N/A: Nada de esto me pertenece. La historia es propiedad de Tyler FZ, quien se tuvo que marchar por motivos personales; antes de marcharse, Tyler compartió el fic conmigo para que yo pudiera continuar publicándolo con su debido consentimiento.


Capítulo 11


Cuando aceptó servir de enlace entre la KGB y SHIELD no se imaginó que tendrían tanto trabajo en común. Ha salido en cuanto ha recibido el aviso y llega justo cuando ve aparcar a Steve la moto. Dos camiones de bomberos parecen haber terminado su trabajo mientras los coches de policía y ambulancias empiezan el suyo.

- ¿Qué ha pasado?- pregunta cuando llega a su altura.

- No lo sé, al parecer el hombre era Ruso, la esposa es agente de shield. Sharon está con la esposa ahora mismo.

La escena que tiene ante si hace que sienta escalofríos y se suplica mantener la mente en frío. Los recuerdos golpean con fuerzas dentro de ella. El escenario es diferente pero la situación es tan similar…

Sigue a Steve hasta el interior de la casa y deja que lleve la delantera en el caso. Tiene un nudo en la garganta y se ve incapaz de decir una sola palabra. Suben las escaleras hasta llegar a lo que debió ser el dormitorio principal porque no queda absolutamente nada intacto y se reúnen con Wilson.

- Creo que debería encargarse otro equipo de investigar esto- dice el agente cuando les ve.

- Son las dos de la mañana, Sam, estoy cansado, no me digas lo que tengo que hacer- responde Steve furioso-¿Qué ha pasado aquí?

- Colocaron un explosivo en esta habitación- termina explicando señalando hacia un rincón de la habitación- Toda la planta superior a quedado afectada.

- ¿Alguna sospecha de quien ha sido?

- La mujer es agente, estuvo en Italia hace meses y participó en una operación algo comprometida. Dice que es una venganza.

Siente que le cuesta respirar y no es por el fuerte olor a humo. En su interior algo no va bien. Se ve a ella misma hace años pasando por esa situación, el mismo dolor. Puede imaginar la angustia de esa mujer, la sensación que tiene de culpabilidad. Ella misma la tuvo y todavía la tiene.

- ¿Te encuentras bien?- pregunta Steve mirándola preocupado.

Asiente con la cabeza y se promete seguir adelante, no puede hundirse ahora. Pero entonces ve salir a Wanda con un doctor arrastrando una camilla. El cuerpo que se lleva no es el de un hombre. Es diminuto. Es de un bebé.

- Llama al agente Taylor y que se ocupe de esto- escucha decir a Stee.

No escucha más. Como imantada se dirige hasta el cuartito del bebé. Decorado con dibujos de nubes, lunas y estrellas es como cualquier dormitorio de recién nacido. Pero está es distinta, está calcinada. Lo que queda de la cunita está tirada en el suelo, un móvil en el techo lleno de muñequitos gira sin fuerza… Coge del suelo un peluche ensangrentado. Una pequeña ranita sonriente que se ha quedado sin dueño.

Siente un mudo en el estómago, no puede respirar, todo le oprime y tiene que salir de allí. Cuando echa a correr se choca contra alguien y se da cuenta de que es Steve.

- Natasha, mírame…

Lo intenta, levanta la vista y enfoca todo lo que las lágrimas le permiten. Pero los recuerdos pueden con ella. Solo le ve tirado en el suelo sobre ella, sin moverse, creyendo que está muerto, sangrando, sin saber dónde está su bebé. Le vuelve a escuchar llorar sin parar hasta que ya no hubo llanto, no había nada…

Nota que la rodean en un abrazo mientras ella continua en otro mundo, ya no tiene fuerzas para nada, todo da vueltas sin parar hasta que se torna negro como un pozo sin fondo.

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Tenía que haberlo supuesto antes, fue tan ingenuo como para coger la salida fácil y no ver más allá. Natasha estaba sufriendo y no lo supo ver. Sigue sufriendo y detesta verla así.

Con la ayuda de Barton la ha llevado hasta su apartamento y el agente le ha recomendado descanso. Según le ha dicho a sufrido un ataque de pánico. No piensa dejarla sola ni un momento hasta comprobar que está bien. Lleva durmiendo horas tras una inyección calmante que le han dado un par de sanitarios que estaban por la zona pero no parece relajada en absoluto. Se mueve inquieta sobre la cama y la manta con la que la ha tapado va a terminar destrozada de tanto apretarla con los puños.

Sin otra cosa que poder hacer se pasa el rato mirándola, pensando en cómo era su vida antes y como un simple error lo puede echar todo a perder. Todo fue culpa suya, debió haberlo visto, entonces quizás podría haber cambiado las cosas. Natasha abre con lentitud los ojos y se arrima un poco más a ella. Tiene unas ojeras enormes y está blanca como el papel, la angustia sigue destellando en sus ojos.

- Buenos días, dormilona- saluda con una sonrisa, quitándole un mechón de la cara.

- ¿Qué ha pasado?

- Decidiste echarte una siestecita.

Ella parece confusa durante unos segundos hasta que empieza a comprender la situación. Avergonzada retira la mirada pero con delicadeza la obliga a volverla de nuevo.

- Natasha, quiero que me escuches atentamente. Lo que ocurrió no fue culpa tuya. Lo sabes, ¿verdad?

- Quería matarme, estaba cerca de ustedes. Sí que lo fue.

- ¿Esa mujer tiene la culpa de que su marido y su hijo hayan muerto?

- Por supuesto que no- responde ella con vehemencia.

- ¿Entonces qué diferencia hay contigo?

Parece totalmente confundida, sin saber que responder y durante unos minutos no dice nada. Sin saber muy bien qué hacer apoya una mano sobre su brazo y la acaricia con suavidad.

- No lo sé. Tenía miedo de perderlos. Yo no quería que os ocurriera nada, debía evitar que volviese a ocurrir.

- ¿Y por qué no me contaste la verdad, Nat?

- Porque te conozco muy bien. Habrías intentado buscarme.

Tiene razón, no habría parado hasta tenerla de vuelta. Habría tratado de convencerla y no pararía hasta conseguirlo.

- ¿Y optaste por hacerme daño?

- No me quedó otra. Sabía que de esa podrías salir. Prefería hacerte daño que tenerte muerto.

- ¿Hay algo de cierto en la carta?

Tiene grabadas a fuego las palabras de la carta y duda mucho que alguna vez las pueda borrar. Cuando leyó que tener al niño había sido el mayor error de su vida y que jamás le había querido pensó que todo su mundo se venía abajo.

Las sospechas que durante días ha tenido empiezan a estar más claras.

- No. Eran mi vida. Quiero a Aleksi con locura, como a nadie en el mundo. Jamás he hecho nada tan difícil como abandonarle y a ti, fuiste y has sido el hombre de mi vida.

Sabe por lo que ha pasado durante años. Pero cree con total seguridad que esa fue su decisión más dura, no solo lo dicen sus palabras.

- Hay cosas que una vez echas no se pueden arreglar.

- Lo sé- responde ella entre lágrimas.

Ahora comprende lo que ocurrió hace tres años, siente el dolor de Natasha pero a pesar de todo se ve incapaz de perdonarla. Por su bien tiene que intentar seguir adelante, ser feliz junto a Sharon. Volver a empezar de nuevo.

- ¿Qué te parece si Alek pasa el fin de semana contigo? Estará encantado.

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Coge dos vasos del estante y los lleva al salón donde Alek le espera con la carátula de una película en la mano. Han pasado la tarde en el parque hasta la hora de cenar. Entonces el niño le ha propuesto ver una película y tras encargar un par de pizzas parece que el plan funciona bien.

Abre una de las cajas de la pizza y el crío examina uno a uno los ingredientes hasta que la mira con una sonrisa en la cara. Ha pedido la preferida de steve, la cena de los viernes desde que estuvieron juntos. El instinto le ha dicho que ese mini-Rogers que tiene sentado en su sofá comparte mucho más que el físico con su padre.

- ¡Qué chula eres, Nat! Eres adivina- exclama el niño con los ojos como platos.

- ¿Te gusta?-pregunta aun sabiendo la respuesta

- Es mi favorita. Mi papi y yo la tomamos. Pero a Sharon no le gusta, ella es vegi… vego… veg…

- ¿Vegetariana?

- Creo que sí.

Sonríe al darse cuenta de que por una vez en la vida es ella quien corrige a un Rogers y no al contrario.

- ¿Y qué vamos a ver?

- Sonrisas y lágrimas. Papi dice que a mi mamá le gusta mucho y por eso me gusta a mí.

El niño le enseña la película y siente que el corazón le da un vuelco. Pensó que habría desaparecido en la explosión pero allí está, la edición para coleccionistas con una dedicatoria de Steve. Una noche, con una barrigota de siete meses encima, se encaprichó de verla y Steve salió a buscar una. Al abrirla se encontró con la tarjetita escrita de su puño y letra. Sigue allí. "Para mi insufrible esposa, para que me atormentes todas las veces que quieras, por ti sufro lo que sea".

Nota que los ojos se le humedecen y levanta la vista con rapidez pero el niño no ha perdido detalle y la mira fijamente.

- ¿Estás triste?

- No, cariño. Vamos a ver la película.

Durante el tiempo que dura la historia se siente relajada, incluso llegando a imaginar que siempre ha sido así, su hijo junto a ella, sin miedo ni amenazas.

A la hora de dormir lleva al niño hasta el cuarto que pensó destinar para él, solo que ha restringido ningún tipo de decoración infantil hasta que no le pueda decir en realidad quien es. Espera que algún día puedan encargarse los dos juntos de darle un toque único.

Le ayuda a desvestirse y ponerse el pijama y después le mete en la cama cuajada de ranitas.

- ¿Me cuentas un cuento?- le pide acomodándose en la almohada.

- Claro, ¿qué te apetece escuchar?

- Es de la princesa espía.

Se sorprende al escucharle mencionar esa historia. La crearon entre Steve y ella una tarde de sábado. Se negaba a que su hijo escuchase cuentos machistas de princesas en apuros hasta que Steve dijo que con ella encajaría mucho mejor una espía rescatando a su príncipe. No le costó mucho poner cara a ese príncipe y poco a poco crearon el cuento.

- Está bien. Había una vez una princesa espía que vivía en palacio muy, muy lejos. Y estaba enamorada.

- De un príncipe- añade Alek.

- Por supuesto. Pero el príncipe se metió en líos y le capturaron unas personas muy malas. Y entonces se enteró la princesa espía. Ella era muy valiente y fuerte y fue a rescatarle. ¿También te ha contado lo del clip?- pregunta. El niño asiente con la cabecita- Bueno, pues ella le fue a salvar y asustó a los hombres malos con un clip. Y entonces se casaron un fueron felices para siempre.

En la época que crearon el cuento ellos también creían que serían felices para siempre, sin nada que les pudiera separar. Pero los cuentos no dejan de ser eso, historias inventadas que no encajan con la realidad.

- Te olvidas de una cosa.

- ¿De qué?

- Papá dice que el príncipe siempre quiere a su princesa, a ninguna más.

Se pregunta si esa frase esconde mucho más de lo que en realidad es. Quiere creer que sí pero Steve se lo dejó claro. Va a seguir sin ella. La historia a cambiado. El príncipe se olvidó de su espía y dejó de quererla.

- Te quiero mucho, Nat.

- Yo también te quiero.

Le da un beso en la frente y le arropa mientras el pequeño cierra los ojos.