04/03/2016

Nota de la autora: ¡Muchas gracias por sus comentarios! De verdad, me ayudan a continuar con esta historia, son los mejores. Prometo darles más romance en los siguientes capítulos, sin embargo por ahora daremos un vistazo a lo que sucedió en la época actual, es decir, donde deberían estar los niños.

PD: Si recuerdan, cuando los niños fueron raptados los padres estaban en una reunión, así que aquí está. Esta historia es AU, por favor, ténganlo en mente, porque ya van muchos reclamos que me hacen diciendo que tiene lagunas.

Cualquier duda, comentario, queja, bien recibidos. ¡Gracias por su apoyo!

Capítulo 11: Infierno.

Una semana antes:

Los legendarios doce de Konoha, exceptuando al fallecido Neji Hyuga, estaban reunidos en una sala de conferencia, esparcidos alrededor de una mesa circular, junto con otros ninjas de rango muy alto.

Había una tensión casi palpable en el ambiente, incluso podría describirse como hostil debido a que la información que les acababan de dar había logrado que algunos desprendieran chakra de la ira, y todos veían a un individuo en específico.

Al séptimo.

—Tenemos que hacer un plan —dijo Sai finalmente.

—No tenemos información suficiente —negó Shikamaru con calma—, y cada vez que intentas darnos algo más te paralizas, es bastante problemático.

Sai sólo apretó los puños con impotencia, pero su rostro no se conmocionó. Ino colocó una mano sobre su hombro, apoyándolo en silencio. Y es que ella sabía que el día que Sai recayó en que el sello maldito de Raíz había vuelto, había perdido la cabeza; enloqueció como nunca antes, gritando, llorando, y maldiciendo a diestra y siniestra. Para suerte de ambos, Inojin no se encontraba en la casa en esos momentos.

E Ino nunca entendió el daño interno que todavía tenía su esposo de todo lo que vivió en esa organización hasta que lo vio quebrarse, y eso había sucedido hacía meras horas.

Y no era la marca el problema, sino lo que representaba. Danzo estaba vivo.

—Dámela —dijo Sasuke con sequedad, hablando por primera vez con su vista fija sobre Naruto—. Dame la misión de encontrarlo.

Naruto lo miró, su rostro inusualmente ecuánime. Sabía que encontrarlo era un eufemismo para exterminarlo, después de todo no era ningún secreto que Sasuke y Danzo tenían un odio irracional el uno por el otro, motivo por el cual él lo había asesinado hacía años ya. Por lo que nadie estaba seguro cómo mierda había vuelto del infierno.

—No hay razón para eso, ya tengo un escuadrón…

— ¡Mierda, Naruto!—rugió, perdiendo el control y poniéndose violentamente de pie, la ira inundando sus facciones—. ¡Sabes que un escuadrón ANBU no podrá siquiera tocarlo!

Los presentes lo miraron con sorpresa, menos Naruto y Sakura, ya que los demás nunca, jamás, habían visto al gran Sasuke Uchiha perder la compostura de esa manera. Era alguien estoico, imperturbable, por lo que verlo ahí de pie con una mirada tan cargada de odio que no necesitaba tener el Sharingan para hacer a cualquiera acobardarse, era algo nuevo.

Naruto no se inmutó, sabedor que esa cólera no era dirigido hacia él.

—Cuando tengamos una pista, de veras que yo…

—Su primera pista será hacer daño a mi familia —siseó Sasuke con rencor—. Yo no pienso esperar esa pista, Naruto —advirtió.

—Sasuke-san —susurró Hinata, conmovida, mientras que Shikamaru casi sonríe. El Uchiha no era tan hijo de puta, después de todo.

Sakura tenía una expresión seria y se limitó a colocar su mano sobre la de su esposo, devolviéndolo a su lugar. Sasuke no se giró a verla, como si creyera que no era digno de siquiera observarla por ponerla en aquel peligro tan mortal, y, a pesar de que intentó apartarse, Sakura se negó a soltar el agarre de sus manos, ahora escondido bajo la mesa. Y él no hubiera podido luchar contra su fuerza aunque quisiese.

—Supongo que…

— ¡Lord Hokage!

Junto con ese grito, aparecieron dos figuras, causando que todos se pusieran de pie por mero reflejo. Ambos se veían muy maltrechos, sus ropas rasgadas y manchadas de sangre, dando la clara señal de que venían de una pelea.

—Bandidos cruzaron nuestras fronteras —dijo uno de ellos.

Abrieron los ojos como platos. Carajo, no podía haber atacado tan rápido.

—Pudimos alcanzar a dos de ellos —siguió el otro—. Uno murió, pero llevamos al otro con Ibiki.

Acto seguido dejó una máscara ensangrentada sobre la mesa… y ahí fue cuando todo se fue a la mierda.

Era una máscara de Raíz, la organización bajo el mandato de Danzo que presuntamente había muerto junto con él.

—Sarada —dijeron con preocupación Sasuke y Sakura al mismo tiempo antes de desaparecer.

Naruto tomó la máscara, apretándola con fuerza entre sus manos.

—Shikamaru.

El aludido asintió. Sabía lo que venía a continuación, poner a un escuadrón entero protegiendo a la familia Uchiha, y a él mismo, como el actual jefe de la división de inteligencia de Konoha, yendo a extraerle información al rehén.

Shikamaru lo disimuló, pero todo aquello le daba mala espina y sentía una ansiedad y preocupación embargarlo. Tsk. Que problemático.


Habían buscado por todos los lugares; allanado viviendas; movido todas las rocas y rebuscado en todos los escondites, pero no encontraban a su hija por ningún lado.

La sensación más horrible comenzaba a apoderarse de sus cuerpos, ese sentimiento de vacío mezclado con un increíble terror; esa adrenalina recorriendo sus venas mientras rogaban a todas las deidades posibles que su hija estuviera bien y sólo anduviera jugando a las escondidillas o algo por el estilo.

Pero sabían, con aterradora certeza, que aquello era más complicado que un juego de escondidillas, y que si Sasuke y Sakura Uchiha aún no conseguían encontrarla era porque simplemente no estaba ahí.

— ¡Sarada!—gritó Sakura por millonésima ocasión al tope de sus pulmones.

Tenía los ojos cargados de lágrimas. Se la habían llevado. Ella debió haber estado ahí para cuidarla, para protegerla de esos bastardos, sin embargo la dejó sola y ahora Sarada debía estar aterrada en algún lugar lejano… y pensar que ese era el mejor escenario la hacía temblar de impotencia.

Su esposo llegó a su lado después de unos segundos. Tenía las mejillas sonrojadas ya que el famoso Sasuke Uchiha había estado tan desesperado que también había llegado al extremo de gritar el nombre de su hija tan fuerte como era capaz… sin embargo sus ojos, al menos el visible que tenía el sharingan activado, cambió de un segundo a otro. El miedo se transformó en ira, en una cólera casi inhumana, e incluso Sakura sintió el aura maligno que Sasuke desprendía.

Compartieron una mirada, llegando a la misma conclusión en silencio, y fueron a toda velocidad al único lugar donde habría una pista sobre la ubicación de su hija.

En el departamento de tortura e investigación de Konoha.

Y, apenas llegaron, se dieron cuenta que la situación era aún más grave. Todos estaban ahí, reunidos, incluso el mismo Hokage, con una expresión mezclada entre el horror y la ira.

—Se los llevaron… —dijo Hinata con la voz quebrada— a todos ellos.

¿A todos los niños? ¿Acaso era una mala broma?

Levantaron la vista. Y ahí estaba el bastardo, atado en una silla y con varios golpes y magulladuras.

—Es un miembro de Raíz, no cederá ante nuestros métodos —les dijo Ibiki—. Necesitamos algo más drástico.

Y, como si esas fueran las palabras mágicas, Sasuke apareció justo detrás del secuestrador, con una sonrisa macabra en sus labios y un aura tan fría y maligna que parecía que todavía tenía el sello maldito.

—Yo puedo encargarme de eso.

Ibiki estuvo a punto de rebatir, después de todo sabía lo cruel que podía ser Sasuke… pero no quería ni imaginarse lo que quería hacerle al secuestrador de su hija, el cual, aunque le importaba una mierda, tenía que seguir vivo para poder sacarle la información.

Entonces lo vio. E Ibiki Morino era calificado como un sádico, como un ninja que ya había visto todos los horrores que el mundo podía ofrecer y tenía millones de cicatrices por todo su cuerpo para probarlo; era un hombre imponente e imperturbable… pero, apenas vio el Mangekyo Sharingan Eterno en el ojo de Sasuke acompañado con esa expresión de odio abrasador, tenía que admitir, que se paralizó por un segundo.

—Sólo… que no sea excesivo —sentenció Ibiki, admitiendo que era su mejor opción.

Temari resopló con molestia. Ella quería ver al bastardo arder.

—Sus métodos de tortura no funcionan conmigo —dijo con simplicidad el miembro de Raíz.

Sasuke giró su silla con violencia, haciendo que quedará frente a él.

—Eso es porque nunca has visto los míos —le dijo con calma y una sonrisa fingida apareció en los labios del rehén—. Tsukuyomi.

Todo pasó en un mero segundo. El ojo de Sasuke se abrió de par en par antes de que volviera a su estado normal… y luego gritos. Gritos que no sabían si eran de dolor o de terror que salían sin parar de los labios del prisionero.

— ¡No! ¡No, detente, por favor!

Sasuke apareció rápidamente al lado de su esposa una vez que su trabajo hubo terminado y Sai lo observó con impresión. Un segundo. Un segundo le había tomado quebrar a un miembro de Raíz que había sido entrenado exhaustivamente desde su nacimiento para no tener emociones.

— ¿Dónde están?—fue Naruto el que preguntó aquello cuando los gritos se detuvieron, quien se notaba que hacía un esfuerzo sobrehumano para no dejar salir el chakra del Kyubi.

—No están aquí —respondió este.

—Eso ya lo sabemos, pedazo de mierda —siseó Temari.

—Dijo… dijo que los encontrarían si los dejábamos aquí —susurró.

Un escalofrío los recorrió. Sonaba a que por "aquí" no se refería a Konoha, sino a algo mucho más macabro.

— ¿Dónde están?—repitió Naruto.

Parecía que se iba a negar a responder, sin embargo su mirada se posó en Sasuke una fracción de segundo y tragó saliva en seco.

—No lo sé, dijo que el pergamino del vórtice del tiempo era volátil…

— ¿Qué?—soltó Shikamaru, perdiendo la compostura—. ¿¡Los mandaron por un jodido vórtice del tiempo!?

Todos abrieron los ojos como platos.

— ¡Sólo seguíamos órdenes!—se excusó al ver que estaba a punto de ser asesinado—. ¡Mandar a todos sus hijos al pasado menos a…!

Se detuvo abruptamente, como recordando que no debía decir aquello mientras el terror inundaba sus facciones.

— ¿A quién?—presionó Shikamaru.

La vista del prisionero se posó sobre el matrimonio Uchiha meros segundos antes de admitir, tan bajo que a duras penas pudieron escucharlo.

—Menos a la hija de Sasuke Uchiha —Sakura y Sasuke se acercaron por mero reflejo, sabedores que aquello era malo. Muy malo—… a ella debíamos quitarle los ojos… y asesinarla.

Todos jadearon y giraron a verlos con preocupación y lástima grabada en los ojos. Ellos no se movieron, como si todavía no terminaran de asimilar la información, y fue Sakura quien reaccionó primero. Sasuke sólo vio, casi con incredulidad, como esta atacaba al prisionero y lo pegaba con violencia contra la pared, la silla en la que estaba sentado rompiéndose en mil pedazos debido al impacto.

Sakura lo tenía sujetado contra el muro varios centímetros sobre el suelo, con su mano envuelta firmemente alrededor de su cuello. Estaba haciendo tanta presión que el individuo ni siquiera podía respirar e intentó librarse desesperadamente, sin embargo la mujer tenía una fuerza bruta que lo mantuvo en su lugar sin problemas.

Entonces lo vio. Esos ojos verdes que lo veían con un odio inhumano. Ella tenía una mirada aterradora y una expresión tan desequilibrada que él hubiera preferido que fuera Sasuke quien lo estuviera sujetando… porque incluso él con su Mangekyo Sharingan sería menos aterrador que ella.

Debía ser madre de la niña Uchiha, sin duda alguna.

— ¿Lo hicieron?—preguntó fantasmagóricamente—. ¿La mataron?

Nadie se atrevió a intervenir. Algunos tragaron saliva nerviosamente, sabedores que si la respuesta a esa pregunta era positiva, el informante estaría muerto en menos de un segundo… y, a juzgar por gran cráter que había en la pared donde Sakura lo tenía aprisionado, golpe que debió romperle algunos huesos al rehén, inclusive todo Konoha peligraba.

Sasuke se acercó a ellos, colocándose al otro lado del cautivo. Sentía la adrenalina corriendo por sus venas y su corazón latía como desaforado dentro de su pecho.

—N-No —alcanzó a murmurar a duras penas.

Continuó luchando por respirar hasta que, de un momento a otro, la presión desapareció. Cayó al suelo, intentando desesperadamente recuperar el aire perdido mientras sentía un dolor descomunal en su cuerpo.

—Si no hablas, te mato.

Fue Sasuke quien habló esta vez, y su amenaza fue simple, seca, sin embargo la cólera irracional en sus palabras le infundió tanto miedo que optó por no tentar su suerte más de lo que ya había hecho.

—Ella escapó —comenzó sin aliento.

La palabra alivio no alcanzaba a cubrir ni por asomo la sensación que recorrió al matrimonio Uchiha. Sarada había escapado de esos bastardos y, si bien no estaba ahí, seguía con vida. Y eso era suficiente por ahora.

— ¿Por qué a un portal del tiempo?—presionó entonces Shikamaru, viendo que ya era seguro—. ¿Por qué a ellos?

—La inteligencia del clan Nara —comenzó y Shikamaru y Temari entrecerraron la mirada—; las técnicas mentales y sensoriales del Yamanaka —Ino se pegó más contra Sai, quien veía la escena con ira—; el ADN Hyuga y las reservas de chakra del clan Uzumaki —Naruto apretó la mandíbula y Hinata sólo tenía la mano sobre el corazón—y el sharingan del Uchiha —Sakura y Sasuke sólo lo miraron—. La niña Akimichi y la pequeña sólo estuvieron en el lugar y hora equivocados, no eran necesarias.

Choji y Karui bufaron con desagrado.

— ¿Para qué?—preguntó Shikamaru.

—El plan era llevarlos al pasado y Danzo iría con ellos después.

—Así tendría un ejército inigualable —comentó Ibiki y él asintió.

—Sería como tener un nuevo comienzo —dijo con amargura.

— ¿Y qué pasó?

—La Uchiha —siseó entre dientes, claramente molesto ante el recuerdo—. Ha tomado el pergamino y escapado con los demás. No sabíamos que era tan rápida.

Sakura y Sasuke, a pesar de la situación, sintieron una ola de orgullo azotarlos. Sarada no sólo estaba bien, sino que les había arruinado el plan a esos bastardos.

— ¿Cómo los hacemos volver?—preguntó Naruto.

El silencio del aludido fue un mal augurio para los presentes.

—No lo sé —dijo con sinceridad—. Nunca hablamos de regresar.

Apretaron los puños. Perfecto.


Los días pasaron… y ellos fueron enloqueciendo.

Eran ninjas de alto rango –tres de ellos los más fuertes actualmente con vida-. Estaban entrenados para bloquear sus sentimientos cuando la ocasión así lo ameritaba.

Acabaron con naciones; mataron a personas sin preguntar el motivo; invadieron pueblos; se perdieron a ellos mismos en el proceso de convertirse shinobis dignos; y aun así siempre lograron llegar a casa para dormir plácidamente, olvidándolo todo, superándolo todo… pero no ellos.

Sus hijos.

No podían dormir, ni comer, a duras penas lograban respirar con el abrasador dolor que les consumía el pecho. Todos habían abandonado sus tareas para enfocarse de lleno en la misión de volver a traer a sus hijos a esa época.

Y lo peor de todo es que no había ni rastro de Danzo ni de los miembros de Raíz. Se habían desvanecido. Tampoco sabían exactamente cuánto habían viajado sus hijos en el tiempo, es decir, ¡podrían bien estar con los jodidos dinosaurios!

Había pasado aproximadamente una semana cuando Shikamaru entró en la oficina del Hokage. Tenía grandes y marcadas ojeras bajo sus ojos, su color de piel pálido. Se veía enfermizo, quizá de dolor… tal como Naruto, quien giró a verlo.

Shikamaru se acercó con cuidado al escritorio, dejando sobre este una serie de planos y dibujos. Naruto reconoció al instante un bosquejo de un pergamino con varios jeroglíficos que él no comprendía, mas Shikamaru debió haber descifrado.

— ¿Qué es?—preguntó el Hokage con parsimonia, temeroso de saber la respuesta.

—Documentos antiguos sobre el pergamino del tiempo que recolecté —comenzó Shikamaru—. Tardé en traducirlos porque están en un idioma antiguo, muy antiguo.

— ¿Y bien?—urgió, poniéndose de pie con los ojos abiertos como platos—. ¿Qué descubriste?

Naruto lo supo. No era necesario que Shikamaru abriera la boca para saber que lo que diría a continuación sería catastrófico. La forma en la que sus ojos se llenaron de una tristeza abrumadora y desvió la vista, apretando los puños con impotencia, hizo que un escalofrío lo recorriera.

—Puede ser reactivado con la sangre que usaron para activarlo en primer lugar, de Danzo.

Naruto quiso gritar de la emoción. Podían volver. Sus hijos podían volver. Sólo tenían que descifrar aquello en la otra época y podrían regresar a…

—Sin embargo… —continuó Shikamaru, mirándolo con seriedad— sólo tiene diez puestos… y ya se usaron seis.

— ¿Eh?

—Cuando los seis niños se fueron en el vórtice, gastaron seis de los diez viajes que puede hacer el pergamino —explicó pausadamente.

Naruto sintió su pulso acelerarse mientras la sonrisa desaparecía lentamente de su rostro.

— ¿Significa que…?

Shikamaru asintió.

—Aunque lo descifren, sólo cuatro podrán volver.