Hola gente! Cómo están? Espero que muy bien!
Acá estoy de nuevo volviendo a actualizar con un nuevo cap. En esta ocasión se trata de un episodio que me va a quedar bastante largo, así que decidí dividirlo en dos partes, que a mi criterio queda mejor así porque son dos momentos de tonos emocionales muy diferentes pero a la vez relacionados entre sí.
Hoy les dejo la primera parte que acabo de terminar. Esta vez las cosas entre nuestros queridos protagonistas se empiezan a caldear un poco… y en muchos sentidos, así que los invito a leer para que entiendan de qué les hablo. Y mañana si llego a terminar a tiempo la segunda parte, también la subo.
Gracias a quienes me siguen y comentan día a día! Sigan haciéndolo por favor! Y les pido a quienes aún no lo han hecho que también me escriban, sus opiniones son muy importantes para mí, me dan ánimos para seguir produciendo! :)
Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Saluditos y buen finde per tutti!
Bell.-
:: Capítulo Diez : Primera Parte ::
La siguiente semana transcurrió con total normalidad.
Serena y Darien estuvieron bastante ocupados con sus obligaciones y no volvieron a verse en esos días, pero estuvieron comunicados todo el tiempo. Se llamaban todas las noches para hablar por largo rato y ponerse al día con sus asuntos, aunque seguían manteniendo cierta distancia en la forma en que se trataban para no apresurar las cosas como habían acordado.
Tampoco les habían contado a sus amigos lo que pasaba entre ellos, querían ir despacio y no precipitar nada. En realidad era Darien el que deseaba que las cosas se dieran así, y Serena con muchísimo esfuerzo respetaba su decisión, confiando en que era lo mejor para los dos. Pero ninguno de los dos podía negar que cada vez se sentían más involucrados el uno con el otro y que durante ese tiempo se extrañaron mucho.
Darien estuvo muy demandado por su trabajo en esos días, y aprovechó para estar lo más ocupado que le fuera posible y tener su atención y concentración enfocadas en sus obligaciones. También salía a correr todas las tardes hasta por horas para despejar su mente.
Después de todo lo que había pasado el fin de semana anterior con Serena, se sentía muy confundido, intranquilo, impaciente. Había descubierto que además de sentirse intensamente atraído por ella, también estaba naciendo en él un sentimiento mucho más profundo, se estaba enamorando.
A pesar de sus rígidas resistencias, de luchar con todas sus fuerzas contra lo que sentía, de querer controlar lógica y racionalmente sus emociones e impulsos, de planificar y calcular cada paso, cada movimiento, no podía negarlo más, amaba a Serena.
Y no lo toleraba, le costaba tanto admitirlo, pensaba que no debía permitirse sentir algo así por nadie, eso rompía todas sus reglas y sus estructuras, no era correcto, no lo era. Pero cada vez que pensaba en ella todas sus teorías y argumentos se venían a pique y la inmensa emoción que ella le despertaba se le imponía con mayor intensidad, no podía controlarlo.
Y después de regresar a su casa luego de haber invertido todas sus energías en otros asuntos, la recordaba y se daba cuenta de cuánto la extrañaba. Así que cada una de esas noches la llamó para hablar con ella, saber cómo estaba, decirle que la echaba de menos. Y así transcurrieron esos días para él.
Por su parte Serena también se sentía algo confundida por todo lo que había pasado. Si bien tenía bien en claro que ella había aceptado y comprendido la necesidad de Darien de ir despacio, no dejaba de inquietarle esa manera tan extraña de actuar de él. Sobre todo la última vez que se vieron, cuando la besó de esa forma, con tanta pasión, con tanto deseo, y repentinamente se echó atrás.
No quería volver a pensar que la estuviera rechazando, porque tenía muchos otros gestos que le demostraban que no era así, sino que estaba interesado en ella de verdad. Sin embargo no dejaba de sentir algo de miedo, no podía evitarlo.
Pero había decidido darle otra oportunidad y quería confiar en que las cosas funcionarían como ella deseaba. Porque le importaba, porque deseaba estar con él, porque lo quería, porque lo amaba. Sí, lo estaba reconociendo al fin, se estaba enamorando de Darien y eso también la asustaba.
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El viernes en la noche los dos habían acordado en encontrarse para ir juntos al bar del 'patio cinéfilo'. Y Serena estaba ansiosa por volver a su departamento y arreglarse para la ocasión. Tenía muchísimas ganas de volver a verlo, lo había extrañado tanto.
Por la tarde, antes de retirarse de su trabajo, ordenó todas las cosas de su escritorio y cuando se disponía a partir se topó con Steven. Durante esos días había evitado encontrárselo, pero tarde o temprano iba a tener que enfrentarlo.
—Serena, ¿ya te vas? —le preguntó Steven apenas la vio.
—Sí, Steven, ya me voy —respondió ella e intentó alejarse de él.
—Espera un momento, quiero hablar contigo en privado —le dijo él en voz baja.
—No puedo, estoy apurada.
—Será sólo un momento, por favor —Steven la tomó del brazo y la llevó hasta un pasillo contra su voluntad para hablar a solas con ella—. Serena, ¿qué te pasa? —preguntaba impaciente—. Has estado evitándome todo el tiempo, no atendiste ni una sola de mis llamadas, te dije que necesito que hablemos, ¿por qué te comportas así conmigo?
—Steven —Serena suspiró resignada—, ya te dije que no quiero hablar contigo, nosotros no tenemos nada de qué hablar.
—Pero Serena…
—Por favor, no insistas.
—Pero Serena, no te entiendo, nosotros éramos tan buenos amigos, compartíamos tantas cosas, nos contábamos todo lo que nos pasaba y de repente, de un día para el otro comenzaste a ignorarme y…
—Sí, lo sé —lo interrumpió ella—. Pero tú lo dijiste, éramos amigos. Y ahora las cosas cambiaron. Tú estás con una nueva relación, la cual debo admitir no apruebo en lo más mínimo porque ya sabes lo que pienso de Melissa. Y yo por mi parte estoy… Estoy ocupada con otros asuntos.
—¿Estás saliendo con alguien? —preguntó Steven. Serena no respondió—. Sí, estás saliendo con alguien, ya me lo imaginaba. ¿Es ese sujeto Darien? ¿El del bar?
—No voy a decirte nada, Steven. Y ya deja de buscarme, no quiero hablar contigo.
—¿Es que acaso…? —él comprendió finalmente lo que sucedía—. ¿Acaso fue por lo que pasó con Melissa? ¿Que me declaré al aire y comencé a salir con ella? ¿Es eso, Serena? ¿Estás celosa?
—No, Steven, basta, no insistas más en hablar de esto —ella intentó alejarse de nuevo.
—Claro, ahora entiendo todo con claridad —Steven la tomó de los brazos con fuerza—. Estabas celosa, esperabas que fueras tú la que yo nombrara en ese programa, cómo pude ser tan ciego. Es eso, Serena, y a mí me pasó lo mismo, aunque un poco después. Desde el día que te encontré en aquel bar con ese tipo me di cuenta de lo equivocado que estaba. Melissa no me interesa, no me importa, tú tenías razón, es una tonta y una presumida que no deja de coquetearle a cualquiera que se cruce en su camino. En cambio tú… —y se acercaba más a ella—. Tú, Serena, eres tan diferente, eres tan especial…
—Suéltame, Steven —ella intentaba separarse de él—, me estás poniendo nerviosa.
—¿Pero es que no te das cuenta de lo que pasa? Estoy loco por ti, Serena. Desde aquel día yo…
Y muy oportunamente apareció Molly y los interrumpió. —Disculpen, ¿hay algún problema? —intervino enseguida al notar lo tensión entre ellos.
Steven de inmediato soltó a Serena y ella se acercó a Molly. —No, amiga, no hay ningún problema, sólo estábamos conversando sobre un chisme de la oficina —dijo riendo nerviosa y se colgó del brazo a su amiga para salir con ella apurada—. Adiós, Steven —se despidió sin mirarlo y él no respondió.
—¿Qué es lo que pasa, Serena? —murmuró Molly mientras se alejaban.
—Nada, Molly. No pasa nada, no te preocupes.
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Ya en su departamento, Serena se arregló para encontrarse con Darien que pasaría a buscarla para ir juntos al bar. Eligió un colorido vestido y zapatitos bajos, dejó su cabello suelto y se maquilló natural.
Y mientras se preparaba intentó olvidarse de la desafortunada conversación que había tenido con Steven más temprano en la oficina y decidió concentrarse en poner su mejor disposición para la salida con Darien.
Él la buscó en su auto a la hora acordada y cuando llegaron al bar se sentaron en una mesita del patio. Había poca gente en el lugar, porque una tormenta amenazaba con arruinar el ambiente y con que la película volviera a suspenderse.
Mientras conversaban distendidamente y bebían unas cervezas, llegaron Molly y Kelvin que ya le habían avisado a Serena que también irían al bar.
Ambos se pusieron de pie para saludarlos y Serena los presentó. —Molly, Kelvin, él es mi amigo Darien.
—Hola, mucho gusto —él los saludó cordialmente a los dos.
Los chicos se sentaron con ellos. —Parece que va a llover —dijo Molly mirando el cielo—. Ojalá que no suspendan la proyección.
Serena conversó un momento con sus amigos y notó que Darien estaba bastante serio y callado.
Cuando la pareja dejó de prestarle atención y comenzaron a hablar entre ellos, Serena se acercó a él. —¿Todo está bien? Te noto algo preocupado.
—Descuida —respondió Darien cortante—, estoy bien. Es sólo que me preocupa qué va a pasar si llegara a llover.
—¿Seguro que es sólo eso? —insistió ella—. Estás muy callado.
—Estoy bien, Serena, no te preocupes —y cuando Serena intentó volver a hablar, se cortó la luz y todo el lugar quedó en penumbras—. Bueno, no llovió pero parece que no podremos ver la bendita película —protestó molesto.
Y tal y como habían predicho, la función se canceló, y apenas los dueños anunciaron que se suspendería comenzó a llover.
—Vamos rápido adentro a buscar una mesa antes de que todas se ocupen —dijo Molly y entró apurada con Kelvin.
Serena y Darien los siguieron, pero antes de volver a reunirse con ellos Darien la detuvo. —Espera, Serena, creo que es mejor si nos vamos. Parece que será una tormenta muy fuerte y no quiero conducir con el clima así.
—Está bien, mejor vámonos —ella se dio cuenta de que él estaba de muy mal humor, pero prefirió no volver a preguntarle nada.
Así que se despidieron de los chicos y partieron.
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Mientras iban en el auto, comenzó a llover torrencialmente y Darien se empezó a poner algo nervioso. —Rayos, está lloviendo mucho, no se puede ver nada.
Además de la intensa lluvia, las luces de las calles también estaban apagadas, y realmente era muy difícil conducir en esas condiciones. Así que decidieron pasar por lo de Serena, que era más cerca que la casa de Darien, y quedarse ahí a esperar a que pase la tormenta.
Cuando llegaron, bajaron corriendo hasta la entrada del edificio sin poder evitar empaparse con la fuerte lluvia. Y se dieron cuenta de que allí también la luz se había cortado. Subieron por las escaleras muertos de risa, aparentemente el mal humor de Darien ya había pasado.
Cuando entraron al departamento de Serena, ella buscó algunas toallas y encendió velas para no estar completamente en penumbras. —Bueno, cambio de planes —dijo riendo mientras se acercaba a él para secar su rostro con una toalla.
—Eso parece —dijo Darien con una sonrisa y acarició su mano.
—Ponte cómodo —dijo Serena repentinamente nerviosa por la forma en que él la miraba, no se terminaba de acostumbrar a sus inesperados cambios de humor—, iré a buscar algo para beber —y se fue a la cocina.
Darien se sentó en el sofá para esperarla, ella enseguida regresó con una botella de vino y dos copas y se sentó a su lado. —Bien, no sé si este vino estará muy bueno pero tenía que improvisar —volvió a reír nerviosa.
Él destapó la botella y sirvió. —Me gusta improvisar —dijo seductor y le entregó una copa a Serena—, pocas veces lo hago —y alzó su copa para invitarla a brindar—. Serena, esta noche quiero que brindemos por nosotros.
—¿Por nosotros? —preguntó ella sorprendida.
—Sí, por nuestra primera cita a ciegas —dijo en tono irónico.
Ambos rieron y chocaron las copas. —Por nosotros entonces —dijo Serena con una coqueta sonrisa.
—Bueno —Darien se acomodó contra el respaldo del sofá—, ya que no podemos ver ninguna película ni escuchar algo de música ni hacer nada que consuma electricidad —volvieron a reír—, creo que tendremos que conversar un poco.
—Está bien —dijo ella algo inquieta por su actitud—. ¿Sobre qué quieres conversar?
—Bueno, hay muchas cosas sobre las que podríamos hablar, pero hay algo en particular que quiero preguntarte hace rato.
—Dime —Serena no pudo evitar sentirse incómoda por la forma en que él le hablaba.
—En realidad ya me había olvidado del asunto, pero al volver al bar esta noche recordé que la vez que te encontré ahí y después aparecieron tus amigos… perdón, tus compañeros de trabajo… noté algo extraño.
Ella se puso más nerviosa aún. —¿Qué cosa?
—Ese tal Steven, ¿tiene algo que ver contigo? —preguntó Darien sin rodeos.
—¿A qué te refieres? —Serena intentó evadirse y bebió apurada de su copa.
—Vamos, Serena, no te hagas la desentendida. No soy tonto, me di cuenta enseguida de lo nerviosa que te pusiste cuando él apareció acompañado de su 'flamante novia'.
A Serena comenzó a incomodarle cada vez más la frialdad y arrogancia de Darien para tocar un tema que era tan delicado para ella. —Bueno, no sé qué habrás pensado, pero en realidad no pasa nada entre nosotros, sólo somos amigos.
—¿Ahora sí son amigos? —preguntó él riendo—. ¿No es que sólo eran 'compañeros de trabajo'?
—Bueno, lo que pasa es que… —ella titubeaba.
—Vamos, Serena, puedes contarme, confía en mí —insistió Darien y bebió de su copa con calma.
—Bueno —Serena inspiró profundo para tomar valor y animarse a hablar—, está bien, te contaré. A Steven lo conozco desde que trabajo en la radio, él ya era el locutor permanente cuando yo llegué. Y enseguida nos hicimos muy buenos amigos, hablábamos mucho, compartíamos muchas cosas, salíamos de vez en cuando, nos llevábamos muy bien. Y con el paso del tiempo yo… —hizo una pausa y bajó la mirada.
—Te enamoraste —agregó él en tono cortante.
Ella echó a reír. —No, no me enamoré. Aunque debo admitir que eso creía al principio, y estuve convencida de que así era por mucho tiempo. Pero al final pude darme cuenta de que lo que sentía no era más que una infantil ilusión. Que lo estaba idealizando como lo buena cabeza hueca y soñadora que soy. Creí que él era el indicado para mí, que era 'el amor de mi vida', y hasta fantaseaba con la idea de que a él le pasaba lo mismo que a mí. Pero nunca me animé a demostrarle lo que sentía, sólo me limitaba a comportarme como su fiel e inseparable amiga creyendo que con esa actitud podría conseguir que él se fijara en mí, pero…
—Pero se fijó en otra, nada más y nada menos que en Melissa —volvió a interrumpirla Darien.
—Sí —Serena suspiró afligida, aunque creía que éste ya era un tema más que superado, no podía evitar sentirse algo triste al recordar—, y recién entonces me di cuenta de lo ciega que había sido. Él resultó ser un completo superficial, sólo se fijó en ella por su 'encantadora' apariencia y yo por supuesto no encajaría jamás con sus esquemas. Fui una verdadera tonta al esperar que él fuera diferente. Pero finalmente logré abrir los ojos y aunque en un punto fue doloroso para mí, conseguí desilusionarme de él y de lo que creía que sentía.
—Bueno, no sé si es tan terrible como para decir que fuiste una tonta. Yo creo que a veces uno apuesta mucho a una relación, a una persona, y los demás no son capaces de ver y valorar el esfuerzo y la energía que uno pone para intentar que las cosas sean como uno quiere, como uno cree que es lo mejor.
—No sé si es tan así —reflexionó ella—. Yo creo que en una relación, aunque no funcione, la responsabilidad es compartida. En mi caso yo pude admitir al fin que estaba esperando algo que no existía, y además nunca fui completamente sincera. No puedo echarle toda la culpa a él de lo que no pasó, yo sólo me mostré como una buena y confidente amiga, y creo que con eso solo no alcanza.
—¿A qué te refieres? —preguntó él confundido.
—Me refiero a que si bien son muy importantes en una relación la confianza, la complicidad, la comunicación, creo que también influyen mucho otras cosas como la atracción física, la seducción —Serena hizo una nueva pausa y sonrió de lado—. Y la verdad es que yo tengo bastante desventaja en ese sentido, soy infantil, enojona, torpe, todo menos 'sexy'.
—Yo no estoy tan de acuerdo contigo en ese punto.
—¿No? —ella lo miró incrédula.
—No —Darien se acercó lentamente a ella—, porque a mí sí lograste seducirme… —murmuró con una insinuante sonrisa.
—¿Ah, sí? —Serena también sonreía y comenzaba a ruborizarse. Él sí que sabía cómo seducir sin hacer el más mínimo esfuerzo, con una simple mirada ya la tenía encantada.
—Sí, aquella noche que nos conocimos quedé fascinado contigo desde el primer momento que te vi…
—Vaya, ¿aquella noche? No me lo habías dicho —dijo ella sorprendida.
—Sí, yo estaba tan aburrido, era un lugar tan poco agradable para mí, y no veía las horas de irme —ambos rieron—. Pero como era el cumpleaños de Andrew, aguanté lo más que pude sin salir huyendo despavorido de ahí. Y cuando te vi acercarte a la barra, noté que tampoco estabas muy a gusto con el lugar aunque por tu aspecto encajabas a la perfección.
—Es cierto —ella volvió a reír—, esa noche las chicas fueron las responsables de mi ostentoso atuendo.
—Y me acerqué a ti a propósito, aunque te haya tratado tan mal desde un principio.
—Fuiste muy grosero conmigo.
—Sí, pero tú no te quedaste atrás, me gritaste y me insultaste sin cuidado —los dos volvieron a reír.
—Me diste motivos.
—Sí, es cierto —continuó Darien mientras dejaba las copas de vino sobre la mesita—. Pero después los ánimos se calmaron y pudimos entendernos mejor.
—Sí, fue muy divertido, recuerdo que yo no paraba de hablar mal de Melissa.
—Y todo el tiempo me llamabas Daniel.
—Es verdad, Daniel. ¡Qué vergüenza! Estaba muy pasada de copas.
—Y después te acompañé hasta tu departamento, porque eras una pobre damisela en apuros —Darien se acercó más a ella.
—Y tú fuiste mi valiente y noble caballero —Serena también se acercaba a él.
—Y no me dejaste ir —él acarició su rostro.
—Tú tampoco te resististe demasiado —ella también comenzó a acariciarlo.
—Cómo resistirme si estaba cautivado contigo —susurró Darien y repasaba con sus dedos cada facción de su rostro—. Con tus hermosos ojos —acariciaba sus párpados—, con tu sonrisa —acariciaba sus labios—, con tu forma de ser tan desenvuelta y graciosa —suspiró y sonrió con dulzura—. Y me mirabas así, como me miras ahora —cada vez estaban más cerca—. Y me sentí perdido cuando me besaste —dijo casi rozando sus labios con los de ella—. Y fue un beso tan perfecto, fuiste tan espontánea, te veías tan bonita… —y sin resistirse más la besó.
Y mientras profundizaba el beso llevó una mano a su cuello y la otra a su cintura, la quería toda para él, la necesitaba con locura. Ella respondía al beso con la misma intensidad, acariciaba su cuello con suavidad y lentamente descendió con sus manos por sus hombros hasta sus brazos para acercarlo más a ella. Él intensificó los besos acariciando sus labios con su lengua y ella le devolvió el beso con la misma pasión.
Darien se separó un poco para poder mirarla a los ojos. —Serena —susurró algo agitado—, eres muy hermosa… —ella sonrió halagada y acarició su rostro con dulzura. Se miraron a los ojos por unos instantes que parecieron eternos, sentían que el tiempo y el mundo se detenía a su alrededor, sólo eran conscientes de lo que sentían, que se deseaban, que se necesitaban, que se amaban…
Él intentó volver a hablar. —Ser… —pero ella lo interrumpió besándolo tan apasionadamente como nunca antes lo había hecho. Y él se entregó por completo a sus besos y sus caricias. Recorrían sus bocas con sus lenguas, suspiraban a cada instante y muy lentamente él comenzó a inclinarla contra el sofá sin dejar de besarla y acariciarla.
Se acomodó sobre ella y dejó por un momento sus labios para dirigirse a su cuello. Besaba y lamía cada centímetro de su estremecida piel y le dedicaba suaves caricias a la parte inferior de su oreja, para luego besar y morder el sensible lóbulo. Con sus labios recorrió todo su cuello y cuando llegó a uno de sus hombros empujó con suavidad el delicado bretel de su vestido sin dejar de besarla.
Con sus manos se dirigió hasta el escote para comenzar a desabrochar los botones del vestido. Empezó a recorrer su piel bajo la tela de su ropa y con su boca se acercó muy despacio hasta su pecho, lo que la hizo soltar unos suaves gemidos. Al escucharla y percibir su acelerada respiración se dio cuenta de que la deseaba con desesperación, que necesitaba hacerla suya, que ya no podría controlarse.
Se acercó de nuevo a su rostro y la llamó con un susurro. —Serena… —ella abrió los ojos y lo miró con tanto deseo, con tanta pasión, pero al mismo tiempo con tanta ternura, con tanto ¿amor…? Se sintió perdido en su mirada, desbordado por los sentimientos que ella le despertaba, no podía negarlo más, la amaba con locura.
Intentó volver a hablar, pero ella lo detuvo apoyando sus dedos en sus labios. —No digas nada —susurró agitada—. Deseamos esto, Darien, por favor, no te detengas… —él la besó de nuevo con tanta intensidad que provocó que Serena comenzara a desprender los botones de su camisa. Acarició suavemente su torso desnudo, él soltó un suspiro de placer ante el contacto de sus manos sobre su piel y cerró los ojos para disfrutar de su trato.
Ella intensificaba las caricias, repasaba su pecho, sus hombros y descendiendo por sus brazos se deshizo finalmente de su ropa. Volvieron a abrazarse y besarse con más desenfreno, ella acariciaba su espalda, sus hombros, sus brazos y él se sentía estremecer cada vez más.
También la acariciaba con impaciencia, descendió con su mano por su costado, su cintura y poco a poco retiró su vestido para comenzar a acariciar una de sus piernas y ascender lentamente hasta su muslo. Ella soltó un nuevo gemido al sentir cómo él comenzaba a moverse contra su cuerpo sin dejar de acariciarla entera y besarla, y las sensaciones la hacían temblar de placer.
Darien volvió a su cuello. —Eres hermosa, Serena… —susurró agitado y ella apretaba su rostro contra su piel para profundizar los besos.
Estaban totalmente inmersos en las intensas y placenteras sensaciones que mutuamente se provocaban con sus besos y sus caricias. Se deseaban, se necesitaban, se amaban, y sin decirlo con palabras se lo estaban demostrando.
Pero de repente el sonido de un fuerte trueno los asustó y las luces de todo el departamento se encendieron de golpe. Darien se sobresaltó y separó su rostro del cuello de Serena para mirar hacia todos lados sin entender lo que pasaba.
Ella rió al ver su expresión y lo acarició con delicadeza para acomodar su alborotado cabello. Cuando Darien la miró de nuevo, Serena sonrió con timidez y él recapacitó súbitamente. —Serena —dijo con una expresión de pánico imposible de disimular—, esto… esto… —estaba aterrado, había perdido el control, y no debía hacerlo—. Esto está mal, Serena.
Se alejó rápidamente de ella y buscó su camisa para vestirse. Serena no podía creer lo que hacía, y permaneció inmóvil por unos instantes sin poder reaccionar.
Él se puso de pie y abotonaba su camisa apurado dándole la espalda. —Esto no está bien —decía nervioso —. Esto no está nada bien.
no me odien todavía, por favor! aún falta la segunda parte…
