Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es mía.

Capítulo XI

Por favor lean la nota al final, gracias.

"Deuda y venganza"

Al despertar me estiré y me alegré de sentirme mucho mejor, seguramente Jessica me dio alguno de sus analgésicos mágicos. Medité, mientras alargaba el brazo hacia el mueble, buscando mi celular.

— Ya despertaste— me congelé ipso facto apenas oí su voz. Confundida hasta la madre volví mis ojos hacia él. — Iré a decirle a…

— ¿Qué carajos haces aquí? — No concebía el que estuviera en mi… un minuto, esta no era mi habitación. — ¿Qué…?—Era un hospital y tenía una aguja conectada a la muñeca que tiró mi piel al sentarme bruscamente.

— Estás en la clínica— joder, lo que me faltaba.

— ¿Y por qué mierda estoy en una clínica? — Lo miraba mal, y no supo qué responder por unos segundos. — ¡Responde!

— Hey, relájate — se acercó y me encogí molesta.

— Quiero ver a las chicas, no quiero hablar contigo. — Me limité a responder alzando la barbilla de forma obstinada. ¿Cómo iba a pagar la clínica? Le odiaba por traerme a este sitio. Lo odiaba de veras, seguramente solo buscaba humillarme más.

— Menuda novedad— rió quedamente, pasándose la mano por el cabello despeinado. — ¿Acaso no te acuerdas de lo que pasó ayer? — Interrogó confuso.

— Si te refieres a que me trataste como tu sirvienta, entonces sí, me acuerdo— rodó los ojos.

— Te desmayaste, Swan— me dio la espalda un segundo.

— ¿Qué? — Observé el rededor, contrariada.

— Has dormido desde ayer y ya son las ocho de la noche— abrí los ojos sorprendida.

— Pero… ¿por qué?

— Según el doctor fue por un montón de cosas, entre ellas un resfriado muy fuerte y…— justo cuando iba a seguir hablando, la puerta se abrió con fuerza para dejar entrar a las chicas en tropel.

— Oh, ya has despertado…

— Qué alivio…

— No teníamos idea de que era lo que te había pasado…— trataba de oírlas a todas y verlas también.

— Y nos alegra que ya estés mejor— terminó Jessica viéndome con una sonrisa.

— Eh… ¿gracias? — Me encontraba demasiado confundida como para dar una mejor respuesta.

— Creo que yo me voy a ir— comentó Masen y todas lo miraron mal.

— Esa es una excelente idea. — Respondió Ángela en tono antipático.

El chico simplemente bufó y cerró de un portazo.

— ¿Te han tratado bien? ¿Necesitas algo? — Interrogó Tanya.

— Ya que lo mencionas… necesito salir de aquí. Dios, ¿cómo vamos a costearlo? Estúpido Masen— me enfadé empuñando la mano.

— Pues… él ya pagó— Soltó dubitativa Jess y apretó los ojos esperando mi reacción.

— ¡¿Qué?! ¡Ash ese maldito perro! — Ladré enojadísima y simplemente se quedaron en silencio.

Me destapé y me senté al borde de la cama, luchando con la intravenosa.

— Hey, hey ¿qué haces? — Preguntó Victoria deteniéndome de un brazo.

— ¿Qué crees que hago? ¡Me largo de aquí!

— No, no… el doctor dijo que debías descansar— el cuerpo de Tanya se interpuso también.

— Al carajo con lo que diga el doctor. No pienso estar aquí si Masen lo ha pagado.

— Bella, Bella. Ayer estuviste muy mal, se te bajó el azúcar y la presión, eso sumado a la fiebre que te hizo delirar…

— ¿Qué?

— Sí, ayer Masen te trajo inconsciente, pero de igual modo hablabas y hablabas.

— Te llamé a las doce y él contestó, y nos informó todo. Lo empapelé de palabrotas antes de preguntar más— Ángela sonreía pagada de sí misma.

— El doctor dijo que además del resfrío que se te presentó en un solo día por las buenas defensas que tienes, tuviste la descompensación de tu azúcar y presión por falta de comida y por último el cuadro de estrés al que estuviste sometida.

— ¿Estrés? ¡De qué mierda está hablando!

— Señorita….eh, Swan, veo que ya se siente mejor— entró en la habitación un doctor bastante joven.

— Pues sí, lo suficiente como para irme ya. — Espeté cruzándome de brazos y soltándome de Victoria.

— Uhm, no creo que eso sea posible hasta mañana. Lo mejor es tratar ese resfrío antes que se vuelva influenza o algo peor. Al parecer no está cuidando demasiado su salud—sonrió y le odié.

— Pero yo tengo que…

— No se preocupe, ella se quedará. — Intervino Jessica y la miré mal.

— Muy bien, chicas, lo lamento pero la hora de visita ya se terminó— soltaron quejidos al mismo tiempo. — Pero tranquilas, que ya mañana temprano la tendrán de vuelta. — Volvió a sonreír y de nueva cuenta le detesté. Algo en él me era familiar, muy familiar y no me agradaba.

— Vale, será.

— Nos vemos, Bells— y así de rápido mis hermosas amigas me abandonaron con ese doctor que se empeñaba en mantenerme en este sitio.

— Creo que sería buena idea que volviera a cubrirse, a menos que quiera permanecer más tiempo aquí.

— ¿Podría dejar de sonreír de ese modo? — De igual forma le obedecí. Se acercó y apuntó un par de cosas luego de mirar la bolsa suspendida sobre mi cabeza.

— Veo que su humor no ha mejorado mucho, ayer no hacía más que despotricar contra Edward.

La forma en que pronunció su nombre se me antojó de mal augurio.

— Por cierto, soy el doctor Masen— tuvo la buena idea de no extender su mano para saludarme y dejé caer la cabeza con un lamento. ¿Por qué está clase de cosas me pasaban a mí?

— Ajá. — Respondí poniendo el brazo sobre mis ojos. Ojalá pudiera quejarme de algo, pero maldita sea, la cama era cómoda.

— Creo que sus amigas le han informado de lo que tiene ¿no? — Asentí sin verle. — El resfriado fue tratado ya y solo le queda reposar, y veo que tiene a alguien que conoce de medicina entre su grupo— ¿acaso no le dolían las mejillas de tanto sonreír?

— Así es. — Era el padre de un bastardo clasista, él también lo era de seguro y yo no pensaba dejarme pasar a llevar.

— ¿Por qué tiene tanto afán por irse?

— Porque sí. — Contesté dirigiéndole una mala mirada. Se quedó unos segundos en silencio antes de suspirar.

— Veo que no tiene ánimos de hablar. La dejaré para que descanse— y luego de dejar una libretita en la mesilla, se fue.

Recién entonces suspiré y me permití cerrar los ojos y pensar.

Debía devolverle hasta el último centavo al bastardo, yo no pensaba deberle absolutamente nada y no iba a permitirle que se sintiera feliz por su gran acto heroico. Y joder, ni siquiera entendía el por qué de traerme aquí ¿por qué fingir que le importa lo que me suceda? Definitivamente estaba planeando algo y no sería bueno para mí.

Por otro lado, debía reconocer que me sentía mucho mejor, ni comparación a lo horrible que me encontraba ayer y ¿a quién le debía las dos malditas cosas? A Masen, por supuesto. ¿Es que acaso no me podía dejar tranquila? ¿Por qué me odiaba tanto? Quiero decir, sé que no soy una monedita de oro, pero ¿por qué detestarme así? Todo lo que hacía o no hacía tenía un propósito para dañarme, ¿le hice algo y no recuerdo qué?

Medité en esa pregunta hasta que volví a dormirme.

-o-

Bostecé estirándome al siguiente día.

Infeliz, la cama era tan amplia para permitírmelo.

— ¿Te encuentras mejor? — Me tallé los ojos y dejé que mi cuerpo cayera como peso muerto en el colchón.

— ¿Qué haces aquí? — Gemí molesta y traté de no inmutarme cuando se sentó a los pies de la cama. Me encontraba estirada y aún así sobraba espacio.

— Vengo a hablarte de…

— Sí, ya sé. — Me senté mirándolo directamente. — Te debo dinero, pero bien sabes que no puedo conseguirlo de inmediato y menos ahora que estúpidamente me has prohibido trabajar— mi ira renació, eliminando el sopor del sueño.

— ¿Trabajar? ¿A eso le llamas trabajar? — Interrogó con ojos entrecerrados.

— Pues sí. — Espeté cruzándome de brazos.

— Vale, vale— se encogió de hombros— no venía a cobrarte nada, no tienes que devolverme ningún centavo, después de todo te enfermaste por mi culpa— su mirada se clavó en la mía con mucha intensidad y me incomodó.

— En eso sí llevas la razón. Pero de todos modos no quiero deberte nada.

— Swan, lo que menos necesito es tu dinero— he ahí el arrogante bastardo en todo su esplendor.

— Disculpe señor millonario— gestualicé exageradamente.

— Así que no tienes que devolverme nada.

— Claro que tengo. — Alcé la vista— y si no quieres dinero, entonces te deberé un favor. Pero no quedaré en deuda contigo.

— ¿Un favor? Swan, puedo obligarte a hacer lo que sea— sonrió pagado de sí mismo.

— No todo lo que sea, Masen. No te equivoques— sentencié con firmeza.

— Mmh… Swan, eso suena comprometedor— ronroneó observándome fijamente.

— Eres un cerdo— hice una arcada— jamás pienses en esas cosas porque no pasarán. Pero, un favor es un favor y es completamente distinto de una orden, medítalo chico estúpido— señalé enfadada y nos quedamos en silencio.

— ¿Te sientes mejor?

— ¿No tienes algo que hacer? ¿Peinarte? ¿Mirarte en un espejo? — Interrogué irónicamente.

— Eres increíblemente desesperante— farfulló.

— Oh, vaya. Lo notaste. — Crucé lo brazos, mirando en otra dirección.

— Tienes que aprender a ser más agradable, Swan. Estás unida a mí aunque no lo quieras— sonrió burlonamente.

— No estoy unida a ti, Masen. Jamás lo estaría, porque antes prefiero morir. — Nos quedamos mirando unos segundos y luego él se rindió, negando.

— Vale, te veré el lunes, esclava— apenas se aproximó a la puerta le lancé una almohada dejando escapar un gruñido de las profundidades de mi pecho, pero lamentablemente ya se había marchado.

Su padre vino un rato después diciendo que ya me podía ir.

— Debido a que su atuendo no era apropiado, me tomé la libertad de llamar a sus amigas para que le trajeran ropa— asentí distraídamente, jugando con un mechón de mi enredado cabello.

— Gracias, supongo— me encogí de hombros y con un suspiro ruidoso abandonó la habitación.

Maldición, lo que menos necesitaba era deberle un favor. Los favores son demasiado caros, ¿por qué fui tan tonta?

— Tonta, tonta— me repetí mil veces dejándome caer en la cama otra vez.

-o-

Las chicas vinieron veinte minutos más tarde y juntas nos devolvimos a casa en el Sentra de Vicky.

— Por cierto, gracias por el apoyo el otro día. Son lo mejor— alcé mis pulgares y rodaron los ojos.

— Vamos Bella, estabas enferma.

— ¡Solo fue un resfrío! — Exclamé.

— No, no solo fue eso y lo sabes. — Miré mal a Jessica.

— ¿Cómo dejaron que Masen pagara? — Me lamenté dejándome caer en el sofá.

— Bella, ¿crees que lo dejamos?

— ¡El estúpido llegó y pagó por adelantado!

— Ni siquiera hizo eso ¿no? — Preguntó Vicky.

— ¿Qué?

— Por favor, el doctor era su padre ¿no lo notaron? — Parecía sorprendida.

— Yo sí y me lo dijo.

— Wou, no lo hubiera creído. Es un hombre muy simpático.

— Y clasista, de seguro. — Me crucé de brazos.

— ¿Te trató mal? — Interrogó Ángela.

— No…pero de todos modos. — Me encogí de hombros— no puede tener un hijo así, si él no lo fuera también.

— A mí me sigue pareciendo muy agradable.

— Todo el mundo te parece agradable Jessica, hasta un Alfa te lo parecería — noté que pareció algo incómoda ante eso y miró sus pies casi de forma culpable.

— ¿Y en qué quedaste con Masen? ¿Debes pagarle en cuotas? ¿O el muy miserable te lo pidió todo de una sola vez?

— De hecho, no— guardaron silencio para mirarme.

— ¿No?

— No me pidió nada de dinero. — Dejé caer la cabeza en el respaldo del sofá.

— ¿Entonces?

— Seguro un favor sexual, es un pervertido de mierda— comentó Ángela.

— No, nada de eso y por favor Ángela, qué asco— hice una mueca. — No me pidió nada, pero de todos modos tuve que decirle que le debía un favor. No puedo simplemente dejar que vaya por allí diciéndole a todo mundo que hizo obra de caridad conmigo, eso nunca.

— Es muy raro— comentó Tanya pensativa.

— ¿Qué no me haya cobrado?

— Yo que tú andaría con cuidado. — Dijo Vicky.

— ¿Eso quiere decir que ya no podremos vengarnos? — La voz de Ángela transmitía la insatisfacción de su idea.

— ¿Por qué no? Yo solo le debo un favor y a menos que ese sea que no le haga bromas, seguiremos adelante con la venganza— expliqué— entre el bastardo y yo las cosas no han cambiado en lo absoluto. Así que si ya tienes tu plan listo, este es el momento. — Miré a Tanya, en cuyo rostro se extendía una sonrisa malévola.

— Pues que no se diga más, ese Masen no sabe con quiénes se ha metido.

-o-

El día lunes llegó sin demasiadas novedades, solo que Masen no me fastidió en ningún momento de la jornada, pero de todos modos no me fié de ello y mantuve el estado de alerta, más aún con todos los planes que teníamos en mente con las chicas.

Tanya había terminado de afinar los detalles y solo se trataría de una broma que jamás olvidaría, y claro, que destruiría toda su dignidad y tal vez su popularidad. Los malos ratos que me había hecho pasar antes serían nada en comparación a lo que le sucedería.

Era por eso que ostentaba una gran sonrisa en mi rostro cuando me tocó irme con Jess al Starbucks luego de las clases.

— Te encantará Bella, son todos muy amables— ponía esos ojos soñadores desde ayer.

— Uhm— evitaba comentar acerca de ello y la poca ilusión que me hacía meterme en ese sitio. Porque en primer lugar, detestaba el café y en segundo lugar, odiaba a la gente. Vale no tanto así, pero no me agrada. — ¿Exactamente qué debo hacer? — Pregunté cambiando el tema.

— Solo atender los pedidos, o tal vez hacerlos.

— Preferiría lo segundo— declaré.

— No lo sé, todo depende el jefe, pero tranquila que es una persona muy simpática— acomodó sus gafas e hice el intento de una sonrisa, aunque se desvaneció al llegar al recinto.

No era tan pequeña como había imaginado y había mucha gente.

Ella caminó hacia el otro lado de la entrada principal y me apresuré en seguirla.

— Ven— me tomó la mano y me jaló dentro de una puerta.

En el interior se encontraban las máquinas para hacer el café, los vasos, sobres de azúcar y donas, aparte de un refrigerador con pasteles.

Me guió hasta otro sector donde había gorras y pecheras con el nombre del local en letras blancas sobre fondo verde.

— Vaya, pero si es la linda Jess— la voz tenía cierto acento italiano, que resultaba de verdad agradable.

— Hola Señor Carlo— sonrió ella sin sonrojarse, y luego de saludarse, los ojos claros del hombre alto se posaron en mí.

— Ella es Bella, la amiga de la que le hablé.

— Es un placer, ragazza. Soy Carlo y tienes un bonito nombre— sonrió.

— Uh… gracias— esto era nuevo, ningún hombre o chico se acercaba tanto a mí.

— ¿Así que quieres trabajar aquí?

— Esto, sí— esperaba no notara que mentía.

— Entonces no se diga más. Te tocará tomar los pedidos, un rostro tan bonito no puede desperdiciarse aquí atrás— me acarició suavemente la mejilla y contrario a lo que creí, me quedé inmóvil.

— ¿Y el mío sí? Que injusticia, eh— esta voz era de un chico joven y resultaba muy risueña.

— Ah, deja de parlotear Jake y ponte a trabajar ya. A ustedes las veré más tarde— y agitando su mano, el jefe desapareció.

— ¿Nueva? — Preguntó el tipo que respondía al nombre de Jake. Debía reconocer que era bastante apuesto con esa sonrisa y mirada tierna, pero penetrante.

— ¿Nuevo? — Repetí su pregunta.

— Síp, primer día de hecho. Soy Jacob, pero todos me llaman Jake— me guiñó un ojo mientras estrechaba mi mano suavemente.

— Bella— sonreí ligeramente.

— Bien, Bella, ve con tu lindo rostro a tomar las órdenes que estaré trabajando como pulpo para complacer a todas estas personas— su forma de hablar hizo que se me saliera una risita.

— Vale, pero si veo que te descuidas te tiraré el café en la cara— sentencié y saqué el "uniforme".

— Si me lo tiras tú, seguro que ni me dolería— jamás había congeniado con alguien tan pronto, medité, mientras atendía a los primeros clientes que sorprendentemente fueron muy educados y simpáticos.

Podría entender por qué Jess prefería esto, era muy distinto de una pelea o de lo que hubiera imaginado.

— ¡Hey! — La sorprendí muy concentrada en su celular y se asustó, guardándolo de inmediato.

— Lo siento— parecía algo nerviosa y se hallaba ruborizada, pero lo dejé estar y continué limpiando el mesón.

— Me aburro aquí. ¿Por qué crees que el jefe no haya querido ponerme con ustedes? — Preguntó Jake, caminando hacia mí.

— Porque tienes fama de mujeriego. No le creas una palabra de lo que dice— confió una muchacha que se hallaba atrás, al igual que el chico.

— ¿Ah sí? — Interrogué viéndolo con una ceja alzada.

— No le creas bonita, son puros cuentos. Trata de blasfemar en mi contra— puso cara de horror y reí quedito.

— Lo conozco desde niño y siempre lo ha sido, nació pensando en el sexo— Jess parecía de nuevo abstraída en sus pensamientos y lo lamenté, pues ambos chicos eran muy graciosos. — Por cierto, soy Renesmee, pero todo mundo me llama Nessie— me guiñó un ojo con camarería.

— Bella, un placer. Y me gustaría seguir oyendo acerca de este chico, porque tiene pinta de ángel pero no lo parece en absoluto según lo que cuentas.

— Si supieras, si supieras— canturreó contoneándose de regreso a la cocina separada por un tabique.

— Son mentiras, te lo juro. Créeme a mí, me conoces desde antes— hizo un puchero y no pude evitar sonreír. Creo que podría adecuarme a esto.

— ¡Es un actor! — Gritó la chica rubia.

— Bueno, eso sí es cierto. Estoy en un taller de teatro y planeo estudiar actuación— comentó.

— Vaya, tienes la pinta de todas maneras y eres dramático. Seguro te resulta todo bien.

Rió.

— Gracias. ¿Y tú? ¿Qué planeas?

— Quiero estudiar derecho. — Silbó por lo bajo.

— Creo que ya me gustas. Las chicas serias son sexy.

— Ven a trabajar vago y deja de acosar a Bella— llamó Nessie y él rodó los ojos.

— En secreto me ama— confesó a mi oído y luego se marchó riendo.

El resto de la jornada fue similar y Jess continuó estando en otro mundo, aunque eso no cambió durante la semana, sino que solo empeoró.

— ¿Sabes qué le pasa? — Interrogó un día Nessie.

— ¿Eh?

— A Jessica— la señaló adelante. Ella se encontraba allí junto a Jake.

— Uhm, ¿por?

— Se la pasa pegada al teléfono cuando ella siempre decía que lo tenía solo para llamar.

Lo observé con detenimiento y a pesar de encontrarse tal como lo describía Renesmee, parecía contenta y eso me alegraba. Hasta podría decirse que lucía como una adolescente normal.

— No lo sé, pero se ve feliz ¿a qué sí?

— Pues… sí, la verdad sí. Sonríe más a menudo y no hablo de cordialidad, parece genuinamente contenta.

— Paren de cuchichear par de cotorras hermosas y atiendan al trabajo— molestó Jacob y decidimos hacerle caso.

-o-

— Les sorprendería lo mucho que me agrada trabajar allá— comenté la tarde del viernes mientras preparábamos todo para nuestra venganza.

— ¿Sí? Pues nosotras te vamos a extrañar— comentó Tanya con un puchero.

— Nada de cambiarnos por esa tal Nessie y Jake, respeta la antigüedad de la amistad— sentenció Ángela empaquetando la harina.

— Son chicos muy agradables y como nosotras, pero ustedes son mis hermanas. — Se detuvieron en sus labores para observarme con ternura.

— Ya te han ablandado— suspiró teatralmente Vicky y simplemente reí.

— ¿Dónde está Jess?

— Se quedó en el Starbucks, creo que el jefe se lo pidió.

— ¿La han notado más contenta últimamente? — Preguntó Tanya.

— Sí, hasta parece ena…

— ¿Qué? — Vicky suspiró antes de continuar.

— Hasta parece enamorada.

— Uhm… se la pasa pegada al teléfono, quizá…

— ¿Jess enamorada? ¿De quién? — Interrogó Ángela apilando la bolsita recién hecha junto a las otras.

— Ah, eso no lo sé.

Me quedé pensando en ello en silencio por unos segundos, y descarté una idea ridícula que se atravesó en mis pensamientos. Eso era imposible.

— Pero bueno, si es el caso y si es serio, ella nos lo dirá— acotó Vicky.

— Muy cierto— asentí.

— Oh, esperen un segundo— Tanya se levantó a contestar su llamada.

— Creo que esto será épico— comentó emocionada Ángela.

— ¿Crees? Cariño, esto será todo un acontecimiento. — Dramaticé. Y maldije a Jacob en silencio.

— Bien chicas, mi contacto acaba de confirmarme que esta noche, a la una de la madrugada será el hecho que cambiará la vida de Masen— no pude evitar el sonreír. Sabía que el hacer todo esto no me devolvería mi vida tal como antes, pero al menos jodería la suya como él jodió y jode todos los días mi existencia.

Esta semana había dejado de ser tan exigente por los tres primeros días, pero luego volvió con sus órdenes de mierda, que mi tarea aquí, que te callas allá, que esto, que lo otro y bla bla bla.

Se lo merecía por bastardo, así que apenas el reloj marcó las diez, nos pusimos en marcha a su casa.

De esta no te salvas Masen.

-o-

Cuando llegamos todo se encontraba en silencio, ya que los Alfa estaban en casa de las Beta jugando al papá y a la mamá. Vale no, pero se hallaban en una fiesta y era casi lo mismo.

Victoria y Ángela se quedaron vigilando mientras Tanya y yo nos metíamos al cuarto del chico.

— Vaya— dijo apenas prendió la linterna.

— Sí, justo eso— su cuarto seguía tal y como yo lo había ordenado, el muy patético no había sido capaz de mover una sola cosa.

— Esto asusta— comentó dirigiéndose con nuestro siniestro paquete a los lugares antes elegidos. El comentario me incómodo, por lo que quise cambiar el tema.

— Ssh, deja de hablar y ponte a dejar todo como queremos.

— Sí— asintió con entusiasmo y comenzó a pasarme las bolsitas transparentes y pequeñas llenas de harina. Nos habíamos lucido con ellas, éramos geniales.

Nos dispusimos a colocarlas en lugares estratégicos tales como bajo la cama, en sus cajones, en su ropa interior, entre sus libros, tras un cuadro… en fin, muchos sitios.

— Creo que ya estamos— susurré en dirección a la pelirroja.

— Espera, falta algo, falta algo— regresó a la bolsa negra y extrajo una cosa de un rosado chillón de aspecto gelatinoso y muy flexible.

— Eso es…

— Sí, justo eso. — No pude evitar mi risotada al ver a Tanya ponerlo oculto en su clóset junto a un pote de etiqueta brillante.

No podía parar de reír y ella continuaba haciendo cambios de última hora, poniendo un montón de revistas eróticas de hombres en poses muy extrañas bajo el colchón.

— Ahora sí, vamos, vamos— me encontraba plantada en mi sitio, muerta de la risa y casi orinándome. — ¡Vamos ridícula! — Me empujó hasta la ventana y tuve que agarrarme, porque de lo contrario habría terminado en el piso.

Cuando llegamos abajo solo fui capaz de correr hasta la mitad y tuve que parar, golpeando un árbol.

— ¡Ocultaste un consolador en su ropa! — Estallé dando saltitos.

— ¿Qué? — Preguntaron al mismo tiempo Vicky y Áng.

— Sí, pensé que sería la guinda del pastel— ella sonreía.

— ¡Y también un tarro de lubricante! ¡Joder! ¡Joder! — Me faltaba tanto el aire que caí de rodillas al suelo, sujetándome el estómago.

— ¡Eres un genio chica! ¡Un genio! — Ellas también rieron, aunque no se veían tan afectadas como yo. Es que hombre, yo podía imaginar su rostro y eso sí que sería épico.

Finalmente logré calmarme y seguimos hasta nuestra casa por el bosque, no nos convenía ser vistas porque sería demasiado sospechoso.

— Será increíble— entramos hablando todas a la vez y colgando nuestros abrigos, quitándonos los gorros y guantes. Al interior se encontraba Jessica mirándonos expectantes.

— ¿Ya?

— ¡Sí! Ya— reí quedito— y va con un bonus. Ay Jess, será magnífico— suspiré mientras la tomaba de las manos y giraba con ella.

— Ya lo imagino, no andarías así de contenta si no fuera cierto— sonrió mirándome con alegría— hacía mucho que no te veía así de feliz.

— Ah, pero eso no es solo por la broma ¿no? — Molestó Tanya.

— ¿A qué te refieres? — Pregunté.

— A ese tal Jake— continuó Ángela haciendo una mueca graciosa.

— Ah, por favor. Nada que ver— sonreí— él y Nessie tienen… bueno, ya sabes…química— expliqué.

— ¿Y mueres de la pena?

— ¿Y esto qué es Vicky? ¿La hora de molestar a Bella?

— Anda, no te hagas la desentendida y responde.

— No puedo creerlo, no lo esperaba de ti Jessica. — Fingí seriedad aunque terminé por sonreír. Me encontraba bastante alegre esta noche y creo que se debe en mayoría a que por fin Masen tendría un poco de "lío" en su vida. — Y no, entre Jake y yo jamás podría pasar algo. Estoy casi cien por ciento segura que está enamorado completamente de Renesmee.

Resoplaron caminando hacia el comedor.

— Quería molestarte un rato— comentó Ángela sentándose enfurruñada en su lugar.

— No estoy de turno hoy, lo siento— sonreí trayendo la comida.

Comimos en silencio, pues sabía que las chicas querían preguntarle a la risueña Jessica por su comportamiento tan extraño y sabía también que la presionarían al límite y todo terminaría mal, por lo que las entretuve con la cena y las miré con advertencia.

— ¿Y ahora qué? — Interrogó Vicky— ¿nos quedamos aquí y nos perdemos el espectáculo?

— Uhm…

— Yo digo que vayamos y nos escondamos. Este será un suceso épico y no podemos perdérnoslo. — Nos quedamos unos segundos meditando en las palabras de Ángela.

— No creo que sea una buena idea. Si lo piensas mejor, Masen sabría que fuimos nosotras y correrá a decírselo al director junto a lo que ya sabe de Bells. — Jessica para variar era quien ponía el criterio entre nosotras.

— Sí, tienes razón— suspiró decepcionada Tanya.

— En fin, podemos salir cuando se escuchen las sirenas de policía ¿no creen?

— Supongo. Peor es nada— terminé de decir dejándome caer en el sofá.

— Ay chicas, no se pongan así. De todos modos se están vengando ¿no? — Asentimos desganadas.

— Creo que estaré en mi cuarto mientras pasa todo— Ángela subió las escaleras lentamente y luego Victoria siguió sus pasos.

— Pienso que igual exageran. — Comentó Tanya enciendo la televisión.

— Ajá— Jessica se retiró hacia la cocina con el celular entre las manos. — Solo espero que Jess no haya escogido mal— susurré recostándome con la cabeza colgando.

— ¿Dijiste algo? — Preguntó la pelirroja pasando canales.

— No— mentí porque prefería mantener mis cavilaciones en secreto hasta tener una certeza. Mientras pensaba en ello, cerré los ojos y tarareé una canción.

Lo último de lo que fui consciente fue del celular de Tanya vibrando.

-o-

— Hey, Bells— alguien me movía del hombro y tardé unos segundos en espabilar— ya es hora— me encontré con la sonrisa de Ángela y como si hubiese recibido una increíble recarga de energía me paré de un salto, haciendo que la cabeza me zumbara.

— ¿De veras?

— Sí, ya llegaron y en cualquier momento…— no alcanzó a terminar cuando a lo lejos oímos las sirenas.

Las presentes me miraron expectantes y no dudamos un segundo más en correr hacia la puerta y luego calle abajo.

No tardamos mucho en llegar a nuestro destino, y pronto nos encontramos en compañía de todos los curiosos que buscaban la mayor cantidad de información para armar sus comentarios.

— ¿Qué es lo que pasa? — Preguntó con inocencia Tanya a un chico en pijama.

— Llegó la policía a la casa Alfa y ahora sacan a Edward, dicen que tenía drogas— le contó como una confidencia y ella fingió muy bien la sorpresa y luego la preocupación, tanto que casi me hace reír.

Muchos murmullos comenzaron a expandirse a la velocidad de la luz, pero súbitamente guardaron silencio cuando un oficial salió con Masen del brazo y una bolsa transparente con la evidencia, no hace falta decir que lo que más destacaba era aquel consolador de color fluorescente y el pote de etiqueta brillante.

— No puede ser ¡Edward tiene un consolador! — Estalló un chico con fama de hiperactivo y la reacción común fue contener el aliento.

Por nuestra parte nos dirigimos una mirada cómplice entre las luces azules y rojas que parpadeaban sin cesar.

En ese preciso instante Masen alzó la cabeza y observó avergonzado a la gente, negando y tratando de hablar, aunque rápidamente el hombre lo hizo entrar al coche.

— ¡Yo no he tenido nada que ver en esto! — Una chica Beta de cabello largo y castaño gritaba histérica— ¡Solo vine porque me invitó! — Sí, y el que saliera con la camiseta en la mano no dejaba dudas para qué.

— Le jodimos la noche a Masen— rió Ángela en mi oído y asentí repetidamente conteniendo con mis manos frías la carcajada.

Finalmente la patrulla arrancó con todo y chica gritona, dejando al resto murmurando y hablando sobre el espectáculo.

— ¿Alguna vez creíste que esto fuera posible? — Oí al mismo chico del pijama hablarle a Tanya, quien parecía incrédula de que le dirigiera la palabra.

— ¿Eh?

— Ya sabes— le sonrió pícaramente— que Edward fuera gay— rió con ganas y la pelirroja lo contempló un segundo sorprendida y luego sinceramente interesada.

— Pues la verdad, yo tenía mis sospechas.

— ¿Por qué? — Después de aquello desvié la vista para dejarlos hablar a sus anchas.

— ¡Salió de puta madre! — Soltó una exaltada Victoria llegando a mi lado y tomándome las manos.

—Y de hecho mejor ¡le estropeamos la follada! — Ante ese comentario no pude hacer menos que reír.

— Igual creo que…

— ¡Calla Jess! ¡Calla! — La chica de gafas no hizo más que rodar los ojos y bufar.

— ¡Todos vuelvan a sus casas inmediatamente! — Oímos al rector vociferar a través del megáfono. — ¡Aquí ya no hay nada que ver! ¡A sus casas ahora! — Con voces de reclamo comenzaron a obedecer lentamente.

Nos confundimos con un tumulto hasta la última casa más cercana a la nuestra y posteriormente continuamos solas.

— Ni él ni nosotras olvidaremos esto nunca—comentó sonriente Tanya y sabía que había otro motivo adicional a esa sonrisa y ojos soñadores.

— Ni de broma, ¿viste su cara de vergüenza cuando el chico dijo lo de su juguetito? — Rió Ángela, trayendo la escena precisa a mi mente.

— Pues claro ¡estuve ahí!

— ¿Le perjudicará de algún modo? — Interrogó Jessica mordiéndose los labios nerviosamente.

— Nop— Victoria se detuvo en la "p"

— Alec, el policía, es amigo mío y solo fingirá cumplir con su deber, pero las bolsitas no tienen droga de verdad sino harina y bueno, lo del consolador no es un delito, cualquiera disfruta del modo que quiera— estallamos en carcajadas ante la mirada pícara de Tanya.

— Oh, vale. — Ruborizada dirigió la mirada a la calle oscura iluminada por aquel foco detestable.

Alguna vez oí que la venganza no era buena y cosas por el estilo, pero de verdad no podía concebir que tal idiotez fuera cierta. Yo me sentía jodidamente bien y conforme, sentía que esto sí era devolverle un poco de toda la mierda que se empeñaba en hacerme pasar desde que averiguó mi secreto.

Por lo que al llegar a la casa y después de haber comentado hasta los más mínimos detalles, no me costó nada conciliar el sueño. Y si alguna vez sentí culpa, ni me enteré ni me acuerdo.


¡Hola! ¿Qué les pareció el cap? Estuvo bastante largo, pero espero entrete jaja

Sé que me desaparecí por bastante y lo siento, pero no había tenido mucho tiempo. De todos modos agradezco el apoyo, los favoritos, alertas y reviews, además de agradecer a las personas que leen en silencio. Muchas gracias c:

Y bueno, lo que debo decirles es que debido a unos problemas con mi imaginación y también personales, he decido dejar en pausa la historia hasta que las ideas retornen a mí y las cosas mejoren un poco, porque cada vez que intento escribir, a pesar de saber lo que viene, no puedo y creo que si lo fuerzo no saldrá tan bien. Así que, tranquilas que igual no creo que sea por mucho, por lo que no estaremos leyendo pronto ;)

Un abrazote a todas y muchas bendiciones, ojalá sigan ahí cuando vuelva con la trama, pero si no, lo entenderé :P

PD: lamento cualquier error ortográfico y/o de gramática.