Una historia para antes de dormir.
Dedicada a Maki(:
Aclaraciones:
Los textos que estén entre guiones (-) son diálogos de los personajes.
Los diálogos que están en letra cursiva son pensamientos de los personajes.
Los diálogos que estén en MAYÚSCULA son gritos de los personajes.
El tiempo es en alguna dinastía china ficticia, pero el palacio de Pekín y la moneda (Yuan; equivalente a 1.4 MN) son reales.
Todos los personajes que aparecen en esta historia son propiedad de las CLAMP, los uso para el fanfiction sólo para entretenimiento de los lectores, y los derechos se quedan reservados para sus autores.
IMPORTANTE:
ESTE ES EL ULTIMO CAPITULO T_T !!! PEROOO xD HABRA EPÍLOGO!!! SII UN LIIIINDOOO EPIIILOGOOOOOO X3
PONDRE LOS AGRADECIMIENTOS A TODAS ESAS PERSONAS QUE ME ANIMARON CON SUS REVIEWS A TERMINAR MI FANFIC EN EL EPILOGO!! :D
MUCHISISISISISISIMAAS GRACIAS PORR TOOODOOOOOOOO
ADVERTENCIA DE LEMON. (ES LA PRIMERA VEZ QUE LO ESCRIBO PORFAVOR NO ME MATEN)
¿PAREJA DE TOMOYO X ERIOL? ¿ UN ÁNGEL EN LA IGLESIA? ¿LLEGARÁ A TIEMPO SYAORAN? ¡DIOS MIO QUE GOLPIZA! ¡SE DESCUBRE LA VERDAD!
Capítulo 22: El príncipe que rescata a su princesa…
Todo estaba listo; flores de sakura por todos los jardines, pasillos, terrazas, y por supuesto en la iglesia. Una enorme cantidad de gente que apenas conocía o que sólo les había visto de lejos llegaban a la iglesia mientras que sirvientes y soldados cuchicheaban de la celebración.
Mientras tanto… yo aguardaba sentada en mi terraza, viendo las ramas de los árboles que se movían de un lado a otro por la brisa fresca, oía a las aves que cantaban, y respiraba hondamente para hacer compás con aquella serenidad que se sentía.
-Princesa, todo está según lo planeado, vamos ya a la iglesia, que le espera su Padre.-
Había llegado la hora.
Por un momento me imaginé a Eriol sonriente como siempre, esperándome para ir a la iglesia, donde sabía que estaría Syaoran en el altar, con esa sonrisa que me derretía siempre, con esos ojos en los que me encantaba perderme, para casi gritar de alegría cuando diera el Sí… pero me rompieron la burbuja.
-Princesa… vamos ya- volvió a repetir mi Dama Mitzuki.
El que estaba en el altar era Yukito Tsukishiro y Syaoran ya no estaba más conmigo.
Nos dirigimos al recinto sagrado y en el camino toda la gente que me encontraba me deseaba suerte, felicidad, fertilidad y toda esa cursilería.
¿Cuándo me hice tan amargada?
Ah, cierto, desde que Syaoran Lee se había ido y con él mi corazón roto, o tal vez porque la vida me había enseñado que todas esas cosas no existían, que eran sólo palabras vacías.
Ante las grandes e imponentes puertas de madera con ángeles y todo un paisaje celestial tallado a mano estaba mi Padre, tan elegante con toda la extensión de la palabra, sólo que en vez de un traje chino con bordajes de bonsáis y jardines mágicos llevaba un smoking con una faja rara que cubría su cintura. El casi se ríe al ver que no le quitaba los ojos de encima a su traje y yo me sonrojé como casi nunca lo hacía desde hace mucho tiempo.
-Mi pequeña hija que hoy deja su sagrado hogar para convertirse en una gran mujer…- mi padre me tomó de las manos, y con sus ojos llorosos que me conmovieron tanto que yo también solté algunas lágrimas.
Me soltó las manos y quitó un par de lágrimas:
-Lo único que lamento es que sea lejos de mí- Su sonrisa serena se curvó en una mueca, pero se recompuso antes de que la tristeza lo sucumbiera.
-Hay Papá- solté más lágrimas gruesas.-Pase lo que pase yo siempre estaré contigo ¿sí? –
Yo quería mucho a mi Padre, pese a que nunca pasara tiempo con él, yo sabía que todo lo que hacía era por mí, y que como a todo padre le dolería dejar ir a su hija, soltarla al mundo cruel.
Y vaya que el mundo podía ser cruel.
Entonces la marcha nupcial comenzó. Aquella puerta se abrió dejando volar pétalos por todos lados, me tomé del brazo de mi Padre y comenzamos el paso por la alfombra.
La gente estaba parada, y todos me miraban curiosos, muchos me veían con una sonrisa infinita, pero otros me veían casi con lástima.
Al parecer se habían escapado rumores del ¨triángulo amoroso¨ que se formó entre Yukito, Syaoran y yo.
Intenté no pensar en eso, y sonreír orgullosa pero…
¿Por qué siento mis mejillas húmedas? ¿Son lágrimas?
Entonces vi la inmensa sonrisa de Yukito…
Yukito Tsukishiro...
Él nunca sería feliz conmigo, porque yo quería a otra persona. Esperaba dentro de mi corazón que él me perdonara algún día por eso. Pero era lo mejor, era lo mejor separar a un amor que no podía ser, y todavía mejor que uno de los dos olvidara por completo.
Que parte tan fácil te tocó Syaoran…
Mi padre me entregó a Yukito, y yo me sentí desfallecer por dentro, no había vuelta atrás.
-Te vez preciosa… Sakura- La sonrisa de Yukito se ensanchó todavía más y se volteó para encarar al sacerdote que hablaba sin ser escuchado desde hacía rato.
-Te ves preciosa…Sakura…Sakura…-El me había llamado por mi nombre, como lo hizo my Syaoran algún tiempo atrás.
-¡Tonta!¡Tonta! ¡El no volverá! ¡Sácatelo de una buena vez de la cabeza! Por más que le ruegues al santo crucificado que tienes enfrente que te traiga a Syaoran, no puede… Porque Syaoran no volvería por ti, porque él te dijo que no te amaba. –
Era cierto, esos sólo eran cuentos de hadas en los cuales el príncipe rescataba a su princesa y yo había dejado de creer en todo…
…Desde que esa persona se fue.
Y una lágrima silenciosa calló mientras veía al santo que me miraba con misericordia.
(Narración desde el punto de vista de Syaoran Lee)
Traspasamos la puerta norte de la ciudad que había dejado días atrás, con un propósito en mente, pero me asusté al ver que no había gente en las calles pues todos seguramente verían aunque fuera desde el techo de sus casas el casamiento de la Princesa.
-¡Maldición Eriol! ¡¿Ésta mula no avanza más rápido?!- le grité.
-¡¿Quieres tratar tú?!- me dijo mientras me hacía ademán para agarrar las cuerdas.
Mi sonrisa de determinación lo hizo ver que estaba dispuesto a que el animal volara, así que se agarró de la crin del caballo mientras yo agarraba las cuerdas por encima de sus hombros.
-¡Sujétate los lentes! ¡Llegaremos en menos de un pestañeo! ¡Hia!- Hice mover al caballo el cual doblegó su velocidad.
Claro que nos llevamos algunos puestos de comida y antigüedades baratas, ¿Y porque no? Algunas amenazas de los vendedores, creando una revuelta en toda la ciudad sobre un caballo que corría con dos jinetes; un Guardia Real y el ya identificado ¨traidor¨ que fue destituido de su puesto.
-¡Hey que si que vuelan los chismes!- me dijo Eriol divertido.
-O hablas o te agarras, cuatro ojos- le dije amenazante, pero en él no surtía efecto mi mirada furtiva así que sólo se rió.
-¡Hia! ¡Más rápido!- El caballo corrió más y más rápido, hasta el punto al que sentía el viento rompiendo contra mi cara y de no ser por Eriol que estaba al frente ya me habría matado alguna basura convertida en proyectil.
Eriol traía su espada, como Guardia Real que era, así que le dió alcance a los guardias que intentaban cerrar las pesadas puertas del palacio, así que no fue necesario bajar la velocidad del caballo.
Los dos inexpertos guardias yacían tirados en el suelo, bajé la velocidad al ver que una figura más se acercaba, pero al darme cuenta de que era sólo la esclava de ese Tsukishiro me tranquilicé.
Pasamos alado de ella, pero su mirada llena de brillos misteriosos, su sonrisa ensanchada y sus mejillas sonrojadas junto con la rosa que sostenía me llamaron la atención.
-Eriol… ¿me he perdido de algo?- le dije casi asustado, pero casi me da un paro cardiaco al ver que era a ÉL el tórtolo al que veía la esclava, y que mi amigo estaba más rojo que la rosa que sostenía la chica, mirándome con cara de ¨por favor no hagas un escándalo¨.
Y en efecto fue lo que me dijo, de igual forma no le hice caso.
-Por favor no hagas un escándalo…- Suplicó todavía ahogándose en la sangre que se arremolinaba en la cara.
-¿¡QUE!?- Pero fui tan brusco que paré al caballo sin darme cuenta, y teniendo en cuenta la velocidad… los dos paramos comiendo tierra en el suelo.
-¡Joder Syao-Xiao!- me dijo Eriol mientras me daba un golpe en la cabeza que me volvió a dejar la cara en la tierra.
-¡Pues que querías tacaño de mierda! ¡No me habías dicho nada y enterarme de este modo que el Casanova de Pekín se enamoró tan de repente me a dado un shock tremendo!-
-¡Pero no tienes porque gritar estúpido!- Ya nos íbamos a golpear cuando nos alcanza la chica de nombre… em… a sí, Tomoyo.
-¡No es momento de pelear Eriol!¡Vienen más soldados!- dijo la chica de ojos grises y blanquecina piel, poniéndose alado de Eriol y ayudándole a levantarse.
Ambos vimos los cerca de 10 hombres que venían con espada en mano, así que termine de pararme de imediato; mi amigo con su espada y yo en posición de batalla... pelearía con las manos desnudas, como hace un verdadero guerrero.
-Quédate detrás de mi Tomoyo- dijo Eriol como todo un hombre.
Sonreí ante tal gesto, pues yo solía ser así con Sakura, entonces me habló aquella chica.
-¡Joven Lang tiene que apurase!¡La Princesa está ya en el altar!-
Sentí que la cabeza me dio vueltas.
-¿Estas… segura?- dije casi sin poder respirar.
-¡Dese prisa!¡Váyase!-
Mi cerebro me decía que corriera, pero no podía dejar a Eriol peleando solo.
-Eriol, me quedo a pelear contigo- Volví a mi posición de pelea.
-Vaya, dicen que un amigo se distingue mejor en la obscuridad.- Ambos sonreímos y cuando él se distraía por proteger a Tomoyo yo le quitaba de encima a los cobardes que querían atacar por la espalda.
-¡Eriol cuidado!- Me puse enfrente de él, para recibir el golpe con el mango de la espada en la cara. No me tiró y por la adrenalina no sentía dolor.
Le metí un buen puñetazo que dejó inconsciente al soldado, mientras venía otro con la espada que yo paré con mi brazo, haciéndome otro tajo que sangraba a borbotones.
-¡¿Cuántos son!? ¡¡Demonios!!- Dijo Eriol mientras estaban apunto de atravesar a Tomoyo con una lanza que Eriol cortó hábilmente con su espada pero al voltearse de nuevo le partieron el labio de un puñetazo fuerte. Escupió sangre.
-Amigo lamento que estés haciendo esto, perderás tu trabajo por mi culpa.- le dije mientras hacía amague a un espadazo y le metía un codazo en la espalda a otro soldado que cayó de rodillas para ser rematado con una patada en el estómago.
-¡Tonterías!¡ Yo hago lo que sea por ti amigo! ¡Estamos juntos en esto!-
Con nuevas energías Eriol le pisó el pie a un soldado que se acercó, obligándole al pobre diablo a distraerse y ser tirado de una buena tacleada por parte de ¡¿Tomoyo!?.
-Sí que es buena la chica ¿eh?- Dijo Eriol orgulloso. Yo sólo asentí con asombro.
Seguimos avanzando rumbo a la gran iglesia, del cual ya veía el crucifijo enorme del techo.
-¡Por favor Sakura espérame!-
Pero ese día todos se empeñaban en que yo no llegara a la boda a tiempo.
-¡No me jodan!- dije implorando a los cielos piedad cuando vi el resto de la guardia del emperador que nosotros habíamos estado entrenando los últimos dos meses. Aún eran jóvenes adolescentes como yo alguna vez lo fui, y no quería hacerles daño.
-Syao-Xiao…- me llamó Eriol preocupado.
-Lo sé Eriol…-
Todos esos chicos nos miraban indecisos, rehuyéndonos las miradas, dudando si durarían un minuto contra nosotros.
-Escuchen muchachos, háganse a un lado, no queremos que esto se ponga más feo de lo que es.- les dije dando un paso hacia adelante, pero ellos se pusieron en posición de batalla.
-Lo sentimos Maestro… nos han dado órdenes de…- dijo uno.
-Nos van a expulsar de la escuela militar si no…- alcanzó a decir otro.
-Por favor, comprenda…-
Suspiré pesadamente.
-Tomoyo, quédate atrás- dijo Eriol, asumiendo a los chiquillos como oponentes de batalla. Ella lo miró desconcertada.
-No tenemos opción linda…- Le miró.
-Entonces, pongan en práctica las enseñanzas.- Dije antes de empezar.
Resultaron ser más buenos de lo que se veían, tenía un ojo morado, una mejilla hinchada y tal vez algún nudillo roto, me comenzaban a doler los moretones de las anteriores peleas, tanto de la posada de aquel pueblo como la casi cicatrizada tajada que me dieron en la clavícula.
Erio respiraba con dificultad, le habían roto sus lentes, que ahora estaban cuarteados en el suelo, pero aún con las pocas fuerzas que le quedaban, se veía amenazante. Los recogió y se los puso, aún en el estado en que se encontraban. Tomoyo le miraba con lágrimas en los ojos mientras Eriol intentaba sonreírle, antes de volver a escupir sangre por la buena patada en el estómago que le habían dado segundos atrás.
Entonces alcancé a oír la fuerte voz del casamentero, juez o como se llamara el tipejo que estaba casando a Sakura con el otro tipejo de Yukito Tsukishiro.
-Acepta usted por esposa a la señorita Nadeshiko Kinomoto…-
Suficiente, había tolerado bastante.
Golpeé sin piedad a los que se me acercaron, y amenacé con la mirada a los valientes que aún querían pelear contra mí, pero me distraje y entre varios me agarraron para impedir que siguiera avanzando hacía la entrada de la iglesia, la cual casi podía tocar con mis dedos.
-¡Eriol!- gritó aterrada Tomoyo; lo habían tirado al suelo también entre varios, estampándole la cara contra el suelo de piedras que era el camino de la entrada de la iglesia.
Entonces sujetaron entre dos soldados a Tomoyo, quise acercarme a ayudar pero me tenían completamente inmovilizado y era eso o detener la boda.
-¡Quítenle las manos de encima desgraciados montoneros!- Eriol estaba en su límite y sin embargo seguía forcejeando para intentar ayudar a Tomoyo.
Ellos rehuyeron la mirada avergonzados, sin dejar de sujetar a Tomoyo, que había dejado de forcejear para que Eriol no se hiciera más daño.
-Acepto- dijo Tsukishiro con júbilo en la voz. Me pasó de nuevo la visión que tuve acerca de la noche de bodas, y un sentimiento de ira y pavor me recorrió la columna. Llegué a mi límite.
-¡SAKURA!¡SAKURA!¡SAKURA!- dije hasta sentir que me raspaba la garganta, mientras me ponía más al brinco intentando zafarme de los molestos soldados quinceañeros y montoneros.
(Narración desde el punto de vista de Sakura Kinomoto)
-Y usted señorita, ¿acepta al joven Yukito Tsukishiro como esposo?-
Finalmente me lo preguntaba ese señor que me tenía mareada con tanto juramento por parte de nosotros, estaba sudando frio, y el corazón me palpitaba casi en la garganta, al igual que mis manos temblaban entre el ramo de flores que apenas sujetaba.
Abrí la boca pero no salió nada. Volví a intentar.
-Yo…-
Pero algo me hizo dudar más que nunca; a lo lejos escuchaba mi nombre… alguien me llamaba a lo lejos.
En esa voz se notaba la desesperación al rojo vivo y me pregunté quién me llamaba con tanta insistencia, con tanta urgencia, y que hacía que mi corazón diera un par de vuelcos y me sintiera en un vértigo total.
Sería mi imaginación...
...O por lo menos eso pensé hasta que vi a Yukito y a los invitados que se giraban hacia las puertas por las envestidas que parecían de un animal salvaje y que pareciera que las iba a tirar en cualquier momento.
Se empezó a oír un murmullo general, mientras la cara del padre de mi casi esposo se llenaba de preocupación al igual que la de mi padre.
Era un hecho que alguien amenazaba con entrar, pues Yukito se puso delante de mí con intención de protegerme de lo que fuera que estuviera afuera.
Le miré a la cara y por primera vez vi un semblante verdaderamente serio y amenazador.
-¡¿Pero qué pasa!?- gritó mi Padre parándose el también ya completamente harto de la situación.
Los gritos de aquella persona se hicieron más audibles, mientras que los espadazos también se hicieron presentes al mismo tiempo que se golpeaban más y más fuerte las puertas.
Entonces por fin se abrieron, de una sola patada de aquella persona…
…Y le vi.
Estaba siendo amansado por los cerca de 30 chiquillos que impedían que diera un paso más adentro de la iglesia. Me llevé una mano a la boca de la pura sorpresa, dejándome caer de rodillas.
-¡SAKURA!- grito el al verme pero yo estaba tan impresionada que no procesé nada.
Estaba golpeado, muy golpeado. Su cabello estaba revuelto más de lo normal; sus ojos brillaban con intensidad, con fuego… tenía morado uno de ellos; su precioso labio sangraba, mientras que trataba de aguantar el dolor de su mejilla hinchada y el raspón morado de su quijada; sus ropas estaban rasgadas, ensangrentadas y noté que no movía una de sus manos.
Lágrimas cayeron sin piedad sobre mi rostro.
-¡¿Por qué estás aquí?!-
Si él no me amaba, si él me había dicho cosas horribles, si él me había abandonado, si él me había engañado, si era una carga para él, entonces porque…¡PORQUÉ ESTÁ AQUÍ SYAORAN LEE!
Syaoran no se contuvo más y se deshizo de todos los que lo sujetaban para entrar con paso decidido, con la mirada furtiva.
Yo por puro reflejo traté de ir hacia él pero Yukito puso una mano en mi camino obligándome a retroceder.
-¡Pero tú qué haces aquí!- Preguntó con rabia, mientras Syaoran descubrió mi mirada llena de miedo y confusión obligándole a apartar la suya y responder a Yukito.
-¡Tu más que nadie sabes que hago aquí Tsukishiro!-
Yukito entrecerró los ojos, endureciendo la quijada.
-¡BASTA YA!- dijo mi Padre. -¡No toleraré esto señor Lang!¡No toleraré que irrumpa así en la boda de mi hija! ¡Guardias!-
Guardias de quien sabe donde salieron de entre los invitados, aprendiendo salvajemente a Syaoran quien apenas pudo defenderse. Lo hicieron quedar de rodillas con la cabeza baja.
La gente se paró de golpe, algunos preocupados por su estado, otros pensando que lo tenía bien merecido.
Luego Yukito se decidió a hablar.
-¡¿Por qué has vuelto Lang!? ¡Que fue todo aquello que me dijiste aquella vez rumbo a las mazmorras!, ¡¿Alucinaciones de un hombre caído?!-
-¿Hablaron en las mazmorras?- Recordé una breve plática inaudible para mi aquella vez que hirieron a Jean en el manantial.
Miré a ambos en busca de respuestas, Syaoran apenas formó una sonrisa, pues su labio roto se lo impedia,mientras Yukito no dejaba de mirarle con hostilidad.
-No Tsukishiro… no eran mentiras, si es que las podemos llamar así. Era la verdad pura de lo que sentía…-
Entonces me atravesó con la mirada, dejándome paralizada. Hizo horcajadas y escupió sangre, devolvió la mirada a Mike.
Sin saber porque, mi corazón latía con fuerza, y me obligué a escuchar sus palabras con toda atención…
-Te di a entender… que por amor a ella… yo me sacrificaría, pero no entendía… que ella sufría como yo, no veía que ella me amaba como yo a ella y fue… cuando me di cuenta que costara lo que costara, la mantendría a mi lado… mientras ella aún me quisiera-
-¡¿Por mi!?- Pensé.
-¡Y si ella aún está dispuesta a dejarlo todo por mí Yukito Tsukishiro pelearé contra ti, contra estos guardias, contra el Emperador!¡Y hasta contra tu mismísimo Dios!- Los guardias le golpearon callándolo.
-Pero si es un buen chico Fujitaka no se cómo no lo quieres como suegro- le codeó un ministro a mi Padre, al que sólo le miró con cara de pocos amigos.
-¡Syaoran!- Grité, valiéndome la diferencia de nombres, aunque al parecer nadie se dio cuenta. Quise ir con él, me preocupaban mucho sus heridas…
-¿Qué hace este chico fuera de mi ejército?- Gritó el ministro de guerra.
-Falta gente así en este país- dijo otro.
-¡Basta ya!- gritó Yukito.
Él me levantó del piso con un poco de brusquedad, a lo que Syaoran forcejeó para intentar llegar hacía mí pero fue en vano.
-¡Suéltala Tsukishiro!- le gritó desgarradoramente Jean.
-¿Yukito?- dije con una nota de miedo en la voz.
Éste me aprieta más contra sí, y susurra en una mueca torcida:
-Perdóname- Al tiempo que saca una pequeña pistola de entre su saco, la cual es apuntada directamente al ceño fruncido de Syaoran.
-¡Si no hago las cosas así!¡Sakura no será mía nunca!-
-¡Yukito!- Grité con horror al ver sus intenciones.
-¡Que sepas que yo tampoco dudaba en matarte Tsukishiro!- Syaoran estaba demasiado confiado, pro a mi no me agradó nada la determinación con la que Yukito agarraba el arma. El dispararía y si no ocurría un milagro iba a a apretar el gatillo y yo consideré rápidamente la idea de interponerme entre Syaoran y la bala cuando…
Una luz cegadora invadió todo el recinto sagrado, un calor y una paz infinita se sintieron en todo el lugar…
-¡Que es lo que veo!- gritó una señora antes de desmallarse.
-¡Un ángel!¡Gloria a dios!- dijo el padre juntando sus manos para rezar.
Se hizo un silencio sepulcral al dejarse ver un ángel con alas desplegadas y enormes que llenaban todo el techo de la iglesia; una hermosa mujer de cabellos negros casi grises, con un vestido blanco hermoso de encajes.
Cuando crucé miradas con aquél bello ángel éste me sonrió, y yo no pude evitar sacar una lágrima, que por alguna razón desconocía.
El ángel ensanchó su sonrisa y bajó hasta el altar, donde pude ver mejor su rostro sereno, luminoso y sonriente.
-Es un milagro…-
-¡Es la emperatriz Nadeshiko!-
Cuando dijeron el nombre de mi madre, miré casi de golpe a mi Padre, que se dejó caer de rodillas con lágrimas en los ojos.
-Entonces tu eres… ¿mi Madre?-
Ella no responde pero ensancha más su sonrisa y se acercó a Mike, tomándole la mano con la cual no dejaba de apuntar hacia Syaoran pero con menos decisión que antes.
Yukito de inmediato soltó el arma, dejándose caer de rodillas con la boca abierta completamente impresionado y en shock por la visión que estaba teniendo. Mi madre le sonrió y el recuperó su sonrisa perlada.
-Es correcto, yo desde hace mucho lo había pensado, pero no lo quería aceptar…-
¿Estaba hablando con mi Madre?
Yukito me soltó, y me dio un suave empujón hacia donde estaba Syaoran, todavía sujeto por los guardias.
Le miré confundida, pero el me sonrió.
-Vamos… ve con él- Me volvió a dar otro empujón, pero yo retrocedí, girándome hacia él.
-Pero Yukito… tú…- El había aceptado que había perdido, pero no cambiaba el hecho de que me estaba permitiendo irme en sus narices con la persona que yo quería, sabía que le dolía.
-Eres una gran persona… Sakura, es por eso que yo me enamoré de ti, pero tu…- El miró al malherido de Syaoran, que a duras penas se sostuvo en pié.
Los guardias le habían soltado, reverenciando a la Emperatriz fallecida que era mi madre, otros ignorantes habían retrocedido como cobardes.
Syaoran me miró, yo le miré pero ambos dudamos en que hacer, habían pasado tantas cosas…
Entonces nuestras miradas se centraron en mi madre, que flotaba con sus hermosas alas blancas que relucían como destellos y se dirigía a mi Padre, el cual la recibió con un abrazo y un cariño que había reprimido por años.
-Mi querida Emperatriz…- dijo mi Padre hundiendo su cabeza entre los hermosos cabellos de mi madre… era tan hermosa….
-Fujitaka… querías una señal ¿o no querido?-
Mi padre miró a mi madre, quién nos volteó a ver, a nosotros los tortolos indecisos.
-Entonces ellos…- dijo mi Padre.
-¿Qué no fue la misma historia con nosotros?¿Olvidaste el júbilo con el que peleamos por nuestro amor hasta que lo vimos realizado?-
-Pero es que yo tenía miedo de que…-
-Ellos también temen Fujitaka, déjalos estar juntos, quita esa tonta ley que aprobó el consejo después de mi muerte-
-Nadeshiko…- mi Padre le acarició la mejilla al ángel de mi Madre, mientras esta deshacía poco a poco el abrazo para dirigirse a mí.
Ella me tomó de las manos, jalándome hacia donde estaba Syaoran, el cual se incorporó un poco más, mostrándome una mueca que distinguí en sonrisa, producto del aturdimiento del golpiza que le dieron los guardias minutos a tras..
Miré a Yukito indecisa, pero toda duda desapareció cuando él asintió con una sonrisa enorme diciéndome:
-Encontraré a mi persona especial, serás la primera en saberlo.- Yo le sonreí también, infinitamente agradecida.
-¿Sakura?- llamó Syaoran para llamar mi atención.
Lo volteé a ver de golpe, lo cual lo aturdió un poco y rehuyó la mirada.
-Syaoran…e…Xiao Lang…Lee…yo- El ensanchó esa mueca que traía a una tímida sonrisa, y volvió a mirarme, esta vez con un nuevo brillo en sus ojos.
-Tonta…- me tomó con la mano derecha, que no tenía lastimada como la otra.
Entonces sin que yo pudiera evitarlo me jaló hacia él. (Ha, como si quisiera haber evitado eso…)
-¡Suéltame!¡Quién te crees para abandonarme así y luego regresar como si nada, diciendo que me amabas y que el infierno que me hiciste pasar fue por...- Yo seguía forcejeando, pero él con la poca fuerza que le quedaba conseguía retenerme contra su pecho, sin hablar.
-¡Perdóname!, perdóname, perdóname, perdóname, perdóname, perdóname, perdóname, perdóname, perdóname…- Su voz iba haciéndose casi un susurro, mientras ambos caíamos de rodillas y él se hundía más en mi hombro, como si tratara de fundirse conmigo.
Lágrimas cada vez más gruesa salieron de mí, haciéndome callar y comprender… que yo no sentía nada hacía el que me hiciera odiarlo, que no había nada que perdonar…Sentir su calor tan de repente rodeándome el cuerpo fue como recuperar una seguridad que sentía perdida, como volver a respirar después de haber estado mucho tiempo bajo el agua…
Me abrazó en lo que pareció un siglo, pero nadie habló, en ese momento las palabras sobraban, hasta que aprisionó mi rostro con sus bellas y ahora pálidas manos, haciéndome perder entre su mirada de bellos destellos ámbares.
-Perdóname- Dijo casi en un susurro. -¡Por favor Perdóname!- cada vez más fuerte.
-No hay nada que perdonar Syaoran, hiciste todo por mi, y deberías saber que yo también por ti haría lo que sea, si con eso tu fueras feliz-
-¡Pero es que yo sólo soy feliz contigo!- Me dijo.
-¡Estúpido yo también!¡Entonces no me vuelvas a hacer tamaña tontería!-
Él no se esperaba mi respuesta, menos que yo cambiara de humor tan rápido, por lo que le tomé por sorpresa y no pudo hacer nada más que reírse.
-¡¿Por qué te ríes?! ¡Es enserio!-
-Me fascina estar contigo mi vida- Dijo riéndose, tan fresco como una lechuga como si no tuviera infinidad de heridas en su cuerpo o nunca hubiera pasado nada.
-Bueno aquí se vino a celebrar boda, que siga entonces ¿o no?- Dijo Yukito de repente.
Casi saltamos Syaoran y yo cuando oímos de murmullos y secreteos que ni siquiera tomábamos en cuenta a una ovación total a las palabras de Yukito.
-¡Pe-pero Yukito!- Dije totalmente roja, mientras Syaoran casi se desmalla al comprender a quiénes querían casar.
-Alteza ¿Usted está de acuerdo?- Yukito miró a mi Padre, y yo lo miré casi con miedo. Syaoran me sujetó la mano y la apretó.
-Antes… me gustaría consultar con el consejo.- Dijo mi Padre con un rostro serio, pero algo me dijo que iría todo bien, pues la cara de mi Madre a nuestro lado no salía de una infinita sonrisa.
-Sakura… si tu Padre no nos casa… corremos y nos vamos de aquí así te tenga que llevar cargada con todo y velo y ramo-
Yo le sonreí y ambos con malicia empezamos a retroceder hacía la salida, por si acaso, sin soltarnos de las manos.
-Muy bien joven Lang, antes de decidir si se casa o no…- Nos detuvimos estáticos.
-Usted queda destituido de Guardia Real por la bajeza que hizo acerca de espiar a mi hija en las aguas termales- Nos miramos entre nosotros casi de inmediato, y luego miramos a todos los presentes que nos miraban con picardía. Yo miré a Yukito que tocía sin control, y se apretaba el ceño.
Nos enrojecimos hasta las orejas…
-Pero ascenderá a miembro del consejo, en efecto esa determinación que usted posee nos será de…-
Pero Syaoran no le dejó continuar. Lo miré confundida, pero él me apretó la mano, sugiriéndome que todo estaría bien.
-Si me permite decirlo alteza, creo que mi determinación viene con mucha impulsividad, así que les conviene alguien que use la cabeza correctamente, y que sepa dar consejos inteligentes para su imperio-
Mi padre alzó la ceja.
-Eriol Hiraguizawa me parece una excelente opción, es muy culto…me atrevo a decir que tiene mejores conocimientos que muchos de sus consejeros.-
-¡Hey Xiao!¡Que me quemaran por brujo, cállate!-
Todos volteamos a la entrada de la iglesia, viendo a un chico de cabellos negros ligeramente despeinados y lentes rotos, mientras cojeaba apoyándose en una chica que alcancé a distinguir como Tomoyo.
¡¿Tomoyo!?
¡Ajá! ¡Así que ella estaba enamorada de Eriol!¡Y era él el que le daba las rosas!
-Muy bien, lo aceptaremos por el inteligente comentario- Algunos rieron en el recinto, incluyendo a unos ministros.
-Señor… he oído que éste joven Xiao Lang tiene conocimientos de estratega, y que es maestro en artes marciales de todo tipo, sin mencionar su perfecto puntaje en la academia militar… ¿No podría considerarlo como mi sucesor en Ministro de Guerra? Usted sabe que yo me quería retirar desde hacia tiempo para ver a mi esposa enferma…-
-¡No se hable más!¡Xiao Lang!- le llamó mi Padre.
-¿Si alteza?-
-¡Le nombro Ministro de Guerra!¡Le guste o no!-
-¡Será un honor señor!- dijo Syaoran agarrándose más de mi casi cayéndose de la sorpresa, temblando de la emoción.
-Pues ahora sí, considerando que he quitado la Ley de Restricción, usted se casará con mi hija-
Todos aplaudieron, mientras mi Madre volvía a desplegar sus alas, despidiéndose de mí y de mi Padre para ir junto al santo crucificado que por un momento me pareció que tenía una sonrisa de satisfacción en su rostro.
Syaoran se acercó al altar conmigo alado, ambos con las mejores sonrisas, guardando cada detalle de nosotros en nuestras memorias, mirando al Padre, escuchando cada palabra suya como debía ser.
Al final, ambos dimos el Sí tan ansiado por ambos y habiendo terminado, Syaoran me cargó sin previo aviso, ambos rumbo a la salida de la iglesia en medio de toda esa lluvia los pétalos y granos de arroz que casi provocan que nos resbaláramos en el último escalón…
(Narración desde el punto de vista de Syaoran Lee)
Los arrozasos casi provocan que me callera con todo y mi amada esposa encima…
Qué lindo suena ¿no? Amada esposa…
Me sentía que flotaba, pero cuando pasé al lado de Eriol éste me guiño el ojo, haciendo que volviera de sopetón a la tierra.
La noche de Bodas…
Trague saliva, y mucha.
Después de celebrar con Tomoyo y Eriol, el Emperador me llamó a su oficina para revisar el papeleo, uniformes y medallas que me darían por todo eso de mi nuevo rango como Ministro de Guerra, a lo cual el día se obscureció, haciendo brillar el firmamento por encima del azul.
Sabía lo que venía ahora… por lo cual caminé con paso indeciso y de robot rumbo a lo que sería nuestra habitación de recién casados que Tomoyo (que amaba la decoración según nos contó) y Sakura arreglarían decentemente.
Toqué la puerta…(lo sé, que tontería).
-Pasa Syaoran. Éste también es tu cuarto- me dijo Sakura desde dentro. (Me recalcó la tontería)
Respiré hondo y pasé.
La habitación olía a hoja de naranja, y había velas que hacían una iluminación tenue, rosas tiradas en el suelo, pétalos de sakura por doquier pero pronto algo más hermoso ocupó toda mi atención.
Frente a mí con la inocencia y timidez de una niña … estaba Sakura, vestida con una bata de seda color durazno en donde se marcaban las finas y esquizitas curvas delineadas que yo recordaba aquél día en las aguas termales.
Sus ojos brillaban al compás de las velas, y se cubría el pecho con sus brazos, dejándome ver sólo sus mejillas sonrojadas.
Oh no… esto nunca iba a ser para nadie más. Sobre mi cadáver.
Me acerqué a ella con cuidado, sabía que estaba asustada y probablemente avergonzada.
Le acaricié sus mejillas, a lo que ella se sobresaltó un poco. Bajó la mirada.
-¿Qué ocurre?¿Tienes miedo?-
-N-No, e-es solo que…- me dijo con voz queda, aún no me miraba.
-Hey… está bien decirme si tienes miedo… no te preocupes nunca haré nada que tú no quieras- La obligué a alzar el rostro pero seguía sin verme a los ojos.
-¿Te parezco bonita?- Me soltó de golpe.
Yo le sonreí lo más que me dieron los labios, que comenzaban a sanar.
-¿Te acuerdas que una vez te dije que si no te conociera diría que pareces un ángel? –
Ella asintió despacio.
-Bueno, aún hoy, mañana, el año siguiente y todos los que sigan seguiré pensando lo mismo…-
-¿Pero estarás conforme conmigo? Es decir… yo soy inexperta y no…-
-Shh- La callé. –Nunca dudes de ti misma que no me gusta, yo te amo y nunca he pensado menos que eso.-
-Yo también te amo- me dijo.
-Sakura… si no estás segura yo…-
-Si quiero- me dijo rehuyendo la mirada.
-¿Estás segura?- No quería que hiciera nada de lo que no estuviera lista todavía.
-Sí- Esta vez me miró decidida, y yo sólo la besé.
La besé como nunca lo había hecho, cargándola para hacerla caer suavemente en la cama.
Empecé a bajar a su cuello suave y blanco como la nieve, exhalando mi aliento hasta que se le erizó la piel y suspiró hondamente.
Le besé la frente, y repartí pequeños besos tiernos mientras descubría poco a poco su bata, ella indecisa dejaba caer sus brazos a sus costados.
Sakura respiraba fuerte, casi podía sentir sus latidos contra mí, pero antes de bajar la mirada le miré a los ojos, buscando su aprobación.
Ella asintió despacio, completamente roja. Entonces bajé la mirada de golpe.
Sus pechos me dejaron completamente alucinado, es decir, ese acompasar de su respiración junto con la luz de las velas que bailaba mezclándose con su piel blanca perfecta me hicieron admirarlos por un buen tiempo hasta que ella los tapó, negándome a lo que yo ya me había hecho adicto.
-No me mires así… me da vergüenza Syaoran-
-Pero si eres hermosa Sakura- Puse mis manos en sus muñecas y ella poco a poco se descubrió de nuevo.
Llevé mi mano casi inconscientemente a uno de ellos, a lo que ella gimió casi al instante.
-¿T-Te lastimé?- le pregunté alarmado. Por Buda que era idiota.
-N-No es solo que…- Dijo con un brillo mágico en sus ojos.
No la lastimé, ella había conocido el placer.
Entonces probé con besarlos, iríamos poco a poco.
Ella suspiraba de vez en cuando, retorciéndose debajo de mi, luego puse mi mano mientras seguía besando el otro, a lo que ella me respondió acariciando mi espalda que por cierto todavía estaba vestida y que aún así sentía corrientes eléctricas por la espina dorsal.
El asunto se calentó cuando comencé a recorrerle sus largas y suaves piernas, desabrochándole la bata para poder besar su ombligo y todo lo que le restara de piel, marcándola como mía. Ella comenzó a atraerme hacia sí, enroscándose con las piernas.
Había llegado el momento.
-Sy-Syaoran… no te has quitado más que la camisa y no es justo, yo sólo traigo una prenda encima-
La miré casi asombrado ¿A dónde se fue la timidez?
Me quité todo, cuidando de no ser muy brusco para no romper el momento.
Entonces algo me dolió.
-¡Auch!...- me detuve cuando estaba a punto de terminar de desvestir a mi linda Princesa.
-¿Syaoran?- me preguntó preocupada, incorporándose un poco.
-Es que yo… bueno es mi… es que estoy más excitado de lo que pensaba… duele- Le solté tartamudeando más rojo que los pétalos de rosa.
-Ya estoy lista Syaoran, estoy lista- Me dijo roja de vergüenza también.
La desvestí, grabándome cada centímetro de piel de su delicada figura. Sus curvas pronunciadas, sus piernas esculturales, sus finos brazos y su delicado cabello de bucles que caía haciendo formas entre toda la cama. Su mirada que decía más de lo que yo sabía adivinar y sus labios hinchados por mi culpa. Deliciosa culpa.
Ella mantenía sus brazos a sus costados, ese pudor ya había pasado, pero sus piernas estaban fuertemente cerradas, y temblaba…
Eso no me gustó.
Me volví a recostar, pero al lado de ella, pues sus piernas no me dejaban acostarme encima.
-¿Sabes? Es una lástima que hayan gastado tanto en decoración, si de todas maneras lo único que capta mi atención hoy eres tú-
Ella sonrió y me acarició la mejilla, mano que yo sujeté y aprisioné contra mi cara delicadamente.
-¿Temes que te haga daño mí preciado retoño?-
-No es eso Syaoran, yo no dudo en que serás tierno conmigo-
-¿Temes acaso no agradarme? Porque si es eso ya sabes la respuesta-
-Tampoco… Es que quiero saber si…-
-Lo que quieras mi vida-
-¿Has estado con alguien más aparte de mí?-
Admito que ya me esperaba la pregunta.
-No he llegado nunca a estar con una, es decir no pasaba de caricias cuando adolescente, era propio de la edad-
-¿Cosas de hombres?- Me preguntó inocentemente.
-No… es que yo siempre quise ser virgen por respeto a ti, porque yo siempre te he querido sólo para mi, y deberías saber que cuando pensaba que alguien más te poseyera yo…- Me dejé llevar por los celos. Pero sentí su delicada mano en la mía que apretaba la sabana sin piedad.
-Te lo agradezco, y deberías saber tú que yo siempre seré tuya y de nadie más- Ella soltó el amarre del cual había hecho sus piernas, dejándome ver el bello fino de su feminidad.
La miré a los ojos, buscando duda en ella pero no la encontré.
-Syaoran… vamos ya, estoy lista-
Me posé delicadamente sobre ella, besándole el cuello con pasión pura, sus labios eran los que recibían el peor castigo, pues casi se los rompo a puros besos de amor. Entonces le besé la frente, y busqué su mano.
Ella me apretó la mano, la cual temblaba, era lógico que tuviera miedo, pero procuraría ser suave con ella.
La apreté yo también.
-Abre las piernas… tomate tú tiempo-
Ella las abrió lentamente, dejando posar mi hombría en la entrada de su feminidad.
Apliqué un poco de presión.
Ella apretó más su mano contra la mía, haciéndome ver su expresión.
Ella respiraba hondamente, tratando de no gritar.
Más presión.
-Ah…mj-
-¿Te duele mucho?¿Quieres que pare?-
-Sigue e-estoy bien-
Me metí en ella de golpe, sintiendo como una delicada barrera se rompía y un liquido caliente se esparcía por la sábana blanca.
Sangre…
-¡Hay!- gritó. Apreté con todas mis fuerzas su mano, tratando de quedarme quieto lo más que se pudiera, sin moverme.
Temía haberla lastimado más de lo necesario.
Lágrimas se asomaron por sus mejillas teñidas de rosa, y yo torcí mi boca en una mueca de disgusto total.
-Sakura…-
Ella abrió los ojos y se encontró con mi inconformidad.
-Estaré bien Syaoran… es que…duele-
No pasó mucho tiempo antes de que ella se acostumbrara a la nueva sensación; enroscó sus piernas, mostrándome confianza para seguir.
Di suaves envestidas, sintiendo sus estrechas paredes que provocaban sensaciones que jamás había sentido, sentía que tocaba las puertas del cielo, pero más cuando oí mi nombre de los preciosos labios de mi amada, en suaves tonos roncos de placer.
Fui un poco más fuerte, besando sus pechos, mordiéndolos suavemente, marcando lo que ya era mío en más de un sentido. La recorrí con mi lengua, besé su frente, besé sus labios, recordándome a mi mismo ser gentil con ella, pues era lo más preciado que tenía y que tendría.
-Te amo- fue la única palabra que nos dijimos antes de sucumbir ante el éxtasis del placer. Terminé dentro de ella, con esperanzas de dejar una semilla mía en su vientre.
-Syaoran…- Me susurró casi en brazos de Morfeo ( No… suena mejor "casi en mis brazos", no iba a permitir que el idiota de Morfeo durmiera con MI Sakura)
Ella me tendió sus brazos, y yo hice que se recostara en mi pecho, ciertamente no podía pedir más con esa calidez que ella le dio a mi vida.
-Syaoran, ¿Puedo acariciar tu cabello?- Le miré las brillantes esmeraldas que tenía por ojos, besándola de nuevo.
-Me encanta que hagas eso, ni lo preguntes-
Me entretuve por largo rato trazando formas indefinidas con la yema de mis dedos en la piel de su espalda mientras Sakura hacia lo mismo con mi cabello, viendo divertido como de vez en cuando se le erizaba la piel. Me encantaba crear esas sensaciones en ella.
Pronto, su mano se quedo quieta, resbalando hasta caer a mi pecho.
Miré el rostro de Sakura, sereno… al parecer, mis caricias la habían dormido.
Verla tan segura en mi lecho, entre mis brazos, arropada en la misma sabana que yo, me daba una seguridad y una felicidad que nunca creí volver a sentir; una vez más, los celos se apoderaron de mí y mi sonrisa tonta se apagó.
Me repugnaba a mi mismo haberla dejado sola, con ese crío de Tsukishiro. El podía ser un caballero con las damas, pero imaginarle seduciendo a Sakura, llevándola hasta la cama, y…
-Syaoran…-
Sakura entre sueños se acurrucó más a mí, respirando pausadamente, dibujando una pequeña sonrisa en su bello rostro.
Estaba soñando conmigo…¡Estaba soñando conmigo, demonios!
Y que si alguien más veía, y que si alguien más le hablaba, y que si alguien más la pretendía. Ella me quería a mí. Ella me amaba a mí….
…Y yo la amaba a ella.
Le besé su frente cálida y acomodando mi barbilla entre sus dorados cabellos y respirando su aroma… me dormí también.
(Punto de vista de Sakura Kinomoto)
Y esa noche, reanudamos nuestra historia…
FIN
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EHHHHH LOS ASUSTTEEEEEEE XDDD YA VERAAN EL EPILOGOTE QUE SE VAN A HECHAAR!! YA QUE DEJÉ MUCHAS COSAS SUELTAS;
¿QUE PASÓ CON MIKE? ¿DECENDECIA DE SYAORAN Y SAKURA? ¿EL NUEO TRABAJO DE SYAORAN? ¿TOMOYO Y ERIOL?
definitivamente se necesiita uun epilogoo aparte de que eextrañaree esta cosa xD
GRAACIIAAS A TODOOOOSS POR LLEEEEEEEEEEEEEEEERR!!! ESPEREN SOPRESAS PARA EL EPIILOGOOO SERA MUI INTERESANTEEE!!!!!!!!!!
adelantos de la proxima historia también en el epílogoo ESTOY QUE ARDOOOO XDDD
attoo: camiiiko no punishment (ariigatouu gozaimasuuuu )
