Una lección diferente

por Karoru Metallium


Disclaimer: Slam Dunk y sus personajes pertenecen a Takehiko Inoue -lucky him-, yo sólo los uso para divertirme y sin fines de lucro. Ah, y cualquier cosa de la NBA pertenece a la NBA xDD. Las situaciones presentadas en este fic que no pertenezcan a los ya mencionados, son propiedad intelectual de "Karoru Metallium". Si no respetas eso -es decir, si te copias aunque sea un pedazo-, serás pateado. Esto es un AU, avisados. Advertencia: POVs alternos.

Capítulo XI

El amor y el deber

Guiadas por el puro instinto, las manos de Rukawa descendieron por los flancos del ex pelirrojo, mientras las piernas de éste rodeaban sus caderas. El contacto ahora era directo, provocando una reacción salvaje que lo hizo frotarse desesperadamente contra el otro, buscando la fricción que en vez de calmarlo lo enardecía aún más.

Nunca había experimentado una urgencia tan desesperada, y nunca había sido tan vocal al expresar lo que sentía. Los jadeos y los gemidos de ambos reverberaban en el silencioso espacio vacío de la cancha, y aunque a ratos cerraba los ojos - abrumado por las sensaciones -, no podía dejar de abrirlos de cuando en cuando para observar las expresiones que recorrían el rostro de Hanamichi como rayos, como fantasmas. Pasión, placer, ardor, tormento. Los ojos castaños se habían oscurecido y eran hambrientos, un reflejo de los suyos propios.

El placer en su bajo vientre era como un resorte tenso y vibrante a punto de saltar, respondiendo al calor del cuerpo bajo el suyo a través de los ligeros atuendos deportivos. Su mundo giraba con tanta rapidez que todo a su alrededor había dejado de existir al estar desenfocado, desdibujado; sólo existía el hombre junto a él, debajo de él, rodeándolo y absorbiéndolo con todo su ser. No sólo con su cuerpo, sino con su mente y su corazón, abriéndose a él, haciendo nacer en él la necesidad de responderle de la misma forma.

Buscando soporte, apoyó sus manos en el tabloncillo a ambos lados de la cabeza de Hanamichi, y besó apasionadamente su boca mientras sus caderas se movían en un ritmo desesperado, casi brutal, llevándolo rápidamente al borde del precipicio en un remedo del acto más íntimo.

El acto más íntimo...

El sólo pensamiento de sentirse dentro del joven, completándolo y completándose de una vez y por todas, bastó para que Rukawa explotara en un intenso orgasmo; y mientras gemía abiertamente su pasión, pudo sentir cómo el cuerpo de Hanamichi se arqueaba y tensaba contra el suyo, alcanzando su propio clímax.

Temporalmente saciado su deseo, mordisqueó brevemente la curva generosa del labio inferior del ex pelirrojo, quien había cerrado los ojos, sus músculos completamente relajados aunque el corazón le latía con fuerza y su respiración era agitada, casi violenta. Estremecido, quitó su peso de encima del joven y se dejó caer en el tabloncillo, a su lado. Aún jadeaba por la intensidad del momento que acababan de vivir, y a esta distancia era completamente consciente de que Sakuragi estaba exactamente en el mismo estado que él.

Ahora sabía que el joven sentía algo por él, algo que claramente iba más allá de la pura y simple lujuria; Hanamichi seguía siendo espontáneo, pero también era una persona seria; no era alguien que se dejara llevar por los sentidos... como tampoco lo era Rukawa. Lo que había estallado entre ellos venía gestándose casi desde el primer momento de su reencuentro... y sabía el cielo cuántos años más.

Ninguno de los dos tomaba las cosas a la ligera, eso lo sabía; y lo que acababa de suceder entre ellos era algo serio, MUY serio. No creía equivocarse al suponer que el ex pelirrojo estaba experimentando en ese preciso momento un severo ataque de pánico; su respiración aún no daba señales de normalizarse, y Rukawa sintió la necesidad de devolverlo a la realidad antes de que pudiera hiperventilarse.

"Hanamichi..." - era la primera vez que se dirigía al joven por su nombre, en lugar del apellido, y pudo ver el sobresalto que agitó su cuerpo; su ceño fruncido se profundizó, pero mantuvo su mirada obstinada en el techo.

"¿Porqué COÑO tuvo que pasar esto?" - barboteó de improviso con vehemencia, golpeando violentamente el tabloncillo con su mano derecha.

La pregunta, lanzada a la nada en tono airado y con la palabrota de por medio, hizo que Rukawa se sintiera ridículamente dividido entre las ganas de reír y el deseo de besarle.

"Yo creo que es obvio..." - se atrevió a articular, y el otro por fin le miró de reojo, con algo de rencor.

"No me trates como si fuera un retrasado, Rukawa."

"No lo estoy haciendo. Sólo me parece que no puedes ni debes negar que nos atraemos desde el primer día. Es posible que nos atrajéramos aún en la secundaria..."

"¡No! Siempre me han gustado las mujeres. Me gustaba Haruko en ese entonces, y otras chicas, aunque ninguna tanto como ella. De eso me acuerdo bien clarito." - dijo con terquedad.

"A mí siempre me han gustado, pero nunca más que mi carrera; nunca he sentido que necesitara de alguien para estar tranquilo. Y ahora siento eso... por ti. ¿Porqué es tan difícil para ti aceptarlo?" - Hanamichi guardó silencio durante un par de minutos que al jugador le parecieron eternos, y cuando al fin habló, su voz era inusualmente vacilante.

"¿Qué quieres que haga? Esto no me había pasado por la mente, jamás. Yo nunca..." - tragó con fuerza - "nunca había sentido estas... cosas... y menos hacia un tipo." - su tono delataba confusión y tribulación.

"¿Y qué te hace pensar que yo sí?"

"¿Porqué no? Estás en un medio propicio y eres amigo de Sendoh que es un pervertido," - dijo el ex pelirrojo rápidamente, como tratando de sacarlo todo fuera antes de que pudiera arrepentirse, y su airada declaración tuvo la virtud de lograr que Rukawa sintiera un dolor casi físico. Como si la sola idea de que el otro pudiera dudar de él lo lastimara... y en realidad así era.

"No puedes pensar eso de mí. No puedes."

"Tienes razón, no puedo. En realidad no te conozco."

"Me conoces, Hanamichi," - otra vez pudo ver cómo el joven se estremecía ante el sonido de su nombre - "no he cambiado tanto en estos años. Sabes que soy una persona honrada y sincera, aunque la mayor parte del tiempo tengan que sacarme las palabras con tenazas." - él mismo se sorprendió por la vehemencia de sus palabras; eran las emociones que el ex pelirrojo provocaba en él y que no podía ni quería evitar.

Vio cómo Hanamichi cerraba los ojos y aspiraba con fuerza, como si tratara de controlarse.

"Si eres una persona honrada... como yo... entonces no vas a remover el avispero. Sabes perfectamente que entre nosotros no puede haber nada más que amistad."

"Yo diría que ya ha habido mucho más que eso." - apuntó Rukawa sin pensarlo, con la boca seca y el corazón latiendo con violencia, como si quisiera salírsele del pecho; las mejillas del otro se tiñeron de rojo.

"Eso fue un golpe bajo. Pero da lo mismo; uno de los dos tiene que actuar con cordura, y conviene que sea yo quien lo haga, ya que soy el que tiene más que perder. Esto no puede volver a suceder. Soy un hombre con responsabilidades y tú también..."

"Entiendo esa parte, pero no puedo comprender el resto. No estamos hablando sólo de deseo físico aquí, Hanamichi, y lo sabes."

"Puede, pero no vamos a discutirlo porque no va a servir de nada. Yo sí lo que tengo que hacer."

"¿Pretendes ignorar lo que sucedió?" - con esa pregunta obtuvo una nueva reacción: la expresión en el rostro de Hanamichi era dura y acusadora cuando se volvió a mirarlo.

"¿Y qué pretendes tú, Rukawa? Que tenga una aventura contigo mientras dure tu estancia aquí? Yo tengo algo que se llama respeto hacia mi persona, para que te enteres, y no pienso humillarme de esa forma." - la indignación, la rabia y algo muy parecido al dolor vibraban en la voz del ex pelirrojo.

Rukawa enmudeció ante la acusación. No había querido insultarlo, no había querido implicar nada más que lo que había dicho... ni siquiera se le había pasado por la cabeza tamaña barbaridad. No se había planteado la situación más allá del afecto y el deseo que el joven le inspiraba, y que demandaban ser reciprocados. Pero Sakuragi tenía razón. ¿Cómo podían siquiera plantearse una relación?

"No quise insultarte. La verdad es que no había pensado en eso." - confesó, desconcertado.

"¡Ah! Entonces no planeabas seducirme? Pues qué alivio." - dijo Hanamichi con sarcasmo, y Rukawa de nuevo tuvo que luchar contra las ganas de reír a pesar de lo serio de la situación. Así era el ex pelirrojo, espontáneo y atrevido, aligerando con su naturalidad hasta el momento más pesado, haciéndolo sentir con intensidad y calmándolo al mismo tiempo; provocándole sensaciones y sentimientos contradictorios que sin embargo eran lo mejor que le había pasado en la vida.

"No se trata de eso. Es que tú..." - tragó, intentando deshacer el nudo que sentía en la garganta - "tú significas para mí mucho más que lo que acaba de suceder entre nosotros." - dijo en voz baja, y vio cómo los ojos del otro se agrandaban un poco.

"¿Estás hablando en serio, zorro?"

"No soy conocido por mi vibrante sentido del humor. Lo sabes muy bien." - extendió una mano para tocarle el brazo, y se sintió lastimado ante la respuesta inmediata y llamativa del joven, que brincó como si el breve contacto lo hubiera quemado.

Sin embargo, no era un gesto de rechazo; el rostro atractivo, rudo y juvenil, mostraba una expresión entre avergonzada y confundida. Definitivamente, Hanamichi Sakuragi era único e irrepetible.

"Oye... Rukawa... mira, aún estoy tratando de procesar esto. Ya llegamos un poco demasiado lejos, demasiado pronto y de un solo trancazo. Dame algo de espacio y no te ofendas, quieres?"

"Está bien." - repuso, tratando de ocultar una sonrisa; pero no lo logró, porque el joven primero puso cara de sorpresa y luego frunció el ceño.

"¿Te estás riendo de mí?" - preguntó, con un aire decididamente truculento que recordaba su pinta de matón de barrio en la secundaria.

"No. Es que tú me haces reír, que me río contigo; no es lo mismo." - hizo una pausa - "Tú me importas mucho. Más de lo que te imaginas."

El joven volvió a enrojecer violentamente.

"No creo que en esas atracciones intensas y repentinas, Rukawa. Son pasajeras y sólo dejan mal sabor de boca."

"Me alegra que hayas traído eso a colación, porque lo que hay entre nosotros no es ninguna de esas cosas. No es simple atracción, no es algo repentino y mucho menos pasajero, aunque sea intenso. Ya te lo dije, no es cuestión sólo de sexo..."

"... y claro, ya habló el experto." - dejó escapar el otro con ironía, haciéndole sonreír de nuevo.

"No soy un experto. Sólo he estado con mujeres, y han sido muy pocas; supongo que a ti te pasa tres cuartos de lo mismo. Sé lo que siento por ti, Hanamichi; no trates de restarle valor."

El antiguo pelirrojo, que había estado a punto de decir algo, cerró la boca con un chasquido y permaneció en silencio durante al menos tres minutos. Ya Rukawa estaba acostumbrándose a desear y temer esos momentos en los que el otro callaba y ponderaba...

"Yo... siento cosas que no debo sentir, y eso me asusta. Tengo una hija, tengo responsabilidades que... esto no puede ser. No puede ser, olvídalo. Te vas en unas pocas semanas y probablemente pasaremos diez años más sin vernos. No me hagas esto, no nos hagas esto. No lo hagas." - el tono era bajo y mesurado, pero en él vibraba una nota de desesperación que Rukawa no podía ignorar, a pesar del dolor que le causaban esas palabras.

Un escalofrío recorrió su cuerpo y un dolor terrible se apoderó de su pecho, aunándose a la opresión que sentía en su cabeza. Sabía que Hanamichi tenía razón, todo lo que decía era perfectamente lógico y verdadero considerando las circunstancias de ambos... pero no sabía cómo soportarlo, cómo aceptarlo, cómo asumirlo. Tendió la mano de nuevo y tomó la del joven, sintiendo cómo aquellos dedos largos, toscos y fuertes temblaban entre los suyos; el otro luchaba por controlarse.

Así que Hanamichi tenía razón. No podía ser. Pero la sola idea le dolía tanto que resultaba incomprensible, increíble; tanta emoción, tanta intensidad, tantos sentimientos en tan poco tiempo por una sola persona, eran demasiado para Rukawa. Sentía que no podía renunciar al fuego que le quemaba las venas y que era Hanamichi Sakuragi.

Sin embargo, no fue él quien dio el primer paso esta vez. El temblor en el cuerpo del ex pelirrojo tomó forma concreta, y de pronto Rukawa se encontró aplastado contra el tabloncillo, con Hanamichi encima de él besándolo con desesperación.

Rukawa aceptó con ansiedad la calidez de terciopelo de esa lengua en su boca y se aferró a él, abrazándolo con fuerza, apretándolo contra su cuerpo, sus manos descendiendo hasta apretar los firmes glúteos, provocando un gemido feroz. Si el otro joven quería devorarlo, él también anhelaba devorar y ser devorado, poseer y ser poseído. Era una sensación dulce y quemante a la vez, como nada que hubiera experimentado en su vida. Hablar con Hanamichi, escucharlo, verlo, sentirlo a su lado; besarlo, tocarlo, sentirlo... era como conocer realmente al fin lo que era estar vivo.

No quería detenerse, quería más, lo quería todo.

Sentirse correspondido era intoxicante, delicioso, increíble. No había en el mundo nada mejor.

Aunque no pudiera ser...

Hanamichi se separó de él al fin, con lentitud, quitándose de encima y sentándose a su lado para mirarlo fijamente, el rostro desprovisto de expresión. Parecía que al fin había aprendido a controlar sus facciones para ocultar sus sentimientos, y al hacerlo era casi tan bueno como él mismo. Pero, al igual que le sucedía a Rukawa, sus ojos traicionaban la profundidad de lo que sentía en ese momento.

"Me gustas así," - dijo finalmente el ex pelirrojo, y sus palabras tenían un sabor a despedida que debía de ser tan amargo en su boca como lo era en la de Rukawa - "me gustas tranquilo, callado, necio. Me gusta saber que me deseas y que quieres estar conmigo. Son cosas que no sabía que me gustaban, que no sabía que necesitaría, y que no quiero ni debo necesitar, porque sé que me harán daño. Por favor, dejemos esto hasta aquí. Paremos esto antes de que me necesites y te necesite tanto que no pueda vivir sin ti. Por favor."

Ya es demasiado tarde para mí, pensó Rukawa, dolido.

Sin más, Hanamichi se incorporó y se marchó, sin mirar atrás.

Kaede Rukawa se quedó tendido en el tabloncillo, inmóvil y sintiendo que el aire que respiraba ya no tenía suficiente oxígeno, que la piel le ardía, que su corazón iba a estallar de tanto correr como loco y parecer detenerse una y otra vez. Nunca había sentido tanto dolor; nunca en su vida había tenido tantas ganas de llorar. Esto era el amor, al fin: una necesidad que nunca estaba satisfecha, algo que llenaba y dejaba vacíos, algo deliciosamente autodestructivo, esperanzado y desesperado, potente, hermoso y cruel. Lleno de contradicciones como el mismo Sakuragi, como él mismo, como la vida misma.

Una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla como un adiós.


Hanamichi, atribulado, no supo cómo salió de la cancha. Sólo volvió en sí cuando se encontró en el estacionamiento - ya duchado y vestido, sin que recordara con exactitud haberlo hecho - con su bolsa de deportes en una mano y las llaves del auto en la otra. Recordaba vagamente haber aporreado las grandes puertas dobles para que le dejaran salir, y la mirada de abierta extrañeza que le había dirigido el gigantesco guardaespaldas de Rukawa al abrirle y hacerse a un lado para que él pasara.

Rukawa. Oh, cielos. Rukawa.

Dolía. Dolía como si le estuvieran arrancando la piel a tiras, como si el aire fuera fuego y le quemara las entrañas al respirar.

¡Coño! Porqué dolía tanto? Porqué? Estaba en realidad enamorado del zorro como el idiota que era? Cómo había podido suceder, cómo, siendo sus vidas tan distintas y habiendo estado tan lejos durante tanto tiempo? Cómo, a pesar de la lejanía física y mental? Cómo, si eran tan diferentes, casi opuestos?

El recuerdo de lo sucedido en la cancha aún provocaba estremecimientos en su cuerpo, y no sólo por el brutal impacto físico de una pasión que se había revelado superior a cualquier otra que hubiera podido vivir. La cercanía emocional entre ellos había sido casi tangible durante aquella breve conversación en la que sus sentimientos habían quedado prácticamente al descubierto, tanto como los deseos que se agitaban en su interior; aquellos deseos y sentimientos a los que no había querido, a los que había temido darles nombre.

No podía volver a verlo. No podía, aunque la sola idea le desgarrara el corazón de mil maneras que no podía comprender.

Ya no le cabían dudas de que Rukawa sentía exactamente lo mismo que él. En aquellos momentos de claridad no hubo espacio para la desconfianza o la vacilación; sólo había existido una poderosa certidumbre que su cuerpo y su mente no podían negar aunque su boca lo hiciera. Aquella mirada azul no era fría y distante: el hielo se había derretido y sólo quedaba el cielo oscurecido por la pasión y los sentimientos, brillante de anhelos.

¿Que podían hacer? Ambos tenían vidas y responsabilidades que estaban a años luz la una de la otra, vidas a las que una relación - en el supuesto negado de que fuera posible - afectaría sin lugar a dudas. Sakuragi no alcanzaba ni a imaginarse las repercusiones que algo así podía tener en su propia vida, en su hija, en los amigos que eran casi como su familia... probablemente los lastimaría, probablemente no lo comprenderían, posiblemente se alejarían; no sabía qué podía pasar ni quería suponerlo. Y Sae... su hija era muy pequeña, y los niños podían ser muy crueles. Todo el panorama era sombrío, y le aterraba.

Pero también le aterraba pensar que era la primera y última vez en su vida que sentiría eso, lo que había sentido en esos momentos...

estaba enamorado de Kaede Rukawa, como el idiota que era.

Junto con esa revelación que era más una aceptación, un recuerdo lo asaltó. Se vio practicando tiros de tres puntos en el pequeño patio de la casa en la que vivía entonces; Minako, radiante en su séptimo mes de embarazo, lo observaba cómodamente reclinada en una silla plegable, a la sombra del único árbol del patio. Su voz lo sobresaltó.

¿Sabes, Hana? A veces parece como si hubiera alguien más en tu mente... - su voz era bondadosa, levemente divertida. Él había reaccionado casi de inmediato.

¡Hey! Qué insinúas, que te estoy jugando sucio? El tensai nunca...!

Cálmate, cariño - la sonrisa serena apagó su indignación - no estoy diciendo nada por el estilo. Sólo que a veces parece que pensaras mucho en alguien que no está, alguien especial para ti; das esa impresión, sobre todo cuando estás concentrado en el juego. Me hace sentir celosa - dijo, de buen humor.

Pues no tienes motivos. No hay nadie. - había dicho Hanamichi en un gruñido - Y sólo por haber dicho semejante tontería, ahora mismo te voy a llenar de sudor. Muajajajaja!

¡Ni se te ocurra, Hanamichi Sakuragi! Argh! No!

Las manos de Hanamichi temblaron tanto que no pudo hacer girar la llave en el encendido, y tuvo que recostar la cabeza en el volante y respirar hondo para intentar calmarse. En ese momento había estado convencido de lo que afirmaba, pero...

Siempre había sentido algo por él, y le avergonzaba pensar que Minako lo había visto con toda claridad cuando él ni siquiera pensaba en ese sentimiento; recordaba a Rukawa de vez en cuando y alguna vez le había hablado de él a su esposa, cuando le relataba las anécdotas de sus días en Shohoku, sin estar consciente de que probablemente revelaba algo que ni él mismo sabía.

Celos profesionales y personales entre adolescentes no eran nada... sobre todo si servían para enterrar en lo más profundo de su subconsciente la admiración y la atracción. Si en presencia de Rukawa era más torpe, más ruidoso, más ordinario y atravesado que de costumbre, era simplemente porque quería, necesitaba llamar su atención y no sabía cómo. Quería que el otro lo notara, que pensara en él de la misma forma, con la misma intensidad enfermiza que bordeaba casi en obsesión juvenil.

Ahora, después de haber pasado casi diez años sin verlo y sin hablarle, le había bastado un momento para que esos sentimientos salieran de su letargo y su corazón latiera con la fuerza del querer. Y no podría verlo más.

No podría volver a sentir el simple placer de estar cerca, la emoción de enfrentarse a él en una cancha, de escuchar su voz profunda, de sentirse querido y respetado por él como amigo. Ni pensar en volver a experimentar el placer físico y la cercanía emocional, en la excitación que ahora volvía a invadirlo al pensar en su cuerpo, en sus caricias, en hacerlo suyo - de alguna manera vaga que no se atrevía a precisar; nunca se había preocupado por averiguarlo y sólo conocía los rudimentos de ese tipo de relaciones - y en pertenecerle. Sentía el natural temor ante lo desconocido, pero éste palidecía en comparación con lo que sentía por él.

Estaba perdido, pero tendría que vivir así. Sin Kaede Rukawa.

Respiró hondo y echó a andar el auto, tragándose las lágrimas que pugnaban por brotar. No tenía sentido martirizarse públicamente... ya esperaría a que Sae se durmiera para poder desahogarse a gusto en la soledad de su habitación.

La plenitud no era para él. Después de todo, la miel no estaba hecha para el hocico del burro...


Laura no había salido de la suite en todo el día. Aprovechando la tarde, se había embarcado con Hiro en una auditoría de los papeles de Rukawa, sobre todo aquellos que tenían que ver con la empresa de artículos deportivos que había montado con ellos dos y de la cual ambos eran responsables. Y, por supuesto, Sendoh la había llamado ya tres veces, haciéndola enfadar y entristecer simultáneamente; era una "virtud" que tenía el sonrisitas que, aunque le resultaba querida, era también demasiado irritante.

En momentos como ése, escuchándolo pedirle una cita, o decirle 'bueno, si no quieres llamarla una cita por lo menos acéptame una invitación a almorzar', se preguntaba cómo diablos le había hecho para enamorarse de semejante mastuerzo. No que le faltaran cualidades, además de simplemente estar muy bueno... era encantador de esa manera un tanto odiosa a la que la gente no podía resistirse, en particular las mujeres - el pensamiento la hizo apretar los dientes -, era bastante inteligente y sabía mantener una conversación, y tenía un corazón blando cuando se trataba de niños y mascotas.

No era mal tipo, si lo dejaban hasta ahí. Pero es que había más. Parecía ser patológicamente incapaz de serle fiel a alguien, aunque sus impulsos sexuales eran de lo más normales - excluyendo sus aventuras en el terreno de la bisexualidad, que según le había confesado le habían ocurrido sólo unas pocas veces y estando medio borracho, para más inri - y a veces solía hacer gala de la sinceridad más inesperada en los temas más variados. Laura no podía negar que su vida había sido alegre y animada como nunca cuando salía con él (habían sido mucho más que "un par de salidas", a pesar de las expresiones eufemísticas de Mark), que por primera vez se había sentido verdaderamente querida, sexualmente realizada e incluso hasta... feliz, rayos.

Pero claro, tarde o temprano el tipo tenía que soltar la hebra y regarla en grande.

Ya habían habido rumores a lo largo de los meses en los que la prensa se enteró del "romance" - los tabloides habían hecho fiesta al enterarse de que la secretaria de Kaede Rukawa salía con su amigo y rival natural -, y más de un periodista y/o admiradora se había acercado a Laura con la malsana intención de 'comunicarle lo que no sabía para que estuviera prevenida'. Ella no había hecho mucho caso, porque aunque estuvieran en distintas ciudades estaba más o menos bien enterada de lo que su "novio" hacía.

Claro que cuando aquella mujer se había presentado clamando que Akira era el padre del hijo que llevaba en el vientre - estando ella en ese momento en el apartamento del susobicho -, Laura había sacado cuentas y llegado a la conclusión de que la cornamenta en su cabeza ya debía de alcanzar las proporciones majestuosas de la de un alce real. No ayudó el hecho de que toda la prensa se enterara, y de que cuando ella lo esperaba furiosa para reclamarle - o reventarle la cabeza a escobazos, lo que se le ocurriera primero - el jugador, que rara vez bebía cuando estaba en plena temporada, llegara borracho al apartamento.

Había salido de allí sin reclamarle y sin darle más que un triste trancazo con el pesado bolso que llevaba; y eso sólo porque el muy desgraciado se había atrevido a intentar detenerla y explicarle. A pesar de todo el tiempo transcurrido, hoy en día no era posible que recordara ese momento con todo el humor que un extraño podía haber visto en la situación... porque Akira Sendoh le había roto el corazón esa noche.

Y había tardado muchas noches más recogiendo los pedazos y tratando de recomponer lo que quedaba, durante meses. En silencio, para que los demás no supieran de su pena, de su tristeza y de su vergüenza; ni siquiera Kaede, que la conocía bastante bien, había llegado a darse cuenta de la profundidad de sus heridas y del dolor que no la dejaba dormir. Se sentía abochornada y triste por haber caído en la misma trampa que muchas: la de haber creído que alguien podía, sinceramente, sentir hacia ella el mismo amor, la misma devoción casi perruna que ella le había profesado al alocado jugador. No había pedido mucho, pero lo poco que pedía no le había sido dado.

Jodido Akira y sus "profundas" ideas sobre el sexo casual. Jodido Sendoh, con su tendencia a dejarse llevar por cualquier zorra. Jodido desgraciado. No le iba a dar lo que pedía, porque no lo merecía.

"¿Laura? Estás viva?" - el tono irónico y sin embargo preocupado de Hiro la volvió a la realidad - "Te quedaste foco fijo bastante rato. Estás bien?"

"Sí, hombre. Me quedé tonta un ratito, es todo... estoy un poco cansada." - mintió con facilidad.

Pero no era trabajo fácil mentirle bien a alguien con quien había trabajado y compartido por años. Hiro podía ser calladito y todo el rollo - a menos que estuviera pegado al móvil, claro; en esos momentos era un radio loco -, pero era muy observador y rara vez se le escapaba lo que sucedía a su alrededor.

"Espero que tu momento de fuga cerebral no haya tenido nada que ver con la llamada que recibiste hace media hora... este viaje nos está terminando de revolver el cerebro a todos. Kaede anda extraño por causa del tipo éste de la televisión, el tal Sakuragi; no sé qué pasa ahí, pero tampoco me atrevo ni siquiera a suponerlo. Y tú estás cayendo de nuevo en las depresiones que tenías después de que mandaste a Sendoh por un tubo." - lo dicho, el tipo estaba enterado de todo - "Ten cuidado, Laura. Odiaría ver que te haces daño otra vez por culpa de Sendoh."

"Estoy tratando de no caer, Hiro. Dame una mano y no me critiques, quieres? Te lo agradeceré en el alma." - dijo, suspirando.

"Estoy a tu disposición y lo sabes..."

"¿Y tú? No has conocido todavía a una linda japonesita que te mueva el piso, para que te unas al club?"

"¡Laura! Tú sabes que yo estoy dedicado a mi trabajo, y..."

En ese momento, Rukawa arribó seguido por Mark, como siempre. Pero con sólo verlo, la mujer supo que algo andaba mal, muy mal... el rostro del joven era inescrutable como siempre, pero sus ojos gritaban dolor y desolación y estaba más pálido que de costumbre. Llevaba los jeans y el suéter oscuro que ella había puesto en su bolsa deportiva para que se cambiara en el gimnasio después del juego, y lucía impecable aunque su cabello húmedo apuntaba en todas direcciones.

Los saludó por pura fórmula y se fue a su habitación. Laura miró a Mark, y éste meneó la cabeza en señal negativa... algo grave había pasado durante el juego con Hanamichi; pero evidentemente el guardaespaldas, aunque se figuraba algo, no había alcanzado a enterarse de nada. Cuando Kaede Rukawa quería, tratar de sacarle información era como querer extraer sangre de las piedras. Miró a Hiro y éste simplemente movió la cabeza en dirección a la habitación.

Armándose de valor - ya que era el bateador designado, quisiera o no -, entró en el sanctasanctórum de Kaede y lo encontró echado en la cama, mirando al techo, inmóvil como una estatua. Parecía estar al borde de un colapso, y casi ni reaccionó cuando Laura se sentó a su lado.

"Kaede... Kaede. ¿Qué sucedió?" - preguntó, sin poder eliminar la preocupación de su voz.

Transcurrieron al menos cinco minutos antes de que el joven al fin hablara, con una voz tan tenue que la mujer apenas pudo escucharle.

"No puede ser, Laura. Lo que deseamos no puede ser."

Oh.

La mujer comprendió de inmediato. Por mucho que hubiera evaluado las posibilidades de una relación entre Kaede y Hanamichi, había obviado muchos obstáculos que estaban allí y que no podían ser negados ni ignorados. Era evidente que habían hablado y que Hanamichi había puesto en claro su situación... de la forma más negativa posible.

"Kaede... lo siento... pero tiene que haber algo que..."

"No hay nada. Yo lo quiero. Él me quiere. No podemos."

Oh. Hanamichi lo amaba. La noticia alegró a Laura, a pesar de lo triste de la situación. Sin poder hacer nada más como amiga, posó su mano sobre la cabeza del desesperado joven y acarició con suavidad el húmedo cabello negro azulado, tratando de infundirle algo de serenidad.

Tenían que haber algo que pudieran hacer. Si se amaban, tenía que existir una manera. Y la encontrarían juntos, porque para eso eran amigos.


N.A.: And that's called dry-humping and angst, ladies and gents. Smangst, para los entendidosxD. Sorry, no ha habido tiempo de actualizar esto; he pasado unas semanas muy duras de depresión, con cosas malas pasándome a diestra y siniestra y al mismo tiempo. Sin embargo, si esto está reflexivo y angsty no es porque yo lo esté, sino porque el fic sigue el curso natural que le fijé desde el primer momento en que lo pensé xDD. Pueden pensar que Hana exagera al no recordar lo que hizo, pero les juro que es cierto... uno a veces actúa como autómata porque el consciente hace cortocircuito cuando se sufren golpazos de ese calibre, por no hablar de las sensaciones... todas son ciertas.

Gracias a: Vanne (xD), Miguel (podrán estar enamorados, pero hay muchas cosas que podrían separarlos, y son cosas que no se pueden negar o ignorar. Vamos a ver si pueden luchar por estar juntos), Elena (ya ves que el problema no es convencerse de lo que hay entre ellos, sino de que pueda funcionar...), Hikaru Itsuko (ojalá), Black Kymera (siempre estoy tratando de adivinar qué es ese "algo" de lo que hablas, pero no caigo xDD. Yo creo que mi falta de autoestima me impide verlo. Y bueno, el angst siempre es bueno en dosis prudentes xD), Lady EmII (gracias!), pearnirchapi (perdón por la tardanza), Haima (todos sabemos que esos dos se desean desde el primer momento, lo que pasa es que tardan en darse cuenta), Nadeshiko (espero que no tengas que esperar tanto como yo para eso xD. Tienen unos 27. Y Laura tiene una buena cabeza, seguro pensará en algo. Todas las dificultades que mencionas son parte de lo que los hace tan especiales al trabajarlos como pareja), Gaby (ese es el problema cuando me tardo, pero piensa que lo disfrutas el doble xD), Nightcrawler (Hana es puro corazón, por eso no sabe guardarse las cosas), Ale (a ti se te hubieran quitado, seguro xD), Águila Fanel (ay... bueno... ya ves lo que ha pasado. Pobre par), Calipso (ya ves. Sólo podemos esperar que algo pase y las cosas mejoren).