su compañía le bastaba…

- Será mejor que me vaya - siguiendo la acción a las palabras pronto se encontraba en el piso de abajo despidiéndose a medias y con Dan abriéndole la puerta para salir. Esa iba a ser una gran noche.

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- ¿Estás seguro de esto, Gerald? – preguntó Arnold mirando a su amigo y al reloj al mismo tiempo, si seguía así se volvería bizco de un momento a otro.

- Sí. Mira ya te presentaste a la fiesta como todo buen cumplidor de tus promesas. Ahora sólo falta que venga Rhonda y le dices que te ha llamado el abuelo o alguna cosa de esas para que te puedas ir, ella no te dirá nada porque ya cumpliste y podrás ir con Helga más pronto que tarde.

- Sí. Ahora sólo tengo que esperar a Rhonda ¿Dónde se metió?

- ¿Cuál será la sorpresa?

- ¿A quién le importa la sorpresa? Yo quiero irme.

- Calma viejo, ya casi – empezó a buscar a su alrededor.

- Casi es la hora, tendré el tiempo justo para llegar.

- Helga no se molestará por tener que esperar unos cuantos minutos.

- No la conoces…

- Vaya… - soltó un silbido – parece que mi amigo ya la conoce – se rió de la cara de su amigo.

- ¡Gerald!

El aludido volvió a reír y él prefirió mirar a otro lado sintiéndose muy ansioso, más de lo que alguna vez estuvo en su vida.

- ¡Hey Arnold!

- ¿Qué?

- Ahí está – señaló a la chica que se había puesto en el centro de la estancia vistiendo muy elegante, más de lo que pedía la ocasión – parece que va a anunciar la sorpresa.

- Yo quiero irme, no me importa la sorpresa.

- Ya sé, pero podrás decirle que te vas luego de que la anuncien.

- ¡Muy bien! ¡Lo que todos estábamos esperando! – empezó a decir Rhonda.

- Mira yo iré allá – señaló una habitación que era un anexo a la sala donde se encontraban – me avisas cuando todo acabe para poder decirle a Rhonda que me voy ¿Sí?

- De acuerdo.

- Toma – Arnold le entregó su vaso de ponche antes de irse al lugar mencionado – Ya regreso. - Con las manos metidas en los bolsillos se apresuró a entrar a la habitación y descubrió que tenía las luces apagadas - ¿Dónde está el interruptor? – empezó a palpar la pared cuando oyó que alguien soltó un leve gritillo - ¿Quién está ahí?

- ¿Arnold? – oyó que alguien decía y la voz le resultó familiar, muy familiar.

- ¿Quién?

- Soy yo Arnold.

El chico encontró el interruptor pero deseó no haberlo hecho cuando vio a la persona que le estaba hablando.

- ¿Lila?

Notas de autora:

¡Por fin, por fin! Me han de querer matar pero aquí estoy al fin con el onceavo capítulo de esta linda historia.

¿Qué les pareció? ¿Lindo, feo, horrible? Díganme algo ¿sí? Debo decirles que por fin, hemos llegado a la mitad de este fic, donde todo se complica y mucha de la información aquí mostrada es clave para el desarrollo del resto. Aunque con la última parte no creo que tengan dudas de sobre por qué se complica, lamentablemente Arnold va a tener que sufrir un poquito porque la que se le viene es más letal que cualquier otra cosa jejeje.

Muy bien, los dejo no sin antes agradecerles por el seguimiento de esta historia a lo largo de este año, no recuerdo cuando fue que la publiqué pero soy consciente de que me demoro bastante actualizando pero tengo una excusa válida; estoy acabando el colegio; para los que sean ecuatorianos como yo estoy segura de que me entienden, porque ya saben el proceso: exámenes finales, exámenes de grado, entrega de informe de premilitar o práctica de cualquier otro tipo, arreglo de papeles para la universidad, entrega y ajuste de notas – porque a algunos profesores se "les olvida" pasar algunos puntos – y al final de todo la incorporación… pues bien, eso me tiene ajetreada, especialmente por la parte de los exámenes porque los comienzo el lunes y esa es una de las razones por las que actualizo ahora.

Así que ya lo saben, estoy atareada pero confío en que este capítulo les guste y puedan seguir leyéndome.

Ahora sí, me despido, pidiéndoles que me dejen reviews para saber lo que opinan, y nuevamente agradecerles por seguir conmigo este año.

Att.

Clyo-Potter

P.D: No podía irme sin antes desearles ¡¡FELIZ AÑO 2010!! Que la pasen bien junto a sus seres queridos, sus amigos; que sus expectativas y proyectos se cumplan y espero podamos seguir vivos para seguir disfrutando.

Cuídense, los quiere…

Clyo.