Capítulo 10: Narcisos y anturios.

Si vivir quería, debería ser realista, no todos eran fieles a su pueblo, a veces podía más la propia existencia antes que un puñado de ideales, por ello el termino de delitos de alta traición existía.

La gran mayoría de personas, solo por su propio pellejo sabían ver.

Pero siempre había excepciones a la regla, él se consideraba uno de ellos.

Desde su más temprana infancia había visto a algunos tantos siendo ejecutados por traicionar los ideales de la Resistencia.

Pero ¿en qué consistían esos delitos de alta traición?

El hombre sonrió de soslayo irónico y con un poco de vergüenza propia, tiempo atrás, él mismo había roto esa misma regla, había desobedecido las ordenes de la general Holdo, mujer en la que la general Organa tenía una gran confianza, pero al no comprender ni saber que esta tenía un plan para salvarlos a todos, él se había levantado en armas en su contra.

Cuan irónica resultaba la vida, él había sido perdonado gracias a la general Leia Organa y su compresión, mientras que otros habían sido ejecutados sin darles oportunidad de defenderse, quizás porqué al final su causa era justa, quizás solo porque sus ideales no eran egoístas o al menos a esa idea se quería aferrar del hombre de cabellos oscuros, pero al final eso había sido una guerra y en la guerra no ganan los torpes sin ideales, solo las personas más astutas podrían lograr algo, junto a las personas con contactos, de no haber sido por la general, quizás el no estaría ahora mismo sentado sobre esa fría silla.

Consciente de su privilegiada vida solo podía atinar a hacer que cada segundo de su vida no tuviera un fin sin una causa justa.

Aquella peculiar y fría tarde de otoño, Egbert por fin abría los enormes portones del palacio con el fin de informar a cada gobernador, soldado, general de alto rango cada una de sus acciones desde el momento en el que la general Organa le otorgo el puesto que alguna vez añoro.

Sentados frente de él, Finn, Rose y su fiel amigo BB—8, estaban más que listos para infiltrarse en el palacio esa misma noche.

Ciertamente, Poe no estaba muy convencido, ni tenía la más remota idea de que pasaría si las venenosas palabras de Sunem fueran reales.

Crímenes de alta traición.

Él había sido acusado de ello y sabía perfectamente que, en muchas ocasiones, traicionar a un líder, general, no era lo más fácil, esto quizás era la decisión más difícil que alguien podría tomar.

La traición implica traicionar a tu familia, colocarte un revolver en la cabeza.

Poe temía por su amigo Egbert.

Tras todos los años contra del Imperio, su amigo ya no era el mismo, ni él era el mismo adolescente con las hormonas alborotadas lleno de ideales para convertirse en un héroe y nunca ser olvidado.

Ahora era un hombre, quizás un poco más sabio que antes, solo le interesaba observar que la historia no se repitiera de nuevo.

Su mayor ideal no era otro que ver a las generaciones futuras nacer y crecer en una galaxia libre de la guerra y de todo lo que implicaba la guerra.

Sangre, armas, odio, venganza, muerte.

El mismo había nacido y crecido en un mundo de guerra, su infancia no había sido la más dulce y grata, se había perdido de muchas cosas que aun siendo adulto añoraba y deseaba.

Y a pesar de todo, él había tenido una infancia buena, que a pesar de estar manchada con sangre.

Sus recuerdos de él y sus padres lograron hacer la diferencia en su vida… no muchos niños lograban mantener con ellos a sus padres.

Sus memorias siempre lo llevarían a su adolescencia en aquel momento en el que atentamente observaba a la general Organa, como todos los nuevos pilotos añadidos a la resistencia.

Nadie en ese momento era realmente consciente de lo que el peligro que implicaba ser un piloto y estar al frente de la batalla, ni de lo que el temor podría provocar en ellos, nadie era totalmente consiente de que, desde ese momento, el aroma a sangre y muerte seria su eterno compañero.

Todos menos el mismo y cierto joven de cabellos amarillentos.

Aun podía recordar como el joven que solo se había presentado como Egbert, miraba en todas direcciones con una expresión llena de miedo y sin rastro de felicidad por haber sido reclutado, en lo que para él y todos los demás representaría el mejor grupo de pilotos en la Resistencia.

Le era imposible a Poe asimilar lo que había salido de los labios de aquella arpía de cabellos carmín.

Egbert había sido el único en el que se había podido apoyar en aquellos crudos momentos de la guerra y sus primeras misiones en la Resistencia.

Pero… algo dentro de él le gritaba que Sunem no mentía.

De los labios de Poe un suspiro escapo.

Sin prestar un poco de atención a lo que Egbert y sus debas guardias y generales decían, Poe Dameron meditaba, escuchar las palabras de un simple informe no le interesaba.

Tenía que existir algo que demostrara que su amigo Egbert no era participe del casi extinto Imperio.

"—Mis padres murieron cuando tenía cinco años y mi infancia la viví a lado de un anciano sabio y un tanto… extraño, la vida con él era fácil, incluso puedo admitir que fui feliz a su lado, pero jamás llegué a estar de acuerdo con lo que él creía y predicaba… un día, el cielo se llenó de luces carmín, entonces supe que había llegado el momento de tomar decisiones... Y bueno, mírame, ahora estoy aquí, aterrado por la idea de morir en el especio." —Le había contado alguna vez.

Suavemente el de cabellos oscuros masajeo sus cienes.

Las traiciones solían salir siempre de los lugares menos esperados.

Él lo sabía.

Era consciente.

Pero…

También las grandes mentiras suelen venir de los lugares donde el corazón más duele.

Quizás la arpía de cabellos carmín mentía, pero… existían inconsistencias en su sola presencia.

Una de los seis caballeros de Ren, una asesina a sangre fría, la mano derecha del líder supremo, ahora estaba libre y nadie parecía estar al tanto de ello o tan siquiera estar preocupado por su presencia.

Lentamente Poe tomo su chaqueta color café del respaldo de su silla y se la puso ocultando lo mejor posible el pequeño blaster con el que siempre salía al frio campo de batalla.

No iba a pretender que todo era perfecto en la galaxia, ni se iba a quedar sentado, mirando como el mundo giraba por más tiempo.

Decidido, por fin levanto la mirada y observo con gestos de aprobación a Finn, Rose y su leal amigo BB-8 que se había apuntado a la "aventura" tan solo por escuchar el nombre de su amiga Rey la noche anterior.

Los gritos habían llenado a la sala y nadie ponía verdadera atención a los presentes poco reconocidos.

—¡La guerra ya ha sido declarada como terminada!, ¿por qué la semana pasada naves nuestras atacaron planetas? —Grito en histeria uno de los ancianos.

Egbert con su característica calma, suspiro y respondió con el tono de voz más calmado que pudo entonar entre los miles de gritos.

—Se deja llevar por rumores, mi distinguido señor, todo tiene explicación en esta vida.

—Entonces explícanos a todos porque un aproximado de quinientas o más naves salieron de este palacio y sus lugares de aterrizaje fueron devastados, sin sobrevivientes. —Una mujer hablo.

—¿Ya han olvidado? Prometí darle seguridad a la galaxia, el ejército que estaba a bordo era de las extintas fábricas de Kamino, clones mejorados, con verdadero sentido de humanidad.

—¿Clones?, has perdido la cabeza, los clones fueron y serán una pésima idea, sus programaciones nunca serán claras.

La multitud rugió en furia.

Poe solo observaba.

—Debo ser quien les recuerde que tras la guerra ambos bandos perdimos hombres y mujeres de grandes ideales y promesas en la protección y detención de amenazas, mis señores y señoras, deben comprender que no podemos dejar de lado la seguridad pública tras la guerra se han perdido muchas cosas, en especial y para mí lo más importante: los civiles, muchos perdieron familias enteras, sus casas, terrenos, ganado, oro, todos los recursos los cuales les permitían desarrollar una vida digna.

Egbert hizo una pausa observando a todos y continuo.

—Hasta el más humilde y buen ciudadano al estar en tal estado de desesperación por tratar de levantar las migajas de lo que fue suyo puede tomar malas decisiones, nuestro trabajo no solo se limita a evitar que más crímenes se cometan, si no buscar oportunidades de mejora para nuestro pueblo, tal como lo hemos logrado con el trabajo que logramos dar a los mismos Imperialistas, logramos qué estos desgraciados estén pagando sentencia a sus crímenes, en lo que yo determino la mejor prisión de la galaxia y al mismo tiempo de una manera justa y honorable los tenemos trabajando con sus respectivos pagos por sus servicios y cuando salgan y estén arrepentidos de sus delitos, sean seres útiles para la sociedad.

El silencio reino por unos segundos el gesto de Egbert parecía contrariado, pero todo termino cuando el mismo hombre que lo cuestionaba hablo.

—No pregunte por eso, pregunte la razón de los ataques

—A eso estaba por llegar, como mencione, el ejército de clones fue creado con la finalidad de incrementar la población y evitar que más personas mueran, de tal forma para evitar delitos menores y a futuro los delitos mayores, delitos tales como los que esos planetas tenían entre manos, el ejército enviado a esos planetas, su misión era ser entrenados a los terrenos más rurales, pero estos fueron inmediatamente atacaron a las tropas, detallar todo sería absurdo y poco ético, en resumen puedo decir que el general a cargo del batallón detallo en su informe el cual se encuentra en la respectivo archivero.

—¿Qué delitos? Solo estas omitiendo y generando dudas

Egbert lentamente se cruzó de brazos y arrugo el entrecejo y suspiro.

—Preferiría no repetir las palabras que están acotadas en el informe.

El hombre mayor golpeo la mesa.

—¡Eliminar personas, matar, nada te da el derecho!

Egbert negó.

—Mi señor, usted está olvidando la guerra y lo que ocurre cuando se dejan a los opositores libres, y no olvidemos a el resultante de todos los recursos que fueron decomisados y el resultado de unir esos recursos, prácticamente una bomba, pero claro, que se puede esperar de un hombre que está muy fundido en oro y sus únicas preocupaciones son tener trabajadores baratos, a las personas como usted solo le interesan los números.

El hombre indignado se levantó y comenzó a gritar eufórico a si mismo los demás hombres y mujeres en la sala, continuaron la discusión.

Aquella democrática junta había terminado.

Y entonces el momento para Poe y sus amigos llego.

Poe sin la menor preocupación se levantó de su asiento, al mismo tiempo en el que Rose le daba un suave codazo a Finn advirtiéndole de tener cuidado.

Poe se retiró de la sala sin mirar atrás, observando el largo pasillo solitario que les esperaba, segundos después se vio acompañado de sus leales amigos, Rose que miraba a todos lados alerta, Finn el cual cuando la puerta se cerró, había dejado escapar un suspiro e instintivamente su postura rígida se había relajado un poco y BB-8 el cual con un rayo azulado se encontraba analizando cualquier movimiento o rastro de vida en el pasillo.

En cuento BB-8 lanzo un pitido binario indicándole a Poe que no había nadie, los cuatro avanzaron en el peculiar pasillo.

Ni uno de ellos sabía lo que les esperaría.

No había necesidad de palabras, BB—8 y los demás conocían el plan.

En cuando su redondo compañero comenzó a avanzar todo los siguieron.

Finn se mantenía con los ojos demasiado abiertos, Poe hubiera reído de lo fácil que había resultado escapar de la poco civilizada reunión, no haber estado tan preocupado por lo que se encontrarían.

Las instalaciones parecían abandonadas, tal como si nadie viviera o limpiara el lugar.

El frío de las gruesas paredes comenzaba a filtrarse llevándose consigo el poco calor que habían mantenido.

El silencio con cada paso amenazaba con romperse, el ambiente del lugar de a poco se volvía pesado

Entre la oscuridad un soldado salió y con un tono de voz llenó de seguridad hablo.

—El paso está restringido al público, por favor regrese a la sala principal.

Extrañada Rose miro a BB—8 el cual alegaba que sus registros no lo detectaban como ser viviente o máquina.

Finn cansado de todo y sin pensarlo mucho, le regalo un gancho con su brazo derecho al soldado.

—Esto comienza a parecer más Starkiller que otra cosa. —Replicó arrugando el ceño.

El soldado lentamente volvió su vista al de piel oscura, con un porte que ahora resultaba amenazante, antes de poder tocar el arma que se dejaba observar en su pierna, Poe repitió la acción de su compañero.

El soldado cayó al suelo murmurando palabras sin sentido, a cada segundo que pasaban observando al soldado, este perdía rigidez y nitidez, una ilusión…

Los tres se miraron desconcertados y bajaron las escaleras que el guardia cuidaba ahora sin el menor cuidado ahora preocupados por la posibilidad de no llegar al final.

Quizás al final Sunem no mentía.

Su par de ojos color carbón lentamente se abrieron.

Confundido se percató de que se encontraba en una sala oscura.

El sentimiento de ser observado le provocaba una gran inseguridad, razón por la que cuidadosamente se levantó del frio suelo.

Sus ojos con rapidez se posaron en cada rincón al cual su vista le permitía ver.

La nada.

Era todo lo que podía observar.

Podría jurar que el lugar era más grande de lo que la densa oscuridad le podría asegurar, solo tendría que tendría que comprobarlo.

Aún aturdido, se mantuvo contra el frío suelo, aquella acción parecía reconfortante y le daba un poco de lucidez, sin la mínima idea del tiempo, espero, deseando que algo rompiera el crudo silencio, nada parecía estar ahí, quizás el encierro, era su nuevo castigo.

Sus dientes suavemente comenzaron a castañeaban ante el frio que calaba en el lugar, él estaba más que seguro que no soportaría ni un día en esa celda.

Ni en la noche más oscura y tétrica de Jakku podría llegar a ser tan helada, le era claro que ese lugar no era parte de Jakku.

Sin soportar más el frío, se levantó frotando sus propias manos en busca de un poco de calor.

Lentamente comenzó a andar, a la par de sus pasos resonaba otro par de pasos, el eco del lugar comenzaba a jugarle en su contra.

Su respiración se volvió un tanto irregular ante la ansiedad del encierro y la poca seguridad de su propia integridad.

Una suave capa de sudor helado comenzó a recorrer su espalda, era más que obvio para él que él miedo comenzaba a hacerle efecto, aunque él no lo admitiría voz alta.

Con sus temblorosas manos comenzó a tantear entre la densa oscuridad buscando una pared, sus extremidades rígidas apenas lograron responderle.

Fue para él una gran sorpresa poder observar por fin una figura aún más oscura en ese lugar.

Su reflejó, quizás.

Esperando por fin chocar con alguna pared, continúo avanzando sin quitar la vista de la densa figura.

Paso a paso, el ser frente de él tomaba forma, no era él, no existía manera que qué eso fuera él.

La oscura figura comenzaba a formarse, razón por la que pudo observar la peculiar vestimenta de este, vestía con él una especie de capucha ceremonial oscura, junto con una larga gabardina como si de una especie de monje.

No le podía ver el rostro por más que buscara el ángulo correcto.

Temor, eso era lo que el ser despertaba para él.

Tal como si el ser supiera los sentimientos tan negativos que despertaba, este dejo escapar una risa distorsionada, llena de amargura y recelo, una burla del ser oculto que parecía acechar a su presa en la densa oscuridad.

El sonido no tardo en propagarse gracias al eco del lugar.

—Indignante. —Mustillo el ser entre dientes.

Sin poder controlar el temor, se vio de frente con el misterioso ser vestido en su totalidad de negro, ahora podía apreciar que la razón de no poder observar los rasgos del ser era porque en su rostro descansaba una especie de casco negro con franjas plateadas.

El ser lentamente comenzó a rodearlo mirándolo descaradamente de arriba abajo, era claro que el enmascarado era terroríficamente elegante y no le gustaba para nada lo que él era.

—No pongas esa patética expresión, tú ya sabes a que he venido. —La robótica voz resonó esperando una respuesta, la cual no llego. —Puedo sentir en ti de nuevo la luz en ti, esto no era lo que se tenía planeado.

—¿Quién eres? –murmuro el de ojos carbón, en un inesperado momento de valentía.

El ser oscuro detuvo su andar quedando detrás del hombre y en una voz lenta y aclamada respondió.

—Soy él que acabara contigo.

El ser sin anunciarse entre el silencio, logro colocar en el cuello del hombre una especie de cilindro de un material que quizás era metal, obteniendo como respuesta un suave escalofrío del hombre al reconocer el arma.

La risa irónica del hombre de ojos carbón suavemente resonó y poco después esta se vio acompañada de la risa del ser.

—Disfruta lo que puedas, no hay escapatoria.

El ser oscuro lentamente alejo el arma del cuello de Matt, estando ahora el arma lejos, el ser presiono aquel peculiar botón del cilindro provocando que este invocara una especie de espada color carmín.

No podía existir duda alguna ahora, esa era el arma que aparecía en sus más oscuros sueños.

Lentamente Matt trago la saliva que tenía preguntándose por la cantidad de personas que cayeron ante el filo… esencia de tal arma, el color carmín que bañaba la hoja solo era un reflejo de la cantidad, eso era algo de lo que estaba seguro.

El lugar suavemente se ilumino y gracias a la tenue luz pudo observar el reflejo del ser, estaba a espaldas suyas amenazante.

—Esos ojos… —El ser hablo con rencor. —Siempre tan expresivos…

El ser sin más, se giró observando hacia la nada.

—Me provocan asco, son los ojos de un hombre débil y sin carácter. —termino la frase el ser.

El arma había chocado su arma contra el pulcro suelo provocando que la superficie se rallara y un sinfín de chispas surgieran, tal como si soldaran o más bien tratara de destruir todo a su paso, Matt observo con impaciencia los movimientos del ser gracias al reflejo del suelo, él observo al ser sin más lentamente girar su rostro, observando hacia la nada tal como si alguien se acercara lentamente lo vio poniéndose de rodillas, a pesar de lo que representaba estar de rodillas, el ser no perdía esa esencia característica.

—Por ello es claro que comprenderás la importancia de mi existencia, eliminar cualquier cosa que represente algún inconveniente a nuestro ideal.

—¿Nuestro ideal? –Pregunto Matt.

El ser sin siquiera moverse de su lugar dejo escapar una risa llena de burla, Matt solo pudo observar al enmascarado a través de la baldosa que el ser lentamente asentía en respuesta.

—No te hablaba a ti…

Confundido, lentamente giro su rostro, solo para encontrarse con el frio cristal carmín contra de su rostro.

El dolor del arma atravesando su cabeza lentamente comenzó a aumentar hasta que la sala se inundó por sus gritos.

El ser respiraba con violencia y entre su ira, grito.

—¡TU NO EXISTES!, ¡SOLO ERES UN DESPERDICIO DE MÍ!, ¡NO DEJARE QUE TU EXISTENCIA AFECTE MIS PLANES, DE SER NECESARIO MATARE AL PASADO DE NUEVO! —La voz metálica del ser decreto.

Matt solo podía sentir su propia sangre bañando su rostro gota a gota, junto a las gotas que caían al sable, haciendo lo mismo alimentando el sable de luz con su dolor y desesperación ante la inminente muerte.

Matt sin fuerza en las piernas cayo en la fría baldosa.

Con gran violencia el ser golpeo con fuerza el pulcro suelo tentando a la cabeza y pecho de Matt.

El ser satisfecho de su hazaña, lentamente extrajo el arma sin el menor cuidado, la sangre poco a poco comenzó a bañar sin el menor cuidado la fina baldosa.

—¡VIL IGNORANTE, SIN VALOR! ¡NI SIQUIERA TIENES LA FUERZA NECESARIA PARA DEFENDERTE!, ESTA VEZ, NO DEJARE RASTRO DE TI AQUÍ… DONDE NADIE PUEDE AYUDARTE, TUS SUEÑOS, NUESTROS...

Sus ojos lentamente se entrecerraron al mismo tiempo que la cálida sangre que aun brotaba mancho las oscuras y gruesas botas del ser, la oscuridad del lugar lentamente se desvanecía.

Algo de entre su pecho lentamente se escapó, dejando en su lugar solo un vacío y pesadez inminente.

Así se siente morir.

Frio.

Dolor.

Amargura.

Ira.

Nada…

Nada…

Su visión poco a poco se volvió borrosa y con ello la total oscuridad empezó a perderse.

El respirar cada segundo era más complicado y su cuerpo lentamente parecía apagarse, pero quizás esa tenía que ser el final de todo, pero un suave golpe contra de su pecho lo hizo cerrar sus ojos.

—¡Oye Matt! —La chillona y lejana voz infantil retumbo en sus adentros a la lejanía.

—¡Ya es de día! —Animadamente el niño hablaba.

—¡Vamos! —La chillona voz infantil retumbo en sus oídos.

Con pesadez, lentamente volvió a abrir los ojos.

Intuitivamente llevo sus manos a la cabeza, buscando la peculiar herida que el ser le había provocado.

Ni rastro de esa herida.

¿Un sueño? Sí que lo era, pero aún no podía explicar lo que ahora sufría, su vista aún era borrosa y podía sentir el lento palpitar de su corazón, tal como si en cualquier momento este se pudiera detener en cualquier segundo.

El pequeño ajeno al mundo en sus sueños tétricos, con gran energía jaloneaba del brazo derecho del mayor.

Uno de los compañeros de cuarto en el complejo eléctrico que se preparaba para salir a trabajar se giró ante el espectáculo que cada mañana provocaba el niño.

Los ojos del trabajador suavemente se abrieron y exclamo con sorpresa.

—Ya hombre, deshazte de ese bastardo.

Matt atino a reír con ironía.

—Quizás lo haga... —Murmuro observando como los ojos redondos del niño se habrían a la par, con algo de miedo.

El compañero de habitación, irónico rio y subió su bota derecha a una silla y con rapidez la ato.

—Enserio hombre, ese niño no tiene valor alguno, solo es un paracito que se pegó a ti.

Matt no respondió y el hombre frente de él no esperaba respuesta.

El trabajador lentamente se acercó al par y sin cuidado lentamente empujo a Cecil y se acercó al de ojos carbón, el niño con fuerza golpeo la pierna del trabajador.

—Esto es Jakku, por si no lo sabias, el pequeño bastardo muy seguramente terminara matándote a ti por ser tan blando. —Dijo señalando al niño—Por cierto, si no te presentas hoy no te pagaran el mes Matt.

—Lo sé.

El hombre sin más asintió y lentamente camino hacia la puerta, se giró y con un asentimiento se despidió a regañadientes de ambos.

El niño mirando fijamente a los ojos del mayor hablo con preocupación por las palabras del trabajador.

—¡Yo no sería capaz!, ¡En las Villas Sagradas viven algunos brujos!, ¡Ellos podrán decir que soy sincero!

—¿Brujos?, genial. —Respondió sarcástico, lentamente tomo aire y respondió con severidad. —No, no iremos.

La mirada preocupada y llena de lágrimas del niño le respondió.

Ambos se miraron por un largo tiempo y poco después Matt sin remedio, se vio siendo arrastrado por el niño que a su lado se mantenía aferrado a su mano, arrastrándolo entre los puestos de lugar hasta el pequeño puesto donde el menor intercambiaba partes de sus porciones por algunas vendas y demás recursos que utilizaba como protección del inquisidor sol.

En cuanto terminara de hacer sus trueques llevaría al niño de regreso a la central y se iría de nuevo a las heladas construcciones, en eso había quedado con el menor y el de mala gana había aceptado, pero lo dejaría ir.

De camino al prestigioso Puesto de Niima ambos habían charlado de los pros y contras de ir a las Villas Sagradas.

A Matt le daba igual el tema de los brujos y los devotos a lo que las antiguas historias llamaban como la fuerza, jedis, siths, pero aquella idea de ir a ese lugar parecía encantarle a su compañero, por lo que no se negó, si iba a morir ahí, al menos conocería el lugar de su muerte.

El viaje a las Villas Sagradas implicaría quizás el viaje más largo que podría hacer, el camino implicaría pasar por los peores campos y hábitats naturales del desierto.

La idea le resultaba tan… encantadora al igual que a los guardias que ya les habían autorizado la salida próxima.

Claro, era sarcástico y los guardias ya los daban por muertos, pero el pequeño no lo notaba, el niño aparentaba tanta inocencia, pero no podría asegurar que fuera real, no es como si pudiera leer sus pensamientos.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por Cecil el cual jalaba con fuerza de su brazo mostrándole su característica sonrisa.

Aquel acto siempre lo dejaba petrificado, sabía que alguna vez también fue testigo de una sonrisa igual de pura e inocente, la idea le aterraba al recordar sus sueños, había matado a gente… Y probablemente el había matado la sonrisa inocente de alguien.

Quizás el miedo a reconocer ser el asesino de inocentes era lo que le impedía negarse y alejarse de ese crio.

Inmediatamente recordó al ser de sus sueños y un nudo en el estómago le invadió.

Al menos estando en los oscuros ductos no le vería, al menos no en un largo tiempo.

La despedida de los dos fue rápida y con la promesa del menor para búscalo en cuánto terminara su jornada.

Matt estaba más que seguro que Cecil en cuanto terminara la noche regresaría con sus amigos por lo que no ocasionaría problemas con los demás internos.

Fue una cuestión de segundos para cual la única luz natural del sol lentamente desapareciera, dejando solo la oscuridad del subsuelo, siendo la luz de su fiel lampara de aceite la única luz en esa oscuridad.

El frio poco a poco comenzó a calarle, por instinto acerco a su cuello su delgada bufanda tratando desesperadamente de producir un poco de calor.

Sus ojos color carbón, lentamente se alzaron en la densa oscuridad.

No podía ver más allá de unos dos metros.

Quizás debería aprender a temer a la profunda oscuridad.

Nota de autor.

Después de 87 años...

Buena noticia (por si alguien entra el mismo día en el que publico): Hoy vengo con dos capítulos. La mala: Tarde mucho en continuar…

Les ruego me disculpen, es mi primera historia, que pasa del capítulo 5 sin que cancele o la borre, en este tiempo no solo escribí esta continuación, revise lo que ya está publicado y descubrí muchas inconsistencias, les ruego me disculpen, como soy solo yo redactando, no suelo notar todos los errores que tengo hasta después de un tiempo, me avergoncé tanto que me vi tentada a borrarla y subirla desde cero, pero NO lo hare, continuare por todas las personas que apoyaron y apoyan esta historia, leyendo sus comentarios estoy dejando de ser tan extensa (eso creo) , comenten cosa que les moleste, les leo a todas y todos y trato de mejorar.

Un poco de auto spam, les comento, no solo encontré los errores en la historia, ahora mismo mientras redacto la continuación capitulo 12, estoy corrigiendo toda la historia, por lo que, si te interesa, en mi perfil, muy pronto encontraras la segunda versión de esta historia, no lo tomen a mal, pero me resulta personal dejar está mal parada, creo que merece una reparación y más amor de mi parte. Puedo decirles que la nueva versión tiene muchos cambios radicales, jamás haría solo una copia y pega. Saludos. —Janis Gry. La que no puede con una y sale con otra más.