Este mes si que lo he tenido ocupado, no se imaginan cuan difícil ha sido, pero aquí estoy de pie y dispuesta a seguir con lo que se viene. Una cosa importantisíma, para avanzar más rápido me decidí a convertir mis historias en mis proyectos del mes, como hago con mis historias cortas, y resulta que en el método que utilicé para saber con cuál debía empezar, esta historia ganó. Así que este es mi proyecto del mes de marzo! Me esforzaré por cumplir con el cometido, hasta pronto!
Nadie quiere quedarse al último,
porque todos quieren sentir que le importan a alguien.
Hay alguien más que siente lo mismo en algún lugar.
Tiene que haber alguien para mí ahí afuera.
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Latidos rítmicos del corazón.
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Levi y Eren.
Levi llega antes de que las clases comiencen, es así como lo han acordado Eren y él para avanzar con el proyecto, o al menos comenzar a decidir el tema sobre el que hablaran. Le espera en la biblioteca, su lugar de encuentro, por una media hora hasta que los demás estudiantes comienzan a llegar y el crío nunca aparece.
Levi se dice que el crío tal vez lo ha olvidado, porque se niega a pensar que tal vez le está evitando; se queda fuera del salón de clases, esperando, no necesariamente a Eren. O por lo menos eso es lo que intenta hacerse creer, empujando hacia el fondo ese pensamiento que le dice que en realidad está preocupado, que en realidad busca entenderlo.
Son diez minutos los que pasan desde que él ha estado parado fuera del salón hasta que logra ver a la chica de cabellos negros que reconoce como la hermana de Eren, Mikasa, o algo así. Junto a ella está Armin, el segundo mejor promedio de la escuela. No viene Eren, o al menos no le ve junto a ellos como cada mañana. Momentáneamente se dice que él llegará tarde, pero al parecer sus pies piensan de otra forma, pues le llevan sin planearlo hasta esa mujer que parece querer destruirlo de mil formas dentro de su cabeza.
—¿Qué quieres? – gruñe ella, con esa mirada amenazante que a Levi no le causa escalofríos en lo absoluto.
—¿Dónde está Eren?
El rostro de ella se muestra ofendido, a Levi no le cuesta mucho darse cuenta de lo sobreprotectora que es esta persona y cuánto le odia quizá por el único hecho de respirar el mismo aire que Eren. Casi quiere reírse de lo ridículo que suena.
—No ha podido venir — ella responde —; ¿para qué lo quieres? — agrega cruzando sus brazos sobre su pecho.
Levi barajea en un instante las probabilidades que hay de salir golpeado si él le responde con alguna mentira sarcástica, algo que le haga enfadar, le divierte un poco y durante un segundo realmente quiere hacerlo, pero se detiene al concluir que si lo hace, ella no le dirá absolutamente nada sobre el mocoso que le interesa. Así que dice la verdad.
—Tenemos un proyecto en el cual decidimos trabajar aquí, y él no llegó.
Mikasa entonces le excusa diciendo que se ha enfermado. Por la forma en la que ella desvía un segundo la mirada, y por cómo sus labios se fruncen en preocupación, Levi no le cree. Esa tarde, después de concluir sus clases, Levi faltará al trabajo, porque le ha exigido a Mikasa que le lleve a su casa. El profesor, tal vez, ha ayudado a convencerla un poco.
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Eren lleva horas enrollado entre sus cobijas, tapado hasta la nariz como los bebés canguros se refugian en las bolsas de sus madres. Ha dormido un poco, no estaba planeado, pero su cuerpo cansado se acomidió bien entre su colchón que sin esperárselo sus parpados se cerraron y le llevaron lejos al mundo de los sueños. Se estira aún dentro de sus sábanas como si fuera un gato, el reloj a un lado de su cama marcando que tiene diez minutos antes de que Mikasa vuelva a casa. Desde su lugar puede ver el sol en lo alto de las colinas al norte a través de su ventana y la nieve comenzando a caer.
Con nostalgia sale de las cobijas, deshaciéndose de la suave barrera caliente que creo para esconderse ese día. Aún lleva puesta la ropa de esa mañana, y el calor de su improvisado bunker ya le ha hecho sudar. Se quita la sudadera tirándola al cesto de ropa sucia, aunque muy probablemente mañana la sacará de ahí para volverla a usar sin haberla lavado, luego se quita los jeans y busca un par de shorts deportivos cortos, demasiado cortos, pero eso no importa ahora, porque estará en casa y nadie podrá decirle nada.
El repentino sonido del teléfono en la planta baja, demasiado ruidoso, hace que Eren salte, expulsando las migas de sueño que pudieran haberle quedado. Seguramente es Mikasa, llamando para saber si debe de llevar algo que comer o él ha preparado algo.
Sin embargo no es muy rápido y cuando ha respondido la llamada ha sido cortada. Hace un puchero en espera de que vuelva a llamar pero no sucede. Mikasa siempre es así, cuando no respondes una primera vez, no llamará una segunda, es algo que Eren odia de ella.
Camina hasta la cocina y el olor a hot cakes con mermelada de arándanos que Mikasa ha dejado para él está mañana antes de marcharse a clases sigue ahí. Eren tranquiliza los ruidos de su estómago con unos golpecitos y se apresura a meter el plato en el horno de microondas. A la vez que el sonido que indica su comida está lista, la puerta de entrada es abierta.
—Oh, Mikasa, ya te he dicho que siempre llames una segunda vez, a veces me resulta imposible apresurarme a contestar — le dice, sin girar a verla, untando otro poco de mermelada en los hot cakes —, a ti no te hace feliz cuando yo no respondo, así que deberías predicar con el ejemplo. Además, creí que irías con Je…
Pero Eren no es capaz de terminar sus reprimendas porque al instante que gira a verla nota la presencia de un invitado que no estaba planeado. Debería sentirse nervioso, o avergonzado, pero todo lo que logra sentir es terror. —L-Levi – tartamudea.
—No es como si yo quisiera traerlo, me lo ha pedido su profesor — Mikasa informa, con un gesto ácido en la cara.
—¿Creíste que escaparías de mi mocoso idiota? — Eren no entiende por qué la voz de Levi suena tan molesta, él no ha intentado escapar de él o esconderse. Quizá sí.
—¡¿Qué?! ¡No! Es sólo que… — ¿es sólo qué? ¿Qué puede decirle? ¿Qué tuvo un ataque de ansiedad o alguna mierda parecida y que se siente aterrado de volver a la escuela? ¿Qué en realidad también se siente un poco intimidado por él y por el hecho de pasar tanto tiempo juntos que inevitablemente descubrirá cuán raro es? Nada de eso suena bien, mucho menos debe ser una excusa.
—Bien escucha, te dije que no me harías perder mi tiempo, y créeme que no lo harás, así que mueves tu trasero a tu habitación, traes tu mochila, te sientas en esa mesa, y estudiarás conmigo.
Mikasa no está feliz por la forma en la que Levi le habla a Eren, pero éste, antes de cualquier intervención, deja su plato con su desayuno y jala a Mikasa hasta su habitación.
—Ese maldito enano, se cree que por ser un poco bueno en algo tiene derecho a hablarte así, ¿sabes que puedes estudiar conmigo? No tienes por qué hacerlo con un idiota como él — dice Mikasa cuando Eren cierra la puerta tras de ellos.
—Estoy bien, Mikasa, de verdad — pero por supuesto que no lo está, porque su mente ha comenzado a cuestionarse cuando será el momento en el que Levi descubrirá la clase de persona que realmente es él y le odiará igual que los demás. Se permite entrar en pánico y piensa en cuántas probabilidades tiene de salir con vida si se arroja desde su ventana para escapar. —¿Te ha dicho algo? — Eren le pregunta.
Mikasa niega con la cabeza. —¿Tendría que?
—No, es solo que…
—¿Sabes que no tiene por qué importarte verdad? Además, si acaso él se atreve a decirte algo siempre puedo golpearlo, a mí no me molestaría.
—No quiero que él lo sepa. No quiero que nadie lo sepa. Esto… simplemente no está bien.
Mikasa rueda los ojos, pero se niega a decir lo que verdaderamente piensa, Eren puede verlo por la forma en la que le mira.
—Deberías ir con tus amigas — Eren dice —, me quedaré con Levi a estudiar, así que bueno, no quiero esclavizar tu tarde. — No deja que responda cuando ya ha salido de su habitación y ha bajado de dos en dos los escalones hasta el primer piso.
Levi le espera sentado en una silla del comedor, con el ceño terriblemente fruncido. A Eren se le revuelve el estómago, pero se dice que todo va estar bien, que lo que tenga que suceder sucederá y deberá enfrentarlo. ¿Qué podría pasar después de todo? A lo mucho Levi simplemente se negaría a seguir trabajando junto a él en el proyecto y si bien le iba todo eso quedaría olvidado.
Se sienta frente a Levi, sintiendo como su mirada le analiza con descaro, podría negarlo todo pero sinceramente eso sería muy estúpido, Eren tampoco es tonto, y sabe perfectamente que Levi sospecha mucho, y no es como si él hubiese sido demasiado sutil con algunas cosas.
—Escucha — Levi habla. Eren se alarma —. Antes de continuar con esto hay algo que debo dejar en claro: cuando te conocí no dije lo de las uñas para herir tus sentimientos o algo así. Si a ti te gusta pintarte las uñas, y a los demás les parece estúpido, no deberías tomarle importancia. Es como si una chica dejará de usar pantalones solo porque los demás no lo ven bien, es decir, a ti te gusta, y está bien, deja que los idiotas hablen.
El temor en Eren se desvanece para ser reemplazado por una increíble calma y una sonrisa. Su corazón empieza a latir de pronto a un ritmo que él no conoce, como si el piso bajo sus pies hubiese sido reemplazado por bocinas y una música fuerte y poderosa, suave y perfecta se reprodujese haciendo latir a ese ritmo su pulso.
Levi ni siquiera sabe de dónde ha venido eso. Pero se siente aliviado cuando Eren sonríe y le dice que ese tema ya no importa.
